Programa para “Jane Austen y las Artes”

PortadaPrograma pngMañanaPrograma pngTardePrograma png¡Próximamente publicaremos más información sobre nuestros increíbles ponentes!

Sentido y Sensibilidad y el color de pelo

Si pedimos a cualquier fan de Jane Austen que nos cuente cómo era Emma Woodhouse, primero se le vendrán las tres famosas palabras del inicio de la novela a la cabeza: guapa, lista, y rica. Pero también otra más: rubia. Emma era rubia: es un pensamiento instantáneo, lo sabemos y pensamos en Gwyneth Paltrow y en Romola Garay, incluso en Alicia Silverstone, que de alguna manera eran más Emma que Kate Beckinsale. No obstante, Jane Austen nunca dijo que Emma fuera rubia. Es más, jamás dijo tampoco que Jane Bennet lo fuese tampoco, ni que su hermana Elizabeth fuese morena. Es una imagen que las adaptaciones de Orgullo y Prejuicio nos plantaron en la cabeza. Pensemos en más: ¿la pobre Anne Elliot, a la que se le está pasando el arroz, de la que se comenta que su belleza se marchita, que sufre y pena por dejar pasar la flor de su vida? ¿Rubia? Jamás. Ninguna película defiende eso. ¿Elinor, la sensata, la razonable, la precavida, más rubia que su hermana, la hermosa, romántica y sensible Marianne? ¡Qué va! 

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Entonces… ¿para ser rubia como tú tendría que ser más superficial?

Es más, aunque tenga más de un prendiente, Catherine Morland es la chica deportista y “tomboy” que se convierte en una bella señorita, pero es inocente, curiosa, y adora los libros: adaptémosla al cine con pelo oscuro, es la coqueta Isabella Thorpe la que debe llevar el papel de rubia guapetona.

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Soy demasiado inteligente, mi guión me mezcla con Jane Austen… No puedo ser rubia.

Se podría incluso ir más lejos y fijarnos en el vestuario escogido para las heroínas, sobre todo en el caso de las que tienen que contrastar entre hermanas, como Lizzy y Jane o Elinor y Marianne: las mujeres que prefieren pensar o hablar parecen preferir colores terrosos o serios, mientras que las que destacan por su belleza siempre tienen colores pastel o más vivos. ¿Por qué?

No tengo nada en contra de la próxima adaptación de Emma, en la que la protagonista es, una vez más rubia. Pero no deja de ser un patrón molesto y plagado de estereotipos el que el cine escoge para reducir personajes trabajados y profundos a una simple imagen, que nos indica lo que pensar de ellos. Jane Austen es cuidadosa de sólo describir rasgos generales físicos, o psicológicos, permitiendo a los lectores hacernos una idea propia de cómo es el personaje, y de además juzgarle por nosotros mismos. He de decir, y perdón por sacar de nuevo, como en la anterior entrada, a colación la película de Mujercitas, que fue para mi un alivio ver a una Jo March rubia y de rasgos delicados, muy diferente a Winona Ryder en la anterior adaptación. Pues esto no pasa sólo en Jane Austen, sino en muchas películas más. 

Esta corta entrada sólo pretende ser una observación para que, si hay rubias deprimidas ahí fuera que quisiera identificarse más con Elizabeth Bennet, si hay morenas que prefieren bailar a leer y no las hacen sentirse dignas de ser la protagonista guapa sino la seria (que al parecer es un rasgo incompatible con el primero), puedan manifestarse y contarnos… ¿con qué color de pelo se imaginan ustedes a sus heroínas?

-Por Elena Truan

Jane Austen, Jo March y la higuera de Plath

Este texto contiene SPOILERS de Mujercitas. 

 

La nueva adaptación de Mujercitas no ha gustado a todo el mundo. Algunos alegan que la narración in media res evapora el sentido de la historia original, que es acompañar a las cuatro hermanas March en su paso de la infancia a la madurez. Se dice también que Emma Watson, a pesar de transmitir toda la dulzura, la calma y la feminidad que emana Meg March, anula al personaje con su fallido intento de acento americano. No se consigue conectar con Beth March lo suficiente para apreciar su alma pura, su inagotable generosidad y su curiosa timidez, ni para lamentar tanto como se lamenta su muerte en la novela(a pesar de que la directora consigue mover al espectador con su maestría en la narración). Algunos son ciegos a la perfecta ejecución de Florence Pugh, floreciente estrella que ya deslumbró en Lady Macbeth y en la adaptación televisiva de King Lear junto a Anthony Hopkins, ambas producciones que pasaron muy desapercibidas en nuestro país. Tildan a Pugh de no ser lo suficiente joven, de no parecerse lo suficiente a Amy March… Sin en cambio alabar su acento, su increíble capacidad de mostrar un rango emocional infinito, ni su magistral lenguaje corporal. No diré que no son opiniones válidas y que resulta casi imposible complacer a los ávidos lectores de un clásico de semejante importancia, pues pocas producciones pueden competir con la imaginación de alguien que ha leído y amado una novela. No obstante, la actuación de Saoirse Ronan en el papel de Jo March resulta impecable. Ronan, seriamente rodeada de talento (Laura Dern, Meryl Streep y Chris Cooper son algunos de los veteranos que aparecen como los adultos con los que cuentan las hermanas March para apoyarse) encarna a una de las heroínas más modernas y queridas de la literatura con plena consciencia del peso que esto conlleva.

Lo que me trae a analizar esta adaptación en nuestro blog, generalmente dedicado únicamente a Jane Austen, es la manera en la que Greta Gerwig ha sabido traer a las pantallas modernas una dualidad humana que en el mundo femenino se arrastra desde hace tiempo. Aunque el término resulta anacrónico, bien se dice a menudo que Jane Austen era una escritora feminista, que publicó sus obras y se negó a casarse puramente por conveniencia, y dio vida a personajes parecidos a Jo March, mujeres que verbalizaban sus opiniones y pensaban por sí mismas en una época en la que su género las prefería en silencio. Jo, en principio, es un espejo del alma de toda mujer escritora hasta esa época (y más adelante, toda mujer escritora que tuvo que enfrentarse a la domesticidad como amenaza para su trabajo). Louisa May Alcott se basó en parte en sus hermanas para escribir Mujercitas, y en sí misma para Jo. Gerwig leva a cabo una magistral síntesis de la desazón de Jo cuando Laurie se promete a Amy, cuando Beth no está, cuando Meg ya tiene su propia familia, y ella descubre que su trabajo y pasión no solucionan su soledad.

Esta anagnórisis, que resulta un punto de inflexión para Jo, no es tan sencilla como una joven que quiere casarse y ha tardado demasiado en reconocerlo. No sólo nos muestra a una mujer del siglo XIX que está sufriendo al decidir entre independencia o domesticidad. Nos muestra el corazón roto de una joven de cualquier época que desea tenerlo todo y descubre que no es un camino tan fácil como el que emprenden aquellas afortunadas que encuentran la felicidad en el molde que la sociedad acepta (algo también importante en el personaje de Meg, a quien el día de su boda vemos imponerse a su rebelde y escéptica hermana con la tajante sentencia de feminismo real, que defiende la igualdad verdadera “que mis sueños sean distintos de los tuyos no los hace menos importantes”). Jane Austen probablemente viviese estos momentos una y otra vez, y especialmente en ocasiones como la noche en que decidió rechazar la propuesta de matrimonio que acababa de aceptar, o tal vez cuando Thomas Lefroy se marchó de su vida, si los rumores y esperanzas de las fans más románticas son ciertos. La punzante realidad que traspasa las épocas se siente cuando, viendo a Jo March doblada por el dolor junto a su madre, confesando el dolor que le produce esta dicotomía, una no puede evitar en pensar en la metáfora de la higuera de Sylvia Plath, que escribiría en La Campana de Cristal el siglo siguiente:

Vi mi vida extendiendo sus ramas frente a mí como la higuera verde del cuento.De la punta de cada rama, como si de un grueso higo morado se tratara, pendía un maravilloso futuro, señalado y rutilante. Un higo era un marido y un hogar feliz e hijos y otro higo era un famoso poeta, y otro higo era un brillante profesor, y otro higo era E Ge, la extraordinaria editora, y otro higo era Europa y África y Sudamérica y otro higo era Constantino y Sócrates y Atila y un montón de otros amantes con nombres raros y profesiones poco usuales, y otro higo era una campeona de equipo olímpico de atletismo, y más allá y por encima de aquellos higos había muchos más higos que no podía identificar claramente.Me vi a mí misma sentada en la bifurcación de ese árbol de higos, muriéndome de hambre sólo porque no podía decidir cuál de los higos escoger. Quería todos y cada uno de ellos, pero elegir uno significaba perder el resto, y, mientras yo estaba allí sentada, incapaz de decidirme, los higos empezaron a arrugarse y a tornarse negros y, uno por uno, cayeron al suelo, a mis pies.

Lo que hace universal a Mujercitas, en fin, no son las “cosas que nunca cambian” como el casarse, tener hermanas, o las declaraciones de amor. No es tampoco la nostalgia de los modales, los vestidos o el sentarse junto al fuego, como a menudo se simplifica también a Austen y a muchas otras obras literarias. Lo que hace universal a Mujercitas es lo mismo que hace eterna a Austen y a Plath, al “no soy ningún pájaro” de Brontë. Piensen ustedes qué es.

¿Qué esperamos de la nueva adaptación de “Emma”? Crítica del trailer.

Tras la adaptación a la gran pantalla de “Lady Susan”, titulada “Amor y Amistad”, el listón está bastante alto para los que desean adaptar una obra de Jane Austen de nuevo. Si bien esta adaptación no era perfecta (pocas lo son), el tono irónico y la clave cómica fueron tal acierto que pocas adaptaciones se pueden medir con la obra de Whit Stillman en cuanto a guión. No obstante, Autumn de Wilde nos trae el trailer de su adaptación de “Emma” con una energía y una calidad muy prometedoras.

Nos encontramos ante una adaptación formada por un elenco de actores jóvenes, como corresponde a los personajes principales de la novela, muchos de ellos relativamente desconocidos, pero que ya cuentan con una trayectoria respetable. Les rodean los personajes secundarios, más mayores, encarnados por gigantes de la comedia británica: Bill Nighy es Mr. Woodhouse y la brillante Miranda Hart que apenas vislumbramos en el trailer es Miss Bates, y promete una ejecución impecable y desternillante. La interpretación de Nighy, en cambio, de la que no se duda en absoluto que será de calidad, parece extremadamente desviada del personaje original, siempre inválido, enfermizo, y distraído. En el avance, vemos a Mr. Woodhouse saltando al suelo de las escaleras, siempre erguido, muy espabilado y enérgico. Tendremos que ver qué juego da De Wilde con esta versión del personaje.

Poco llegamos a apreciar de los pretendientes de Emma, excepto que Mr. Elton y Mr. Churchill tienen una apariencia demasiado similar, (parece en el tráiler) poco recomendable para los enredos que nos esperan en Highbury. No hemos visto a Jane Fairfax (aún).

Un Mr. Knightley correcto, aunque distinto de los Knightleys a los que estamos acostumbrados en Mark Strong o Jonhny Lee Miller, es interpretado por Johnny Flynn, que puede parecer un poco joven para interpretar a Knightley, pero tiene exactamente 37 años, igual que su personaje. Por su parte, Anya Taylor-Joy (24 frente a los 20 de Emma, también correcto) tiene un punto pícaro y desdeñoso en su expresión, ese aire mimado y auto-suficiente que podríamos encontrar perfectamente en la guapa, rica, e inteligente Emma.

La puesta en escena, que apuesta por colores más vivos que los tonos pastel a los que las adaptaciones clásicas nos tienen acostumbrados, incluso en el vestuario (por fin), parece exquisita, y el vestuario, con peinados más realistas para la época, aunque resulten menos estéticos que el típico moño desestructurado de Hollywood. Cabe resaltar el pequeño homenaje a la autora que se aprecia en la cruz de ámbar que cuelga del cuello de Emma, igual que la que Jane Austen poseía.

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En general, parece que tenemos por delante una película muy prometedora, con un gran trabajo de investigación detrás, un brillante elenco, y una puesta en escena impecable. ¡Sólo nos cabe preguntarnos si el guión cumplirá con las expectativas de los austenitas más exigentes!

 

Por Elena Truan

Presentamos “200 Años de Austenmanía: recepción, reescrituras y adaptaciones de Jane Austen”

Como editora de este volumen, es mi orgullo y mi honor presentarles una introducción a este libro, cuya edición no hubiera sido posible sin el Departamento de Estudios Ingleses de la Universidad de Salamanca.

Ya son muchas las asociaciones en torno a Jane Austen que se han creado alrededor del mundo desde la fundación, en 1940, de la primera Jane Austen Society en Reino Unido. La Jane Austen Society España es posiblemente la más joven. Desde nuestros inicios en 2016, hemos tenido el placer de participar en la celebración de varios congresos de lectores y académicos, y ha sido un auténtico orgullo poder colaborar en la organización del Jane Austen Study Day de diciembre de 2018 en la Universidad de Salamanca. Desde aquí mandamos nuestro agradecimiento a la Dra. Miriam Borham Puyal, del departamento de Filología Inglesa, sin la cual esta jornada “Austen Goes Viral: From Oblivion to Fame” no habría sido posible, y cuya intervención, “Jane’s Fame and the Sisterhood of Women Writers” aunque no ha podido ser recogida en este volumen, enmarcó a la perfección el tema de la jornada. Nuestros agradecimientos también se dirigen a otros organismos organizadores del evento: el Máster en Estudios Ingleses Avanzados y el Grupo de Investigación Reconocido “Escritoras y personajes femeninos en la literatura”. Sin ellos, la jornada del 17 de diciembre de 2018 no habría sido posible, y este volumen, tampoco.

Así pues, recogemos aquí las intervenciones del vicepresidente de Jane Austen Society España, el Dr. Miguel Ángel Jordán, las comunicantes Laura Requena y Lidia Cuadrado, y otras jóvenes investigadoras que han podido aportar sus investigaciones a este original libro de temas que el lector encontrará muy innovadores en el ámbito de la crítica austeniana.

El Dr. Miguel Ángel Jordán presenta un análisis de las adaptaciones cinematográficas de las novelas de Jane Austen, constante prueba de su universalidad y éxito actual y raíz de su categoría de viral. Estableciendo unas bases para el qué es y qué hace a una adaptación cinematográfica de una obra literaria digna de estudio y/o alabanza, su intervención se lanza a la exploración de las dificultades que presenta el estilo austeniano a la hora de transformar su obra en largometraje. Como caso de estudio, nos ofrece un análisis de Pride & Prejudice (2005), de Joe Wright.

Laura Requena ofrece un repaso exhaustivo de la crítica de Jane Austen durante el siglo XIX. Su estudio resulta una interesante cronología con destacados fragmentos de críticas decimonónicas, que permiten reflexionar sobre la recepción inicial de las obras austenianas como las profundas raíces de nuestra visión actual de la autora. Estas son probablemente las bases de la lectura y recepción de los lectores de Jane Austen a lo largo de la historia, y las que han permitido su evolución posterior como autora de referencia para tratar temas universales que encuentran su éxito tanto en Hollywood como en Internet.

Lidia Cuadrado se centra en el estudio de la evolución del término janeite, mucho más allá de su conocido uso en la historia de Rudyard Kipling y llevándonos atrás, a los orígenes de un fan, lector, entusiasta o estudioso de Austen. No obstante, pasa también por Kipling, reflexionando sobre la evolución en la imagen de los janeites y en el uso del término, concluyendo con la pregunta nada sencilla de qué supone ser janeite ahora: qué define el término y sus implicaciones.

María Morán explora el fascinante y extravagante mundo de los mash-up como otro de los nichos culturales en los que se encuentra, una vez más, representación austenita. Si bien de un carácter más comercial, el fenómeno de novelas como Pride and Prejudice and Zombis o Sense and Sensibility and the Sea Monster resultan otra vía de conocimiento de las obras de Jane Austen que entrañan una fascinante relación con el público más moderno, requiriendo un amplio contexto internauta que explique los fenómenos mash-up y lo conocido como memes.

María Heredia-Torres abre nuevos caminos presentando y analizando las narrativas transmedia y las adaptaciones de dos novelas de Jane Austen realizadas en este formato. En primer lugar, expone el concepto y provee de un contexto para este tipo de narraciones, explicando con claridad este formato, aún joven y poco explotado. En segundo lugar, se sumerge en el análisis de las variaciones encontradas en las adaptaciones transmedia de dos novelas de Austen: Orgullo y Prejuicio en The Lizzie Bennet Diaries y La Abadía de Northanger  en The Cate Morland Chronicles.

La aportación de Cristina Martín reúne un análisis más amplio de la evolución de la austenmanía, deteniéndose a recordar tanto obras cinematográficas icónicas en el mundo de las adaptaciones y que resultaron clave en la evolución del movimiento, como las más recientes series web. No duda en mencionar igualmente los mash-up, y en devinitiva su aportación resulta perfecta para capturar la esencia de una Austen viral, que ha evolucionado al sufrir constantes renovaciones culturales encumbrándose a lo largo de los siglos como la escritora universal que es.

Por último, Rocío Domene pone el broche final a este volumen con una profundización en las adaptaciones de Jane Austen más feministas, en concreto en la literatura infantil y juvenil. Este capítulo escudriña los estilos y maneras de enfocar a la autora y las influencias que éstos puedan tener en los niños y jóvenes que los leen, centrándose ante todo en una perspectiva feminista.

Quisiera mantener esta introducción breve y concisa, de modo que habiendo presentado las brillantes intervenciones de nuestros autores, no queda más que rubricar esta humilde introducción con unas palabras de apreciación por esta joven asociación que es JASES. Siempre será parte de nuestra labor no sólo impulsar el estudio de Jane Austen en España, sino también dar nuestro apoyo a jóvenes investigadoras que en este volumen han querido aunar sus capacidades de análisis, sus estudios académicos, y su pasión por la autora con sus intervenciones. Esperamos que este volumen, pues, resulte un trabajo académico que refleje debidamente el trabajo de los investigadores que aquí presentan su labor, pero también una colección fresca de estudios menos tradicionales. Al haber sido una autora capaz de ver lo universal en lo cotidiano, lo humano en una sociedad artificial, lo transcendental en lo más insignificante, creo firmemente que merece ser estudiada con la misma amplitud de miras que ella misma demostró en sus novelas.

Secretamente crítica y a la vez siempre correcta, no era sino una experta miniaturista que supo captar detalles humanos, escondidos en el rabillo del ojo, en la comisura de los labios, y en el movimiento de una muñeca, y esconderlos de nuevo en una narrativa de estilo impecable, para que siglos después, pudieran ser de nuevo utilizados en medios que su época no pudo siquiera imaginar.

“200 Años de Austenmanía: recepción, reescrituras y adaptaciones de Jane Austen” está en venta a través de Amazon

Elena Truan Aguirre

Presidenta de Jane Austen Society España

PRÓXIMO EVENTO: JANE AUSTEN Y LAS ARTES. ENVÍO DE PROPUESTAS

Hola a todo el mundo.

En JASES estamos organizando un evento que nos llena de ilusión y entusiasmo. Ya tenemos el título, “Jane Austen y las artes”, también la fecha y el lugar: Madrid, 9 de mayo de 2020. Incluso tenemos a algunos ponentes confirmados, pero… Aún nos quedan algunas cosas por concretar. Y necesitamos vuestra ayuda.

El evento no va a consistir tan solo en ponencias y comunicaciones. Queremos que sea algo mucho más vivo y dinámico, y por esta razón va a haber talleres, exposiciones, puntos de información… Y, por supuesto, música y baile.

Queremos recibir vuestras propuestas, tanto si queréis participar de un modo activo, como si tenéis alguna sugerencia que deseéis hacernos llegar.

Así que, no lo dudes, ¿quieres participar en la Jornada “Jane Austen y las artes”? Envíanos un e-mail a la dirección info@janeaustensociety.es y te contestaremos lo antes posible.

Pintura, música, baile, moda, fotografía, escritura, gastronomía, teatro… Todas las artes tienen cabida en este evento.

Esperamos vuestras propuestas.

Un saludo 🙂

PROYECTO JANE. DE SUS MANOS A LAS TUYAS

Hola a todos.

Hoy tenemos la gran alegría de poder compartir con vosotros una nueva publicación del sello editorial de JASES. Se trata de una experiencia didáctica INCREÍBLE, en todos los sentidos de la palabra. No solamente es algo excepcional sino que, además, es una de esas cosas que parecerían imposibles, sino fuera porque ya han ocurrido.

A continuación os dejamos un texto de María Ángeles Lorente, socia de JASES y autora de este libro, en el que os resume la experiencia contenida en estas 72 páginas a todo color. ¡Enhorabuena a María Ángeles por este gran trabajo! Si os gusta el mundo de la educación, no dejéis de comprar un ejemplar del Proyecto Jane. Seguro que os da muchas y muy buenas ideas.

Título: Proyecto Jane. De sus manos a las tuyas.

Autora: María Ángeles Lorente Hernández

Número de páginas: 72

ISBN: 978-8409144983

Precio: tapa blanda 11,63 € / digital 3,62 €

Enlace de venta

Hace un par de años, organicé para la red municipal de bibliotecas de mi ciudad, Cartagena, dos talleres de lectura sobre dos novelas magistrales, “Lady Susan” y “Orgullo y prejucio” de una de mis escritoras favoritas: Jane Austen.

Parte de los materiales que necesitaba para su realización los tenía en un rincón de mi aula, mi segunda casa. Mis alumnos curioseaban y me preguntaban qué hacían esos libros y montones de fotocopias por allí. Por supuesto, solventé sus dudas; pero, cuál fue mi sorpresa, no sólo recordaban el nombre de esta brillante dama de la literatura, sino que uno de ellos trajo de casa un ejemplar de “Persuasión”. Este acontecimiento dio lugar a una charla en asamblea grupal tan interesante que me pregunté: ¿Por qué no? ¿Por qué decidir por ellos lo que puede interesarles o no sin conocer de qué se trata? Finalmente, me resolví presentarles a Jane Austen y me propuse un gran reto: que, de sus manos a las suyas, pudiesen apreciar los rasgos que definen y definirán siempre su estilo.

La hermosa palabra “carta”, por desgracia ya en desuso, está vinculada emocionalmente a ella y pensé que era la fórmula inicial apropiada para un primer contacto. Y sí, escribí una carta en su nombre… Creo que me perdonará porque la motivación era vital para empezar a caminar junto a ella. En esa primera sesión ya les dije la verdad: no soy una experta en Austen, sólo una lectora absolutamente rendida a su inteligencia, talento, ironía, elegancia (también en desuso), valentía, dedicación, entrega y sensibilidad, entre otras cualidades. «Así que, si queréis, aprenderemos juntos».

Fue una aventura apasionante, llena de retos y muy buenos momentos compartidos, que finalizaría con una carta personal cuya destinataria no podía ser más que ella.

Las actividades fueron de lo más variado: la lectura dramatizada de brillantes diálogos seleccionados, pequeños párrafos escogidos después de trabajar la sinopsis de capítulos (sobre todo de “Orgullo y prejuicio”); tertulias dialógicas sobre lo que íbamos trabajando en el aula o sobre lo que ellos mismos aportaban tras los retos propuestos, que nos dirigían a captar rasgos de su estilo; observación de mapas literarios; recreación del lugar favorito de la autora para escribir, convirtiéndolo en algo vivo y transitado por ellos cuando escribían libremente, cuando creaban; visualización de vídeos, recopilación de materiales, investigación de noticias, resolución de dudas que iban surgiendo, incluso datos que propiciaban contenidos matemáticos… En fin, todo aquello que nos permitía conocer ese pequeño y enorme mundo en el que Austen vivió desde niña, una niña ávida lectora e infatigable escritora desde la etapa de su “Juvenilia”.

Poco a poco quedaron fascinados y nuestro viaje se dirigió, irremediablemente, hacia esas heroínas tan brillantemente dibujadas, tan diferentes pero con un factor común: son atemporales y están llenas de vida.

Las heroínas se despidieron con un hasta pronto, sabiendo que algunos de ellos regresarán de nuevo a sus manos.

SORTEO “JANE, LA NOVELA: ENTRA EN EL UNIVERSO DE JANE AUSTEN”

Para que empieces el curso con una alegría y una nueva lectura, te invitamos a participar en el sorteo “Jane, la novela: entra en el universo de Jane Austen” Si quieres ver la información en el blog de la novela, pincha AQUÍ Los premios son:

3 Primeros premios

1 ejemplar gratuito de la novela Jane, dedicado por el autor a la persona que elijas (envío postal gratuito)

3 segundos premios

1 ejemplar gratuito de la novela Jane, dedicado por el autor a la persona que elijas (coste del envío 5 €)*

10 terceros premios

Un ejemplar de la novela Jane, dedicado por el autor a precio rebajado (12 € incluyendo los gastos de envío)*

*En caso de ganar el segundo o tercer premio tendrás la opción de renunciar sin compromiso ni coste alguno.

*El pago se realizará por transferencia bancaria, ingreso en cuenta, Bizum o Paypal con anterioridad al envío del libro

¿Quieres participar?

Es muy sencillo. Sigue los siguientes pasos

Sigue el blog de la novela: en el menú lateral del blog (o inferior, si nos visitas desde un móvil) pincha sobre el botón “seguir” e introduce tu dirección de e-mail cuando te lo solicite. Para ir al blog de la novela pincha AQUÍComparte el cartel del sorteo en Facebook o Instagram con una mención o etiqueta: Facebook ( @miguelangel.jordan.3 ) Instagram (miguel.angel.jordan)
Envíanos un e-mail a la dirección contacto@miguelangeljordan.com con el asunto “Sorteo novela Jane”, indicando tu nombre y ciudad de residencia en el cuerpo del mensaje. Indícanos también en qué red social has compartido el cartel y tu nombre de usuario.

Fechas importantes

La fecha límite para participar en el sorteo es el domingo, 8 de septiembre de 2019 a las 23:59 horas La lista de personas premiadas se hará pública en este blog el martes 10 de septiembre de 2019 Las personas que hayan sido premiadas deberán enviar un e-mail con sus información postal (Calle, número, código postal, población, provincia) antes del 15 de septiembre de 2019 a las 23:59 horas. Cuando recibamos dicho e-mail enviaremos un acuse de recibo. En caso de no cumplir este requisito, se considerará que dichas personas han renunciado a su premio. Este sorteo solo está abierto a personas que residan en España.

¡¡SUERTE!!

https://janelanovela.wordpress.com/2019/08/22/sorteo-jane-la-novela-entra-en-el-universo-de-jane-austen/

La actitud hacia la persona enferma en la novela Emma de Jane Austen

Citar como:

Jordán, Miguel Ángel (2019). The Attitude Towards the Sick Person in Jane Austen’s Novel Emma. International Journal of Recent Academic Research. Vol. 01 (4) 129-134

Versión publicada (inglés) http://www.journalijrar.com/sites/default/files/issues-pdf/IJRAR-0235.pdf

 

  1. Introducción

Las obras de Jane Austen pueden ser definidas como novelas de personajes, puesto que el tema central de dichas obras es el análisis de la personalidad, no solo de los protagonistas, sino también del resto de personajes, ya sean principales, secundarios o incluso aquellos que parecen caricaturizados. En las historias que se relatan en sus novelas, Austen muestra las diferentes actitudes de hombres y mujeres de distintas edades y clases sociales, sirviéndose de los conflictos personales, las normas de la sociedad, las costumbres de su época, etc., para profundizar en sus emociones y analizar sus comportamientos. Por esta razón, en el conjunto de la obra de Austen encontramos un profundo análisis de distintas personalidades y rasgos de carácter, que ponen de manifiesto la sutil capacidad de observación de la autora (Lambdin 2000).

Uno de los temas presentes en las obras de Austen es la hipocondría, con la que se caracteriza a diversos personajes como son Mrs. Bennet (Pride and Prejudice), Mary Musgrove (Persuasion), o Mr. Woodhouse (Emma). Sin embargo, en cada caso, el tratamiento que Austen da a esta circunstancia es distinto. Tal y como señala Nelson (2014), Austen suele ser crítica y severa con los personajes que se quejan y autocompadecen por enfermedades imaginarias, pero su actitud varía en el caso de Mr. Woodhouse, del que hablaremos en este artículo.

Son muchas las novelas que a lo largo de la historia han incluido al enfermo, tanto real como imaginario, entre sus personajes, analizando su situación desde diversas perspectivas (Bury 2001). Estos trabajos ofrecen un acercamiento psicológico a la persona enferma, que puede enriquecer a los lectores e influir en su actitud. Sin embargo, en el presente trabajo, no nos centraremos en la figura del enfermo, sino en el efecto que esta persona provoca en los que le rodean.

El objetivo de este artículo es poner de manifiesto cómo Austen utiliza la enfermedad como un recurso para mostrar el auténtico modo de ser de los personajes que rodean al enfermo. Para lograr este objetivo, ofreceremos a continuación algunos apartados que aporten un breve marco teórico que contextualice el análisis que realizaremos en el punto 5.

 

  1. Jane Austen y la hipocondría

Las obras de Austen, tal y como se dijo anteriormente, se centran especialmente en los personajes, no en los acontecimientos. Por esta razón, aunque durante su vida sucedieron eventos de gran relevancia tanto en Inglaterra como en Europa, apenas encontramos algunas referencias indirectas a esas circunstancias. Sin embargo, esto no impide que las novelas de Austen estén marcadas por el realismo histórico. Austen, tal y como ella misma indica en una de sus cartas (172), hablaba de lo que conocía, puesto que solo de ese modo podría describirlo con exactitud. De manera que, si Austen decidió caracterizar a varios de sus personajes como hipocondríacos, se debe a que la hipocondría era una circunstancia conocida en su época, tanto para ella como para sus lectores.

By the time Austen was born, centuries of discussion of hypochondria and hysteria had already taken place. For a very long time, medicine had been aware of the persistence of a constellation of symptoms that differ from ordinary illness. The symptoms are varied,  hanging, and, of course, physical; even if the disease is imagined and feared, as in what has lately come to be called hypochondria, the worries are manifested in physical terms such as headache, fatigue, upset stomach, fainting, screaming, or loss of appetite; how does a human being react, if not through the body? (Gorman 100)

Aunque los conocimientos médicos de Austen y sus contemporáneos no fueran amplios, e incluso desconocieran el término médico para definir la actitud de ciertas personas, los síntomas eran suficientemente comunes y frecuentes como para ser reconocidos y utilizados dentro de una novela.

A pesar de que la hipocondría se conocía desde hacía siglos y había sido tema de estudio y debate en la medicina, por lo que nos consta, no se publicó ninguna propuesta de tratamiento para esta dolencia hasta 1777, es decir, dos años después del nacimiento de Jane Austen.

Probably not until the publication of William Cullenʹs First Lines of the Practice of Physick in 1777, do we find a description of hypochondria as we now know it: “As it is the nature of men to indulge every present emotion, so the hypochondriac cherishes his fears, and, attentive to every feeling, finds in trifles, light as air, a strong confirmation of his apprehensions” (Mullan 215-16). Cullen recommends that the physician try “diverting the attention of the person being treated to other objects than his own feelings,” using a placebo if necessary (Mullan 216), a prescription with which Austen would no doubt concur, and a prescription she turns inside out for her readers. (Gorman 101)

Curiosamente, el tratado que acabamos de citar, obra de William Cullen, fue publicado por John Murray, creador de la editorial John Murray Publishing House, que años después publicaría varias de las obras de Austen, aunque esta tarea le correspondió a John Murray II, hijo del fundador de la editorial.

Resultado de imagen de mrs. bennetComo se dice en el texto citado, Austen parece conocer estas indicaciones, ya que no duda en aplicarlas en sus obras para calmar el ánimo excitado de Mr. Woodhouse, el padre de Emma, la joven heroína que da título a la novela que protagoniza. En cualquier caso, el punto que queremos destacar es que la hipocondría, con sus síntomas y tratamientos, eran conocidos durante la época de Austen, propiciando así que la autora la utilizara como una herramienta literaria para lograr diversos efectos en sus obras.

Más adelante analizaremos la repercusión que tiene la actitud de Mr. Woodhouse en los personajes que le rodean, pero antes comentaremos brevemente el efecto literario que produce el comportamiento hipocondriaco de los otros ejemplos que citamos en la introducción.

El primer ejemplo al que hicimos referencia es Mrs. Bennet, la madre de Elizabeth Bennet, protagonista de Pride and Prejudice. A lo largo de la obra, este personaje hace continuas referencias a su malestar nervioso (“my poor nerves”). Pero el narrador se encarga de poner de manifiesto la inconsistencia de esta supuesta enfermedad. El efecto que logra Austen al añadir la hipocondría a las otras características de Mrs. Bennet es conferirle un carácter aún más histriónico a este personaje, que ya de por sí resulta exagerado y grotesco.

Resultado de imagen de jane austen mary musgroveEl segundo ejemplo es el de Mary Musgrove, la hermana de Anne Elliot, protagonista de Persuasion. Esta dama se queja continuamente de diversos males, que pueden ir desde la jaqueca, al agotamiento, con otras variaciones en función de sus intereses. Por medio de esta actitud hipocondríaca, se completa el cuadro familiar en torno a la protagonista, que es la víctima de un padre vanidoso y frívolo, y dos hermanas egoístas que la tratan con desdén, en el caso de Elizabeth, la mayor de la familia, o como a una enfermera y sirvienta, como siempre hace Mary.

Por lo tanto, la imagen que ofrece Austen de los hipocondríacos, en ambos casos, es peyorativa. Un recurso para caracterizar de un modo aún más negativo a un personaje que lastrará la vida de la protagonista y de las demás personas que la rodean.

Perhaps to individualize themselves, Austen’s famous hypochondriacs have perpetuated the notion of being ill, for only then can they earn the attention they believe rightly belongs to them. Unfortunately, in the process of exerting their egotism, as they retreat further from reality as Walton Lutz suggests (160), they can do harm to others. (Beard 3)

Los personajes anteriormente citados, y Mr. Woodhouse, de quien hablaremos en el siguiente apartado, comparten el afán de captar la atención de los que les rodean y buscar sus cuidados, y también les provocan cierto sufrimiento o, por lo menos, serias incomodidades.

En las cartas personales de Austen encontramos varios pasajes en los que la autora hace referencia a la mala salud de su madre. Esto ha llevado a diversos críticos y lectores a plantear la hipótesis de que el personaje de Mr. Woodhouse podría estar inspirado en Mrs. Austen. Sin embargo, como explica Nelson en su estudio sobre la hipocondría en Austen (2014), no parece que esto sea probable, ya que la autora compartía sus escritos con su familia, por lo que, en el caso de que Mrs. Austen fuera una hipocondríaca, este detalle no habría sido pasado por alto por sus seres queridos, causando un lógico malestar del que no ha llegado referencia alguna. Además, como también explica Nelson, citando la primera biografía de Austen, la escritora inglesa era más dada a crear que a copiar.

 

  1. Mr. Woodhouse

Resultado de imagen de jane austen mr. woodhouseEn este apartado ofreceremos una semblanza de Mr. Woodhouse, que permita comprender con más profundidad el análisis que se llevará a cabo en el punto 5.

El narrador de las obras de Austen suele ofrecer una breve presentación de cada uno de los personajes antes de que aparezcan en escena. Esta presentación, que puede completarse más adelante, contiene los rasgos fundamentales de su carácter y, en especial, aquellos que son de más relevancia para el papel que desempeñarán en la historia. En el primer capítulo de Emma, al hablar de Mr. Woodhouse, el narrador nos ofrece la siguiente descripción:

The evil of the actual disparity in their ages (and Mr. Woodhouse had not married early) was much increased by his constitution and habits; for having been a valetudinarian all his life, without activity of mind or body, he was a much older man in ways than in years; and though everywhere beloved for the friendliness of his heart and his amiable temper, his talents could not have recommended him at any time.(…) His spirits required support.  He was a nervous man, easily depressed; fond of every body that he was used to, and hating to part with them; hating change of every kind. (3)

Un hombre de cierta edad, que aparenta ser aún mayor debido a sus hábitos y a su estado anímico de tendencia nerviosa y depresiva, que limita su actividad física y le lleva a estar excesivamente pendiente de su salud y a recelar de cualquier cambio. Sin embargo, a pesar de que esta circunstancia le convierte en un acompañante melancólico, con el que resulta difícil convivir, y que exige una atención casi constante, la imagen que se muestra de él en la obra no es tan negativa como en los dos casos que comentamos en el apartado anterior. Los modales caballerosos y delicados de este personaje, y la bondad de su carácter, junto con su elevada posición social, justifican que nadie en Highbury cuestione sus enfermedades ni se ría de sus obsesiones (Vickers 2008).

Resultado de imagen de jane austen mr. woodhouseLa preocupación de Mr. Woodhouse por su propia salud, convierte este asunto en el tema central de sus conversaciones. Los consejos médicos que recibe son expuestos como argumentos de autoridad, a los que con frecuencia él añade sus propias opiniones, desaconsejando o recomendando diversas prácticas en función de su parecer.

In a world where medicines were usually ineffective and causes of illness generally unknown, Mr. Woodhouse sees cause-and-effect relationships in the most unusual phenomena, issues proclamations about the value of one procedure or another, and recommends certain behaviors to all who will or will not listen. (…) Mr. Woodhouseʹs hypochondria also functions as a pastime, as a way of fending off the dangers of the universe, and as a way of insuring that he is being taken care of. (Gorman 105)

La hipocondría de Mr. Woodhouse le ha conducido a una situación cercana a la invalidez, que condiciona y limita la vida de los que le rodean, en especial de su hija Emma, como se verá en el punto 5. Cualquier circunstancia es analizada por este personaje desde un punto de vista médico, que casi siempre le causa desasosiego y que obliga a los demás a elaborar complicados planes para lograr satisfacer sus requerimientos. Pero serán precisamente estas inconveniencias las que permitirán que afloren algunos rasgos de carácter de los personajes principales que, de otro modo, quizá hubieran pasado ocultos para los lectores.

 

  1. El Espejo Mágico

Las diferencias entre la apariencia externa y la realidad interior de cada persona es un tema recurrente tanto de la literatura y otras disciplinas como de la sabiduría popular. Abundan las leyendas, mitos, cuentos, relatos y refranes que versan sobre este asunto, e invitan a prestar atención para descubrir la verdadera personalidad de aquellos que nos rodean, sin dejarnos engañar por los factores externos.

Resultado de imagen de espejo atreyuLa literatura ofrece algunos ejemplos de objetos con poderes especiales que permiten descubrir la verdad interior de las personas. Uno de ellos es El espejo mágico, que aparece en la novela La historia interminable de Michael Ende (1979). En un pasaje de la novela, Atreyu, un joven guerrero que ha sido elegido para llevar a cabo una misión de la que depende de la supervivencia del Reino de Fantasía, ha de superar diversas pruebas. Una de ellas es la Puerta del Espejo Mágico, de la que se habla en el siguiente fragmento:

Cuando se está ante él, se ve uno a sí mismo… pero no como en un espejo corriente, desde luego. No se ve el exterior, sino el verdadero interior de uno, tal como en realidad es. Quien quiera atravesarlo tiene que -por decirlo así- penetrar en sí mismo.

– De todas formas -opinó Atreyu-, esa Puerta del Espejo Mágico me parece más fácil de atravesar que la primera.

– ¡Error! -exclamó Énguivuck, empezando a andar otra vez excitado de un lado a otro-. ¡Craso error, amigo! He comprobado que precisamente los visitantes que se consideran especialmente intachables huyen gritando del monstruo que los mira irónicamente desde el espejo. A algunos tuvimos que tratarlos durante semanas antes de que estuvieran siquiera en condiciones de emprender el viaje de regreso. (96)

La dicotomía entre las apariencias y la realidad no solo pueden confundir a los demás, sino que incluso pueden sorprender a la propia persona, que se ha forjado una idea errónea de su manera de ser. “Conócete a ti mismo” era la inscripción que recibía a los visitantes del Templo de Apolo en Delfos. Tanto el autoconocimiento como el conocimiento de los demás son tareas complicadas, que exigen atención, estudio y el recurso a algunos “objetos con poderes especiales” que nos permitan discernir entre la apariencia externa y la realidad interior de cada uno. Como veremos en el próximo apartado, la actitud ante una persona enferma o necesitada puede ser esa piedra de toque que ponga de manifiesto algunos rasgos del carácter propio o ajeno.

 

  1. Análisis de la actitud hacia Mr. Woodhouse de los personajes de Emma

Imagen relacionadaComo se dijo al principio de este artículo, las obras de Jane Austen pueden catalogarse como novelas de personajes. Por esta razón, la autora profundiza continuamente en los diversos rasgos de la personalidad de cada uno de ello, especialmente de los protagonistas. Una de las estrategias a las que suele recurrir Austen es el contraste entre personajes. Al contraponer dos personajes distintos, es más fácil observar las diferencias y también las características propias de cada uno de ellos, adquiriendo de este modo una visión más amplia de los personajes.

En este apartado, realizaremos un breve análisis de las diversas actitudes de algunos de los personajes de la novela Emma, centrándonos en su relación con Mr. Woodhouse, el hipocondríaco padre de la protagonista. El objetivo de este análisis es poner de manifiesto cómo Austen se sirve de las dificultades que puede implicar la convivencia o el trato con una persona enferma para revelar la verdadera personalidad de los que la rodean.

En primer lugar, analizaremos la actitud de la heroína de esta obra. Emma Woodhouse es descrita en la primera línea de la novela como “guapa, inteligente y rica”. Desde el principio se la muestra como una joven de gran talento natural, pero inconstante, testaruda, manipuladora y clasista. Está acostumbrada a que todo el mundo la alabe y le dé la razón. Es un personaje que puede provocar rechazo a parte de los lectores y, de hecho, la misma Austen la definió como una protagonista que no le iba a gustar a nadie excepto a ella. Sin embargo, a pesar de los muchos defectos de Emma, que el narrador no duda en hacer patentes, hay un dato favorable que nunca se pone en duda: el afecto por su padre, su constante dedicación y su infinita paciencia con él. La vida de Emma está completamente condicionada por las limitaciones de su padre, pero en ningún momento de la novela se ofrece queja alguna de la joven a este respecto. Asume su papel y lo desempeña con afecto y delicadeza, adaptándose a las circunstancias.

As it is, she never visits the seaside because of her father’s views: “I never had much opinion of the sea air…the sea is rarely of use to anybody” (101). Nor does she get to London:  Nobody is healthy in London, nobody can be…the air is so bad!”(104). Emma may never have got out at all to parties…”the sooner every party breaks up the better” (210), or arranged visits to the neighbors, especially if windows are left open (251), but she has learned to navigate the vagaries of her father’s hypochondria. (Beard 5)

En su papel de hija, acompañante y enfermera, sus sentimientos quedan relegados a un segundo plano: “It was a melancholy change; and Emma could not but sigh over it, and wish for impossible things, till her father awoke, and made it necessary to be cheerful.” ( ). El ingenio de Emma está siempre alerta para evitar incomodidades a su padre y reconducir aquellas situaciones y conversaciones que pudieran producirle algún malestar. Todos los rasgos negativos de la personalidad de la protagonista desaparecen en su trato por su padre. Su actitud caprichosa y obstinada se torna en una entrega abnegada y generosa para buscar su bien, hasta el punto de estar dispuesta a retrasar su matrimonio de un modo indefinido para evitarle el trastorno que le supondría que ella abandonara el hogar paterno.

Resultado de imagen de jane austen mr. woodhousePasamos ahora a otro personaje principal, Mr. Knightley. En este caso, se trata de un caballero intachable, del que en todo momento se ofrece una visión muy positiva. Por lo tanto, su actitud hacia Mr. Woodhouse no muestra un contrapunto de su personalidad, sino que refuerza la impresión favorable que obtienen de él los lectores. Mr. Knightley trata a Mr. Woodhouse con respeto y comprensión, pero sin condescendencia. Su actitud es similar a la de Emma. Él también sabe reconducir las conversaciones que podrían causar incomodidad a Mr. Woodhouse y preparar las cosas del modo que le resultará más agradables. Por ejemplo, cuando invita a varias familias amigas a pasar el día en su mansión, consciente de los reparos de Mr. Woodhouse para salir de su hogar, dispone todo para que el caballero se encuentre cómodo y entretenido:

Mr. Knightley had done all in his power for Mr. Woodhouse’s entertainment.  Books of engravings, drawers of medals, cameos, corals, shells, and every other family collection within his cabinets, had been prepared for his old friend, to while away the morning; and the kindness had perfectly answered.  Mr. Woodhouse had been exceedingly well amused. (323)

El afecto por Mr. Woodhouse y la atención constante hacia sus necesidades es otro punto de unión entre Emma y Mr. Knightley, que aumenta su complicidad. Por eso, bastan unas pocas palabras para que ambos se entiendan. Como ocurre cuando durante la cena en casa de los Weston, les llega la noticia de que está nevando y es posible que, en unos minutos, los caminos queden impracticables, dificultando o impidiendo que los invitados regresen a sus hogares. Esta noticia despierta las dudas de los presentes, pero:

Mr. Knightley and Emma settled it in a few brief sentences:  thus–

“Your father will not be easy; why do not you go?”

“I am ready, if the others are.”

“Shall I ring the bell?”

“Yes, do.” (114)

A lo largo de la novela, Austen se sirve de esta relación para mostrar a los lectores las virtudes de ambos personajes y, de esta manera, preparar el desenlace final. Y cuando este llegue, el afecto entre los protagonistas se verá reforzado por su actitud hacia Mr. Woodhouse. Como se dijo unos párrafos más arriba, Emma está decidida a retrasar su matrimonio, ya que no contempla la posibilidad de abandonar su hogar mientras su padre viva. Mr. Knightley es consciente de esta situación y, una vez más, se adelanta a las necesidades del enfermo, aunque eso conlleve ciertas renuncias personales.

He had been thinking it over most deeply, most intently; he had at first hoped to induce Mr. Woodhouse to remove with her to Donwell; he had wanted to believe it feasible, but his knowledge of Mr. Woodhouse would not suffer him to deceive himself long; and now he confessed his persuasion, that such a transplantation would be a risk of her father’s comfort, perhaps even of his life, which must not be hazarded.  (…) But the plan which had arisen on the sacrifice of this, he trusted his dearest Emma would not find in any respect objectionable; it was, that he should be received at Hartfield; that so long as her father’s happiness in other words his life–required Hartfield to continue her home, it should be his likewise. (402)

Mr. Knightley está dispuesto a ser él quien abandone su hogar para evitar cualquier incomodidad a Mr. Woodhouse. Para comprender mejor la generosidad implícita en esta decisión, es necesario situarse en la mentalidad de la época y de la clase social a la que pertenece Mr. Knightley, que pasará de ser el señor de su casa a un inquilino en el hogar de otro caballero.

Nos hemos detenido especialmente en Emma y Mr. Knightley, ya que son los dos personajes principales de la novela. A continuación, analizaremos de un modo más sucinto la actitud hacia Mr. Woodhouse de otros personajes relevantes de Emma, comenzando por su círculo más cercano.

Resultado de imagen de jane austen mr. woodhouseLa novela comienza con la boda de la que hasta poco antes había sido la institutriz y amiga de Emma. Miss Taylor, que desde ese momento pasa a ser Mrs. Weston, desempeña el papel de confidente de la protagonista y es siempre mostrada como una mujer afectuosa y amable. La mejor manera de describir su actitud hacia Mr. Woodhouse es destacando el hecho de que el anciano repite una y otra vez que ella nunca debería haberse casado, ya que eso implicó que se marchara de su hogar: “Ah!  Miss Taylor, if you had not married, you would have staid at home with me” (185). Al mostrar cómo Mr. Woodhouse lamenta repetidamente la pérdida de Miss Taylor, Austen pone de relieve las virtudes de esta mujer, ya que se sobreentiende que supo tratarlo con paciencia y afecto, a pesar de las inconveniencias que le acarreara convivir con alguien como él.

Pasamos ahora al personaje de Isabella, hermana mayor de Emma, casada con Mr. John Knightley. La actitud que mantiene hacia su padre es afectuosa y sincera, pero desprovista de las habilidades de Emma. El narrador informa a los lectores de que Isabella ha heredado una parte del carácter temeroso y dubitativo de su padre. Por esta razón, en vez de tranquilizarle y alejar las preocupaciones, las incrementa aún más al seguirle la corriente y prestar una excesiva atención a los temas relacionados con la salud y el bienestar. A diferencia de Emma, Isabella se deja dominar por sus sentimientos y, por lo tanto, adopta medidas que van contra el bienestar del enfermo Mr. Woodhouse. Volviendo a la situación que comentamos con anterioridad, al hablar de la nevada que amenaza con bloquear los caminos, mientras que Emma no duda en que lo mejor para su padre es regresar a su hogar cuanto antes, Isabella solo es capaz de pensar en sus problemas sin valorar las necesidades de los demás.

Resultado de imagen de jane austen isabella woodhouseHis eldest daughter’s alarm was equal to his own. The horror of being blocked up at Randalls, while her children were at Hartfield, was full in her imagination; and fancying the road to be now just passable for adventurous people, but in a state that admitted no delay, she was eager to have it settled, that her father and Emma should remain at Randalls, while she and her husband set forward instantly through all the possible accumulations of drifted snow that might impede them. (112)

Mr. John Knightley, esposo de Isabella y hermano menor de Mr. Knightley, es descrito como un hombre educado y con principios sólidos, pero con un carácter fuerte y, en ocasiones algo brusco. Los puntos positivos de este caballero, que pertenece a la familia de la protagonista y siente afecto por ella, quedan relegados a un segundo plano debido a su actitud hacia Mr. Woodhouse.

But hardly any degree of personal compliment could have made her (Emma) regardless of that greatest fault of all in her eyes which he sometimes fell into, the want of respectful forbearance towards her father. There he had not always the patience that could have been wished. Mr. Woodhouse’s peculiarities and fidgetiness were sometimes provoking him to a rational remonstrance or sharp retort equally ill-bestowed. It did not often happen; for Mr. John Knightley had really a great regard for his father-in-law, and generally a strong sense of what was due to him; but it was too often for Emma’s charity, especially as there was all the pain of apprehension frequently to be endured, though the offence came not. (82)

La falta de tacto y paciencia al tratar con Mr. Woodhouse ponen de manifiesto los defectos de carácter de este caballero, que mantiene una actitud muy diferente a la de su hermano. Y, aunque la buena educación de Mr. John Knightley le lleva a evitar algunos comentarios que podrían resultar ofensivos, la sensibilidad de Emma detecta su actitud interior y le hace sufrir por el agravio del que es objeto su padre.

Tras analizar la actitud de los personajes que pertenecen al círculo íntimo de Mr. Woodhouse, procederemos a comentar la actitud del resto de personajes que son objeto de nuestro estudio.

Resultado de imagen de jane austen miss batesLa señora Bates y su hija son unas mujeres venidas a menos tras la muerte del cabeza de familia. A pesar de su complicada situación económica, ambas –en especial Miss Bates- mantienen una actitud cordial hacia sus vecinos, ganándose así la estima de casi todo el mundo. Miss Bates es un personaje que podría parecer ridiculizado en la novela, ya que es descrita como una mujer de poca inteligencia y excesivamente locuaz. Sin embargo, su bondad natural, que se manifiesta también en su trato respetuoso y amable con Mr. Woodhouse, sirve de contrapunto para sus defectos. Por esta razón, aunque Emma se muestra crítica hacia las Bates y en ocasiones evita su trato, que le resulta tedioso, las incluye dentro de las compañías que sabe que son agradables para su padre.

Tanto Mr. Weston como su hijo, Frank Churchill, son descritos como caballeros educados y correctos. Ambos se encuentran en el lado de las amistades íntimas de la protagonista. Sin embargo, en su trato con Mr. Woodhouse, apreciamos un defecto común de padre e hijo, su falta de sensibilidad hacia las necesidades ajenas. En el caso de Mr. Weston se manifiesta en su torpeza al proponer planes, que lejos de complacer al enfermo, le producen inquietud:

“Well, sir,” cried Mr. Weston, “as I took Miss Taylor away, it is incumbent on me to supply her place, if I can; and I will step to Mrs. Goddard in a moment, if you wish it.”

But the idea of any thing to be done in a moment, was increasing, not lessening, Mr. Woodhouse’s agitation.  The ladies knew better how to allay it.  Mr. Weston must be quiet, and every thing deliberately arranged. (185)

La señora Weston y Emma han de intervenir para evitar que la torpeza del caballero empeore la situación. Algo parecido ocurre más adelante, mientras se realizan los preparativos para un baile que están organizando Emma y sus amistades. Al explicar las razones por las que se ha elegido un emplazamiento que puede no parecer oportuno a algunas personas, Frank Churchill esgrime un argumento que provoca consternación a Mr. Woodhouse.

“From the very circumstance of its being larger, sir.  We shall have no occasion to open the windows at all–not once the whole evening; and it is that dreadful habit of opening the windows, letting in cold air upon heated bodies, which (as you well know, sir) does the mischief.”

“Open the windows!–but surely, Mr. Churchill, nobody would think of opening the windows at Randalls. Nobody could be so imprudent! I never heard of such a thing.  Dancing with open windows!–I am sure, neither your father nor Mrs. Weston (poor Miss Taylor that was) would suffer it.”

“Ah! sir–but a thoughtless young person will sometimes step behind a window-curtain, and throw up a sash, without its being suspected. I have often known it done myself.”

“Have you indeed, sir?–Bless me!  I never could have supposed it (…).

“Oh!” interrupted Emma, “there will be plenty of time for talking every thing over.  There is no hurry at all.” (223)

De nuevo tiene que ser Emma quien reconduzca la situación, provocada por una persona buena pero insensible, para evitar que altere el estado anímico de su padre. Por último, hablaremos a continuación de la pareja de personajes que están caracterizados con una mayor carga negativa, el matrimonio Elton.

Resultado de imagen de jane austen mr. eltonAl principio de la novela, Mr. Elton cuenta con la simpatía de la protagonista, que ha decidido mediar para lograr un matrimonio entre el clérigo y Harriet Smith, la joven que ha sustituido a Miss Taylor como acompañante de Emma. Aunque la visión que ofrece Emma de Mr. Elton es muy favorable: atractivo, inteligente, educado, etc., el lector percibe la falsedad que impregna la actitud del caballero. Al analizar su comportamiento hacia Mr. Woodhouse, llama la atención que es inexistente. A pesar de visitar con frecuencia el hogar de los Woodhouse, Mr. Elton no presta atención al señor de la casa, ya que todo su interés se centra en Emma, cuyo afecto quiere conquistar para lograr un matrimonio muy ventajoso. El anciano es visto por Mr. Elton como alguien insignificante, al que no merece la pena dedicar tiempo, puesto que no puede reportarle ningún beneficio.

Por último, nos detendremos unos instantes Mrs. Elton, la esposa del párroco de Highbury, que es caracterizada como una mujer sin gusto ni educación, que solo busca destacar y que se adjudica unos dones de los que carece. Dentro de su pedantería y de su afán de notoriedad, Mrs. Elton se permite tratar a Mr. Woodhouse, que se encuentra en un escalón social mucho más alto, de un modo condescendiente.

But this good old Mr. Woodhouse, I wish you had heard his gallant speeches to me at dinner.  Oh!  I assure you I began to think my caro sposo would be absolutely jealous. I fancy I am rather a favourite; he took notice of my gown. How do you like it? (269)

El modo de hablar de Mr. Woodhouse (“good old Mr. Woodhouse”) es completamente inadecuado para la época, pero su condición de anciano enfermizo es percibida como un signo de debilidad por parte de Mrs. Elton, que se permite tratarlo como a alguien cercano, a pesar de no gozar de esa familiaridad.

 

  1. Conclusiones

Para concluir este artículo, ofreceremos un resumen ordenado de la información del apartado anterior, y comentaremos los puntos que nos parecen más relevantes. Finalmente, ofreceremos una breve reflexión sobre las diversas actitudes hacia las personas enfermas, que hemos encontrado en Emma, y cómo el contacto con una persona enferma puede cumplir la función del “Espejo Mágico” del que se habló en el punto 4.

Tal y como se ha visto en el apartado anterior, Austen describe en su novela Emma las siguientes actitudes frente al personaje del enfermo, caracterizado en Mr. Woodhouse.

a) Ser capaz de comprender las circunstancias del enfermo, adelantarse a sus necesidades, evitar lo que le pueda resultar molesto y procurarle momentos de descanso y distracción.

Los personajes que mantienen dicha actitud, muchas veces a base de sacrificios personales, son Emma, Mr. Knightley y Mrs. Weston.

b) Tratar con respeto y afecto, sin provocar incomodidades al enfermo, pero sin implicarse en su cuidado.

Este es el caso de las Bates, que mantienen una relación cordial con Mr. Woodhouse, pero que no pertenecen a su círculo íntimo, por lo que no tienen la misma dedicación que los personajes del grupo anterior.

c) Mantener una actitud afectuosa hacia el enfermo, pero provocándole ciertas incomodidades al no comprender sus circunstancias, ni captar sus necesidades.

En este grupo podríamos incluir a Isabella, la hija mayor de Mr. Woodhouse, a Mr. Weston y a su hijo Frank.

d) Mantener una actitud afectuosa pero impaciente hacia el enfermo, que conlleva ciertos momentos de tensión e incomodidad.

Este es el caso de Mr. John Knightley, esposo de Isabella y hermano de Mr. Knightley.

e) Tratar al enfermo con condescendencia, minusvalorando sus capacidades, o permitiéndose familiaridades impropias.

Esta es la actitud de Mrs. Elton.

f) Ignorar al enfermo.

Tal sería el caso de Mr. Elton.

Los lectores de las obras de Jane Austen saben que esta autora revisaba sus trabajos minuciosamente, y que nada de lo que aparece en sus historias es casual o irrelevante. Como se dijo al principio de este artículo, Austen ofrece en sus novelas un estudio de la personalidad humana, y a este fin se orientan sus historias. Por esta razón, el personaje de Mr. Woodhouse responde a una intencionalidad concreta de su creadora. Por una parte, justifica y aporta veracidad a la personalidad de la protagonista. Y, por otra, permite que los lectores conozcan nuevas facetas de los otros personajes, o profundicen en el conocimiento que ya tenían de ellos.

La experiencia personal de Austen fue cercana a la enfermedad y a la muerte de seres cercanos y queridos. Por lo tanto, no hay duda de que su gran capacidad de observación, le permitió distinguir los diversos comportamientos de las personas al enfrentarse a dichas realidades. Por esta razón, al escribir una novela como Emma, en la que la protagonista tiene una percepción distorsionada de la realidad, que la lleva a confundirse continuamente al juzgar a las personas, Austen quiso incluir un “objeto con poderes especiales” que permitiera a los lectores conocer la verdadera manera de ser de cada uno de los personajes.

En el apartado 4 se habló del Espejo Mágico de la Historia Interminable, en el que cada persona se veía a sí misma, pero no como en los otros espejos, sino de un modo real y completo. El Espejo Mágico no solo refleja el exterior, sino también el interior del que se mira en él. Y, ante esta visión, algunas personas huyen despavoridas al descubrir todo el mal que albergan en su corazón. En este trabajo, hemos hecho diversas referencias a este espejo, asimilándolo de un modo metafórico a la persona enferma ya que, tal y como se puede apreciar en Emma, la actitud hacia la persona enferma puede servir para revelar la verdadera personalidad de los que la rodean, con sus virtudes y defectos.

El neúrologo y psiquiatra austriaco, Viktor Frankl, analizando las experiencias vividas durante su confinamiento en varios campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial, afirmaba que, frente a la incapacidad del ser humano de cambiar algunas situaciones, existía la libertad individual de elegir cómo se iba a reaccionar frente a ellas. El modo en el que cada uno decidimos reaccionar frente a la persona enferma puede aportarnos algunas claves para lograr un mayor autoconocimiento. Las consecuencias que se deriven de dicho autoconocimiento variarán en cada caso, dependiendo de las decisiones personales.

En la novela Emma, Austen dota a la pareja principal de una actitud afectuosa y acertada frente al enfermo. En el caso de la protagonista, este es el contrapunto que atenúa sus muchos defectos durante gran parte de la historia, propiciando una actitud menos crítica de los lectores hacia ella. En Mr. Knightley, su trato delicado y atento hacia Mr. Woodhouse, es una mirilla para adentrarnos en sus sentimientos. En ambos casos, la capacidad de sacrificio y la atención afectuosa del enfermo es una característica que les enriquece más que sus títulos y posesiones, y que les hace ganarse el afecto de los millones de lectores que se han adentrado en las páginas de Emma.

 

Por Miguel Ángel Jordán

 

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Give a girl an education…: La situación social de la mujer y la educación de las jóvenes en las novelas de Jane Austen

Citar como:

Jordán, Miguel Ángel. (2019) Give a girl an education…: La situación social de la mujer y la educación de las jóvenes en las novelas de Jane Austen. En Sánchez León, N ; Sevilla Pavón, A. ; Haba Osca, J. (Ed) . Educación multidisciplinar para la igualdad de género. Perspectivas traductológicas, ecoartísticas, socioeducativas y jurídicas. Editorial Universitat Politècnica de València.

Para acceder al libro completo: https://riunet.upv.es/bitstream/handle/10251/124169/6537.pdf?sequence=1&isAllowed=y

Introducción

Han transcurrido más de doscientos años desde el fallecimiento de Jane Austen y, sin embargo, ni sus obras ni los temas que en ellas se tratan han perdido actualidad.

Austen cuenta con millones de lectores, muchos de los cuales son auténticos fans que no solo leen y releen las novelas de esta autora, sino que mantienen una actitud activa, participando en diferentes foros –virtuales o presenciales-, asistiendo a conferencias, creando clubes de lectura, etc. Y qué decir del ingente número de adaptaciones cinematográficas y televisivas de sus obras. Se cuentan por decenas las películas y series que recrean, con mayor o menor fidelidad, alguna de sus tramas, o simplemente las toman como punto de partida o de referencia. Mash-ups, Spin Offs, web series… Términos acuñados en las últimas décadas y ya aplicables a las creaciones de Austen: Orgullo y Prejuicio y Zombies, La muerte llega a Pemberley, The Lizzy Bennet diaries o Emma Approved, son algunos de estos productos audiovisuales que ponen de manifiesto la versatilidad y actualidad de las obras de Austen.

Pero esta actualidad no radica tan solo en el éxito de estas novelas, que se reeditan año tras año y que cada vez cuentan con más traducciones. Algunos de los temas que se tratan en estas obras siguen vigentes en nuestra sociedad, y tanto las reflexiones de Austen, a través de su narrador y de sus personajes, como su incisiva y elegante crítica social nos aportan una perspectiva de gran interés.

No es extraño encontrar opiniones divergentes, cuando no opuestas, sobre el modo de pensar de Austen. Algunos la etiquetan como conservadora mientras que otros la catalogan como feminista. Hay quien dice que fue una mujer adelantada a su tiempo mientras que no faltan voces que la critican por ser una defensora del patriarcado. Se han realizado lecturas de sus obras desde casi todas las perspectivas posibles y se han entresacado los más diversos sentidos de algunas palabras y conductas de sus personajes. ¿Hay alguna explicación para esto? Por supuesto, del mismo modo que ocurre con otras obras literarias y otras manifestaciones artísticas, las novelas de Austen son recibidas de modo distinto por los diferentes sujetos que se enfrentan a ellas. La experiencia personal, la educación recibida, el contexto sociocultural y otros factores, influyen en nuestra percepción. El significado de una obra no recae tan solo en lo que en ella se cuenta, sino en el modo en el que la entiende el lector (Fish 1980). Por eso no es de extrañar que haya opiniones enfrentadas sobre Austen y sobre otros muchos autores. Especialmente, sobre aquellos que no manifiestan sus opiniones abierta e inequívocamente en sus trabajos.

Jane Austen no es una escritora social. En sus obras no encontramos una denuncia airada de las injusticias del contexto sociocultural en el que se enmarcan sus novelas, que es el mismo que le tocó vivir a ella. Tampoco es una escritora romántica, como mucha gente cree, sobre todo aquellos que la conocen tan solo por las adaptaciones cinematográficas de sus libros. Sus obras no pueden ser catalogadas como novelas románticas; sería mucho más acertado definirlas como novelas de personajes. Austen no habla de grupos, sino de personas. Jane Austen no es una escritora social, sino personalista. La persona, cada persona, es su campo de estudio, su tema, su objetivo y su fuente de inspiración. En sus novelas se nos habla del universo que es cada personaje, de las relaciones entre cada uno de ellos y de cómo estas relaciones sacan lo mejor y lo peor de cada uno. En sus obras no hay buenos y malos, aunque lo pueda parecer a primera vista. Austen no condena a sus personajes, los muestra tal y como son, poniendo de manifiesto sus motivaciones, sus virtudes y defectos, y las circunstancias que les han llevado a ser como son. Ella se limita a mostrar, y somos los lectores los que nos erigimos como jueces. Y por eso no es de extrañar que haya percepciones tan diferentes aunque el punto de partida sea el mismo.

Como acabamos de decir, Austen no es una escritora social, sin embargo, sus obras se encuadran en un momento concreto de la historia y en una sociedad en concreto. Una sociedad que ella conocía bien, porque era el marco de su día a día. Y, a pesar de que su existencia transcurrió fundamentalmente en un entorno familiar, su capacidad de percepción le permitió profundizar en los entresijos del entramado sociocultural de su época, y su inteligencia preclara captó las incoherencias, las injusticias, y la insensatez inherentes a esa sociedad y a esa cultura. La mirada penetrante de Austen logró superar la barrera de las apariencias y alcanzar el meollo de la sociedad británica de la Regencia. Ahí encontró materia más que suficiente para elaborar sus novelas, en las que logró reflejar, con la fidelidad de una miniaturista, las virtudes y defectos de su mundo, con una actitud serena y, hasta cierto punto, imparcial. Hasta cierto punto, ya que no es posible encontrar la imparcialidad absoluta ni la objetividad plena.

Austen fue una mujer escritora en un momento en el que ambas circunstancias suponían una limitación. Ella era consciente de este hecho y tanto en sus obras como en su correspondencia personal encontramos algunos desahogos de su frustración y cansancio al encontrarse con las barreras sociales de su época. Pero no malgastó sus fuerzas con lamentos estériles, sino que decidió seguir adelante, sin permitir que las trabas sociales la detuvieran. Y, como es lógico, su experiencia personal tiene un peso específico en su modo de reflejar la sociedad de su tiempo. Por eso, su actitud no es imparcial, pero tampoco manipuladora. Es la de Austen la actitud de una persona bien informada que muestra la realidad desde su punto de vista, incidiendo de un modo especial en aquellos puntos que ella considera más relevantes. Ella no denuncia directamente, no alza la voz, ni pone el grito en el cielo. Austen se limita a mostrar. Nos pone delante de los ojos lo que quiere que veamos, y nos señala aquello que, de otro modo, podría pasar inadvertido. Su actitud no es la del crítico, sino la del guía. Nos lleva de la mano por su entramado social y dirige nuestra mirada hacia los aspectos que quiere que conozcamos y sobre los que nos invita a reflexionar. Nos ofrece ejemplos diversos, a través de personajes concretos. Nos muestra el mundo en cada persona. Nos explica las normas sociales y algunos aspectos de la regulación vigente, pero no de un modo abstracto, sino como parte de la vida cotidiana de sus protagonistas. Austen no habla de lo general, le gusta más lo concreto. Por eso sus obras no pasan de moda.

Los tiempos cambian, los regímenes caen, la sociedad evoluciona, las modas son pasajeras y la historia es cíclica, pero la persona permanece. Cada persona es un mundo y este es el campo de acción de Austen. Por eso es tan fácil adaptarla a cualquier sociedad, por eso existen versiones de sus novelas ambientadas con éxito en pleno siglo xxi. Por eso podemos servirnos de sus obras para aprender del pasado, entender el presente y trabajar por un futuro mejor. Y ese es el objetivo de este capítulo. En las siguientes páginas abordaremos un tema de gran interés y actualidad: la posición social de la mujer, la igualdad de oportunidades y algunas propuestas para el futuro. Es un tema candente en pleno siglo xxi, y lo abordaremos retrocediendo más de doscientos años. Haremos un viaje en el tiempo y realizaremos un recorrido por la Inglaterra de finales del siglo xviii y principios del siglo xix de la mano de Jane Austen.

 

 

Trabajos y oficios

Antes de abordar el tema de la posición de la mujer en la época de la Regencia, realizaremos un breve recorrido por las diversas posibilidades que se le ofrecían a los jóvenes de familias socialmente bien posicionadas. De ese modo, nos será más sencillo percibir el contraste entre unos y otras.

A los lectores actuales suele llamarles la atención la gran cantidad de tiempo de ocio del que disponen los protagonistas de las historias de Austen. Parece que estos personajes se dedican tan solo a pasear, visitarse unos a otros, organizar excursiones al campo, asistir a bailes, alojarse en casas de amigos y familiares durante semanas o incluso meses, tomar las aguas en Bath, ir de compras, etc. En ocasiones se habla de viajes de negocios, pero tampoco da la impresión de que los que los protagonizan se vean encorsetados por una apretada agenda. La pregunta habitual que se hacen muchos lectores es: “¿pero es que esta gente no trabajaba?”. Y la respuesta podría ser: “no, si podían evitarlo”.

Al leer estas obras comprendemos que trabajar para lograr un sustento era la última opción, el último recurso cuando todos los demás habían fracasado. Un joven de buena familia podía dedicarse a ciertas profesiones, pero era más para ocupar su tiempo que por necesidad. Cualquier persona, en general, podía desarrollar algunas actividades, pero siempre por gusto, para cultivar sus aficiones o mostrar sus destrezas. De ese modo, el trabajo sería algo digno y no una esclavitud que acabara con la salud y estropara la apariencia del que lo realizaba. Esta viene a ser la visión que se nos transmite en Persuasion a través de la señorita Clay, que responde así a la queja de Sir Walter Elliot, siempre tan preocupado por el aspecto físico.

Es cierto que el mar no embellece, y que los marinos envejecen antes de tiempo; lo he observado a menudo; pierden en seguida su aspecto juvenil. Pero ¿acaso no sucede lo mismo con muchas otras profesiones, tal vez con la mayoría? Los soldados en servicio activo no acaban mucho mejor; y hasta en las profesiones más tranquilas hay un desgaste y un esfuerzo del pensamiento, cuando no del cuerpo, que raras veces sustraen el aspecto del hombre de los efectos naturales del tiempo (…). Solo los pocos que no necesitan ejercer ninguna pueden vivir de un modo regular, en el campo, disponiendo de su tiempo como se les antoja, haciendo lo que les da la gana y morando en sus propiedades, sin el tormento de tener que ganarse el pan. Como digo, esos pocos son los únicos que pueden gozar de los dones de la salud y del buen ver hasta el máximo. (26)

Un ejemplo claro de lo que esto significaba para los jóvenes lo tenemos en Edward Ferrars, uno de los personajes principales de Sense and sensibility. En una visita a la familia Dashwood, el bondadoso caballero se muestra con un estado de ánimo bastante decaído. Achacando esta falta de espíritu a la ausencia de actividad, la señora Dashwood, que había inculcado en sus hijas el aprovechamiento del tiempo, adopta una actitud maternal hacia su invitado y le recomienda que busque un empleo, no para ganar dinero, sino para tener algo que hacer. En la respuesta de Edward se reflejan perfectamente las posibilidades que se les abrían a los jóvenes de alta cuna, las opiniones de distintos sectores de la sociedad, las consecuencias de elegir uno u otro camino, y la actitud de muchos de ellos a la hora de escoger una ruta profesional.

Nunca pudimos ponernos de acuerdo en la elección de una profesión. Yo siempre preferí la iglesia, como lo sigo haciendo. Pero eso no era bastante elegante para mi familia. Ellos recomendaban una carrera militar. Eso era demasiado, demasiado elegante para mí. En cuanto al ejercicio de las leyes, le concedieron la gracia de considerarla una profesión bastante decorosa; muchos jóvenes con despachos en alguna Asociación de Abogados de Londres han logrado una muy buena llegada a los círculos más importantes, y se pasean por la ciudad conduciendo calesas muy a la moda. Pero yo no tenía ninguna inclinación por las leyes, ni siquiera en esta forma harto menos abstrusa de ellas que mi familia aprobaba. En cuanto a la marina, tenía la ventaja de ser de buen tono, pero yo ya era demasiado mayor para ingresar a ella cuando se empezó a hablar del tema. (105)

Caso distinto sería el de los hijos de familias de buena posición, pero que –al no ser los principales herederos– se veían obligados a buscar un empleo que les permitiera mantener su ritmo de vida sin descender, más de lo imprescindible, en la escala social. En el ejemplo anterior hemos visto las posibilidades que se barajaban, y en el siguiente –extraído de Mansfield Park– las entenderemos con más detalle, al escuchar la conversación entre Edmund Bertram y Mary Crawford.

––De modo que va a convertirse usted en un sacerdote, Mr. Bertram. Es una sorpresa para mí.

––¿Por qué había de sorprenderla? Tenía usted que suponerme destinado a alguna profesión, y pudo darse cuenta de que yo no era abogado, ni militar, ni marino.

––Muy cierto; pero, en definitiva, no se me había ocurrido. Y ya sabe usted que suele haber un tío o un abuelo que deja una fortuna al segundón de una familia.

––Una costumbre muy encomiable ––dijo Edmund––, pero no universal. Yo soy una de las excepciones y, por serlo, debo hacer algo por mi cuenta.

––Pero, ¿por qué ha de ser clérigo? Yo creí que, en todo caso, eso era el destino del hermano más joven, cuando había muchos otros con derecho de prioridad en la elección de carrera. (310)

Es decir, si no hay un familiar que deje una buena suma para el segundo hijo, este tendrá que buscar un trabajo. ¿Cuál? La Iglesia, la ley, el ejército o la marina (importante distinción que quizás se nos escapa hoy en día) son las propuestas que encontramos repetidas. Por lo que dice Mary, la Iglesia era el lote del más pequeño, los restos del pastel que habían dejado sus hermanos. Salvo en el caso de unos pocos que, como Edmund, entraban en ese camino por convicciones propias.

            Si en el caso de los hijos nacidos después del heredero hemos visto que las circunstancias podían obligarles a seguir caminos que hubieran preferido no recorrer; en el siguiente apartado, al hablar de la situación en la que quedaban las hijas, veremos que estas circunstancias son aún más complicadas.

Situación social de la mujer

La mayoría de lectores actuales desconocen las normas legales que regían la sociedad en la que vivió Jane Austen. Pero, en sus novelas, esta autora, sin necesidad de grandes explicaciones, logra que comprendamos la indefensión en la que se veían inmersas algunas mujeres tras el fallecimiento de un esposo o padre.

Al depender exclusivamente de las rentas y propiedades, y no del salario de un trabajo, los testamentos se convertían en auténticas sentencias para algunos o en golpes de fortuna para otros.

Una familia podía verse despojada de su hogar en favor de un tercero si no contaban con un hijo varón. Tal es el caso que se nos muestra en Pride and Prejudice, y la razón por la que la señora Bennet está tan empeñada en que su hija Lizzy acepte la oferta de matrimonio del señor Collins, futuro poseedor de Longbourn, hogar de los Bennet mientras viva el cabeza de familia.

––¡Oh, querido! ––se lamentó su esposa––. No puedo soportar oír hablar del tema. No menciones a ese hombre tan odioso. Es lo peor que te puede pasar en el mundo, que tus bienes no los puedan heredar tus hijas. De haber sido tú, hace mucho tiempo que yo habría hecho algo al respecto.

Jane y Elizabeth intentaron explicarle por qué no les pertenecía la herencia. Lo habían intentado muchas veces, pero era un tema con el que su madre perdía totalmente la razón; y siguió quejándose amargamente de la crueldad que significaba desposeer de la herencia a una familia de cinco hijas, en favor de un hombre que a ninguno le importaba nada. (81)

Ciertamente, en este caso, el lector se siente inclinado a dar la razón a la señora Bennet, y nos resulta muy difícil imaginar que algo así pudiera ocurrir en la actualidad. Sin embargo, conocer esta circunstancia nos llevará a ser más comprensivos con la obsesión de esta madre por casar cuanto antes a sus cinco hijas, y procurarles un futuro estable a ellas y a sí misma.

Como acabamos de ver, la legislación de la época limitaba en ocasiones la capacidad de maniobra de los cabezas de familia, que podían llegar a sus últimos momentos con la angustia de saber que los suyos quedaban en una situación precaria, aunque hasta entonces hubieran vivido con desahogo. No estamos hablando de los que siempre habían sido pobres, sino de familias adineradas, pero atadas por lazos legales a la hora de redactar el testamento. En esos casos, las mujeres dependían de la benevolencia de los herederos, que no tenían más obligaciones que las que les dictara su conciencia. Así sucede, en Sense and sensibility, con el padre de Elinor y Marianne, que en su lecho de muerte arranca la promesa de su hijo de que este velará por su familia.

Tan pronto se supo que la vida del señor Dashwood peligraba, enviaron por su hijo y a él le encargó el padre, con la intensidad y urgencia que la enfermedad hacía necesarias, el bienestar de su madrastra y hermanas. El señor John Dashwood no tenía la profundidad de sentimientos del resto de la familia, pero sí le afectó una recomendación de tal índole en un momento como ése, y prometió hacer todo lo que le fuera posible por el bienestar de sus parientes. (7)

Como sabemos, esta buena voluntad se queda tan solo en eso, bajo la influencia de la señora de John Dashwood, que consigue silenciar la conciencia de su marido con razonamientos mezquinos y egoístas. En vistas de esta situación, no es de extrañar que el matrimonio se viera como la única vía de subsistencia para aquellas mujeres que no tuvieran la suerte de contar con una gran fortuna personal.

¿Qué ocurría, entonces, con aquellas chicas de buena familia que no contaran con rentas propias ni recibieran proposiciones de matrimonio de caballeros solventes? Lo cierto es que las opciones para las jóvenes eran escasas. Mientras hubiera alguna renta, podrían tratar de ajustarse a esa cantidad, viviendo lo más dignamente que pudieran dentro de su estrechez. Pero, en el caso de que no contaran con recursos económicos, se verían abocadas a un matrimonio no tan ventajoso –el afecto en este caso sería aún más secundario–, pero al menos suficiente para subsistir, o tendrían que buscar algún empleo que les proporcionara un mínimo de ingresos y que, dentro de lo posible, no las hundiera socialmente. Como podemos ver en Emma, la enseñanza parece ser la salida más airosa para estas mujeres. Ya fuera como institutriz privada -tal hubiera sido el caso de Jane Fairfax, de no haberse casado con Frank- o como maestra de escuela -que había sido el camino escogido por la señora Goddard-.

En cualquier caso, se trataba de una situación complicada, que la misma Jane Austen conoció en primera persona, ya que, aunque nunca llegaron a pasar necesidad, tanto ella como su madre y su hermana Cassandra, dependieron de la ayuda de sus hermanos –que no les faltó en ningún momento– debido a los escasos recursos con los que contaron tras la muerte del Reverendo George Austen.

La educación de las jóvenes

En un interesante e ilustrativo estudio de Deborah Simonton, incluido dentro del libro de Hannah Barker, que se encuentra referenciado en la bibliografía, se explica con detalle cuál fue la situación del sistema educativo británico durante el siglo xviii y la primera mitad del siglo xix. Este estudio nos servirá para contextualizar la información extraída de las novelas de Austen, que ofreceremos algo más adelante.

Como ya hemos visto, la sociedad británica y, en concreto la inglesa, estaba claramente dividida en diferentes niveles sociales, por lo que cada persona partía de un punto diferente en función de su nacimiento y era muy difícil que lograra ascender socialmente. Este determinismo social se veía correspondido en el sistema educativo y, por lo tanto, las jóvenes que acudían a una escuela recibirían un tipo de educación u otro en función de su situación socioeconómica. Las niñas de buena familia recibían una formación orientada a la adquisición de buenas maneras y principios morales. Mientras que a las pertenecientes a clases sociales más modestas se les ofrecían unos conocimientos y destrezas que pudieran servirles para ganarse la vida y contribuir a la economía familiar en el futuro.

A pesar de la existencia de algunas escuelas, la mayor parte de la educación se administraba en los hogares y, habitualmente, esta tarea recaía sobre las madres de familia. Por esta razón, se vio la necesidad de ofrecer una buena formación a las jóvenes para que, de ese modo, pudieran educar correctamente a su prole y, en especial, a sus hijas.

En el caso de las jóvenes de clase social baja, las oportunidades de recibir cierta educación dependían de la capacidad y del interés de la familia. Si eran capaces de pagar cierta suma de dinero, las niñas podrían asistir a alguna escuela parroquial o algún colegio rural y recibir una educación muy semejante a la de los niños, al menos en las primeras etapas.

En las escuelas dominicales, se enseñaba principalmente a leer y escribir, como medio de promoción social y como instrumento para adquirir cierta formación religiosa. Sin embargo, en las siguientes etapas, la educación de niños y niñas difería. El curriculum de los chicos incluía lectura, escritura y aritmética; mientras que el de las chicas se fundamentaba en la lectura, la religión y la costura. No obstante, no se trataba de un sistema cerrado y algunas niñas continuaban con asignaturas que iban más allá de las previstas para ellas. Además, en estas enseñanzas se incluían ciertas prácticas laborales que les permitían ganar algo de dinero y, fundamentalmente, adquirir destrezas que les facilitaran encontrar trabajo. En el caso de las jóvenes, la destreza más importante era la costura, ya que les servía para llevar a cabo diferentes labores tanto en su vida doméstica como en el mundo laboral.

En el caso de las familias de buena posición social y económica, aunque existían escuelas para señoritas, la educación solía impartirse mayoritariamente en el propio hogar. En un principio, solía ser la madre la encargada de educar a sus hijas, pero con el tiempo fue ganando en relevancia el papel de las institutrices. Curiosamente, la diferencia educativa entre chicos y chicas estaba más marcada en las clases sociales elevadas. Mientras que los niños solían recibir una formación académica, que podía incluir algunos años en la universidad; la formación de las niñas se orientaba a convertirlas en unas jóvenes cultivadas, que resultaran de atractivo para los caballeros y pudieran ser buenas esposas, madres y administradoras del hogar. Dicho de otro modo, la educación era una preparación para el mercado matrimonial, en el que las jóvenes deberían competir entre sí para conseguir un buen partido.

El curriculum de las jóvenes de alta alcurnia se componía de asignaturas como costura, conversación educada, baile, música, dibujo, pintura, francés, quizás italiano, y algunas nociones de historia, geografía y astronomía para ser capaces de mantener una conversación agradable.

Es decir, la educación tenía una posible doble finalidad. Preparar a las jóvenes para lograr un buen matrimonio o, en caso de que este plan fallara, formarlas para que fueran institutrices. Y esto, según Hannah More, explicaba la abundancia de esposas superficiales y profesoras incultas. Junto a Hannah More, durante la segunda mitad del siglo xviii, comenzaron a escucharse algunas voces femeninas que reclamaban una revisión en los contenidos de la educación de las jóvenes. Elizabeth Hamilton insistió en la necesidad de formar en principios morales y no solo en buenas maneras. Por su parte,  Maria Edgeworth defendió que las jóvenes recibieran una educación de utilidad, que incluyera las ciencias y sacara a las niñas de su ignorancia. Mary Wollstonecraft se unió a la condena de lo que Hannah More definió como un frenesí por las habilidades –This phrenzy of accomplishments-. More denunciaba que solo se las educaba para el periodo de la juventud y la belleza. Tanto More como Wollstonecraft propugnaban una educación integral de la mujer, que no se centrara tanto en un papel secundario y temporal como en la necesidad de convertirlas en una parte importante de la sociedad. Junto con Catherine Macaulay, insistieron en que no debería existir una disparidad entre los contenidos de la educación de hombres y mujeres. Este impulso dio su fruto y a comienzos del siglo xix comenzaron a producirse algunos cambios en la oferta educativa para las jóvenes (young women en vez de ladies) en la que se insistía en los conocimientos útiles.

Tras este breve recorrido por la evolución de los planteamientos educativos en la sociedad británica de los siglos xviii y principios del xix, vamos a comprobar la visión que Austen nos ofrece de este aspecto de la sociedad de su tiempo.

La educación de las jóvenes en las novelas de Jane Austen

La búsqueda del sistema de enseñanza perfecto es un tema de eterna actualidad. Los modelos se relevan por razones políticas o sociales. Se importan estrategias de diferentes países y se experimenta con los avances de la pedagogía. Los resultados no siempre están a las alturas de las expectativas, a pesar del dinero invertido en estudios, metodologías y nuevos materiales.

Los centros educativos vanguardistas, en los que se cuenta con los últimos medios tecnológicos y se emplean términos novedosos para explicar situaciones y procedimientos, son vistos con cierto escepticismos por los educadores experimentados, que confieren el protagonismo a las personas, más que a los instrumentos o recursos pedagógicos.

La señora Goddard era maestra de escuela, no de un colegio ni de un pensionado, ni de cualquier otra cosa por el estilo en donde se pretende con largas frases de refinada tontería combinar la libertad de la ciencia con una elegante moral acerca de nuevos principios y nuevos sistemas, y en donde las jóvenes a cambio de pagar enormes sumas pierden salud y adquieren vanidad, sino una verdadera, honrada escuela de internas a la antigua, en donde se vendía a un precio razonable una razonable cantidad de conocimientos… (E 16)

Esta es la presentación de la escuela de la señora Goddard, mostrada como un lugar fiable en contraste con otros sitios de gran renombre, pero escasa credibilidad. Al texto anterior le faltan algunas líneas que ofrecemos a continuación.

… y a donde podía mandarse a las muchachas para que no estorbaran en casa, y pudieran conseguir una pequeña educación sin ningún peligro de que salieran de allí convertidas en prodigios. (Ibid.)

Con su concisión e ironía habitual, la autora nos ofrece su punto de vista sobre la educación de las chicas jóvenes en su época. Como ya se ha comentado en el apartado anterior, las familias de buena posición, no enviaban a sus hijas para que adquirieran unos conocimientos que les permitieran ganarse la vida en el futuro, sino para que adquirieran ciertas destrezas que las harían más valiosas en el mercado matrimonial.

En las obras de Austen se nos muestran con frecuencia conversaciones en las que se hace referencia a alguna chica y se decora su descripción con el adjetivo “accomplished”, al que hacía referencia Hannah More, y que tiene un significado muy amplio, como podremos observar en el siguiente diálogo, extraído de Pride and Prejudice, entre la la señorita Bingley, el señor Darcy y Elizabeth Bennet.

––Entonces observó Elizabeth–– debe ser que su concepto de la mujer perfecta es muy exigente.

––Sí, es muy exigente. ––¡Oh, desde luego! exclamó su fiel colaboradora––. Nadie puede estimarse realmente perfecto si no sobrepasa en mucho lo que se encuentra normalmente. Una mujer debe tener un conocimiento profundo de música, canto, dibujo, baile y lenguas modernas. Y además de todo esto, debe poseer un algo especial en su aire y manera de andar, en el tono de su voz, en su trato y modo de expresarse; pues de lo contrario no merecería el calificativo más que a medias.

––Debe poseer todo esto ––agregó Darcy––, y a ello hay que añadir algo más sustancial en el desarrollo de su inteligencia por medio de abundantes lecturas.

––No me sorprende ahora que conozca sólo a seis mujeres perfectas. Lo que me extraña es que conozca a alguna. (53)

Como se puede comprobar, se trataba de una educación dirigida sobre todo a las artes, aunque el señor Darcy añada un matiz importante y no del todo habitual, que parece corresponder a la voz de la autora, al requerir también amplias lecturas que formen la mente de las jóvenes.

De Jane Austen sabemos que asistió a dos escuelas en su primera infancia, pero que adquirió la mayoría de sus conocimientos y destrezas en su casa, con la orientación de su padre y una amplia biblioteca a su disposición. Esto se ve reflejado en algunas obras, como es el caso de Pride and Prejudice y Sense and Sensibility. En el primero, se nos cuenta que las Bennet no contaron con ninguna institutriz y en el segundo, además de esto, se nos insiste en la idea de que estas jóvenes siempre estaban muy atareadas, y hallaban un gran placer en la lectura, el dibujo y la música.

De estas tres disciplinas, encontramos múltiples referencias en las obras que estamos estudiando. Es muy interesante comprobar la importancia que tenían en la vida cotidiana de sus protagonistas y el valor que se le confería tanto a la destreza en dichas artes como a la capacidad de apreciarlas. A continuación, ofreceremos un breve elenco de ejemplos en los que se habla de estas disciplinas.

-Libros

Ya hemos comentado el valor educativo de la lectura. Una buena selección de libros puede ser un camino directo a la adquisición de una cultura amplia, buen raciocinio y el fundamento para unas ideas sólidas. Así se nos muestra en Mansfield Park, cuando, poco después de que Fanny sea acogida por la familia de su tío, Edmund decide colaborar en su educación a través de los libros.

Él veía que Fanny era inteligente, que tenía una gran facilidad de comprensión y buen discernimiento, junto con una gran afición a la lectura, la cual, convenientemente orientada, podría proporcionarle una excelente instrucción. Miss Lee le enseñaba francés y le hacía recitar diariamente su lección de Historia; pero él le recomendaba los libros que hacían sus delicias en sus horas de ocio, él fomentaba su inclinación y rectificaba sus opiniones. Él hacía provechosa la lectura hablándole de lo que leía, y ensalzaba sus alicientes con sensatos elogios. (16)

El ejemplo contrario lo encontramos en la persona de Emma, y en la crítica cariñosa de Mr. Knightley, que conoce las buenas intenciones de la joven, pero su escasa fuerza de voluntad y constancia.

-Emma siempre se ha propuesto leer cada vez más, desde que tenía doce años. Yo he visto muchas listas suyas de futuras lecturas, de épocas diversas, con todos los libros que se proponía ir leyendo… Y eran unas listas excelentes, con libros muy bien elegidos y clasificados con mucho orden, a veces alfabéticamente, otras según algún otro sistema. (…) Pero ya he perdido toda esperanza de que Emma se atenga a un plan fijo de lecturas. Nunca se someterá a nada que requiera esfuerzo y paciencia, una sujeción del capricho a la razón.     (35)

En esta novela, se nos presenta a la heroína como una muchacha con grandes dotes para las distintas artes, pero a la que la falta de práctica le ha impedido adquirir destreza en ninguna de ellas. Y algo parecido ocurre en lo referente a su modo de pensar. Tiene buen corazón y propósitos nobles, pero en ocasiones sus carencias intelectuales o de raciocinio se ponen de manifiesto, provocando que se deje llevar por los prejuicios o una actitud caprichosa.

-La música.

La excelencia musical es fruto del esfuerzo y la constancia, que perfeccionaran una mayor o menor habilidad natural. Por lo tanto, a las artistas que hayan alcanzado esa maestría se les suponen unas virtudes, de las que carecerán aquellas que abandonaron la práctica. Este es el contraste entre Jane Fairfax y Emma Woodhouse, que resume de algún modo la personalidad de las jóvenes. A la primera la vemos siempre como discreta, perseverante, correcta, abnegada, dispuesta a trabajar para salir adelante, sin rebelarse contra su situación. Mientras que Emma es mucho más aparatosa, desea ser el centro de atención, se deja llevar por los caprichos y la fantasía, y está acostumbrada a una vida cómoda.

Como detalle cultural, llama la atención que en varias ocasiones, se muestra cómo es propio de muchas mujeres el abandono de la práctica musical al llegar al matrimonio.

Marianne, que cantaba muy bien, a su pedido recorrió la mayoría de las canciones que lady Middleton había aportado a la familia al casarse, y que quizá habían permanecido desde entonces en la misma posición sobre el piano, ya que su señoría había celebrado ese acontecimiento renunciando a la música. (S&S: 37)

¿Las razones? En algún momento se alude a la falta de tiempo, puesto que su nueva condición lleva consigo un aumento de tareas. Pero no parece que esta razón sea demasiado convincente. Más bien se nos muestra como algo voluntario. Quizás, y esto es una interpretación muy libre por nuestra parte, un factor determinante sea el hecho de haber logrado ya la situación de estabilidad deseada, y no sentir la necesidad de perfeccionar las habilidades para ganar en encantos personales cara a un futuro pretendiente.

-El dibujo.

Al analizar las diferentes escenas en las que se alude a la destreza para dibujar y al gusto por los retratos y paisajes, la autora se sirve de este recurso para mostrar distintas características de los personajes, o para dotar de mayor fuerza a una situación.

Durante un agradable paseo, Catherine Morland, sorprendida por los comentarios de los hermanos Tilney, que son capaces de apreciar con más detalle el paisaje que les rodea gracias a su afición por el dibujo, hace gala de su inocencia y sencillez habituales, y reconoce su ignorancia a este respecto y su deseo de aprender. Lo que le vale una detenida explicación de Henry. Las oportunas indicaciones del joven, unidas a la admiración que ella siente por él logran unos avances sorprendentes en tan solo unos minutos.

La muchacha confesó y lamentó su falta de conocimientos, y declaró que de buen grado daría cuanto poseía en el mundo por saber dibujar, lo cual le valió una conferencia acerca del arte, tan clara y terminante, que al poco tiempo encontraba bello todo cuanto Henry consideraba admirable. (NA 69)

La falta de gusto será mostrada como algo propio de los personajes simples, vulgares o malvados. Y, dentro de esta categoría, encontramos también a aquellos que quieren aparentar unos conocimientos en intereses que en realidad no poseen. Una actitud que, con lenguaje actual, podría definirse como “postureo”.

-¡Ay, cielos! ¡Qué hermosos son éstos! ¡Vaya, qué preciosura! Mírelos, mamá, ¡qué adorables! Le digo que son un encanto; podría quedarme contemplándolos para siempre -y volviendo a sentarse, muy pronto olvidó que hubiera tales cosas en la habitación. (S&S 110)

En esta misma obra, escuchamos a Marianne juzgando a Edward con severidad por su falta de sensibilidad artística. La joven es consciente de que él admira los dibujos de Elinor, pero desde su perspectiva de artista y amante del arte, detecta que no es el buen gusto lo que le lleva a valorar estas obras, sino el afecto que siente por su hermana.

Y aunque admira mucho los dibujos de Elinor, no es la admiración de alguien que pueda entender su valor. Es evidente, a pesar de su asidua atención cuando ella dibuja, que de hecho no sabe nada en esta materia. Admira como un enamorado, no como un entendido. (S&S: 19)

Pero es que, como la misma Marianne reconocerá, el buen gusto, en ocasiones, se confunde con la apariencia y la repetición de opiniones comunes. No todo el mundo posee la capacidad de apreciar la belleza o la técnica de una obra de arte. Pero el afán de aparentar puede llevar a algunos a emitir juicios atrevidos, que pondrán de manifiesto su ignorancia ante los entendidos en la materia.

-Es muy cierto -dijo Marianne- que la admiración por los paisajes naturales se ha convertido en una simple jerigonza. Todos pretenden admirarse e intentan hacer descripciones con el gusto y la elegancia del primero que definió lo que era la belleza pintoresca. (S&S: 99)

Por lo que, quizás, sea preferible la actitud de Edward, que reconoce sus limitaciones y deja que sea el afecto, y no sus aptitudes artísticas, quien rija sus preferencias.

Give a girl an education…

Llegamos al último apartado de este capítulo, en el que comentaremos la propuesta de Austen para lograr la promoción social de las mujeres de su época y, dando un salto en el tiempo, haremos extensivas sus ideas a la época actual, tan diferente en muchos matices, pero siempre necesitada de cambios y mejoras.

En los apartados anteriores, hemos visto cuál era la situación social de la mujer durante los últimos años del siglo xviii y los primeros del xix. Tanto las jóvenes de familias pudientes como las de condición social más modesta dependían en gran parte de un matrimonio ventajoso para salir adelante. Y, si no contaban con esta posibilidad, sus esperanzas –sobre todo en el caso de las jóvenes de nivel social medio-alto- recaían casi exclusivamente en la educación recibida, que podría abrirles las puertas a trabajar como maestras o institutrices. Una buena educación también podría permitir cierto ascenso social a una joven de condición humilde, para la que un puesto como los que acabamos de mencionar supondría un logro importante.

Esta es la razón por la que en Mansfield Park escuchamos una frase que será el eje de estas últimas consideraciones. Curiosamente, la sentencia que reproduciremos a continuación no la pronuncia una de las heroínas de Austen, ni alguno de sus caballeros, sino un personaje por el que los lectores difícilmente podrán sentir simpatía alguna. Se trata de la señora Norris, tía la protagonista de esta obra, Fanny Price. La señora Norris es una mujer tacaña, lisonjera e injusta. Y, sin embargo, gracias a ella, Fanny es acogida por sus tíos, mejorando exponencialmente su situación social y sus posibilidades de futuro. En los primeros compases de la novela, cuando el señor Bertram muestra alguna duda sobre el modo de actuar respecto a la joven a la que han acogido, recibe la siguiente indicación de su cuñada:

Give a girl an education, and introduce her properly into the world, and ten to one but she has the means of settling well, without farther expense to anybody (7)

(Dale a una muchacha una buena educación, oriéntala de un modo adecuado, y apuesto diez contra uno a que logrará salir adelante, sin necesitar la ayuda de nadie).

La educación es la llave que abrirá la puerta del futuro para esas jóvenes que no cuentan con grandes rentas, o con la protección de un matrimonio que les aporte estabilidad económica y una buena posición social.

“Un buen consejo lo aceptaría aunque viniera del diablo”. Esta frase, que se atribuye a san Juan Bosco, remarca la idea de que lo importante son las enseñanzas, sin depender del que enseña. Sin embargo, la experiencia nos dice que somos más dados a aceptar los consejos cuando son acordes a la actitud de quien los ofrece.

Como dijimos al principio de estas líneas, Jane Austen fue una mujer escritora cuando ninguna de esas condiciones –y mucho menos la unión de las dos- suponían una ventaja. Durante sus primeros años de vida, su situación económica fue cómoda, pero no lujosa. Y esta situación se volvió mucho más austera tras la muerte de su padre. Sin embargo, aunque tuvo la oportunidad de contraer un matrimonio muy favorable, con el hermano de sus mejores amigas, rechazó la oferta al no estar enamorada del pretendiente. Podría haber ascendido vertiginosamente en la escala social, emulando a Elizabeth Bennet, la más famosa de sus heroínas. Y, en vez de eso, prefirió ser fiel a sus principios, ya que había asegurado en más de una ocasión que cualquier cosa era preferible a un matrimonio sin afecto.

En esas circunstancias, Austen dedicó una gran parte de su tiempo y toda su pasión a la escritura. Pero no debemos olvidar que, anteriormente, había dedicado horas y horas a la lectura. Su padre fue un hombre cultivado, varios de sus hermanos estudiaron en Oxford, y ella siempre recibió estímulos favorables para formarse adecuadamente y adentrarse en la escritura. Fue la educación recibida en el hogar junto con sus grandes dotes personales lo que la permitió abrirse un camino en la vida y realizarse como persona. Aunque apenas pudo disfrutar del éxito –también económico- de sus publicaciones, debido a su muerte prematura, sí que gozó de la satisfacción de no haber cedido ante las dificultades y los fracasos. Catorce años transcurrieron desde la primera tentativa de publicar una de sus obras hasta que este logro se hizo realidad. Catorce años en los que siguió leyendo, escribiendo, revisando y corrigiendo sus trabajos.

Los parámetros sociales en los que transcurrió la vida de Austen eran mucho menos proclives a la igualdad de oportunidades que los de hoy en día. Sin embargo, eso no fue un obstáculo para que esta grandísima autora siguiera adelante con sus escritos, sin perder el tiempo con lamentos inútiles y sin refugiarse en excusas paralizantes. Austen vivió según las normas de su tiempo, pero fue capaz de ver mucho más allá. Por eso no se sintió acomplejada, ni se disculpó por ejercitarse en un género que algunos tildaban de pasatiempo menor. Tanto en sus cartas como en su obra La Abadía de Northanger, encontramos una defensa enfervorizada de la novela como género literario.

Austen creyó en la importancia de la educación y así lo manifestó en su vida y en sus libros. Austen confió en la capacidad de sus congéneres para hacerse valer por sí mismas, pero, a la vez, conocía la situación de desventaja de la que partían. Por eso en sus novelas vemos a las heroínas luchar, equivocarse, aprender y evolucionar. Sus protagonistas no son jovencitas idealizadas a las que la vida les sonríe. Todas pasan por un proceso de autoconocimiento, aprendizaje y superación. Y, aunque el premio a su esfuerzo venga en forma de un matrimonio ventajoso –no olvidemos que son obras enmarcadas en un contexto sociocultural concreto-, lo más importante es que todas y cada una de estas heroínas han superado su proceso de aprendizaje y, por eso, son capaces de afrontar el futuro con seguridad y determinación.

Los tiempos han cambiado. La igualdad de oportunidades está más cerca que hace doscientos años, aunque todavía quedan muchos retos por delante. ¿Cuál es el camino para seguir avanzando? ¿Qué nos diría Jane Austen? ¿Qué nos dice en sus obras? Lo vimos al principio de este capítulo. No hablemos de grupos, hablemos de personas, de cada persona. Pongamos todo lo que esté en nuestras manos para que cada persona tenga a su alcance las herramientas para lograr sus objetivos. Démosle a cada persona una buena educación, orientémosle en sus primeros pasos, y será capaz de hacerse valer y contribuir a la mejora de la sociedad.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

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———. La abadía de Northanger. e-artnow, 2014.

———. Mansfield Park. Penguin Random House Grupo Editorial España, 2015.

———. Orgullo y prejuicio. Jane Austen, 2015.

———. Persuasión. Paradimage Soluciones SL, 2015.

———. Sentido y sensibilidad. Jane Austen, 2015.

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Edgeworth, Maria. Letters for Literary Ladies, to Which Is Added, an Essay on the Noble Science of Self-Justification [by M. Edgeworth]., 1799.

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Wollstonecraft, Mary. A Vindication of the Rights of Woman: With Strictures on Political and Moral Subjects. Unwin, 1891.