SORTEO “JANE, LA NOVELA: ENTRA EN EL UNIVERSO DE JANE AUSTEN”

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La fecha límite para participar en el sorteo es el domingo, 8 de septiembre de 2019 a las 23:59 horas La lista de personas premiadas se hará pública en este blog el martes 10 de septiembre de 2019 Las personas que hayan sido premiadas deberán enviar un e-mail con sus información postal (Calle, número, código postal, población, provincia) antes del 15 de septiembre de 2019 a las 23:59 horas. Cuando recibamos dicho e-mail enviaremos un acuse de recibo. En caso de no cumplir este requisito, se considerará que dichas personas han renunciado a su premio. Este sorteo solo está abierto a personas que residan en España.

¡¡SUERTE!!

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La actitud hacia la persona enferma en la novela Emma de Jane Austen

Citar como:

Jordán, Miguel Ángel (2019). The Attitude Towards the Sick Person in Jane Austen’s Novel Emma. International Journal of Recent Academic Research. Vol. 01 (4) 129-134

Versión publicada (inglés) http://www.journalijrar.com/sites/default/files/issues-pdf/IJRAR-0235.pdf

 

  1. Introducción

Las obras de Jane Austen pueden ser definidas como novelas de personajes, puesto que el tema central de dichas obras es el análisis de la personalidad, no solo de los protagonistas, sino también del resto de personajes, ya sean principales, secundarios o incluso aquellos que parecen caricaturizados. En las historias que se relatan en sus novelas, Austen muestra las diferentes actitudes de hombres y mujeres de distintas edades y clases sociales, sirviéndose de los conflictos personales, las normas de la sociedad, las costumbres de su época, etc., para profundizar en sus emociones y analizar sus comportamientos. Por esta razón, en el conjunto de la obra de Austen encontramos un profundo análisis de distintas personalidades y rasgos de carácter, que ponen de manifiesto la sutil capacidad de observación de la autora (Lambdin 2000).

Uno de los temas presentes en las obras de Austen es la hipocondría, con la que se caracteriza a diversos personajes como son Mrs. Bennet (Pride and Prejudice), Mary Musgrove (Persuasion), o Mr. Woodhouse (Emma). Sin embargo, en cada caso, el tratamiento que Austen da a esta circunstancia es distinto. Tal y como señala Nelson (2014), Austen suele ser crítica y severa con los personajes que se quejan y autocompadecen por enfermedades imaginarias, pero su actitud varía en el caso de Mr. Woodhouse, del que hablaremos en este artículo.

Son muchas las novelas que a lo largo de la historia han incluido al enfermo, tanto real como imaginario, entre sus personajes, analizando su situación desde diversas perspectivas (Bury 2001). Estos trabajos ofrecen un acercamiento psicológico a la persona enferma, que puede enriquecer a los lectores e influir en su actitud. Sin embargo, en el presente trabajo, no nos centraremos en la figura del enfermo, sino en el efecto que esta persona provoca en los que le rodean.

El objetivo de este artículo es poner de manifiesto cómo Austen utiliza la enfermedad como un recurso para mostrar el auténtico modo de ser de los personajes que rodean al enfermo. Para lograr este objetivo, ofreceremos a continuación algunos apartados que aporten un breve marco teórico que contextualice el análisis que realizaremos en el punto 5.

 

  1. Jane Austen y la hipocondría

Las obras de Austen, tal y como se dijo anteriormente, se centran especialmente en los personajes, no en los acontecimientos. Por esta razón, aunque durante su vida sucedieron eventos de gran relevancia tanto en Inglaterra como en Europa, apenas encontramos algunas referencias indirectas a esas circunstancias. Sin embargo, esto no impide que las novelas de Austen estén marcadas por el realismo histórico. Austen, tal y como ella misma indica en una de sus cartas (172), hablaba de lo que conocía, puesto que solo de ese modo podría describirlo con exactitud. De manera que, si Austen decidió caracterizar a varios de sus personajes como hipocondríacos, se debe a que la hipocondría era una circunstancia conocida en su época, tanto para ella como para sus lectores.

By the time Austen was born, centuries of discussion of hypochondria and hysteria had already taken place. For a very long time, medicine had been aware of the persistence of a constellation of symptoms that differ from ordinary illness. The symptoms are varied,  hanging, and, of course, physical; even if the disease is imagined and feared, as in what has lately come to be called hypochondria, the worries are manifested in physical terms such as headache, fatigue, upset stomach, fainting, screaming, or loss of appetite; how does a human being react, if not through the body? (Gorman 100)

Aunque los conocimientos médicos de Austen y sus contemporáneos no fueran amplios, e incluso desconocieran el término médico para definir la actitud de ciertas personas, los síntomas eran suficientemente comunes y frecuentes como para ser reconocidos y utilizados dentro de una novela.

A pesar de que la hipocondría se conocía desde hacía siglos y había sido tema de estudio y debate en la medicina, por lo que nos consta, no se publicó ninguna propuesta de tratamiento para esta dolencia hasta 1777, es decir, dos años después del nacimiento de Jane Austen.

Probably not until the publication of William Cullenʹs First Lines of the Practice of Physick in 1777, do we find a description of hypochondria as we now know it: “As it is the nature of men to indulge every present emotion, so the hypochondriac cherishes his fears, and, attentive to every feeling, finds in trifles, light as air, a strong confirmation of his apprehensions” (Mullan 215-16). Cullen recommends that the physician try “diverting the attention of the person being treated to other objects than his own feelings,” using a placebo if necessary (Mullan 216), a prescription with which Austen would no doubt concur, and a prescription she turns inside out for her readers. (Gorman 101)

Curiosamente, el tratado que acabamos de citar, obra de William Cullen, fue publicado por John Murray, creador de la editorial John Murray Publishing House, que años después publicaría varias de las obras de Austen, aunque esta tarea le correspondió a John Murray II, hijo del fundador de la editorial.

Resultado de imagen de mrs. bennetComo se dice en el texto citado, Austen parece conocer estas indicaciones, ya que no duda en aplicarlas en sus obras para calmar el ánimo excitado de Mr. Woodhouse, el padre de Emma, la joven heroína que da título a la novela que protagoniza. En cualquier caso, el punto que queremos destacar es que la hipocondría, con sus síntomas y tratamientos, eran conocidos durante la época de Austen, propiciando así que la autora la utilizara como una herramienta literaria para lograr diversos efectos en sus obras.

Más adelante analizaremos la repercusión que tiene la actitud de Mr. Woodhouse en los personajes que le rodean, pero antes comentaremos brevemente el efecto literario que produce el comportamiento hipocondriaco de los otros ejemplos que citamos en la introducción.

El primer ejemplo al que hicimos referencia es Mrs. Bennet, la madre de Elizabeth Bennet, protagonista de Pride and Prejudice. A lo largo de la obra, este personaje hace continuas referencias a su malestar nervioso (“my poor nerves”). Pero el narrador se encarga de poner de manifiesto la inconsistencia de esta supuesta enfermedad. El efecto que logra Austen al añadir la hipocondría a las otras características de Mrs. Bennet es conferirle un carácter aún más histriónico a este personaje, que ya de por sí resulta exagerado y grotesco.

Resultado de imagen de jane austen mary musgroveEl segundo ejemplo es el de Mary Musgrove, la hermana de Anne Elliot, protagonista de Persuasion. Esta dama se queja continuamente de diversos males, que pueden ir desde la jaqueca, al agotamiento, con otras variaciones en función de sus intereses. Por medio de esta actitud hipocondríaca, se completa el cuadro familiar en torno a la protagonista, que es la víctima de un padre vanidoso y frívolo, y dos hermanas egoístas que la tratan con desdén, en el caso de Elizabeth, la mayor de la familia, o como a una enfermera y sirvienta, como siempre hace Mary.

Por lo tanto, la imagen que ofrece Austen de los hipocondríacos, en ambos casos, es peyorativa. Un recurso para caracterizar de un modo aún más negativo a un personaje que lastrará la vida de la protagonista y de las demás personas que la rodean.

Perhaps to individualize themselves, Austen’s famous hypochondriacs have perpetuated the notion of being ill, for only then can they earn the attention they believe rightly belongs to them. Unfortunately, in the process of exerting their egotism, as they retreat further from reality as Walton Lutz suggests (160), they can do harm to others. (Beard 3)

Los personajes anteriormente citados, y Mr. Woodhouse, de quien hablaremos en el siguiente apartado, comparten el afán de captar la atención de los que les rodean y buscar sus cuidados, y también les provocan cierto sufrimiento o, por lo menos, serias incomodidades.

En las cartas personales de Austen encontramos varios pasajes en los que la autora hace referencia a la mala salud de su madre. Esto ha llevado a diversos críticos y lectores a plantear la hipótesis de que el personaje de Mr. Woodhouse podría estar inspirado en Mrs. Austen. Sin embargo, como explica Nelson en su estudio sobre la hipocondría en Austen (2014), no parece que esto sea probable, ya que la autora compartía sus escritos con su familia, por lo que, en el caso de que Mrs. Austen fuera una hipocondríaca, este detalle no habría sido pasado por alto por sus seres queridos, causando un lógico malestar del que no ha llegado referencia alguna. Además, como también explica Nelson, citando la primera biografía de Austen, la escritora inglesa era más dada a crear que a copiar.

 

  1. Mr. Woodhouse

Resultado de imagen de jane austen mr. woodhouseEn este apartado ofreceremos una semblanza de Mr. Woodhouse, que permita comprender con más profundidad el análisis que se llevará a cabo en el punto 5.

El narrador de las obras de Austen suele ofrecer una breve presentación de cada uno de los personajes antes de que aparezcan en escena. Esta presentación, que puede completarse más adelante, contiene los rasgos fundamentales de su carácter y, en especial, aquellos que son de más relevancia para el papel que desempeñarán en la historia. En el primer capítulo de Emma, al hablar de Mr. Woodhouse, el narrador nos ofrece la siguiente descripción:

The evil of the actual disparity in their ages (and Mr. Woodhouse had not married early) was much increased by his constitution and habits; for having been a valetudinarian all his life, without activity of mind or body, he was a much older man in ways than in years; and though everywhere beloved for the friendliness of his heart and his amiable temper, his talents could not have recommended him at any time.(…) His spirits required support.  He was a nervous man, easily depressed; fond of every body that he was used to, and hating to part with them; hating change of every kind. (3)

Un hombre de cierta edad, que aparenta ser aún mayor debido a sus hábitos y a su estado anímico de tendencia nerviosa y depresiva, que limita su actividad física y le lleva a estar excesivamente pendiente de su salud y a recelar de cualquier cambio. Sin embargo, a pesar de que esta circunstancia le convierte en un acompañante melancólico, con el que resulta difícil convivir, y que exige una atención casi constante, la imagen que se muestra de él en la obra no es tan negativa como en los dos casos que comentamos en el apartado anterior. Los modales caballerosos y delicados de este personaje, y la bondad de su carácter, junto con su elevada posición social, justifican que nadie en Highbury cuestione sus enfermedades ni se ría de sus obsesiones (Vickers 2008).

Resultado de imagen de jane austen mr. woodhouseLa preocupación de Mr. Woodhouse por su propia salud, convierte este asunto en el tema central de sus conversaciones. Los consejos médicos que recibe son expuestos como argumentos de autoridad, a los que con frecuencia él añade sus propias opiniones, desaconsejando o recomendando diversas prácticas en función de su parecer.

In a world where medicines were usually ineffective and causes of illness generally unknown, Mr. Woodhouse sees cause-and-effect relationships in the most unusual phenomena, issues proclamations about the value of one procedure or another, and recommends certain behaviors to all who will or will not listen. (…) Mr. Woodhouseʹs hypochondria also functions as a pastime, as a way of fending off the dangers of the universe, and as a way of insuring that he is being taken care of. (Gorman 105)

La hipocondría de Mr. Woodhouse le ha conducido a una situación cercana a la invalidez, que condiciona y limita la vida de los que le rodean, en especial de su hija Emma, como se verá en el punto 5. Cualquier circunstancia es analizada por este personaje desde un punto de vista médico, que casi siempre le causa desasosiego y que obliga a los demás a elaborar complicados planes para lograr satisfacer sus requerimientos. Pero serán precisamente estas inconveniencias las que permitirán que afloren algunos rasgos de carácter de los personajes principales que, de otro modo, quizá hubieran pasado ocultos para los lectores.

 

  1. El Espejo Mágico

Las diferencias entre la apariencia externa y la realidad interior de cada persona es un tema recurrente tanto de la literatura y otras disciplinas como de la sabiduría popular. Abundan las leyendas, mitos, cuentos, relatos y refranes que versan sobre este asunto, e invitan a prestar atención para descubrir la verdadera personalidad de aquellos que nos rodean, sin dejarnos engañar por los factores externos.

Resultado de imagen de espejo atreyuLa literatura ofrece algunos ejemplos de objetos con poderes especiales que permiten descubrir la verdad interior de las personas. Uno de ellos es El espejo mágico, que aparece en la novela La historia interminable de Michael Ende (1979). En un pasaje de la novela, Atreyu, un joven guerrero que ha sido elegido para llevar a cabo una misión de la que depende de la supervivencia del Reino de Fantasía, ha de superar diversas pruebas. Una de ellas es la Puerta del Espejo Mágico, de la que se habla en el siguiente fragmento:

Cuando se está ante él, se ve uno a sí mismo… pero no como en un espejo corriente, desde luego. No se ve el exterior, sino el verdadero interior de uno, tal como en realidad es. Quien quiera atravesarlo tiene que -por decirlo así- penetrar en sí mismo.

– De todas formas -opinó Atreyu-, esa Puerta del Espejo Mágico me parece más fácil de atravesar que la primera.

– ¡Error! -exclamó Énguivuck, empezando a andar otra vez excitado de un lado a otro-. ¡Craso error, amigo! He comprobado que precisamente los visitantes que se consideran especialmente intachables huyen gritando del monstruo que los mira irónicamente desde el espejo. A algunos tuvimos que tratarlos durante semanas antes de que estuvieran siquiera en condiciones de emprender el viaje de regreso. (96)

La dicotomía entre las apariencias y la realidad no solo pueden confundir a los demás, sino que incluso pueden sorprender a la propia persona, que se ha forjado una idea errónea de su manera de ser. “Conócete a ti mismo” era la inscripción que recibía a los visitantes del Templo de Apolo en Delfos. Tanto el autoconocimiento como el conocimiento de los demás son tareas complicadas, que exigen atención, estudio y el recurso a algunos “objetos con poderes especiales” que nos permitan discernir entre la apariencia externa y la realidad interior de cada uno. Como veremos en el próximo apartado, la actitud ante una persona enferma o necesitada puede ser esa piedra de toque que ponga de manifiesto algunos rasgos del carácter propio o ajeno.

 

  1. Análisis de la actitud hacia Mr. Woodhouse de los personajes de Emma

Imagen relacionadaComo se dijo al principio de este artículo, las obras de Jane Austen pueden catalogarse como novelas de personajes. Por esta razón, la autora profundiza continuamente en los diversos rasgos de la personalidad de cada uno de ello, especialmente de los protagonistas. Una de las estrategias a las que suele recurrir Austen es el contraste entre personajes. Al contraponer dos personajes distintos, es más fácil observar las diferencias y también las características propias de cada uno de ellos, adquiriendo de este modo una visión más amplia de los personajes.

En este apartado, realizaremos un breve análisis de las diversas actitudes de algunos de los personajes de la novela Emma, centrándonos en su relación con Mr. Woodhouse, el hipocondríaco padre de la protagonista. El objetivo de este análisis es poner de manifiesto cómo Austen se sirve de las dificultades que puede implicar la convivencia o el trato con una persona enferma para revelar la verdadera personalidad de los que la rodean.

En primer lugar, analizaremos la actitud de la heroína de esta obra. Emma Woodhouse es descrita en la primera línea de la novela como “guapa, inteligente y rica”. Desde el principio se la muestra como una joven de gran talento natural, pero inconstante, testaruda, manipuladora y clasista. Está acostumbrada a que todo el mundo la alabe y le dé la razón. Es un personaje que puede provocar rechazo a parte de los lectores y, de hecho, la misma Austen la definió como una protagonista que no le iba a gustar a nadie excepto a ella. Sin embargo, a pesar de los muchos defectos de Emma, que el narrador no duda en hacer patentes, hay un dato favorable que nunca se pone en duda: el afecto por su padre, su constante dedicación y su infinita paciencia con él. La vida de Emma está completamente condicionada por las limitaciones de su padre, pero en ningún momento de la novela se ofrece queja alguna de la joven a este respecto. Asume su papel y lo desempeña con afecto y delicadeza, adaptándose a las circunstancias.

As it is, she never visits the seaside because of her father’s views: “I never had much opinion of the sea air…the sea is rarely of use to anybody” (101). Nor does she get to London:  Nobody is healthy in London, nobody can be…the air is so bad!”(104). Emma may never have got out at all to parties…”the sooner every party breaks up the better” (210), or arranged visits to the neighbors, especially if windows are left open (251), but she has learned to navigate the vagaries of her father’s hypochondria. (Beard 5)

En su papel de hija, acompañante y enfermera, sus sentimientos quedan relegados a un segundo plano: “It was a melancholy change; and Emma could not but sigh over it, and wish for impossible things, till her father awoke, and made it necessary to be cheerful.” ( ). El ingenio de Emma está siempre alerta para evitar incomodidades a su padre y reconducir aquellas situaciones y conversaciones que pudieran producirle algún malestar. Todos los rasgos negativos de la personalidad de la protagonista desaparecen en su trato por su padre. Su actitud caprichosa y obstinada se torna en una entrega abnegada y generosa para buscar su bien, hasta el punto de estar dispuesta a retrasar su matrimonio de un modo indefinido para evitarle el trastorno que le supondría que ella abandonara el hogar paterno.

Resultado de imagen de jane austen mr. woodhousePasamos ahora a otro personaje principal, Mr. Knightley. En este caso, se trata de un caballero intachable, del que en todo momento se ofrece una visión muy positiva. Por lo tanto, su actitud hacia Mr. Woodhouse no muestra un contrapunto de su personalidad, sino que refuerza la impresión favorable que obtienen de él los lectores. Mr. Knightley trata a Mr. Woodhouse con respeto y comprensión, pero sin condescendencia. Su actitud es similar a la de Emma. Él también sabe reconducir las conversaciones que podrían causar incomodidad a Mr. Woodhouse y preparar las cosas del modo que le resultará más agradables. Por ejemplo, cuando invita a varias familias amigas a pasar el día en su mansión, consciente de los reparos de Mr. Woodhouse para salir de su hogar, dispone todo para que el caballero se encuentre cómodo y entretenido:

Mr. Knightley had done all in his power for Mr. Woodhouse’s entertainment.  Books of engravings, drawers of medals, cameos, corals, shells, and every other family collection within his cabinets, had been prepared for his old friend, to while away the morning; and the kindness had perfectly answered.  Mr. Woodhouse had been exceedingly well amused. (323)

El afecto por Mr. Woodhouse y la atención constante hacia sus necesidades es otro punto de unión entre Emma y Mr. Knightley, que aumenta su complicidad. Por eso, bastan unas pocas palabras para que ambos se entiendan. Como ocurre cuando durante la cena en casa de los Weston, les llega la noticia de que está nevando y es posible que, en unos minutos, los caminos queden impracticables, dificultando o impidiendo que los invitados regresen a sus hogares. Esta noticia despierta las dudas de los presentes, pero:

Mr. Knightley and Emma settled it in a few brief sentences:  thus–

“Your father will not be easy; why do not you go?”

“I am ready, if the others are.”

“Shall I ring the bell?”

“Yes, do.” (114)

A lo largo de la novela, Austen se sirve de esta relación para mostrar a los lectores las virtudes de ambos personajes y, de esta manera, preparar el desenlace final. Y cuando este llegue, el afecto entre los protagonistas se verá reforzado por su actitud hacia Mr. Woodhouse. Como se dijo unos párrafos más arriba, Emma está decidida a retrasar su matrimonio, ya que no contempla la posibilidad de abandonar su hogar mientras su padre viva. Mr. Knightley es consciente de esta situación y, una vez más, se adelanta a las necesidades del enfermo, aunque eso conlleve ciertas renuncias personales.

He had been thinking it over most deeply, most intently; he had at first hoped to induce Mr. Woodhouse to remove with her to Donwell; he had wanted to believe it feasible, but his knowledge of Mr. Woodhouse would not suffer him to deceive himself long; and now he confessed his persuasion, that such a transplantation would be a risk of her father’s comfort, perhaps even of his life, which must not be hazarded.  (…) But the plan which had arisen on the sacrifice of this, he trusted his dearest Emma would not find in any respect objectionable; it was, that he should be received at Hartfield; that so long as her father’s happiness in other words his life–required Hartfield to continue her home, it should be his likewise. (402)

Mr. Knightley está dispuesto a ser él quien abandone su hogar para evitar cualquier incomodidad a Mr. Woodhouse. Para comprender mejor la generosidad implícita en esta decisión, es necesario situarse en la mentalidad de la época y de la clase social a la que pertenece Mr. Knightley, que pasará de ser el señor de su casa a un inquilino en el hogar de otro caballero.

Nos hemos detenido especialmente en Emma y Mr. Knightley, ya que son los dos personajes principales de la novela. A continuación, analizaremos de un modo más sucinto la actitud hacia Mr. Woodhouse de otros personajes relevantes de Emma, comenzando por su círculo más cercano.

Resultado de imagen de jane austen mr. woodhouseLa novela comienza con la boda de la que hasta poco antes había sido la institutriz y amiga de Emma. Miss Taylor, que desde ese momento pasa a ser Mrs. Weston, desempeña el papel de confidente de la protagonista y es siempre mostrada como una mujer afectuosa y amable. La mejor manera de describir su actitud hacia Mr. Woodhouse es destacando el hecho de que el anciano repite una y otra vez que ella nunca debería haberse casado, ya que eso implicó que se marchara de su hogar: “Ah!  Miss Taylor, if you had not married, you would have staid at home with me” (185). Al mostrar cómo Mr. Woodhouse lamenta repetidamente la pérdida de Miss Taylor, Austen pone de relieve las virtudes de esta mujer, ya que se sobreentiende que supo tratarlo con paciencia y afecto, a pesar de las inconveniencias que le acarreara convivir con alguien como él.

Pasamos ahora al personaje de Isabella, hermana mayor de Emma, casada con Mr. John Knightley. La actitud que mantiene hacia su padre es afectuosa y sincera, pero desprovista de las habilidades de Emma. El narrador informa a los lectores de que Isabella ha heredado una parte del carácter temeroso y dubitativo de su padre. Por esta razón, en vez de tranquilizarle y alejar las preocupaciones, las incrementa aún más al seguirle la corriente y prestar una excesiva atención a los temas relacionados con la salud y el bienestar. A diferencia de Emma, Isabella se deja dominar por sus sentimientos y, por lo tanto, adopta medidas que van contra el bienestar del enfermo Mr. Woodhouse. Volviendo a la situación que comentamos con anterioridad, al hablar de la nevada que amenaza con bloquear los caminos, mientras que Emma no duda en que lo mejor para su padre es regresar a su hogar cuanto antes, Isabella solo es capaz de pensar en sus problemas sin valorar las necesidades de los demás.

Resultado de imagen de jane austen isabella woodhouseHis eldest daughter’s alarm was equal to his own. The horror of being blocked up at Randalls, while her children were at Hartfield, was full in her imagination; and fancying the road to be now just passable for adventurous people, but in a state that admitted no delay, she was eager to have it settled, that her father and Emma should remain at Randalls, while she and her husband set forward instantly through all the possible accumulations of drifted snow that might impede them. (112)

Mr. John Knightley, esposo de Isabella y hermano menor de Mr. Knightley, es descrito como un hombre educado y con principios sólidos, pero con un carácter fuerte y, en ocasiones algo brusco. Los puntos positivos de este caballero, que pertenece a la familia de la protagonista y siente afecto por ella, quedan relegados a un segundo plano debido a su actitud hacia Mr. Woodhouse.

But hardly any degree of personal compliment could have made her (Emma) regardless of that greatest fault of all in her eyes which he sometimes fell into, the want of respectful forbearance towards her father. There he had not always the patience that could have been wished. Mr. Woodhouse’s peculiarities and fidgetiness were sometimes provoking him to a rational remonstrance or sharp retort equally ill-bestowed. It did not often happen; for Mr. John Knightley had really a great regard for his father-in-law, and generally a strong sense of what was due to him; but it was too often for Emma’s charity, especially as there was all the pain of apprehension frequently to be endured, though the offence came not. (82)

La falta de tacto y paciencia al tratar con Mr. Woodhouse ponen de manifiesto los defectos de carácter de este caballero, que mantiene una actitud muy diferente a la de su hermano. Y, aunque la buena educación de Mr. John Knightley le lleva a evitar algunos comentarios que podrían resultar ofensivos, la sensibilidad de Emma detecta su actitud interior y le hace sufrir por el agravio del que es objeto su padre.

Tras analizar la actitud de los personajes que pertenecen al círculo íntimo de Mr. Woodhouse, procederemos a comentar la actitud del resto de personajes que son objeto de nuestro estudio.

Resultado de imagen de jane austen miss batesLa señora Bates y su hija son unas mujeres venidas a menos tras la muerte del cabeza de familia. A pesar de su complicada situación económica, ambas –en especial Miss Bates- mantienen una actitud cordial hacia sus vecinos, ganándose así la estima de casi todo el mundo. Miss Bates es un personaje que podría parecer ridiculizado en la novela, ya que es descrita como una mujer de poca inteligencia y excesivamente locuaz. Sin embargo, su bondad natural, que se manifiesta también en su trato respetuoso y amable con Mr. Woodhouse, sirve de contrapunto para sus defectos. Por esta razón, aunque Emma se muestra crítica hacia las Bates y en ocasiones evita su trato, que le resulta tedioso, las incluye dentro de las compañías que sabe que son agradables para su padre.

Tanto Mr. Weston como su hijo, Frank Churchill, son descritos como caballeros educados y correctos. Ambos se encuentran en el lado de las amistades íntimas de la protagonista. Sin embargo, en su trato con Mr. Woodhouse, apreciamos un defecto común de padre e hijo, su falta de sensibilidad hacia las necesidades ajenas. En el caso de Mr. Weston se manifiesta en su torpeza al proponer planes, que lejos de complacer al enfermo, le producen inquietud:

“Well, sir,” cried Mr. Weston, “as I took Miss Taylor away, it is incumbent on me to supply her place, if I can; and I will step to Mrs. Goddard in a moment, if you wish it.”

But the idea of any thing to be done in a moment, was increasing, not lessening, Mr. Woodhouse’s agitation.  The ladies knew better how to allay it.  Mr. Weston must be quiet, and every thing deliberately arranged. (185)

La señora Weston y Emma han de intervenir para evitar que la torpeza del caballero empeore la situación. Algo parecido ocurre más adelante, mientras se realizan los preparativos para un baile que están organizando Emma y sus amistades. Al explicar las razones por las que se ha elegido un emplazamiento que puede no parecer oportuno a algunas personas, Frank Churchill esgrime un argumento que provoca consternación a Mr. Woodhouse.

“From the very circumstance of its being larger, sir.  We shall have no occasion to open the windows at all–not once the whole evening; and it is that dreadful habit of opening the windows, letting in cold air upon heated bodies, which (as you well know, sir) does the mischief.”

“Open the windows!–but surely, Mr. Churchill, nobody would think of opening the windows at Randalls. Nobody could be so imprudent! I never heard of such a thing.  Dancing with open windows!–I am sure, neither your father nor Mrs. Weston (poor Miss Taylor that was) would suffer it.”

“Ah! sir–but a thoughtless young person will sometimes step behind a window-curtain, and throw up a sash, without its being suspected. I have often known it done myself.”

“Have you indeed, sir?–Bless me!  I never could have supposed it (…).

“Oh!” interrupted Emma, “there will be plenty of time for talking every thing over.  There is no hurry at all.” (223)

De nuevo tiene que ser Emma quien reconduzca la situación, provocada por una persona buena pero insensible, para evitar que altere el estado anímico de su padre. Por último, hablaremos a continuación de la pareja de personajes que están caracterizados con una mayor carga negativa, el matrimonio Elton.

Resultado de imagen de jane austen mr. eltonAl principio de la novela, Mr. Elton cuenta con la simpatía de la protagonista, que ha decidido mediar para lograr un matrimonio entre el clérigo y Harriet Smith, la joven que ha sustituido a Miss Taylor como acompañante de Emma. Aunque la visión que ofrece Emma de Mr. Elton es muy favorable: atractivo, inteligente, educado, etc., el lector percibe la falsedad que impregna la actitud del caballero. Al analizar su comportamiento hacia Mr. Woodhouse, llama la atención que es inexistente. A pesar de visitar con frecuencia el hogar de los Woodhouse, Mr. Elton no presta atención al señor de la casa, ya que todo su interés se centra en Emma, cuyo afecto quiere conquistar para lograr un matrimonio muy ventajoso. El anciano es visto por Mr. Elton como alguien insignificante, al que no merece la pena dedicar tiempo, puesto que no puede reportarle ningún beneficio.

Por último, nos detendremos unos instantes Mrs. Elton, la esposa del párroco de Highbury, que es caracterizada como una mujer sin gusto ni educación, que solo busca destacar y que se adjudica unos dones de los que carece. Dentro de su pedantería y de su afán de notoriedad, Mrs. Elton se permite tratar a Mr. Woodhouse, que se encuentra en un escalón social mucho más alto, de un modo condescendiente.

But this good old Mr. Woodhouse, I wish you had heard his gallant speeches to me at dinner.  Oh!  I assure you I began to think my caro sposo would be absolutely jealous. I fancy I am rather a favourite; he took notice of my gown. How do you like it? (269)

El modo de hablar de Mr. Woodhouse (“good old Mr. Woodhouse”) es completamente inadecuado para la época, pero su condición de anciano enfermizo es percibida como un signo de debilidad por parte de Mrs. Elton, que se permite tratarlo como a alguien cercano, a pesar de no gozar de esa familiaridad.

 

  1. Conclusiones

Para concluir este artículo, ofreceremos un resumen ordenado de la información del apartado anterior, y comentaremos los puntos que nos parecen más relevantes. Finalmente, ofreceremos una breve reflexión sobre las diversas actitudes hacia las personas enfermas, que hemos encontrado en Emma, y cómo el contacto con una persona enferma puede cumplir la función del “Espejo Mágico” del que se habló en el punto 4.

Tal y como se ha visto en el apartado anterior, Austen describe en su novela Emma las siguientes actitudes frente al personaje del enfermo, caracterizado en Mr. Woodhouse.

a) Ser capaz de comprender las circunstancias del enfermo, adelantarse a sus necesidades, evitar lo que le pueda resultar molesto y procurarle momentos de descanso y distracción.

Los personajes que mantienen dicha actitud, muchas veces a base de sacrificios personales, son Emma, Mr. Knightley y Mrs. Weston.

b) Tratar con respeto y afecto, sin provocar incomodidades al enfermo, pero sin implicarse en su cuidado.

Este es el caso de las Bates, que mantienen una relación cordial con Mr. Woodhouse, pero que no pertenecen a su círculo íntimo, por lo que no tienen la misma dedicación que los personajes del grupo anterior.

c) Mantener una actitud afectuosa hacia el enfermo, pero provocándole ciertas incomodidades al no comprender sus circunstancias, ni captar sus necesidades.

En este grupo podríamos incluir a Isabella, la hija mayor de Mr. Woodhouse, a Mr. Weston y a su hijo Frank.

d) Mantener una actitud afectuosa pero impaciente hacia el enfermo, que conlleva ciertos momentos de tensión e incomodidad.

Este es el caso de Mr. John Knightley, esposo de Isabella y hermano de Mr. Knightley.

e) Tratar al enfermo con condescendencia, minusvalorando sus capacidades, o permitiéndose familiaridades impropias.

Esta es la actitud de Mrs. Elton.

f) Ignorar al enfermo.

Tal sería el caso de Mr. Elton.

Los lectores de las obras de Jane Austen saben que esta autora revisaba sus trabajos minuciosamente, y que nada de lo que aparece en sus historias es casual o irrelevante. Como se dijo al principio de este artículo, Austen ofrece en sus novelas un estudio de la personalidad humana, y a este fin se orientan sus historias. Por esta razón, el personaje de Mr. Woodhouse responde a una intencionalidad concreta de su creadora. Por una parte, justifica y aporta veracidad a la personalidad de la protagonista. Y, por otra, permite que los lectores conozcan nuevas facetas de los otros personajes, o profundicen en el conocimiento que ya tenían de ellos.

La experiencia personal de Austen fue cercana a la enfermedad y a la muerte de seres cercanos y queridos. Por lo tanto, no hay duda de que su gran capacidad de observación, le permitió distinguir los diversos comportamientos de las personas al enfrentarse a dichas realidades. Por esta razón, al escribir una novela como Emma, en la que la protagonista tiene una percepción distorsionada de la realidad, que la lleva a confundirse continuamente al juzgar a las personas, Austen quiso incluir un “objeto con poderes especiales” que permitiera a los lectores conocer la verdadera manera de ser de cada uno de los personajes.

En el apartado 4 se habló del Espejo Mágico de la Historia Interminable, en el que cada persona se veía a sí misma, pero no como en los otros espejos, sino de un modo real y completo. El Espejo Mágico no solo refleja el exterior, sino también el interior del que se mira en él. Y, ante esta visión, algunas personas huyen despavoridas al descubrir todo el mal que albergan en su corazón. En este trabajo, hemos hecho diversas referencias a este espejo, asimilándolo de un modo metafórico a la persona enferma ya que, tal y como se puede apreciar en Emma, la actitud hacia la persona enferma puede servir para revelar la verdadera personalidad de los que la rodean, con sus virtudes y defectos.

El neúrologo y psiquiatra austriaco, Viktor Frankl, analizando las experiencias vividas durante su confinamiento en varios campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial, afirmaba que, frente a la incapacidad del ser humano de cambiar algunas situaciones, existía la libertad individual de elegir cómo se iba a reaccionar frente a ellas. El modo en el que cada uno decidimos reaccionar frente a la persona enferma puede aportarnos algunas claves para lograr un mayor autoconocimiento. Las consecuencias que se deriven de dicho autoconocimiento variarán en cada caso, dependiendo de las decisiones personales.

En la novela Emma, Austen dota a la pareja principal de una actitud afectuosa y acertada frente al enfermo. En el caso de la protagonista, este es el contrapunto que atenúa sus muchos defectos durante gran parte de la historia, propiciando una actitud menos crítica de los lectores hacia ella. En Mr. Knightley, su trato delicado y atento hacia Mr. Woodhouse, es una mirilla para adentrarnos en sus sentimientos. En ambos casos, la capacidad de sacrificio y la atención afectuosa del enfermo es una característica que les enriquece más que sus títulos y posesiones, y que les hace ganarse el afecto de los millones de lectores que se han adentrado en las páginas de Emma.

 

Por Miguel Ángel Jordán

 

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Give a girl an education…: La situación social de la mujer y la educación de las jóvenes en las novelas de Jane Austen

Citar como:

Jordán, Miguel Ángel. (2019) Give a girl an education…: La situación social de la mujer y la educación de las jóvenes en las novelas de Jane Austen. En Sánchez León, N ; Sevilla Pavón, A. ; Haba Osca, J. (Ed) . Educación multidisciplinar para la igualdad de género. Perspectivas traductológicas, ecoartísticas, socioeducativas y jurídicas. Editorial Universitat Politècnica de València.

Para acceder al libro completo: https://riunet.upv.es/bitstream/handle/10251/124169/6537.pdf?sequence=1&isAllowed=y

Introducción

Han transcurrido más de doscientos años desde el fallecimiento de Jane Austen y, sin embargo, ni sus obras ni los temas que en ellas se tratan han perdido actualidad.

Austen cuenta con millones de lectores, muchos de los cuales son auténticos fans que no solo leen y releen las novelas de esta autora, sino que mantienen una actitud activa, participando en diferentes foros –virtuales o presenciales-, asistiendo a conferencias, creando clubes de lectura, etc. Y qué decir del ingente número de adaptaciones cinematográficas y televisivas de sus obras. Se cuentan por decenas las películas y series que recrean, con mayor o menor fidelidad, alguna de sus tramas, o simplemente las toman como punto de partida o de referencia. Mash-ups, Spin Offs, web series… Términos acuñados en las últimas décadas y ya aplicables a las creaciones de Austen: Orgullo y Prejuicio y Zombies, La muerte llega a Pemberley, The Lizzy Bennet diaries o Emma Approved, son algunos de estos productos audiovisuales que ponen de manifiesto la versatilidad y actualidad de las obras de Austen.

Pero esta actualidad no radica tan solo en el éxito de estas novelas, que se reeditan año tras año y que cada vez cuentan con más traducciones. Algunos de los temas que se tratan en estas obras siguen vigentes en nuestra sociedad, y tanto las reflexiones de Austen, a través de su narrador y de sus personajes, como su incisiva y elegante crítica social nos aportan una perspectiva de gran interés.

No es extraño encontrar opiniones divergentes, cuando no opuestas, sobre el modo de pensar de Austen. Algunos la etiquetan como conservadora mientras que otros la catalogan como feminista. Hay quien dice que fue una mujer adelantada a su tiempo mientras que no faltan voces que la critican por ser una defensora del patriarcado. Se han realizado lecturas de sus obras desde casi todas las perspectivas posibles y se han entresacado los más diversos sentidos de algunas palabras y conductas de sus personajes. ¿Hay alguna explicación para esto? Por supuesto, del mismo modo que ocurre con otras obras literarias y otras manifestaciones artísticas, las novelas de Austen son recibidas de modo distinto por los diferentes sujetos que se enfrentan a ellas. La experiencia personal, la educación recibida, el contexto sociocultural y otros factores, influyen en nuestra percepción. El significado de una obra no recae tan solo en lo que en ella se cuenta, sino en el modo en el que la entiende el lector (Fish 1980). Por eso no es de extrañar que haya opiniones enfrentadas sobre Austen y sobre otros muchos autores. Especialmente, sobre aquellos que no manifiestan sus opiniones abierta e inequívocamente en sus trabajos.

Jane Austen no es una escritora social. En sus obras no encontramos una denuncia airada de las injusticias del contexto sociocultural en el que se enmarcan sus novelas, que es el mismo que le tocó vivir a ella. Tampoco es una escritora romántica, como mucha gente cree, sobre todo aquellos que la conocen tan solo por las adaptaciones cinematográficas de sus libros. Sus obras no pueden ser catalogadas como novelas románticas; sería mucho más acertado definirlas como novelas de personajes. Austen no habla de grupos, sino de personas. Jane Austen no es una escritora social, sino personalista. La persona, cada persona, es su campo de estudio, su tema, su objetivo y su fuente de inspiración. En sus novelas se nos habla del universo que es cada personaje, de las relaciones entre cada uno de ellos y de cómo estas relaciones sacan lo mejor y lo peor de cada uno. En sus obras no hay buenos y malos, aunque lo pueda parecer a primera vista. Austen no condena a sus personajes, los muestra tal y como son, poniendo de manifiesto sus motivaciones, sus virtudes y defectos, y las circunstancias que les han llevado a ser como son. Ella se limita a mostrar, y somos los lectores los que nos erigimos como jueces. Y por eso no es de extrañar que haya percepciones tan diferentes aunque el punto de partida sea el mismo.

Como acabamos de decir, Austen no es una escritora social, sin embargo, sus obras se encuadran en un momento concreto de la historia y en una sociedad en concreto. Una sociedad que ella conocía bien, porque era el marco de su día a día. Y, a pesar de que su existencia transcurrió fundamentalmente en un entorno familiar, su capacidad de percepción le permitió profundizar en los entresijos del entramado sociocultural de su época, y su inteligencia preclara captó las incoherencias, las injusticias, y la insensatez inherentes a esa sociedad y a esa cultura. La mirada penetrante de Austen logró superar la barrera de las apariencias y alcanzar el meollo de la sociedad británica de la Regencia. Ahí encontró materia más que suficiente para elaborar sus novelas, en las que logró reflejar, con la fidelidad de una miniaturista, las virtudes y defectos de su mundo, con una actitud serena y, hasta cierto punto, imparcial. Hasta cierto punto, ya que no es posible encontrar la imparcialidad absoluta ni la objetividad plena.

Austen fue una mujer escritora en un momento en el que ambas circunstancias suponían una limitación. Ella era consciente de este hecho y tanto en sus obras como en su correspondencia personal encontramos algunos desahogos de su frustración y cansancio al encontrarse con las barreras sociales de su época. Pero no malgastó sus fuerzas con lamentos estériles, sino que decidió seguir adelante, sin permitir que las trabas sociales la detuvieran. Y, como es lógico, su experiencia personal tiene un peso específico en su modo de reflejar la sociedad de su tiempo. Por eso, su actitud no es imparcial, pero tampoco manipuladora. Es la de Austen la actitud de una persona bien informada que muestra la realidad desde su punto de vista, incidiendo de un modo especial en aquellos puntos que ella considera más relevantes. Ella no denuncia directamente, no alza la voz, ni pone el grito en el cielo. Austen se limita a mostrar. Nos pone delante de los ojos lo que quiere que veamos, y nos señala aquello que, de otro modo, podría pasar inadvertido. Su actitud no es la del crítico, sino la del guía. Nos lleva de la mano por su entramado social y dirige nuestra mirada hacia los aspectos que quiere que conozcamos y sobre los que nos invita a reflexionar. Nos ofrece ejemplos diversos, a través de personajes concretos. Nos muestra el mundo en cada persona. Nos explica las normas sociales y algunos aspectos de la regulación vigente, pero no de un modo abstracto, sino como parte de la vida cotidiana de sus protagonistas. Austen no habla de lo general, le gusta más lo concreto. Por eso sus obras no pasan de moda.

Los tiempos cambian, los regímenes caen, la sociedad evoluciona, las modas son pasajeras y la historia es cíclica, pero la persona permanece. Cada persona es un mundo y este es el campo de acción de Austen. Por eso es tan fácil adaptarla a cualquier sociedad, por eso existen versiones de sus novelas ambientadas con éxito en pleno siglo xxi. Por eso podemos servirnos de sus obras para aprender del pasado, entender el presente y trabajar por un futuro mejor. Y ese es el objetivo de este capítulo. En las siguientes páginas abordaremos un tema de gran interés y actualidad: la posición social de la mujer, la igualdad de oportunidades y algunas propuestas para el futuro. Es un tema candente en pleno siglo xxi, y lo abordaremos retrocediendo más de doscientos años. Haremos un viaje en el tiempo y realizaremos un recorrido por la Inglaterra de finales del siglo xviii y principios del siglo xix de la mano de Jane Austen.

 

 

Trabajos y oficios

Antes de abordar el tema de la posición de la mujer en la época de la Regencia, realizaremos un breve recorrido por las diversas posibilidades que se le ofrecían a los jóvenes de familias socialmente bien posicionadas. De ese modo, nos será más sencillo percibir el contraste entre unos y otras.

A los lectores actuales suele llamarles la atención la gran cantidad de tiempo de ocio del que disponen los protagonistas de las historias de Austen. Parece que estos personajes se dedican tan solo a pasear, visitarse unos a otros, organizar excursiones al campo, asistir a bailes, alojarse en casas de amigos y familiares durante semanas o incluso meses, tomar las aguas en Bath, ir de compras, etc. En ocasiones se habla de viajes de negocios, pero tampoco da la impresión de que los que los protagonizan se vean encorsetados por una apretada agenda. La pregunta habitual que se hacen muchos lectores es: “¿pero es que esta gente no trabajaba?”. Y la respuesta podría ser: “no, si podían evitarlo”.

Al leer estas obras comprendemos que trabajar para lograr un sustento era la última opción, el último recurso cuando todos los demás habían fracasado. Un joven de buena familia podía dedicarse a ciertas profesiones, pero era más para ocupar su tiempo que por necesidad. Cualquier persona, en general, podía desarrollar algunas actividades, pero siempre por gusto, para cultivar sus aficiones o mostrar sus destrezas. De ese modo, el trabajo sería algo digno y no una esclavitud que acabara con la salud y estropara la apariencia del que lo realizaba. Esta viene a ser la visión que se nos transmite en Persuasion a través de la señorita Clay, que responde así a la queja de Sir Walter Elliot, siempre tan preocupado por el aspecto físico.

Es cierto que el mar no embellece, y que los marinos envejecen antes de tiempo; lo he observado a menudo; pierden en seguida su aspecto juvenil. Pero ¿acaso no sucede lo mismo con muchas otras profesiones, tal vez con la mayoría? Los soldados en servicio activo no acaban mucho mejor; y hasta en las profesiones más tranquilas hay un desgaste y un esfuerzo del pensamiento, cuando no del cuerpo, que raras veces sustraen el aspecto del hombre de los efectos naturales del tiempo (…). Solo los pocos que no necesitan ejercer ninguna pueden vivir de un modo regular, en el campo, disponiendo de su tiempo como se les antoja, haciendo lo que les da la gana y morando en sus propiedades, sin el tormento de tener que ganarse el pan. Como digo, esos pocos son los únicos que pueden gozar de los dones de la salud y del buen ver hasta el máximo. (26)

Un ejemplo claro de lo que esto significaba para los jóvenes lo tenemos en Edward Ferrars, uno de los personajes principales de Sense and sensibility. En una visita a la familia Dashwood, el bondadoso caballero se muestra con un estado de ánimo bastante decaído. Achacando esta falta de espíritu a la ausencia de actividad, la señora Dashwood, que había inculcado en sus hijas el aprovechamiento del tiempo, adopta una actitud maternal hacia su invitado y le recomienda que busque un empleo, no para ganar dinero, sino para tener algo que hacer. En la respuesta de Edward se reflejan perfectamente las posibilidades que se les abrían a los jóvenes de alta cuna, las opiniones de distintos sectores de la sociedad, las consecuencias de elegir uno u otro camino, y la actitud de muchos de ellos a la hora de escoger una ruta profesional.

Nunca pudimos ponernos de acuerdo en la elección de una profesión. Yo siempre preferí la iglesia, como lo sigo haciendo. Pero eso no era bastante elegante para mi familia. Ellos recomendaban una carrera militar. Eso era demasiado, demasiado elegante para mí. En cuanto al ejercicio de las leyes, le concedieron la gracia de considerarla una profesión bastante decorosa; muchos jóvenes con despachos en alguna Asociación de Abogados de Londres han logrado una muy buena llegada a los círculos más importantes, y se pasean por la ciudad conduciendo calesas muy a la moda. Pero yo no tenía ninguna inclinación por las leyes, ni siquiera en esta forma harto menos abstrusa de ellas que mi familia aprobaba. En cuanto a la marina, tenía la ventaja de ser de buen tono, pero yo ya era demasiado mayor para ingresar a ella cuando se empezó a hablar del tema. (105)

Caso distinto sería el de los hijos de familias de buena posición, pero que –al no ser los principales herederos– se veían obligados a buscar un empleo que les permitiera mantener su ritmo de vida sin descender, más de lo imprescindible, en la escala social. En el ejemplo anterior hemos visto las posibilidades que se barajaban, y en el siguiente –extraído de Mansfield Park– las entenderemos con más detalle, al escuchar la conversación entre Edmund Bertram y Mary Crawford.

––De modo que va a convertirse usted en un sacerdote, Mr. Bertram. Es una sorpresa para mí.

––¿Por qué había de sorprenderla? Tenía usted que suponerme destinado a alguna profesión, y pudo darse cuenta de que yo no era abogado, ni militar, ni marino.

––Muy cierto; pero, en definitiva, no se me había ocurrido. Y ya sabe usted que suele haber un tío o un abuelo que deja una fortuna al segundón de una familia.

––Una costumbre muy encomiable ––dijo Edmund––, pero no universal. Yo soy una de las excepciones y, por serlo, debo hacer algo por mi cuenta.

––Pero, ¿por qué ha de ser clérigo? Yo creí que, en todo caso, eso era el destino del hermano más joven, cuando había muchos otros con derecho de prioridad en la elección de carrera. (310)

Es decir, si no hay un familiar que deje una buena suma para el segundo hijo, este tendrá que buscar un trabajo. ¿Cuál? La Iglesia, la ley, el ejército o la marina (importante distinción que quizás se nos escapa hoy en día) son las propuestas que encontramos repetidas. Por lo que dice Mary, la Iglesia era el lote del más pequeño, los restos del pastel que habían dejado sus hermanos. Salvo en el caso de unos pocos que, como Edmund, entraban en ese camino por convicciones propias.

            Si en el caso de los hijos nacidos después del heredero hemos visto que las circunstancias podían obligarles a seguir caminos que hubieran preferido no recorrer; en el siguiente apartado, al hablar de la situación en la que quedaban las hijas, veremos que estas circunstancias son aún más complicadas.

Situación social de la mujer

La mayoría de lectores actuales desconocen las normas legales que regían la sociedad en la que vivió Jane Austen. Pero, en sus novelas, esta autora, sin necesidad de grandes explicaciones, logra que comprendamos la indefensión en la que se veían inmersas algunas mujeres tras el fallecimiento de un esposo o padre.

Al depender exclusivamente de las rentas y propiedades, y no del salario de un trabajo, los testamentos se convertían en auténticas sentencias para algunos o en golpes de fortuna para otros.

Una familia podía verse despojada de su hogar en favor de un tercero si no contaban con un hijo varón. Tal es el caso que se nos muestra en Pride and Prejudice, y la razón por la que la señora Bennet está tan empeñada en que su hija Lizzy acepte la oferta de matrimonio del señor Collins, futuro poseedor de Longbourn, hogar de los Bennet mientras viva el cabeza de familia.

––¡Oh, querido! ––se lamentó su esposa––. No puedo soportar oír hablar del tema. No menciones a ese hombre tan odioso. Es lo peor que te puede pasar en el mundo, que tus bienes no los puedan heredar tus hijas. De haber sido tú, hace mucho tiempo que yo habría hecho algo al respecto.

Jane y Elizabeth intentaron explicarle por qué no les pertenecía la herencia. Lo habían intentado muchas veces, pero era un tema con el que su madre perdía totalmente la razón; y siguió quejándose amargamente de la crueldad que significaba desposeer de la herencia a una familia de cinco hijas, en favor de un hombre que a ninguno le importaba nada. (81)

Ciertamente, en este caso, el lector se siente inclinado a dar la razón a la señora Bennet, y nos resulta muy difícil imaginar que algo así pudiera ocurrir en la actualidad. Sin embargo, conocer esta circunstancia nos llevará a ser más comprensivos con la obsesión de esta madre por casar cuanto antes a sus cinco hijas, y procurarles un futuro estable a ellas y a sí misma.

Como acabamos de ver, la legislación de la época limitaba en ocasiones la capacidad de maniobra de los cabezas de familia, que podían llegar a sus últimos momentos con la angustia de saber que los suyos quedaban en una situación precaria, aunque hasta entonces hubieran vivido con desahogo. No estamos hablando de los que siempre habían sido pobres, sino de familias adineradas, pero atadas por lazos legales a la hora de redactar el testamento. En esos casos, las mujeres dependían de la benevolencia de los herederos, que no tenían más obligaciones que las que les dictara su conciencia. Así sucede, en Sense and sensibility, con el padre de Elinor y Marianne, que en su lecho de muerte arranca la promesa de su hijo de que este velará por su familia.

Tan pronto se supo que la vida del señor Dashwood peligraba, enviaron por su hijo y a él le encargó el padre, con la intensidad y urgencia que la enfermedad hacía necesarias, el bienestar de su madrastra y hermanas. El señor John Dashwood no tenía la profundidad de sentimientos del resto de la familia, pero sí le afectó una recomendación de tal índole en un momento como ése, y prometió hacer todo lo que le fuera posible por el bienestar de sus parientes. (7)

Como sabemos, esta buena voluntad se queda tan solo en eso, bajo la influencia de la señora de John Dashwood, que consigue silenciar la conciencia de su marido con razonamientos mezquinos y egoístas. En vistas de esta situación, no es de extrañar que el matrimonio se viera como la única vía de subsistencia para aquellas mujeres que no tuvieran la suerte de contar con una gran fortuna personal.

¿Qué ocurría, entonces, con aquellas chicas de buena familia que no contaran con rentas propias ni recibieran proposiciones de matrimonio de caballeros solventes? Lo cierto es que las opciones para las jóvenes eran escasas. Mientras hubiera alguna renta, podrían tratar de ajustarse a esa cantidad, viviendo lo más dignamente que pudieran dentro de su estrechez. Pero, en el caso de que no contaran con recursos económicos, se verían abocadas a un matrimonio no tan ventajoso –el afecto en este caso sería aún más secundario–, pero al menos suficiente para subsistir, o tendrían que buscar algún empleo que les proporcionara un mínimo de ingresos y que, dentro de lo posible, no las hundiera socialmente. Como podemos ver en Emma, la enseñanza parece ser la salida más airosa para estas mujeres. Ya fuera como institutriz privada -tal hubiera sido el caso de Jane Fairfax, de no haberse casado con Frank- o como maestra de escuela -que había sido el camino escogido por la señora Goddard-.

En cualquier caso, se trataba de una situación complicada, que la misma Jane Austen conoció en primera persona, ya que, aunque nunca llegaron a pasar necesidad, tanto ella como su madre y su hermana Cassandra, dependieron de la ayuda de sus hermanos –que no les faltó en ningún momento– debido a los escasos recursos con los que contaron tras la muerte del Reverendo George Austen.

La educación de las jóvenes

En un interesante e ilustrativo estudio de Deborah Simonton, incluido dentro del libro de Hannah Barker, que se encuentra referenciado en la bibliografía, se explica con detalle cuál fue la situación del sistema educativo británico durante el siglo xviii y la primera mitad del siglo xix. Este estudio nos servirá para contextualizar la información extraída de las novelas de Austen, que ofreceremos algo más adelante.

Como ya hemos visto, la sociedad británica y, en concreto la inglesa, estaba claramente dividida en diferentes niveles sociales, por lo que cada persona partía de un punto diferente en función de su nacimiento y era muy difícil que lograra ascender socialmente. Este determinismo social se veía correspondido en el sistema educativo y, por lo tanto, las jóvenes que acudían a una escuela recibirían un tipo de educación u otro en función de su situación socioeconómica. Las niñas de buena familia recibían una formación orientada a la adquisición de buenas maneras y principios morales. Mientras que a las pertenecientes a clases sociales más modestas se les ofrecían unos conocimientos y destrezas que pudieran servirles para ganarse la vida y contribuir a la economía familiar en el futuro.

A pesar de la existencia de algunas escuelas, la mayor parte de la educación se administraba en los hogares y, habitualmente, esta tarea recaía sobre las madres de familia. Por esta razón, se vio la necesidad de ofrecer una buena formación a las jóvenes para que, de ese modo, pudieran educar correctamente a su prole y, en especial, a sus hijas.

En el caso de las jóvenes de clase social baja, las oportunidades de recibir cierta educación dependían de la capacidad y del interés de la familia. Si eran capaces de pagar cierta suma de dinero, las niñas podrían asistir a alguna escuela parroquial o algún colegio rural y recibir una educación muy semejante a la de los niños, al menos en las primeras etapas.

En las escuelas dominicales, se enseñaba principalmente a leer y escribir, como medio de promoción social y como instrumento para adquirir cierta formación religiosa. Sin embargo, en las siguientes etapas, la educación de niños y niñas difería. El curriculum de los chicos incluía lectura, escritura y aritmética; mientras que el de las chicas se fundamentaba en la lectura, la religión y la costura. No obstante, no se trataba de un sistema cerrado y algunas niñas continuaban con asignaturas que iban más allá de las previstas para ellas. Además, en estas enseñanzas se incluían ciertas prácticas laborales que les permitían ganar algo de dinero y, fundamentalmente, adquirir destrezas que les facilitaran encontrar trabajo. En el caso de las jóvenes, la destreza más importante era la costura, ya que les servía para llevar a cabo diferentes labores tanto en su vida doméstica como en el mundo laboral.

En el caso de las familias de buena posición social y económica, aunque existían escuelas para señoritas, la educación solía impartirse mayoritariamente en el propio hogar. En un principio, solía ser la madre la encargada de educar a sus hijas, pero con el tiempo fue ganando en relevancia el papel de las institutrices. Curiosamente, la diferencia educativa entre chicos y chicas estaba más marcada en las clases sociales elevadas. Mientras que los niños solían recibir una formación académica, que podía incluir algunos años en la universidad; la formación de las niñas se orientaba a convertirlas en unas jóvenes cultivadas, que resultaran de atractivo para los caballeros y pudieran ser buenas esposas, madres y administradoras del hogar. Dicho de otro modo, la educación era una preparación para el mercado matrimonial, en el que las jóvenes deberían competir entre sí para conseguir un buen partido.

El curriculum de las jóvenes de alta alcurnia se componía de asignaturas como costura, conversación educada, baile, música, dibujo, pintura, francés, quizás italiano, y algunas nociones de historia, geografía y astronomía para ser capaces de mantener una conversación agradable.

Es decir, la educación tenía una posible doble finalidad. Preparar a las jóvenes para lograr un buen matrimonio o, en caso de que este plan fallara, formarlas para que fueran institutrices. Y esto, según Hannah More, explicaba la abundancia de esposas superficiales y profesoras incultas. Junto a Hannah More, durante la segunda mitad del siglo xviii, comenzaron a escucharse algunas voces femeninas que reclamaban una revisión en los contenidos de la educación de las jóvenes. Elizabeth Hamilton insistió en la necesidad de formar en principios morales y no solo en buenas maneras. Por su parte,  Maria Edgeworth defendió que las jóvenes recibieran una educación de utilidad, que incluyera las ciencias y sacara a las niñas de su ignorancia. Mary Wollstonecraft se unió a la condena de lo que Hannah More definió como un frenesí por las habilidades –This phrenzy of accomplishments-. More denunciaba que solo se las educaba para el periodo de la juventud y la belleza. Tanto More como Wollstonecraft propugnaban una educación integral de la mujer, que no se centrara tanto en un papel secundario y temporal como en la necesidad de convertirlas en una parte importante de la sociedad. Junto con Catherine Macaulay, insistieron en que no debería existir una disparidad entre los contenidos de la educación de hombres y mujeres. Este impulso dio su fruto y a comienzos del siglo xix comenzaron a producirse algunos cambios en la oferta educativa para las jóvenes (young women en vez de ladies) en la que se insistía en los conocimientos útiles.

Tras este breve recorrido por la evolución de los planteamientos educativos en la sociedad británica de los siglos xviii y principios del xix, vamos a comprobar la visión que Austen nos ofrece de este aspecto de la sociedad de su tiempo.

La educación de las jóvenes en las novelas de Jane Austen

La búsqueda del sistema de enseñanza perfecto es un tema de eterna actualidad. Los modelos se relevan por razones políticas o sociales. Se importan estrategias de diferentes países y se experimenta con los avances de la pedagogía. Los resultados no siempre están a las alturas de las expectativas, a pesar del dinero invertido en estudios, metodologías y nuevos materiales.

Los centros educativos vanguardistas, en los que se cuenta con los últimos medios tecnológicos y se emplean términos novedosos para explicar situaciones y procedimientos, son vistos con cierto escepticismos por los educadores experimentados, que confieren el protagonismo a las personas, más que a los instrumentos o recursos pedagógicos.

La señora Goddard era maestra de escuela, no de un colegio ni de un pensionado, ni de cualquier otra cosa por el estilo en donde se pretende con largas frases de refinada tontería combinar la libertad de la ciencia con una elegante moral acerca de nuevos principios y nuevos sistemas, y en donde las jóvenes a cambio de pagar enormes sumas pierden salud y adquieren vanidad, sino una verdadera, honrada escuela de internas a la antigua, en donde se vendía a un precio razonable una razonable cantidad de conocimientos… (E 16)

Esta es la presentación de la escuela de la señora Goddard, mostrada como un lugar fiable en contraste con otros sitios de gran renombre, pero escasa credibilidad. Al texto anterior le faltan algunas líneas que ofrecemos a continuación.

… y a donde podía mandarse a las muchachas para que no estorbaran en casa, y pudieran conseguir una pequeña educación sin ningún peligro de que salieran de allí convertidas en prodigios. (Ibid.)

Con su concisión e ironía habitual, la autora nos ofrece su punto de vista sobre la educación de las chicas jóvenes en su época. Como ya se ha comentado en el apartado anterior, las familias de buena posición, no enviaban a sus hijas para que adquirieran unos conocimientos que les permitieran ganarse la vida en el futuro, sino para que adquirieran ciertas destrezas que las harían más valiosas en el mercado matrimonial.

En las obras de Austen se nos muestran con frecuencia conversaciones en las que se hace referencia a alguna chica y se decora su descripción con el adjetivo “accomplished”, al que hacía referencia Hannah More, y que tiene un significado muy amplio, como podremos observar en el siguiente diálogo, extraído de Pride and Prejudice, entre la la señorita Bingley, el señor Darcy y Elizabeth Bennet.

––Entonces observó Elizabeth–– debe ser que su concepto de la mujer perfecta es muy exigente.

––Sí, es muy exigente. ––¡Oh, desde luego! exclamó su fiel colaboradora––. Nadie puede estimarse realmente perfecto si no sobrepasa en mucho lo que se encuentra normalmente. Una mujer debe tener un conocimiento profundo de música, canto, dibujo, baile y lenguas modernas. Y además de todo esto, debe poseer un algo especial en su aire y manera de andar, en el tono de su voz, en su trato y modo de expresarse; pues de lo contrario no merecería el calificativo más que a medias.

––Debe poseer todo esto ––agregó Darcy––, y a ello hay que añadir algo más sustancial en el desarrollo de su inteligencia por medio de abundantes lecturas.

––No me sorprende ahora que conozca sólo a seis mujeres perfectas. Lo que me extraña es que conozca a alguna. (53)

Como se puede comprobar, se trataba de una educación dirigida sobre todo a las artes, aunque el señor Darcy añada un matiz importante y no del todo habitual, que parece corresponder a la voz de la autora, al requerir también amplias lecturas que formen la mente de las jóvenes.

De Jane Austen sabemos que asistió a dos escuelas en su primera infancia, pero que adquirió la mayoría de sus conocimientos y destrezas en su casa, con la orientación de su padre y una amplia biblioteca a su disposición. Esto se ve reflejado en algunas obras, como es el caso de Pride and Prejudice y Sense and Sensibility. En el primero, se nos cuenta que las Bennet no contaron con ninguna institutriz y en el segundo, además de esto, se nos insiste en la idea de que estas jóvenes siempre estaban muy atareadas, y hallaban un gran placer en la lectura, el dibujo y la música.

De estas tres disciplinas, encontramos múltiples referencias en las obras que estamos estudiando. Es muy interesante comprobar la importancia que tenían en la vida cotidiana de sus protagonistas y el valor que se le confería tanto a la destreza en dichas artes como a la capacidad de apreciarlas. A continuación, ofreceremos un breve elenco de ejemplos en los que se habla de estas disciplinas.

-Libros

Ya hemos comentado el valor educativo de la lectura. Una buena selección de libros puede ser un camino directo a la adquisición de una cultura amplia, buen raciocinio y el fundamento para unas ideas sólidas. Así se nos muestra en Mansfield Park, cuando, poco después de que Fanny sea acogida por la familia de su tío, Edmund decide colaborar en su educación a través de los libros.

Él veía que Fanny era inteligente, que tenía una gran facilidad de comprensión y buen discernimiento, junto con una gran afición a la lectura, la cual, convenientemente orientada, podría proporcionarle una excelente instrucción. Miss Lee le enseñaba francés y le hacía recitar diariamente su lección de Historia; pero él le recomendaba los libros que hacían sus delicias en sus horas de ocio, él fomentaba su inclinación y rectificaba sus opiniones. Él hacía provechosa la lectura hablándole de lo que leía, y ensalzaba sus alicientes con sensatos elogios. (16)

El ejemplo contrario lo encontramos en la persona de Emma, y en la crítica cariñosa de Mr. Knightley, que conoce las buenas intenciones de la joven, pero su escasa fuerza de voluntad y constancia.

-Emma siempre se ha propuesto leer cada vez más, desde que tenía doce años. Yo he visto muchas listas suyas de futuras lecturas, de épocas diversas, con todos los libros que se proponía ir leyendo… Y eran unas listas excelentes, con libros muy bien elegidos y clasificados con mucho orden, a veces alfabéticamente, otras según algún otro sistema. (…) Pero ya he perdido toda esperanza de que Emma se atenga a un plan fijo de lecturas. Nunca se someterá a nada que requiera esfuerzo y paciencia, una sujeción del capricho a la razón.     (35)

En esta novela, se nos presenta a la heroína como una muchacha con grandes dotes para las distintas artes, pero a la que la falta de práctica le ha impedido adquirir destreza en ninguna de ellas. Y algo parecido ocurre en lo referente a su modo de pensar. Tiene buen corazón y propósitos nobles, pero en ocasiones sus carencias intelectuales o de raciocinio se ponen de manifiesto, provocando que se deje llevar por los prejuicios o una actitud caprichosa.

-La música.

La excelencia musical es fruto del esfuerzo y la constancia, que perfeccionaran una mayor o menor habilidad natural. Por lo tanto, a las artistas que hayan alcanzado esa maestría se les suponen unas virtudes, de las que carecerán aquellas que abandonaron la práctica. Este es el contraste entre Jane Fairfax y Emma Woodhouse, que resume de algún modo la personalidad de las jóvenes. A la primera la vemos siempre como discreta, perseverante, correcta, abnegada, dispuesta a trabajar para salir adelante, sin rebelarse contra su situación. Mientras que Emma es mucho más aparatosa, desea ser el centro de atención, se deja llevar por los caprichos y la fantasía, y está acostumbrada a una vida cómoda.

Como detalle cultural, llama la atención que en varias ocasiones, se muestra cómo es propio de muchas mujeres el abandono de la práctica musical al llegar al matrimonio.

Marianne, que cantaba muy bien, a su pedido recorrió la mayoría de las canciones que lady Middleton había aportado a la familia al casarse, y que quizá habían permanecido desde entonces en la misma posición sobre el piano, ya que su señoría había celebrado ese acontecimiento renunciando a la música. (S&S: 37)

¿Las razones? En algún momento se alude a la falta de tiempo, puesto que su nueva condición lleva consigo un aumento de tareas. Pero no parece que esta razón sea demasiado convincente. Más bien se nos muestra como algo voluntario. Quizás, y esto es una interpretación muy libre por nuestra parte, un factor determinante sea el hecho de haber logrado ya la situación de estabilidad deseada, y no sentir la necesidad de perfeccionar las habilidades para ganar en encantos personales cara a un futuro pretendiente.

-El dibujo.

Al analizar las diferentes escenas en las que se alude a la destreza para dibujar y al gusto por los retratos y paisajes, la autora se sirve de este recurso para mostrar distintas características de los personajes, o para dotar de mayor fuerza a una situación.

Durante un agradable paseo, Catherine Morland, sorprendida por los comentarios de los hermanos Tilney, que son capaces de apreciar con más detalle el paisaje que les rodea gracias a su afición por el dibujo, hace gala de su inocencia y sencillez habituales, y reconoce su ignorancia a este respecto y su deseo de aprender. Lo que le vale una detenida explicación de Henry. Las oportunas indicaciones del joven, unidas a la admiración que ella siente por él logran unos avances sorprendentes en tan solo unos minutos.

La muchacha confesó y lamentó su falta de conocimientos, y declaró que de buen grado daría cuanto poseía en el mundo por saber dibujar, lo cual le valió una conferencia acerca del arte, tan clara y terminante, que al poco tiempo encontraba bello todo cuanto Henry consideraba admirable. (NA 69)

La falta de gusto será mostrada como algo propio de los personajes simples, vulgares o malvados. Y, dentro de esta categoría, encontramos también a aquellos que quieren aparentar unos conocimientos en intereses que en realidad no poseen. Una actitud que, con lenguaje actual, podría definirse como “postureo”.

-¡Ay, cielos! ¡Qué hermosos son éstos! ¡Vaya, qué preciosura! Mírelos, mamá, ¡qué adorables! Le digo que son un encanto; podría quedarme contemplándolos para siempre -y volviendo a sentarse, muy pronto olvidó que hubiera tales cosas en la habitación. (S&S 110)

En esta misma obra, escuchamos a Marianne juzgando a Edward con severidad por su falta de sensibilidad artística. La joven es consciente de que él admira los dibujos de Elinor, pero desde su perspectiva de artista y amante del arte, detecta que no es el buen gusto lo que le lleva a valorar estas obras, sino el afecto que siente por su hermana.

Y aunque admira mucho los dibujos de Elinor, no es la admiración de alguien que pueda entender su valor. Es evidente, a pesar de su asidua atención cuando ella dibuja, que de hecho no sabe nada en esta materia. Admira como un enamorado, no como un entendido. (S&S: 19)

Pero es que, como la misma Marianne reconocerá, el buen gusto, en ocasiones, se confunde con la apariencia y la repetición de opiniones comunes. No todo el mundo posee la capacidad de apreciar la belleza o la técnica de una obra de arte. Pero el afán de aparentar puede llevar a algunos a emitir juicios atrevidos, que pondrán de manifiesto su ignorancia ante los entendidos en la materia.

-Es muy cierto -dijo Marianne- que la admiración por los paisajes naturales se ha convertido en una simple jerigonza. Todos pretenden admirarse e intentan hacer descripciones con el gusto y la elegancia del primero que definió lo que era la belleza pintoresca. (S&S: 99)

Por lo que, quizás, sea preferible la actitud de Edward, que reconoce sus limitaciones y deja que sea el afecto, y no sus aptitudes artísticas, quien rija sus preferencias.

Give a girl an education…

Llegamos al último apartado de este capítulo, en el que comentaremos la propuesta de Austen para lograr la promoción social de las mujeres de su época y, dando un salto en el tiempo, haremos extensivas sus ideas a la época actual, tan diferente en muchos matices, pero siempre necesitada de cambios y mejoras.

En los apartados anteriores, hemos visto cuál era la situación social de la mujer durante los últimos años del siglo xviii y los primeros del xix. Tanto las jóvenes de familias pudientes como las de condición social más modesta dependían en gran parte de un matrimonio ventajoso para salir adelante. Y, si no contaban con esta posibilidad, sus esperanzas –sobre todo en el caso de las jóvenes de nivel social medio-alto- recaían casi exclusivamente en la educación recibida, que podría abrirles las puertas a trabajar como maestras o institutrices. Una buena educación también podría permitir cierto ascenso social a una joven de condición humilde, para la que un puesto como los que acabamos de mencionar supondría un logro importante.

Esta es la razón por la que en Mansfield Park escuchamos una frase que será el eje de estas últimas consideraciones. Curiosamente, la sentencia que reproduciremos a continuación no la pronuncia una de las heroínas de Austen, ni alguno de sus caballeros, sino un personaje por el que los lectores difícilmente podrán sentir simpatía alguna. Se trata de la señora Norris, tía la protagonista de esta obra, Fanny Price. La señora Norris es una mujer tacaña, lisonjera e injusta. Y, sin embargo, gracias a ella, Fanny es acogida por sus tíos, mejorando exponencialmente su situación social y sus posibilidades de futuro. En los primeros compases de la novela, cuando el señor Bertram muestra alguna duda sobre el modo de actuar respecto a la joven a la que han acogido, recibe la siguiente indicación de su cuñada:

Give a girl an education, and introduce her properly into the world, and ten to one but she has the means of settling well, without farther expense to anybody (7)

(Dale a una muchacha una buena educación, oriéntala de un modo adecuado, y apuesto diez contra uno a que logrará salir adelante, sin necesitar la ayuda de nadie).

La educación es la llave que abrirá la puerta del futuro para esas jóvenes que no cuentan con grandes rentas, o con la protección de un matrimonio que les aporte estabilidad económica y una buena posición social.

“Un buen consejo lo aceptaría aunque viniera del diablo”. Esta frase, que se atribuye a san Juan Bosco, remarca la idea de que lo importante son las enseñanzas, sin depender del que enseña. Sin embargo, la experiencia nos dice que somos más dados a aceptar los consejos cuando son acordes a la actitud de quien los ofrece.

Como dijimos al principio de estas líneas, Jane Austen fue una mujer escritora cuando ninguna de esas condiciones –y mucho menos la unión de las dos- suponían una ventaja. Durante sus primeros años de vida, su situación económica fue cómoda, pero no lujosa. Y esta situación se volvió mucho más austera tras la muerte de su padre. Sin embargo, aunque tuvo la oportunidad de contraer un matrimonio muy favorable, con el hermano de sus mejores amigas, rechazó la oferta al no estar enamorada del pretendiente. Podría haber ascendido vertiginosamente en la escala social, emulando a Elizabeth Bennet, la más famosa de sus heroínas. Y, en vez de eso, prefirió ser fiel a sus principios, ya que había asegurado en más de una ocasión que cualquier cosa era preferible a un matrimonio sin afecto.

En esas circunstancias, Austen dedicó una gran parte de su tiempo y toda su pasión a la escritura. Pero no debemos olvidar que, anteriormente, había dedicado horas y horas a la lectura. Su padre fue un hombre cultivado, varios de sus hermanos estudiaron en Oxford, y ella siempre recibió estímulos favorables para formarse adecuadamente y adentrarse en la escritura. Fue la educación recibida en el hogar junto con sus grandes dotes personales lo que la permitió abrirse un camino en la vida y realizarse como persona. Aunque apenas pudo disfrutar del éxito –también económico- de sus publicaciones, debido a su muerte prematura, sí que gozó de la satisfacción de no haber cedido ante las dificultades y los fracasos. Catorce años transcurrieron desde la primera tentativa de publicar una de sus obras hasta que este logro se hizo realidad. Catorce años en los que siguió leyendo, escribiendo, revisando y corrigiendo sus trabajos.

Los parámetros sociales en los que transcurrió la vida de Austen eran mucho menos proclives a la igualdad de oportunidades que los de hoy en día. Sin embargo, eso no fue un obstáculo para que esta grandísima autora siguiera adelante con sus escritos, sin perder el tiempo con lamentos inútiles y sin refugiarse en excusas paralizantes. Austen vivió según las normas de su tiempo, pero fue capaz de ver mucho más allá. Por eso no se sintió acomplejada, ni se disculpó por ejercitarse en un género que algunos tildaban de pasatiempo menor. Tanto en sus cartas como en su obra La Abadía de Northanger, encontramos una defensa enfervorizada de la novela como género literario.

Austen creyó en la importancia de la educación y así lo manifestó en su vida y en sus libros. Austen confió en la capacidad de sus congéneres para hacerse valer por sí mismas, pero, a la vez, conocía la situación de desventaja de la que partían. Por eso en sus novelas vemos a las heroínas luchar, equivocarse, aprender y evolucionar. Sus protagonistas no son jovencitas idealizadas a las que la vida les sonríe. Todas pasan por un proceso de autoconocimiento, aprendizaje y superación. Y, aunque el premio a su esfuerzo venga en forma de un matrimonio ventajoso –no olvidemos que son obras enmarcadas en un contexto sociocultural concreto-, lo más importante es que todas y cada una de estas heroínas han superado su proceso de aprendizaje y, por eso, son capaces de afrontar el futuro con seguridad y determinación.

Los tiempos han cambiado. La igualdad de oportunidades está más cerca que hace doscientos años, aunque todavía quedan muchos retos por delante. ¿Cuál es el camino para seguir avanzando? ¿Qué nos diría Jane Austen? ¿Qué nos dice en sus obras? Lo vimos al principio de este capítulo. No hablemos de grupos, hablemos de personas, de cada persona. Pongamos todo lo que esté en nuestras manos para que cada persona tenga a su alcance las herramientas para lograr sus objetivos. Démosle a cada persona una buena educación, orientémosle en sus primeros pasos, y será capaz de hacerse valer y contribuir a la mejora de la sociedad.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

Austen, Jane. Emma. NoBooks Editorial, 2016.

———. La abadía de Northanger. e-artnow, 2014.

———. Mansfield Park. Penguin Random House Grupo Editorial España, 2015.

———. Orgullo y prejuicio. Jane Austen, 2015.

———. Persuasión. Paradimage Soluciones SL, 2015.

———. Sentido y sensibilidad. Jane Austen, 2015.

Barker, Hannah y Elaine Chalus. Women’s History: Britain, 1700-1850 : An Introduction. Psychology Press, 2005.

Edgeworth, Maria. Letters for Literary Ladies, to Which Is Added, an Essay on the Noble Science of Self-Justification [by M. Edgeworth]., 1799.

Fish, Stanley Eugene. Is There a Text in This Class?: The Authority of Interpretive Communities. Harvard University Press, 1980.

Jordán Enamorado, Miguel Ángel. «Análisis del estilo literario de Jane Austen». Universitat de València, 2017. http://roderic.uv.es/handle/10550/59048.

Macaulay, Catharine. Letters on Education. Cambridge University Press, 2014.

More, Hannah. Strictures on the Modern System of Female Education. Garland Pub., 1974.

Wollstonecraft, Mary. A Vindication of the Rights of Woman: With Strictures on Political and Moral Subjects. Unwin, 1891.

Ni guapa, ni inteligente, ni rica: Análisis de la señorita Bates como personaje principal de “Emma”

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  1. Introducción

Resultado de imagen de miss batesUna de las características de las obras de Jane Austen es el realismo con el que esta autora diseña a sus personajes, independientemente de la relevancia que tengan en la historia. La conducta de cada uno de los personajes está justificada por los datos que conocemos de ellos y es coherente con la personalidad y las circunstancias que les han sido asignadas. Las tramas de Austen se enmarcan dentro de su contexto sociohistórico y, por esta razón, aunque esta autora no se prodiga en descripciones ni expresa abiertamente sus opiniones sobre temas sociales, ofrece un retrato fiel de la sociedad de su tiempo por medio de sus personajes. De esta manera, Austen es capaz de poner de manifiesto algunas de las injusticias sociales de su contexto histórico sin necesidad de realizar una crítica explícita.

El tema principal de la novela Emma, es el proceso de evolución de su protagonista, su educación. Por eso, Emma ha sido catalogada como un bildungsroman por algunos críticos. (Kohn 1995). Al hablar de este proceso, es habitual que se defina como su punto crítico la escena de Box Hill, que se relata en el capítulo 7 del tercer volumen de dicha novela, y que tiene a Emma, Mr. Knightely y Miss Bates como protagonistas. Sin embargo, en la mayoría de aproximaciones a esta escena, la atención se centra principalmente en la relación entre Emma y Mr. Knightley, y en la posterior reacción de Emma, otorgando a Miss Bates un papel meramente circunstancial o, por lo menos, secundario.

En el presente artículo nos proponemos demostrar que la figura de Miss Bates es de gran relevancia en el desarrollo de la trama de Emma, y no tan solo por su papel en la escena que acabamos de comentar, sino como referencia constante a lo largo de toda la obra y como medio necesario para reflejar el predeterminismo socioeconómico al que estaban sujetas las mujeres durante la época de Jane Austen.

Con esta finalidad, analizaremos el personaje de Miss Bates, de un modo aislado en primer lugar, atendiendo tanto al tratamiento que le presta el narrador, como a su presencia a lo largo de la obra y a la relevancia de su figura dentro de la trama; y, después, en su relación con Emma, profundizando en el contraste que Austen crea entre ambos personajes.

Antes de realizar dicho análisis, ofreceremos algunos datos sobre la figura de las solteronas en las novelas de Austen y en su contexto social. Posteriormente, dedicaremos un apartado a la definición y características de los personajes planos, y de los rasgos propios de este tipo de personajes en las novelas de Austen. Este marco teórico, nos permitirá apreciar con más detalle el realismo con el que Austen representa al personaje de Miss Bates, las características propias de este tipo de personaje y su relevancia en la trama.

  1. “Las solteronas” en la sociedad y en las novelas de Jane Austen

Resultado de imagen de miss batesLa situación social de las mujeres en Inglaterra durante los siglos xviii y xix era de gran dependencia y vulnerabilidad. En el caso de las damas de clase social media o alta, el matrimonio era, con frecuencia, su único medio para mantener su estatus social o incluso mejorarlo. Puesto que no estaba bien visto que una dama trabajara, sus recursos tan solo podían proceder o  bien de unas rentas asignadas o, en el caso de las mujeres casadas, de los bienes de su marido. Para las mujeres de clase social baja, el matrimonio también podía suponer cierta estabilidad económica y un mejor posicionamiento social.

El papel de la mujer, durante estos siglos, estaba marcado por su condición de esposa y madre por lo que, según explica Halperin (1984) ser considerada una solterona era equiparable a ser considerada un fracaso y esta presión social se unía a las demás razones que empujaban a muchas mujeres al matrimonio, no tanto por razones sentimentales, como “for a home and independence and companionship and children, and to avoid disminishing consequence and financial and social dependence on others” (54). Aunque legalmente no existían impedimentos para que una mujer soltera fuera la propietaria y administradora de diversos bienes, las costumbres sociales, según Hill (2005) conllevaban un elevado prejuicio contra las que así obraban, relegándolas al ostracismo social: “single women of the middle class were not merely deprived of their ability to work, but of any recognized usefulness in society” (229)

La solterona, como elemento literario, ha estado presente en la literatura inglesa desde principios del siglo xix, y alcanzó un mayor auge en el periodo de entre guerras en el siglo xx (Mezei 2007).

Her narrative function, in representing the dialectic between seeing and being seen, omniscience and invisibility, often mirrors the ambiguous and hidden role of the author/narrator in relation to his/her characters. By focalizing through the spinster, the narrator/author thus affords her a measure of power and control. Even her effacement, silences, and apparent invisibility are effective narrative strategies for control over others and events. (104)

Las características atribuidas a este tipo de personajes las convierten en testigos inadvertidos de eventos muy diversos. Por esta razón, aunque con frecuencia es objeto de críticas, burlas o conmiseración, el papel de la solterona es un recurso muy útil para el autor, que puede descargar en este personaje parte de su función narrativa.

Jane Austen comenzó a escribir Emma poco antes de cumplir los treinta años. Su padre había fallecido años atrás y ella vivía con su madre, su hermana y Martha Lloyd, una amiga de la familia, en una casa propiedad de su hermano Edward en Chawton. A pesar de las ayudas económicas que los hermanos Austen dispensaban a estas damas, su situación era modesta y exenta de lujos. Aunque nunca llegaron a pasar necesidad y siempre contaron con la ayuda de personal de servicio, podemos afirmar que Austen experimentó en primera persona algunas de las limitaciones de las impoverished gentlewoman, que aparecen en Emma, no solo en cuanto a sus esfuerzos para ahorrar y administrar con acierto sus escasos medios, sino también por la pérdida de estatus social y las pequeñas humillaciones al ser excluidas de ciertos ambientes (Mezei 1988).

   “In Emma Austen portrays the economic and social conditions of a surprisingly large number of female characters, describing in the first eight chapters the lives of fourteen women, mostly of the ‘middling ranks’ of society” (Fawkes 414). De todos esos casos, el más relevante en la novela es el de Mrs. and Miss Bates, viuda e hija del fallecido párroco de la localidad, que viven en una situación de gran estrechez económica, aliviada en parte por la generosidad de algunas de las familias de la gentry de Highbury.

Como se explicará más adelante, el personaje de Miss Bates es de gran importancia en la novela. Su situación contrasta directamente con la de Emma Woodhouse, la protagonista de esta historia, que en una conversación con su amiga Harriet Smith confiesa su intención de permanecer soltera. De este modo, Austen pone de manifiesto la diferencia existente entre las mujeres solteras de clase baja y las de clase alta, aunque estas últimas también se veían perjudicadas en cierta medida por su situación (Neubauer 2015).

  1. Flat characters

Resultado de imagen de miss batesIn her study Aspects of a novel, Foster divides characters into flat and round and defines flat characters by saying that they are constructed round a single idea or quality and exemplify this idea with some examples:

The really flat character can be expressed in one sentence such as “I never will deser Mr. Micawber.” There is Mrs. Micawber –she says she won’t desert Mr. Micawber, she doesn’t, and there she is. Or: “I must conceal, even by subterfuges, the poverty of my master’s house.” There is Caleb Balderstone in The Bride of Lammermoor. He does not use the actual phrase, but it completely describes him; he has no existence outside it. (104)

Según Foster, el modo de comprobar si un personaje es plano es preguntarse si es capaz de sorprender al lector de un modo convincente. Si no sorprende, es plano; y si no es convincente, es plano aunque pretende ser profundo.

Una ventaja de los personajes planos es que son fácilmente reconocibles por los lectores y son un recurso útil para el autor, ya que no se espera que evolucionen y proporcionan su propia ambientación por medio de sus particularidades claramente definidas. La segunda ventaja que Foster reconoce en este tipo de personajes es que son fáciles de recordar ya que son sencillos y estáticos. Los personajes planos permanecen invariables durante toda la obra y esta cualidad les aporta continuidad y consistencia aunque la trama haya perdido intensidad.

En su libro The Structure of a Novel, Muir revisa algunas de las afirmaciones de la obra de Foster que él considera incorrectas. No es este el lugar para analizar esta polémica, por lo que nos limitaremos a añadir algunas de las propuestas de Muir sobre los personajes planos.

What can the writer do with them? What will the function of his plot be? Obviously not to trace their development, for being flat they cannot develop, but to set them in new situations, to change their relations to one another, and in all of these to make them behave typically. The task of the character novelist is more like the choreographer’s than the dramatist’s; he has to keep his figures moving rather than acting; and for the most part he has them masked. (26)

Debido a su invariabilidad, los personajes planos nos aportan una referencia constante dentro de la evolución de la obra y de los personajes. El contraste de los personajes planos con los demás, en especial con los centrales, nos aportará distintos puntos de vista a lo largo de la obra, en función de la evolución de los personajes más profundos.

Resultado de imagen de miss bates Muir da por válida la afirmación de Foster de que los personajes planos pueden ser explicados con una sola frase, pero se plantea una nueva cuestión. ¿Cómo es posible que los personajes planos puedan provocar efectos que no son mecánicos y ofrecer una visión del ser humano que no es superficial? Muir responde a este interrogante afirmando que los personajes planos tienen dos caras. Una cara visible a los lectores, que es la que se refleja en la obra, y otra oculta, que tan solo conoce el autor. Por lo tanto, aunque los personajes planos no evolucionen a lo largo de la obra, su manera de actuar debe ser coherente con la personalidad y las circunstancias que el autor les ha conferido. Por esta razón, en su aparente sencillez, estos personajes pueden provocar efectos que van más allá de lo evidentemente previsible, aunque sin llegar a sorprender de un modo convincente ya que, en ese caso, serían personajes profundos.

En el estudio que citamos con anterioridad, Foster define el estilo de Austen diciendo que es una miniaturista, pero nunca bimensional. Es decir, sus personajes, incluso los aparentemente planos, son complejos o capaces de ser complejos. “Even Miss Bates has a mind, even Elizabeth Eliot a heart, and Lady Bertram’s moral fervour ceases to vex us when we realize this: the disk has suddenly extended and become a litlle globe” (113-4).  Y, un poco más adelante, comparando los personajes de las obras de Austen con los de Dickens, Foster afirma: “her characters though smallers than his are more highly organized. They function all round, and even if her plot made greater demands than it does, they would still be adequate.” (114). Aunque algunos personajes de las obras de Austen tienen las características propias de los personajes planos, la autora los ha diseñado de modo que puedan adquirir una profundidad momentánea, si la obra lo requiere y, según Foster, tienen suficiente consistencia como para poder cumplir un papel más complicado si la obra lo exigiera.

Clay (2001) también analiza los personajes planos de las obras de Dickens y Austen, y les asigna papeles distintos. Mientras que en las obras de Dickens “flat characters replace his indifferent main plot with a fascinating side show”, en las de Austen, “they propel the main plot, moving her hero and heroine’s relationship in, then out of dificulties.” (280). Según Clay, por tanto, los personajes planos de Dickens aportan historias adicionales, que se añaden a la principal, confiriéndole mayor interés y variedad. Sin embargo, en Austen, la función de estos personajes es contribuir al desarrollo de la trama principal y, en concreto, a la culminación del tema central de la novela.

En los próximos apartados, volveremos sobre algunas de las ideas que se han expuesto hasta este momento y las comentaremos aplicándolas a la temática de este artículo.

  1. Miss Bates

En este apartado realizaremos un primer acercamiento al personaje de Miss Bates, que completaremos en el siguiente, realizando un contraste entre Miss Bates y Emma Woodhouse.

Resultado de imagen de miss bates Al realizar una primera lectura de Emma, es probable que muchos lectores obtengan la impresión de que Miss Bates es un personaje secundario, plano, semejante a otros personajes ridículos de las novelas de Austen. Con su constante e incesante verborrea, Miss Bates es presentada por la autora como una mujer a la que es difícil prestar atención: “a pretty long speech from Miss Bates, which few persons listened to”. A lo largo de la novela, se suceden diversas intervenciones de Miss Bates, en los que Austen refleja la manera de hablar propia de las personas que padecen incontinencia verbal, cuyos monólogos resultan tediosos y prácticamente ausentes de contenido.

En cada una de las seis novelas principales de Austen, encontramos algún personaje femenino ridiculizado por la autora. Mrs. Jennings (Sense and Sensibility), Mrs. Bennet (Pride and Prejudice), Mrs. Norris (Mansfield Park), Mrs. Allen (Northanger Abbey) y Maria Elliot (Persuasion), son algunos ejemplos de estas mujeres caricaturizadas por Austen. Sin embargo, podemos detectar algunas diferencias entre Miss Bates y las otras mujeres tanto en sus circunstancias como en el trato que le dispensa la autora.

Although Miss Bates is one of Austen’s comic character because of her loquaciousness and tendency to constantly jump from thought to thought in rapid succesion, she is treated with a higher degree of sympathy than Austen usually reserves for her comic characters. (Neubauer 136)

Una razón que puede explicar la mayor simpatía con la que Austen trata a Miss Bates es el hecho de que se trata de una mujer soltera y pobre, mientras que las otras mujeres están casadas, o son viudas como Mrs. Norris, y gozan de una posición social ventajosa o, por lo menos desahogada. Miss Bates, por lo tanto, se encuentra en una situación de desprotección que las otras damas no sufren, y esta circunstancia despierta la compasión del narrador y afecta a su modo de presentarla al lector. Además, en todo momento, tanto el narrador como los personajes de Emma, se refieren a ella como una mujer bondadosa y agradecida, estimada por sus vecinos. Su único defecto es que habla demasiado.

En su ensayo “The Letters”, recogido dentro del Cambridge Companion to Jane Austen, Flynn afirma que Miss Bates es uno de los minor characters más importantes de las novelas de Austen. Tanto en este apartado como en el siguiente, aportaremos algunas explicaciones que sostienen esta afirmación.

El narrador de las novelas de Austen presenta a los personajes en el momento en el que se hacen presentes en la historia. Cuando se trata de personajes importantes, a esa primera presentación, le siguen otras presentaciones parciales en diferentes momentos de la narración. No es habitual que el narrador aporte información sobre un personaje con anterioridad a su participación en la trama. En Emma, esto tan solo ocurre con dos personajes. Uno de ellos es Frank Churchill, cuya visita a Highbury es anhelada no solo por su padre, sino también por sus amistades. Las diversas referencias a Frank Churchill que se suceden antes de su entrada en escena provocan expectación en los lectores y aportan una mayor relevancia al personaje. El segundo caso en el que unos personajes son presentados con anterioridad a su aparición en la novela es el de las Bates. Mrs. y Miss Bates son citadas por primera vez en el capítulo dos y sus nombres aparecen repetidas veces a lo largo del primer volumen. Sin embargo, la primera vez que se las muestra es al inicio del segundo volumen, es decir, diecisiete capítulos después de su primera mención.

El primer volumen de la novela gira en torno plan de Emma de lograr el compromiso entre Harriet y Mr. Elton. Los dieciocho capítulos que componen este volumen son, por tanto, una introducción a la trama, en la que la historia se centra en un número limitado de personajes. Con el segundo volumen se inicia el nudo principal, en el que Frank Churchill jugará un papel importante. Este segundo volumen comienza con una visita de Emma y Harriet a las Bates, que el narrador introduce con una nueva descripción de la situación de estas mujeres y algunas reflexiones sobre la actitud de Emma hacia ellas.

A partir de este momento, la presencia de Miss Bates es una constante en la novela; se la muestra o se habla de ella prácticamente en todos los capítulos de los volúmenes dos y tres de la obra. De hecho, su nombre aparece más de doscientas veces en los treinta y siete capítulos que componen estos volúmenes.

En el primer volumen de la novela, Hartfield, hogar de los Woodhouse, es el centro de la historia. Sin embargo, a partir del segundo volumen, la trama se descentraliza y el hogar de las Bates adquiere una gran relevancia, tanto por las escenas que se enmarcan en ese escenario, como por las veces en las que se hace referencia a él.

Imagen relacionadaPara concluir este apartado, añadiremos una última idea sobre el personaje de Miss Bates. Tal y como se ha dicho con anterioridad, el rasgo más característico de Miss Bates es su locuacidad. Las intervenciones de este personaje suelen ser extensas y, por este motivo, en ocasiones cumple un papel de segundo narrador. Tal y como se dijo en el punto 2, las características del personaje de la solterona facilitan que el autor les otorgue una función de control o poder sobre el resto de personajes. En este caso, esa función central se manifiesta en el hecho de que el hogar de las Bates sea uno de los centros neurálgicos de Highbury, por donde pasan muchos de sus vecinos para hacer una visita o llevar un regalo. A través de esas conversaciones, Miss Bates recibe una gran cantidad de información que, más tarde, comunica en sus largas intervenciones, supliendo en parte el papel del narrador.

  1. Miss Bates y Emma Woodhouse.

En el apartado anterior, se ha explicado brevemente la importancia del personaje de Miss Bates en la novela Emma atendiendo al tratamiento que le presta el narrador, a su presencia a lo largo de la obra y a la relevancia de su figura dentro de la trama. En este apartado, ofreceremos un contraste de los personajes de Miss Bates y Emma Woodhouse que pondrá de manifiesto el papel central de Miss Bates en esta obra.

Emma Woodhouse es sin duda la protagonista de la obra que lleva su nombre, y que comienza del siguiente modo:

Emma Woodhouse, handsome, clever, and rich, with a comfortable home and happy disposition, seemed to unite some of the best blessings of existence; and had lived nearly twenty-one years in the world with very little to distress or vex her. (1)

Handsome, clever and rich. Estas son las tres palabras con las que el narrador define a Emma, añadiendo después una explicación algo más detallada sobre su carácter y circunstancias. Esta descripción contraste de un modo directo con la que se hace de Miss Bates algunas páginas más adelante.

(Miss Bates) enjoyed a most uncommon degree of popularity for a woman neither young, handsome, rich, nor married. Miss Bates stood in the very worst predicament in the world for having much of the public favour; and she had no intellectual superiority to make atonement to herself, or frighten those who might hate her into outward respect. She had never boasted either beauty or cleverness. (…) And yet she was a happy woman, and a woman whom no one named without good-will. (16)

Neither young, handsome, rich… and she had no intellectual superiority. Como se puede observar, el narrador contrapone las características y circunstancias de Emma a las de Miss Bates desde el primer momento. Emma tiene todas las cualidades que le faltan a Miss Bates, belleza, inteligencia y riqueza. Su vida está llena de comodidades y eso explica su existencia placentera. As the daughter of the late vicar “Miss Bates has her origins within the upper reaches of the Highbury system of ranks” (Monaghan 139), pero tras la muerte de su padre, su madre y ella se encuentran en una situación económica adversa. Miss Bates carece de todas las bendiciones de las que goza Emma, y sin embargo, el narrador afirma que she was a happy woman whom no one named without good-will.

Resultado de imagen de miss bates Jane Austen suele establecer la temática principal de sus obras en los primeros párrafos de sus novelas. La concisión y el uso de la palabra adecuada son algunos de los rasgos del estilo de esta autora (Jordán 2017), y esto se pone de manifiesto de un modo especial en las primeras páginas de sus obras, en las que Austen es capaz de condensar en unas pocas líneas el contenido que desarrollará a lo largo de toda el libro. En el caso de Emma, el párrafo inicial nos muestra las virtudes y los defectos de la protagonista, y las circunstancias que la han llevado a ser como es. De este modo, podemos adivinar que la temática principal de la novela es la evolución de la heroína, su educación y su crecimiento como persona. Al contraponer el personaje de Miss Bates al de Emma, Austen nos revela la importancia de Miss Bates para el desarrollo de la trama. Para comprender mejor a la heroína, deberemos profundizar en este personaje aparentemente secundario y ridículo.

Emma pasa la mayor parte de su tiempo en su hogar, cuidando de su padre, acompañada por su amiga Harriet y recibiendo las visitas de Mr. Knightley y otras amistades y vecinos. Por su parte, Miss Bates, también pasa la mayor parte de su tiempo en su hogar, cuidando de su madre, acompañada por su sobrina Jane y recibiendo también las visitas de amistades y vecinos. Es decir, Austen representa a ambos personajes viviendo en universos paralelos pero contrapuestos. Mientras que Hartfield es la casa de una familia noble y cuenta con todo tipo de lujos, en el caso de las Bates:

The house belonged to people in business. Mrs. and Miss Bates occupied the drawing-room floor and there, in the very moderate-sized apartment, which was every thing to them, the visitors were most cordially and even gratefully welcomed. (135).

Esta contraposición de personajes se pone también de manifiesto en la novela, cuando a raíz de un comentario de Harriet, Emma compara su situación con la de Miss Bates.

Never mind, Harriet, I shall not be a poor old maid; and it is poverty only which makes celibacy contemptible to a generous public! A single woman, with a very narrow income, must be a ridiculous, disagreeable old maid! the proper sport of boys and girls, but a single woman, of good fortune, is always respectable, and may be as sensible and pleasant as any body else. (75).

Resultado de imagen de miss bates Desde el punto de vista de Emma, lo que marca la diferencia entre la situación de Miss Bates y la suya es el dinero. Al gozar de una posición social elevada, Emma se considera por encima de Miss Bates y afirma que ella nunca se encontrará en una situación similar. Sin embargo, según Galperin (2013), la actitud crítica de Emma hacia Miss Bates, que se muestra en diferentes momentos de la novela, nace precisamente del miedo a que el dinero no baste para salvarla de una situación similar. Desde nuestro de punto de vista, que justificaremos a continuación, la actitud crítica de Emma hacia Miss Bates nace de la insatisfacción personal que Emma experimenta al compararse con ella.

Como ya se ha dicho, al comienzo de la novela se afirma que las cualidades de Emma son su belleza, su inteligencia y su buena posición económica. Es decir, cualidades que no dependen de ella y que no ha hecho nada para merecer. Unos párrafos más adelante, el narrador muestra los puntos negativos del carácter de Emma.

The real evils, indeed, of Emma’s situation were the power of having rather too much her own way, and a disposition to think a little too well of herself; these were the disadvantages which threatened alloy to her many enjoyments. (1)

Acostumbrada a que los demás cedan ante su insistencia y a recibir elogios, Emma confía demasiado en su propio juicio, ignora los consejos de otras personas y actúa según su voluntad, causando sufrimiento a los que tiene alrededor. Además, algo más adelante, el narrador nos informa de otro de los defectos de Emma, la inconstancia. Sin embargo, al describir a Miss Bates, después de enumerar las circunstancias en su contra, su falta de belleza, de inteligencia y de recursos económicos, el narrador se extiende mostrando sus cualidades:

It was her own universal good-will and contented temper which worked such wonders. She loved every body, was interested in every body’s happiness, quicksighted to every body’s merits; thought herself a most fortunate creature, and surrounded with blessings in such an excellent mother, and so many good neighbours and friends, and a home that wanted for nothing. The simplicity and cheerfulness of her nature, her contented and grateful spirit, were a recommendation to every body, and a mine of felicity to herself. (16).

De este modo, se refuerza el contraste entre estos dos personajes. Emma cuenta con cualidades naturales y buena posición. Sin embargo, su carácter es deficiente y sus esfuerzos por mejorar infructuosos. Miss Bates, por el contrario, tiene pocas cualidades naturales y una posición económica desfavorable. Pero su actitud y su carácter suplen esas deficiencias, llevándola a disfrutar y a agradecer los pequeños detalles y a gozar del afecto de sus vecinos.

La relación de Emma y Miss Bates con el resto de personajes y la opinión de estos hacia ambas damas son otros puntos de contraste que el narrador ofrece en diversos momentos.

Debido a su posición, a sus circunstancias familiares y a sus cualidades, Emma está acostumbrada a ocupar un lugar de privilegio en los eventos y reuniones sociales, a actuar según su parecer y a recibir alabanzas. A la vez, su elevada posición social también conlleva cierta soledad, ya que Emma solo es accesible para algunas personas. La superioridad de Emma provoca fascinación en Harriet, respeto en los Cole, recelo en Mrs. Elton y, en general, cierto distanciamiento. Es admirada por la mayoría pero estimada solo por unos pocos, por aquellos que forman parte de su círculo más íntimo.

Miss Bates, sin embargo, resulta cercana y accesible para todo el mundo. Incluso Emma, que, como hemos dicho, mantiene una actitud crítica e irritada hacia ella, no duda en afirmar sus virtudes:

She is very much to the taste of every body, though single and though poor. Poverty certainly has not contracted her mind:  I really believe, if she had only a shilling in the world, she would be very likely to give away sixpence of it; and nobody is afraid of her: that is a great charm. (76).

Imagen relacionadaNadie le tiene miedo. En esta frase de Emma se puede apreciar que es consciente de la actitud distante hacia ella de algunos de sus vecinos, que se sienten intimidados por su posición. Miss Bates es una mujer generosa y agradecida a la que la gente se siente inclinada a ayudar. Su buen corazón y su natural benévolo la convierten en un recurso para sus vecinos cuando necesitan que alguien apruebe sus planes.

As a counsellor she was not wanted; but as an approver, (a much safer character,) she was truly welcome.  Her approbation, at once general and minute, warm and incessant, could not but please. (227)

El carácter agradecido y bondadoso de Miss Bates hace que la gente se sienta segura y cómoda en su presencia. Por esta razón, aunque carece de grandes cualidades, cuenta con el afecto y el respeto de sus vecinos. Además, su situación precaria, le granjea la compasión y la comprensión de todos los que la conocen, a pesar de su incontinencia verbal. Austen pone en boca de Frank Churchill una frase que resume estos últimos párrafos: “She is a woman that one may, that one must laugh at; but that one would not wish to slight.”(231). Por el contrario, podríamos afirmar que Emma es una dama de la que nadie se puede reír, pero a la que algunos (Mr. and Mrs. Elton) querrían herir.

Como hemos visto, el narrador ofrece un claro contraste entre Emma y Miss Bates, que pone de manifiesto sus defectos y cualidades. A lo largo de la novela, podemos encontrar también un contraste entre la actitud de distintos personajes hacia Miss Bates, del que el narrador se sirve para mostrarnos ciertas facetas de la personalidad de los protagonistas. Tal y como se afirmó anteriormente, la actitud de Emma hacia Miss Bates durante la mayor parte de la historia es crítica y, en ocasiones, cruel. Emma es consciente de que debería corregir su actitud, tanto por motivos personales como sociales. Al pertenecer a una de las familias más relevantes de Highbury, su obligación es ayudar a los necesitados. Sin embargo, esta tarea le resulta demasiado costosa y con frecuencia incumple sus obligaciones.

She knew she was considered by the very few who presumed ever to see imperfection in her, as rather negligent in that respect, and as not contributing what she ought to the stock of their scanty comforts. She had had many a hint from Mr. Knightley and some from her own heart, as to her deficiency–but none were equal to counteract the persuasion of its being very disagreeable. (135).

Mr. Knightley, sin embargo, siempre está dispuesto a ayudar a las Bateses y su trato con Miss Bates es siempre paciente, atento y educado. En diferentes momentos de la novela el narrador muestra ejemplos concretos de esta actitud generosa y cordial. Emma, aunque incapaz de imitarle, no duda en alabar el comportamiento de Mr. Knightley. Por ejemplo, cuando Mrs. Weston sugiere que Mr. Knightley utilizó su carruaje para ir a la fiesta de los Cole, con la única intención de ponerlo a disposición de las Bateses, Emma contesta: “I know no man more likely than Mr. Knightley to do the sort of thing” (198). Y, más adelante, también en respuesta a una sugerencia de su antigua institutriz, Emma añade: “He has a great regard for the Bateses, you know, independent of Jane Fairfax– and is always glad to shew them attention.” (199).

Miss Bates no es tan solo un instrumento para contrastar la actitud de Emma y la de Mr. Knightley, sino también un punto de conflicto entre ambos protagonistas. En una cita anterior se dijo que Emma “had had many a hint from Mr. Knightley (…) as to her deficiency”. (135). Mr. Knightley es la única persona capaz de corregir a Emma por su actitud incorrecta. Son varias las intervenciones de este tipo que encontramos en la novela pero, sin duda, la más significativa es la que tiene lugar durante la excursión a Box Hill, en la que Emma ridiculiza cruelmente a Miss Bates. Esta escena, que ha sido comentada en una gran cantidad de estudios sobre Emma (Sabor 2015), es un momento crítico en la evolución de la heroína y, en ella, además del conflicto entre Mr. Knightley y Emma, podemos apreciar el contraste entre Miss Bates y Emma, y también el contraste entre la actitud hacia Miss Bates de ambos protagonistas.

Para apreciar el contraste entre Emma y Miss Bates, nos serviremos del desahogo de la heroína tras su primera conversación con Mrs. Elton. En esta conversación, Emma se siente ofendida por la actitud condescendiente de su interlocutora, que en vez de tratarla con la deferencia que esperaba, se sitúa a su mismo nivel social o incluso algo más elevada. Al terminar ese encuentro, Emma exclama: “’Insufferable woman!’ was her immediate exclamation. ‘Worse than I had supposed.  Absolutely insufferable’” (247). Sin embargo, durante la mencionada excursión a Box Hill, Miss Bates, tras recibir una ofensa mucho mayor por parte de Emma, se culpa a sí misma por lo ocurrido: “Ah!–well–to be sure.  Yes, I see what she means, (turning to Mr. Knightley,) and I will try to hold my tongue. I must make myself very disagreeable, or she would not have said such a thing to an old friend.” (332).

Algunos párrafos más adelante, el narrador muestra una escena en la que Emma y Mr. Knightley se encuentran a solas y el caballero recrimina con fortaleza el comportamiento de la joven. En esta escena, como dijimos, a través de la actitud de ambos hacia Miss Bates, el narrador nos ofrece un claro contraste de ambos personajes y, a la vez, un punto de conflicto que será definitivo para la evolución de la trama.

Resultado de imagen de badly done emma“Were she prosperous, I could allow much for the occasional prevalence of the ridiculous over the good.  Were she a woman of fortune, I would leave every harmless absurdity to take its chance, I would not quarrel with you for any liberties of manner.  Were she your equal in situation– but, Emma, consider how far this is from being the case. She is poor; she has sunk from the comforts she was born to; and, if she live to old age, must probably sink more. Her situation should secure your compassion. It was badly done, indeed!” (336).

Por medio de estas palabras, Mr. Knightley no solo recrimina la actitud de Emma, sino que muestra el contraste entre ella y Miss Bates. Miss Bates pertenece a la misma clase social que Emma y debería de gozar de una posición, no tan privilegiada como la de Emma, pero sí cómoda. Sin embargo, tras la muerte de su padre, tanto Miss Bates como su madre se vieron privadas de sus comodidades y, año tras año, su situación se ha ido complicando por la falta de recursos. La situación de Miss Bates y de Emma podría haber sido similar, sin embargo, las circunstancias provocaron que una gozara de una posición de privilegio mientras la otra se hundía socialmente. Por esta razón, concluye Mr. Knightley, Emma debería tener una especial compasión hacia Miss Bates, ya que Emma debería comprender mejor que nadie el sufrimiento de esta mujer, que carece de todo aquello de lo que goza la joven.

Resultado de imagen de badly done emmaLas palabras de Miss Bates logran que Emma se enfrente a la realidad y reconozca la crueldad de su actitud: “The truth of this representation there was no denying. She felt it at her heart. How could she have been so brutal, so cruel to Miss Bates!” (337). Este autodescubrimiento marca un punto de inflexión en el proceso evolutivo de Emma que, por fin, es consciente de sus equivocaciones. Anteriormente se dijo que Emma se consideraba superior a Miss Bates gracias a su situación económica. Sin embargo, después de la reprensión de Mr. Knightley, Emma se da cuenta de que su posición social y su situación económica no bastan para hacerla una buena persona. Este descubrimiento tiene como consecuencia un cambio de actitud de Emma que se esfuerza por reparar su ofensa a Miss Bates y corregir su comportamiento hacia ella y hacia las demás personas. El contraste entre su actitud y la de Miss Bates lleva a Emma a reconocer sus errores y por esta razón le resultan dolorosos los elogios de Miss Bates, que le recuerdan sus errores del pasado.

“So very kind!” replied Miss Bates.  “But you are always kind.”

There was no bearing such an “always” (340).

Durante los siguientes capítulos, el narrador muestra la evolución de Emma que termina la historia reconociendo sus errores y juzgándose sin excusas. La respuesta de Emma a Mr. Knightley cuando este se sorprende al ver su cambio de actitud respecto al compromiso de Harriet con Robert Martin, pueden servir como resumen de la evolución del personaje de Emma.

“You are materially changed since we talked on this subject before.”

“I hope so–for at that time I was a fool.” (425)

El proceso de evolución de Emma se centra en su carácter, puesto que es lo único defectuoso de la joven. Al principio de la historia, como vimos, el narrador afirmó que Emma era guapa, inteligente y rica, por lo que el crecimiento del personaje debía centrarse en las cualidades que no dependían de la naturaleza ni de la posición social. En el caso de Miss Bates sucede lo contrario. Como personaje, sigue siendo el mismo, ya que su carácter no varía, pero es previsible que su situación económica mejorará tras el matrimonio de su sobrina Jane con Frank Churchill.

  1. Conclusiones

En el apartado 2 de este artículo, se habló de la figura de la solterona en las novelas de Austen y de las limitaciones sociales a las que estaban sujetas las mujeres solteras durante la época de la autora. Por medio del personaje de Miss Bates, Austen ofrece un retrato realista de la situación de precariedad que tuvieron que sufrir algunas mujeres de su época, que dependían completamente de la asistencia de otras personas para poder subsistir. Esta situación resultaba cercana para la autora que, del mismo modo que Miss Bates, era la hija de un clérigo y vio decrecer sus ingresos tras la muerte de su padre, aunque siempre contó con la ayuda económica de sus hermanos.

Según lo explicado en el apartado 3, podemos afirmar que Miss Bates es un personaje plano, ya que no evoluciona a lo largo de la historia ni sorprende de un modo convincente a los lectores. Sin embargo, el hecho de que pueda ser catalogado como un personaje plano no significa que desempeñe un papel secundario. Tal y como se ha mostrado en el punto anterior, el papel de Miss Bates es muy relevante en la novela, ya que la autora establece un contraste continuo entre ella y la protagonista. Miss Bates no solo es crucial para la evolución de Emma sino que, de hecho, es necesaria para comprender en su totalidad a la heroína y para captar la temática principal de la trama.

Austen utiliza el personaje de Miss Bates para mostrar el predeterminismo socioeconómico de su época y la superioridad de los valores personales respecto a las cualidades innatas y a la posición social y económica.

Resultado de imagen de badly done emmaAl contrastar la historia de Emma con la de Miss Bates, Austen nos muestra hasta qué punto las circunstancias socioeconómicas podían limitar la existencia de una mujer. Mientras que Emma goza de una posición de privilegio y no teme por su futuro, Miss Bates, que también nació en el seno de una familia perteneciente a la gentry, depende de unos recursos cada vez más escasos y de la compasión de sus vecinos. Ninguna de las dos ha hecho nada para merecer su destino. Sin embargo, mientras una goza de lujos y comodidades, la otra está abocada a una pobreza cada vez mayor, sin poder hacer nada para evitarlo.

A través del contraste de Emma con Miss Bates, Austen también pone de manifiesto la superioridad de aquello que podemos cambiar respecto a lo que nos viene dado. Como se vio en el punto anterior, las cualidades de Emma al principio de la historia son su belleza, su inteligencia y su riqueza. Todas ellas recibidas en el momento de su nacimiento sin intervención suya. Sin embargo, en aquello en lo que ella puede intervenir, es decir, en su carácter y en su actitud, Emma tiene claras deficiencias. El caso de Miss Bates es casi el opuesto, sus cualidades innatas son escasas, pero su carácter y actitud, aunque no son perfectas, le granjean el afecto y la comprensión de sus vecinos. Por esta razón, a lo largo de la historia, el personaje que evoluciona es el de Emma, que es quien necesita cambiar. Y esta evolución la lleva a acercarse al personaje de Miss Bates, que ha seguido una trayectoria uniforme a lo largo de toda la historia.

 

Por Miguel Ángel Jordán

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

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Sabor, Peter, editor. The Cambridge Companion to ‘Emma’. Cambridge University Press, 2015.

Jane Austen Corner en MM Concepcionistas de Barcelona

El pasado trimestre, los alumnos y alumnas de 1º de Bachiller del colegio MM Concepcionistas de Barcelona, leyeron Orgullo y Prejuicio, vieron la película (2005) y, finalmente, estudiaron con más profundidad la Inglaterra de finales del siglo XVIII y principios del XIX. Orgullo y Prejuicio es un retrato de la sociedad de aquellos días: fuertes diferencias entre las clases sociales, la presión sobre las mujeres para que contrajeran matrimonio, las dificultades financieras… y Jane Austen tuvo la habilidad de transmitir todo eso con la mayor sutileza.

Los estudiantes tuvieron la oportunidad de escoger entre una variedad de temas y formatos: un diario, cartas, invitaciones a bodas… Pero siembre desde la perspectiva de uno de los personajes.

Y el resultado final ha sido el increíble Jane Austen Corner


Last term the 1st Bachillerato students of the school MM Concepcionistas in Barcelona read Pride and Prejudice, watched the film (2005) and finally studied more deeply about England during the late 18th and early 19th centuries. Pride and Prejudice is a picture of how society was in those days: hard differences among social classes, the pressure for women of being married, the financial difficulties… and Jane Austen had the ability to transmit all that with the best subtlety ever.

The students have had the opportunity to choose among different topics and formats such as a diary page, letters, wedding invitations… but  always from the perspective of one of the characters.

 The final result has been the amazing Jane Austen Corner.

Por Manmen Rodríguez

¿Cumple Jane Austen el test de Bechdel?

Las más fervientes admiradoras de Jane Austen defienden a la autora como una autora, si no feminista, al menos protofeminista (un debate que ya expusimos en este blog). Así que, por curiosidad y puro afán investigador, veamos en esta entrada… ¿pasa Jane Austen el test de Bechdel?

El test de Bechdel, o test the Bechdel/Wallace, fue propuesto por primera vez en 1985 por Allison Bechdel, dibujante de tiras cómicas, quien atribuyó la idea a su amiga Liz Wallace. En su tira cómica Dykes to Watch Out For, dos mujeres hablaban sobre sus estándares para ir a ver una película, basándose en la presencia e importancia de sus personajes femeninos. Aquí puede verse el cómic original:

BechdelRule.jpg

Hoy en día, tras ganar mucha popularidad este test durante los 00 y ser adoptado por la crítica feminista, e inspirado numerosos test para medir diferentes factores de los personajes y el argumento de las películas, se dice de una película que pasa el test de Bechdel si:

  1. Tiene al menos dos personajes femeninos (que tengan nombre).
  2. Ambos personajes mantienen una conversación entre ellos
  3. La conversación no gira en torno a un hombre.

Se puede perdonar, en mi opinión, que grandes éxitos de Hollywood que atraen a masas al cine no cumplan el test de Bechdel, cuando se trata, por ejemplo, de películas en torno a un personaje masculino concreto, como muchas películas de superhéroes, situaciones o personajes históricos, etc. Tal vez sea también algo perdonable en el caso de comedias románticas, que pretenden reírse de situaciones en un contexto, obviamente, romántico. No todo es blanco o negro. No obstante, algunas otras películas fracasan estrepitosamente al no incluir personajes femeninos que tengan mayores preocupaciones que otros hombres, incluir otros que no tengan ningun tipo de relevancia en el argumento, cuyos personajes femeninos son competentes e inteligentes, pero sólo puedan dirigirse a hombres por ser únicamente varones los personajes competentes a su alrededor, o sencillamente, no incluir personajes femeninos en absoluto.

Algunas películas famosas que no cumplen el test de Bechdel, (algunas de ellas incluso a pesar de tener personajes femeninos complejos o un argumento en torno a un personaje femenino), son por ejemplo Harry Potter y el Cáliz de Fuego, Avatar, La Princesa Prometida, X-Men, la saga de Piratas del Caribe, Lara Croft: Tomb Raider, Los Miserables…

Vayamos ahora a por Jane Austen: ¿lo cumple?

  • Northanger Abbey: Dos personajes femeninos, Catherine Morland e Isabella Thorpe, hablan sobre novelas. APROBADO.
  • Sentido y Sensibilidad: Elinor y Marianne Dashwood hablan sobre familiares, incluidos hombres y mujeres, y sobre los sentimientos de cada una de ellas y su represión. Queda en el límite, pues sus sentimientos son causados por hombres.
  • Orgullo y Prejuicio: Elizabeth Bennet y Lady Catherine de Bourgh hablan sobre la educación recibida por ella y sus hermanas. APROBADO.
  • Emma: Emma mantiene una conversación con Jane Fairfax, preguntándole si se encuentra bien, a lo que ella responde que está cansada. Emma no lo sabe, pero Jane está hablando de sus problemas con Frank… creemos que… SUSPENDIDO.
  • Mansfield Park: Fanny apenas mantiene una conversación realmente completa entre ellas dos. SUSPENDIDO.
  • Persuasión: Anne habla muy poco como para mantener una conversación larga con nadie, y desde luego los otros personajes femeninos apenas la dejan habar. SUSPENDIDO.

Tres de seis. ¡No está mal para una escritora del siglo XIX! ¿Se les ocurre algún momento que salve a las tres últimas? ¿Opinan que Emma debería aprobar?

Por Elena Truan.

Presidenta de JASES

Problemas del primer mundo: ¿tan triviales eran las preocupaciones de las heroínas Austen?

 

En muchas ocasiones, se ha hablado muy ligeramente de las novelas de Jane Austen como obras plagadas de personajes superficiales, con problemas mundanos y de poca importancia. En las novelas de Jane Austen no se habla de las guerras napoleónicas que asolaban Europa en el momento; se atisba apenas la cuestión de la esclavitud colonial en Mansfield Park; y no se encuentra ninguna alusión a la reciente publicación de Vindication of the Rights of Women por Mary Wollstonecraft, revindicando los derechos de las mujeres de manera firme y contundente.

Charlotte Brontë describió la prosa de Austen como “un jardín vallado y cultivado, con bordes limpios y flores delicadas”, en alusión a la falta, según ella, de pasión y poesía. Es cierto que Austen no era ni agresiva ni contundente, pero no por ello menos profunda. No obstante, sin conflicto no hay historia, y Austen se centró en numerosos conflictos. La diferencia entre Austen y Brontë es clara. Mientras que ésta se volcaba en la pasión de los sentimientos humanos y no tenía miedo a hacer que sus personajes los desatasen, Austen se centraba, en una doble ironía, en la represión de los mismos, y en los modales que los ordenaban como flores en un jardín vallado. Se ignora si a Charlotte Brontë realmente le disgustaba el estilo de Austen a pesar de entender este nivel de profundidad a la perfección, o si al leerla se le escapó este significado.

Era precisamente esta represión lo que Jane Austen veía como un problema. Detengámonos a analizar por un momento la clase de problemas a los que se enfrentan los personajes de sus novelas. Todas ellas se enfrentan a la necesidad de un matrimonio. ¡Casarse! La sociedad tradicionalmente asume que es el deseo de toda mujer casarse respondiendo la frívola idea del amor romántico y la posición superior que otorga tener a alguien que la ama ante las otras mujeres Pero de ese tipo de competición hablaremos otro día. Centrémonos en las consecuencias que acarrearía el no casarse:

  • Elizabeth Bennet: Pérdida de su casa, imposibilidad de conservar bienes, y como consecuencia posible separación forzosa de sus hermanas, además de pobreza inmediata.
  • Fanny Price: Ser una carga por la compasión de sus primos, sentir la obligación de dar un servicio a cambio de dicha compasión, dependencia total a una familia que la desprecia.
  • Elinor y Marianne Dashwood: Ya en el libro encuentran la consecuencia de no estar casadas al morir su padre. Desahucio, disminución considerable de dinero y recursos, pérdida de bienes, y en el caso de Marianne al ser burlada por Willoughby, riesgo de la pérdida de la reputación y por tanto de exclusión social absoluta.
  • Anne Elliot: Ya se enfrenta al desprecio y infravaloración de miembros de su familia, y la razón de su infelicidad se debe a no haberse atrevido a casarse con alguien por no ser el adecuado.
  • Catherine Morland: Northanger Abbey es el más ligero al no tener Catherine falta de pretendientes y solo arriesgarse a perder el amor de quien ella quiere, pero nada más, al ser muy joven y no perder su reputación. No obstante, al tener muchos hermanos, Catherine es enviada a Bath por la acuciante necesidad que tendría de encontrar marido, dado que sería imposible mantener a todos los hermanos y hermanas si no se casan.
  • Emma: En su caso, Emma no necesita el matrimonio, pero el personaje de la señora Bates, cuyo carácter la espanta más que su pobreza, persigue a Emma como un recuerdo de lo infeliz y poco afortunada que podría haber sido si no hubiera sido una rica y única heredera. Vemos, no obstante, la necesidad de Jane Fairfax de encontrar una posición cuanto antes por necesitar ganarse la vida al no estar casada, en un mundo con apenas opciones de profesión para mujeres.

Es importante tener en cuenta el contexto de estas novelas, en el que el matrimonio no es un asunto tan frívolo y ligero como nos pudiera parecer ahora, y en el que no se trata sólo de encontrar el amor. Encontrar un pretendiente era el equivalente a encontrar ahora un trabajo: a veces se presenta una lucrativa oportunidad que no nos gusta en exceso, y hay que decidir si escogerla o arriesgarse y esperar a otra oportunidad. En ocasiones, el trabajo que más feliz nos hace no es el más lucrativo, y cualquier elección puede salir bien o mal y acarrear consecuencias (lo que genera la competición de la que hablaremos en el futuro, como prometí).

Lo que más agrava las circunstancias, que es lo que la ironía de Austen nos resalta en los modales pulidos hasta un nivel incómodo, exagerado, y en ocasiones muy divertido, es la imposibilidad de expresar en palabras ninguna de estas angustias, sino de mantener la cabeza alta, la sonrisa intacta, y los modales en perfecto estado: y jugar tus cartas con dichas reglas, esperando encontrar tu lugar en la vida.

¿Problemas del primer mundo? Tal vez. Pero ni mucho menos tan ligeros e irrelevantes como creemos.

Por Elena Truan.

Presidente de JASES.

P.D: Además durante todo este proceso no había antibióticos así que podías morirte si te pillaba un chaparrón en el campo. Lo que, por otro lado, podía haber sido una vía de escape a un mal matrimonio.

 

‘Austen Goes Viral: from Oblivion to Fame’ Study Day en Salamanca

El lunes 17 de diciembre de 2018, fecha elegida por su proximidad al cumpleaños de Jane Austen el 16 de diciembre, tuvo lugar en la Universidad de Salamanca el evento ‘Austen Goes Viral’.
El evento fue organizado por el Departamento de Estudios de Inglés de la universidad, el máster en Estudios Avanzados de Inglés y el GIR Escritoras y personajes femeninos en la literatura, todo ello en estrecha colaboración con la Jane Austen Society España. Consistió en un ciclo de conferencias y trabajos de postgrado, y tuvo lugar en uno de los edificios de la universidad, el aula Juan del Enzina, en pleno centro de la ciudad, en una de las universidades más antiguas del mundo. Se registraron al menos 60 asistentes.

El evento se abrió con la Dra. Miriam Borham, de la Universidad de Salamanca, cuya conferencia Jane’s Fame and the Sisterhood of Women Writers fue la primera del día.

Los trabajos de postgrado, presentados por las doctoras Laura Requena y Lidia Cuadrado y la estudiante de máster Lucía López, ofrecieron brillantes perspectivas para el futuro de la investigación de Jane Austen, y proporcionaron un contexto profundo sobre la recepción de las obras de Jane Austen a lo largo de los siglos XIX, XX y XXI, incluyendo un análisis divertido e interesante de las adaptaciones audiovisuales y transmedia.

El Dr. Miguel Ángel Jordán (Universidad de Valencia), vicepresidente de la Jane Austen Society Spain, ofreció la segunda conferencia principal, ¿Lectura, interpretación, o piratería? Un acercamiento a las adaptaciones audiovisuales de las novelas de Austen.

Finalmente, la segunda parte de la jornada dio un giro a la habitual conferencia de Austen con la asistencia del Dr. Daniel Escandell-Montiel, (Universidad de Manchester) y su conferencia Austen 2.0: Ciberperformance e identidad a partir de la autoría literaria, una emocionante entrevista con la directora de cine Rajshree Ojha, cuya Aisha (2010) se basó en Emma de Austen, una proyección de la adaptación de Orgullo y Prejuicio, Bodas y Prejuicios, (Guninder Chadha, 2004) y la conferencia de clausura del Dr. Jorge Diego Sánchez, Transnational narratives: Austen en la India. An epilogue.
En definitiva, un acontecimiento digno de una institución como la Universidad de Salamanca, que creó una comunidad sólida y productiva de devotos y académicos austeníes.

Por Elena Truan Aguirre.
Presidente de Jane Austen Society España

 

EMMA: UN HERMOSO RETRATO DE IMPERFECCIÓN

A continuación os ofrecemos un artículo publicado recientemente en el Advance Research Journal of Multidisciplinary Discoveries, en el que se analiza la belleza de la imperfección, a través del personaje de Emma Woodhouse.

Podéis encontrar el artículo original en el siguiente enlace:

http://www.journalresearchijf.com/wp-content/uploads/Emma-by-Jane-Austen-A-Beautiful-Picture-of-Imperfection-PP-24-31.pdf

 

Introducción

“Pictures of perfection as you know make me sick and wicked.” (Austen, Letters, 208). De este modo se dirigía Jane Austen a su sobrina Fanny Knight el 23 de marzo de 1817. En una carta anterior, la joven le había transmitido a su tía las opiniones que Mr. Wildman, su pretendiente, había expresado sobre una de las novelas de Austen, sin saber que ella era la autora. El joven caballero había manifestado sus reparos al encontrar algunos defectos en la heroína y en otros personajes, y Fanny Knight le había relatado esta conversación a su tía para ver cuál era su respuesta. En la carta ya citada, Austen reprende cariñosamente a su sobrina por haber actuado de ese modo, mostrando su compasión y simpatía por el joven caballero, que sin duda se sentiría incómodo al descubrir la verdad. Austen también afirma que Mr. Wildman y ella nunca podrían estar de acuerdo en lo referente a las novelas y a las heroínas, ya que ella no soportaba esas obras en las que las protagonistas son un retrato de perfección, completamente alejado de la realidad.

Todas las obras de Austen están protagonizadas por jóvenes damas dotadas con grandes cualidades, pero también con defectos. Las heroínas de esta autora no pueden en ningún caso ser calificadas como retratos de perfección, ya que a lo largo de cada una de sus novelas, se muestran diferentes pasajes en las que sus debilidades se ponen de manifiesto. Sin embargo, esto no impide que los lectores de dichas obras se sientan atraídos por la personalidad que la autora ha conferido a cada una de sus protagonistas. De hecho, es posible que estas heroínas sean aún más atractivas precisamente por su condición imperfecta, ya que esto las vuelve más cercanas y asequibles.

En el presente artículo, nos proponemos estudiar la relación entre imperfección y belleza en una obra literaria, centrándonos de un modo especial en el papel de la protagonista. Para este propósito, nos parece que la heroína más adecuada es Emma Woodhouse, protagonista de la novela Emma, puesto que se trata de un personaje evidentemente imperfecto.

A continuación, ofreceremos una aproximación al concepto de belleza y a los diferentes intentos de definirlo. Posteriormente se explicarán con brevedad algunas corrientes estéticas relacionadas con la belleza de la imperfección. Este marco teórico nos servirá de referencia a la hora de llevar a cabo nuestro análisis, en el que se analizarán las estrategias utilizadas por Austen para mostrar la belleza de un personaje imperfecto.

Algunas aproximaciones al concepto de belleza

En este apartado, ofreceremos un breve elenco de definiciones y aproximaciones al concepto de belleza. No es nuestro objetivo profundizar en este tema, sino tan solo crear un marco referencial para los siguientes apartados, en los que se estudiarán diferentes aspectos relacionados con este concepto.

Según el poeta y filósofo francés, Paul Valèry (1894), la belleza posee rasgos que la hacen indescriptible e inefable. No es una realidad física que pueda ser medida y analizada, ni tampoco es un concepto unívoco y limitado, que podamos explicar y definir por completo. Esta dificultad a la hora de definir la belleza ha estado presente a lo largo de la historia, sin embargo, desde el punto de vista de Platón (Giovanni 2005), esto no implica que se trate de una realidad meramente subjetiva o cambiante. Los que así la califican, atendiendo a la caducidad de los elementos que en el pasado eran considerados bellos, lo hacen movidos por el error de fijarse en algunas manifestaciones concretas de la belleza, pero no en la belleza en sí, que es una realidad inmutable. La belleza que podemos encontrar en el mundo sensible tiene su origen en la Idea de Belleza, que es la causa de que las cosas nos parezcan bellas al participar en mayor o menor medida de sus características.

Santayana (1896), en un intento de unificar diferentes distinciones y aproximaciones, define la belleza como “pleasure regarded as the quality of a thing” (33) y explica que la belleza es un valor, no una percepción aislada, sino una emoción de nuestra naturaleza afectiva y volitiva, por lo que ha de resultar necesariamente atractiva, ya que algo bello que no le interesara a nadie, sería una contradicción en sí mismo. Santayana también destaca que se trata de un valor positivo. Es la presencia de algo bueno, o la ausencia de algo malo.

En su artículo “An argument about beauty”, Sontag (2005) realiza un recorrido por diferentes definiciones y comentarios sobre la belleza, y afirma que en ocasiones estos intentos o bien se han limitado a unir la belleza al objeto que la posee, o a describir alguna de sus características, o a definirla de un modo excesivamente general, como ha ocurrido al identificarla con la armonía. Sontag añade que ante la imposibilidad de ofrecer una definición adecuada, se optó por apelar a una capacidad de apreciarla en las artes. Esta capacidad, que denominamos “buen gusto”, es la que detecta el valor en las obras de arte y permite elaborar un canon de aquellas obras que merecen ser alabadas, ya que en el arte, a diferencia de en el mundo real, la belleza no es evidente.

El problema de la belleza, según Underwood (2016), es que al estar presente en diversas facetas de nuestro día a día, con facilidad se banaliza y se da pie a la subjetividad. Sin embargo, esto no impide que la percibamos como algo profundo, que escapa a nuestro entendimiento y que, de algún modo, nos ayuda a conocernos como personas.

Como hemos visto en los párrafos anteriores, es más sencillo percibir la belleza que definirla, pero, con la finalidad de aportar una explicación que nos sirva como referencia más adelante, concluiremos este apartado ofreciendo una definición que resume los distintos matices de las definiciones que hemos hallado en diferentes diccionarios. Bello es aquello que por sus cualidades resulta agradable a la vista, o al oído y por extensión al espíritu o al intelecto. Puesto que el concepto de belleza se aplica a realidades muy diversas, esta definición podrá adaptarse al caso concreto, ya sea la belleza física, artística, moral, etc, de modo que se puedan analizar con más detalle las características que propician que esa realidad complazca al que la percibe.

La belleza de lo imperfecto

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Por Miguel Ángel Jordán

Nuevo sello editorial dedicado a Jane Austen

La Jane Austen Society en España es una entidad joven y, por eso mismo, muy dinámica. Impulsados por el entusiasmo de nuestros socios y seguidores, no dudamos en lanzarnos a por nuevos objetivos. Es cierto que en los menos de tres años que han pasado desde la fundación de JASES hemos celebrado varios Study Days (el próximo la semana que viene en Salamanca), hemos creado y asesorado a diversos clubes de lectura (este viernes arranca uno en Córdoba), hemos tenido una presencia activa en las redes sociales, distintos medios se han hecho eco de nuestras actividades, hemos entablado relaciones con “societies” del otro lado del charco, etc, etc, etc. Sí, hemos hecho muchas cosas, y queremos hacer muchísimas más, a ser posible, con vuestra ayuda 😉

Uno de los proyectos que nos propusimos para este nuevo curso académico fue crear nuestro propio sello editorial. Como sabéis, el objetivo principal de JASES es fomentar el conocimiento de las obras de Jane Austen y los estudios sobre esta autora y sus novelas. ¿Y qué mejor manera de lograrlo que creando una editorial que publique este tipo de trabajos?

Ese era nuestro proyecto, y ya es una realidad. El pásado 29 de noviembre vio la luz nuestra primera publicación: “Jane Austen, maestra de escritura”, escrita por Miguel Ángel Jordán, vicepresidente de JASES. Se trata de un análisis del estilo literario de Austen, basado en gran parte en los consejos de escritura que esta autora le dio a su sobrina Anna, tras leer el manuscrito que la joven estaba escribiendo.

Título: Jane Austen, maestra de escritura

Autor: Miguel Ángel Jordán

Idioma: castellano

Fecha de publicación: 30 de noviembre de 2018

Número de páginas: 236

ISBN: 978-8409072378

Precio: tapa blanda 9,63 € / digital 3,10 €

Enlaces de venta: Digital  Tapa blanda

Esta ha sido nuestra primera publicación y confiamos en que pronto le seguirán muchas. Tenemos grandes proyectos, entre ellos una nueva edición de las novelas de Jane Austen, con una traducción actualizada. Y, por supuesto, contamos con que haya mucha gente interesada en publicar con nosotros. Si ese es tu caso o el de alguien a quien conozcas, no dudes en ponerte en contacto con nosotros, escribiéndonos un correo electrónico a la dirección: info@janeaustensociety.es

Nuestro mundo aún puede aprender mucho de Jane Austen y nosotros queremos facilitar que esto ocurra. ¿Nos ayudas?