Programa para “Jane Austen y las Artes”

PortadaPrograma pngMañanaPrograma pngTardePrograma png¡Próximamente publicaremos más información sobre nuestros increíbles ponentes!

Sentido y Sensibilidad y el color de pelo

Si pedimos a cualquier fan de Jane Austen que nos cuente cómo era Emma Woodhouse, primero se le vendrán las tres famosas palabras del inicio de la novela a la cabeza: guapa, lista, y rica. Pero también otra más: rubia. Emma era rubia: es un pensamiento instantáneo, lo sabemos y pensamos en Gwyneth Paltrow y en Romola Garay, incluso en Alicia Silverstone, que de alguna manera eran más Emma que Kate Beckinsale. No obstante, Jane Austen nunca dijo que Emma fuera rubia. Es más, jamás dijo tampoco que Jane Bennet lo fuese tampoco, ni que su hermana Elizabeth fuese morena. Es una imagen que las adaptaciones de Orgullo y Prejuicio nos plantaron en la cabeza. Pensemos en más: ¿la pobre Anne Elliot, a la que se le está pasando el arroz, de la que se comenta que su belleza se marchita, que sufre y pena por dejar pasar la flor de su vida? ¿Rubia? Jamás. Ninguna película defiende eso. ¿Elinor, la sensata, la razonable, la precavida, más rubia que su hermana, la hermosa, romántica y sensible Marianne? ¡Qué va! 

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Entonces… ¿para ser rubia como tú tendría que ser más superficial?

Es más, aunque tenga más de un prendiente, Catherine Morland es la chica deportista y “tomboy” que se convierte en una bella señorita, pero es inocente, curiosa, y adora los libros: adaptémosla al cine con pelo oscuro, es la coqueta Isabella Thorpe la que debe llevar el papel de rubia guapetona.

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Soy demasiado inteligente, mi guión me mezcla con Jane Austen… No puedo ser rubia.

Se podría incluso ir más lejos y fijarnos en el vestuario escogido para las heroínas, sobre todo en el caso de las que tienen que contrastar entre hermanas, como Lizzy y Jane o Elinor y Marianne: las mujeres que prefieren pensar o hablar parecen preferir colores terrosos o serios, mientras que las que destacan por su belleza siempre tienen colores pastel o más vivos. ¿Por qué?

No tengo nada en contra de la próxima adaptación de Emma, en la que la protagonista es, una vez más rubia. Pero no deja de ser un patrón molesto y plagado de estereotipos el que el cine escoge para reducir personajes trabajados y profundos a una simple imagen, que nos indica lo que pensar de ellos. Jane Austen es cuidadosa de sólo describir rasgos generales físicos, o psicológicos, permitiendo a los lectores hacernos una idea propia de cómo es el personaje, y de además juzgarle por nosotros mismos. He de decir, y perdón por sacar de nuevo, como en la anterior entrada, a colación la película de Mujercitas, que fue para mi un alivio ver a una Jo March rubia y de rasgos delicados, muy diferente a Winona Ryder en la anterior adaptación. Pues esto no pasa sólo en Jane Austen, sino en muchas películas más. 

Esta corta entrada sólo pretende ser una observación para que, si hay rubias deprimidas ahí fuera que quisiera identificarse más con Elizabeth Bennet, si hay morenas que prefieren bailar a leer y no las hacen sentirse dignas de ser la protagonista guapa sino la seria (que al parecer es un rasgo incompatible con el primero), puedan manifestarse y contarnos… ¿con qué color de pelo se imaginan ustedes a sus heroínas?

-Por Elena Truan

Jane Austen, Jo March y la higuera de Plath

Este texto contiene SPOILERS de Mujercitas. 

 

La nueva adaptación de Mujercitas no ha gustado a todo el mundo. Algunos alegan que la narración in media res evapora el sentido de la historia original, que es acompañar a las cuatro hermanas March en su paso de la infancia a la madurez. Se dice también que Emma Watson, a pesar de transmitir toda la dulzura, la calma y la feminidad que emana Meg March, anula al personaje con su fallido intento de acento americano. No se consigue conectar con Beth March lo suficiente para apreciar su alma pura, su inagotable generosidad y su curiosa timidez, ni para lamentar tanto como se lamenta su muerte en la novela(a pesar de que la directora consigue mover al espectador con su maestría en la narración). Algunos son ciegos a la perfecta ejecución de Florence Pugh, floreciente estrella que ya deslumbró en Lady Macbeth y en la adaptación televisiva de King Lear junto a Anthony Hopkins, ambas producciones que pasaron muy desapercibidas en nuestro país. Tildan a Pugh de no ser lo suficiente joven, de no parecerse lo suficiente a Amy March… Sin en cambio alabar su acento, su increíble capacidad de mostrar un rango emocional infinito, ni su magistral lenguaje corporal. No diré que no son opiniones válidas y que resulta casi imposible complacer a los ávidos lectores de un clásico de semejante importancia, pues pocas producciones pueden competir con la imaginación de alguien que ha leído y amado una novela. No obstante, la actuación de Saoirse Ronan en el papel de Jo March resulta impecable. Ronan, seriamente rodeada de talento (Laura Dern, Meryl Streep y Chris Cooper son algunos de los veteranos que aparecen como los adultos con los que cuentan las hermanas March para apoyarse) encarna a una de las heroínas más modernas y queridas de la literatura con plena consciencia del peso que esto conlleva.

Lo que me trae a analizar esta adaptación en nuestro blog, generalmente dedicado únicamente a Jane Austen, es la manera en la que Greta Gerwig ha sabido traer a las pantallas modernas una dualidad humana que en el mundo femenino se arrastra desde hace tiempo. Aunque el término resulta anacrónico, bien se dice a menudo que Jane Austen era una escritora feminista, que publicó sus obras y se negó a casarse puramente por conveniencia, y dio vida a personajes parecidos a Jo March, mujeres que verbalizaban sus opiniones y pensaban por sí mismas en una época en la que su género las prefería en silencio. Jo, en principio, es un espejo del alma de toda mujer escritora hasta esa época (y más adelante, toda mujer escritora que tuvo que enfrentarse a la domesticidad como amenaza para su trabajo). Louisa May Alcott se basó en parte en sus hermanas para escribir Mujercitas, y en sí misma para Jo. Gerwig leva a cabo una magistral síntesis de la desazón de Jo cuando Laurie se promete a Amy, cuando Beth no está, cuando Meg ya tiene su propia familia, y ella descubre que su trabajo y pasión no solucionan su soledad.

Esta anagnórisis, que resulta un punto de inflexión para Jo, no es tan sencilla como una joven que quiere casarse y ha tardado demasiado en reconocerlo. No sólo nos muestra a una mujer del siglo XIX que está sufriendo al decidir entre independencia o domesticidad. Nos muestra el corazón roto de una joven de cualquier época que desea tenerlo todo y descubre que no es un camino tan fácil como el que emprenden aquellas afortunadas que encuentran la felicidad en el molde que la sociedad acepta (algo también importante en el personaje de Meg, a quien el día de su boda vemos imponerse a su rebelde y escéptica hermana con la tajante sentencia de feminismo real, que defiende la igualdad verdadera “que mis sueños sean distintos de los tuyos no los hace menos importantes”). Jane Austen probablemente viviese estos momentos una y otra vez, y especialmente en ocasiones como la noche en que decidió rechazar la propuesta de matrimonio que acababa de aceptar, o tal vez cuando Thomas Lefroy se marchó de su vida, si los rumores y esperanzas de las fans más románticas son ciertos. La punzante realidad que traspasa las épocas se siente cuando, viendo a Jo March doblada por el dolor junto a su madre, confesando el dolor que le produce esta dicotomía, una no puede evitar en pensar en la metáfora de la higuera de Sylvia Plath, que escribiría en La Campana de Cristal el siglo siguiente:

Vi mi vida extendiendo sus ramas frente a mí como la higuera verde del cuento.De la punta de cada rama, como si de un grueso higo morado se tratara, pendía un maravilloso futuro, señalado y rutilante. Un higo era un marido y un hogar feliz e hijos y otro higo era un famoso poeta, y otro higo era un brillante profesor, y otro higo era E Ge, la extraordinaria editora, y otro higo era Europa y África y Sudamérica y otro higo era Constantino y Sócrates y Atila y un montón de otros amantes con nombres raros y profesiones poco usuales, y otro higo era una campeona de equipo olímpico de atletismo, y más allá y por encima de aquellos higos había muchos más higos que no podía identificar claramente.Me vi a mí misma sentada en la bifurcación de ese árbol de higos, muriéndome de hambre sólo porque no podía decidir cuál de los higos escoger. Quería todos y cada uno de ellos, pero elegir uno significaba perder el resto, y, mientras yo estaba allí sentada, incapaz de decidirme, los higos empezaron a arrugarse y a tornarse negros y, uno por uno, cayeron al suelo, a mis pies.

Lo que hace universal a Mujercitas, en fin, no son las “cosas que nunca cambian” como el casarse, tener hermanas, o las declaraciones de amor. No es tampoco la nostalgia de los modales, los vestidos o el sentarse junto al fuego, como a menudo se simplifica también a Austen y a muchas otras obras literarias. Lo que hace universal a Mujercitas es lo mismo que hace eterna a Austen y a Plath, al “no soy ningún pájaro” de Brontë. Piensen ustedes qué es.

¿Qué esperamos de la nueva adaptación de “Emma”? Crítica del trailer.

Tras la adaptación a la gran pantalla de “Lady Susan”, titulada “Amor y Amistad”, el listón está bastante alto para los que desean adaptar una obra de Jane Austen de nuevo. Si bien esta adaptación no era perfecta (pocas lo son), el tono irónico y la clave cómica fueron tal acierto que pocas adaptaciones se pueden medir con la obra de Whit Stillman en cuanto a guión. No obstante, Autumn de Wilde nos trae el trailer de su adaptación de “Emma” con una energía y una calidad muy prometedoras.

Nos encontramos ante una adaptación formada por un elenco de actores jóvenes, como corresponde a los personajes principales de la novela, muchos de ellos relativamente desconocidos, pero que ya cuentan con una trayectoria respetable. Les rodean los personajes secundarios, más mayores, encarnados por gigantes de la comedia británica: Bill Nighy es Mr. Woodhouse y la brillante Miranda Hart que apenas vislumbramos en el trailer es Miss Bates, y promete una ejecución impecable y desternillante. La interpretación de Nighy, en cambio, de la que no se duda en absoluto que será de calidad, parece extremadamente desviada del personaje original, siempre inválido, enfermizo, y distraído. En el avance, vemos a Mr. Woodhouse saltando al suelo de las escaleras, siempre erguido, muy espabilado y enérgico. Tendremos que ver qué juego da De Wilde con esta versión del personaje.

Poco llegamos a apreciar de los pretendientes de Emma, excepto que Mr. Elton y Mr. Churchill tienen una apariencia demasiado similar, (parece en el tráiler) poco recomendable para los enredos que nos esperan en Highbury. No hemos visto a Jane Fairfax (aún).

Un Mr. Knightley correcto, aunque distinto de los Knightleys a los que estamos acostumbrados en Mark Strong o Jonhny Lee Miller, es interpretado por Johnny Flynn, que puede parecer un poco joven para interpretar a Knightley, pero tiene exactamente 37 años, igual que su personaje. Por su parte, Anya Taylor-Joy (24 frente a los 20 de Emma, también correcto) tiene un punto pícaro y desdeñoso en su expresión, ese aire mimado y auto-suficiente que podríamos encontrar perfectamente en la guapa, rica, e inteligente Emma.

La puesta en escena, que apuesta por colores más vivos que los tonos pastel a los que las adaptaciones clásicas nos tienen acostumbrados, incluso en el vestuario (por fin), parece exquisita, y el vestuario, con peinados más realistas para la época, aunque resulten menos estéticos que el típico moño desestructurado de Hollywood. Cabe resaltar el pequeño homenaje a la autora que se aprecia en la cruz de ámbar que cuelga del cuello de Emma, igual que la que Jane Austen poseía.

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En general, parece que tenemos por delante una película muy prometedora, con un gran trabajo de investigación detrás, un brillante elenco, y una puesta en escena impecable. ¡Sólo nos cabe preguntarnos si el guión cumplirá con las expectativas de los austenitas más exigentes!

 

Por Elena Truan

Presentamos “200 Años de Austenmanía: recepción, reescrituras y adaptaciones de Jane Austen”

Como editora de este volumen, es mi orgullo y mi honor presentarles una introducción a este libro, cuya edición no hubiera sido posible sin el Departamento de Estudios Ingleses de la Universidad de Salamanca.

Ya son muchas las asociaciones en torno a Jane Austen que se han creado alrededor del mundo desde la fundación, en 1940, de la primera Jane Austen Society en Reino Unido. La Jane Austen Society España es posiblemente la más joven. Desde nuestros inicios en 2016, hemos tenido el placer de participar en la celebración de varios congresos de lectores y académicos, y ha sido un auténtico orgullo poder colaborar en la organización del Jane Austen Study Day de diciembre de 2018 en la Universidad de Salamanca. Desde aquí mandamos nuestro agradecimiento a la Dra. Miriam Borham Puyal, del departamento de Filología Inglesa, sin la cual esta jornada “Austen Goes Viral: From Oblivion to Fame” no habría sido posible, y cuya intervención, “Jane’s Fame and the Sisterhood of Women Writers” aunque no ha podido ser recogida en este volumen, enmarcó a la perfección el tema de la jornada. Nuestros agradecimientos también se dirigen a otros organismos organizadores del evento: el Máster en Estudios Ingleses Avanzados y el Grupo de Investigación Reconocido “Escritoras y personajes femeninos en la literatura”. Sin ellos, la jornada del 17 de diciembre de 2018 no habría sido posible, y este volumen, tampoco.

Así pues, recogemos aquí las intervenciones del vicepresidente de Jane Austen Society España, el Dr. Miguel Ángel Jordán, las comunicantes Laura Requena y Lidia Cuadrado, y otras jóvenes investigadoras que han podido aportar sus investigaciones a este original libro de temas que el lector encontrará muy innovadores en el ámbito de la crítica austeniana.

El Dr. Miguel Ángel Jordán presenta un análisis de las adaptaciones cinematográficas de las novelas de Jane Austen, constante prueba de su universalidad y éxito actual y raíz de su categoría de viral. Estableciendo unas bases para el qué es y qué hace a una adaptación cinematográfica de una obra literaria digna de estudio y/o alabanza, su intervención se lanza a la exploración de las dificultades que presenta el estilo austeniano a la hora de transformar su obra en largometraje. Como caso de estudio, nos ofrece un análisis de Pride & Prejudice (2005), de Joe Wright.

Laura Requena ofrece un repaso exhaustivo de la crítica de Jane Austen durante el siglo XIX. Su estudio resulta una interesante cronología con destacados fragmentos de críticas decimonónicas, que permiten reflexionar sobre la recepción inicial de las obras austenianas como las profundas raíces de nuestra visión actual de la autora. Estas son probablemente las bases de la lectura y recepción de los lectores de Jane Austen a lo largo de la historia, y las que han permitido su evolución posterior como autora de referencia para tratar temas universales que encuentran su éxito tanto en Hollywood como en Internet.

Lidia Cuadrado se centra en el estudio de la evolución del término janeite, mucho más allá de su conocido uso en la historia de Rudyard Kipling y llevándonos atrás, a los orígenes de un fan, lector, entusiasta o estudioso de Austen. No obstante, pasa también por Kipling, reflexionando sobre la evolución en la imagen de los janeites y en el uso del término, concluyendo con la pregunta nada sencilla de qué supone ser janeite ahora: qué define el término y sus implicaciones.

María Morán explora el fascinante y extravagante mundo de los mash-up como otro de los nichos culturales en los que se encuentra, una vez más, representación austenita. Si bien de un carácter más comercial, el fenómeno de novelas como Pride and Prejudice and Zombis o Sense and Sensibility and the Sea Monster resultan otra vía de conocimiento de las obras de Jane Austen que entrañan una fascinante relación con el público más moderno, requiriendo un amplio contexto internauta que explique los fenómenos mash-up y lo conocido como memes.

María Heredia-Torres abre nuevos caminos presentando y analizando las narrativas transmedia y las adaptaciones de dos novelas de Jane Austen realizadas en este formato. En primer lugar, expone el concepto y provee de un contexto para este tipo de narraciones, explicando con claridad este formato, aún joven y poco explotado. En segundo lugar, se sumerge en el análisis de las variaciones encontradas en las adaptaciones transmedia de dos novelas de Austen: Orgullo y Prejuicio en The Lizzie Bennet Diaries y La Abadía de Northanger  en The Cate Morland Chronicles.

La aportación de Cristina Martín reúne un análisis más amplio de la evolución de la austenmanía, deteniéndose a recordar tanto obras cinematográficas icónicas en el mundo de las adaptaciones y que resultaron clave en la evolución del movimiento, como las más recientes series web. No duda en mencionar igualmente los mash-up, y en devinitiva su aportación resulta perfecta para capturar la esencia de una Austen viral, que ha evolucionado al sufrir constantes renovaciones culturales encumbrándose a lo largo de los siglos como la escritora universal que es.

Por último, Rocío Domene pone el broche final a este volumen con una profundización en las adaptaciones de Jane Austen más feministas, en concreto en la literatura infantil y juvenil. Este capítulo escudriña los estilos y maneras de enfocar a la autora y las influencias que éstos puedan tener en los niños y jóvenes que los leen, centrándose ante todo en una perspectiva feminista.

Quisiera mantener esta introducción breve y concisa, de modo que habiendo presentado las brillantes intervenciones de nuestros autores, no queda más que rubricar esta humilde introducción con unas palabras de apreciación por esta joven asociación que es JASES. Siempre será parte de nuestra labor no sólo impulsar el estudio de Jane Austen en España, sino también dar nuestro apoyo a jóvenes investigadoras que en este volumen han querido aunar sus capacidades de análisis, sus estudios académicos, y su pasión por la autora con sus intervenciones. Esperamos que este volumen, pues, resulte un trabajo académico que refleje debidamente el trabajo de los investigadores que aquí presentan su labor, pero también una colección fresca de estudios menos tradicionales. Al haber sido una autora capaz de ver lo universal en lo cotidiano, lo humano en una sociedad artificial, lo transcendental en lo más insignificante, creo firmemente que merece ser estudiada con la misma amplitud de miras que ella misma demostró en sus novelas.

Secretamente crítica y a la vez siempre correcta, no era sino una experta miniaturista que supo captar detalles humanos, escondidos en el rabillo del ojo, en la comisura de los labios, y en el movimiento de una muñeca, y esconderlos de nuevo en una narrativa de estilo impecable, para que siglos después, pudieran ser de nuevo utilizados en medios que su época no pudo siquiera imaginar.

“200 Años de Austenmanía: recepción, reescrituras y adaptaciones de Jane Austen” está en venta a través de Amazon

Elena Truan Aguirre

Presidenta de Jane Austen Society España

¿Cumple Jane Austen el test de Bechdel?

Las más fervientes admiradoras de Jane Austen defienden a la autora como una autora, si no feminista, al menos protofeminista (un debate que ya expusimos en este blog). Así que, por curiosidad y puro afán investigador, veamos en esta entrada… ¿pasa Jane Austen el test de Bechdel?

El test de Bechdel, o test the Bechdel/Wallace, fue propuesto por primera vez en 1985 por Allison Bechdel, dibujante de tiras cómicas, quien atribuyó la idea a su amiga Liz Wallace. En su tira cómica Dykes to Watch Out For, dos mujeres hablaban sobre sus estándares para ir a ver una película, basándose en la presencia e importancia de sus personajes femeninos. Aquí puede verse el cómic original:

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Hoy en día, tras ganar mucha popularidad este test durante los 00 y ser adoptado por la crítica feminista, e inspirado numerosos test para medir diferentes factores de los personajes y el argumento de las películas, se dice de una película que pasa el test de Bechdel si:

  1. Tiene al menos dos personajes femeninos (que tengan nombre).
  2. Ambos personajes mantienen una conversación entre ellos
  3. La conversación no gira en torno a un hombre.

Se puede perdonar, en mi opinión, que grandes éxitos de Hollywood que atraen a masas al cine no cumplan el test de Bechdel, cuando se trata, por ejemplo, de películas en torno a un personaje masculino concreto, como muchas películas de superhéroes, situaciones o personajes históricos, etc. Tal vez sea también algo perdonable en el caso de comedias románticas, que pretenden reírse de situaciones en un contexto, obviamente, romántico. No todo es blanco o negro. No obstante, algunas otras películas fracasan estrepitosamente al no incluir personajes femeninos que tengan mayores preocupaciones que otros hombres, incluir otros que no tengan ningun tipo de relevancia en el argumento, cuyos personajes femeninos son competentes e inteligentes, pero sólo puedan dirigirse a hombres por ser únicamente varones los personajes competentes a su alrededor, o sencillamente, no incluir personajes femeninos en absoluto.

Algunas películas famosas que no cumplen el test de Bechdel, (algunas de ellas incluso a pesar de tener personajes femeninos complejos o un argumento en torno a un personaje femenino), son por ejemplo Harry Potter y el Cáliz de Fuego, Avatar, La Princesa Prometida, X-Men, la saga de Piratas del Caribe, Lara Croft: Tomb Raider, Los Miserables…

Vayamos ahora a por Jane Austen: ¿lo cumple?

  • Northanger Abbey: Dos personajes femeninos, Catherine Morland e Isabella Thorpe, hablan sobre novelas. APROBADO.
  • Sentido y Sensibilidad: Elinor y Marianne Dashwood hablan sobre familiares, incluidos hombres y mujeres, y sobre los sentimientos de cada una de ellas y su represión. Queda en el límite, pues sus sentimientos son causados por hombres.
  • Orgullo y Prejuicio: Elizabeth Bennet y Lady Catherine de Bourgh hablan sobre la educación recibida por ella y sus hermanas. APROBADO.
  • Emma: Emma mantiene una conversación con Jane Fairfax, preguntándole si se encuentra bien, a lo que ella responde que está cansada. Emma no lo sabe, pero Jane está hablando de sus problemas con Frank… creemos que… SUSPENDIDO.
  • Mansfield Park: Fanny apenas mantiene una conversación realmente completa entre ellas dos. SUSPENDIDO.
  • Persuasión: Anne habla muy poco como para mantener una conversación larga con nadie, y desde luego los otros personajes femeninos apenas la dejan habar. SUSPENDIDO.

Tres de seis. ¡No está mal para una escritora del siglo XIX! ¿Se les ocurre algún momento que salve a las tres últimas? ¿Opinan que Emma debería aprobar?

Por Elena Truan.

Presidenta de JASES

Problemas del primer mundo: ¿tan triviales eran las preocupaciones de las heroínas Austen?

 

En muchas ocasiones, se ha hablado muy ligeramente de las novelas de Jane Austen como obras plagadas de personajes superficiales, con problemas mundanos y de poca importancia. En las novelas de Jane Austen no se habla de las guerras napoleónicas que asolaban Europa en el momento; se atisba apenas la cuestión de la esclavitud colonial en Mansfield Park; y no se encuentra ninguna alusión a la reciente publicación de Vindication of the Rights of Women por Mary Wollstonecraft, revindicando los derechos de las mujeres de manera firme y contundente.

Charlotte Brontë describió la prosa de Austen como “un jardín vallado y cultivado, con bordes limpios y flores delicadas”, en alusión a la falta, según ella, de pasión y poesía. Es cierto que Austen no era ni agresiva ni contundente, pero no por ello menos profunda. No obstante, sin conflicto no hay historia, y Austen se centró en numerosos conflictos. La diferencia entre Austen y Brontë es clara. Mientras que ésta se volcaba en la pasión de los sentimientos humanos y no tenía miedo a hacer que sus personajes los desatasen, Austen se centraba, en una doble ironía, en la represión de los mismos, y en los modales que los ordenaban como flores en un jardín vallado. Se ignora si a Charlotte Brontë realmente le disgustaba el estilo de Austen a pesar de entender este nivel de profundidad a la perfección, o si al leerla se le escapó este significado.

Era precisamente esta represión lo que Jane Austen veía como un problema. Detengámonos a analizar por un momento la clase de problemas a los que se enfrentan los personajes de sus novelas. Todas ellas se enfrentan a la necesidad de un matrimonio. ¡Casarse! La sociedad tradicionalmente asume que es el deseo de toda mujer casarse respondiendo la frívola idea del amor romántico y la posición superior que otorga tener a alguien que la ama ante las otras mujeres Pero de ese tipo de competición hablaremos otro día. Centrémonos en las consecuencias que acarrearía el no casarse:

  • Elizabeth Bennet: Pérdida de su casa, imposibilidad de conservar bienes, y como consecuencia posible separación forzosa de sus hermanas, además de pobreza inmediata.
  • Fanny Price: Ser una carga por la compasión de sus primos, sentir la obligación de dar un servicio a cambio de dicha compasión, dependencia total a una familia que la desprecia.
  • Elinor y Marianne Dashwood: Ya en el libro encuentran la consecuencia de no estar casadas al morir su padre. Desahucio, disminución considerable de dinero y recursos, pérdida de bienes, y en el caso de Marianne al ser burlada por Willoughby, riesgo de la pérdida de la reputación y por tanto de exclusión social absoluta.
  • Anne Elliot: Ya se enfrenta al desprecio y infravaloración de miembros de su familia, y la razón de su infelicidad se debe a no haberse atrevido a casarse con alguien por no ser el adecuado.
  • Catherine Morland: Northanger Abbey es el más ligero al no tener Catherine falta de pretendientes y solo arriesgarse a perder el amor de quien ella quiere, pero nada más, al ser muy joven y no perder su reputación. No obstante, al tener muchos hermanos, Catherine es enviada a Bath por la acuciante necesidad que tendría de encontrar marido, dado que sería imposible mantener a todos los hermanos y hermanas si no se casan.
  • Emma: En su caso, Emma no necesita el matrimonio, pero el personaje de la señora Bates, cuyo carácter la espanta más que su pobreza, persigue a Emma como un recuerdo de lo infeliz y poco afortunada que podría haber sido si no hubiera sido una rica y única heredera. Vemos, no obstante, la necesidad de Jane Fairfax de encontrar una posición cuanto antes por necesitar ganarse la vida al no estar casada, en un mundo con apenas opciones de profesión para mujeres.

Es importante tener en cuenta el contexto de estas novelas, en el que el matrimonio no es un asunto tan frívolo y ligero como nos pudiera parecer ahora, y en el que no se trata sólo de encontrar el amor. Encontrar un pretendiente era el equivalente a encontrar ahora un trabajo: a veces se presenta una lucrativa oportunidad que no nos gusta en exceso, y hay que decidir si escogerla o arriesgarse y esperar a otra oportunidad. En ocasiones, el trabajo que más feliz nos hace no es el más lucrativo, y cualquier elección puede salir bien o mal y acarrear consecuencias (lo que genera la competición de la que hablaremos en el futuro, como prometí).

Lo que más agrava las circunstancias, que es lo que la ironía de Austen nos resalta en los modales pulidos hasta un nivel incómodo, exagerado, y en ocasiones muy divertido, es la imposibilidad de expresar en palabras ninguna de estas angustias, sino de mantener la cabeza alta, la sonrisa intacta, y los modales en perfecto estado: y jugar tus cartas con dichas reglas, esperando encontrar tu lugar en la vida.

¿Problemas del primer mundo? Tal vez. Pero ni mucho menos tan ligeros e irrelevantes como creemos.

Por Elena Truan.

Presidente de JASES.

P.D: Además durante todo este proceso no había antibióticos así que podías morirte si te pillaba un chaparrón en el campo. Lo que, por otro lado, podía haber sido una vía de escape a un mal matrimonio.

 

‘Austen Goes Viral: from Oblivion to Fame’ Study Day en Salamanca

El lunes 17 de diciembre de 2018, fecha elegida por su proximidad al cumpleaños de Jane Austen el 16 de diciembre, tuvo lugar en la Universidad de Salamanca el evento ‘Austen Goes Viral’.
El evento fue organizado por el Departamento de Estudios de Inglés de la universidad, el máster en Estudios Avanzados de Inglés y el GIR Escritoras y personajes femeninos en la literatura, todo ello en estrecha colaboración con la Jane Austen Society España. Consistió en un ciclo de conferencias y trabajos de postgrado, y tuvo lugar en uno de los edificios de la universidad, el aula Juan del Enzina, en pleno centro de la ciudad, en una de las universidades más antiguas del mundo. Se registraron al menos 60 asistentes.

El evento se abrió con la Dra. Miriam Borham, de la Universidad de Salamanca, cuya conferencia Jane’s Fame and the Sisterhood of Women Writers fue la primera del día.

Los trabajos de postgrado, presentados por las doctoras Laura Requena y Lidia Cuadrado y la estudiante de máster Lucía López, ofrecieron brillantes perspectivas para el futuro de la investigación de Jane Austen, y proporcionaron un contexto profundo sobre la recepción de las obras de Jane Austen a lo largo de los siglos XIX, XX y XXI, incluyendo un análisis divertido e interesante de las adaptaciones audiovisuales y transmedia.

El Dr. Miguel Ángel Jordán (Universidad de Valencia), vicepresidente de la Jane Austen Society Spain, ofreció la segunda conferencia principal, ¿Lectura, interpretación, o piratería? Un acercamiento a las adaptaciones audiovisuales de las novelas de Austen.

Finalmente, la segunda parte de la jornada dio un giro a la habitual conferencia de Austen con la asistencia del Dr. Daniel Escandell-Montiel, (Universidad de Manchester) y su conferencia Austen 2.0: Ciberperformance e identidad a partir de la autoría literaria, una emocionante entrevista con la directora de cine Rajshree Ojha, cuya Aisha (2010) se basó en Emma de Austen, una proyección de la adaptación de Orgullo y Prejuicio, Bodas y Prejuicios, (Guninder Chadha, 2004) y la conferencia de clausura del Dr. Jorge Diego Sánchez, Transnational narratives: Austen en la India. An epilogue.
En definitiva, un acontecimiento digno de una institución como la Universidad de Salamanca, que creó una comunidad sólida y productiva de devotos y académicos austeníes.

Por Elena Truan Aguirre.
Presidente de Jane Austen Society España

 

Los artículos de merchandising de Jane Austen más innecesarios

Jane Austen es una de las escritoras más adaptadas a la gran y pequeña pantalla de la historia, y con uno de los mayores volúmenes de seguidores de entre todos los escritores. Naturalmente, eso conlleva que haya una cantidad exorbitante de productos de merchandising inspirados en sus novelas y películas. Algunos productos obvios son las tazas de té, pósters de citas de sus obras, material de escritura… E incluso camisones largos y románticos que evocan la época de la autora.

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Como fans de Jane Austen, todos hemos sucumbido a la tentación de algún artículo Austeniano que nos ha encantado. De hecho, en un artículo previo hablábamos de productos que todo austenita adoraría: objetos prácticas y/o decorativos que nos recuerdan a nuestra autora preferida y muestran nuestras preferencias literarias. Todo esto está muy bien, pero siempre hay que tener cuidado: aunque todos podemos permitirnos algún detalle kitsch en nuestra vida que nos haga absurdamente felices, y el frikismo, al fin y al cabo está de moda y puede ser muy sano, hay que procurar no entusiasmarse y acabar como Jane Hayes en Austenland.

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Cuanto más se observa esta habitación, más sensaciones de fan loca nos llegan… y más artículos absurdos podríamos encontrar por ahí. Por eso, y con afán humorístico, y no de juzgar a nadie que haya caído en comprar, o fabrique, alguno de estos productos nos hemos decidido a buscar y enumerar los artículos más curiosos que pueden encontrarse entre el merchandising austeniano:

  1. Cirio de Jane Austen, patrona del… ¿matrimonio?

¿Te falta alguna santa en tu altarcito? Todos creemos que Jane era una diosa literaria, pero igual esto ya es pasarse…

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  1. Tiritas de Jane Austen, por si sangra tu corazón roto, suponemos.

A ver, si son muy monas, pero… ¿tiene Jane Austen propiedades cicatrizantes? ¿Es necesario realmente?

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  1. Retrato de Darcy, óleo industrial sobre lienzo, circa s.XXI. Réplica real del que sale en el libro.

Nada en contra de ser fan de Colin Firth y su magistral interpretación como el héroe austeniano más popular, pero… ¿realmente hay que mostrar tu amor por él en un lienzo en tu casa que evoca los tiempos en los que no había fotos? Disclaimer: Tampoco hace falta colgar una foto.

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  1. Posavasos de héroes austenianos

De nuevo, a todos nos gustan los héroes austenianos. Está bien ser fan. Pero a lo mejor dejar que sus caras impresas protejan la mesa del culo de un vaso frío no es la forma más normal de demostrarlo.

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  1. Almohada de Darcy. Porque Colin Firth no tiene escalofríos en su casa mientras duermes junto a su foto.

Una vez más… Sí, no pasa nada. No, no vamos a juzgarte. Duerme con esta funda si quieres. Pero reconocerás que normal, normal, normal… No es.

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  1. Los calzoncillos para ser como Wickham.

Sin comentarios.

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  1. Tanga de “Esperando a mi Knightley”

Bueno, es suficiente internet por hoy.

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Por Elena Truan, con sus disculpas.

Una nueva adaptación de Orgullo y Prejuicio: ¿a favor o en contra?

Se anunció en agosto de 2017 que habría una adaptación nueva de Orgullo y Prejuicio para el canal de ITV, y desde entonces parece haber caído el silencio. El reparto y la fecha de estreno siguen siendo un misterio; las localizaciones, una incógnita. Mientras esperamos a que más detalles salgan a la luz, me gustaría valorar las posibilidades de esta nueva adaptación con nuestros lectores.

Los datos que se conocen sobre el proyecto son los siguientes: en primer lugar, es la productora Mammoth Screen, que también está detrás de series de audiencia altamente austenita como Poldark o Victoria, la que ha encargado el guión de la adaptación. En segundo lugar, la elegida para escribir dicho guión adaptado es Nina Raine, aclamada dramaturga autora de las obras de teatro Consent y Tribes.

Las declaraciones de Raine han dejado claro que no será una adaptación como aquellas a las que nos tienen acostumbrados en general. “Orgullo y Prejuicio es en realidad un libro muy adulto, mucho menos bonnet-y [por bonnet, sombrero de la época de regencia] de lo que la gente asume.” Raine espera “hacer justicia a la inteligencia oscura de Jane Austen -chispeante, sí, pero chispeante como lo es el granito.” El director de Mammoth Damien Timmer ha añadido además que en una era en la que la audiencia consume dramas en serie, “tiene sentido retomar los clásicos,” y que “toda generación necesita su propia adaptación de la novela perfecta.” Se dice que la serie se estrenaría en 2020, 25 años depués de la adaptación de la BBC con Colin Firth en el papel de Darcy, considerada por muchos fans como insuperable. También se cumplirían 15 años desde la adaptación de Joe Wright para la gran pantalla, de la cual se suele apreciar más la Elizabeth Bennet de Keira Knightley.

Algunas reacciones a la noticia han sido negativas, comentando que nadie está interesado en una adaptación más oscura de la famosa obra, como se dice que será, o quejándose de la poca originalidad de rehacer una adaptación de la misma novela (pudiendo tal vez adaptar otras menos conocidas o trilladas, o escribir contenido original para la televisión). Otras, en cambio son más positivas y abiertas a lo que pueda traernos Nina Raine a los austenitas. Lo que sí es bastante interesante recalcar es que la autora jamás ha visto ninguna de las adaptaciones, mejor o peor conocidas, de Orgullo y Prejuicio a ningún formato audiovisual, de manera que el libro sobre el que va a escribir el guión existe para ella únicamente en su cabeza.

Lo cierto es que, con el tiempo y la revisión de las novelas canónicas de Austen, las adaptaciones han ido cambiando. Los años están permitiendo sacudirse el polvo de años de crítica patriarcal que suavizó las educadas denuncias de Austen a la sociedad, dejando las pepitas de dorado sarcasmo escaparse por su filtro para solo dejar las piedras grandes y burdas de un cortejo romántico entre jóvenes educados. Tal vez los críticos que consideraron las novelas de Austen de inofensivas y dirigidas a un público femenino de bien lo hicieran por pura torpeza a la hora de pillar su ironía; tal vez, por una simple omisión de la idea de que una mujer fuera capaz de escribir novelas de profunda crítica social; o tal vez, algún crítico listo quisiera esconder deliberadamente el valioso contenido de sus novelas y las alabó para que no fueran olvidadas, de una forma en la que la sociedad las aceptaría (siendo este último caso bastante improbable y novelesco). No obstante, parece apreciarse una mayor vivacidad en las adaptaciones actuales, empezando Joe Wright con Orgullo y Prejuicio a recalcar escenas que reflejaban el sufrimiento de la mujer en la sociedad disfuncional de la época de regencia, y convirtiendo las adaptaciones a serie web de Pemberley Digital los problemas en actuales. Lidera la marcha de momento Whit Stillman con su adaptación de Lady Susan, titulada Amor y Amistad, que consiguió captar la ironía dura y a la vez brillante de Austen a un nivel de humor Wildeano.

Sería fantástico para los lectores de Austen de todo el mundo, y los austenitas principiantes, que esta adaptación que se anticipa oscura consiguiera igualar o superar a Stillman reflejando el auténtico carácter de nuestra autora preferida. Mi mayor miedo, infundado por el contenido estirado de novelas feministas que se encuentra fácilmente hoy en día en las plataformas de contenido, es que Raine nos traiga una serie rebosante de feminismo enlatado de fácil consumo y falacia rápida, que desvirtúe la delicadeza de la crítica social. No obstante, si Nina Raine consigue crear una obra de sutil ironía y fuerte significado, y encuentra los silencios adecuados y las conversaciones relevantes de Orgullo y Prejuicio (si es que las hay irrelevantes), se convertirá en mi nueva heroína.

Por Elena Truan.