¿AL BORDE DE UN ATAQUE DE NERVIOS? LA SITUACIÓN DE LA MUJER EN LAS NOVELAS DE JANE AUSTEN

Hace unas semanas, al hablar de trabajos y oficios en las obras de Jane Austen, se explicó que, en ocasiones, al carecer de recursos económicos, los hijos nacidos después del heredero podían verse obligados a seguir caminos que hubieran preferido no recorrer. En esta entrada, vamos a hablar de la situación en la que quedaban las hijas de las familias de la baja nobleza, o de la gentry, y veremos que su posición solía ser aún más complicada.

La mayoría de lectores actuales desconocen las normas legales que regían la sociedad en la que vivió Jane Austen. Pero, una vez más, esta autora, sin necesidad de grandes explicaciones, logra que comprendamos la indefensión en la que se veían inmersas algunas mujeres tras el fallecimiento de un esposo o padre.

Al depender exclusivamente de las rentas y propiedades, y no del salario de un trabajo, los testamentos se convertían en auténticas sentencias para algunos o en golpes de fortuna para otros.

Resultado de imagen de bennet pride and prejudiceUna familia podía verse despojada de su hogar en favor de un tercero si no contaban con un hijo varón. Tal es el caso que se nos muestra en Pride and Prejudice, y la razón por la que Mrs. Bennet esté tan empeñada en que Lizzy acepte la oferta de matrimonio de Mr. Collins, futuro poseedor de Longbourn, hogar de los Bennet mientras viva el cabeza de familia.

––¡Oh, querido! ––se lamentó su esposa––. No puedo soportar oír hablar del tema. No menciones a ese hombre tan odioso. Es lo peor que te puede pasar en el mundo, que tus bienes no los puedan heredar tus hijas. De haber sido tú, hace mucho tiempo que yo habría hecho algo al respecto.

Jane y Elizabeth intentaron explicarle por qué no les pertenecía la herencia. Lo habían intentado muchas veces, pero era un tema con el que su madre perdía totalmente la razón; y siguió quejándose amargamente de la crueldad que significaba desposeer de la herencia a una familia de cinco hijas, en favor de un hombre que a ninguno le importaba nada.

Ciertamente, en este caso, el lector se siente inclinado a dar la razón a Mrs. Bennet, y nos resulta muy difícil imaginar que algo así pudiera ocurrir en la actualidad. Sin embargo, conocer esta circunstancia nos llevará a ser más comprensivos con la obsesión de esta madre por casar cuanto antes a sus cinco hijas, y procurarles un futuro estable a ellas y a sí misma.

Resultado de imagen de john dashwood sense and sensibilityComo acabamos de ver, la legislación de la época limitaba en ocasiones la capacidad de maniobra de los cabezas de familia, que podían llegar a sus últimos momentos con la angustia de saber que los suyos quedaban en una situación precaria, aunque hasta entonces hubieran vivido con desahogo. No estamos hablando de los que siempre habían sido pobres, sino de familias adineradas, pero atadas por lazos legales a la hora de redactar el testamento. En esos casos, las mujeres dependían de la benevolencia de los herederos, que no tenían más obligaciones que las que les dictara su conciencia. Así sucede con el padre de Elinor y Marianne, que en su lecho de muerte arranca la promesa de su hijo de que este velará por su familia.

Tan pronto se supo que la vida del señor Dashwood peligraba, enviaron por su hijo y a él le encargó el padre, con la intensidad y urgencia que la enfermedad hacía necesarias, el bienestar de su madrastra y hermanas. El señor John Dashwood no tenía la profundidad de sentimientos del resto de la familia, pero sí le afectó una recomendación de tal índole en un momento como ése, y prometió hacer todo lo que le fuera posible por el bienestar de sus parientes. El padre se sintió tranquilo ante tal promesa, y el señor John Dashwood se entregó entonces sin prisa a considerar cuánto podría prudentemente hacer por ellas.

Como sabemos, esta buena voluntad se queda tan solo en eso, bajo la influencia de Mrs. John Dashwood, que consigue silenciar la conciencia de su marido con razonamientos mezquinos y egoístas.

En vistas de esta situación, no es de extrañar que el matrimonio se viera como la única vía de subsistencia para aquellas mujeres que no tuvieran la suerte de contar con una gran fortuna personal. En una entrada futura, hablaremos del matrimonio desde distintos puntos de vista, por lo que tan solo destacaremos ahora la importancia de este hecho en las tramas de las novelas de Austen. Jane y Elizabeth Bennet, Anne Elliot, Fanny Price, Jane Fairfax y otras jóvenes a las que se nombra pasan de una situación incierta a un futuro prometedor, económicamente hablando, gracias a un matrimonio ventajoso.

Resultado de imagen de jane fairfax¿Qué ocurría con aquellas chicas de buena familia que no contaran con rentas propias ni recibieran proposiciones de matrimonio de caballeros solventes? Lo cierto es que las opciones para las jóvenes eran escasas. Mientras hubiera alguna renta, podrían tratar de ajustarse a esa cantidad, viviendo lo más dignamente que pudieran dentro de su estrechez. Pero, en el caso de que no contaran con recursos económicos, se verían abocadas a un matrimonio no tan ventajoso –el afecto en este caso sería aún más secundario–, pero al menos suficiente para subsistir, o tendrían que buscar algún empleo que les proporcionara un mínimo de ingresos y que, dentro de lo posible, no las hundiera socialmente. La enseñanza parece ser la salida más airosa para estas mujeres. Ya sea como institutriz privada, como hubiera sido el caso de Jane Fairfax, de no haberse casado con Frank:

Se decidió que Jane se preparara para la enseñanza, ya que los escasos centenares de libras que había heredado de su padre hacían imposible toda posición independiente. Y el coronel Campbell carecía de medios para asegurar su porvenir de otro modo; pues a pesar de que sus ingresos, procedentes de su paga y sus asignaciones, no eran nada despreciables, su fortuna no era muy grande, y debía ser íntegra para su hija; pero dándole una buena educación, confiaba proporcionarle para más adelante los medios para vivir decorosamente.

Imagen relacionadaO como maestra de escuela, como Mrs. Goddard:

Era una mujer sencilla y maternal, que había trabajado mucho en su juventud, y que ahora se consideraba con derecho a permitirse el ocasional esparcimiento de una visita para tomar el té.

En cualquier caso, se trataba de una situación complicada, que la misma Jane Austen conoció en primera persona, ya que, aunque nunca llegaron a pasar necesidad, tanto ella como su madre y su hermana Cassandra, dependieron de la ayuda de sus hermanos –que no les faltó en ningún momento– debido a los escasos recursos con los que contaron tras la muerte del Reverendo George Austen.

Próximamente publicaremos una entrada que tratará sobre diversos aspectos relacionados con el matrimonio, y en ella aparecerán trataremos otros aspectos relacionados con la situación social de la mujer en la sociedad, que podemos encontrar reflejados en las novelas de Jane Austen.

Por Miguel Ángel Jordán

 

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DO YOU HATE MONDAYS? TRABAJOS Y OFICIOS EN LAS OBRAS DE JANE AUSTEN

Resultado de imagen de i dont hate mondayA los lectores actuales sueles llamarles la atención la gran cantidad de tiempo de ocio del que disponen los protagonistas de las novelas de Jane Austen. Parece que estos personajes se dediquen tan solo a pasear, visitarse unos a otros, organizar excursiones al campo, asistir a bailes, alojarse en casas de amigos y familiares durante semanas o incluso meses, tomar las aguas en Bath, ir de compras, etc. En ocasiones se habla de viajes de negocios, pero tampoco da la impresión de que los que los protagonizan se vean encorsetados por una apretada agenda. La pregunta habitual que se hacen muchos lectores es: “¿pero es que esta gente no trabajaba?”. Y la respuesta podría ser: no, si podían evitarlo.

Al leer estas obras comprendemos que trabajar para lograr un sustento es la última opción, el último recurso cuando todos los demás han fracasado. Un joven de buena familia puede dedicarse a ciertas profesiones, pero será más para ocupar su tiempo que por necesidad. Cualquier persona, en general, puede desarrollar algunas actividades, pero siempre por gusto, para cultivar sus aficiones o mostrar sus destrezas. De ese modo, el trabajo será algo digno y no una esclavitud que acabe con la salud y estropee la apariencia del que lo realiza..

Resultado de imagen de edward ferrarsUn ejemplo claro de lo que esto significaba para los jóvenes lo tenemos en Edward Ferrars. En una visita a la familia Dashwood, el bondadoso caballero se muestra con un estado de ánimo bastante decaído. Achacando esta situación a la falta de actividad, Mrs. Dashwood, que había inculcado en sus hijas el aprovechamiento del tiempo, adopta una actitud maternal hacia su invitado y le recomienda que busque un empleo, no para ganar dinero, sino para tener algo que hacer. En la respuesta de Edward se reflejan perfectamente las posibilidades que se les abrían a los jóvenes de alta cuna, las opiniones de distintos sectores de la sociedad, las consecuencias de elegir uno u otro camino, y la actitud de muchos de ellos a la hora de escoger una ruta profesional.

Nunca pudimos ponernos de acuerdo en la elección de una profesión. Yo siempre preferí la iglesia, como lo sigo haciendo. Pero eso no era bastante elegante para mi familia. Ellos recomendaban una carrera militar. Eso era demasiado elegante para mí. En cuanto al ejercicio de las leyes, le concedieron la gracia de considerarla una profesión bastante decorosa; muchos jóvenes con despachos en alguna asociación de abogados de Londres han logrado una muy buena llegada a los círculos más importantes, y se pasean por la ciudad conduciendo calesas muy a la moda. Pero yo no tenía ninguna inclinación por las leyes, ni siquiera en esta forma harto menos abstrusa de ellas que mi familia aprobaba. En cuanto a la marina, tenía la ventaja de ser de buen tono, pero yo ya era demasiado mayor para ingresar a ella cuando se empezó a hablar del tema; y, a la larga, como no había verdadera necesidad de que tuviera una profesión, dado que podía ser igual de garboso y dispendioso con una chaqueta roja sobre los hombros o sin ella, se terminó por decidir que el ocio era lo más ventajoso y honorable.

Resultado de imagen de edmund bertram mary crawfordCaso distinto sería el de los hijos de familias de buena posición, pero que –al no ser los principales herederos– se ven obligados a buscar un empleo que les permita mantener su ritmo de vida sin descender, más de lo imprescindible, en la escala social. En el ejemplo anterior hemos visto las posibilidades que se barajaban, y en el siguiente las entenderemos con más detalle, al escuchar la conversación entre Edmund Bertram y Mary Crawford.

–De modo que va a convertirse usted en un sacerdote, Mr. Bertram. Es una sorpresa para mí. ––¿Por qué había de sorprenderla? Tenía usted que suponerme destinado a alguna profesión, y pudo darse cuenta de que yo no era abogado, ni militar, ni marino.

–Muy cierto; pero, en definitiva, no se me había ocurrido. Y ya sabe usted que suele haber un tío o un abuelo que deja una fortuna al segundón de una familia.

–Una costumbre muy encomiable ––dijo Edmund––, pero no universal. Yo soy una de las excepciones y, por serlo, debo hacer algo por mi cuenta.

 –Pero, ¿por qué ha de ser clérigo? Yo creí que, en todo caso, eso era el destino del hermano más joven, cuando había muchos otros con derecho de prioridad en la elección de carrera.

Es decir, si no hay un familiar que deje una buena suma para el segundo hijo, este tendrá que buscar un trabajo. ¿Cuál? La Iglesia, la ley, el ejército o la marina (importante distinción que quizás se nos escapa hoy en día) son las propuestas que encontramos repetidas. Por lo que dice Mary, la Iglesia era el lote del más pequeño, los restos del pastel que habían dejado sus hermanos. Salvo en el caso de unos pocos que, como Edmund, entraban en ese camino por convicciones propias.

Esta distinción entre el hijo mayor (eldest son) y los otros, ausente en la mayoría de ámbitos en la cultura occidental actual, es un tema repetido en varias de las obras de Austen como un reflejo más de la sociedad de su tiempo. Podemos detectar la visión de la autora sobre esta realidad en sus novelas. En la mitad de ellas, la familia protagonista no cuenta con un second son, sino que el núcleo familiar está conformado por mujeres, como ocurre en Pride and Prejudice, Emma, Persuasion, o incluso Sense and Sensibility; aunque en esta última sí hay un hermano mayor entre las Dashwood. En las obras en las que aparece un second son, este acaba siendo el privilegiado que obtiene el amor de la protagonista, recibiremos una visión positiva de su personalidad y se nos despertará cierta compasión hacia sus circunstancias. Tal es el caso de Edward Ferrars, Henry Tilney y Edmund Bertram.

Por Miguel Ángel Jordán

MANSFIELD PARK, ÚLTIMO CAPÍTULO: MUTIS MAGISTRAL

Resultado de imagen de mansfield parkEs una verdad universalmente aceptada que Mansfield Park (en lo sucesivo MP) es la obra más polémica, compleja y oscura —e incomprendida, añadiría yo— de cuantas vieron la luz de forma completa[1] a través de la pluma de Jane Austen. Dentro de la faceta polémica, una de las diversas cuestiones objeto de debate se refiere al capítulo final de la novela; capítulo que cierra de forma acelerada y contundente varios cientos de páginas de escritura minuciosa en torno a las idas y vueltas de los Bertam y los Crawford y a las tribulaciones de Fanny Price. En concreto, el objeto de controversia lo constituye el porqué de tan apresurado cierre de tramas y subtramas que contrasta sobremanera con el tono pausado del resto de la novela.

Resultado de imagen de nabokovLa opinión mayoritaria atribuye al cansancio de la autora este final expeditivo, que sería previsible tras el esfuerzo invertido en el resto de la obra. Parece ser que a muchos escritores les supone un esfuerzo titánico cerrar sus novelas (según declaran sin el menor recato en entrevistas y reportajes), y Austen, habiendo caído en este trance, decidió cortar por lo sano. Desde que V. Nabokov dictaminara dicha tesis en su estudio sobre MP, ésta es la conclusión generalizada en el mundo austenita y fuera de él. Como consecuencia de dicha tesis, este capítulo de cierre se considera como un defecto de la novela, uno de los inconvenientes que conlleva su lectura: encontrarse con una historia cerrada con urgencia e incluso en falso. Y no es ésta una tesis infundada, no sólo porque la sustentara Nabokov, escritor eminente, sino porque posee una clara apariencia de verosimilitud: no es fácil encontrar casos similares entre los clásicos, novelas de amplia extensión que fluyen mansamente durante un largo recorrido para concluir como en forma de catarata. Pero también es cierto que esta opinión se corresponde con una óptica de lectura propia de nuestro tiempo —como el criterio de Nabokov corresponde a un escritor del siglo XX—, sin tener en cuenta las peculiaridades de Austen no sólo como escritora del siglo XVIII, sino como una verdadera singularidad dentro de la literatura universal.

No obstante, en mi opinión, y desde un punto de vista de lector-escritor libre de prejuicios, la hipótesis del “cansancio” de la autora no es convincente. Y esta opinión la sustento en diferentes motivos que expongo a continuación:

Imagen relacionada1º. Esa forma chapucera de terminar una obra deprisa y corriendo de forma consciente, si bien puede encajar en publicaciones actuales destinadas al consumo pronto y fácil, no concuerda en modo alguno con la actitud vital, el perfeccionismo y el estilo de Austen. Sólo en algunas de sus obras de juventud, escritas por puro entretenimiento para lectura en familia y sin vistas a ser dada a la imprenta para lectura general, podría llegar a admitirse sin reparo dicha explicación.

2º. Por otra parte, MP fue escrita en plena época de fecundidad y madurez creativa de Austen, después de Orgullo y prejuicio y antes de Emma. Atribuir cansancio o indolencia por el desarrollo final de la novela tampoco encaja con la pulsión creativa de una orfebre entregada a la labor de su pincel sobre el trocito de marfil en esas tres grandes obras. A mayor abundamiento, en su obra subsiguiente Austen se deleitó y nos deleitó, después de resuelta la trama principal, prolongando la novela durante toda una quinta parte de su amplia extensión a fin de no dejar suelto el menor cabo del entramado Highbury-Hartfield-Donwell.

3º. Y, por último, y por eso mismo más importante, a mi entender Austen ya había escrito cuanto quería escribir en torno a Mansfield y las relaciones de sus habitantes. Si la autora no fuera deudora de su devoción por Fanny Price y de las reglas de la novela de su tiempo, es probable que MP carecería de este último capítulo, o éste habría sido distinto; recordemos que MP es la representación, incluso stricto sensu, del lado oscuro de la sociedad (no sólo de la de su época y país, sino de la de todas las épocas y países): los vicios, las torpezas, las carencias de compromiso, responsabilidad, sacrificio o firmeza de valores, los prejuicios, las dobleces, el egoísmo, la tibieza moral, etcétera. Cuarenta y siete capítulos de virtuosismo, metaliteratura, simbolismo e inteligencia emocional, entre otras admirables cualidades, fueron más que suficientes para completar su theatrum mundi, y de ahí su magistral mutis: «Yo dejo al punto esos temas odiosos, impaciente por devolver alguna paz a los que no tuvieron demasiada responsabilidad, y terminar con lo demás»[2]. Por decirlo de otro modo, a mi parecer el único fundamento de este capítulo es conceder a la heroína su recompensa más ansiada.

Resultado de imagen de mansfield parkAhora bien, sea cual sea la explicación, e incluso admitiendo el humano razonamiento de la desgana de Austen como causa de la rápida finalización de su historia, incluso ese mismo aspecto resaltaría su genialidad. Dejando a mi imaginación a su indomable albedrío, evoco a la autora afrontando esas últimas páginas de manuscrito con no poca resolución: «Bien, vamos a acabar de una vez con la tontería», pensaría remangándose y mojando su pluma en la tinta dispuesta a realizar un ajuste de cuentas con todos y cada uno de los personajes, con la lógica excepción de la protagonista. No se libra nadie; ni siquiera el insulso Edmund, cuyo único motivo de redención es su afecto incondicional por Fanny.

Es muy infrecuente en la historia de la literatura, y no digamos en la obra de aquel tiempo, asistir a fustigaciones semejantes de manera tan directa. Sí que abundan los personajes abyectos, expuestos al escarnio o puestos en ridículo por sí mismos; pero que sean los propios autores quienes hagan de banderilleros y picadores directamente es algo insólito (que sólo puede conseguir adhesiones incondicionales entre frikis literarios).

Resultado de imagen de mansfield parkSobran ulteriores palabras y explicaciones al respecto, porque basta espigar algunas de las perlas que puntualmente regala nuestra Jane a cada personaje a lo largo de dicho capítulo para comprobarlo:

  • Sobre Tom Bertram. «Había sufrido y había aprendido a pensar: dos ventajas que no había conocido hasta ahora». [Teniendo en cuenta que tenía veintiséis años, una edad considerable en aquella época y aun hoy]
  • Sobre Maria y Julia Bertram. «Nunca se las había enseñado propiamente a dominar sus inclinaciones y temperamento mediante el sentido del deber, único que puede ser suficiente. (…); y sobre la necesidad de la abnegación y la humildad, sospechaba que jamás habían oído de labios de nadie nada que les fuera de provecho».
  • Sobre el señor Rushworth. «No le fue difícil obtener el divorcio, y de este modo concluyó un matrimonio contraído en circunstancias tales que cualquier final mejor, producto de la suerte, habría estado fuera de todo cálculo». «Las indignidades de la estupidez y los desengaños de la pasión egoísta despiertan poca compasión».
  • Sobre la señora Norris y su sobrina Maria. «La señora Norris abandonó Mansfield Park para consagrarse a su infortunada Maria, creándose un establecimiento para ellas en una región remota y retirada, donde, recluidas con poca compañía, sin afecto la una y sin juicio la otra, es lógico suponer que sus respectivos temperamentos las convirtieron en su mutuo castigo».
  • Sobre la señora Norris, un bonus extra. «[Sir Thomas] La veía como un mal perpetuo, tanto más cuanto que no parecía posibilidad de que acabara sino con la muerte; (…) Así que verse libre de ella fue una dicha tan grande que, de no haber dejado recuerdos amargos tras de sí, sir Thomas casi habría corrido peligro de aprobar el mal que había acarreado este bien».
  • Sobre Henry Crawford, la narradora es tajante y no tiene la menor duda de su indignidad y desmerecimiento de cualquier destino mejor. O, dicho en términos coloquiales, según la propia autora su fin se lo había ganado a pulso. «Si hubiera merecido más, no cabe duda de que lo habría obtenido». «De haberse limitado a conquistar el afecto de una mujer amable, de haber encontrado gozo suficiente en vencer la aversión, y en ganarse poco a poco la estima y el cariño de Fanny Price, habría tenido todas las posibilidades de éxito y de felicidad para él». «[al encontrarse de nuevo con la señora Rushworth] Se le despertaron la curiosidad y la vanidad, y la tentación del placer inmediato fue demasiado fuerte para un espíritu no acostumbrado a sacrificar nada a lo correcto».
  • Sobre el señor Grant. «El doctor Grant se provocó un ataque de apoplejía con los tres banquetes semanales que había instituido, y murió».
  • Resultado de imagen de mansfield parkSobre lady Bertram. Un remate suave en comparación con la crudeza con que ha sido descrita en diversos pasajes de la novela: «Dado lo egoístamente cara que había sido para lady Bertram durante mucho tiempo, no vio ésta de buen grado la marcha de su sobrina. Ninguna felicidad de hijo o sobrina podían hacerla desear ese matrimonio».
  • Sobre lord Bertram. «Estas fueron las circunstancias y esperanzas que poco a poco trajeron alivio a sir Thomas (…), aunque nunca le desapareció el dolor que provenía de la convicción de sus propios errores en la educación de sus hijas. (…) Veía cuán erróneamente había calculado al esperar contrarrestar lo que la señora Norris hacía mal haciendo él lo contrario; claramente veía que no había hecho sino aumentar ese mal (…)».
  • Sobre Edmund. No se detuvo la autora en atribuirle el mayor castigo para cualquier persona: «Sufría de desencanto y de pena, lamentando lo que era y deseando lo que nunca podría ser». Y muy sutilmente se habla de su cambio de inclinaciones: «No le hizo falta esperar y desear con afectos vacantes a una criatura digna que la sucediera en ellos. Apenas había terminado de lamentar la pérdida de Mary Crawford, y de confesar a Fanny cuán imposible le sería encontrar a una mujer igual, cuando empezó a pensar si no le convendría una clase de mujer totalmente diferente…» [Los puntos suspensivos son de la autora].

Imagen relacionadaEn definitiva, se podrá estar de acuerdo o en desacuerdo con la procedencia y la motivación de este final, abrupto en comparación con la extensión del resto de la novela, pero resulta indiscutible que es el producto de una mente ingeniosa en grado sumo y de una pluma con habilidad extraordinaria. Mansfield Park es una obra que precisa un tipo de lectura exigente, curtida en muchos miles de páginas y capaz de admirar los detalles sutiles dispersos por la novela; no sirve como puerta de entrada al mundo de Austen, pero sí forma parte del corazón de su obra, al que sólo se puede llegar con las capacidades señaladas.

 

Por Fernando García Pañeda

Nota final: Los párrafos transcritos de la novela corresponden a la traducción de Francisco Torres Oliver, publicada por Alba Editorial, año 2000.

[1] El arranque de Sanditon, entre especulación inmobiliaria, ansia de dinero, sensualidad desordenada, actitudes ambiguas de personajes y una protagonista de notoria inteligencia, también prometía emociones un tanto “interesantes” y umbrías que no podemos comparar con el resto de las novelas.

[2] En efecto, la posteridad tomó nota, puesto que otras plumas se han extendido a base de bien en culpas, desdichas y calamidades psicosociales durante estos últimos doscientos años.

Pero… ¿hay machismo en Jane Austen?

En mi anterior entrada hablaba del feminismo en Jane Austen, o más bien, la comprensión contemporánea que poseemos del feminismo y su manifestación como tal en las novelas de Jane Austen. El objetivo no era descubrir si la autora era o no feminista; no era identificar las escenas que podrían ser etiquetadas como feministas, término que resulta anacrónico para la novelas de la era de Regencia. Igualmente, no es el objetivo de esta reflexión el etiquetar a Austen de machista. De nuevo, el machismo es un término anacrónico, pues si bien hoy en día podríamos ver ciertas conductas como machistas, en la época eran entendidas como genuinamente buenas y de sinceras intenciones. Como nuestro vicepresidente añade muy acertadamente en su anterior entrada, sobre la elegancia, Jane Austen es más allá de machista o feminista: es personalista. Busca la defensa del individuo en sus personajes, más allá de su género. Tildarla de feminista o machista es, como dirían los ingleses, neither here not there.

Lydia_Bennet_2992983cLas más acérrimas (y acérrimos) defensoras/es del movimiento feminista que se ha alzado de forma tan poderosa durante estos últimos años pueden argumentar que los ambientes en los que se desarrolla la acción de las novelas son esencialmente heteropatriarcales; que la literatura austeniana no tiene cabida en la literatura de género por funcionar, incluso contando con la ironía del narrador, sustentada por una sociedad igualmente heteropatriarcal, que confía en el matrimonio para el final feliz de la heroína. No podría quitárseles al menos parte de la razón en estos argumentos, si bien es verdad que podemos contar el matrimonio convencional como final feliz no sólo porque es la estructura socialmente impuesta (y que en la época privaba a la mujer de libertad), sino porque además la historia es, al fin y al cabo, sobre el amor de la heroína por un hombre, y un final feliz debe complacer a sus personajes. Se pueden escribir ríos de tinta discutiendo acerca de estos aspecto, y les invito a discutirlo abierta y civilizadamente en la sección de comentarios de la red social de su elección. Les puedo prometer que participaremos encantados.

jane-austen-was-a-strong-independent-woman-who-didnt-need-no-manLas personas que, por el contrario, estén dispuestas a defender que Jane Austen era una feminista, grande o pequeña; consciente o inconsciente de ello; rebelde o tradicional; protofeminista o una auténtica revolucionaria; pero crítica del heteropatriarcado, al fin y al cabo, podrán por su parte blandir sus argumentos con igual fuerza. Podemos posiblemente contar entre estas personas a Sandra Gilbert y Susan Gubar con su Madwoman in the Attic  (si usted se considera feminista, léalo; encontrará un amigo y profesor. Si no se considera feminista, ¡léalo! Encontrará un interesante debate que tal vez, como mínimo, le haga pensar). Gilbert y Gubar encontraron en Northanger Abbey una fantástica crítica feminista que no sólo se basaba en la ironía con la que la voz narradora trataba a los personajes y su comportamiento, sino también en las acciones de la heroína y la dinámica de sus relaciones. También podríamos escribir páginas y páginas sobre esto; Gilbert y Gubar lo han hecho, y el tema está igualmente abierto a debate en los comentarios que ustedes quieran. Se lo ruego: ¡nos encantan los debates!

Elijo excluir de mis posibles lectores a un tercer grupo de personas, que opine que Jane Austen no es feminista ni machista, pero que escribe sobre una época en la que la sociedad es plenamente funcional y aún debería funcionar así. A esas personas les pido que suelten ese DVD de la BBC ahora mismo y por favor, lean las novelas otra vez…

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Aclarado esto, podemos escrutar numerosos personajes masculinos (¡y femeninos!), y su comportamiento “machista”. Se me ocurren cuatro ejemplos concretos:

En primer lugar, tenemos la relación de Emma y el Sr. Knightley. Este último es uno de los favoritos cuando se trata de los hombres Austen, y es comprensible: Knightley es un hombre íntegro, inteligente, maduro, responsable y consecuente, y, si bien las relaciones sociales no son su fuerte, ni lo es la naturalidad o la jovialidad, es siempre correcto y elegante, tal como define Miguel Ángel en su entrada, en su comportamiento.

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No obstante, su relación con Emma, que a mí, personalmente, siempre se me ha antojado ligeramente insana e incluso Freudiana, es el paradigma de la estructura heteropatriarcal. Emma se casa con una figura paterna que no ha tenido en su vida (su padre apenas sale y es un hombre anciano). La relación con Knightley aniña a Emma, que es reprendida y corregida constantemente por Knightley. Él la sigue en casi todas sus actividades, tratando de enseñarle lecciones, y finalmente se casa con ella no sin antes señalar que la tuvo en sus rodillas cuando era pequeña, en calidad más de tío que de cuñado y/o candidato a su mano. El hecho de que Emma se sienta atraída por una figura paternal que la protege, la saca de su casa (la mayor preocupación del Sr. Woodhouse) y corrige su conducta, la posiciona como una criatura más débil, insegura, e intelectualmente inferior que el hombre, cuyo deber es “meterla en vereda”, culminando este proceso al casarse con ella.

En segundo lugar, encontramos a Lady Catherine, fustigadora de mujeres más jóvenes y más libres que ella. Víctima de su educación y del hecho de pertenecer a una generación mucho anterior a la de Elizabeth Bennet, Lady Catherine, si bien es una figura poderosa, rica y que (ya) no necesita a un hombre en su vida, está en contra de las mujeres libres. “Para ser usted tan joven da sus opiniones de una forma muy resuelta.”, le dice a Elizabeth Bennet, muy ofendida. Lady Catherine es lo contrario a la mujer que defiende la hermandad entre mujeres, como hemos hablado en mi anterior entrada.

 

 

Un tercer caso se ve en Marianne Dashwood, una raro ejemplar dentro de las heroínas de Austen. Mientras que éstas normalmente siguen un proceso para enamorarse de sus héroes, y su cambio de opinión significa una mejora en su carácter y su actitud, además de aprendizaje, Marianne sólo sufre este proceso con el irresponsable Willoughby. Y digo sufre porque resulta un proceso doloroso, en el que lo aprendido causa dolor y desengaño. No obstante, el desengaño o reconocimiento de las heroínas Austen sólo implica mejoría, y no cambia su carácter: su personalidad no es suprimida. En el triste caso de Marianne, en cambio, tras pasar por el mismo proceso que todas, y perder a Willougby, su personalidad cambia. Jane Austen no defendía la exaltación ni los extremos, pero Marianne es silenciada en un final que dice poco de sus auténticos sentimientos, y en un incómodo, y de nuevo algo Freudiano, giro de los acontecimientos, se casa con el coronel Brandon. El coronel es sin lugar a dudas un hombre bueno y un gran partido; pero Marianne no está profundamente enamorada de él, y su tendencia a ilusionarse, sus desbordantes ganas de vivir, y sus sentimientos exaltados que la hacían la más cariñosa y alegre de las heroínas Austen, desaparecen rápidamente para ser sustituidos por prudencia y apacibilidad, y termina sus días junto a un hombre a quien la GRATITUD y el AFECTO ata a su persona. El “problema” de Marianne se “soluciona” casándola con el hombre mayor que vela por su protección.

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Por último, encontramos el caso que tal vez sea el más obvio de todos: Mr. Collins y su actitud para con la elección de una esposa. Mr. Collins resulta doblemente ridículo por ser un hombre poco apuesto y pomposo, pero que actúa como si no lo fuera, sino más bien como si fuera muy de agradecer su presencia en la casa de los Bennet para escoger a una de las hijas como esposa. Lo punzante de este caso es que no le falta razón: la situación de las Bennet resulta urgente, y la casa donde viven es de su propiedad. No obstante, su actitud no hace sino convertir todo ello en algo mucho más desagradable, y peor aún: no tiene en cuenta en ningún momento los sentimientos de sus primas, a las que considera algo así como candidatas a un puesto en el que él es el consejero delegado y ellas, las desesperadas becarias. “…a pesar de sus muchos atractivos, es sin duda seguro que una oferta así no se le volverá a hacer.”, le dice a Lizzy.

Todas estas conductas, de buscar “machismo” en Jane Austen, podrían ser señaladas como tales. No obstante, la aclaración del principio de este artículo pretendía dejar claro, al leer de estos ejemplos, que el machismo como tal no existía en la época de Jane Austen. Mientras que hay hombres y mujeres en su obra que son egoístas, y atentan contra la individualidad de la heroína, también hay personajes cuyo comportamiento es igualmente machista para los estándares del lector contemporáneo, pero que no obstante son generosos, de buenas intenciones y carácter, y cuyo objetivo es hacer feliz a la heroína. De esta forma, no podemos acusar de machistas a personajes que pertenecen a una época en que el feminismo no existía, y su educación, condicionada por la época en la que vivía y el razonamiento de la misma, no les daba la opción a considerar nada más allá que una sociedad patriarcal en la que la mujer era débil e intelectualmente inferior. Pero piensen en el héroe de su elección: piensen en Brandon, Ferrars, Knightley, Darcy, Bingley, Edmund, Tilney o Wentworth. ¿quieren a su esposa algo menos por ello?

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Por Elena Truan

LECCIONES DE ELEGANCIA POR JANE AUSTEN

Elegante:

-Dotado de gracia, nobleza y sencillez

-Dicho de una persona: que tiene buen gusto y distinción para vestir.

-Dicho de una cosa o de un lugar: que revela distinción, refinamiento y buen gusto.

Elegancia: 

-Forma bella de expresar los pensamientos.

Resultado de imagen de inglaterra regenciaLos tiempos cambian, las costumbres cambian, las normas sociales cambian… Muchas cosas cambian, pero las personas siguen siendo personas y en el fondo somos muy similares a aquellos que nos han precedido durante los últimos siglos. Varían las circunstancias, el decorado, las reglas, pero los actores siguen siendo los mismos. Y por eso somos capaces de disfrutar de las novelas de Jane Austen a pesar de que se haya cumplido el bicentenario de su muerte.

Al leer estas novelas, nos introducimos en una sociedad regulada por unas normas muy claras y definidas. La mayoría de los personajes de Austen pertenecen a las clases elevadas, ya sean de la gentry (ámbito rural) o de la nobleza. Y como tales, actúan según lo dictan las reglas del momento.

Algunas de esas normas y costumbres constreñían o limitaban en mayor o menor medida ciertos aspectos de la vida, y podían resultar especialmente gravosas para las mujeres. Las obras de Austen son un fiel reflejo de la sociedad de su tiempo y es fácil que a un lector actual le sorprendan algunos usos de la época y la actitud ceremoniosa de tantos personajes. No es raro que haya muchos que encuentren todo este protocolo exagerado y carente de naturalidad.

¿Qué opinaba Jane Austen al respecto? Pienso que encontramos un fiel reflejo de su modo de pensar en un pasaje de Mansfield Park, en el que el narrador describe la situación en la que se encuentra Julia Bertram al visitar los amplios terrenos de los Rushworth. La joven Julia se ve obligada a caminar junto a la señora Rushworth, cuando ella preferiría estar junto a Henry Crawford.

Resultado de imagen de justine waddell mansfield park julia bertramThe politeness which she had been brought up to practise as a duty made it impossible for her to escape; while the want of that higher species of self-command, that just consideration of others, that knowledge of her own heart, that principle of right, which had not formed any essential part of her education, made her miserable under it

La educación recibida le impide “escapar”, ya que sabe que resultaría muy grosero. El problema es que esa educación solo ha modelado el exterior y no el interior. Sus modales no se corresponden con unos principios que la lleven a preocuparse por los demás, a buscar lo mejor para ellos, a respetarlos… Sabe qué es lo correcto y actúa en consecuencia, pero por mero formalismo.

Las reglas sociales tienen como finalidad principal facilitar la convivencia, establecer unos límites y ofrecer unas orientaciones que sirvan de guía para que todos sean tratados con respeto. Pero, dentro de esos amplios parámetros, cada persona actúa según su carácter, sus principios y sus circunstancias. Las normas de educación pueden quedarse en algo puramente formal o ser el resultado de una actitud interior. Lo ideal, por lo que nos dice Austen, es que sean un reflejo de algo más profundo. Pero, si en algún caso no es así, esas normas de conducta servirán, al menos, para marcar los límites que no se deben sobrepasar si no se quiere molestar u ofender a otras personas.

Resultado de imagen de audrey hepburn elegance quotes¿Basta con ser educado para ser elegante? No. La educación es un primer paso, pero la elegancia va mucho más allá. La educación se basa en normas, la elegancia está fundamentada en el buen gusto, la nobleza, la distinción (elevarse sobre lo vulgar) y en el refinamiento, que no implica ser un tiquismiquis, sino hacer las cosas con esmero y cuidado. Y todo esto adquiere un realce aún mayor cuando cuenta con el ingrediente secreto: la sencillez.

Existe una elegancia aparente y otra real. La elegancia aparente se puede adquirir con cierta práctica y asesoramiento. Está un peldaño por encima de la buena educación, pero queda muy lejos de la auténtica elegancia. ¿Cuál es la diferencia? La primera es una técnica, la segunda es un modo de pensar y de vivir.

Resultado de imagen de postureoLa elegancia aparente busca el reconocimiento de los demás, quiere causar un buen efecto o incluso deslumbrar. Tiene mucho que ver con el “postureo” que tan de moda está hoy en día. Solo se ejercita de cara al público. Sin embargo, la elegancia real impregna todas las facetas de la persona, está vinculada al modo de pensar y a los principios y, por lo tanto, no se ejercita solo cuando hay alguien observando, sino en todo momento.

Imagen relacionada¿Se puede diferenciar una de otra? Por supuesto, con el trato y con el tiempo. Las primeras impresiones son importantes pero no deben ser definitivas, como bien nos muestra Jane Austen en la obra que recibió ese título (First Impressions), aunque después hubo de ser rebautizada como Pride and Prejudice. En esta novela, vemos cómo la percepción de Elizabeth Bennet sobre Mr. Darcy varía con el tiempo. En un principio lo sitúa en el bando de los aparentemente elegantes y al final se da cuenta de que su elegancia es real. Al principio de la novela vemos sus formas correctas, su mente cultivada y su respeto por la etiqueta. Con el transcurso de las páginas llegamos a conocer su interior y descubrimos su valía, que alcanza el grado máximo en la mente de Lizzy cuando descubre que intervino de un modo decisivo en el affaire Lydia-Wickham, queriendo permanecer en el anonimato.

En las novelas de Jane Austen podemos hallar una gran cantidad de ejemplos de ambos tipos de elegancia, y los que conozcan estas historias sabrán la opinión de la autora sobre unos personajes y otros, y la visión que de ellos nos transmite esta genial escritora.

Resultado de imagen de mr wickhamEn el bando de los aparentemente elegantes podríamos incluir, entre muchos otros, a los siguientes personajes:

Mr. John Dashwood (hermano de Elinor y Marianne) y su esposa, Willoughby, Robert Ferrars, Mrs. Ferrars, Mr. Collins, Wickham, Caroline Bingley, Lady Catherine de Bourgh, el general Tilney, los hermanos Henry y Mary Crawford, las hermanas Bertram, sir Walter Elliot y su primogénita, Mr. Elliot, Mr. Elton y su esposa, Frank Churchill…

Imagen relacionadaY en el de los realmente elegantes:

Elinor, el coronel Brandon, Elizabeth y Jane Bennet, Mr. Darcy, el matrimonio Gardiner, los hermanos Henry y Eleanor Tilney, Catherine Morland, Fanny Price, Anne Elliot, el capitán Wentworth, Mr. Knightley, Emma (a ratos), Mrs. Weston…

Soy consciente de que he dejado a muchos personajes fuera de esta lista, pero, desde mi punto de vista, estos son los más representativos.

Como se puede apreciar, las heroínas de estas novelas y la mayoría de sus caballeros aparecen en el grupo de los realmente elegantes. Emma es un caso aparte, Edward Ferrars tiene sus momentos y Edmund Bertram… tiene más de pelele que de caballero (en mi humilde opinión). Y es que, aunque cada personaje de Austen es único, se nota que esta autora tenía una escala de valores bien definida y seleccionaba con cuidado a la pareja que iba a protagonizar cada una de sus historias.

Termino ya…

Como decía al principio, hay muchas cosas que cambian con el tiempo, y en muchos campos hemos progresado, pero creo que hay otros en los que podríamos aprender de nuestros antecesores. Puede que el problema sea que me estoy haciendo mayor xD, pero lo cierto es que a veces echo de menos esa elegancia que destilan algunos personajes de Austen.

Resultado de imagen de prohibido entrar sin camisetaEn esta época de exhibicionismo vital, en la que podemos saber intimidades de muchos con solo asomarnos a las redes sociales; cuando algunos se visten igual para ir a la playa que para asistir a la universidad; en la que hacen falta carteles que indiquen “prohibido entrar a la tienda sin camiseta”; y algunos jóvenes piensan que saben más que sus mayores porque han leído un par de panfletos y retuitean “pensamientos profundos”. En estos tiempos en los que hay gente que no valora los pequeños detalles como ceder el asiento, dejar pasar, dar las gracias con una sonrisa, pedir las cosas por favor, dejar el móvil aparcado cuando hay otras personas delante, hablar en un tono que no resulte molesto a los demás, etc… En estos tiempos, en los que también hay mucha gente elegante, la lectura de Austen puede ser un soplo de aire fresco, una fuente de inspiración y un termómetro para medir nuestra sensibilidad al respecto.

Por supuesto que cada época tiene sus reglas y no hay que quedarse anclados en el pasado. Pero tampoco pensemos que todo cambio es positivo. Progresar es ir a mejor, no tirar pa’alante y ya veremos qué pasa.

En la entrada anterior, Elena Truan hablaba del feminismo y Jane Austen. Sin querer llevar la contraria a nuestra presidenta, a la que me une el afecto, el agradecimiento y muchas horas de trabajo compartido, me atrevo a ir un paso más allá al decir que Jane Austen no es feminista -ni machista-, sino personalista. No como pertenecedora a esa corriente filosófica, sino como defensora de la persona, de cada persona, independientemente de su edad, sexo, creencias o condición social. Cada uno es cada uno y todos merecemos un respeto. Y el que entiende eso podrá alcanzar la elegancia de dos de sus grandes personajes:

Imagen relacionadaImagen relacionadaLa elegancia de Mr. Knightley, que es capaz de moverse en distintos ambientes, velar por sus vecinos más desfavorecidos y cantarle las cuarenta a Emma cuando se pasa de la raya. Y la elegancia innata de Lizzy, que resplandece aún más al compararla con otros miembros de su familia. Una elegancia que le permite enfrentarse a Lady Catherine de igual a igual, a pesar de los pesares; y la elegancia que le permite reconocer su error y cambiar de actitud.

Gracias, Jane por tantas cosas… Y por tus lecciones de elegancia.

Por Miguel Ángel Jordán

 

 

LAS APARIENCIAS ENGAÑAN

Cada persona ve el mundo desde su propia realidad. Hay gente a la que todo le parece maravilloso, mientras que otros son expertos en encontrar pegas y defectos. Se suele decir que  la virtud está en el justo medio, pero, en este caso, yo creo que es mejor pasarse por carta de más que de menos. El optimista nato tiene más seguidores que el cenizo profesional.

Son tantos los factores que influyen en la formación de nuestro carácter que sería un error caer en argumentos simplones o reduccionistas. Sin embargo, no temo equivocarme si afirmo que el estado interior de cada persona es de gran influencia en su percepción de la realidad. Un líquido adquiere la forma de su recipiente, y una misma situación será percibida de distintas maneras por personas diferentes.

¿A qué viene todo esto? ¿Qué tiene que ver con Jane Austen? Mucho, muchísimo, todo.

Las obras de Jane Austen son realistas, no porque cuenten historias verídicas, sino porque las protagonizan personas de carne y hueso. Y esa es una de las claves de su grandeza.

Un lector superficial podría encontrar estas novelas superficiales. Hay gente que piensa que para profundizar en un personaje es necesario incluir largas descripciones psicológicas o introspecciones densas y enmarañadas del protagonista, que analiza su interior con precisión microscópica. Vueltas y revueltas, un oscuro laberinto de pasiones y amarguras, y un mundo en deconstrucción, al que apenas le alcanza algún tímido rayo de sol de cuando en cuando.

Así actúan algunos autores, y tienen todo el derecho del mundo. Pero ese no es el estilo de Jane Austen y no por eso es menos que ellos. Austen profundiza en sus personajes, bucea hasta lo más hondo de su ser. Y gracias a este conocimiento es capaz de mostrarlos con una sencillez que no es simplicidad. Las obras de Austen son tan reales como la vida, y las personas se dan a conocer del mismo modo que en nuestro día a día: hablando y actuando. Lo exterior nos muestra la realidad interior.

En las novelas de Jane Austen encontramos abundantes contrastes. Son su modo de destacar la personalidad de sus protagonistas. Y hoy, me gustaría fijarme brevemente en un contraste que muchas veces puede pasar inadvertido: Emma Woodhouse vs Miss Bates.

Imagen relacionadaEmma: guapa, inteligente y rica.

Miss Bates: ni guapa, ni inteligente, ni rica.

Resultado de imagen de mrs bates emmaEmma: tiene todo lo que necesita y mucho más, sin embargo vive en un constante estado de insatisfacción, creando problemas a su alrededor, jugando con los sentimientos de los que la rodean, criticando cruelmente a muchos de sus vecinos.

Miss Bates: apenas tiene lo necesario para subsistir, sin embargo se muestra siempre contenta y agradecida, valora cada pequeño detalle que tienen con ella o con su madre, disfruta cada pequeña alegría, habla bien de todo el mundo, es generosa con lo poco que tiene.

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Esto podría parecer exagerado o irreal sino fuera porque a día de hoy la situación se repite una y otra vez. Personas con grandes dotes naturales y condiciones favorables que viven encerradas en sí mismas y se muestran críticas o escépticas con el mundo que les rodea. Engreídos que tratan a los demás con desdén o condescendencia, y que siguen el camino que lleva a la soledad. Y por otro lado, hombres y mujeres a los que la vida los ha tratado con dureza, pero que saben llevar sus penas con elegancia y buen humor. Optimistas incansables que siempre tienen una sonrisa de agradecimiento o una palabra cordial.

¿Y qué opina Jane Austen al respecto? Basta con leer la novela para saberlo.

A pesar de su inteligencia despierta y de sus muchos otros dones naturales, no es Emma la que cambia a la señorita Bates, sino al revés. Emma despierta de su inconsciencia gracias al episodio de Box Hill. Es Mr. Knightley el que le llama la atención, pero será Miss Bates, con su actitud humilde y bondadosa, la que termina de resquebrajar la coraza de egoísmo, altanería y superficialidad que aislaba a la señorita Woodhouse de los que la rodeaban.

Imagen relacionadaResultado de imagen de mrs norris mansfield parkMiss Bates tiene muchos defectos, pero nunca actúa con malicia. Puede resultar cargante y aburrida, pero nunca provocará malestar ni rencor. Por eso, a pesar de su parlanchinería, sigue siendo una mujer entrañable a la que muchos buscan y quieren. ¡Qué diferente de Mrs. Norris! Un personaje que podría ser muy parecido, pero que está en el polo opuesto. Porque en las obras de Austen cada personaje es único e irrepetible, como ocurre en el mundo real.

Por Miguel Ángel Jordán

“Verdad universalmente conocida”: la traducibilidad de Jane Austen a los contextos sociales del siglo XXI

Mi trabajo de fin de grado, presentado este junio de 2017 , gira en torno la traducibilidad de los contextos sociales en los que se desarrollan las novelas de Jane Austen, a los contextos sociales actuales. ¿Qué quiere decir esto? Significa, en palabras más sencillas, que busco la auténtica clave del éxito de Jane Austen en las pequeñas cosas, pertenecientes a situaciones sociales en las que se encuentran sus personajes, que son inherentes al ser humano. Dicho de otro modo: la universalidad de Jane Austen radica en su retrato de características propias de las relaciones humanas, que no cambian a lo largo de los años.

Si bien Jane Austen sufrió la carga de una crítica patriarcal, que se preocupó mucho más de mirar con lupa su moralidad, o falta de ella, que la calidad o el estilo literario, sobrevivió también a todas las críticas para convertirse en un fenómeno de masas en los siglos XX  y XXI, un fenómenos que los austenitas de sobra conocemos. Austen arrastró la crítica del patriarcado, lo que provocó durante mucho tiempo que se la dejase en la sección de novelas para mujeres, sin darle el valor que merecía. No obstante, y a pesar de estar encasillada en esa polvorienta estantería, en el oscuro lado de la biblioteca canónica patriarcal, muchas escritoras y críticas feministas, probablemente enviadas a esa sección a educar su mente en los valores morales propios de una señorita, se abrazaron a sus novelas y se las llevaron a los más altos pedestales del extremo opuesto del edificio que constituye la literatura universal: la crítica feminista. Así, Sandra Gilbert y Susan Gubar, Virginia Woolf, y muchas otras han sabido apreciar el sarcasmo y la crítica de Austen como una autora profunda y reflexiva, e incluso protofeminista.

Para un análisis que gire en torno al éxito y la actualidad de Austen en el siglo XXI, me he centrado en Orgullo y Prejuicio, al ser la novela más adaptada de Jane Austen, la que más influencia ha tenido en la “Austenmanía” de la mitad de la década de los 90, y por tanto la que más aparece en el merchandising de Jane Austen, y en Internet. Orgullo y Prejuicio es la segunda novela más leída del Reino Unido, tras El Señor de los Anillos, de acuerdo con la encuesta realizada en 2013 por la BBC. Si Orgullo y Prejucio se analiza en comparación con la adaptación a serie web The Lizzie Bennet Diaries, es fácil encontrar paralelismos en aspectos de la historia que han sobrevivido al paso del tiempo; temas inherentes a las relaciones humanas que Jane Austen supo retratar, como la presión parental, la construcción de las relaciones, o la defensa de la libertad individual, clave en la toma de decisiones propias.

Al final de este post adjunto el archivo PDF con mi trabajo de fin de grado completo (en lengua inglesa). ¡Espero que os guste!

ABSTRACT TRADUCIDO AL ESPAÑOL:

Más allá de ser solo una escritora satírica sin mayor preocupación que impartir lecciones morales a señoritas, Jane Austen, y su uso del sarcasmo, podría también ser contemplada como una subversiva rebelde contra la sociedad en la que vivía. Esta rebeldía yacía detrás del sarcasmo que caracterizaba a sus novelas, estando así su trabajo no solo reducido a un acercamiento humorístico a na sociedad disfuncional, que sometía a las mujeres a la necesidad de matrimonio y a la dependencia económica de los hombres.

El corpus literario de Jane Austen es a menudo analizado bajo una luz que se arriesga a obviar la facilidad de identificarse con los temas tratados, algo que se mantiene doscientos años después de la muerte de la autora. Mientras sus argumentos parecen girar únicamente en torno al matrimonio de sus heroínas y reflejan un mundo en el que las mujeres estaban sometidas a los hombres, Jane Austen ha trascendido el contexto social en el que emplazaba sus novelas y ha sido apreciada por críticas feministas. El nivel de popularidad y éxito académico de Jane Austen en los siglos XX y XXI sólo es similar al de escritores como Dickens o Shakespeare.

Para analizar los personajes, situaciones sociales e interacciones humanas que Austen retrató, más allá de su contexto histórico, este trabajo pretende explorar la novela Orgullo y Prejuicio (1813) y, a través de una lectura detallada, identificar rasgos del carácter y el comportamiento humano que Austen ilustró en profundidad y que se han mantenido actuales, y retratados con precisión, durante los últimos doscientos años. Este estudio conducirá un análisis comparativo con la última adaptación de la novela a los medios digitales, la serie web The Lizzie Bennet Diaries (2012), para identificar las raíces y la evolución de esta traducibilidad de los atemporales temas de las novelas de Austen en el siglo XXI.

LINK: Trabajo de Fin de Grado: ‘Truth Universally Acknowledged’ – Translatability of Pride and Prejudice to 21st-century Social Contexts: The Roots of Jane Austen’s Success

Por Elena Truan

 

LA TÍA JANE

Durante la vida de Jane Austen, las esposas de sus hermanos alumbraron a veinticuatro bebés, catorce chicas y diez chicos. Este número se incrementó en nueve ocasiones tras el fallecimiento de la escritora. Aunque han pasado casi doscientos años y las costumbres han cambiado significativamente, los niños siempre serán niños, por lo que no es difícil imaginar el bullicio y ajetreo que reinaría durante los diversos encuentros familiares organizados por los Austen.

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Resultado de imagen de regency childrePor los testimonios que nos han llegado, sabemos que Jane era una favorita de sus sobrinos, que buscaban su compañía siempre que iba de visita a sus casas o coincidían en algún lugar. La ingeniosa escritora solía contarles historias largas y elaboradas, que cautivaban a los más pequeños y estimulaban su imaginación. Esas historias podían durar días, y Jane disfrutaba añadiéndoles todo tipo de detalles y personajes. ¡Quién pudiera escucharlas! ¿Verdad?

Aunque Jane quería a todos los hijos de sus hermanos, las circunstancias propiciaron que tuviera una relación especial con dos de sus sobrinas, Anna y Fanny.

Resultado de imagen de anna lefroyAnna, que más tarde tomaría el apellido Lefroy (no se casó con el famoso Tom, sino con Ben, uno de sus primos), fue la primera hija de James -el mayor de los Austen- y Anne Mathew, que falleció tres años después de la boda, cuando la pequeña contaba con tan solo dos años de edad. Tras la muerte de la joven madre, Anna se fue a vivir a la rectoría de Steventon, donde recibió las atenciones de sus abuelos y de sus tías. Y allí permaneció hasta que James se casó con Mary Lloyd, dos años después de enviudar.

Resultado de imagen de fanny knightFanny fue la primera de los once hijos del matrimonio formado por Edward Austen, que más adelante tomaría el apellido Knight, y Elizabeth Bridges. Fanny también perdió a su madre, pero en su caso fue a los quince años.

Ambas primas nacieron en 1793, por lo que la diferencia de edad entre ellas y su tía Jane no llegaba a los dieciocho años. La situación de las jóvenes era muy diferente. Anna vivió en la rectoría de Deane, hasta que los Austen se mudaron a Bath y James tomó posesión de la parroquia de Steventon. Edward Austen, el padre de Fanny, fue adoptado legalmente por los Knight y, por lo tanto, su situación económica fue mucho más desahogada. Fanny vivió gran parte de su vida en Godmersham, una gran casa con amplios terrenos y abundante servidumbre.

Entre las cartas que conservamos de Jane Austen, hay varias dirigidas  a Anna y a Fanny, aunque tanto el estilo como el contenido de unas y otras es bastante diferente. Enseguida volveremos a este punto.

Resultado de imagen de godmersham austenLa familia Austen estaba muy unida y Edward no dudaba en aprovechar su buena situación para ayudar a los suyos, o invitarles a pasar largas temporadas en Godmersham. En algunas ocasiones, la tía Jane coincidió con Anna y con Fanny en la gran casa de los Knight, y seguro que pasó muy buenos momentos charlando con ellas mientras paseaban por sus jardines. Ambas jóvenes conocían las dotes de escritora de su tía y habían leído algunas de sus novelas. No hay duda de que este sería uno de sus temas de conversación, y no sería de extrañar que ambas le pidieran a su tía que les diera algunas lecciones sobre cómo escribir una historia. ¿Quién no lo haría en su lugar? ¿Y qué les dijo su tía? Seguramente les daría algunos consejos sencillos y accedería a revisar sus trabajos una vez que se pusieran a escribir.

Sabemos que Anna se tomó muy en serio su labor de escritora y pronto comenzó con su propia novela. Gracias a ella, tenemos un amplio elenco de consejos de escritura de puño y letra de Jane Austen, ya que la afamada escritora contestaba a las cartas de su sobrina comentando las páginas del manuscrito que esta le enviaba, señalando puntos fuertes y elementos a mejorar, y sugiriéndole algunos aspectos a tener en cuenta para lograr un efecto satisfactorio.

Resultado de imagen de anna lefroyAnna no llegó a terminar su novela. Su boda y el nacimiento de su primera hija la llevaron a abandonar la escritura temporalmente. Y más tarde, la muerte de su querida tía, que había sido un estímulo para su escritura y la destinataria principal de esas páginas, propició que la joven perdiera todo el interés por esa historia y decidiera arrojar al fuego las páginas escritas con tanta ilusión y comentadas por la tía Jane con todo su cariño y acierto.

Resultado de imagen de fanny knatchbullFanny, por su parte, tenía otras cosas en la cabeza que la impedían sentarse a escribir. El corazón de la joven dama estaba despertando y su imaginación revoloteaba llena de fantasías románticas y sentimientos incontrolados. Mientras que la correspondencia entre Jane y Anna halla en los escritos de esta su eje principal, las cartas que intercambió Fanny con su tía se centran en asuntos amorosos. La apasionada muchacha abre su corazón en sus misivas y pide consejo a su tía sobre el modo de comportarse con un joven caballero que se ha mostrado atraído por ella. También en estas cartas encontramos pasajes de gran interés en los que Jane Austen muestra su afecto, ingenio y sentido común. Es llamativo encontrar en estos escritos algunas frases que parecen extraídas de sus novelas. Jane, fiel a sus principios, insta a su sobrina a examinar sus sentimientos, y le pide que no tenga prisa ya que luego podría arrepentirse. Hay que casarse por amor y no por interés económico o social. Esa es una de las ideas principales de este intercambio epistolar.

Anna y Fanny, dos jóvenes Austen, nacidas el mismo año, unidas por el afecto mutuo y el cariño hacia su tía, pero con dos vidas muy distintas. Seguro que Jane, tan perspicaz y conocedora de la naturaleza humana, advirtió la diferencia entre sus sobrinas. Anna, menos brillante que su prima, con menos dotes naturales y medios económicos, vive más pegada a la realidad y se muestra más madura y decidida. Contrae matrimonio joven, a pesar de algunos reparos familiares, y se muestra feliz y satisfecha con su papel de esposa y madre. Fanny, atractiva y rica, es un mar de dudas en los asuntos del corazón. Tan pronto se muestra enamoradísima de su galán como hastiada de sus atenciones. Decide rechazarlo, pero no quiere que él se enamore de otra…

Resultado de imagen de anne elliotImagen relacionada¿Qué opinaba Jane? Quería mucho a ambas chicas, aunque le notamos cierta parcialidad hacia Fanny. Anna es como una hormiguita, constante y trabajadora. Fanny es como una mariposa, bella y alegre. Hay algo de las protagonistas de Austen en sus sobrinas. Cierta semejanza entre Anne Elliot y Anna Lefroy, y también algo de Emma Woodhouse en Fanny. Quizá por eso Jane quería tanto a Fanny, tanto sus defectos como sus virtudes eran evidentes, y había un encanto natural en la alegre inconsciencia de la joven que cautivaba a su tía. Pero si hubiera tenido que apostar por cuál de las dos sería más féliz, pienso que habría optado por Anna.

De lo que no hay duda es de que Jane tuvo la fortuna de gozar de una familia amplia y unida, en la que unos contaban con el afecto y el apoyo de los otros, y en la que nuestra querida escritora encontró el entorno adecuado para dar vida a sus inolvidables personajes y sus maravillosas historias.

Por Miguel Ángel Jordán

 

El patrón que todas las relaciones Austenianas siguen

En su aguda crítica de la sociedad que la rodeaba, Jane Austen tuvo el tino y la visión de analizar, a un profundo nivel humano, las relaciones humanas. Esto incluye, como bien sabemos, el análisis de las relaciones románticas en torno a las cuales giran los argumentos de sus novelas, y que inevitablemente acaban en matrimonio. No ha de pasarse por alto que Austen no sólo defiende en sus finales los matrimonios por amor, en oposición a aquellos por dinero o estatus social a los que se ven empujadas algunas heroínas o personajes secundarios, sin tanta suerte como las primeras. En una época en la que el matrimonio era un negocio, y la urgencia de encontrar marido era capital en la vida de las mujeres si no querían encontrarse en la indigencia o en serios apuros económicos, amén de falta de posición social, la autora defendió la construcción de relaciones románticas sin precipitación. Los noviazgos en la época de Regencia eran cortos; poco tiempo tardó el señor Elton en volver a Highbury con una esposa adecuada en Emma, y menos aún tardó el señor Collins en sucumbir a los encantos (o acertadas atenciones) de Charlotte Lucas, y decidir que había dado con la candidata adecuada para ser su esposa en Orgullo y Prejuicio.

No obstante, es de destacar que las principales heroínas de sus novelas canónicas siguen un largo, y a veces doloroso, proceso antes de alcanzar un entendimiento absoluto con sus pretendientes y culminar en el ansiado matrimonio. Se consideran en esta reflexión a las protagonistas de las novelas: Emma, Catherine Morland, Elinor y Marianne Dashwood, Anne Elliot, Elizabeth Bennet, y Fanny Price. Pero también a tener en cuenta son Jane Bennet y Harriet Smith, secundarias cuyo protagonismo en el desarrollo de sus íntimas, y su feliz final, las hacen tan merecedoras de atención en la defensa de Austen de la correcta construcción de una relación. Es así que Austen sigue un patrón que se cumple siempre en el proceso de familiarización de estos personajes con los hombres de los que se enamoran, y que resulta vital para al final, poder casarse con ellos, y no con otros menos adecuados.

1. Conocimiento mutuo con el tiempo

El primer paso para la sólida relación entre dos personas es en Austen el paso de un cierto tiempo para que ambos personajes se conozcan adecuadamente. No es un paso fácil de seguir: muchas heroínas se enfrentan a la posibilidad de que en el transcurso de los meses siguientes a conocer a su enamorado, éste encuentre a otra posible esposa. “Miles de cosas pueden acontecer en seis meses”, observa Jane Bennet sobre su separación de Bingley. En mucho menos tiempo, como se ha dicho, algunos hombres se decidían por una esposa, y la presión familiar podía tener mucho peso en dichas decisiones. No obstante, en Jane Austen, este tiempo debe pasar. Jane Bennet es una gran sufridora de este paso, en el que la incertidumbre la mantiene preocupada, pero también este tiempo permite repetidas visitas y ocasiones de conversación para juzgar el carácter de Bingley. Es evidente que Elizabeth necesita más tiempo aún; y es el periodo inicial de su relación el que permite que se forme una idea del carácter de Darcy, si bien es errónea y no muy favorable. Elinor disfruta de un tiempo para decidir, en su fría racionalidad, que le gusta el señor Ferrars; y Marianne, si bien se precipita y no la conduce a nada bueno sino desilusión (como comentaremos más adelante), goza de la compañía de Willoughby y comparte pasatiempos con él. Catherine Morland conoce al señor Tilney en el centro de la actividad de la sociedad inglesa, los bailes de Bath; y tampoco duda en compartir excursiones y visitas con él para conocerse mejor. Qué decir de las dos grandes pacientes, Fanny Price y Anne Elliot, la una habiendo pasado media vida con Edmund hasta conocerle en profundidad, la otra conociendo a su amado y, luego de tener años para reflexionar sobre su error, teniendo que pasar un silencioso sufrimiento mientras reconecta con el capitán Wentworth. Así mismo, Harriet Smith conoce a Robert Martin desde hace tiempo, un tiempo en el que él se gana su corazón, al contrario que el señor Elton.

En el tiempo que estas heroínas se toman para conocer a sus futuros esposos, otras mujeres se precipitan a matrimonios que, en su delicada elegancia y moderado juicio, Austen “castiga” con finales de indiferencia, desaparición del amor y del respeto. Tales casos son los señores Bennet, Lydia y Wickham, o Lucy Steele.

2. Visita a la casa

Otro importante paso, de profundo simbolismo, es la visita de la dama a la casa del caballero. Este paso en la relación entre la heroína y su amado proporciona una oportunidad para que ella pueda juzgar mejor el carácter de él, y pondere sus juicios hasta ese momento.

Obvio ejemplo sería la visita de Elizabeth Bennet a Pemberley, que genera discusiones entre críticos sobre si tuvo o no, según ella misma bromea, una influencia de peso en su decisión de aceptar a Darcy. En Pemberley, Elizabeth es capaz de ver, por un lado, el auténtico nivel del estatus social de Darcy; pero por otro, también su lado humilde, bondadoso y amable. Fanny Price crece en la casa de Edmund y eso la permite conocerle en profundidad; Catherine Morland encuentra el culmen de sus fantasías en ver a Henry Tilney en la Abadía, pero sobre todo, éste se preocupa de mostrarle a Catherine su futura rectoría, con lo que Catherine puede reflexionar sobre el carácter auténtico y humilde de Henry, además de, como Lizzy, ponderar la clase de vida que tendrá junto a ese hombre.

Se hace notar que Emma está muy familiarizada con la abadía de Donwell que posee Knightley, hasta el punto de ser prácticamente la anfitriona de sus reuniones. Tambien Harriet Smith es conocida por la familia de Robert Martin y frecuenta. Austen engaña a todos sus lectores cuando permite que Willoughby le muestre Combe Magna a Marianne, haciendo pensar al lector, y a Elinor, que la reprende por su indiscreción, que su relación ha de tomarse en serio.

3. Desilusión

Como nudo principal de la historia, ha de haber una desilusión o malentendido que enfrente a la pareja, la separe, y así ponga a prueba la fortaleza de su afecto. En el caso de Jane Bennet, su moderación, en parte por su propia timidez, en parte, quizás, por contrarrestar la indiscreción de su familia, genera una incomunicación que complementa la fácil manipulación de Bingley, separándoles. Elizabeth es incapaz de abrir los ojos más allá de sus desencuentros con Darcy, y el orgullo impide que se entiendan. Emma no sólo es incapaz de ver y reconocer su afectó por Knightley, sino que además una y otra vez le decepciona con sus “travesuras” y las consecuencias de éstas. El obstáculo de Elinor es una mezcla de malentendidos y falta de comunicación, mientras que el Marianne es una pura desilusión por haberse precipitado; Willoghby no pasa la prueba de fuego, mientras que Brandon, con su constancia, previa invitación a su casa, y superación del primer juicio desdeñoso de Marianne, sí consigue conquistarla. Los obstáculos de Fanny Price y Catherine Morland, e incluso de Anne Elliot, resultan más físicos al aparecer rivales o un padre autoritario. En el caso de Catherine incluye la decepción de Tilney al asustarse de las imaginaciones de Catherine, y en el caso de Anne una barrera aún más difícil de luchar: el paso del tiempo.

4. Reconocimiento

Es sólo la superación de este paso anterior el que permite que los personajes austenianos sufran una anagnórisis, o reconocimiento: en irónicas y dramáticas exclamaciones, muchos aseguran haber estado ciegos. Elizabeth lo ha estado; Darcy se sobrepone a su orgullo, mejorando sus modales; Emma descubre su afecto escondido en su interior, hasta que Knightley confiesa; Edmund por fin reconoce el amor de Fanny; Anne y Wentworth son capaces de sincerarse; y Catherine Morland recibe la visita de un Tilney liberado de la autoridad de su padre. Jane Bennet y Catherine, igual que Harriet, consiguen librarse de las influencias de otras personas que constreñían su libertad para reunirse con sus elegidos.

Conclusión

Es solo superando y cumpliendo estos cuatro pasos que Austen construye sus relaciones. La mayoría de éstas van, pues, a contracorriente, y es una subversiva rebeldía de la autora el defender relaciones en las que la joven pareja se toma su tiempo para escoger, haciendo uso de una libertad difícil de conseguir en la época de Regencia, pero necesaria en las novelas de Austen para conseguir una relación satisfactoria y sana. Es pues para nuestra autora algo recomendable no precipitarse en la búsqueda de un marido y no sólo tomarse el tiempo de elegir como se hace en la actualidad, sino asegurarse de que la que se construye es una relación sólida, fundada en afecto y respeto mutuo.

Por Elena Truan

AUSTEN, OGROS Y CEBOLLAS

No, no es el título de un nuevo mash-up de una novela de Austen 😛

¿Hay alguna relación entre SHREK y las obras de JANE AUSTEN?

No sé si habrás visto la primera película de esta saga de DREAMWORKS. Si es así, casi con seguridad recordarás el diálogo en el que Shrek trata de explicarle a Asno la verdad sobre los ogros. Te pongo aquí la transcripción:

Imagen relacionadaSHREK – Para tu información, los ogros somos muy diferentes a lo que creen.
ASNO – Ponme un ejemplo
SHREK – ¿Un ejemplo? De acuerdo…ah… los ogros son como cebollas.
ASNO – Apestan.
SHREK – Sí… ¡No!
ASNO – Te hacen llorar.
SHREK – ¡No!
ASNO – Ya sé, si los dejas al sol, se ponen marrones y les salen pelitos blancos…
SHREK – ¡No! ¡Capas! ¡Las cebollas tienen capas! ¡Los ogros tienen capas! ¡Las cebollas las tienen! ¿Entiendes? ¡Ambos tenemos capas!

Y sigue.

Capas, ahí radica la similitud de los ogros y las cebollas… y las obras de Austen.

Lo que Shrek intenta explicarle a Asno es que los ogros son seres más complejos de lo que parecen, y por lo tanto, no se les puede juzgar solo por las apariencias.

Algo parecido ocurre con las novelas de Austen (y con las de muchos autores). Su complejidad, que no complicación, permite diferentes lecturas con distintas percepciones.

Imagen relacionadaUna primera capa, la más superficial y por eso casi inservible, es la que perciben algunos de los que se acercan a estas obras con un desconocimiento total de la autora, poco hábito de lectura o, al menos, poco bagaje literario de calidad… Lectores acostumbrados a novelas del estilo fast-food, sabrosas, vistosas, pero poco recomendables como base nutritiva. En estos casos, es posible que se queden con la impresión de haber leído una novela “rosa”, en la que “no pasa nada”, y que se limita a hablar de “señoritas que quedan para tomar el té”. Todos estos comentarios los he leído o escuchado en alguna ocasión. ¿Y vosotros?

Resultado de imagen de capa cebollaPasemos a la siguiente capa. Hablamos ahora de lectores algo más atentos, con mayor experiencia y una mente más abierta… pero igual de ajenos a la destreza e intencionalidad de Jane Austen. Estos lectores, aunque valorarán algo más la historia que se les cuenta, y se sentirán atraídos por algunos de sus personajes, se quedarán tan solo en “el colorido”. Verán las figuras que representa el tapiz, pero serán incapaces de captar el entramado que ha dado lugar a esa maravilla, y mucho menos percibir el soporte que le da consistencia. Es decir, serán los lectores a los que les atraigan los romances, la elegancia, la galantería y educación de los caballeros, los paisajes, las grandes casas, etc.

Imagen relacionadaY quitamos otra capa… Es posible que hablemos ahora de “lectores reincidentes”. Aquellos que leyeron una obra de Austen y la disfrutaron, y vuelven a ella porque de algún modo presienten que hubo cosas que se les escaparon. Esos lectores ya no solo se fijan en lo externo, sino también en el modo de narrar tan característico de esta autora. Disfrutan con la ironía, se sumergen en los diálogos, se dan cuenta de que los personajes casi cobran vida a través de sus palabras, se sienten cómodos en el paisaje humano confeccionado por la escritora y comprenden que los romances, las tensiones y todo lo demás son tan solo recursos para mostrarnos diversas facetas de los protagonistas. Reconocemos a estos lectores porque al hablar de las obras de Jane Austen no se limitan a recordar a sus damas o caballeros, sino que recuerdan pasajes, citas, momentos chispeantes, enseñanzas…

Resultado de imagen de capa cebollaPero aún quedan más capas y podemos seguir profundizando para llegar al corazón de estas novelas y en cierta parte de su autora. No hace falta ser un experto en literatura para pasar a los siguientes niveles, aunque como es lógico, todos los conocimientos literarios que tengamos nos ayudarán en esta senda. Tras una primera lectura de cualquiera de las novelas de Austen, es posible que nos planteemos cómo logra esta autora que nos sintamos cómodos en un ambiente tan distinto al nuestro, cómo nos atrapa en sus historias en las que en realidad “no pasan demasiadas cosas”, cómo consigue tanta variedad de personajes sin apenas describirlos, y muchos otros “cómos” que nos animarán a leer con espíritu crítico y renovada atención para descubrir algunos de sus recursos.

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Las siguientes capas serán aquellas más especializadas, pero que en realidad son una concreción de la anterior. Nos fijaremos en la estructura, los saltos temporales, los trucos para mantener el suspense o sorprender, las relaciones entre personajes, el papel del narrador -que parece un personaje más y a veces hablar en primera persona-, los distintos escenarios y por qué son elegidos, las maneras de lograr el efecto irónico, los recursos literarios y otros trucos que emplea Austen para lograr sus fines, el uso del estilo indirecto libre, es decir, cómo el narrador nos cuenta los pensamientos de los personaje poniéndose en su lugar, y un largo etcétera que lejos de cansarnos nos llevará a admirar cada vez más a esta genial escritora y a sus maravillosas novelas.

Resultado de imagen de jane austen worksTodas estas capas no son fruto de la casualidad. Son el resultado de un gran trabajo y de una capacidad creativa excepcional. A través de estos escritos llegamos a conocer algunos rasgos de su autora. Jane no es Elizabeth Bennet, ni Anne Elliot, ni ninguna otra de sus heroínas, pero hay algo de ella en cada una de esas jóvenes. Jane Austen, igual que sus obras, tuvo sus capas. Nosotros no tuvimos la oportunidad de verla, de escuchar sus comentarios, ni de conversar con ella. Pero tenemos sus novelas y en ellas podemos captar algunos retales de su alma. Cuanto más profundicemos en estos trabajos más sabremos sobre la señorita Austen.

 

Por Miguel Ángel Jordán