Catherine Morland, ¿una heroína en construcción?

En un lugar de la vieja Inglaterra, de cuyo nombre no es que no quiera acordarme (nuestra historia se inicia en Fullerton), no ha mucho que vivía una niña de espíritu libre, ávida de aventuras y una mente llena de peculiares historias.

Aunque todo estaba en su contra, nada la desanimaba a perseguir el bien y la conducta virtuosa en un mundo que reverenciaba la hipocresía en las relaciones y diseñaba caminos tortuosos para alcanzar el final anhelado, la felicidad siempre tan deseada y tan costosa.

Nuestra ¿heroína? sostiene valientemente lanza en astillero intentando culminar con éxito su propio viaje interior hacia la madurez, conservando, mientras tanto, un corazón bondadoso y puro comparable al que late en el pecho del más noble caballero.

Nuestra Catherine es especial desde su niñez. No había nada que le gustase más que tirarse rodando por la verde cuesta que había detrás de su casa, una niña ruidosa y un tanto alocada, vital, inclinada hacia lo no permitido e invadiendo territorios confinados al género masculino. ¿Heroína…?

Una niña casi invisible al mundo, como el resto de sus nueve hermanos, pero que está a punto de iniciar la aventura más hermosa: comenzar a vivir su propia vida. A ello la ayudan los Allen, que sirven de puente para salir de su pequeño pueblo y afrontar las vicisitudes que ofrece el presente a una peculiar soñadora, perfilando ese carácter indeciso y dando cordura a tantos pequeños episodios de locura gótica satirizada magistralmente por Austen.

Resultado de imagen de northanger abbey filmCatherine Morland. ¿Será esa flor que nace para desarrollarse invisible y desperdiciar su fragancia en el aire del desierto? Alejándola Austen de los cánones reservados a heroínas típicas, ¿la engrandece, la ilumina con una luz favorecedora? ¿La acompaña en ese autoconocimiento necesario para el desarrollo y crecimiento personal y por tanto la convierte en heroína de su propia vida? Son cuestiones que me surgen con la lectura de esta maravillosa historia, sencilla, cercana, atemporal que me logra seducir doscientos años después.

Pero hablar de La Abadía de Northanger es mucho más que acompañar a Morland en sus dieciocho años de vida, es la feroz defensa de los libros y sus enseñanzas. Por eso la autora intercala en la trama un extenso recorrido por títulos y escritores concretos, incluyendo algunos de sus favoritos como lectora. Autores como Gray, Thomson, Shakespeare, Samuel Richardson, Fanny Burney (de gran influencia para Austen), María Egdeworth, Addison, Steele, Ann Radcliffe, Henry Fielding, Matthew Lewis y un largo etcétera están presente en esta obra al mismo tiempo que da amparo y protección a la novela como género, despreciando ese «hablar con desdén de unos libros a los que avalan la genialidad, el ingenio y el buen gusto

En definitiva, defiende unas obras «en las que se exhiben los más grandes poderes de la mente y en las que se transmiten al mundo, en el lenguaje más selecto, el conocimiento más exhaustivo de la naturaleza humana, las delineaciones más acertadas de sus variedades y las manifestaciones más vividas de ingenio y de humor».

Imagen relacionadaPero, volviendo a nuestra historia, Austen también diseña hombres a la altura de sus heroínas. Es el caso del señor Tilney, vértice fundamental del triángulo amoroso: alto, rostro agradable, mirada inteligente y viva, buen bailarín, caballeroso, con temple, entendido en muselinas, lector voraz y con gustos literarios afines a ella, culto y con una actitud jocosa que lo hace a los ojos de nuestra Catherine más que interesante, honesto y valiente, desafiante ante la injusticia aunque sea paterna. Especial, como ella.

Resultado de imagen de northanger abbey thorpeTambién tenemos a John Thorpe y su hermana Isabella. ¿Caballero andante y dulce damisela? Nada más lejos de la verdad. Descubriremos junto a la Morland que son piedras puestas en su camino para consolidar su carácter, afirmar su honestidad, su integridad y reconocer a su verdadero compañero de andanzas y aventuras.

No recomiendo, por tanto, únicamente la lectura de esta preciosa novela, eso es bastante obvio, sino que la lean como se merece. Austen utiliza su sátira inteligente y despliega su ternura recordándonos con su ¿heroína? que ni mucho menos la vida es siempre de color rosa, que la inocencia bien entendida debería ser un arma poderosa en este mundo, la honestidad en los sentimientos un objetivo por cumplir, el conocerse y crecer como persona una aventura digna de cualquier heroína que se tercie y el amor por los libros una pasión sin contención.

Y como en cualquier precioso cuento, tanto los inicios como los finales deben estar a la altura y dejarnos preparados para abordar el siguiente vuelo acompañados by a lady.

Mi heroína Catherine, de quijotesca figura, satirizada con ternura fue siempre de apacible condición y de agradable trato, y por esto no solo era bien querido de los de su casa, sino de todos cuantos le conocían [1].

Y, como Austen concluye, «dejo a quien pueda corresponder o interesar que determine si esta obra tiende más a recomendar la tiranía paterna o a recompensar la desobediencia filial». No puede existir mejor final para estos 31 capítulos.

(Dedicado a todas las heroínas de su propia vida)

Por Mª Ángeles Lorente

(Socia de Jane Austen Society España)

[1] https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte2/cap74/default.htm

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LECCIONES DE ELEGANCIA POR JANE AUSTEN

Elegante:

-Dotado de gracia, nobleza y sencillez

-Dicho de una persona: que tiene buen gusto y distinción para vestir.

-Dicho de una cosa o de un lugar: que revela distinción, refinamiento y buen gusto.

Elegancia: 

-Forma bella de expresar los pensamientos.

Resultado de imagen de inglaterra regenciaLos tiempos cambian, las costumbres cambian, las normas sociales cambian… Muchas cosas cambian, pero las personas siguen siendo personas y en el fondo somos muy similares a aquellos que nos han precedido durante los últimos siglos. Varían las circunstancias, el decorado, las reglas, pero los actores siguen siendo los mismos. Y por eso somos capaces de disfrutar de las novelas de Jane Austen a pesar de que se haya cumplido el bicentenario de su muerte.

Al leer estas novelas, nos introducimos en una sociedad regulada por unas normas muy claras y definidas. La mayoría de los personajes de Austen pertenecen a las clases elevadas, ya sean de la gentry (ámbito rural) o de la nobleza. Y como tales, actúan según lo dictan las reglas del momento.

Algunas de esas normas y costumbres constreñían o limitaban en mayor o menor medida ciertos aspectos de la vida, y podían resultar especialmente gravosas para las mujeres. Las obras de Austen son un fiel reflejo de la sociedad de su tiempo y es fácil que a un lector actual le sorprendan algunos usos de la época y la actitud ceremoniosa de tantos personajes. No es raro que haya muchos que encuentren todo este protocolo exagerado y carente de naturalidad.

¿Qué opinaba Jane Austen al respecto? Pienso que encontramos un fiel reflejo de su modo de pensar en un pasaje de Mansfield Park, en el que el narrador describe la situación en la que se encuentra Julia Bertram al visitar los amplios terrenos de los Rushworth. La joven Julia se ve obligada a caminar junto a la señora Rushworth, cuando ella preferiría estar junto a Henry Crawford.

Resultado de imagen de justine waddell mansfield park julia bertramThe politeness which she had been brought up to practise as a duty made it impossible for her to escape; while the want of that higher species of self-command, that just consideration of others, that knowledge of her own heart, that principle of right, which had not formed any essential part of her education, made her miserable under it

La educación recibida le impide “escapar”, ya que sabe que resultaría muy grosero. El problema es que esa educación solo ha modelado el exterior y no el interior. Sus modales no se corresponden con unos principios que la lleven a preocuparse por los demás, a buscar lo mejor para ellos, a respetarlos… Sabe qué es lo correcto y actúa en consecuencia, pero por mero formalismo.

Las reglas sociales tienen como finalidad principal facilitar la convivencia, establecer unos límites y ofrecer unas orientaciones que sirvan de guía para que todos sean tratados con respeto. Pero, dentro de esos amplios parámetros, cada persona actúa según su carácter, sus principios y sus circunstancias. Las normas de educación pueden quedarse en algo puramente formal o ser el resultado de una actitud interior. Lo ideal, por lo que nos dice Austen, es que sean un reflejo de algo más profundo. Pero, si en algún caso no es así, esas normas de conducta servirán, al menos, para marcar los límites que no se deben sobrepasar si no se quiere molestar u ofender a otras personas.

Resultado de imagen de audrey hepburn elegance quotes¿Basta con ser educado para ser elegante? No. La educación es un primer paso, pero la elegancia va mucho más allá. La educación se basa en normas, la elegancia está fundamentada en el buen gusto, la nobleza, la distinción (elevarse sobre lo vulgar) y en el refinamiento, que no implica ser un tiquismiquis, sino hacer las cosas con esmero y cuidado. Y todo esto adquiere un realce aún mayor cuando cuenta con el ingrediente secreto: la sencillez.

Existe una elegancia aparente y otra real. La elegancia aparente se puede adquirir con cierta práctica y asesoramiento. Está un peldaño por encima de la buena educación, pero queda muy lejos de la auténtica elegancia. ¿Cuál es la diferencia? La primera es una técnica, la segunda es un modo de pensar y de vivir.

Resultado de imagen de postureoLa elegancia aparente busca el reconocimiento de los demás, quiere causar un buen efecto o incluso deslumbrar. Tiene mucho que ver con el “postureo” que tan de moda está hoy en día. Solo se ejercita de cara al público. Sin embargo, la elegancia real impregna todas las facetas de la persona, está vinculada al modo de pensar y a los principios y, por lo tanto, no se ejercita solo cuando hay alguien observando, sino en todo momento.

Imagen relacionada¿Se puede diferenciar una de otra? Por supuesto, con el trato y con el tiempo. Las primeras impresiones son importantes pero no deben ser definitivas, como bien nos muestra Jane Austen en la obra que recibió ese título (First Impressions), aunque después hubo de ser rebautizada como Pride and Prejudice. En esta novela, vemos cómo la percepción de Elizabeth Bennet sobre Mr. Darcy varía con el tiempo. En un principio lo sitúa en el bando de los aparentemente elegantes y al final se da cuenta de que su elegancia es real. Al principio de la novela vemos sus formas correctas, su mente cultivada y su respeto por la etiqueta. Con el transcurso de las páginas llegamos a conocer su interior y descubrimos su valía, que alcanza el grado máximo en la mente de Lizzy cuando descubre que intervino de un modo decisivo en el affaire Lydia-Wickham, queriendo permanecer en el anonimato.

En las novelas de Jane Austen podemos hallar una gran cantidad de ejemplos de ambos tipos de elegancia, y los que conozcan estas historias sabrán la opinión de la autora sobre unos personajes y otros, y la visión que de ellos nos transmite esta genial escritora.

Resultado de imagen de mr wickhamEn el bando de los aparentemente elegantes podríamos incluir, entre muchos otros, a los siguientes personajes:

Mr. John Dashwood (hermano de Elinor y Marianne) y su esposa, Willoughby, Robert Ferrars, Mrs. Ferrars, Mr. Collins, Wickham, Caroline Bingley, Lady Catherine de Bourgh, el general Tilney, los hermanos Henry y Mary Crawford, las hermanas Bertram, sir Walter Elliot y su primogénita, Mr. Elliot, Mr. Elton y su esposa, Frank Churchill…

Imagen relacionadaY en el de los realmente elegantes:

Elinor, el coronel Brandon, Elizabeth y Jane Bennet, Mr. Darcy, el matrimonio Gardiner, los hermanos Henry y Eleanor Tilney, Catherine Morland, Fanny Price, Anne Elliot, el capitán Wentworth, Mr. Knightley, Emma (a ratos), Mrs. Weston…

Soy consciente de que he dejado a muchos personajes fuera de esta lista, pero, desde mi punto de vista, estos son los más representativos.

Como se puede apreciar, las heroínas de estas novelas y la mayoría de sus caballeros aparecen en el grupo de los realmente elegantes. Emma es un caso aparte, Edward Ferrars tiene sus momentos y Edmund Bertram… tiene más de pelele que de caballero (en mi humilde opinión). Y es que, aunque cada personaje de Austen es único, se nota que esta autora tenía una escala de valores bien definida y seleccionaba con cuidado a la pareja que iba a protagonizar cada una de sus historias.

Termino ya…

Como decía al principio, hay muchas cosas que cambian con el tiempo, y en muchos campos hemos progresado, pero creo que hay otros en los que podríamos aprender de nuestros antecesores. Puede que el problema sea que me estoy haciendo mayor xD, pero lo cierto es que a veces echo de menos esa elegancia que destilan algunos personajes de Austen.

Resultado de imagen de prohibido entrar sin camisetaEn esta época de exhibicionismo vital, en la que podemos saber intimidades de muchos con solo asomarnos a las redes sociales; cuando algunos se visten igual para ir a la playa que para asistir a la universidad; en la que hacen falta carteles que indiquen “prohibido entrar a la tienda sin camiseta”; y algunos jóvenes piensan que saben más que sus mayores porque han leído un par de panfletos y retuitean “pensamientos profundos”. En estos tiempos en los que hay gente que no valora los pequeños detalles como ceder el asiento, dejar pasar, dar las gracias con una sonrisa, pedir las cosas por favor, dejar el móvil aparcado cuando hay otras personas delante, hablar en un tono que no resulte molesto a los demás, etc… En estos tiempos, en los que también hay mucha gente elegante, la lectura de Austen puede ser un soplo de aire fresco, una fuente de inspiración y un termómetro para medir nuestra sensibilidad al respecto.

Por supuesto que cada época tiene sus reglas y no hay que quedarse anclados en el pasado. Pero tampoco pensemos que todo cambio es positivo. Progresar es ir a mejor, no tirar pa’alante y ya veremos qué pasa.

En la entrada anterior, Elena Truan hablaba del feminismo y Jane Austen. Sin querer llevar la contraria a nuestra presidenta, a la que me une el afecto, el agradecimiento y muchas horas de trabajo compartido, me atrevo a ir un paso más allá al decir que Jane Austen no es feminista -ni machista-, sino personalista. No como pertenecedora a esa corriente filosófica, sino como defensora de la persona, de cada persona, independientemente de su edad, sexo, creencias o condición social. Cada uno es cada uno y todos merecemos un respeto. Y el que entiende eso podrá alcanzar la elegancia de dos de sus grandes personajes:

Imagen relacionadaImagen relacionadaLa elegancia de Mr. Knightley, que es capaz de moverse en distintos ambientes, velar por sus vecinos más desfavorecidos y cantarle las cuarenta a Emma cuando se pasa de la raya. Y la elegancia innata de Lizzy, que resplandece aún más al compararla con otros miembros de su familia. Una elegancia que le permite enfrentarse a Lady Catherine de igual a igual, a pesar de los pesares; y la elegancia que le permite reconocer su error y cambiar de actitud.

Gracias, Jane por tantas cosas… Y por tus lecciones de elegancia.

Por Miguel Ángel Jordán

 

 

De Taylor, Emma y Jane: feminismo y hermandad.

No voy a empezar la entrada de esta semana con una frase introductoria de Jane Austen y su transcendencia universal, tema que es de sobra conocido por mis queridos seguidores. Hoy abordamos un tema mucho más cercano a nuestras hijas, nietas, hermanas, madres y amigas: el feminismo de Jane Austen. No obstante, antes de preparar en sus cabezas los distintos argumentos que defienden su posición, déjenme decirles que no voy a lanzar al aire la famosa pregunta: “¿Fue Jane Austen feminista? La verdad, según cómo se mire, la respuesta puede ser sí o no. La inexistencia del feminismo como tal en la época de Regencia deja a nuestra autora en dudosa posición. Porque no importa cuánto de revolucionaria fuera una mujer si su época la ataba a ciertos prejuicios que al lector del siglo XXI, fácilmente ofendido y que camina de puntillas entre los términos potencialmente desafortunados, siempre verán como demasiado tradicionales. Permítanme, pues, que reconduzca mi tesis y replantee el tema a abordar: No será el feminismo de Jane Austen, sino en el feminismo en Jane Austen, y no como ella decidiera plantearlo (sin saberlo), sino cómo está plasmado (siendo ella menos consciente aún).

Aún es pronto para saber si el mundo está recibiendo las gotas liberadoras de una cuarta ola de feminismo (sí, señores, ha habido olas de feminismo en la historia de la Humanidad) o si nos impulsamos bajo los coletazos de la tercera ola feminista, evolucionada y aún más fuerte. No obstante, lo que sí es cierto es que ha ganado impulso en los últimos años, y la lucha continúa por mejorar los derechos de la población femenina. Y eso se refleja en las figuras influyentes de la sociedad, como el Girl Power que defienden algunas dignas sucesoras de Madonna, icono de liberación sexual. Son sucesoras de todos los colores, pero del mismo tamaño: muy grandes. Desde Beyoncé, al grito de “Girls, we run this Mother Earth” en Run the World (Girls), que incluso concede becas a mujeres que desean estudiar, hasta Taylor Swift, la odiada y amada niña bonita del pop que ha pasado de escribir historias de amor de instituto a escribir riéndose de sus haters  y hasta de sí misma, predicando el amor a una misma. Pasando por Lady Gaga, que interpretó en los premios Oscar una emotiva canción dedicada nada menos que a las víctimas de abusos sexuales, y Emma Watson, que ha desafiado al encasillamiento quitándose la túnica de Hogwarts para convertirse en embajadora ante las Naciones Unidas de un movimiento feminista, HeForShe.

 

Es interesante observar los ejemplos que establecen iconos como éstos en cuanto a las relaciones entre mujeres, ejemplos que las jóvenes y no tan jóvenes que las siguen van a imitar. Hace tiempo leí un artículo sobre cómo se las había arreglado Taylor Swift para conseguir aumentar su popularidad y sus seguidores con una base de fans tan limitada y otra de acérrimos enemigos tan extensa. La respuesta era simple: Taylor comenzó su carrera con canciones de autocompasión como White Horse o Teardrops on my Guitar, y villanizando a toda rival femenina que le pusiera por delante, como en You Belong With Me. Poco a poco, Taylor evolucionó a canciones sobre sí misma, sus fines de relación y las razones detrás como en The Story of Us, y comenzó a reírse de aquellos que la odiaban en Shake It Off  y We Are Never Ever Getting Back Together, en las que ya de paso, hacía un poco el ridículo en el vídeo para demostrar que no le importaba que se rieran de ella. No sólo eso: Taylor Swift se rodeó de las modelos, cantantes, y actrices más exitosas, jóvenes y guapas del panorama mundial. Creó un #squad. Y todas las mujeres que la seguían soñaban con formar parte de ese #squad de mujeres que se ayudaban, se querían, se apreciaban. Hacían tartas, celebraban el 4 de Julio, y salían de fiesta juntas: todo juntas. Era la Taylor Swift feminista, la que apostaba por crear una hermandad de mujeres, reírse de sí misma, quererse a sí misma, e ignorar, o contestar con estilo y chulería (Bad Blood) a aquellos que querían despojarla de su éxito.

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Es un caso distinto, pero igual de (y para mi gusto, más) inspirador que el de Swift, el que encontramos en Emma Watson,  heroína bruja de nombre Austeniano (Emma Watson es el nombre de la heroína de la inacabada The Watsons) y firmes convicciones. Si había mucho de ella en la Hermione Granger valiente e inteligente, determinada y trabajadora que J.K. Rowling escribió, o si bien Hermione, formando parte de su vida desde tan tierna edad, imprimió muchos valores en el carácter de la joven actriz, no podemos saberlo: tal vez ambas cosas. Lo que sí es cierto es que Emma Watson ha permanecido fiel a su imagen de heroína feminista de cabeza pensante para establecer buen ejemplo en las mujeres del futuro, más que el que ya estableció su personaje de Harry Potter. En su discurso para las Naciones Unidas, hablando de HeForShe, defendió los valores feministas no sólo enfocados a las mujeres, sino tratando de incluir a toda la población: hacía el mismo daño a los hombres condenar a las mujeres por salirse de su estereotipo de género. Los hombres también tenían derecho a llorar y ser sensibles, tanto como las mujeres a trabajar en “trabajo de hombres”, etc.

ac_emmawatson_vanityfair_compA veces se les tira piedras a los pájaros porque pueden volar; por defender valores como éstos se la criticó con dureza, especialmente cuando en medio de la promoción de su nueva película, La Bella y la Bestia, (otra heroína feminista que apuesta por la lectura y la sensibilidad sobre la apariencia física) apareció fotografiada para una revista semidesnuda. “No entiendo lo que tienen que ver mis pechos con ser feminista o no”, se desesperaba ella, “el feminismo no es un palo con el que golpear a otras mujeres”

 

¿Qué tiene que ver Jane Austen con estas famosas? se preguntarán ustedes. Jane Austen nos enseña mucho sobre las relaciones; pero no solo sobre las relaciones románticas entre un hombre y una mujer; es importante observar la atención a las relaciones entre mujeres en las novelas de Jane Austen. Northanger Abbey reserva a Isabella Thorpe, quien ha empujado y utilizado a Catherine, un destino poco favorable; mujeres como Lucy Steele, las hermanas Bertram, Mary Crawford, Mrs. Elton, Miss Bingley… Son consideradas antagonistas de las heroínas, y su conducta es castigada por las circunstancias. ¿Lo que tienen en común? Actuar en contra de otras mujeres, en lugar de buscar la forma de ayudarse entre ellas. Incluso Emma es censurada por manipular a su amiga Harriet o burlarse de Miss Bates; la rivalidad entre ella y Jane Fairfax es, igualmente señalada como inexplicable, e injusta al final de la novela. En cambio, las influencias positivas en las heroínas van siempre marcadas por relaciones sanas entre mujeres, mujeres que necesitan y más aún en la sociedad criticada, que no las favorece, ayuda unas de otras. Así, es premiada la buena relación entre las hermanas mayores Bennet, la tranquila amistad de Catherine y Eleanor; la comunicación, más que el destacar las diferencias, de Elinor y Marianne; la relación fraternal entre Emma y su antigua institutriz, que la provee de buenos consejos; y las buenas intenciones de la amiga pobre, pero buena, de Anne. Si bien puede ser arriesgado hablar de feminismo como tal en Jane Austen, bien es fácil ver en sus novelas la defensa de la hermandad entre mujeres; un ejemplo más de la actualidad de Jane Austen, su prominencia como icono para las mujeres, y su universal sabiduría. “El feminismo es sobre darle a las mujeres elección”, dice Watson en el anterior vídeo. Y la defensa de esto es precisamente lo que muchas veces cause lso conflictos en las novelas de Austen. Para buscar valores que queremos en nuestro presente, de la mano de modelos femeninos, a veces podemos ir al pasado, a visitar figuras como la querida Jane.

Por Elena Truan

LAS APARIENCIAS ENGAÑAN

Cada persona ve el mundo desde su propia realidad. Hay gente a la que todo le parece maravilloso, mientras que otros son expertos en encontrar pegas y defectos. Se suele decir que  la virtud está en el justo medio, pero, en este caso, yo creo que es mejor pasarse por carta de más que de menos. El optimista nato tiene más seguidores que el cenizo profesional.

Son tantos los factores que influyen en la formación de nuestro carácter que sería un error caer en argumentos simplones o reduccionistas. Sin embargo, no temo equivocarme si afirmo que el estado interior de cada persona es de gran influencia en su percepción de la realidad. Un líquido adquiere la forma de su recipiente, y una misma situación será percibida de distintas maneras por personas diferentes.

¿A qué viene todo esto? ¿Qué tiene que ver con Jane Austen? Mucho, muchísimo, todo.

Las obras de Jane Austen son realistas, no porque cuenten historias verídicas, sino porque las protagonizan personas de carne y hueso. Y esa es una de las claves de su grandeza.

Un lector superficial podría encontrar estas novelas superficiales. Hay gente que piensa que para profundizar en un personaje es necesario incluir largas descripciones psicológicas o introspecciones densas y enmarañadas del protagonista, que analiza su interior con precisión microscópica. Vueltas y revueltas, un oscuro laberinto de pasiones y amarguras, y un mundo en deconstrucción, al que apenas le alcanza algún tímido rayo de sol de cuando en cuando.

Así actúan algunos autores, y tienen todo el derecho del mundo. Pero ese no es el estilo de Jane Austen y no por eso es menos que ellos. Austen profundiza en sus personajes, bucea hasta lo más hondo de su ser. Y gracias a este conocimiento es capaz de mostrarlos con una sencillez que no es simplicidad. Las obras de Austen son tan reales como la vida, y las personas se dan a conocer del mismo modo que en nuestro día a día: hablando y actuando. Lo exterior nos muestra la realidad interior.

En las novelas de Jane Austen encontramos abundantes contrastes. Son su modo de destacar la personalidad de sus protagonistas. Y hoy, me gustaría fijarme brevemente en un contraste que muchas veces puede pasar inadvertido: Emma Woodhouse vs Miss Bates.

Imagen relacionadaEmma: guapa, inteligente y rica.

Miss Bates: ni guapa, ni inteligente, ni rica.

Resultado de imagen de mrs bates emmaEmma: tiene todo lo que necesita y mucho más, sin embargo vive en un constante estado de insatisfacción, creando problemas a su alrededor, jugando con los sentimientos de los que la rodean, criticando cruelmente a muchos de sus vecinos.

Miss Bates: apenas tiene lo necesario para subsistir, sin embargo se muestra siempre contenta y agradecida, valora cada pequeño detalle que tienen con ella o con su madre, disfruta cada pequeña alegría, habla bien de todo el mundo, es generosa con lo poco que tiene.

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Esto podría parecer exagerado o irreal sino fuera porque a día de hoy la situación se repite una y otra vez. Personas con grandes dotes naturales y condiciones favorables que viven encerradas en sí mismas y se muestran críticas o escépticas con el mundo que les rodea. Engreídos que tratan a los demás con desdén o condescendencia, y que siguen el camino que lleva a la soledad. Y por otro lado, hombres y mujeres a los que la vida los ha tratado con dureza, pero que saben llevar sus penas con elegancia y buen humor. Optimistas incansables que siempre tienen una sonrisa de agradecimiento o una palabra cordial.

¿Y qué opina Jane Austen al respecto? Basta con leer la novela para saberlo.

A pesar de su inteligencia despierta y de sus muchos otros dones naturales, no es Emma la que cambia a la señorita Bates, sino al revés. Emma despierta de su inconsciencia gracias al episodio de Box Hill. Es Mr. Knightley el que le llama la atención, pero será Miss Bates, con su actitud humilde y bondadosa, la que termina de resquebrajar la coraza de egoísmo, altanería y superficialidad que aislaba a la señorita Woodhouse de los que la rodeaban.

Imagen relacionadaResultado de imagen de mrs norris mansfield parkMiss Bates tiene muchos defectos, pero nunca actúa con malicia. Puede resultar cargante y aburrida, pero nunca provocará malestar ni rencor. Por eso, a pesar de su parlanchinería, sigue siendo una mujer entrañable a la que muchos buscan y quieren. ¡Qué diferente de Mrs. Norris! Un personaje que podría ser muy parecido, pero que está en el polo opuesto. Porque en las obras de Austen cada personaje es único e irrepetible, como ocurre en el mundo real.

Por Miguel Ángel Jordán

“Verdad universalmente conocida”: la traducibilidad de Jane Austen a los contextos sociales del siglo XXI

Mi trabajo de fin de grado, presentado este junio de 2017 , gira en torno la traducibilidad de los contextos sociales en los que se desarrollan las novelas de Jane Austen, a los contextos sociales actuales. ¿Qué quiere decir esto? Significa, en palabras más sencillas, que busco la auténtica clave del éxito de Jane Austen en las pequeñas cosas, pertenecientes a situaciones sociales en las que se encuentran sus personajes, que son inherentes al ser humano. Dicho de otro modo: la universalidad de Jane Austen radica en su retrato de características propias de las relaciones humanas, que no cambian a lo largo de los años.

Si bien Jane Austen sufrió la carga de una crítica patriarcal, que se preocupó mucho más de mirar con lupa su moralidad, o falta de ella, que la calidad o el estilo literario, sobrevivió también a todas las críticas para convertirse en un fenómeno de masas en los siglos XX  y XXI, un fenómenos que los austenitas de sobra conocemos. Austen arrastró la crítica del patriarcado, lo que provocó durante mucho tiempo que se la dejase en la sección de novelas para mujeres, sin darle el valor que merecía. No obstante, y a pesar de estar encasillada en esa polvorienta estantería, en el oscuro lado de la biblioteca canónica patriarcal, muchas escritoras y críticas feministas, probablemente enviadas a esa sección a educar su mente en los valores morales propios de una señorita, se abrazaron a sus novelas y se las llevaron a los más altos pedestales del extremo opuesto del edificio que constituye la literatura universal: la crítica feminista. Así, Sandra Gilbert y Susan Gubar, Virginia Woolf, y muchas otras han sabido apreciar el sarcasmo y la crítica de Austen como una autora profunda y reflexiva, e incluso protofeminista.

Para un análisis que gire en torno al éxito y la actualidad de Austen en el siglo XXI, me he centrado en Orgullo y Prejuicio, al ser la novela más adaptada de Jane Austen, la que más influencia ha tenido en la “Austenmanía” de la mitad de la década de los 90, y por tanto la que más aparece en el merchandising de Jane Austen, y en Internet. Orgullo y Prejuicio es la segunda novela más leída del Reino Unido, tras El Señor de los Anillos, de acuerdo con la encuesta realizada en 2013 por la BBC. Si Orgullo y Prejucio se analiza en comparación con la adaptación a serie web The Lizzie Bennet Diaries, es fácil encontrar paralelismos en aspectos de la historia que han sobrevivido al paso del tiempo; temas inherentes a las relaciones humanas que Jane Austen supo retratar, como la presión parental, la construcción de las relaciones, o la defensa de la libertad individual, clave en la toma de decisiones propias.

Al final de este post adjunto el archivo PDF con mi trabajo de fin de grado completo (en lengua inglesa). ¡Espero que os guste!

ABSTRACT TRADUCIDO AL ESPAÑOL:

Más allá de ser solo una escritora satírica sin mayor preocupación que impartir lecciones morales a señoritas, Jane Austen, y su uso del sarcasmo, podría también ser contemplada como una subversiva rebelde contra la sociedad en la que vivía. Esta rebeldía yacía detrás del sarcasmo que caracterizaba a sus novelas, estando así su trabajo no solo reducido a un acercamiento humorístico a na sociedad disfuncional, que sometía a las mujeres a la necesidad de matrimonio y a la dependencia económica de los hombres.

El corpus literario de Jane Austen es a menudo analizado bajo una luz que se arriesga a obviar la facilidad de identificarse con los temas tratados, algo que se mantiene doscientos años después de la muerte de la autora. Mientras sus argumentos parecen girar únicamente en torno al matrimonio de sus heroínas y reflejan un mundo en el que las mujeres estaban sometidas a los hombres, Jane Austen ha trascendido el contexto social en el que emplazaba sus novelas y ha sido apreciada por críticas feministas. El nivel de popularidad y éxito académico de Jane Austen en los siglos XX y XXI sólo es similar al de escritores como Dickens o Shakespeare.

Para analizar los personajes, situaciones sociales e interacciones humanas que Austen retrató, más allá de su contexto histórico, este trabajo pretende explorar la novela Orgullo y Prejuicio (1813) y, a través de una lectura detallada, identificar rasgos del carácter y el comportamiento humano que Austen ilustró en profundidad y que se han mantenido actuales, y retratados con precisión, durante los últimos doscientos años. Este estudio conducirá un análisis comparativo con la última adaptación de la novela a los medios digitales, la serie web The Lizzie Bennet Diaries (2012), para identificar las raíces y la evolución de esta traducibilidad de los atemporales temas de las novelas de Austen en el siglo XXI.

LINK: Trabajo de Fin de Grado: ‘Truth Universally Acknowledged’ – Translatability of Pride and Prejudice to 21st-century Social Contexts: The Roots of Jane Austen’s Success

Por Elena Truan

 

LA TÍA JANE

Durante la vida de Jane Austen, las esposas de sus hermanos alumbraron a veinticuatro bebés, catorce chicas y diez chicos. Este número se incrementó en nueve ocasiones tras el fallecimiento de la escritora. Aunque han pasado casi doscientos años y las costumbres han cambiado significativamente, los niños siempre serán niños, por lo que no es difícil imaginar el bullicio y ajetreo que reinaría durante los diversos encuentros familiares organizados por los Austen.

Resultado de imagen de jane austen family tree

Resultado de imagen de regency childrePor los testimonios que nos han llegado, sabemos que Jane era una favorita de sus sobrinos, que buscaban su compañía siempre que iba de visita a sus casas o coincidían en algún lugar. La ingeniosa escritora solía contarles historias largas y elaboradas, que cautivaban a los más pequeños y estimulaban su imaginación. Esas historias podían durar días, y Jane disfrutaba añadiéndoles todo tipo de detalles y personajes. ¡Quién pudiera escucharlas! ¿Verdad?

Aunque Jane quería a todos los hijos de sus hermanos, las circunstancias propiciaron que tuviera una relación especial con dos de sus sobrinas, Anna y Fanny.

Resultado de imagen de anna lefroyAnna, que más tarde tomaría el apellido Lefroy (no se casó con el famoso Tom, sino con Ben, uno de sus primos), fue la primera hija de James -el mayor de los Austen- y Anne Mathew, que falleció tres años después de la boda, cuando la pequeña contaba con tan solo dos años de edad. Tras la muerte de la joven madre, Anna se fue a vivir a la rectoría de Steventon, donde recibió las atenciones de sus abuelos y de sus tías. Y allí permaneció hasta que James se casó con Mary Lloyd, dos años después de enviudar.

Resultado de imagen de fanny knightFanny fue la primera de los once hijos del matrimonio formado por Edward Austen, que más adelante tomaría el apellido Knight, y Elizabeth Bridges. Fanny también perdió a su madre, pero en su caso fue a los quince años.

Ambas primas nacieron en 1793, por lo que la diferencia de edad entre ellas y su tía Jane no llegaba a los dieciocho años. La situación de las jóvenes era muy diferente. Anna vivió en la rectoría de Deane, hasta que los Austen se mudaron a Bath y James tomó posesión de la parroquia de Steventon. Edward Austen, el padre de Fanny, fue adoptado legalmente por los Knight y, por lo tanto, su situación económica fue mucho más desahogada. Fanny vivió gran parte de su vida en Godmersham, una gran casa con amplios terrenos y abundante servidumbre.

Entre las cartas que conservamos de Jane Austen, hay varias dirigidas  a Anna y a Fanny, aunque tanto el estilo como el contenido de unas y otras es bastante diferente. Enseguida volveremos a este punto.

Resultado de imagen de godmersham austenLa familia Austen estaba muy unida y Edward no dudaba en aprovechar su buena situación para ayudar a los suyos, o invitarles a pasar largas temporadas en Godmersham. En algunas ocasiones, la tía Jane coincidió con Anna y con Fanny en la gran casa de los Knight, y seguro que pasó muy buenos momentos charlando con ellas mientras paseaban por sus jardines. Ambas jóvenes conocían las dotes de escritora de su tía y habían leído algunas de sus novelas. No hay duda de que este sería uno de sus temas de conversación, y no sería de extrañar que ambas le pidieran a su tía que les diera algunas lecciones sobre cómo escribir una historia. ¿Quién no lo haría en su lugar? ¿Y qué les dijo su tía? Seguramente les daría algunos consejos sencillos y accedería a revisar sus trabajos una vez que se pusieran a escribir.

Sabemos que Anna se tomó muy en serio su labor de escritora y pronto comenzó con su propia novela. Gracias a ella, tenemos un amplio elenco de consejos de escritura de puño y letra de Jane Austen, ya que la afamada escritora contestaba a las cartas de su sobrina comentando las páginas del manuscrito que esta le enviaba, señalando puntos fuertes y elementos a mejorar, y sugiriéndole algunos aspectos a tener en cuenta para lograr un efecto satisfactorio.

Resultado de imagen de anna lefroyAnna no llegó a terminar su novela. Su boda y el nacimiento de su primera hija la llevaron a abandonar la escritura temporalmente. Y más tarde, la muerte de su querida tía, que había sido un estímulo para su escritura y la destinataria principal de esas páginas, propició que la joven perdiera todo el interés por esa historia y decidiera arrojar al fuego las páginas escritas con tanta ilusión y comentadas por la tía Jane con todo su cariño y acierto.

Resultado de imagen de fanny knatchbullFanny, por su parte, tenía otras cosas en la cabeza que la impedían sentarse a escribir. El corazón de la joven dama estaba despertando y su imaginación revoloteaba llena de fantasías románticas y sentimientos incontrolados. Mientras que la correspondencia entre Jane y Anna halla en los escritos de esta su eje principal, las cartas que intercambió Fanny con su tía se centran en asuntos amorosos. La apasionada muchacha abre su corazón en sus misivas y pide consejo a su tía sobre el modo de comportarse con un joven caballero que se ha mostrado atraído por ella. También en estas cartas encontramos pasajes de gran interés en los que Jane Austen muestra su afecto, ingenio y sentido común. Es llamativo encontrar en estos escritos algunas frases que parecen extraídas de sus novelas. Jane, fiel a sus principios, insta a su sobrina a examinar sus sentimientos, y le pide que no tenga prisa ya que luego podría arrepentirse. Hay que casarse por amor y no por interés económico o social. Esa es una de las ideas principales de este intercambio epistolar.

Anna y Fanny, dos jóvenes Austen, nacidas el mismo año, unidas por el afecto mutuo y el cariño hacia su tía, pero con dos vidas muy distintas. Seguro que Jane, tan perspicaz y conocedora de la naturaleza humana, advirtió la diferencia entre sus sobrinas. Anna, menos brillante que su prima, con menos dotes naturales y medios económicos, vive más pegada a la realidad y se muestra más madura y decidida. Contrae matrimonio joven, a pesar de algunos reparos familiares, y se muestra feliz y satisfecha con su papel de esposa y madre. Fanny, atractiva y rica, es un mar de dudas en los asuntos del corazón. Tan pronto se muestra enamoradísima de su galán como hastiada de sus atenciones. Decide rechazarlo, pero no quiere que él se enamore de otra…

Resultado de imagen de anne elliotImagen relacionada¿Qué opinaba Jane? Quería mucho a ambas chicas, aunque le notamos cierta parcialidad hacia Fanny. Anna es como una hormiguita, constante y trabajadora. Fanny es como una mariposa, bella y alegre. Hay algo de las protagonistas de Austen en sus sobrinas. Cierta semejanza entre Anne Elliot y Anna Lefroy, y también algo de Emma Woodhouse en Fanny. Quizá por eso Jane quería tanto a Fanny, tanto sus defectos como sus virtudes eran evidentes, y había un encanto natural en la alegre inconsciencia de la joven que cautivaba a su tía. Pero si hubiera tenido que apostar por cuál de las dos sería más féliz, pienso que habría optado por Anna.

De lo que no hay duda es de que Jane tuvo la fortuna de gozar de una familia amplia y unida, en la que unos contaban con el afecto y el apoyo de los otros, y en la que nuestra querida escritora encontró el entorno adecuado para dar vida a sus inolvidables personajes y sus maravillosas historias.

Por Miguel Ángel Jordán

 

El patrón que todas las relaciones Austenianas siguen

En su aguda crítica de la sociedad que la rodeaba, Jane Austen tuvo el tino y la visión de analizar, a un profundo nivel humano, las relaciones humanas. Esto incluye, como bien sabemos, el análisis de las relaciones románticas en torno a las cuales giran los argumentos de sus novelas, y que inevitablemente acaban en matrimonio. No ha de pasarse por alto que Austen no sólo defiende en sus finales los matrimonios por amor, en oposición a aquellos por dinero o estatus social a los que se ven empujadas algunas heroínas o personajes secundarios, sin tanta suerte como las primeras. En una época en la que el matrimonio era un negocio, y la urgencia de encontrar marido era capital en la vida de las mujeres si no querían encontrarse en la indigencia o en serios apuros económicos, amén de falta de posición social, la autora defendió la construcción de relaciones románticas sin precipitación. Los noviazgos en la época de Regencia eran cortos; poco tiempo tardó el señor Elton en volver a Highbury con una esposa adecuada en Emma, y menos aún tardó el señor Collins en sucumbir a los encantos (o acertadas atenciones) de Charlotte Lucas, y decidir que había dado con la candidata adecuada para ser su esposa en Orgullo y Prejuicio.

No obstante, es de destacar que las principales heroínas de sus novelas canónicas siguen un largo, y a veces doloroso, proceso antes de alcanzar un entendimiento absoluto con sus pretendientes y culminar en el ansiado matrimonio. Se consideran en esta reflexión a las protagonistas de las novelas: Emma, Catherine Morland, Elinor y Marianne Dashwood, Anne Elliot, Elizabeth Bennet, y Fanny Price. Pero también a tener en cuenta son Jane Bennet y Harriet Smith, secundarias cuyo protagonismo en el desarrollo de sus íntimas, y su feliz final, las hacen tan merecedoras de atención en la defensa de Austen de la correcta construcción de una relación. Es así que Austen sigue un patrón que se cumple siempre en el proceso de familiarización de estos personajes con los hombres de los que se enamoran, y que resulta vital para al final, poder casarse con ellos, y no con otros menos adecuados.

1. Conocimiento mutuo con el tiempo

El primer paso para la sólida relación entre dos personas es en Austen el paso de un cierto tiempo para que ambos personajes se conozcan adecuadamente. No es un paso fácil de seguir: muchas heroínas se enfrentan a la posibilidad de que en el transcurso de los meses siguientes a conocer a su enamorado, éste encuentre a otra posible esposa. “Miles de cosas pueden acontecer en seis meses”, observa Jane Bennet sobre su separación de Bingley. En mucho menos tiempo, como se ha dicho, algunos hombres se decidían por una esposa, y la presión familiar podía tener mucho peso en dichas decisiones. No obstante, en Jane Austen, este tiempo debe pasar. Jane Bennet es una gran sufridora de este paso, en el que la incertidumbre la mantiene preocupada, pero también este tiempo permite repetidas visitas y ocasiones de conversación para juzgar el carácter de Bingley. Es evidente que Elizabeth necesita más tiempo aún; y es el periodo inicial de su relación el que permite que se forme una idea del carácter de Darcy, si bien es errónea y no muy favorable. Elinor disfruta de un tiempo para decidir, en su fría racionalidad, que le gusta el señor Ferrars; y Marianne, si bien se precipita y no la conduce a nada bueno sino desilusión (como comentaremos más adelante), goza de la compañía de Willoughby y comparte pasatiempos con él. Catherine Morland conoce al señor Tilney en el centro de la actividad de la sociedad inglesa, los bailes de Bath; y tampoco duda en compartir excursiones y visitas con él para conocerse mejor. Qué decir de las dos grandes pacientes, Fanny Price y Anne Elliot, la una habiendo pasado media vida con Edmund hasta conocerle en profundidad, la otra conociendo a su amado y, luego de tener años para reflexionar sobre su error, teniendo que pasar un silencioso sufrimiento mientras reconecta con el capitán Wentworth. Así mismo, Harriet Smith conoce a Robert Martin desde hace tiempo, un tiempo en el que él se gana su corazón, al contrario que el señor Elton.

En el tiempo que estas heroínas se toman para conocer a sus futuros esposos, otras mujeres se precipitan a matrimonios que, en su delicada elegancia y moderado juicio, Austen “castiga” con finales de indiferencia, desaparición del amor y del respeto. Tales casos son los señores Bennet, Lydia y Wickham, o Lucy Steele.

2. Visita a la casa

Otro importante paso, de profundo simbolismo, es la visita de la dama a la casa del caballero. Este paso en la relación entre la heroína y su amado proporciona una oportunidad para que ella pueda juzgar mejor el carácter de él, y pondere sus juicios hasta ese momento.

Obvio ejemplo sería la visita de Elizabeth Bennet a Pemberley, que genera discusiones entre críticos sobre si tuvo o no, según ella misma bromea, una influencia de peso en su decisión de aceptar a Darcy. En Pemberley, Elizabeth es capaz de ver, por un lado, el auténtico nivel del estatus social de Darcy; pero por otro, también su lado humilde, bondadoso y amable. Fanny Price crece en la casa de Edmund y eso la permite conocerle en profundidad; Catherine Morland encuentra el culmen de sus fantasías en ver a Henry Tilney en la Abadía, pero sobre todo, éste se preocupa de mostrarle a Catherine su futura rectoría, con lo que Catherine puede reflexionar sobre el carácter auténtico y humilde de Henry, además de, como Lizzy, ponderar la clase de vida que tendrá junto a ese hombre.

Se hace notar que Emma está muy familiarizada con la abadía de Donwell que posee Knightley, hasta el punto de ser prácticamente la anfitriona de sus reuniones. Tambien Harriet Smith es conocida por la familia de Robert Martin y frecuenta. Austen engaña a todos sus lectores cuando permite que Willoughby le muestre Combe Magna a Marianne, haciendo pensar al lector, y a Elinor, que la reprende por su indiscreción, que su relación ha de tomarse en serio.

3. Desilusión

Como nudo principal de la historia, ha de haber una desilusión o malentendido que enfrente a la pareja, la separe, y así ponga a prueba la fortaleza de su afecto. En el caso de Jane Bennet, su moderación, en parte por su propia timidez, en parte, quizás, por contrarrestar la indiscreción de su familia, genera una incomunicación que complementa la fácil manipulación de Bingley, separándoles. Elizabeth es incapaz de abrir los ojos más allá de sus desencuentros con Darcy, y el orgullo impide que se entiendan. Emma no sólo es incapaz de ver y reconocer su afectó por Knightley, sino que además una y otra vez le decepciona con sus “travesuras” y las consecuencias de éstas. El obstáculo de Elinor es una mezcla de malentendidos y falta de comunicación, mientras que el Marianne es una pura desilusión por haberse precipitado; Willoghby no pasa la prueba de fuego, mientras que Brandon, con su constancia, previa invitación a su casa, y superación del primer juicio desdeñoso de Marianne, sí consigue conquistarla. Los obstáculos de Fanny Price y Catherine Morland, e incluso de Anne Elliot, resultan más físicos al aparecer rivales o un padre autoritario. En el caso de Catherine incluye la decepción de Tilney al asustarse de las imaginaciones de Catherine, y en el caso de Anne una barrera aún más difícil de luchar: el paso del tiempo.

4. Reconocimiento

Es sólo la superación de este paso anterior el que permite que los personajes austenianos sufran una anagnórisis, o reconocimiento: en irónicas y dramáticas exclamaciones, muchos aseguran haber estado ciegos. Elizabeth lo ha estado; Darcy se sobrepone a su orgullo, mejorando sus modales; Emma descubre su afecto escondido en su interior, hasta que Knightley confiesa; Edmund por fin reconoce el amor de Fanny; Anne y Wentworth son capaces de sincerarse; y Catherine Morland recibe la visita de un Tilney liberado de la autoridad de su padre. Jane Bennet y Catherine, igual que Harriet, consiguen librarse de las influencias de otras personas que constreñían su libertad para reunirse con sus elegidos.

Conclusión

Es solo superando y cumpliendo estos cuatro pasos que Austen construye sus relaciones. La mayoría de éstas van, pues, a contracorriente, y es una subversiva rebeldía de la autora el defender relaciones en las que la joven pareja se toma su tiempo para escoger, haciendo uso de una libertad difícil de conseguir en la época de Regencia, pero necesaria en las novelas de Austen para conseguir una relación satisfactoria y sana. Es pues para nuestra autora algo recomendable no precipitarse en la búsqueda de un marido y no sólo tomarse el tiempo de elegir como se hace en la actualidad, sino asegurarse de que la que se construye es una relación sólida, fundada en afecto y respeto mutuo.

Por Elena Truan

AUSTEN, OGROS Y CEBOLLAS

No, no es el título de un nuevo mash-up de una novela de Austen 😛

¿Hay alguna relación entre SHREK y las obras de JANE AUSTEN?

No sé si habrás visto la primera película de esta saga de DREAMWORKS. Si es así, casi con seguridad recordarás el diálogo en el que Shrek trata de explicarle a Asno la verdad sobre los ogros. Te pongo aquí la transcripción:

Imagen relacionadaSHREK – Para tu información, los ogros somos muy diferentes a lo que creen.
ASNO – Ponme un ejemplo
SHREK – ¿Un ejemplo? De acuerdo…ah… los ogros son como cebollas.
ASNO – Apestan.
SHREK – Sí… ¡No!
ASNO – Te hacen llorar.
SHREK – ¡No!
ASNO – Ya sé, si los dejas al sol, se ponen marrones y les salen pelitos blancos…
SHREK – ¡No! ¡Capas! ¡Las cebollas tienen capas! ¡Los ogros tienen capas! ¡Las cebollas las tienen! ¿Entiendes? ¡Ambos tenemos capas!

Y sigue.

Capas, ahí radica la similitud de los ogros y las cebollas… y las obras de Austen.

Lo que Shrek intenta explicarle a Asno es que los ogros son seres más complejos de lo que parecen, y por lo tanto, no se les puede juzgar solo por las apariencias.

Algo parecido ocurre con las novelas de Austen (y con las de muchos autores). Su complejidad, que no complicación, permite diferentes lecturas con distintas percepciones.

Imagen relacionadaUna primera capa, la más superficial y por eso casi inservible, es la que perciben algunos de los que se acercan a estas obras con un desconocimiento total de la autora, poco hábito de lectura o, al menos, poco bagaje literario de calidad… Lectores acostumbrados a novelas del estilo fast-food, sabrosas, vistosas, pero poco recomendables como base nutritiva. En estos casos, es posible que se queden con la impresión de haber leído una novela “rosa”, en la que “no pasa nada”, y que se limita a hablar de “señoritas que quedan para tomar el té”. Todos estos comentarios los he leído o escuchado en alguna ocasión. ¿Y vosotros?

Resultado de imagen de capa cebollaPasemos a la siguiente capa. Hablamos ahora de lectores algo más atentos, con mayor experiencia y una mente más abierta… pero igual de ajenos a la destreza e intencionalidad de Jane Austen. Estos lectores, aunque valorarán algo más la historia que se les cuenta, y se sentirán atraídos por algunos de sus personajes, se quedarán tan solo en “el colorido”. Verán las figuras que representa el tapiz, pero serán incapaces de captar el entramado que ha dado lugar a esa maravilla, y mucho menos percibir el soporte que le da consistencia. Es decir, serán los lectores a los que les atraigan los romances, la elegancia, la galantería y educación de los caballeros, los paisajes, las grandes casas, etc.

Imagen relacionadaY quitamos otra capa… Es posible que hablemos ahora de “lectores reincidentes”. Aquellos que leyeron una obra de Austen y la disfrutaron, y vuelven a ella porque de algún modo presienten que hubo cosas que se les escaparon. Esos lectores ya no solo se fijan en lo externo, sino también en el modo de narrar tan característico de esta autora. Disfrutan con la ironía, se sumergen en los diálogos, se dan cuenta de que los personajes casi cobran vida a través de sus palabras, se sienten cómodos en el paisaje humano confeccionado por la escritora y comprenden que los romances, las tensiones y todo lo demás son tan solo recursos para mostrarnos diversas facetas de los protagonistas. Reconocemos a estos lectores porque al hablar de las obras de Jane Austen no se limitan a recordar a sus damas o caballeros, sino que recuerdan pasajes, citas, momentos chispeantes, enseñanzas…

Resultado de imagen de capa cebollaPero aún quedan más capas y podemos seguir profundizando para llegar al corazón de estas novelas y en cierta parte de su autora. No hace falta ser un experto en literatura para pasar a los siguientes niveles, aunque como es lógico, todos los conocimientos literarios que tengamos nos ayudarán en esta senda. Tras una primera lectura de cualquiera de las novelas de Austen, es posible que nos planteemos cómo logra esta autora que nos sintamos cómodos en un ambiente tan distinto al nuestro, cómo nos atrapa en sus historias en las que en realidad “no pasan demasiadas cosas”, cómo consigue tanta variedad de personajes sin apenas describirlos, y muchos otros “cómos” que nos animarán a leer con espíritu crítico y renovada atención para descubrir algunos de sus recursos.

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Las siguientes capas serán aquellas más especializadas, pero que en realidad son una concreción de la anterior. Nos fijaremos en la estructura, los saltos temporales, los trucos para mantener el suspense o sorprender, las relaciones entre personajes, el papel del narrador -que parece un personaje más y a veces hablar en primera persona-, los distintos escenarios y por qué son elegidos, las maneras de lograr el efecto irónico, los recursos literarios y otros trucos que emplea Austen para lograr sus fines, el uso del estilo indirecto libre, es decir, cómo el narrador nos cuenta los pensamientos de los personaje poniéndose en su lugar, y un largo etcétera que lejos de cansarnos nos llevará a admirar cada vez más a esta genial escritora y a sus maravillosas novelas.

Resultado de imagen de jane austen worksTodas estas capas no son fruto de la casualidad. Son el resultado de un gran trabajo y de una capacidad creativa excepcional. A través de estos escritos llegamos a conocer algunos rasgos de su autora. Jane no es Elizabeth Bennet, ni Anne Elliot, ni ninguna otra de sus heroínas, pero hay algo de ella en cada una de esas jóvenes. Jane Austen, igual que sus obras, tuvo sus capas. Nosotros no tuvimos la oportunidad de verla, de escuchar sus comentarios, ni de conversar con ella. Pero tenemos sus novelas y en ellas podemos captar algunos retales de su alma. Cuanto más profundicemos en estos trabajos más sabremos sobre la señorita Austen.

 

Por Miguel Ángel Jordán

 

CUARTO (Y ÚLTIMO) RETO 200

Estamos en la recta final para la fecha clave de este año. El próximo martes, 18 de julio, se cumplirán 200 años del fallecimiento de Jane Austen, a la que tanto debemos sus lectores. Por esta razón, el último reto con el que queremos prepararnos para esa fecha es…

CUARTO RETO

Gracias, gracias, gracias y 200 veces gracias.

Resultado de imagen de gracias

Gracias, Jane por…

Deja tu comentario en el blog en cualquiera de nuestras redes sociales 🙂

TERCER RETO 200

Comienza una nueva semana, la primera del mes de julio y os proponemos un nuevo reto para conmemorar el bicentenario del fallecimiento de nuestra querida Jane Austen, que tendrá lugar el día 18 de este mes.

Hace dos semanas os invitamos a decirnos por qué os gustaban las obras de Austen. La semana pasada os pedimos que nos dijeseis qué lecciones habéis extraído de sus escritos. Y esta…

¡Correcto! Va de personajes. Así que el reto 200 de esta semana es…

Reto 3: 200 personajes. Dinos cuál es tu personaje o personajes favoritos de las novelas de Jane Austen y por qué.

No hace falta que sea una protagonista, aunque puede serlo. Cada uno tiene su punto de vista, por eso es tan interesante saber qué opinan los otros lectores, por qué unos adoran a alguien que otros no aguantan, quiénes os parecen más acertados y quiénes creéis que son prescindibles…

¿Cuál es tu equipo ideal? 😉

Déjanos tu comentario en el blog o en las redes sociales.

¡Mil gracias!

Un saludo