¿Cumple Jane Austen el test de Bechdel?

Las más fervientes admiradoras de Jane Austen defienden a la autora como una autora, si no feminista, al menos protofeminista (un debate que ya expusimos en este blog). Así que, por curiosidad y puro afán investigador, veamos en esta entrada… ¿pasa Jane Austen el test de Bechdel?

El test de Bechdel, o test the Bechdel/Wallace, fue propuesto por primera vez en 1985 por Allison Bechdel, dibujante de tiras cómicas, quien atribuyó la idea a su amiga Liz Wallace. En su tira cómica Dykes to Watch Out For, dos mujeres hablaban sobre sus estándares para ir a ver una película, basándose en la presencia e importancia de sus personajes femeninos. Aquí puede verse el cómic original:

BechdelRule.jpg

Hoy en día, tras ganar mucha popularidad este test durante los 00 y ser adoptado por la crítica feminista, e inspirado numerosos test para medir diferentes factores de los personajes y el argumento de las películas, se dice de una película que pasa el test de Bechdel si:

  1. Tiene al menos dos personajes femeninos (que tengan nombre).
  2. Ambos personajes mantienen una conversación entre ellos
  3. La conversación no gira en torno a un hombre.

Se puede perdonar, en mi opinión, que grandes éxitos de Hollywood que atraen a masas al cine no cumplan el test de Bechdel, cuando se trata, por ejemplo, de películas en torno a un personaje masculino concreto, como muchas películas de superhéroes, situaciones o personajes históricos, etc. Tal vez sea también algo perdonable en el caso de comedias románticas, que pretenden reírse de situaciones en un contexto, obviamente, romántico. No todo es blanco o negro. No obstante, algunas otras películas fracasan estrepitosamente al no incluir personajes femeninos que tengan mayores preocupaciones que otros hombres, incluir otros que no tengan ningun tipo de relevancia en el argumento, cuyos personajes femeninos son competentes e inteligentes, pero sólo puedan dirigirse a hombres por ser únicamente varones los personajes competentes a su alrededor, o sencillamente, no incluir personajes femeninos en absoluto.

Algunas películas famosas que no cumplen el test de Bechdel, (algunas de ellas incluso a pesar de tener personajes femeninos complejos o un argumento en torno a un personaje femenino), son por ejemplo Harry Potter y el Cáliz de Fuego, Avatar, La Princesa Prometida, X-Men, la saga de Piratas del Caribe, Lara Croft: Tomb Raider, Los Miserables…

Vayamos ahora a por Jane Austen: ¿lo cumple?

  • Northanger Abbey: Dos personajes femeninos, Catherine Morland e Isabella Thorpe, hablan sobre novelas. APROBADO.
  • Sentido y Sensibilidad: Elinor y Marianne Dashwood hablan sobre familiares, incluidos hombres y mujeres, y sobre los sentimientos de cada una de ellas y su represión. Queda en el límite, pues sus sentimientos son causados por hombres.
  • Orgullo y Prejuicio: Elizabeth Bennet y Lady Catherine de Bourgh hablan sobre la educación recibida por ella y sus hermanas. APROBADO.
  • Emma: Emma mantiene una conversación con Jane Fairfax, preguntándole si se encuentra bien, a lo que ella responde que está cansada. Emma no lo sabe, pero Jane está hablando de sus problemas con Frank… creemos que… SUSPENDIDO.
  • Mansfield Park: Fanny apenas mantiene una conversación realmente completa entre ellas dos. SUSPENDIDO.
  • Persuasión: Anne habla muy poco como para mantener una conversación larga con nadie, y desde luego los otros personajes femeninos apenas la dejan habar. SUSPENDIDO.

Tres de seis. ¡No está mal para una escritora del siglo XIX! ¿Se les ocurre algún momento que salve a las tres últimas? ¿Opinan que Emma debería aprobar?

Por Elena Truan.

Presidenta de JASES

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Problemas del primer mundo: ¿tan triviales eran las preocupaciones de las heroínas Austen?

 

En muchas ocasiones, se ha hablado muy ligeramente de las novelas de Jane Austen como obras plagadas de personajes superficiales, con problemas mundanos y de poca importancia. En las novelas de Jane Austen no se habla de las guerras napoleónicas que asolaban Europa en el momento; se atisba apenas la cuestión de la esclavitud colonial en Mansfield Park; y no se encuentra ninguna alusión a la reciente publicación de Vindication of the Rights of Women por Mary Wollstonecraft, revindicando los derechos de las mujeres de manera firme y contundente.

Charlotte Brontë describió la prosa de Austen como “un jardín vallado y cultivado, con bordes limpios y flores delicadas”, en alusión a la falta, según ella, de pasión y poesía. Es cierto que Austen no era ni agresiva ni contundente, pero no por ello menos profunda. No obstante, sin conflicto no hay historia, y Austen se centró en numerosos conflictos. La diferencia entre Austen y Brontë es clara. Mientras que ésta se volcaba en la pasión de los sentimientos humanos y no tenía miedo a hacer que sus personajes los desatasen, Austen se centraba, en una doble ironía, en la represión de los mismos, y en los modales que los ordenaban como flores en un jardín vallado. Se ignora si a Charlotte Brontë realmente le disgustaba el estilo de Austen a pesar de entender este nivel de profundidad a la perfección, o si al leerla se le escapó este significado.

Era precisamente esta represión lo que Jane Austen veía como un problema. Detengámonos a analizar por un momento la clase de problemas a los que se enfrentan los personajes de sus novelas. Todas ellas se enfrentan a la necesidad de un matrimonio. ¡Casarse! La sociedad tradicionalmente asume que es el deseo de toda mujer casarse respondiendo la frívola idea del amor romántico y la posición superior que otorga tener a alguien que la ama ante las otras mujeres Pero de ese tipo de competición hablaremos otro día. Centrémonos en las consecuencias que acarrearía el no casarse:

  • Elizabeth Bennet: Pérdida de su casa, imposibilidad de conservar bienes, y como consecuencia posible separación forzosa de sus hermanas, además de pobreza inmediata.
  • Fanny Price: Ser una carga por la compasión de sus primos, sentir la obligación de dar un servicio a cambio de dicha compasión, dependencia total a una familia que la desprecia.
  • Elinor y Marianne Dashwood: Ya en el libro encuentran la consecuencia de no estar casadas al morir su padre. Desahucio, disminución considerable de dinero y recursos, pérdida de bienes, y en el caso de Marianne al ser burlada por Willoughby, riesgo de la pérdida de la reputación y por tanto de exclusión social absoluta.
  • Anne Elliot: Ya se enfrenta al desprecio y infravaloración de miembros de su familia, y la razón de su infelicidad se debe a no haberse atrevido a casarse con alguien por no ser el adecuado.
  • Catherine Morland: Northanger Abbey es el más ligero al no tener Catherine falta de pretendientes y solo arriesgarse a perder el amor de quien ella quiere, pero nada más, al ser muy joven y no perder su reputación. No obstante, al tener muchos hermanos, Catherine es enviada a Bath por la acuciante necesidad que tendría de encontrar marido, dado que sería imposible mantener a todos los hermanos y hermanas si no se casan.
  • Emma: En su caso, Emma no necesita el matrimonio, pero el personaje de la señora Bates, cuyo carácter la espanta más que su pobreza, persigue a Emma como un recuerdo de lo infeliz y poco afortunada que podría haber sido si no hubiera sido una rica y única heredera. Vemos, no obstante, la necesidad de Jane Fairfax de encontrar una posición cuanto antes por necesitar ganarse la vida al no estar casada, en un mundo con apenas opciones de profesión para mujeres.

Es importante tener en cuenta el contexto de estas novelas, en el que el matrimonio no es un asunto tan frívolo y ligero como nos pudiera parecer ahora, y en el que no se trata sólo de encontrar el amor. Encontrar un pretendiente era el equivalente a encontrar ahora un trabajo: a veces se presenta una lucrativa oportunidad que no nos gusta en exceso, y hay que decidir si escogerla o arriesgarse y esperar a otra oportunidad. En ocasiones, el trabajo que más feliz nos hace no es el más lucrativo, y cualquier elección puede salir bien o mal y acarrear consecuencias (lo que genera la competición de la que hablaremos en el futuro, como prometí).

Lo que más agrava las circunstancias, que es lo que la ironía de Austen nos resalta en los modales pulidos hasta un nivel incómodo, exagerado, y en ocasiones muy divertido, es la imposibilidad de expresar en palabras ninguna de estas angustias, sino de mantener la cabeza alta, la sonrisa intacta, y los modales en perfecto estado: y jugar tus cartas con dichas reglas, esperando encontrar tu lugar en la vida.

¿Problemas del primer mundo? Tal vez. Pero ni mucho menos tan ligeros e irrelevantes como creemos.

Por Elena Truan.

Presidente de JASES.

P.D: Además durante todo este proceso no había antibióticos así que podías morirte si te pillaba un chaparrón en el campo. Lo que, por otro lado, podía haber sido una vía de escape a un mal matrimonio.

 

EMMA: UN HERMOSO RETRATO DE IMPERFECCIÓN

A continuación os ofrecemos un artículo publicado recientemente en el Advance Research Journal of Multidisciplinary Discoveries, en el que se analiza la belleza de la imperfección, a través del personaje de Emma Woodhouse.

Podéis encontrar el artículo original en el siguiente enlace:

http://www.journalresearchijf.com/wp-content/uploads/Emma-by-Jane-Austen-A-Beautiful-Picture-of-Imperfection-PP-24-31.pdf

 

Introducción

“Pictures of perfection as you know make me sick and wicked.” (Austen, Letters, 208). De este modo se dirigía Jane Austen a su sobrina Fanny Knight el 23 de marzo de 1817. En una carta anterior, la joven le había transmitido a su tía las opiniones que Mr. Wildman, su pretendiente, había expresado sobre una de las novelas de Austen, sin saber que ella era la autora. El joven caballero había manifestado sus reparos al encontrar algunos defectos en la heroína y en otros personajes, y Fanny Knight le había relatado esta conversación a su tía para ver cuál era su respuesta. En la carta ya citada, Austen reprende cariñosamente a su sobrina por haber actuado de ese modo, mostrando su compasión y simpatía por el joven caballero, que sin duda se sentiría incómodo al descubrir la verdad. Austen también afirma que Mr. Wildman y ella nunca podrían estar de acuerdo en lo referente a las novelas y a las heroínas, ya que ella no soportaba esas obras en las que las protagonistas son un retrato de perfección, completamente alejado de la realidad.

Todas las obras de Austen están protagonizadas por jóvenes damas dotadas con grandes cualidades, pero también con defectos. Las heroínas de esta autora no pueden en ningún caso ser calificadas como retratos de perfección, ya que a lo largo de cada una de sus novelas, se muestran diferentes pasajes en las que sus debilidades se ponen de manifiesto. Sin embargo, esto no impide que los lectores de dichas obras se sientan atraídos por la personalidad que la autora ha conferido a cada una de sus protagonistas. De hecho, es posible que estas heroínas sean aún más atractivas precisamente por su condición imperfecta, ya que esto las vuelve más cercanas y asequibles.

En el presente artículo, nos proponemos estudiar la relación entre imperfección y belleza en una obra literaria, centrándonos de un modo especial en el papel de la protagonista. Para este propósito, nos parece que la heroína más adecuada es Emma Woodhouse, protagonista de la novela Emma, puesto que se trata de un personaje evidentemente imperfecto.

A continuación, ofreceremos una aproximación al concepto de belleza y a los diferentes intentos de definirlo. Posteriormente se explicarán con brevedad algunas corrientes estéticas relacionadas con la belleza de la imperfección. Este marco teórico nos servirá de referencia a la hora de llevar a cabo nuestro análisis, en el que se analizarán las estrategias utilizadas por Austen para mostrar la belleza de un personaje imperfecto.

Algunas aproximaciones al concepto de belleza

En este apartado, ofreceremos un breve elenco de definiciones y aproximaciones al concepto de belleza. No es nuestro objetivo profundizar en este tema, sino tan solo crear un marco referencial para los siguientes apartados, en los que se estudiarán diferentes aspectos relacionados con este concepto.

Según el poeta y filósofo francés, Paul Valèry (1894), la belleza posee rasgos que la hacen indescriptible e inefable. No es una realidad física que pueda ser medida y analizada, ni tampoco es un concepto unívoco y limitado, que podamos explicar y definir por completo. Esta dificultad a la hora de definir la belleza ha estado presente a lo largo de la historia, sin embargo, desde el punto de vista de Platón (Giovanni 2005), esto no implica que se trate de una realidad meramente subjetiva o cambiante. Los que así la califican, atendiendo a la caducidad de los elementos que en el pasado eran considerados bellos, lo hacen movidos por el error de fijarse en algunas manifestaciones concretas de la belleza, pero no en la belleza en sí, que es una realidad inmutable. La belleza que podemos encontrar en el mundo sensible tiene su origen en la Idea de Belleza, que es la causa de que las cosas nos parezcan bellas al participar en mayor o menor medida de sus características.

Santayana (1896), en un intento de unificar diferentes distinciones y aproximaciones, define la belleza como “pleasure regarded as the quality of a thing” (33) y explica que la belleza es un valor, no una percepción aislada, sino una emoción de nuestra naturaleza afectiva y volitiva, por lo que ha de resultar necesariamente atractiva, ya que algo bello que no le interesara a nadie, sería una contradicción en sí mismo. Santayana también destaca que se trata de un valor positivo. Es la presencia de algo bueno, o la ausencia de algo malo.

En su artículo “An argument about beauty”, Sontag (2005) realiza un recorrido por diferentes definiciones y comentarios sobre la belleza, y afirma que en ocasiones estos intentos o bien se han limitado a unir la belleza al objeto que la posee, o a describir alguna de sus características, o a definirla de un modo excesivamente general, como ha ocurrido al identificarla con la armonía. Sontag añade que ante la imposibilidad de ofrecer una definición adecuada, se optó por apelar a una capacidad de apreciarla en las artes. Esta capacidad, que denominamos “buen gusto”, es la que detecta el valor en las obras de arte y permite elaborar un canon de aquellas obras que merecen ser alabadas, ya que en el arte, a diferencia de en el mundo real, la belleza no es evidente.

El problema de la belleza, según Underwood (2016), es que al estar presente en diversas facetas de nuestro día a día, con facilidad se banaliza y se da pie a la subjetividad. Sin embargo, esto no impide que la percibamos como algo profundo, que escapa a nuestro entendimiento y que, de algún modo, nos ayuda a conocernos como personas.

Como hemos visto en los párrafos anteriores, es más sencillo percibir la belleza que definirla, pero, con la finalidad de aportar una explicación que nos sirva como referencia más adelante, concluiremos este apartado ofreciendo una definición que resume los distintos matices de las definiciones que hemos hallado en diferentes diccionarios. Bello es aquello que por sus cualidades resulta agradable a la vista, o al oído y por extensión al espíritu o al intelecto. Puesto que el concepto de belleza se aplica a realidades muy diversas, esta definición podrá adaptarse al caso concreto, ya sea la belleza física, artística, moral, etc, de modo que se puedan analizar con más detalle las características que propician que esa realidad complazca al que la percibe.

La belleza de lo imperfecto

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Por Miguel Ángel Jordán

Emma Approved vuelve, ¡y no está sola!

Hace cinco años que Emma Approved, la adaptación de Emma a serie digital, encantó a miles de espectadores que venían de ver la primera y anterior producción de Pemberley Digital, The Lizzie Bennet Diaries. Muchos clamaban por una secuela, e incluso apostaban por el crossover tras la aparición estelar de Caroline Bingley como Mrs. Elton en Emma Approved, encajando los dos personajes de forma magistral. Mientras los puristas se llevan las manos a la cabeza y los espectadores más abiertos a interpretaciones que se desvían del canon ven los capítulos una y otra vez, Pemberley Digital ha preparado su siguiente proyecto austeniano.

Los más atentos de los seguidores de las series digitales habrán detectado que desde hace un tiempo las redes sociales de Emma Approved se reactivaban, con vagas noticias que hablaban sobre volver.

Según nos hemos acercado a Octubre, los posts se han vuelto más activos y han provocado la curiosidad con fragmentos del primer capítulo de la segunda etapa de Emma Approved. Algún comentario remarcaba que lo ideal sería que preparasen una nueva adaptación, pero no será necesario: el primer capítulo ya está en YouTube, y trae no una, sino DOS sorpresas para los fans de las secuelas, los crossovers, y las nuevas adaptaciones.

No queremos reventaros el capítulo, así que no diremos nombres: sólo que el nuevo caso de coaching para Emma se trata de un hombre que desea cambiar su vida tras decisiones que no le hicieron feliz, y que puede que ayude a Emma a superar un caso fracasado de una joven que se arrepintió de una boda… ¡Y que aparecerá por las oficinas de la empresa un personaje pomposamente entusiasmado por el trabajo!

Por desgracia, la nueva etapa de Emma Approved está sujeta a conseguir financiación. El plan actual de producción es solo a dos meses vista, según aseguran en su página de Patreon. Llevando la interactividad un paso más allá, han abierto una página de Patreon, un sistema colaborativo de mecenazgo de proyectos, indicando que los donantes serán considerados accionistas de la empresa de coaching de Emma, pudiendo tomar decisiones con respecto al rumbo de la empresa (incluido votar las preguntas que aparecerán en los Q&A) y acceder a contenidos especiales como vídeos de “detrás de las cámaras”. Actualmente cuentan con 382 accionistas, pero el objetivo para que la serie continúe tras dos meses es de 1000.

¡Puedes colaborar donando para Emma Approved aquí!

Y sin más dilación… Aquí tenéis el primer capítulo:

Por Elena Truan Aguirre.

Jornada ‘Del Papel a la Pantalla’ en la universidad CEU San Pablo

El sábado, 26 de mayo de 2018, tuvo lugar la jornada “Del Papel a la Pantalla”, una jornada con el objetivo de estudiar y debatir qué se gana y qué se pierde en la adaptación cinematográfica de Jane Austen. El evento estuvo co-organizado

 

por Jane Austen Society España y Código Cine, revista de análisis de cine y series de TV, y también con el apoyo de la Universidad CEU San Pablo.

Presentada y moderada por Elena Truan Aguirre, presidenta y fundadora de la Jane Austen Society España, la jornada fue inmensamente productiva y se tocaron muchos temas de interés dentro de los retos de adaptación, y fenómenos derivados de la misma, de las obras de Jane Austen, no sólo al cine y a la televisión, sino también a medios de Internet como son las series web, una categoría en alza nada despreciable a la hora de volver a Austen accesible.

La jornada se abrió, tras su presentación inicial, con una ponencia del Dr. Federico Alba, profesor en CEU San Pablo: “Algunas claves sobre las adaptaciones audiovisuales”. Resultó el entrante perfecto para el largo menú de temas austenianos que se tratarían, ya que el profesor Alba recorrió las claves de una buena adaptación al cine, y gracias a sus bases se dotó a la audiencia de cierto criterio para abordar más en concreto las adaptaciones austenitas.

Los temas evolucionaron poco a poco y de manera natural al cubrir Cristina Martín (Universidad de Oviedo) “Austenitas para el nuevo milenio: adaptaciones y apropiaciones de la obra de Jane Austen en el discurso postmoderno”, siendo seguida por la ponencia del Dr. Miguel Ángel Jordán (Universidad de Valencia, vicepresidente de JASES) “Los retos de adaptador audiovisual”. Tras un breve descanso, Elena Iniesta, de Código Cine, se zambulló en el universo austenita con un detallado y acertado análisis comparativo con su ponencia “Consecuencias del proceso de adaptación de ‘Pride and Prejudice’ y ‘Sense and Sensibility'”.

Este análisis resultó un adecuado precedente a la comunicación de Laura Requena, “Los mitos de la Regencia en las adaptaciones de las novelas de Jane Austen”, seguido por la intervención de Charo Palacios y Eva García, del Atelier “Angélica Absenta”. Las ponentes asistieron al evento vestidas de época y, junto a una compañera que también hizo las veces de modelo, impartieron una lección sobre la moda de tres etapas diferentes de la época de Regencia, que entre las tres mostraban con los trajes que lucían. A continuación, llevaron a cabo un instructivo, a la par que divertido, repaso a diversas adaptaciones, para realizar una crítica exhaustiva de la representación del vestuario de Regencia en las adaptaciones audiovisuales.

Tras la pausa para el almuerzo, la Dra. Miriam Borham, de la universidad de Salamanca, presentó su ponencia “Nuevos tiempos, ¿nuevas heroínas? Elizabeth Bennet como Regency Warrior en Orgullo+Prejuicio+Zombies” la reinterpretación de las heroínas austenianas de regencia, centrándose en la figura de Elizabeth Bennet en la adaptación zombificada de la novela. Siguió María Heredia, de la universidad de Granada, con su comunicación “A la conquista de Internet. Narraciones transmedia y modernizaciones de la obra de Jane Austen.” Esta última introdujo el tema de las adaptaciones transmedia y la aparición de las series web como última tendencia de adaptación de las novelas de Austen.

A continuación, la doctora Mila Cahue presentó su ponencia “Jane Austen más allá de cualquier versión, como última ponencia y broche de oro de la sucesión de ponencias. La Dra. Cahue dió así paso al Dr. Miguel Ángel Jordán para presentar su libro, “Jane” una novela biográfica de la autora basada en sus cartas y con un sólido trasfondo de investigación por parte de su autor. Finalmente, los ponentes se reunieron en la mesa principal para abrir una mesa redonda y entablar debates con los participantes. Se discutió, sobre todo, no sólo claves del reto de la adaptación al cine de las novelas, sino el grado de aceptación y relevancia de las nuevas adaptaciones transmedia.

Dio así fin la Jornada Del Papel a la Pantalla, una jornada llena de entretenimiento, así como importantes contribuciones y productivos debates en torno a la enorme presencia de Jane Austen en la gran y pequeña pantalla, y en los medios digitales que rodean y moldean el comportamiento actual de los lectores.

Por Elena Truan Aguirre

EL MATRIMONIO EN LAS NOVELAS DE JANE AUSTEN (PARTE 3ª)

Continuamos con la serie de entradas sobre el matrimonio en las novelas de Austen. Si queréis leer las anteriores podéis hacerlo pinchando en los siguientes enlaces:

PARTE 1ª

PARTE 2ª

En esta tercera parte vamos a hablar de:

Matrimonio entre hombre bien posicionado e inteligente y mujer guapa, pero tonta

Aunque el título de este apartado puede resultar chocante u ofensivo, confiamos en que no sea así, puesto que no se está juzgando a nadie real, ni pretendemos extrapolar ningún juicio de valor. En cualquier caso, esta idea casi textual corresponde a Jane Austen, por lo que sería a ella a quien habría que pedir explicaciones.

Del mismo modo que, como se vio en una entrada anterior, esta autora siente un gran respeto por el ministerio sacerdotal, pero no duda en arremeter contra los clérigos que no viven según lo esperado; Austen es una gran defensora de su sexo, pero no tiene ningún reparo a la hora de burlarse y parodiar con crueldad a aquellas mujeres que destacan por su falta de inteligencia, sentido común o educación.

En varias de sus novelas encontramos parejas con una gran disparidad, no solo en cuanto al carácter o a los gustos, sino a la inteligencia. Esto tiene consecuencias distintas en cada caso, pero en general se muestra como algo no deseable, que tiene sus repercusiones en la familia.

Resultado de imagen de mr john dashwoodA modo de introducción para este breve subapartado, citaremos las palabras de Mr. John Dashwood, que no es precisamente un ejemplo de delicadeza cuando trata con sus hermanas, en las que no duda en cuantificar los frutos de la belleza femenina, estableciendo una relación económica entre el atractivo de una mujer y la fortuna de sus posibles pretendientes.

At her time of life, any thing of an illness destroys the bloom for ever! Her’s has been a very short one! She was as handsome a girl last September, as I ever saw; and as likely to attract the man (…). I question whether Marianne now, will marry a man worth more than five or six hundred a-year. (S&S: 195)

Si esto era así, no es de extrañar que hubiera hombres solventes que se sintieran decepcionados al comprobar que, tras ese rostro agraciado, no se hallaba la persona que ellos pensaban.

Reproducimos aquí un extracto en el que se nos ofrece la visión de Mr. Palmer desde la perspectiva de Elinor. Sorprendida por sus modales bruscos, la juiciosa joven busca una explicación para esta actitud, y estas son sus conclusiones:

Resultado de imagen de mr john dashwoodHis temper might perhaps be a little soured by finding, like many others of his sex, that through some unaccountable bias in favour of beauty, he was the husband of a very silly woman,–but she knew that this kind of blunder was too common for any sensible man to be lastingly hurt by it. (S&S: 96)

Llama la atención la naturalidad con la que el narrador afirma que este tipo de matrimonios ocurren con tanta frecuencia que ya no pueden causar sorpresa ni “daños permanentes”.

La actitud de un hombre de buen sentido al comprender su error al casarse con una mujer de la que esperaba más capacidad intelectual y mejor carácter puede ser muy distinta. Ya hemos visto el modo de comportarse de Mr. Palmer –aunque tenga otros motivos–, veamos ahora la actitud de Mr. Bennet:

Resultado de imagen de mr and mrs bennetHer father, captivated by youth and beauty, and that appearance of good humour which youth and beauty generally give, had married a woman whose weak understanding and illiberal mind had very early in their marriage put an end to all real affection for her. Respect, esteem, and confidence had vanished for ever; and all his views of domestic happiness were overthrown. But Mr. Bennet was not of a disposition to seek comfort for the disappointment which his own imprudence had brought on, in any of those pleasures which too often console the unfortunate for their folly of their vice. He was fond of the country and of books; and from these tastes had arisen his principal enjoyments. To his wife he was very little otherwise indebted, than as her ignorance and folly had contributed to his amusement. This is not the sort of happiness which a man would in general wish to owe to his wife; but where other powers of entertainment are wanting, the true philosopher will derive benefit from such as are given. (P&P: 207)

Estoicismo, sarcasmo y una reducción del trato al mínimo imprescindible parecen ser las consecuencias de esta unión que, como se verá más adelante, tiene su repercusión en la educación de sus hijas, y así es visto por la más observadora e inteligente de ellas.

Por último, citaremos el caso de Lord Bertram que fue, en palabras de la autora, cautivado por la joven Miss Maria Ward, de la que se nos contará que poseyó una gran belleza que el tiempo no ha llegado a extinguir.

Resultado de imagen de lady bertram mansfieldAbout thirty years ago Miss Maria Ward, of Huntingdon, with only seven thousand pounds, had the good luck to captivate Sir Thomas Bertram, of Mansfield Park, in the county of Northampton, and to be thereby raised to the rank of a baronet’s lady, with all the comforts and consequences of an handsome house and large income. (MP: 1)

En este caso no se trata tanto de una mujer sin inteligencia, sino más bien indolente y egoísta, preocupada tan solo por su comodidad y reacia a tomar cualquier decisión o realizar el más mínimo esfuerzo. Pero, fueran cuales fueran sus capacidades intelectuales, el resultado final es prácticamente el mismo.

Por Miguel Ángel Jordán

El entail: ¿Por qué Collins hereda Longbourn?

Hay mucho más que amor, sentimientos, desengaños o emociones en las novelas de Jane Austen. El trasfondo argumental de estos libros desvela cómo era la sociedad de la época, las relaciones humanas y los códigos que regían la vida. Muchas de las situaciones que se presentan en estos libros pueden resultar difíciles de interpretar, quizás porque se desarrollan en el contexto de un sistema legal desconocido para nosotros.

El propósito de este artículo, y de algunos más que iremos publicando sucesivamente, es explicar algunas de las instituciones legales del derecho inglés del siglo XIX. De esta manera, este artículo pretende que podamos entender los dilemas a los que se enfrentan los personajes de la autora, y las razones por las que, por ejemplo, y de forma inexplicable para nosotros, encantadoras señoritas de acomodada vida bajo el techo de sus padres tienen la angustia de saber que todo se perderá si su padre fallece y se hallan sin marido. Entenderemos cómo un pariente lejano, al que nadie conocía pero que ahora se revela como despiadado y arrogante, puede recibir en herencia la casa donde ahora viven estas señoritas. Incluso cómo, al casarse, podrían perder todos sus bienes en favor de su marido.

No es este el sitio para realizar un estudio minucioso de cada institución legal: perdón, por tanto, si abordo las figuras legales de forma superficial, pero de esta manera espero llegar más fácilmente a los lectores legos en Derecho, que podrían verse confundidos si nos embarcamos en sesudas explicaciones y tecnicismos legales.

Comencemos por decir que, a diferencia del sistema hereditario existente en España donde hay herederos forzosos (hijos, padres, etc., que invariablemente heredarán por ley), en Inglaterra no existe la institución del heredero forzoso: por el contrario, toda persona es libre de dejar sus bienes en su testamento a quien lo desee. No obstante, en el periodo en el que se desarrollan las novelas de Austen existe una excepción a esta regla: la Primogenitura, por la que el descendiente varón de más edad hereda obligatoriamente, entre otros, los bienes inmuebles y en particular el bien más preciado para una familia inglesa de la época, aquel que garantiza la continuidad del prestigio y el poder: la casa familiar. (Hoy en día está limitado al título nobiliario. La Primogenitura, en el caso español, como es conocido, fue recientemente abolida por sentencia del Tribunal Supremo, que otorgó el derecho a heredar el título nobiliario al hijo/a mayor con independencia de su sexo).

Resultado de imagen de bennet sistersAnte esta situación cabe preguntarse qué sucede en casos en los que no existe tal hijo varón. Cabría pensar que, como en el caso del Sr. Bennet en “Orgullo y Prejuicio”, feliz padre de cinco hijas, sin descendientes varones, su casa pasase, a su muerte, a dividirse entre ellas o fuese a parar a quien el designase. Esto sería lo que automáticamente ocurriría a la muerte del Sr. Bennet, según la ley, de no haber ninguna otra especificación testamentaria. De tenerse sólo descendientes de género femenino, las posesiones de un caballero se dividirían entre ellas a partes iguales, sin tener la primogénita preferencia.

Sin embargo, comprobamos a medida que trascurre el relato, no sin cierta intriga, que ello no puede ser así y que la casa pasará a ser propiedad de aquel pariente lejano (primo o sobrino), al que nadie conocía y que se revela como despiadado y arrogante: Mr. Collins heredará, sin escrúpulo alguno, Longbourn, a pesar de tener una casa propia en su parroquia. ¿Por qué?, ¿Qué impide al Sr Bennet dejar su finca a quien le plazca? ¿Qué puede haber tan poderoso, de tan obligado cumplimiento, que prive a las encantadoras hijas Bennet de su casa y las obligue a marcharse de donde vivían con apenas un periodo de gracia de una semana?

Resultado de imagen de mr collinsPronto abandonamos esta intriga para sumergirnos en el resto de la obra, pero mi cabeza de abogado me hizo buscar la razón de esta situación a medida que leía el libro, y más aún al ver la película, ya que esperaba quizás que, resolviendo el problema, William Collins, el estúpido primo, o sobrino, pariente lejano en todo caso, quedase así, alejado, y Elizabeth Bennet me distinguiese con el honor de ser mi clienta.

En fin, volvamos al nudo de la cuestión. La solución a la intriga está en una antigua y para nosotros muy desconocida institución legal inglesa denominada “entail”. Ya hemos comentado más arriba la importancia para las nobles, y no tan nobles, familias inglesas perpetuar la propiedad de la casa en manos de un solo heredero. Éste debería ser varón y perteneciente a la familia. El objetivo es evitar que la propiedad caiga en manos de varios herederos (herederas en el caso del Sr Bennet) que se verían quizás obligadas a vender la finca por no poder mantenerla o simplemente para evitar compartir una propiedad entre varios. La forma de evitarlo, según el derecho inglés, sería establecer una limitación en la forma en la que los sucesivos propietarios pudiesen disponer en testamento de la casa: así, el propietario otorga un documento denominado entail, un acuerdo familiar que, brevemente, diría (quiero imaginar): “queda limitada la disposición testamentaria de Longbourn en favor de cualquier otra persona que no sea miembro de la familia y varón, sea este descendiente directo o no del propietario.”

Deducimos así (aunque no se menciona en el libro, sí se dice que existe una “disposición testamentaria” que las hijas Bennet intentan explicarle a su madre) que la persona de la familia que dejó en herencia la casa al Sr. Bennet, digamos para simplificar, su padre o su abuelo, la dejó con un entail. Por este acuerdo la disposición de la propiedad inmobiliaria en testamento queda sujeta a unas restricciones previamente establecidas. Y este era sin duda el caso de Longbourn.

Resultado de imagen de mrs. bennetLa Sra. Bennet no quiere entender de disposiciones y acuerdos legales y recrimina a su marido en el Capítulo 13 diciendo: “Tengo por una desgracia el que tus hijas no puedan heredera esta propiedad y estoy segura de que si me viera en tu lugar hace tiempo que habría intentado algo para evitarlo”. Sin embargo, el pobre Sr Bennet, no importa el amor que profesase a sus hijas, no podía hacer nada. El entail era un documento difícilmente anulable. Longbourn jamás sería para ellas, sino para Collins, hijo de un primo suyo con quien, para colmo de males, no tenia en absoluto buena relación como consecuencia de los pleitos que había mantenido con su padre, como se menciona brevemente en la novela, en la carta del Sr. Collins: es posible que dichos pleitos fueran a causa de los intentos del Sr. Bennet, a pesar de lo que le recrimine su esposa, de anular el entail. Porque, efectivamente, sí hay una cosa que el Sr Bennet hubiera podido hacer si su situación económica se lo permitiese: llegar a un acuerdo con Collins y comprarle el entail para anularlo.

Resultado de imagen de mr. bennetSi las partes estuviesen de acuerdo, podrían llegar a la compra por un precio del entail. Así, el actual propietario (el Sr. Bennet) podría llegar a un acuerdo con el futuro dueño (el Sr. Collins) y pagarle una cantidad que anulase el entail dejándole libre para su disposición testamentara de la forma que el desease. Podría incluso hipotecar la casa para ello, y es posible que lo intentase con el padre de Collins. Así se lo hice saber a Elizabeth, pero el pérfido William Collins no accedió a la venta, y, claro, sin su consentimiento no fue posible y ella nunca fue mi clienta. A la luz de esta revelación, el personaje de Collins resulta aún peor, pues es perfectamente consciente de la situación, y podría acordar un precio con el Sr. Bennet que salvase a sus primas de la indigencia, especialmente sabiendo que, si bien Longbourn supondría ingresos para él si lo alquilase, Collins no lo necesita como vivienda, siendo un clérigo con parroquia propia.

Rafael Truan Blanco

Abogado y secretario del Patronato de la Jane Austen Society España.

EL MATRIMONIO EN LAS NOVELAS DE JANE AUSTEN (PARTE 2)

En la primera entrada sobre el matrimonio en las novelas de Jane Austen, ofrecimos una introducción a este tema siempre central en las obras de esta autora. Hoy, nos fijaremos de modo especial en la relación entre el matrimonio, el dinero y la posición social. No es un enfoque muy romántico, la verdad, pero quizá sirva para romper los prejuicios de aquellos que catalogan los libros de Austen como “novelas rosas”.

Como podréis comprobar, es un texto muy extenso, pero espero que no os resulte aburrido. Y si el estilo no os parece muy propio de un blog, estaréis en lo cierto. Esto está sacada de mi tesis doctoral, que estáis invitados a leer cuando queráis J. Vamos allá.

Resultado de imagen de austen marriageEn un primer nivel, podríamos hablar de la necesidad de contar con un mínimo de recursos para poder fundar un nuevo hogar. Esto es algo que sigue vigente, pero que, como se dijo con anterioridad, tiene algunas variaciones. Por un lado el hecho de que estos ingresos provengan de una fuente segura y duradera, y por otro los distintos roles del hombre y la mujer. Es el hombre quien debe proveer a su esposa de los medios para el sostenimiento económico. Lo contrario ni siquiera se plantea como posibilidad.

En Mansfield Park, en su intento de convencer a Fanny para que acepte a Henry Crawford, Lord Bertram aboga por los matrimonios jóvenes, siempre que haya medios para sostener dicha unión.

His wishing to marry at all so early is recommendatory to me. I am an advocate for early marriages, where there are means in proportion, and would have every young man, with a sufficient income, settle as soon after four-and-twenty as he can. (MP: 280)

Esta sería una visión neutra, marcada por el sentido común, que podría trasladarse sin problemas a una obra actual.

En el siguiente ejemplo, el narrador, al explicar la situación en la que se encuentran Elinor y Edward tras comprometerse, aporta su toque irónico al decir que no estaban tan enamorados como para obviar las dificultades económicas.

Edward had two thousand pounds, and Elinor one, which, with Delaford living, was all that they could call their own; for it was impossible that Mrs. Dashwood should advance anything; and they were neither of them quite enough in love to think that three hundred and fifty pounds a-year would supply them with the comforts of life. (S&S: 320)

Vemos aquí un buen reflejo de la “visión romántica” de la autora, en la que el afecto sincero no está reñido con tener los pies en el suelo.

En la misma línea iría la reflexión de Lizzy Bennet mientras dialoga con su tía sobre el repentino compromiso de Wickham con una joven acaudalada. Al hablar sobre el desengaño que esto ha supuesto para sus hermanas –y para ella misma–, que suspiraban por el atractivo militar, Elizabeth muestra una visión realista de lo acontecido.

Kitty and Lydia take his defection much more to heart than I do. They are young in the ways of the world, and not yet open to the mortifying conviction that handsome young men must have something to live on as well as the plain. (P&P: 132)

Resultado de imagen de CHARLOTTE MR COLLINSDesde el punto de vista de la mujer, el matrimonio era una fuente de seguridad, un medio para independizarse y dejar de ser una carga para su familia. En ocasiones, este podía ser un factor que desequilibrara la balanza a favor de un pretendiente que no tuviera casi nada más que le recomendara, como es el caso de Mr. Collins.

Charlotte herself was tolerably composed (…). Mr. Collins, to be sure, was neither sensible nor agreeable; his society was irksome, and his attachment to her must be imaginary. But still he would be her husband. Without thinking highly either of men or matrimony, marriage had always been her object; it was the only provision for well-educated young women of small fortune, and however uncertain of giving happiness, must be their pleasantest preservative from want. This preservative she had now obtained; and at the age of twenty-seven, without having ever been handsome, she felt all the good luck of it. (P&P: 109)

Una visión realista, sin lugar para el romance, pero comprensible y justificada en el contexto en el que se ubica. Aun así, queda claro que el público en general se siente más gratificado cuando el bienestar no es el único elemento motivador de un enlace. Pero, incluso cuando existe afecto entre los contrayentes, no se duda en colocar las razones pecuniarias en un primer lugar.

She knows how much the marriage is to Miss Taylor’s advantage; she knows how very acceptable it must be, at Miss Taylor’s time of life, to be settled in a home of her own, and how important to her to be secure of a comfortable provision, and therefore cannot allow herself to feel so much pain as pleasure. Every friend of Miss Taylor must be glad to have her so happily married. (E: 7)

Dentro de este mismo subapartado, en el que estamos hablando del matrimonio en su relación con el dinero y la posición social, vamos a ver ahora la otra cara de esta misma moneda. Si hasta el momento nos habíamos fijado en la necesidad de unos recursos económicos para poder llevar a cabo esos planes de boda, en los siguientes párrafos nos fijaremos en el papel condicionante que tanto el dinero como la posición social juega a la hora de plantearse una opción matrimonial.

La famosa frase inicial de Pride and Prejudice puede servirnos de marco e introducción a este aspecto de los compromisos entre hombre y mujer.

It is a truth universally acknowledged, that a single man in possession of a good fortune, must be in want of a wife. (P&P: 1)

Imagen relacionadaSi durante la Edad Media los matrimonios entre miembros de la realeza eran un medio para establecer alianzas y unir reinos, en la época de la Regencia –y en un periodo más amplio– estos enlaces son un modo de unir familias de rango más o menos similar, y satisfacer intereses por ambas partes. En las obras que estamos analizando, este papel conciliador del matrimonio se muestra como algo aceptado y extendido, situándolo por encima del posible afecto entre las partes.

Being now in her twenty-first year, Maria Bertram was beginning to think matrimony a duty; and as a marriage with Mr. Rushworth would give her the enjoyment of a larger income than her father’s, as well as ensure her the house in town, which was now a prime object, it became, by the same rule of moral obligation, her evident duty to marry Mr. Rushworth if she could. (MP: 33)

En este fragmento se nos muestra, con ese tinte satírico tan propio de esta autora, la visión de una joven que, al llegar a cierta edad se plantea “el deber” de contraer matrimonio y, a la hora de escoger marido, tiene claras cuáles son sus preferencias. Sabemos que este enlace es bien recibido por ambas familias desde el primer momento. Mr Rushworth, rico pero no muy inteligente, está dispuesto a creerse enamorado de ella al captar su interés. Y la opinión general de los parientes es que se trata de un buen enlace, pese a que nadie se le escape la escasa afinidad entre los interesados. Aunque poco antes de la boda, Lord Bertram ofrece a su hija la posibilidad de cancelarla –consciente de que el interés económico es el único móvil de este compromiso–, se nos hace ver su alivio cuando ella insiste en seguir adelante, y también conocemos cuáles son las consecuencias de esa unión que termina mal y pronto.

Resultado de imagen de HENRY CRAWFORD JULIA BERTRAMEn esta misma novela, se nos ofrece un diálogo bastante esclarecedor de la visión del matrimonio en aquel contexto. Mrs. Norris, charlando con Mrs. Rushworth, sugiere un posible compromiso entre su sobrina Julia y el distinguido Henry Crawford. ¿Cuál es la primera pregunta de la interlocutora ante este hecho?

“Oh dear! Miss Julia and Mr. Crawford. Yes, indeed, a very pretty match. What is his property?”

“Four thousand a year.” (MP: 105)

Una vez sabido esto, ya se pueden valorar otras virtudes del caballero en cuestión o de si hacen o no buena pareja.

Esta visión materialista del matrimonio, en la que lo único importante son las ventajas económicas y sociales que reportará dicha unión, alcanza su punto álgido en el caso de las alianzas planeadas por la familia en la que no se tiene en cuenta la opinión de los protagonistas. Ciertamente, no es habitual que se llegue a ese extremo en estas obras, de hecho, los pocos intentos que se muestran fracasan, pero es un dato más a valorar dentro de este análisis. Veamos un par de ejemplos de estas tentativas de matrimonios acordados.

El primer texto pertenece a Pride and Prejudice, y forma parte de la intensa conversación que mantienen Lady Catherine de Bourgh y Elizabeth Bennet en el tramo final de la historia. Lady Catherine esgrime todos los argumentos a su alcance para lograr que Lizzy rehuse a casarse con Mr. Darcy en el caso de que este se lo pida. Una de esas razones es que Mr. Darcy ya está comprometido con su hija. Al oír esto, Elizabeth contesta que entonces no tiene nada que temer, ante lo que Lady Catherine se siente en la obligación de aclarar a qué tipo de compromiso ha aludido.

“The engagement between them is of a peculiar kind. From their infancy, they have been intended for each other. It was the favourite wish of his mother, as well as of her’s. While in their cradles, we planned the union: and now, at the moment when the wishes of both sisters would be accomplished in their marriage, to be prevented by a young woman of inferior birth, of no importance in the world, and wholly unallied to the family! (P&P: 310)

El segundo ejemplo es aún más significativo. Lo hallamos en una conversación entre Elinor con su hermano, tras la caída en desgracia de Edward Ferrars, que se ha negado a contraer matrimonio con Miss Morton, a la que su familia había escogido, al estar comprometido previamente con Lucy Steele.

Resultado de imagen de elinor dashwood MR DASHWOOD“We think now,”–said Mr. Dashwood, after a short pause, “of Robert’s marrying Miss Morton.”

Elinor, smiling at the grave and decisive importance of her brother’s tone, calmly replied,

“The lady, I suppose, has no choice in the affair.”

“Choice!–how do you mean?”

“I only mean that I suppose, from your manner of speaking, it must be the same to Miss Morton whether she marry Edward or Robert.”

“Certainly, there can be no difference; for Robert will now to all intents and purposes be considered as the eldest son;–and as to any thing else, they are both very agreeable young men: I do not know that one is superior to the other.” (S&S: 256)

Puesto que lo único importante era la posición social y las circunstancias económicas, el cambio de un hermano por otro carece de importancia para Mr. John Dashwood, aunque tiene el detalle de añadir que ambos hermanos Ferrars son unos jóvenes muy agradables, por lo que Miss Morton estará igual de encantada tanto con uno como con el otro.

Continuando en la línea de las razones para contraer matrimonio, veremos ahora cómo en estas obras se nos ofrecen ejemplos en los que tanto hombres como mujeres se embarcan en un compromiso, o lo buscan, con la conciencia de hacerlo movidos por razones distintas al afecto. Ya no se trata solo de que sea un enlace favorable por la situación de ambas familias, sino de una búsqueda de algo que no se podrá conseguir más que con una alianza ventajosa.

“I am not at all surprized that he should have fallen in love.”

“Oh! no–there is nothing to surprize one at all.–A pretty fortune; and she came in his way.”

“I dare say,” returned Harriet, sighing again, “I dare say she was very much attached to him.”

“Perhaps she might; but it is not every man’s fate to marry the woman who loves him best. Miss Hawkins perhaps wanted a home, and thought this the best offer she was likely to have.” (E: 240)

Resultado de imagen de mr wickhamBelleza, posición social, apellidos, posesiones, riqueza… Argumentos con los que cada uno deber hacerse valer frente a la otra parte, que estudiará, dependiendo de su situación, si le interesa la oferta o no. Como hemos dicho anteriormente, el amor queda relegado a un segundo o tercer plano, cuando las circunstancias exigen que se tengan en cuenta otros factores más determinantes.

“Younger sons cannot marry where they like.”

“Unless where they like women of fortune, which I think they very often do.”

“Our habits of expense make us too dependent, and there are too many in my rank of life who can afford to marry without some attention to money.” (P&P: 161)

Con esa claridad se lo confiesa Mr. Wickham a Elizabeth Bennet. Y, aunque con su actitud inicial había dado la impresión de no ser uno de esa “especie”, del mismo modo actúa Willoughby llegado el momento, abandonando a Marianne –por la que reconoce sentir un gran afecto– para casarse con una joven adinerada a la que tan solo le une el interés.

“Did you ever see her? a smart, stylish girl they say, but not handsome. (…) Fifty thousand pounds! and by all accounts, it won”t come before it’s wanted; for they say he is all to pieces. No wonder! dashing about with his curricle and hunters! Well, it don”t signify talking; but when a young man, be who he will, comes and makes love to a pretty girl, and promises marriage, he has no business to fly off from his word only because he grows poor, and a richer girl is ready to have him.” (S&S: 165)

Tanto unos como otros saben lo que pueden dar y lo que pueden esperar de su futuro consorte, por lo que, en estos casos, la institución matrimonial se vería como una simple transacción en la que cada cual contribuye con su parte y espera recibir un beneficio. Así lo entiende Marianne Dashwood en uno de sus alegatos románticos, en los que al hablar del matrimonio de una mujer “mayor” (veintisiete años le parece el inicio de la decrepitud), afirma que es imposible que se trate de una relación amorosa, sino de un simple pacto de conveniencia. Nada indecoroso, por supuesto, pero, simplemente exento de cualquier asomo de afecto.

Resultado de imagen de marianne dashwood“It would be a compact of convenience, and the world would be satisfied. In my eyes it would be no marriage at all, but that would be nothing. To me it would seem only a commercial exchange, in which each wished to be benefited at the expense of the other.” (S&S: 32)

Visto así, la esperpéntica declaración de Mr. Collins a Elizabeth Bennet y sus argumentos al verse rechazado, no parecen tan grotescos. El reverendo conoce muy bien sus méritos y el peso que estos tienen a la hora de ofrecerse en matrimonio. Y también valora en su justa medida –hablando en un nivel financiero– lo que su prima puede aportar a cambio, es decir, su atractivo y su encanto, no acompañados de grandes recursos económicos. Mr. Collins juzga que con esa dote Lizzy no va a tener muchas opciones y por esa razón considera que su propuesta será la mejor, si no la única, que ella recibirá, por lo que no toma en serio su negativa y la achaca a estrategias amorosas y usos románticos de jovencitas.

“You must give me leave to flatter myself, my dear cousin, that your refusal of my addresses is merely words of course. My reasons for believing it are briefly these: It does not appear to me that my hand is unworthy your acceptance, or that the establishment I can offer would be any other than highly desirable. My situation in life, my connections with the family of de Bourgh, and my relationship to your own, are circumstances highly in my favour; and you should take it into further consideration, that in spite of your manifold attractions, it is by no means certain that another offer of marriage may ever be made you. Your portion is unhappily so small that it will in all likelihood undo the effects of your loveliness and amiable qualifications. As I must therefore conclude that you are not serious in your rejection of me, I shall choose to attribute it to your wish of increasing my love by suspense, according to the usual practice of elegant females.” (P&P: 97)

El dinero y la posición social son factores que condicionan la elección de hombres y mujeres de cualquier rango. No solo de aquellos sin recursos, que necesitan un matrimonio ventajoso para salir adelante, sino también de los que cuentan con medios más que de sobra para vivir al nivel que quieran sin contar con lo que pueda aportarles su consorte. En el caso de estos últimos, aunque no necesiten el dinero del otro, es probable que sus “malas relaciones”, si las hubiera, obstaculizaran o incluso vetaran definitivamente las posibilidades de un compromiso.

Resultado de imagen de MISS BINGLEY“I think I have heard you say that their uncle is an attorney on Meryton.”

“Yes; and they have another, who lives somewhere near Cheapside.”

“That is capital,” added her sister, and they both laughed heartily.

“If they had uncles enough to fill all Cheapside,” cried Bingley, “it would not make them one jot less agreeable.”

“But it must very materially lessen their chance of marrying men of any consideration in the world,” replied Darcy. (P&P: 31)

No basta con que el candidato o la candidata sea una persona honorable y de cierto nivel social. Las conexiones familiares también son importantes, al menos para algunos.

“In marrying your nephew, I should not consider myself as quitting that sphere. He is a gentleman; I am a gentleman’s daughter; so far we are equal.”

“True. You are a gentleman’s daughter. But who was your mother? Who are your uncles and aunts? Do not imagine me ignorant of their condition.”

“Whatever my connections may be,” said Elizabeth, “if your nephew does not object to them, they can be nothing to you.” (P&P: 311)

En este ejemplo, vemos las dificultades que le surgen a Elizabeth Bennet a causa de sus relaciones familiares con gente del comercio. Su condición de hija de un caballero no basta para mantener su rango. Si eso es así en este caso, ¿cómo sería si el posible enlace uniera a personas aún más distantes en la escala social? Tenemos la respuesta en Emma. Tras fracasar en su intento de unir a Harriet con Mr. Elton, y errar al pensar que la joven pudiera estar enamorada de Frank Churchill, recibe la confidencia de esta última que se siente objeto de las atenciones de Mr. Knightley. Ante esta noticia, Emma, que no veía obstáculos para su matrimonio con el reverendo, ni con el joven Churchill, analiza la situación en la que quedaría su admirado y querido amigo Mr. Knightley en caso de desposarse con Miss Smith.

Such a debasement on his! It was horrible to Emma to think how it must sink him in the general opinion, to foresee the smiles, the sneers, the merriment it would prompt at his expense; the mortification and disdain of his brother, the thousand inconveniences to himself.–Could it be?–No; it was impossible. And yet it was far, very far, from impossible.–Was it a new circumstance for a man of first-rate abilities to be captivated by very inferior powers? Was it new for one, perhaps too busy to seek, to be the prize of a girl who would seek him?–Was it new for any thing in this world to be unequal, inconsistent, incongruous–or for chance and circumstance (as second causes) to direct the human fate? (E: 371)

La rigidez social de la época, la necesidad de rentas y posesiones para mantener un alto ritmo de vida y otros factores socioculturales marcan el terreno de juego para poder contraer un matrimonio satisfactorio. ¿Y el afecto entre los contrayentes? Es un valor añadido, no la causa primera. Al menos esa es la visión que se nos aporta en estas obras, aunque más adelante veremos cuál parece ser el punto de vista de su autora.

Resultado de imagen de MR KNIGHTLEYPero, siguiendo con las normas de la época, ¿cuál sería la situación idónea para un matrimonio feliz? La respuesta la hallamos también en Emma, de boca de Mr. Knightley que, al conocer el compromiso entre Frank Churchill y Jane Fairfax, reflexiona en voz alta sobre lo afortunado que es este joven al lograr el afecto de ella y poder brindarle un futuro mejor del que le esperaba.

A man would always wish to give a woman a better home than the one he takes her from; and he who can do it, where there is no doubt of her regard, must, I think, be the happiest of mortals. (E: 383)

Si es el hombre el que logra el ascenso social o económico gracias al matrimonio, fácilmente se le juzgará de interesado. Mientras que si es al revés, y la diferencia no es sustancial, o al menos no hay nada que enturbie la dignidad de esa unión, el hombre sentirá que esta desempeñando el papel que le corresponde y contará con la aprobación social.

Estos condicionantes a los que acabamos de referirnos introducen un dilema que, de hecho, se plantea dentro de una de las obras de Austen.

“Pray, my dear aunt, what is the difference in matrimonial affairs, between the mercenary and the prudent motive? Where does discretion end, and avarice begin? Last Christmas you were afraid of his marrying me, because it would be imprudent; and now, because he is trying to get a girl with only ten thousand pounds, you want to find out that he is mercenary.” (P&P: 134)

Teniendo en cuenta que un alto porcentaje de los factores que conducen a un matrimonio están relacionados con el bienestar ya sea material o social, ¿cómo diferenciar la prudencia del interés? Si se consideraría una locura que unos jóvenes se casaran sin recursos, y se ve lógico que una persona busque un compromiso con alguien que pueda contribuir a su felicidad material, ¿dónde está el límite entre el discreto y el mercenario?

La respuesta no la encontramos de un modo directo, pero sí en la actitud de los protagonistas y en la resolución de los conflictos que se van planteando. Los matrimonios por amor son los únicos en los que no se puede acusar a los contrayentes de interesados. Y, para que eso quede claro, cuando una de las protagonistas contrae un matrimonio que le resulta muy ventajoso, este llega al final de un largo proceso en el que se ha puesto a prueba la sinceridad de su afecto. Tal es el caso de Jane y Elizabeth Bennet, o de Anne Elliot, cuyas historias son bien conocidas por los lectores de Austen.

Pero, volviendo al dilema del que hablábamos, veamos algunos ejemplos que pueden servir para establecer una gradación desde el afecto sincero hasta el interés más evidente.

Resultado de imagen de LIZZY BENNETEn el extremo del amor desinteresado podríamos situar a Jane Bennet, que se enamora de Mr. Bingley de un modo espontáneo y no cambia su modo de ser para asegurar su afecto. Sobre esta actitud discuten Charlotte y Lizzy, cuando la primera trata de hacerle comprender a su amiga que las maneras sencillas y el carácter tímido de Jane dificultan que Mr. Bingley se interese por ella, al hacerle pensar que ella no se siente atraída por él. Por esta razón, Charlotte opina que Jane debería dedicarle más atenciones al joven para animarle a que le confiese su afecto. Y la respuesta de Lizzy, que conoce bien a su hermana es la siguiente:

“Your plan is a good one,” replied Elizabeth, “where nothing is in question but the desire of being well married, and if I were determined to get a rich husband, or any husband, I dare say I should adopt it. But these are not Jane’s feelings; she is not acting by design.” (P&P: 18)

No hay nada estudiado en Jane. Ella no tiene ningún interés oculto. Tan solo se siente atraída por un joven y, por lo tanto, no se plantea cómo debe actuar.

Veamos ahora distintos niveles de interés.

Imagen relacionadaUn primer peldaño lo ocuparía Charlotte Lucas, que es capaz de conformarse con una oferta de matrimonio que no le aportará grandes riquezas, pero sí cierta seguridad. Para lograrlo no tiene que mentir, ni causar daño a nadie, tan solo alentar a un hombre que está buscando esposa por conveniencia social, y al que le da igual una u otra. Por lo que podríamos hablar de un acuerdo entre partes. Esta actitud tan juiciosa y exenta de romanticismo sorprende a Lizzy, que acababa de rechazar la misma oferta que poco después acepta su amiga.

She had always felt that Charlotte’s opinion of matrimony was not exactly like her own, but she had not supposed it to be possible that, when called into action, she would have sacrificed every better feeling to worldly advantage. (P&P: 112)

En el siguiente escalón podríamos situar a Mary Crawford, que al detectar el interés que ha despertado en Tom Bertram, analiza las ventajas que esta relación podría aportarle y, al considerarlas más que suficientes, decide emplearse a fondo para consolidarla.

Resultado de imagen de mary crawfordMiss Crawford soon felt that he and his situation might do. She looked about her with due consideration, and found almost everything in his favour: a park, a real park, five miles round, a spacious modern-built house, so well placed and well screened as to deserve to be in any collection of engravings of gentlemen’s seats in the kingdom (…). It might do very well; she believed she should accept him; and she began accordingly to interest herself a little about the horse which he had to run at the B—–– races. (MP: 42)

Más arriba en esta escala hacia el interés, encontramos a Maria Bertram. Ya hemos visto anteriormente cómo no siente ningún afecto por su futuro esposo y tan solo le mueve el afán de lograr una posición aún mejor de la que ya ostenta. Pero la situación empeora con el avance de la trama, y vemos cómo, cuando llega el momento de certificar el compromiso, su situación es aún peor, ya que, pensando que Henry Crawford la amaba, había confiado en que una declaración de este cancelaría el compromiso anterior. Pero al comprobar que estaba equivocada respecto a él, entra en el matrimonio despechada, enfadada con su familia y despreciando a su marido.

In all the important preparations of the mind she was complete: being prepared for matrimony by an hatred of home, restraint, and tranquillity; by the misery of disappointed affection, and contempt of the man she was to marry. (MP: 179)

Por lo que lo único que le queda es la esperanza de suplir todas esas carencias con el bienestar material y las relaciones sociales que le facilitará su nueva situación.

En el lugar más alto de la escala, podríamos colocar a las hermanas Bingley, que están dispuestas a arruinar la felicidad de su hermano, con tal de lograr una mejor situación para ellas. Así como en los otros casos era la misma interesada la que elegía sufrir los inconvenientes de su elección, con tal de lograr su fin. En este, Caroline y Mrs. Hurst ejercen su influencia sobre su hermano para gozar de los beneficios sin sufrir las consecuencias negativas, como bien comprende Elizabeth Bennet e intenta explicar a Jane.

“Your first position is false. They may wish many things besides his happiness; they may wish his increase of wealth and consequence; they may wish him to marry a girl who has all the importance of money, great connections, and pride.” (P&P: 120)

En descargo de las hermanas Bingley hay que decir que, aunque esa fuera su intención, no la hubieran logrado sin la ayuda de Mr. Darcy, que obraba por otros motivos y luego rectifica. De hecho, en el momento en el que Mr. Darcy cambia de actitud, la relación entre Jane y Mr. Bingley se reanuda sin que sus hermanas puedan hacer nada para impedirlo.

Por Miguel Ángel Jordán

EL MUNDO A TRAVÉS DE LA MIRILLA DE MRS. BENNET

Resultado de imagen de MRS. BENNETSiempre me he preguntado cómo se ve el mundo a través de los ojos de una mujer como Mrs. Bennet, con una vida pequeñita, sin amplitud de miras, sin conocer el verdadero amor y con un objetivo vital enfocado a la supervivencia. Ver el mundo a través de una mirilla.

Con un entendimiento mezquino, poca información y temperamento incierto, se asoma a su mirilla y percibe la vida a través de esos ojos que delatan su particular inteligencia (dicen que más bien escasa), poseedora de un humor voluble e incapaz de comprender el carácter de Mr. Bennet que mantiene una actitud indolente hacia sus propias hijas. No me gustaría verme en su lugar. ¡Es para desesperarse!

Primeramente, es de justicia reconocer que a una madre abnegada de cinco hijas se le acumula el trabajo cuando estas van alcanzando la edad casadera. Y tiene toda la razón al pensar que hay una competencia brutal, demasiadas muchachas alrededor y pocos solteros con posibles a los que considerar, por derecho, propiedad de una de sus descendientes. Es un problema tal que descompone gravemente sus nervios, que no encuentran el menor alivio en un pasivo Mr. Bennet, ni en algunas de sus hijas, que no la comprenden. No se ponen en su lugar… ¡Ya serán madres!

Resultado de imagen de MRS. BENNETEs más que lógico abrir un tiempo de veda en cuanto aterriza una chequera andante, con propiedades y respaldada por varios miles de libras al año. Se pone en marcha una reacción en cadena que activa codazos y zancadillas, perfila estrategias casi militares y expone a sus tesoros en escaparates, siendo su único objetivo conseguir el matrimonio tan codiciado como única salida honrosa para mujeres con cierta tendencia a huir de la pobreza. Bussiness is bussiness, y el amor no forma parte de ellos. Lo contamina, lo nubla y no hay que perder de vista el objetivo: la supervivencia.

Esta madre estresada y, por cierto, con grandes dotes para la “observación de la conducta humana con puesta en común posterior” (no sé por qué se empeñan en llamarlo cotilleo), debe lidiar no solo con lo que opinen sobre sus niñas los demás, sino también con el tipo de comentarios que provienen de su propio esposo: “Son tan tontas e ignorantes como otras chicas, pero Lizzy tiene un poco más de agudeza que sus hermanas”. Pobre mujer, sólo deja una con cabeza. ¿Será Lizzy poseedora de ese ingenio y valentía tan poco valorado por su madre? Mrs. Bennet desde luego tiene un grave problema con esa chica: no se deja influenciar por el discurso de una progenitora comprometida y preocupada por su felicidad. ¡Estas jóvenes de hoy en día, uf!

Pero, como quiera que es una verdad universalmente aceptada que un hombre soltero en posesión de una notable fortuna necesita una esposa, nuestra dedicada madre va a poner todo su empeño en convertirla en sentencia irrevocable. Vamos a recrear el recorrido de sus actos para realizar dicho empeño, porque una progenitora tal no pasa desapercibida ni en su mundo ni en el nuestro. No se haría justicia a tanto ímpetu maternal si así no fuera.

Imagen relacionadaPor fin aparecen dos objetivos a babor: el acaudalado Mr. Bingley y su aún más opulento amigo Mr. Darcy. El primero ha alquilado la cercana mansión Netherfield con el fin de pasar una agradable temporada en el campo, y ha traído a su amigo de invitado. El destino lanza sus hilos a esas manos maternas con ansias de conseguir el mejor pasaporte social. Como toda una mariscal de campo, Mrs. Bennet diseña la Operación gripe, con la que alcanza un gran éxito: Jane enferma mientras visita Netherfield. Hecho vital para que esta historia quede dirigida a un futuro más que prometedor.

Al mismo tiempo, Darcy comienza a desplegar sus encantos en ese pintoresco medio y al ser un dechado de virtudes sociales y consigue conquistar a la madre de Lizzy casi de forma inmediata. Sería un candidato perfecto si no hubiese atentado de forma sistemática contra su orgullo rural y hubiese caído rendido sin contemplaciones por la menos apreciada de sus hijas. «El señor Darcy es una persona tan desagradable que sería una desgracia gustarle», dice frunciendo el ceño (podríamos atrevernos a decir, sin errar, que la simpatía es mutua).

Resultado de imagen de BINGLEY SISTERSPor otro lado, la Mrs. Bennet se ha convertido en plato del gusto para las señoras de Netherfield, quienes toman distancia de ella cada vez que pueden y las circunstancias se lo permiten. No sé la razón. ¡Es del todo incomprensible!

Observamos cómo se va perfilando la trama e intuimos los obstáculos que deberán ser sorteados para llegar a un posible final común a pesar de atravesarse los caminos de nuestros personajes. Tenemos a una Jane coladita por Bingley, pero en silencio, y a una Lizzy que sería capaz de perdonar el orgullo de Darcy si éste no hubiese herido antes el suyo. ¡No sabe Darcy con quién se las gasta! Eso ya la convierte en heroína austenita y universal. Pero es otra historia.

Volvamos a la mirilla.

A nuestra señora Bennet no le parece necesario que su hija mayor se restablezca enseguida de su enfermedad, puesto que recobrar su salud la obligaría a abandonar el que puede ser el cumplimiento de uno de sus objetivos, la desatada caza de Charles Bingley.

Planea incluso no enviar su coche hasta asegurar ese posible enlace dándole tregua al tiempo para que se convierta en un perfecto aliado. La mamá pone todo su empeño, esto no tiene más vuelta de hoja. Mantiene su estrategia de ataque para ver si el pez gordo muerde el anzuelo. Y su táctica parece haber surtido efecto: Jane vuelve al hogar con una inminente proposición de matrimonio que ya se va dibujando en esta historia y que no tardará mucho en hacerse realidad. ¿O no? Más bien, no. Esos alivios lanzados al aire se volverán en contra de su impaciencia; una injusticia más para esta mujer rodeada de convencionalismos sociales a los que dar salida de la única forma que conoce, quizá de la única forma posible.

Resultado de imagen de MR. COLLINSEs una señora muy entretenida y ocupada, como se puede intuir, sabe que le quedan cuatro hijas aún por situar y hay que seguir buscando posibles candidatos. En este sentido, también ha aparecido en escena el arrogante primo Collins. Y Mr. Bennet, divertido por la curiosidad que despierta este familiar, espeta a madre e hijas que las visita su futuro heredero de Longbourn; el que, tras su fallecimiento, podrá echarlas de esa casa sin contemplaciones.

La mirilla está que echa humo: mirar le ocasiona punzadas, malestar y rabia acumulada con la llegada de ese odioso hombre que cruel e injustamente privará a sus hijas de la herencia que debería corresponderles. ¡Todo en contra! Es digna de lástima.

Mantiene encañonado al que considera un tasador de sus propiedades y no sucumbe a sus halagos hasta que se manifiesta el interés del clérigo por Lizzy, ya que la hermana mayor no está “libre”. ¡Uf, menos mal! Al final, a ver si todo queda en casa. ¿Carácter voluble? Carácter adaptativo, más bien. Darwin estaría encantado con esta representante del género humano.

Ella es una progenitora contenida, como se puede observar al final de la cena organizada en Netherfield, donde se le escapan sus pensamientos en voz alta, apenas sin querer, celebrando ya el enlace de su hija mayor antes de que ocurra y por supuesto compartiéndolo con la Lady Lucas, a la cual ya no le pillan de espanto sus desboques emocionales casamenteros y no le causan más que ciertos bostezos. Enumera las ventajas de ese enlace y ya se sabe… una boda trae otra boda. Mrs. Bennet es muy cuidadosa con sus amigas, nada engreída y digna de la mayor confianza. No tiene mala intención, es sincera y eso la cualifica como vecina adorable y deseada. Les desea una fortuna similar (aunque, ella y yo, sabemos que no existe la menor esperanza para la señorita Lucas).

Resultado de imagen de MR. COLLINS LIZZYNuestra esforzada señora está en racha y pronto recibe la mejor noticia que por otro lado viene esperando y que afecta a su hija menos querida. ¡Por fin! Parece ser que el universo se ha apiadado de su volcada preocupación. Mr. Collins se ha decidido. Y aunque Lizzy no quiere quedarse a solas con su pretendiente, lo hará. «Vaya que si lo hará», decide la Mrs. Bennet sin dar un paso atrás. Nada ni nadie va a impedir esa declaración. Sin embargo, pincha en hueso una vez más: Lizzy tiene clara su decisión, sin dejar que le afecten el reproche y las diatribas de esa madre tan entregada a su verdadera felicidad y despegada de todo afecto material. ¡Qué desagradecida!

La decepción y el malhumor desatan la furia de nuestra protagonista, que ve cómo se esfuman ante sus propias narices dos posibles capturas de talla importante, pasando por encima, faltaría más, de los sentimientos anidados en el interior de sus hijas, quienes, en comparación a su desdicha, son del todo invisibles. ¡Pobre Mrs. Bennet!, qué injusta es la vida. Cinco hijas a las que dar de comer un mínimo de tres veces al día, un marido impasible con su propiedad vinculada y sin idea alguna de ahorrar para darles una dote. ¿Y todavía piensan en el amor? ¡Qué necedad!

Imagen relacionadaPara entender los sentimientos de esta mujer, solo hay que ponerse en sus gafas. Una mujer casada sin amor, que fue valorada únicamente por su belleza exterior, buscando infatigablemente un heredero varón que deje las cosas como deben estar, pero a quien la vida se le revuelve dándole cinco niñas y un esposo nada interesado en ahorrar para su futuro y que, si pudiese, habitaría en la biblioteca de casa, donde la realidad solo pasa de puntillas y sin hacer ruido.

Sus hijas agotan sus nervios y escasa felicidad. ¡Cómo no va a ser infeliz!

El adorable primo Collins se ha esfumado con Charlotte Lucas, la mejor amiga de su Lizzy y… ¡dueña futura de Longbourn! Decidme, Cielos, ¿qué os ha hecho esta mujer?

Resultado de imagen de WICKHAMJane carece de orgullo y se deja mecer en el caminar de las circunstancias, intentando cicatrizar las heridas dejadas por el alejamiento de Bingley. Lizzy es ingobernable y tiene la estúpida pretensión de casarse por amor. Mary está en terreno de nadie y las dos pequeñas no consiguen caer en brazos de unos pantalones con graduación militar. Aunque no todo está perdido: pone toda su esperanza en la menor de sus hijas y ve en ella su reflejo; menos mal que aún queda la sensatez de Lydia, una Mrs. Bennet en pequeño y desbocada que hará las delicias de esta familia tan singular y que con su inteligencia logrará estar en boca de todos, siendo la primera en conseguir dejar de tener tanto tiempo para escribir cartas y lucir su mano con la mejor de sus sonrisas ya que logrará conseguir a la joya de la corona: George Wickham .¡Salvará el orgullo familiar!

Cuando todo estaba perdido, el adorable Bingley rescata a su Jane, aunque haya que soportar al desagradable Darcy que se presenta continuamente en casa molestándolos con su presencia sin razón alguna. «Habrá que buscarle algún entretenimiento», piensa Mrs. Bennet, «aunque tenga que pasear con Lizzy».

Pero me apasionan las historias que nos muestran malos comienzos con grandes finales elaborados a medida, como el mejor orfebre elabora sus piezas preciosas. El Hado es el encargado final de limpiar el cristal de esa mirilla y dar luz donde solo había penumbra.

Nuestra buena señora, a pesar de seguir tintineando con sus nervios por esa vida singular, será la más afortunada de las madres, viendo como sus dos hijas mayores gozan de la vida por la que suspiró incansablemente su instinto maternal.

Resultado de imagen de MRS. BENNETAl final, me gustaría poder decir, en bien de su familia, que »la consecución del ardiente deseo de casar a tantas hijas tuvo un efecto tan positivo sobre ella que se convirtió, para el resto de sus días, en una mujer sensata, agradable e instruida; aunque, quizá, para su marido, que podría no haber disfrutado de la felicidad doméstica de una manera tan poco habitual, fue una suerte que siguiera padeciendo de los nervios de cuando en cuando y que se comportara invariablemente de la manera más absurda posible».

Los Bingley y los dueños de Pemberley cierran esta bella historia de orgullos y prejuicios, de convencionalismos sociales, de hipocresías y aunque sea innecesario, según el código de Mrs. Bennet, el amor verdadero triunfa y va adornado con las mejores propiedades deseadas. Ella y su mirilla han conseguido ver cómo emparentan con Wickham, Darcy y Bingley haciendo posible la cuadratura del círculo.

Un final hecho solo para heroínas y héroes destinados irremediablemente a estar unidos, a pesar de los infortunios del mundo.

PD: Lady Catherine debe seguir aspirando sales a estas alturas.

 

                                                                   Por Mª Ángeles Lorente

EL MATRIMONIO EN LAS NOVELAS DE JANE AUSTEN (PARTE 1)

 

Hola a todo el mundo. En primer lugar, quiero desearos un muy feliz 2018.

Durante las próximas semanas voy a escribir sobre un tema de gran importancia en las novelas de Jane Austen: el matrimonio. Lo abordaremos desde distintas perspectivas y ofreciendo una gran cantidad de ejemplos. Espero que resulte de vuestro interés.

Allá vamos.

Imagen relacionadaEl matrimonio es un tema central de las novelas de Jane Austen. Es el objetivo, el desencadenante y el colofón de todas las historias. Los conflictos se crean alrededor de posibles enlaces, o como consecuencia de una mala alianza. Se nos ofrecen ejemplos muy diversos de parejas con resultados también distintos.

Muchos de los que leemos  las novelas de Austen defendemos que no deberían catalogarse como románticas, pero la presencia tan constante del matrimonio podría ser un argumento en contra de esta afirmación. ¿Cómo justificarlo?

Esta autora analiza al ser humano como individuo y también en su interacción con los demás. Las relaciones interpersonales se pueden encontrar en distintos ámbitos: familia, amistad, relaciones sociales. Pero es en el matrimonio y en las etapas anteriores donde podemos encontrar una mayor riqueza de experiencias, sentimientos, factores socioculturales, contrastes y otros elementos que convierten este análisis en algo más profundo, atractivo e interesante.

Además, sus historias tienen un alto componente sociológico, y, como ya se ha visto y volveremos a comentar, en aquella época el matrimonio tenía una repercusión social mayor que en la actualidad. Por lo que es lógico que se convierta en el núcleo de tramas como las que se desarrollan en estas novelas.

Resultado de imagen de jane austen matrimonioSin embargo, a diferencia de lo que suele ocurrir en el género romántico, en estas obras no abundan los detalles sentimentales, las escenas emotivas, los diálogos apasionados, ni las muestras de afecto. El matrimonio es el objetivo y el hilo conductor, y una vez que se ha alcanzado la meta queda poco que decir. De hecho, la autora no suele reproducir las palabras de los enamorados durante la declaración; salvo cuando acaban en fracaso como la de Mr. Collins o la primera de Mr. Darcy. En los otros casos, se muestra que se han solucionado los conflictos y casi de inmediato se da por cerrada la historia.

En sus novelas, Jane Austen muestra las costumbres y la visión dominante de la sociedad de su tiempo. Pero, también al hablar del matrimonio, podemos entrever su punto de vista. En las siguientes páginas ofreceremos un amplio elenco de ejemplos para comprender la concepción de aquella época sobre la institución matrimonial, su relación con la situación económica y también una visión más general, y por último, lo que nosotros entendemos como visión de la autora manifestada de diversos modos.

En las futuras entradas de esta serie hablaremos de:

-Matrimonio, dinero y posición social

-Matrimonio, dinero y felicidad

-Rupturas familiares como consecuencia del un “mal matrimonio”

-Matrimonio entre hombre bien posicionado e inteligente y mujer guapa, pero…

-El matrimonio como una obligación social para la mujer

-Felicidad matrimonial

-Consecuencias de un mal matrimonio

-Del enamoramiento al matrimonio

Y, finalmente: el matrimonio visto por Jane Austen

Por Miguel Ángel Jordán