Jornada ‘Del Papel a la Pantalla’ en la universidad CEU San Pablo

El sábado, 26 de mayo de 2018, tuvo lugar la jornada “Del Papel a la Pantalla”, una jornada con el objetivo de estudiar y debatir qué se gana y qué se pierde en la adaptación cinematográfica de Jane Austen. El evento estuvo co-organizado

 

por Jane Austen Society España y Código Cine, revista de análisis de cine y series de TV, y también con el apoyo de la Universidad CEU San Pablo.

Presentada y moderada por Elena Truan Aguirre, presidenta y fundadora de la Jane Austen Society España, la jornada fue inmensamente productiva y se tocaron muchos temas de interés dentro de los retos de adaptación, y fenómenos derivados de la misma, de las obras de Jane Austen, no sólo al cine y a la televisión, sino también a medios de Internet como son las series web, una categoría en alza nada despreciable a la hora de volver a Austen accesible.

La jornada se abrió, tras su presentación inicial, con una ponencia del Dr. Federico Alba, profesor en CEU San Pablo: “Algunas claves sobre las adaptaciones audiovisuales”. Resultó el entrante perfecto para el largo menú de temas austenianos que se tratarían, ya que el profesor Alba recorrió las claves de una buena adaptación al cine, y gracias a sus bases se dotó a la audiencia de cierto criterio para abordar más en concreto las adaptaciones austenitas.

Los temas evolucionaron poco a poco y de manera natural al cubrir Cristina Martín (Universidad de Oviedo) “Austenitas para el nuevo milenio: adaptaciones y apropiaciones de la obra de Jane Austen en el discurso postmoderno”, siendo seguida por la ponencia del Dr. Miguel Ángel Jordán (Universidad de Valencia, vicepresidente de JASES) “Los retos de adaptador audiovisual”. Tras un breve descanso, Elena Iniesta, de Código Cine, se zambulló en el universo austenita con un detallado y acertado análisis comparativo con su ponencia “Consecuencias del proceso de adaptación de ‘Pride and Prejudice’ y ‘Sense and Sensibility'”.

Este análisis resultó un adecuado precedente a la comunicación de Laura Requena, “Los mitos de la Regencia en las adaptaciones de las novelas de Jane Austen”, seguido por la intervención de Charo Palacios y Eva García, del Atelier “Angélica Absenta”. Las ponentes asistieron al evento vestidas de época y, junto a una compañera que también hizo las veces de modelo, impartieron una lección sobre la moda de tres etapas diferentes de la época de Regencia, que entre las tres mostraban con los trajes que lucían. A continuación, llevaron a cabo un instructivo, a la par que divertido, repaso a diversas adaptaciones, para realizar una crítica exhaustiva de la representación del vestuario de Regencia en las adaptaciones audiovisuales.

Tras la pausa para el almuerzo, la Dra. Miriam Borham, de la universidad de Salamanca, presentó su ponencia “Nuevos tiempos, ¿nuevas heroínas? Elizabeth Bennet como Regency Warrior en Orgullo+Prejuicio+Zombies” la reinterpretación de las heroínas austenianas de regencia, centrándose en la figura de Elizabeth Bennet en la adaptación zombificada de la novela. Siguió María Heredia, de la universidad de Granada, con su comunicación “A la conquista de Internet. Narraciones transmedia y modernizaciones de la obra de Jane Austen.” Esta última introdujo el tema de las adaptaciones transmedia y la aparición de las series web como última tendencia de adaptación de las novelas de Austen.

A continuación, la doctora Mila Cahue presentó su ponencia “Jane Austen más allá de cualquier versión, como última ponencia y broche de oro de la sucesión de ponencias. La Dra. Cahue dió así paso al Dr. Miguel Ángel Jordán para presentar su libro, “Jane” una novela biográfica de la autora basada en sus cartas y con un sólido trasfondo de investigación por parte de su autor. Finalmente, los ponentes se reunieron en la mesa principal para abrir una mesa redonda y entablar debates con los participantes. Se discutió, sobre todo, no sólo claves del reto de la adaptación al cine de las novelas, sino el grado de aceptación y relevancia de las nuevas adaptaciones transmedia.

Dio así fin la Jornada Del Papel a la Pantalla, una jornada llena de entretenimiento, así como importantes contribuciones y productivos debates en torno a la enorme presencia de Jane Austen en la gran y pequeña pantalla, y en los medios digitales que rodean y moldean el comportamiento actual de los lectores.

Por Elena Truan Aguirre

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EL MATRIMONIO EN LAS NOVELAS DE JANE AUSTEN (PARTE 3ª)

Continuamos con la serie de entradas sobre el matrimonio en las novelas de Austen. Si queréis leer las anteriores podéis hacerlo pinchando en los siguientes enlaces:

PARTE 1ª

PARTE 2ª

En esta tercera parte vamos a hablar de:

Matrimonio entre hombre bien posicionado e inteligente y mujer guapa, pero tonta

Aunque el título de este apartado puede resultar chocante u ofensivo, confiamos en que no sea así, puesto que no se está juzgando a nadie real, ni pretendemos extrapolar ningún juicio de valor. En cualquier caso, esta idea casi textual corresponde a Jane Austen, por lo que sería a ella a quien habría que pedir explicaciones.

Del mismo modo que, como se vio en una entrada anterior, esta autora siente un gran respeto por el ministerio sacerdotal, pero no duda en arremeter contra los clérigos que no viven según lo esperado; Austen es una gran defensora de su sexo, pero no tiene ningún reparo a la hora de burlarse y parodiar con crueldad a aquellas mujeres que destacan por su falta de inteligencia, sentido común o educación.

En varias de sus novelas encontramos parejas con una gran disparidad, no solo en cuanto al carácter o a los gustos, sino a la inteligencia. Esto tiene consecuencias distintas en cada caso, pero en general se muestra como algo no deseable, que tiene sus repercusiones en la familia.

Resultado de imagen de mr john dashwoodA modo de introducción para este breve subapartado, citaremos las palabras de Mr. John Dashwood, que no es precisamente un ejemplo de delicadeza cuando trata con sus hermanas, en las que no duda en cuantificar los frutos de la belleza femenina, estableciendo una relación económica entre el atractivo de una mujer y la fortuna de sus posibles pretendientes.

At her time of life, any thing of an illness destroys the bloom for ever! Her’s has been a very short one! She was as handsome a girl last September, as I ever saw; and as likely to attract the man (…). I question whether Marianne now, will marry a man worth more than five or six hundred a-year. (S&S: 195)

Si esto era así, no es de extrañar que hubiera hombres solventes que se sintieran decepcionados al comprobar que, tras ese rostro agraciado, no se hallaba la persona que ellos pensaban.

Reproducimos aquí un extracto en el que se nos ofrece la visión de Mr. Palmer desde la perspectiva de Elinor. Sorprendida por sus modales bruscos, la juiciosa joven busca una explicación para esta actitud, y estas son sus conclusiones:

Resultado de imagen de mr john dashwoodHis temper might perhaps be a little soured by finding, like many others of his sex, that through some unaccountable bias in favour of beauty, he was the husband of a very silly woman,–but she knew that this kind of blunder was too common for any sensible man to be lastingly hurt by it. (S&S: 96)

Llama la atención la naturalidad con la que el narrador afirma que este tipo de matrimonios ocurren con tanta frecuencia que ya no pueden causar sorpresa ni “daños permanentes”.

La actitud de un hombre de buen sentido al comprender su error al casarse con una mujer de la que esperaba más capacidad intelectual y mejor carácter puede ser muy distinta. Ya hemos visto el modo de comportarse de Mr. Palmer –aunque tenga otros motivos–, veamos ahora la actitud de Mr. Bennet:

Resultado de imagen de mr and mrs bennetHer father, captivated by youth and beauty, and that appearance of good humour which youth and beauty generally give, had married a woman whose weak understanding and illiberal mind had very early in their marriage put an end to all real affection for her. Respect, esteem, and confidence had vanished for ever; and all his views of domestic happiness were overthrown. But Mr. Bennet was not of a disposition to seek comfort for the disappointment which his own imprudence had brought on, in any of those pleasures which too often console the unfortunate for their folly of their vice. He was fond of the country and of books; and from these tastes had arisen his principal enjoyments. To his wife he was very little otherwise indebted, than as her ignorance and folly had contributed to his amusement. This is not the sort of happiness which a man would in general wish to owe to his wife; but where other powers of entertainment are wanting, the true philosopher will derive benefit from such as are given. (P&P: 207)

Estoicismo, sarcasmo y una reducción del trato al mínimo imprescindible parecen ser las consecuencias de esta unión que, como se verá más adelante, tiene su repercusión en la educación de sus hijas, y así es visto por la más observadora e inteligente de ellas.

Por último, citaremos el caso de Lord Bertram que fue, en palabras de la autora, cautivado por la joven Miss Maria Ward, de la que se nos contará que poseyó una gran belleza que el tiempo no ha llegado a extinguir.

Resultado de imagen de lady bertram mansfieldAbout thirty years ago Miss Maria Ward, of Huntingdon, with only seven thousand pounds, had the good luck to captivate Sir Thomas Bertram, of Mansfield Park, in the county of Northampton, and to be thereby raised to the rank of a baronet’s lady, with all the comforts and consequences of an handsome house and large income. (MP: 1)

En este caso no se trata tanto de una mujer sin inteligencia, sino más bien indolente y egoísta, preocupada tan solo por su comodidad y reacia a tomar cualquier decisión o realizar el más mínimo esfuerzo. Pero, fueran cuales fueran sus capacidades intelectuales, el resultado final es prácticamente el mismo.

Por Miguel Ángel Jordán

El entail: ¿Por qué Collins hereda Longbourn?

Hay mucho más que amor, sentimientos, desengaños o emociones en las novelas de Jane Austen. El trasfondo argumental de estos libros desvela cómo era la sociedad de la época, las relaciones humanas y los códigos que regían la vida. Muchas de las situaciones que se presentan en estos libros pueden resultar difíciles de interpretar, quizás porque se desarrollan en el contexto de un sistema legal desconocido para nosotros.

El propósito de este artículo, y de algunos más que iremos publicando sucesivamente, es explicar algunas de las instituciones legales del derecho inglés del siglo XIX. De esta manera, este artículo pretende que podamos entender los dilemas a los que se enfrentan los personajes de la autora, y las razones por las que, por ejemplo, y de forma inexplicable para nosotros, encantadoras señoritas de acomodada vida bajo el techo de sus padres tienen la angustia de saber que todo se perderá si su padre fallece y se hallan sin marido. Entenderemos cómo un pariente lejano, al que nadie conocía pero que ahora se revela como despiadado y arrogante, puede recibir en herencia la casa donde ahora viven estas señoritas. Incluso cómo, al casarse, podrían perder todos sus bienes en favor de su marido.

No es este el sitio para realizar un estudio minucioso de cada institución legal: perdón, por tanto, si abordo las figuras legales de forma superficial, pero de esta manera espero llegar más fácilmente a los lectores legos en Derecho, que podrían verse confundidos si nos embarcamos en sesudas explicaciones y tecnicismos legales.

Comencemos por decir que, a diferencia del sistema hereditario existente en España donde hay herederos forzosos (hijos, padres, etc., que invariablemente heredarán por ley), en Inglaterra no existe la institución del heredero forzoso: por el contrario, toda persona es libre de dejar sus bienes en su testamento a quien lo desee. No obstante, en el periodo en el que se desarrollan las novelas de Austen existe una excepción a esta regla: la Primogenitura, por la que el descendiente varón de más edad hereda obligatoriamente, entre otros, los bienes inmuebles y en particular el bien más preciado para una familia inglesa de la época, aquel que garantiza la continuidad del prestigio y el poder: la casa familiar. (Hoy en día está limitado al título nobiliario. La Primogenitura, en el caso español, como es conocido, fue recientemente abolida por sentencia del Tribunal Supremo, que otorgó el derecho a heredar el título nobiliario al hijo/a mayor con independencia de su sexo).

Resultado de imagen de bennet sistersAnte esta situación cabe preguntarse qué sucede en casos en los que no existe tal hijo varón. Cabría pensar que, como en el caso del Sr. Bennet en “Orgullo y Prejuicio”, feliz padre de cinco hijas, sin descendientes varones, su casa pasase, a su muerte, a dividirse entre ellas o fuese a parar a quien el designase. Esto sería lo que automáticamente ocurriría a la muerte del Sr. Bennet, según la ley, de no haber ninguna otra especificación testamentaria. De tenerse sólo descendientes de género femenino, las posesiones de un caballero se dividirían entre ellas a partes iguales, sin tener la primogénita preferencia.

Sin embargo, comprobamos a medida que trascurre el relato, no sin cierta intriga, que ello no puede ser así y que la casa pasará a ser propiedad de aquel pariente lejano (primo o sobrino), al que nadie conocía y que se revela como despiadado y arrogante: Mr. Collins heredará, sin escrúpulo alguno, Longbourn, a pesar de tener una casa propia en su parroquia. ¿Por qué?, ¿Qué impide al Sr Bennet dejar su finca a quien le plazca? ¿Qué puede haber tan poderoso, de tan obligado cumplimiento, que prive a las encantadoras hijas Bennet de su casa y las obligue a marcharse de donde vivían con apenas un periodo de gracia de una semana?

Resultado de imagen de mr collinsPronto abandonamos esta intriga para sumergirnos en el resto de la obra, pero mi cabeza de abogado me hizo buscar la razón de esta situación a medida que leía el libro, y más aún al ver la película, ya que esperaba quizás que, resolviendo el problema, William Collins, el estúpido primo, o sobrino, pariente lejano en todo caso, quedase así, alejado, y Elizabeth Bennet me distinguiese con el honor de ser mi clienta.

En fin, volvamos al nudo de la cuestión. La solución a la intriga está en una antigua y para nosotros muy desconocida institución legal inglesa denominada “entail”. Ya hemos comentado más arriba la importancia para las nobles, y no tan nobles, familias inglesas perpetuar la propiedad de la casa en manos de un solo heredero. Éste debería ser varón y perteneciente a la familia. El objetivo es evitar que la propiedad caiga en manos de varios herederos (herederas en el caso del Sr Bennet) que se verían quizás obligadas a vender la finca por no poder mantenerla o simplemente para evitar compartir una propiedad entre varios. La forma de evitarlo, según el derecho inglés, sería establecer una limitación en la forma en la que los sucesivos propietarios pudiesen disponer en testamento de la casa: así, el propietario otorga un documento denominado entail, un acuerdo familiar que, brevemente, diría (quiero imaginar): “queda limitada la disposición testamentaria de Longbourn en favor de cualquier otra persona que no sea miembro de la familia y varón, sea este descendiente directo o no del propietario.”

Deducimos así (aunque no se menciona en el libro, sí se dice que existe una “disposición testamentaria” que las hijas Bennet intentan explicarle a su madre) que la persona de la familia que dejó en herencia la casa al Sr. Bennet, digamos para simplificar, su padre o su abuelo, la dejó con un entail. Por este acuerdo la disposición de la propiedad inmobiliaria en testamento queda sujeta a unas restricciones previamente establecidas. Y este era sin duda el caso de Longbourn.

Resultado de imagen de mrs. bennetLa Sra. Bennet no quiere entender de disposiciones y acuerdos legales y recrimina a su marido en el Capítulo 13 diciendo: “Tengo por una desgracia el que tus hijas no puedan heredera esta propiedad y estoy segura de que si me viera en tu lugar hace tiempo que habría intentado algo para evitarlo”. Sin embargo, el pobre Sr Bennet, no importa el amor que profesase a sus hijas, no podía hacer nada. El entail era un documento difícilmente anulable. Longbourn jamás sería para ellas, sino para Collins, hijo de un primo suyo con quien, para colmo de males, no tenia en absoluto buena relación como consecuencia de los pleitos que había mantenido con su padre, como se menciona brevemente en la novela, en la carta del Sr. Collins: es posible que dichos pleitos fueran a causa de los intentos del Sr. Bennet, a pesar de lo que le recrimine su esposa, de anular el entail. Porque, efectivamente, sí hay una cosa que el Sr Bennet hubiera podido hacer si su situación económica se lo permitiese: llegar a un acuerdo con Collins y comprarle el entail para anularlo.

Resultado de imagen de mr. bennetSi las partes estuviesen de acuerdo, podrían llegar a la compra por un precio del entail. Así, el actual propietario (el Sr. Bennet) podría llegar a un acuerdo con el futuro dueño (el Sr. Collins) y pagarle una cantidad que anulase el entail dejándole libre para su disposición testamentara de la forma que el desease. Podría incluso hipotecar la casa para ello, y es posible que lo intentase con el padre de Collins. Así se lo hice saber a Elizabeth, pero el pérfido William Collins no accedió a la venta, y, claro, sin su consentimiento no fue posible y ella nunca fue mi clienta. A la luz de esta revelación, el personaje de Collins resulta aún peor, pues es perfectamente consciente de la situación, y podría acordar un precio con el Sr. Bennet que salvase a sus primas de la indigencia, especialmente sabiendo que, si bien Longbourn supondría ingresos para él si lo alquilase, Collins no lo necesita como vivienda, siendo un clérigo con parroquia propia.

Rafael Truan Blanco

Abogado y secretario del Patronato de la Jane Austen Society España.

EL MATRIMONIO EN LAS NOVELAS DE JANE AUSTEN (PARTE 2)

En la primera entrada sobre el matrimonio en las novelas de Jane Austen, ofrecimos una introducción a este tema siempre central en las obras de esta autora. Hoy, nos fijaremos de modo especial en la relación entre el matrimonio, el dinero y la posición social. No es un enfoque muy romántico, la verdad, pero quizá sirva para romper los prejuicios de aquellos que catalogan los libros de Austen como “novelas rosas”.

Como podréis comprobar, es un texto muy extenso, pero espero que no os resulte aburrido. Y si el estilo no os parece muy propio de un blog, estaréis en lo cierto. Esto está sacada de mi tesis doctoral, que estáis invitados a leer cuando queráis J. Vamos allá.

Resultado de imagen de austen marriageEn un primer nivel, podríamos hablar de la necesidad de contar con un mínimo de recursos para poder fundar un nuevo hogar. Esto es algo que sigue vigente, pero que, como se dijo con anterioridad, tiene algunas variaciones. Por un lado el hecho de que estos ingresos provengan de una fuente segura y duradera, y por otro los distintos roles del hombre y la mujer. Es el hombre quien debe proveer a su esposa de los medios para el sostenimiento económico. Lo contrario ni siquiera se plantea como posibilidad.

En Mansfield Park, en su intento de convencer a Fanny para que acepte a Henry Crawford, Lord Bertram aboga por los matrimonios jóvenes, siempre que haya medios para sostener dicha unión.

His wishing to marry at all so early is recommendatory to me. I am an advocate for early marriages, where there are means in proportion, and would have every young man, with a sufficient income, settle as soon after four-and-twenty as he can. (MP: 280)

Esta sería una visión neutra, marcada por el sentido común, que podría trasladarse sin problemas a una obra actual.

En el siguiente ejemplo, el narrador, al explicar la situación en la que se encuentran Elinor y Edward tras comprometerse, aporta su toque irónico al decir que no estaban tan enamorados como para obviar las dificultades económicas.

Edward had two thousand pounds, and Elinor one, which, with Delaford living, was all that they could call their own; for it was impossible that Mrs. Dashwood should advance anything; and they were neither of them quite enough in love to think that three hundred and fifty pounds a-year would supply them with the comforts of life. (S&S: 320)

Vemos aquí un buen reflejo de la “visión romántica” de la autora, en la que el afecto sincero no está reñido con tener los pies en el suelo.

En la misma línea iría la reflexión de Lizzy Bennet mientras dialoga con su tía sobre el repentino compromiso de Wickham con una joven acaudalada. Al hablar sobre el desengaño que esto ha supuesto para sus hermanas –y para ella misma–, que suspiraban por el atractivo militar, Elizabeth muestra una visión realista de lo acontecido.

Kitty and Lydia take his defection much more to heart than I do. They are young in the ways of the world, and not yet open to the mortifying conviction that handsome young men must have something to live on as well as the plain. (P&P: 132)

Resultado de imagen de CHARLOTTE MR COLLINSDesde el punto de vista de la mujer, el matrimonio era una fuente de seguridad, un medio para independizarse y dejar de ser una carga para su familia. En ocasiones, este podía ser un factor que desequilibrara la balanza a favor de un pretendiente que no tuviera casi nada más que le recomendara, como es el caso de Mr. Collins.

Charlotte herself was tolerably composed (…). Mr. Collins, to be sure, was neither sensible nor agreeable; his society was irksome, and his attachment to her must be imaginary. But still he would be her husband. Without thinking highly either of men or matrimony, marriage had always been her object; it was the only provision for well-educated young women of small fortune, and however uncertain of giving happiness, must be their pleasantest preservative from want. This preservative she had now obtained; and at the age of twenty-seven, without having ever been handsome, she felt all the good luck of it. (P&P: 109)

Una visión realista, sin lugar para el romance, pero comprensible y justificada en el contexto en el que se ubica. Aun así, queda claro que el público en general se siente más gratificado cuando el bienestar no es el único elemento motivador de un enlace. Pero, incluso cuando existe afecto entre los contrayentes, no se duda en colocar las razones pecuniarias en un primer lugar.

She knows how much the marriage is to Miss Taylor’s advantage; she knows how very acceptable it must be, at Miss Taylor’s time of life, to be settled in a home of her own, and how important to her to be secure of a comfortable provision, and therefore cannot allow herself to feel so much pain as pleasure. Every friend of Miss Taylor must be glad to have her so happily married. (E: 7)

Dentro de este mismo subapartado, en el que estamos hablando del matrimonio en su relación con el dinero y la posición social, vamos a ver ahora la otra cara de esta misma moneda. Si hasta el momento nos habíamos fijado en la necesidad de unos recursos económicos para poder llevar a cabo esos planes de boda, en los siguientes párrafos nos fijaremos en el papel condicionante que tanto el dinero como la posición social juega a la hora de plantearse una opción matrimonial.

La famosa frase inicial de Pride and Prejudice puede servirnos de marco e introducción a este aspecto de los compromisos entre hombre y mujer.

It is a truth universally acknowledged, that a single man in possession of a good fortune, must be in want of a wife. (P&P: 1)

Imagen relacionadaSi durante la Edad Media los matrimonios entre miembros de la realeza eran un medio para establecer alianzas y unir reinos, en la época de la Regencia –y en un periodo más amplio– estos enlaces son un modo de unir familias de rango más o menos similar, y satisfacer intereses por ambas partes. En las obras que estamos analizando, este papel conciliador del matrimonio se muestra como algo aceptado y extendido, situándolo por encima del posible afecto entre las partes.

Being now in her twenty-first year, Maria Bertram was beginning to think matrimony a duty; and as a marriage with Mr. Rushworth would give her the enjoyment of a larger income than her father’s, as well as ensure her the house in town, which was now a prime object, it became, by the same rule of moral obligation, her evident duty to marry Mr. Rushworth if she could. (MP: 33)

En este fragmento se nos muestra, con ese tinte satírico tan propio de esta autora, la visión de una joven que, al llegar a cierta edad se plantea “el deber” de contraer matrimonio y, a la hora de escoger marido, tiene claras cuáles son sus preferencias. Sabemos que este enlace es bien recibido por ambas familias desde el primer momento. Mr Rushworth, rico pero no muy inteligente, está dispuesto a creerse enamorado de ella al captar su interés. Y la opinión general de los parientes es que se trata de un buen enlace, pese a que nadie se le escape la escasa afinidad entre los interesados. Aunque poco antes de la boda, Lord Bertram ofrece a su hija la posibilidad de cancelarla –consciente de que el interés económico es el único móvil de este compromiso–, se nos hace ver su alivio cuando ella insiste en seguir adelante, y también conocemos cuáles son las consecuencias de esa unión que termina mal y pronto.

Resultado de imagen de HENRY CRAWFORD JULIA BERTRAMEn esta misma novela, se nos ofrece un diálogo bastante esclarecedor de la visión del matrimonio en aquel contexto. Mrs. Norris, charlando con Mrs. Rushworth, sugiere un posible compromiso entre su sobrina Julia y el distinguido Henry Crawford. ¿Cuál es la primera pregunta de la interlocutora ante este hecho?

“Oh dear! Miss Julia and Mr. Crawford. Yes, indeed, a very pretty match. What is his property?”

“Four thousand a year.” (MP: 105)

Una vez sabido esto, ya se pueden valorar otras virtudes del caballero en cuestión o de si hacen o no buena pareja.

Esta visión materialista del matrimonio, en la que lo único importante son las ventajas económicas y sociales que reportará dicha unión, alcanza su punto álgido en el caso de las alianzas planeadas por la familia en la que no se tiene en cuenta la opinión de los protagonistas. Ciertamente, no es habitual que se llegue a ese extremo en estas obras, de hecho, los pocos intentos que se muestran fracasan, pero es un dato más a valorar dentro de este análisis. Veamos un par de ejemplos de estas tentativas de matrimonios acordados.

El primer texto pertenece a Pride and Prejudice, y forma parte de la intensa conversación que mantienen Lady Catherine de Bourgh y Elizabeth Bennet en el tramo final de la historia. Lady Catherine esgrime todos los argumentos a su alcance para lograr que Lizzy rehuse a casarse con Mr. Darcy en el caso de que este se lo pida. Una de esas razones es que Mr. Darcy ya está comprometido con su hija. Al oír esto, Elizabeth contesta que entonces no tiene nada que temer, ante lo que Lady Catherine se siente en la obligación de aclarar a qué tipo de compromiso ha aludido.

“The engagement between them is of a peculiar kind. From their infancy, they have been intended for each other. It was the favourite wish of his mother, as well as of her’s. While in their cradles, we planned the union: and now, at the moment when the wishes of both sisters would be accomplished in their marriage, to be prevented by a young woman of inferior birth, of no importance in the world, and wholly unallied to the family! (P&P: 310)

El segundo ejemplo es aún más significativo. Lo hallamos en una conversación entre Elinor con su hermano, tras la caída en desgracia de Edward Ferrars, que se ha negado a contraer matrimonio con Miss Morton, a la que su familia había escogido, al estar comprometido previamente con Lucy Steele.

Resultado de imagen de elinor dashwood MR DASHWOOD“We think now,”–said Mr. Dashwood, after a short pause, “of Robert’s marrying Miss Morton.”

Elinor, smiling at the grave and decisive importance of her brother’s tone, calmly replied,

“The lady, I suppose, has no choice in the affair.”

“Choice!–how do you mean?”

“I only mean that I suppose, from your manner of speaking, it must be the same to Miss Morton whether she marry Edward or Robert.”

“Certainly, there can be no difference; for Robert will now to all intents and purposes be considered as the eldest son;–and as to any thing else, they are both very agreeable young men: I do not know that one is superior to the other.” (S&S: 256)

Puesto que lo único importante era la posición social y las circunstancias económicas, el cambio de un hermano por otro carece de importancia para Mr. John Dashwood, aunque tiene el detalle de añadir que ambos hermanos Ferrars son unos jóvenes muy agradables, por lo que Miss Morton estará igual de encantada tanto con uno como con el otro.

Continuando en la línea de las razones para contraer matrimonio, veremos ahora cómo en estas obras se nos ofrecen ejemplos en los que tanto hombres como mujeres se embarcan en un compromiso, o lo buscan, con la conciencia de hacerlo movidos por razones distintas al afecto. Ya no se trata solo de que sea un enlace favorable por la situación de ambas familias, sino de una búsqueda de algo que no se podrá conseguir más que con una alianza ventajosa.

“I am not at all surprized that he should have fallen in love.”

“Oh! no–there is nothing to surprize one at all.–A pretty fortune; and she came in his way.”

“I dare say,” returned Harriet, sighing again, “I dare say she was very much attached to him.”

“Perhaps she might; but it is not every man’s fate to marry the woman who loves him best. Miss Hawkins perhaps wanted a home, and thought this the best offer she was likely to have.” (E: 240)

Resultado de imagen de mr wickhamBelleza, posición social, apellidos, posesiones, riqueza… Argumentos con los que cada uno deber hacerse valer frente a la otra parte, que estudiará, dependiendo de su situación, si le interesa la oferta o no. Como hemos dicho anteriormente, el amor queda relegado a un segundo o tercer plano, cuando las circunstancias exigen que se tengan en cuenta otros factores más determinantes.

“Younger sons cannot marry where they like.”

“Unless where they like women of fortune, which I think they very often do.”

“Our habits of expense make us too dependent, and there are too many in my rank of life who can afford to marry without some attention to money.” (P&P: 161)

Con esa claridad se lo confiesa Mr. Wickham a Elizabeth Bennet. Y, aunque con su actitud inicial había dado la impresión de no ser uno de esa “especie”, del mismo modo actúa Willoughby llegado el momento, abandonando a Marianne –por la que reconoce sentir un gran afecto– para casarse con una joven adinerada a la que tan solo le une el interés.

“Did you ever see her? a smart, stylish girl they say, but not handsome. (…) Fifty thousand pounds! and by all accounts, it won”t come before it’s wanted; for they say he is all to pieces. No wonder! dashing about with his curricle and hunters! Well, it don”t signify talking; but when a young man, be who he will, comes and makes love to a pretty girl, and promises marriage, he has no business to fly off from his word only because he grows poor, and a richer girl is ready to have him.” (S&S: 165)

Tanto unos como otros saben lo que pueden dar y lo que pueden esperar de su futuro consorte, por lo que, en estos casos, la institución matrimonial se vería como una simple transacción en la que cada cual contribuye con su parte y espera recibir un beneficio. Así lo entiende Marianne Dashwood en uno de sus alegatos románticos, en los que al hablar del matrimonio de una mujer “mayor” (veintisiete años le parece el inicio de la decrepitud), afirma que es imposible que se trate de una relación amorosa, sino de un simple pacto de conveniencia. Nada indecoroso, por supuesto, pero, simplemente exento de cualquier asomo de afecto.

Resultado de imagen de marianne dashwood“It would be a compact of convenience, and the world would be satisfied. In my eyes it would be no marriage at all, but that would be nothing. To me it would seem only a commercial exchange, in which each wished to be benefited at the expense of the other.” (S&S: 32)

Visto así, la esperpéntica declaración de Mr. Collins a Elizabeth Bennet y sus argumentos al verse rechazado, no parecen tan grotescos. El reverendo conoce muy bien sus méritos y el peso que estos tienen a la hora de ofrecerse en matrimonio. Y también valora en su justa medida –hablando en un nivel financiero– lo que su prima puede aportar a cambio, es decir, su atractivo y su encanto, no acompañados de grandes recursos económicos. Mr. Collins juzga que con esa dote Lizzy no va a tener muchas opciones y por esa razón considera que su propuesta será la mejor, si no la única, que ella recibirá, por lo que no toma en serio su negativa y la achaca a estrategias amorosas y usos románticos de jovencitas.

“You must give me leave to flatter myself, my dear cousin, that your refusal of my addresses is merely words of course. My reasons for believing it are briefly these: It does not appear to me that my hand is unworthy your acceptance, or that the establishment I can offer would be any other than highly desirable. My situation in life, my connections with the family of de Bourgh, and my relationship to your own, are circumstances highly in my favour; and you should take it into further consideration, that in spite of your manifold attractions, it is by no means certain that another offer of marriage may ever be made you. Your portion is unhappily so small that it will in all likelihood undo the effects of your loveliness and amiable qualifications. As I must therefore conclude that you are not serious in your rejection of me, I shall choose to attribute it to your wish of increasing my love by suspense, according to the usual practice of elegant females.” (P&P: 97)

El dinero y la posición social son factores que condicionan la elección de hombres y mujeres de cualquier rango. No solo de aquellos sin recursos, que necesitan un matrimonio ventajoso para salir adelante, sino también de los que cuentan con medios más que de sobra para vivir al nivel que quieran sin contar con lo que pueda aportarles su consorte. En el caso de estos últimos, aunque no necesiten el dinero del otro, es probable que sus “malas relaciones”, si las hubiera, obstaculizaran o incluso vetaran definitivamente las posibilidades de un compromiso.

Resultado de imagen de MISS BINGLEY“I think I have heard you say that their uncle is an attorney on Meryton.”

“Yes; and they have another, who lives somewhere near Cheapside.”

“That is capital,” added her sister, and they both laughed heartily.

“If they had uncles enough to fill all Cheapside,” cried Bingley, “it would not make them one jot less agreeable.”

“But it must very materially lessen their chance of marrying men of any consideration in the world,” replied Darcy. (P&P: 31)

No basta con que el candidato o la candidata sea una persona honorable y de cierto nivel social. Las conexiones familiares también son importantes, al menos para algunos.

“In marrying your nephew, I should not consider myself as quitting that sphere. He is a gentleman; I am a gentleman’s daughter; so far we are equal.”

“True. You are a gentleman’s daughter. But who was your mother? Who are your uncles and aunts? Do not imagine me ignorant of their condition.”

“Whatever my connections may be,” said Elizabeth, “if your nephew does not object to them, they can be nothing to you.” (P&P: 311)

En este ejemplo, vemos las dificultades que le surgen a Elizabeth Bennet a causa de sus relaciones familiares con gente del comercio. Su condición de hija de un caballero no basta para mantener su rango. Si eso es así en este caso, ¿cómo sería si el posible enlace uniera a personas aún más distantes en la escala social? Tenemos la respuesta en Emma. Tras fracasar en su intento de unir a Harriet con Mr. Elton, y errar al pensar que la joven pudiera estar enamorada de Frank Churchill, recibe la confidencia de esta última que se siente objeto de las atenciones de Mr. Knightley. Ante esta noticia, Emma, que no veía obstáculos para su matrimonio con el reverendo, ni con el joven Churchill, analiza la situación en la que quedaría su admirado y querido amigo Mr. Knightley en caso de desposarse con Miss Smith.

Such a debasement on his! It was horrible to Emma to think how it must sink him in the general opinion, to foresee the smiles, the sneers, the merriment it would prompt at his expense; the mortification and disdain of his brother, the thousand inconveniences to himself.–Could it be?–No; it was impossible. And yet it was far, very far, from impossible.–Was it a new circumstance for a man of first-rate abilities to be captivated by very inferior powers? Was it new for one, perhaps too busy to seek, to be the prize of a girl who would seek him?–Was it new for any thing in this world to be unequal, inconsistent, incongruous–or for chance and circumstance (as second causes) to direct the human fate? (E: 371)

La rigidez social de la época, la necesidad de rentas y posesiones para mantener un alto ritmo de vida y otros factores socioculturales marcan el terreno de juego para poder contraer un matrimonio satisfactorio. ¿Y el afecto entre los contrayentes? Es un valor añadido, no la causa primera. Al menos esa es la visión que se nos aporta en estas obras, aunque más adelante veremos cuál parece ser el punto de vista de su autora.

Resultado de imagen de MR KNIGHTLEYPero, siguiendo con las normas de la época, ¿cuál sería la situación idónea para un matrimonio feliz? La respuesta la hallamos también en Emma, de boca de Mr. Knightley que, al conocer el compromiso entre Frank Churchill y Jane Fairfax, reflexiona en voz alta sobre lo afortunado que es este joven al lograr el afecto de ella y poder brindarle un futuro mejor del que le esperaba.

A man would always wish to give a woman a better home than the one he takes her from; and he who can do it, where there is no doubt of her regard, must, I think, be the happiest of mortals. (E: 383)

Si es el hombre el que logra el ascenso social o económico gracias al matrimonio, fácilmente se le juzgará de interesado. Mientras que si es al revés, y la diferencia no es sustancial, o al menos no hay nada que enturbie la dignidad de esa unión, el hombre sentirá que esta desempeñando el papel que le corresponde y contará con la aprobación social.

Estos condicionantes a los que acabamos de referirnos introducen un dilema que, de hecho, se plantea dentro de una de las obras de Austen.

“Pray, my dear aunt, what is the difference in matrimonial affairs, between the mercenary and the prudent motive? Where does discretion end, and avarice begin? Last Christmas you were afraid of his marrying me, because it would be imprudent; and now, because he is trying to get a girl with only ten thousand pounds, you want to find out that he is mercenary.” (P&P: 134)

Teniendo en cuenta que un alto porcentaje de los factores que conducen a un matrimonio están relacionados con el bienestar ya sea material o social, ¿cómo diferenciar la prudencia del interés? Si se consideraría una locura que unos jóvenes se casaran sin recursos, y se ve lógico que una persona busque un compromiso con alguien que pueda contribuir a su felicidad material, ¿dónde está el límite entre el discreto y el mercenario?

La respuesta no la encontramos de un modo directo, pero sí en la actitud de los protagonistas y en la resolución de los conflictos que se van planteando. Los matrimonios por amor son los únicos en los que no se puede acusar a los contrayentes de interesados. Y, para que eso quede claro, cuando una de las protagonistas contrae un matrimonio que le resulta muy ventajoso, este llega al final de un largo proceso en el que se ha puesto a prueba la sinceridad de su afecto. Tal es el caso de Jane y Elizabeth Bennet, o de Anne Elliot, cuyas historias son bien conocidas por los lectores de Austen.

Pero, volviendo al dilema del que hablábamos, veamos algunos ejemplos que pueden servir para establecer una gradación desde el afecto sincero hasta el interés más evidente.

Resultado de imagen de LIZZY BENNETEn el extremo del amor desinteresado podríamos situar a Jane Bennet, que se enamora de Mr. Bingley de un modo espontáneo y no cambia su modo de ser para asegurar su afecto. Sobre esta actitud discuten Charlotte y Lizzy, cuando la primera trata de hacerle comprender a su amiga que las maneras sencillas y el carácter tímido de Jane dificultan que Mr. Bingley se interese por ella, al hacerle pensar que ella no se siente atraída por él. Por esta razón, Charlotte opina que Jane debería dedicarle más atenciones al joven para animarle a que le confiese su afecto. Y la respuesta de Lizzy, que conoce bien a su hermana es la siguiente:

“Your plan is a good one,” replied Elizabeth, “where nothing is in question but the desire of being well married, and if I were determined to get a rich husband, or any husband, I dare say I should adopt it. But these are not Jane’s feelings; she is not acting by design.” (P&P: 18)

No hay nada estudiado en Jane. Ella no tiene ningún interés oculto. Tan solo se siente atraída por un joven y, por lo tanto, no se plantea cómo debe actuar.

Veamos ahora distintos niveles de interés.

Imagen relacionadaUn primer peldaño lo ocuparía Charlotte Lucas, que es capaz de conformarse con una oferta de matrimonio que no le aportará grandes riquezas, pero sí cierta seguridad. Para lograrlo no tiene que mentir, ni causar daño a nadie, tan solo alentar a un hombre que está buscando esposa por conveniencia social, y al que le da igual una u otra. Por lo que podríamos hablar de un acuerdo entre partes. Esta actitud tan juiciosa y exenta de romanticismo sorprende a Lizzy, que acababa de rechazar la misma oferta que poco después acepta su amiga.

She had always felt that Charlotte’s opinion of matrimony was not exactly like her own, but she had not supposed it to be possible that, when called into action, she would have sacrificed every better feeling to worldly advantage. (P&P: 112)

En el siguiente escalón podríamos situar a Mary Crawford, que al detectar el interés que ha despertado en Tom Bertram, analiza las ventajas que esta relación podría aportarle y, al considerarlas más que suficientes, decide emplearse a fondo para consolidarla.

Resultado de imagen de mary crawfordMiss Crawford soon felt that he and his situation might do. She looked about her with due consideration, and found almost everything in his favour: a park, a real park, five miles round, a spacious modern-built house, so well placed and well screened as to deserve to be in any collection of engravings of gentlemen’s seats in the kingdom (…). It might do very well; she believed she should accept him; and she began accordingly to interest herself a little about the horse which he had to run at the B—–– races. (MP: 42)

Más arriba en esta escala hacia el interés, encontramos a Maria Bertram. Ya hemos visto anteriormente cómo no siente ningún afecto por su futuro esposo y tan solo le mueve el afán de lograr una posición aún mejor de la que ya ostenta. Pero la situación empeora con el avance de la trama, y vemos cómo, cuando llega el momento de certificar el compromiso, su situación es aún peor, ya que, pensando que Henry Crawford la amaba, había confiado en que una declaración de este cancelaría el compromiso anterior. Pero al comprobar que estaba equivocada respecto a él, entra en el matrimonio despechada, enfadada con su familia y despreciando a su marido.

In all the important preparations of the mind she was complete: being prepared for matrimony by an hatred of home, restraint, and tranquillity; by the misery of disappointed affection, and contempt of the man she was to marry. (MP: 179)

Por lo que lo único que le queda es la esperanza de suplir todas esas carencias con el bienestar material y las relaciones sociales que le facilitará su nueva situación.

En el lugar más alto de la escala, podríamos colocar a las hermanas Bingley, que están dispuestas a arruinar la felicidad de su hermano, con tal de lograr una mejor situación para ellas. Así como en los otros casos era la misma interesada la que elegía sufrir los inconvenientes de su elección, con tal de lograr su fin. En este, Caroline y Mrs. Hurst ejercen su influencia sobre su hermano para gozar de los beneficios sin sufrir las consecuencias negativas, como bien comprende Elizabeth Bennet e intenta explicar a Jane.

“Your first position is false. They may wish many things besides his happiness; they may wish his increase of wealth and consequence; they may wish him to marry a girl who has all the importance of money, great connections, and pride.” (P&P: 120)

En descargo de las hermanas Bingley hay que decir que, aunque esa fuera su intención, no la hubieran logrado sin la ayuda de Mr. Darcy, que obraba por otros motivos y luego rectifica. De hecho, en el momento en el que Mr. Darcy cambia de actitud, la relación entre Jane y Mr. Bingley se reanuda sin que sus hermanas puedan hacer nada para impedirlo.

Por Miguel Ángel Jordán

EL MUNDO A TRAVÉS DE LA MIRILLA DE MRS. BENNET

Resultado de imagen de MRS. BENNETSiempre me he preguntado cómo se ve el mundo a través de los ojos de una mujer como Mrs. Bennet, con una vida pequeñita, sin amplitud de miras, sin conocer el verdadero amor y con un objetivo vital enfocado a la supervivencia. Ver el mundo a través de una mirilla.

Con un entendimiento mezquino, poca información y temperamento incierto, se asoma a su mirilla y percibe la vida a través de esos ojos que delatan su particular inteligencia (dicen que más bien escasa), poseedora de un humor voluble e incapaz de comprender el carácter de Mr. Bennet que mantiene una actitud indolente hacia sus propias hijas. No me gustaría verme en su lugar. ¡Es para desesperarse!

Primeramente, es de justicia reconocer que a una madre abnegada de cinco hijas se le acumula el trabajo cuando estas van alcanzando la edad casadera. Y tiene toda la razón al pensar que hay una competencia brutal, demasiadas muchachas alrededor y pocos solteros con posibles a los que considerar, por derecho, propiedad de una de sus descendientes. Es un problema tal que descompone gravemente sus nervios, que no encuentran el menor alivio en un pasivo Mr. Bennet, ni en algunas de sus hijas, que no la comprenden. No se ponen en su lugar… ¡Ya serán madres!

Resultado de imagen de MRS. BENNETEs más que lógico abrir un tiempo de veda en cuanto aterriza una chequera andante, con propiedades y respaldada por varios miles de libras al año. Se pone en marcha una reacción en cadena que activa codazos y zancadillas, perfila estrategias casi militares y expone a sus tesoros en escaparates, siendo su único objetivo conseguir el matrimonio tan codiciado como única salida honrosa para mujeres con cierta tendencia a huir de la pobreza. Bussiness is bussiness, y el amor no forma parte de ellos. Lo contamina, lo nubla y no hay que perder de vista el objetivo: la supervivencia.

Esta madre estresada y, por cierto, con grandes dotes para la “observación de la conducta humana con puesta en común posterior” (no sé por qué se empeñan en llamarlo cotilleo), debe lidiar no solo con lo que opinen sobre sus niñas los demás, sino también con el tipo de comentarios que provienen de su propio esposo: “Son tan tontas e ignorantes como otras chicas, pero Lizzy tiene un poco más de agudeza que sus hermanas”. Pobre mujer, sólo deja una con cabeza. ¿Será Lizzy poseedora de ese ingenio y valentía tan poco valorado por su madre? Mrs. Bennet desde luego tiene un grave problema con esa chica: no se deja influenciar por el discurso de una progenitora comprometida y preocupada por su felicidad. ¡Estas jóvenes de hoy en día, uf!

Pero, como quiera que es una verdad universalmente aceptada que un hombre soltero en posesión de una notable fortuna necesita una esposa, nuestra dedicada madre va a poner todo su empeño en convertirla en sentencia irrevocable. Vamos a recrear el recorrido de sus actos para realizar dicho empeño, porque una progenitora tal no pasa desapercibida ni en su mundo ni en el nuestro. No se haría justicia a tanto ímpetu maternal si así no fuera.

Imagen relacionadaPor fin aparecen dos objetivos a babor: el acaudalado Mr. Bingley y su aún más opulento amigo Mr. Darcy. El primero ha alquilado la cercana mansión Netherfield con el fin de pasar una agradable temporada en el campo, y ha traído a su amigo de invitado. El destino lanza sus hilos a esas manos maternas con ansias de conseguir el mejor pasaporte social. Como toda una mariscal de campo, Mrs. Bennet diseña la Operación gripe, con la que alcanza un gran éxito: Jane enferma mientras visita Netherfield. Hecho vital para que esta historia quede dirigida a un futuro más que prometedor.

Al mismo tiempo, Darcy comienza a desplegar sus encantos en ese pintoresco medio y al ser un dechado de virtudes sociales y consigue conquistar a la madre de Lizzy casi de forma inmediata. Sería un candidato perfecto si no hubiese atentado de forma sistemática contra su orgullo rural y hubiese caído rendido sin contemplaciones por la menos apreciada de sus hijas. «El señor Darcy es una persona tan desagradable que sería una desgracia gustarle», dice frunciendo el ceño (podríamos atrevernos a decir, sin errar, que la simpatía es mutua).

Resultado de imagen de BINGLEY SISTERSPor otro lado, la Mrs. Bennet se ha convertido en plato del gusto para las señoras de Netherfield, quienes toman distancia de ella cada vez que pueden y las circunstancias se lo permiten. No sé la razón. ¡Es del todo incomprensible!

Observamos cómo se va perfilando la trama e intuimos los obstáculos que deberán ser sorteados para llegar a un posible final común a pesar de atravesarse los caminos de nuestros personajes. Tenemos a una Jane coladita por Bingley, pero en silencio, y a una Lizzy que sería capaz de perdonar el orgullo de Darcy si éste no hubiese herido antes el suyo. ¡No sabe Darcy con quién se las gasta! Eso ya la convierte en heroína austenita y universal. Pero es otra historia.

Volvamos a la mirilla.

A nuestra señora Bennet no le parece necesario que su hija mayor se restablezca enseguida de su enfermedad, puesto que recobrar su salud la obligaría a abandonar el que puede ser el cumplimiento de uno de sus objetivos, la desatada caza de Charles Bingley.

Planea incluso no enviar su coche hasta asegurar ese posible enlace dándole tregua al tiempo para que se convierta en un perfecto aliado. La mamá pone todo su empeño, esto no tiene más vuelta de hoja. Mantiene su estrategia de ataque para ver si el pez gordo muerde el anzuelo. Y su táctica parece haber surtido efecto: Jane vuelve al hogar con una inminente proposición de matrimonio que ya se va dibujando en esta historia y que no tardará mucho en hacerse realidad. ¿O no? Más bien, no. Esos alivios lanzados al aire se volverán en contra de su impaciencia; una injusticia más para esta mujer rodeada de convencionalismos sociales a los que dar salida de la única forma que conoce, quizá de la única forma posible.

Resultado de imagen de MR. COLLINSEs una señora muy entretenida y ocupada, como se puede intuir, sabe que le quedan cuatro hijas aún por situar y hay que seguir buscando posibles candidatos. En este sentido, también ha aparecido en escena el arrogante primo Collins. Y Mr. Bennet, divertido por la curiosidad que despierta este familiar, espeta a madre e hijas que las visita su futuro heredero de Longbourn; el que, tras su fallecimiento, podrá echarlas de esa casa sin contemplaciones.

La mirilla está que echa humo: mirar le ocasiona punzadas, malestar y rabia acumulada con la llegada de ese odioso hombre que cruel e injustamente privará a sus hijas de la herencia que debería corresponderles. ¡Todo en contra! Es digna de lástima.

Mantiene encañonado al que considera un tasador de sus propiedades y no sucumbe a sus halagos hasta que se manifiesta el interés del clérigo por Lizzy, ya que la hermana mayor no está “libre”. ¡Uf, menos mal! Al final, a ver si todo queda en casa. ¿Carácter voluble? Carácter adaptativo, más bien. Darwin estaría encantado con esta representante del género humano.

Ella es una progenitora contenida, como se puede observar al final de la cena organizada en Netherfield, donde se le escapan sus pensamientos en voz alta, apenas sin querer, celebrando ya el enlace de su hija mayor antes de que ocurra y por supuesto compartiéndolo con la Lady Lucas, a la cual ya no le pillan de espanto sus desboques emocionales casamenteros y no le causan más que ciertos bostezos. Enumera las ventajas de ese enlace y ya se sabe… una boda trae otra boda. Mrs. Bennet es muy cuidadosa con sus amigas, nada engreída y digna de la mayor confianza. No tiene mala intención, es sincera y eso la cualifica como vecina adorable y deseada. Les desea una fortuna similar (aunque, ella y yo, sabemos que no existe la menor esperanza para la señorita Lucas).

Resultado de imagen de MR. COLLINS LIZZYNuestra esforzada señora está en racha y pronto recibe la mejor noticia que por otro lado viene esperando y que afecta a su hija menos querida. ¡Por fin! Parece ser que el universo se ha apiadado de su volcada preocupación. Mr. Collins se ha decidido. Y aunque Lizzy no quiere quedarse a solas con su pretendiente, lo hará. «Vaya que si lo hará», decide la Mrs. Bennet sin dar un paso atrás. Nada ni nadie va a impedir esa declaración. Sin embargo, pincha en hueso una vez más: Lizzy tiene clara su decisión, sin dejar que le afecten el reproche y las diatribas de esa madre tan entregada a su verdadera felicidad y despegada de todo afecto material. ¡Qué desagradecida!

La decepción y el malhumor desatan la furia de nuestra protagonista, que ve cómo se esfuman ante sus propias narices dos posibles capturas de talla importante, pasando por encima, faltaría más, de los sentimientos anidados en el interior de sus hijas, quienes, en comparación a su desdicha, son del todo invisibles. ¡Pobre Mrs. Bennet!, qué injusta es la vida. Cinco hijas a las que dar de comer un mínimo de tres veces al día, un marido impasible con su propiedad vinculada y sin idea alguna de ahorrar para darles una dote. ¿Y todavía piensan en el amor? ¡Qué necedad!

Imagen relacionadaPara entender los sentimientos de esta mujer, solo hay que ponerse en sus gafas. Una mujer casada sin amor, que fue valorada únicamente por su belleza exterior, buscando infatigablemente un heredero varón que deje las cosas como deben estar, pero a quien la vida se le revuelve dándole cinco niñas y un esposo nada interesado en ahorrar para su futuro y que, si pudiese, habitaría en la biblioteca de casa, donde la realidad solo pasa de puntillas y sin hacer ruido.

Sus hijas agotan sus nervios y escasa felicidad. ¡Cómo no va a ser infeliz!

El adorable primo Collins se ha esfumado con Charlotte Lucas, la mejor amiga de su Lizzy y… ¡dueña futura de Longbourn! Decidme, Cielos, ¿qué os ha hecho esta mujer?

Resultado de imagen de WICKHAMJane carece de orgullo y se deja mecer en el caminar de las circunstancias, intentando cicatrizar las heridas dejadas por el alejamiento de Bingley. Lizzy es ingobernable y tiene la estúpida pretensión de casarse por amor. Mary está en terreno de nadie y las dos pequeñas no consiguen caer en brazos de unos pantalones con graduación militar. Aunque no todo está perdido: pone toda su esperanza en la menor de sus hijas y ve en ella su reflejo; menos mal que aún queda la sensatez de Lydia, una Mrs. Bennet en pequeño y desbocada que hará las delicias de esta familia tan singular y que con su inteligencia logrará estar en boca de todos, siendo la primera en conseguir dejar de tener tanto tiempo para escribir cartas y lucir su mano con la mejor de sus sonrisas ya que logrará conseguir a la joya de la corona: George Wickham .¡Salvará el orgullo familiar!

Cuando todo estaba perdido, el adorable Bingley rescata a su Jane, aunque haya que soportar al desagradable Darcy que se presenta continuamente en casa molestándolos con su presencia sin razón alguna. «Habrá que buscarle algún entretenimiento», piensa Mrs. Bennet, «aunque tenga que pasear con Lizzy».

Pero me apasionan las historias que nos muestran malos comienzos con grandes finales elaborados a medida, como el mejor orfebre elabora sus piezas preciosas. El Hado es el encargado final de limpiar el cristal de esa mirilla y dar luz donde solo había penumbra.

Nuestra buena señora, a pesar de seguir tintineando con sus nervios por esa vida singular, será la más afortunada de las madres, viendo como sus dos hijas mayores gozan de la vida por la que suspiró incansablemente su instinto maternal.

Resultado de imagen de MRS. BENNETAl final, me gustaría poder decir, en bien de su familia, que »la consecución del ardiente deseo de casar a tantas hijas tuvo un efecto tan positivo sobre ella que se convirtió, para el resto de sus días, en una mujer sensata, agradable e instruida; aunque, quizá, para su marido, que podría no haber disfrutado de la felicidad doméstica de una manera tan poco habitual, fue una suerte que siguiera padeciendo de los nervios de cuando en cuando y que se comportara invariablemente de la manera más absurda posible».

Los Bingley y los dueños de Pemberley cierran esta bella historia de orgullos y prejuicios, de convencionalismos sociales, de hipocresías y aunque sea innecesario, según el código de Mrs. Bennet, el amor verdadero triunfa y va adornado con las mejores propiedades deseadas. Ella y su mirilla han conseguido ver cómo emparentan con Wickham, Darcy y Bingley haciendo posible la cuadratura del círculo.

Un final hecho solo para heroínas y héroes destinados irremediablemente a estar unidos, a pesar de los infortunios del mundo.

PD: Lady Catherine debe seguir aspirando sales a estas alturas.

 

                                                                   Por Mª Ángeles Lorente

EL MATRIMONIO EN LAS NOVELAS DE JANE AUSTEN (PARTE 1)

 

Hola a todo el mundo. En primer lugar, quiero desearos un muy feliz 2018.

Durante las próximas semanas voy a escribir sobre un tema de gran importancia en las novelas de Jane Austen: el matrimonio. Lo abordaremos desde distintas perspectivas y ofreciendo una gran cantidad de ejemplos. Espero que resulte de vuestro interés.

Allá vamos.

Imagen relacionadaEl matrimonio es un tema central de las novelas de Jane Austen. Es el objetivo, el desencadenante y el colofón de todas las historias. Los conflictos se crean alrededor de posibles enlaces, o como consecuencia de una mala alianza. Se nos ofrecen ejemplos muy diversos de parejas con resultados también distintos.

Muchos de los que leemos  las novelas de Austen defendemos que no deberían catalogarse como románticas, pero la presencia tan constante del matrimonio podría ser un argumento en contra de esta afirmación. ¿Cómo justificarlo?

Esta autora analiza al ser humano como individuo y también en su interacción con los demás. Las relaciones interpersonales se pueden encontrar en distintos ámbitos: familia, amistad, relaciones sociales. Pero es en el matrimonio y en las etapas anteriores donde podemos encontrar una mayor riqueza de experiencias, sentimientos, factores socioculturales, contrastes y otros elementos que convierten este análisis en algo más profundo, atractivo e interesante.

Además, sus historias tienen un alto componente sociológico, y, como ya se ha visto y volveremos a comentar, en aquella época el matrimonio tenía una repercusión social mayor que en la actualidad. Por lo que es lógico que se convierta en el núcleo de tramas como las que se desarrollan en estas novelas.

Resultado de imagen de jane austen matrimonioSin embargo, a diferencia de lo que suele ocurrir en el género romántico, en estas obras no abundan los detalles sentimentales, las escenas emotivas, los diálogos apasionados, ni las muestras de afecto. El matrimonio es el objetivo y el hilo conductor, y una vez que se ha alcanzado la meta queda poco que decir. De hecho, la autora no suele reproducir las palabras de los enamorados durante la declaración; salvo cuando acaban en fracaso como la de Mr. Collins o la primera de Mr. Darcy. En los otros casos, se muestra que se han solucionado los conflictos y casi de inmediato se da por cerrada la historia.

En sus novelas, Jane Austen muestra las costumbres y la visión dominante de la sociedad de su tiempo. Pero, también al hablar del matrimonio, podemos entrever su punto de vista. En las siguientes páginas ofreceremos un amplio elenco de ejemplos para comprender la concepción de aquella época sobre la institución matrimonial, su relación con la situación económica y también una visión más general, y por último, lo que nosotros entendemos como visión de la autora manifestada de diversos modos.

En las futuras entradas de esta serie hablaremos de:

-Matrimonio, dinero y posición social

-Matrimonio, dinero y felicidad

-Rupturas familiares como consecuencia del un “mal matrimonio”

-Matrimonio entre hombre bien posicionado e inteligente y mujer guapa, pero…

-El matrimonio como una obligación social para la mujer

-Felicidad matrimonial

-Consecuencias de un mal matrimonio

-Del enamoramiento al matrimonio

Y, finalmente: el matrimonio visto por Jane Austen

Por Miguel Ángel Jordán

EL CONTEXTO LITERARIO DE JANE AUSTEN

Desde mediados del siglo XVII, se pueden encontrar diversos relatos orientados a lectores de todo tipo, que con cierta frecuencia se recogían en colecciones. Autores como Aphra Behn, William Congreve, Mary Davys, Jane Barker o Eliza Haywood se podrían contar entre los predecesores del género novelístico.

Resultado de imagen de robinson crusoe bookThe Life and Strange Surprizing Adventures of Robinson Crusoe (1719) ha sido señalada por diferentes estudios como la primera novela en lengua inglesa. La obra del periodista Daniel Defoe combina lo exótico con lo prosaico o familiar, y su intencionalidad es que el lector perciba los hechos en ella contados como algo real, no como ficción. Por esta razón, el estilo es directo, crudo, sin florituras literarias, de modo que transmita la impresión de estar leyendo una autobiografía y no una narración de aventuras.

Aunque se le otorgue a Defoe el título de iniciador de la novela, algunos críticos realzan la figura de Jonathan Swift en cuanto a la calidad de sus escritos y también por la influencia que tuvo en autores muy posteriores a él.

Resultado de imagen de gulliver's travels bookThe greatest prose-writer of the first part—perhaps the whole-of the century is Jonathan Swift (1667–1745). A great humorist and a savage satirist, his meat is sometimes too powerful even for a healthy stomach. He is capable of pure fun—as in some of his poems—and even schoolboy jokes, but there is a core of bitterness in him which revealed itself finally as a madhatred of mankind (…).

Swift is a very great literary artist, and perhaps only in the present century is his full stature being revealed. He is skilful in verse, as well as in prose, and his influence continues: James Joyce—in his The Holy Office—has written Swiftian verse; Aldous Huxley (in Ape and Essence), and George Orwell (in Animal Farm) have produced satires which are really an act of homage to Swift’s genius. Yet Gulliver’s Travel; stands supreme: a fairy story for children, a serious work for men, it has never lost either its aliure or its topicality. (Burgess: 155-7)

El estilo aventurero de estas dos primeras novelas inglesas (Robinson Crusoe y Gulliver’s Travels) se mantuvo presente en los distintos trabajos que fueron surgiendo, y a través de los distintos subgéneros.

Even Jane Austen, in writing novels which have frequently been criticized over the years as being stories in which nothing much really happens, makes use of some of the elements of the adventure novel in her fiction. (Teachman: 22)

Durante la primera mitad del siglo XVIII, proliferaron también las obras filosóficas y religiosas que pasaron de un punto de vista racional a más espiritualista. A través de sus diferentes tratados y ensayos, los autores enfrentaron sus puntos de vista y desarrollaron sus razonamientos, dando lugar a una abundante producción escrita.

Resultado de imagen de samuel richardson pamelaTras la muerte de Defoe, la novela continuó su desarrollo de la mano de Samuel Richardson. Aficionado a asistir a las jovencitas en la composición de sus cartas amorosas, Richardson recibió el encargo de escribir un volumen compuesto de modelos de cartas para las distintas situaciones. Esto le condujo a crear una novela epistolar, que sirviera para ofrecer una lección moral a sus lectoras. El resultado fue Pamela, también titulada Virtue Rewarded. A esta obra le siguieron Clarissa Harlowe y Sir Charles Grandison.

El género epistolar se mantuvo presente durante los siguientes años, y, aunque su finalidad evolucionó, las protagonistas de estas historias solían ser mujeres que compartían entre sí las cartas que enviaban o de las que eran destinatarias, y los temas habituales eran los enamoramientos y el cortejo.

Jane Austen leyó y alabó las obras de Samuel Richardson y comenzó su labor de escritora siguiendo este género.

Evidence suggests that Austen’s earliest versions of both Sense and Sensibility and Pride and Prejudice were epistolary in nature. If so, Austen chose to change the narrative point of view at some point in the revision process and destroyed the earlier versions of the stories. Only one of Austen’s adult attempts at writing an epistolary novel presently exists in print. Lady Susan, unpublished in Austen’s lifetime, survived in fair copy manuscript and was published over fifty years after her death, in 1870, by her nephew, James Edward Austen-Leigh. (Teachman: 26)

Si el término “novela epistolar” puede servir para indicar la forma de las obras de Richardson, no nos sirve sin embargo para calificar su contenido. Para ello, debemos incluir otro término que implica una evolución en el modo de mostrar la historia. Nos referimos a las “Novels of Sensibility”. Serían de algún modo equiparables a las novelas psicológicas actuales, en las que el autor se centra en los sentimientos y la percepción del protagonista, habitualmente una chica joven, y conocemos los eventos a través de su visión.

Las obras de Austen utilizan algunos recursos de este tipo de novelas, pero van más allá de este género.

Austen’s novels depict heroines who are not traditional heroines of the novel of sensibility. They think as well as feel. But without the popularity of the novel of sensibility in England in the eighteenth century, it is unlikely that Austen’s depiction of the heart of English women would have been so effective or that she would have found an audience so prepared to read about the inner life of realistic, contemporary women in the novel. (Teachman: 28)

Resultado de imagen de novels of sensibilityEste culto a la sensibilidad surgió como reacción a algunas corrientes y costumbres algo embrutecidas del siglo XVIII y estuvo relacionado con la creencia en la bondad innata del ser humano. En muchas de las obras de este siglo, se muestra a personajes cargados de emotividad. La sensibilidad se vio como una respuesta a la belleza, al arte y a la naturaleza. Sin embargo, pronto se apreció el peligro de caer en excesos de sentimentalismos y, a finales de este siglo, se pueden encontrar diversos pasajes en obras de ficción en los que se advierte a las heroínas de estos riesgos, que podrían volverlas excesivamente débiles y vulnerables.

Jane Austen’s criticism of sensibility is not only that it is dangerous to its possessor –and her heroine Marianne joints the heroines of sensibility in an illness that brings her close to death– but that it is a selfcentred emotion wich makes its possessor unwilling to recognize the claims of others. (Rogers: 288)

Imagen relacionadaOtra figura a destacar es Henry Fielding, que comenzó su carrera con la intención de escribir una parodia de Pamela. La obra resultante fue Joseph Andrews, que podríamos incluir dentro del género de la “picaresca”, originaria de la literatura española del siglo XVI. Jonathan Wild, también de Fielding encaja a la perfección con los parámetros de este género, que suele incluir aventuras que tienen lugar en el camino, encuentros de diversos pícaros (rogues), vagabundos y todo tipo de tramposos, que finalmente consiguen su objetivo. Sin embargo, según Burgess, su obra maestra, Tom Jones, aunque contiene algunos elementos de la picaresca, encaja mejor dentro del género “mock-epic” (épica burlesca). Tiene la extensión y el contenido propios de la épica y su estilo es, en ocasiones, una parodia de las obras de Homero.

Jane Austen’s novels do not fall within the tradition of the picaresque (…). Nonetheless, she was certainly aware of the picaresque form, as can be seen by some of the stories included in her Juvenilia. She was well aware of its importance to the tradition of the English novel, but she chose not to make use of it in her own writing for publication, reserving its use for only a few of her early private and family writings. (Teachman: 23)

Durante la segunda mitad del siglo XVIII adquirió gran éxito un nuevo género de relato, la novela gótica. Se trataba de obras de misterio e imaginación, con elementos macabros, sensuales o incluso eróticos, protagonizadas habitualmente por chicas jóvenes a las que alguna autoridad (padre, padrastro, guardián) secuestra o recluye en algún castillo, mazmorra, etc., y que se verán amenazadas por todo tipo de peligros.

Resultado de imagen de the mysteries of udolphoHorace Walpole es considerado el precursor de este género con su obra The Castle of Otranto. Entre sus seguidores, lo más relevantes fueron Mrs. Ann Radcliffe y Matthew Gregory Lewis, con obras como The Romance of the Forest, The Misteries of Udolpho, The Italian, por parte de la primera y The Monk, como trabajo más conocido de Lewis.

Austen leyó algunas de estas novelas y las utilizó como modelo y fuente de inspiración para su obra Northanger Abbey, en la que realiza una parodia del género a través de muchos de sus elementos.

Dentro de la novela realista de la segunda mitad del siglo XVIII, cabe destacar la figura de Fanny Burney. En sus obras, descubrimos el mundo a través de una joven que muestra su dependencia social y la incapacidad de hacerse valer por sí misma. El tono de estas novelas se debate entre la corrección social y la crítica a lo establecido. Las protagonistas que darán el nombre a estas novelas (Evelina, Cecilia, Camilla) serán víctimas de distintas situaciones que las harán sufrir y a las que deberán enfrentarse.

Resultado de imagen de fanny burneyLa novela inglesa desde sus inicios contó con una gran presencia femenina. Fanny Burney es quizás la primera escritora importante de esta tradición, que contaba con dos tipos de autoras: aquellas de clase acomodada, que escribían como pasatiempo y para deleitar a sus allegados; y las autoras que pretendían que sus obras adquirieran cierto prestigio y que se lucraban –con mayor o menor éxito– con sus ventas. Esta segunda postura no estaba demasiado bien vista y es una de las razones por las que muchas escritoras no firmaban sus obras, o lo hacían bajo un seudónimo. No olvidemos que Sense and Sensibility apareció en público firmado “by a Lady”. Y Pride and Prejudice como de la autora de Sense and Sensibility.

La mayoría de estas escritoras contaban con una educación limitada y adquirieron su formación a través de la lectura. Con la finalidad de mantenerse dentro de lo que se consideraba correcto para una dama, muchas de estas autoras utilizaron recursos que les permitieran expresar sus ideas de un modo indirecto como la parodia, la ironía, los contrastes, etc. Los trabajos de estas mujeres eran valorados con cierta indulgencia y condescendencia por los escritores, que pretendían así que se mantuvieran en su género.

Women were praised for their “quickness of apprehension,” “delicate taste,” and for not pressuming to ‘strong judgement.” (Poovey: 34)

No se valoraban sus ideas, sino su gramática y la elegancia de su estilo. De hecho, en muchas ocasiones, las críticas más severas para obras de escritoras procedían de sus congéneres.

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Por Miguel Ángel Jordán

¿AL BORDE DE UN ATAQUE DE NERVIOS? LA SITUACIÓN DE LA MUJER EN LAS NOVELAS DE JANE AUSTEN

Hace unas semanas, al hablar de trabajos y oficios en las obras de Jane Austen, se explicó que, en ocasiones, al carecer de recursos económicos, los hijos nacidos después del heredero podían verse obligados a seguir caminos que hubieran preferido no recorrer. En esta entrada, vamos a hablar de la situación en la que quedaban las hijas de las familias de la baja nobleza, o de la gentry, y veremos que su posición solía ser aún más complicada.

La mayoría de lectores actuales desconocen las normas legales que regían la sociedad en la que vivió Jane Austen. Pero, una vez más, esta autora, sin necesidad de grandes explicaciones, logra que comprendamos la indefensión en la que se veían inmersas algunas mujeres tras el fallecimiento de un esposo o padre.

Al depender exclusivamente de las rentas y propiedades, y no del salario de un trabajo, los testamentos se convertían en auténticas sentencias para algunos o en golpes de fortuna para otros.

Resultado de imagen de bennet pride and prejudiceUna familia podía verse despojada de su hogar en favor de un tercero si no contaban con un hijo varón. Tal es el caso que se nos muestra en Pride and Prejudice, y la razón por la que Mrs. Bennet esté tan empeñada en que Lizzy acepte la oferta de matrimonio de Mr. Collins, futuro poseedor de Longbourn, hogar de los Bennet mientras viva el cabeza de familia.

––¡Oh, querido! ––se lamentó su esposa––. No puedo soportar oír hablar del tema. No menciones a ese hombre tan odioso. Es lo peor que te puede pasar en el mundo, que tus bienes no los puedan heredar tus hijas. De haber sido tú, hace mucho tiempo que yo habría hecho algo al respecto.

Jane y Elizabeth intentaron explicarle por qué no les pertenecía la herencia. Lo habían intentado muchas veces, pero era un tema con el que su madre perdía totalmente la razón; y siguió quejándose amargamente de la crueldad que significaba desposeer de la herencia a una familia de cinco hijas, en favor de un hombre que a ninguno le importaba nada.

Ciertamente, en este caso, el lector se siente inclinado a dar la razón a Mrs. Bennet, y nos resulta muy difícil imaginar que algo así pudiera ocurrir en la actualidad. Sin embargo, conocer esta circunstancia nos llevará a ser más comprensivos con la obsesión de esta madre por casar cuanto antes a sus cinco hijas, y procurarles un futuro estable a ellas y a sí misma.

Resultado de imagen de john dashwood sense and sensibilityComo acabamos de ver, la legislación de la época limitaba en ocasiones la capacidad de maniobra de los cabezas de familia, que podían llegar a sus últimos momentos con la angustia de saber que los suyos quedaban en una situación precaria, aunque hasta entonces hubieran vivido con desahogo. No estamos hablando de los que siempre habían sido pobres, sino de familias adineradas, pero atadas por lazos legales a la hora de redactar el testamento. En esos casos, las mujeres dependían de la benevolencia de los herederos, que no tenían más obligaciones que las que les dictara su conciencia. Así sucede con el padre de Elinor y Marianne, que en su lecho de muerte arranca la promesa de su hijo de que este velará por su familia.

Tan pronto se supo que la vida del señor Dashwood peligraba, enviaron por su hijo y a él le encargó el padre, con la intensidad y urgencia que la enfermedad hacía necesarias, el bienestar de su madrastra y hermanas. El señor John Dashwood no tenía la profundidad de sentimientos del resto de la familia, pero sí le afectó una recomendación de tal índole en un momento como ése, y prometió hacer todo lo que le fuera posible por el bienestar de sus parientes. El padre se sintió tranquilo ante tal promesa, y el señor John Dashwood se entregó entonces sin prisa a considerar cuánto podría prudentemente hacer por ellas.

Como sabemos, esta buena voluntad se queda tan solo en eso, bajo la influencia de Mrs. John Dashwood, que consigue silenciar la conciencia de su marido con razonamientos mezquinos y egoístas.

En vistas de esta situación, no es de extrañar que el matrimonio se viera como la única vía de subsistencia para aquellas mujeres que no tuvieran la suerte de contar con una gran fortuna personal. En una entrada futura, hablaremos del matrimonio desde distintos puntos de vista, por lo que tan solo destacaremos ahora la importancia de este hecho en las tramas de las novelas de Austen. Jane y Elizabeth Bennet, Anne Elliot, Fanny Price, Jane Fairfax y otras jóvenes a las que se nombra pasan de una situación incierta a un futuro prometedor, económicamente hablando, gracias a un matrimonio ventajoso.

Resultado de imagen de jane fairfax¿Qué ocurría con aquellas chicas de buena familia que no contaran con rentas propias ni recibieran proposiciones de matrimonio de caballeros solventes? Lo cierto es que las opciones para las jóvenes eran escasas. Mientras hubiera alguna renta, podrían tratar de ajustarse a esa cantidad, viviendo lo más dignamente que pudieran dentro de su estrechez. Pero, en el caso de que no contaran con recursos económicos, se verían abocadas a un matrimonio no tan ventajoso –el afecto en este caso sería aún más secundario–, pero al menos suficiente para subsistir, o tendrían que buscar algún empleo que les proporcionara un mínimo de ingresos y que, dentro de lo posible, no las hundiera socialmente. La enseñanza parece ser la salida más airosa para estas mujeres. Ya sea como institutriz privada, como hubiera sido el caso de Jane Fairfax, de no haberse casado con Frank:

Se decidió que Jane se preparara para la enseñanza, ya que los escasos centenares de libras que había heredado de su padre hacían imposible toda posición independiente. Y el coronel Campbell carecía de medios para asegurar su porvenir de otro modo; pues a pesar de que sus ingresos, procedentes de su paga y sus asignaciones, no eran nada despreciables, su fortuna no era muy grande, y debía ser íntegra para su hija; pero dándole una buena educación, confiaba proporcionarle para más adelante los medios para vivir decorosamente.

Imagen relacionadaO como maestra de escuela, como Mrs. Goddard:

Era una mujer sencilla y maternal, que había trabajado mucho en su juventud, y que ahora se consideraba con derecho a permitirse el ocasional esparcimiento de una visita para tomar el té.

En cualquier caso, se trataba de una situación complicada, que la misma Jane Austen conoció en primera persona, ya que, aunque nunca llegaron a pasar necesidad, tanto ella como su madre y su hermana Cassandra, dependieron de la ayuda de sus hermanos –que no les faltó en ningún momento– debido a los escasos recursos con los que contaron tras la muerte del Reverendo George Austen.

Próximamente publicaremos una entrada que tratará sobre diversos aspectos relacionados con el matrimonio, y en ella aparecerán trataremos otros aspectos relacionados con la situación social de la mujer en la sociedad, que podemos encontrar reflejados en las novelas de Jane Austen.

Por Miguel Ángel Jordán

 

DO YOU HATE MONDAYS? TRABAJOS Y OFICIOS EN LAS OBRAS DE JANE AUSTEN

Resultado de imagen de i dont hate mondayA los lectores actuales sueles llamarles la atención la gran cantidad de tiempo de ocio del que disponen los protagonistas de las novelas de Jane Austen. Parece que estos personajes se dediquen tan solo a pasear, visitarse unos a otros, organizar excursiones al campo, asistir a bailes, alojarse en casas de amigos y familiares durante semanas o incluso meses, tomar las aguas en Bath, ir de compras, etc. En ocasiones se habla de viajes de negocios, pero tampoco da la impresión de que los que los protagonizan se vean encorsetados por una apretada agenda. La pregunta habitual que se hacen muchos lectores es: “¿pero es que esta gente no trabajaba?”. Y la respuesta podría ser: no, si podían evitarlo.

Al leer estas obras comprendemos que trabajar para lograr un sustento es la última opción, el último recurso cuando todos los demás han fracasado. Un joven de buena familia puede dedicarse a ciertas profesiones, pero será más para ocupar su tiempo que por necesidad. Cualquier persona, en general, puede desarrollar algunas actividades, pero siempre por gusto, para cultivar sus aficiones o mostrar sus destrezas. De ese modo, el trabajo será algo digno y no una esclavitud que acabe con la salud y estropee la apariencia del que lo realiza..

Resultado de imagen de edward ferrarsUn ejemplo claro de lo que esto significaba para los jóvenes lo tenemos en Edward Ferrars. En una visita a la familia Dashwood, el bondadoso caballero se muestra con un estado de ánimo bastante decaído. Achacando esta situación a la falta de actividad, Mrs. Dashwood, que había inculcado en sus hijas el aprovechamiento del tiempo, adopta una actitud maternal hacia su invitado y le recomienda que busque un empleo, no para ganar dinero, sino para tener algo que hacer. En la respuesta de Edward se reflejan perfectamente las posibilidades que se les abrían a los jóvenes de alta cuna, las opiniones de distintos sectores de la sociedad, las consecuencias de elegir uno u otro camino, y la actitud de muchos de ellos a la hora de escoger una ruta profesional.

Nunca pudimos ponernos de acuerdo en la elección de una profesión. Yo siempre preferí la iglesia, como lo sigo haciendo. Pero eso no era bastante elegante para mi familia. Ellos recomendaban una carrera militar. Eso era demasiado elegante para mí. En cuanto al ejercicio de las leyes, le concedieron la gracia de considerarla una profesión bastante decorosa; muchos jóvenes con despachos en alguna asociación de abogados de Londres han logrado una muy buena llegada a los círculos más importantes, y se pasean por la ciudad conduciendo calesas muy a la moda. Pero yo no tenía ninguna inclinación por las leyes, ni siquiera en esta forma harto menos abstrusa de ellas que mi familia aprobaba. En cuanto a la marina, tenía la ventaja de ser de buen tono, pero yo ya era demasiado mayor para ingresar a ella cuando se empezó a hablar del tema; y, a la larga, como no había verdadera necesidad de que tuviera una profesión, dado que podía ser igual de garboso y dispendioso con una chaqueta roja sobre los hombros o sin ella, se terminó por decidir que el ocio era lo más ventajoso y honorable.

Resultado de imagen de edmund bertram mary crawfordCaso distinto sería el de los hijos de familias de buena posición, pero que –al no ser los principales herederos– se ven obligados a buscar un empleo que les permita mantener su ritmo de vida sin descender, más de lo imprescindible, en la escala social. En el ejemplo anterior hemos visto las posibilidades que se barajaban, y en el siguiente las entenderemos con más detalle, al escuchar la conversación entre Edmund Bertram y Mary Crawford.

–De modo que va a convertirse usted en un sacerdote, Mr. Bertram. Es una sorpresa para mí. ––¿Por qué había de sorprenderla? Tenía usted que suponerme destinado a alguna profesión, y pudo darse cuenta de que yo no era abogado, ni militar, ni marino.

–Muy cierto; pero, en definitiva, no se me había ocurrido. Y ya sabe usted que suele haber un tío o un abuelo que deja una fortuna al segundón de una familia.

–Una costumbre muy encomiable ––dijo Edmund––, pero no universal. Yo soy una de las excepciones y, por serlo, debo hacer algo por mi cuenta.

 –Pero, ¿por qué ha de ser clérigo? Yo creí que, en todo caso, eso era el destino del hermano más joven, cuando había muchos otros con derecho de prioridad en la elección de carrera.

Es decir, si no hay un familiar que deje una buena suma para el segundo hijo, este tendrá que buscar un trabajo. ¿Cuál? La Iglesia, la ley, el ejército o la marina (importante distinción que quizás se nos escapa hoy en día) son las propuestas que encontramos repetidas. Por lo que dice Mary, la Iglesia era el lote del más pequeño, los restos del pastel que habían dejado sus hermanos. Salvo en el caso de unos pocos que, como Edmund, entraban en ese camino por convicciones propias.

Esta distinción entre el hijo mayor (eldest son) y los otros, ausente en la mayoría de ámbitos en la cultura occidental actual, es un tema repetido en varias de las obras de Austen como un reflejo más de la sociedad de su tiempo. Podemos detectar la visión de la autora sobre esta realidad en sus novelas. En la mitad de ellas, la familia protagonista no cuenta con un second son, sino que el núcleo familiar está conformado por mujeres, como ocurre en Pride and Prejudice, Emma, Persuasion, o incluso Sense and Sensibility; aunque en esta última sí hay un hermano mayor entre las Dashwood. En las obras en las que aparece un second son, este acaba siendo el privilegiado que obtiene el amor de la protagonista, recibiremos una visión positiva de su personalidad y se nos despertará cierta compasión hacia sus circunstancias. Tal es el caso de Edward Ferrars, Henry Tilney y Edmund Bertram.

Por Miguel Ángel Jordán

MANSFIELD PARK, ÚLTIMO CAPÍTULO: MUTIS MAGISTRAL

Resultado de imagen de mansfield parkEs una verdad universalmente aceptada que Mansfield Park (en lo sucesivo MP) es la obra más polémica, compleja y oscura —e incomprendida, añadiría yo— de cuantas vieron la luz de forma completa[1] a través de la pluma de Jane Austen. Dentro de la faceta polémica, una de las diversas cuestiones objeto de debate se refiere al capítulo final de la novela; capítulo que cierra de forma acelerada y contundente varios cientos de páginas de escritura minuciosa en torno a las idas y vueltas de los Bertam y los Crawford y a las tribulaciones de Fanny Price. En concreto, el objeto de controversia lo constituye el porqué de tan apresurado cierre de tramas y subtramas que contrasta sobremanera con el tono pausado del resto de la novela.

Resultado de imagen de nabokovLa opinión mayoritaria atribuye al cansancio de la autora este final expeditivo, que sería previsible tras el esfuerzo invertido en el resto de la obra. Parece ser que a muchos escritores les supone un esfuerzo titánico cerrar sus novelas (según declaran sin el menor recato en entrevistas y reportajes), y Austen, habiendo caído en este trance, decidió cortar por lo sano. Desde que V. Nabokov dictaminara dicha tesis en su estudio sobre MP, ésta es la conclusión generalizada en el mundo austenita y fuera de él. Como consecuencia de dicha tesis, este capítulo de cierre se considera como un defecto de la novela, uno de los inconvenientes que conlleva su lectura: encontrarse con una historia cerrada con urgencia e incluso en falso. Y no es ésta una tesis infundada, no sólo porque la sustentara Nabokov, escritor eminente, sino porque posee una clara apariencia de verosimilitud: no es fácil encontrar casos similares entre los clásicos, novelas de amplia extensión que fluyen mansamente durante un largo recorrido para concluir como en forma de catarata. Pero también es cierto que esta opinión se corresponde con una óptica de lectura propia de nuestro tiempo —como el criterio de Nabokov corresponde a un escritor del siglo XX—, sin tener en cuenta las peculiaridades de Austen no sólo como escritora del siglo XVIII, sino como una verdadera singularidad dentro de la literatura universal.

No obstante, en mi opinión, y desde un punto de vista de lector-escritor libre de prejuicios, la hipótesis del “cansancio” de la autora no es convincente. Y esta opinión la sustento en diferentes motivos que expongo a continuación:

Imagen relacionada1º. Esa forma chapucera de terminar una obra deprisa y corriendo de forma consciente, si bien puede encajar en publicaciones actuales destinadas al consumo pronto y fácil, no concuerda en modo alguno con la actitud vital, el perfeccionismo y el estilo de Austen. Sólo en algunas de sus obras de juventud, escritas por puro entretenimiento para lectura en familia y sin vistas a ser dada a la imprenta para lectura general, podría llegar a admitirse sin reparo dicha explicación.

2º. Por otra parte, MP fue escrita en plena época de fecundidad y madurez creativa de Austen, después de Orgullo y prejuicio y antes de Emma. Atribuir cansancio o indolencia por el desarrollo final de la novela tampoco encaja con la pulsión creativa de una orfebre entregada a la labor de su pincel sobre el trocito de marfil en esas tres grandes obras. A mayor abundamiento, en su obra subsiguiente Austen se deleitó y nos deleitó, después de resuelta la trama principal, prolongando la novela durante toda una quinta parte de su amplia extensión a fin de no dejar suelto el menor cabo del entramado Highbury-Hartfield-Donwell.

3º. Y, por último, y por eso mismo más importante, a mi entender Austen ya había escrito cuanto quería escribir en torno a Mansfield y las relaciones de sus habitantes. Si la autora no fuera deudora de su devoción por Fanny Price y de las reglas de la novela de su tiempo, es probable que MP carecería de este último capítulo, o éste habría sido distinto; recordemos que MP es la representación, incluso stricto sensu, del lado oscuro de la sociedad (no sólo de la de su época y país, sino de la de todas las épocas y países): los vicios, las torpezas, las carencias de compromiso, responsabilidad, sacrificio o firmeza de valores, los prejuicios, las dobleces, el egoísmo, la tibieza moral, etcétera. Cuarenta y siete capítulos de virtuosismo, metaliteratura, simbolismo e inteligencia emocional, entre otras admirables cualidades, fueron más que suficientes para completar su theatrum mundi, y de ahí su magistral mutis: «Yo dejo al punto esos temas odiosos, impaciente por devolver alguna paz a los que no tuvieron demasiada responsabilidad, y terminar con lo demás»[2]. Por decirlo de otro modo, a mi parecer el único fundamento de este capítulo es conceder a la heroína su recompensa más ansiada.

Resultado de imagen de mansfield parkAhora bien, sea cual sea la explicación, e incluso admitiendo el humano razonamiento de la desgana de Austen como causa de la rápida finalización de su historia, incluso ese mismo aspecto resaltaría su genialidad. Dejando a mi imaginación a su indomable albedrío, evoco a la autora afrontando esas últimas páginas de manuscrito con no poca resolución: «Bien, vamos a acabar de una vez con la tontería», pensaría remangándose y mojando su pluma en la tinta dispuesta a realizar un ajuste de cuentas con todos y cada uno de los personajes, con la lógica excepción de la protagonista. No se libra nadie; ni siquiera el insulso Edmund, cuyo único motivo de redención es su afecto incondicional por Fanny.

Es muy infrecuente en la historia de la literatura, y no digamos en la obra de aquel tiempo, asistir a fustigaciones semejantes de manera tan directa. Sí que abundan los personajes abyectos, expuestos al escarnio o puestos en ridículo por sí mismos; pero que sean los propios autores quienes hagan de banderilleros y picadores directamente es algo insólito (que sólo puede conseguir adhesiones incondicionales entre frikis literarios).

Resultado de imagen de mansfield parkSobran ulteriores palabras y explicaciones al respecto, porque basta espigar algunas de las perlas que puntualmente regala nuestra Jane a cada personaje a lo largo de dicho capítulo para comprobarlo:

  • Sobre Tom Bertram. «Había sufrido y había aprendido a pensar: dos ventajas que no había conocido hasta ahora». [Teniendo en cuenta que tenía veintiséis años, una edad considerable en aquella época y aun hoy]
  • Sobre Maria y Julia Bertram. «Nunca se las había enseñado propiamente a dominar sus inclinaciones y temperamento mediante el sentido del deber, único que puede ser suficiente. (…); y sobre la necesidad de la abnegación y la humildad, sospechaba que jamás habían oído de labios de nadie nada que les fuera de provecho».
  • Sobre el señor Rushworth. «No le fue difícil obtener el divorcio, y de este modo concluyó un matrimonio contraído en circunstancias tales que cualquier final mejor, producto de la suerte, habría estado fuera de todo cálculo». «Las indignidades de la estupidez y los desengaños de la pasión egoísta despiertan poca compasión».
  • Sobre la señora Norris y su sobrina Maria. «La señora Norris abandonó Mansfield Park para consagrarse a su infortunada Maria, creándose un establecimiento para ellas en una región remota y retirada, donde, recluidas con poca compañía, sin afecto la una y sin juicio la otra, es lógico suponer que sus respectivos temperamentos las convirtieron en su mutuo castigo».
  • Sobre la señora Norris, un bonus extra. «[Sir Thomas] La veía como un mal perpetuo, tanto más cuanto que no parecía posibilidad de que acabara sino con la muerte; (…) Así que verse libre de ella fue una dicha tan grande que, de no haber dejado recuerdos amargos tras de sí, sir Thomas casi habría corrido peligro de aprobar el mal que había acarreado este bien».
  • Sobre Henry Crawford, la narradora es tajante y no tiene la menor duda de su indignidad y desmerecimiento de cualquier destino mejor. O, dicho en términos coloquiales, según la propia autora su fin se lo había ganado a pulso. «Si hubiera merecido más, no cabe duda de que lo habría obtenido». «De haberse limitado a conquistar el afecto de una mujer amable, de haber encontrado gozo suficiente en vencer la aversión, y en ganarse poco a poco la estima y el cariño de Fanny Price, habría tenido todas las posibilidades de éxito y de felicidad para él». «[al encontrarse de nuevo con la señora Rushworth] Se le despertaron la curiosidad y la vanidad, y la tentación del placer inmediato fue demasiado fuerte para un espíritu no acostumbrado a sacrificar nada a lo correcto».
  • Sobre el señor Grant. «El doctor Grant se provocó un ataque de apoplejía con los tres banquetes semanales que había instituido, y murió».
  • Resultado de imagen de mansfield parkSobre lady Bertram. Un remate suave en comparación con la crudeza con que ha sido descrita en diversos pasajes de la novela: «Dado lo egoístamente cara que había sido para lady Bertram durante mucho tiempo, no vio ésta de buen grado la marcha de su sobrina. Ninguna felicidad de hijo o sobrina podían hacerla desear ese matrimonio».
  • Sobre lord Bertram. «Estas fueron las circunstancias y esperanzas que poco a poco trajeron alivio a sir Thomas (…), aunque nunca le desapareció el dolor que provenía de la convicción de sus propios errores en la educación de sus hijas. (…) Veía cuán erróneamente había calculado al esperar contrarrestar lo que la señora Norris hacía mal haciendo él lo contrario; claramente veía que no había hecho sino aumentar ese mal (…)».
  • Sobre Edmund. No se detuvo la autora en atribuirle el mayor castigo para cualquier persona: «Sufría de desencanto y de pena, lamentando lo que era y deseando lo que nunca podría ser». Y muy sutilmente se habla de su cambio de inclinaciones: «No le hizo falta esperar y desear con afectos vacantes a una criatura digna que la sucediera en ellos. Apenas había terminado de lamentar la pérdida de Mary Crawford, y de confesar a Fanny cuán imposible le sería encontrar a una mujer igual, cuando empezó a pensar si no le convendría una clase de mujer totalmente diferente…» [Los puntos suspensivos son de la autora].

Imagen relacionadaEn definitiva, se podrá estar de acuerdo o en desacuerdo con la procedencia y la motivación de este final, abrupto en comparación con la extensión del resto de la novela, pero resulta indiscutible que es el producto de una mente ingeniosa en grado sumo y de una pluma con habilidad extraordinaria. Mansfield Park es una obra que precisa un tipo de lectura exigente, curtida en muchos miles de páginas y capaz de admirar los detalles sutiles dispersos por la novela; no sirve como puerta de entrada al mundo de Austen, pero sí forma parte del corazón de su obra, al que sólo se puede llegar con las capacidades señaladas.

 

Por Fernando García Pañeda

Nota final: Los párrafos transcritos de la novela corresponden a la traducción de Francisco Torres Oliver, publicada por Alba Editorial, año 2000.

[1] El arranque de Sanditon, entre especulación inmobiliaria, ansia de dinero, sensualidad desordenada, actitudes ambiguas de personajes y una protagonista de notoria inteligencia, también prometía emociones un tanto “interesantes” y umbrías que no podemos comparar con el resto de las novelas.

[2] En efecto, la posteridad tomó nota, puesto que otras plumas se han extendido a base de bien en culpas, desdichas y calamidades psicosociales durante estos últimos doscientos años.