AGONÍA Y ESPERANZA

I can listen no longer in silence. I must speak to you by such means as are within my reach. You pierce my soul. I am half agony, half hope. Tell me not that I am too late, that such precious feelings are gone for ever. I offer myself to you again with a heart even more your own than when you almost broke it, eight years and a half ago…

La famosa carta del Capitán Wentworth contiene una frase en la que se detecta una marca del estilo de Jane Austen. Claridad y concisión. Palabras, las justas: half agony, half hope. Mitad agonía, mitad esperanza.

Agonía y Esperanza. Así se autorretrata el capitán Wentworth y así ha titulado Fernando García Pañeda, socio de JASES, su más reciente publicación. Un título que no esconde el origen de esas páginas y que es también un buen anticipo de lo que encontraremos en ellas.

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Como estamos en familia, os diré TODA la verdad. Me resisto a leer las secuelas, precuelas y versiones de las obras de Jane Austen. Me basta y me sobra con los relatos originales de mi autora favorita y no “me atrevo” a leer trabajos relacionados, en los que unas manos que no son las suyas dan vida a sus personajes. Y como me resisto, pues el hecho es que hasta hace poco no había leído ninguna de esas versiones.

Cuando supe de la publicación de esta obra, la compré por tratarse del trabajo de un socio de JASES, que además se muestra muy activo a la hora de colaborar con nosotros. Es decir, compré la obra por el autor, no porque me atrajera. Y, claro, si te compras un libro es para leerlo, ¿no? Así que, cuando terminé el libro que tenía entre manos, comencé con Agonía y Esperanza, con ciertos miedos y prejuicios.

No voy a extenderme para no aburriros y porque yo creo que con los libros lo primero que hay que hacer es leerlos y luego hablar de ellos. Tan solo os diré que me ha encantado la novela. Se nota que es la obra de un austenita que valora y respeta el trabajo de Austen. La historia de Agonía y Esperanza sigue el camino de Persuasión, pero cambia el enfoque. Esta vez se nos muestra lo ocurrido desde los ojos, el cerebro y el corazón de Frederick. Los hitos principales están ahí, igual que los distintos personajes y conflictos del argumento original. Cambia la ambientación, tanto por la época como por la ciudad elegida. Y cambia lo que tiene que cambiar cuando cuentas una historia doscientos años después.

Fernando se ha basado en la novela de Jane Austen, pero la ha escrito con su propia voz, a su manera, siguiendo su estilo, sin pretender emular el de Austen. Y eso para mí es un gran acierto, porque si algo he aprendido de mi querida Jane es que cada uno debe ser fiel a su estilo. Y, además, no creo que haya muchas personas capaces de imitar el estilo de Jane Austen durante toda una novela. Quizá si en la letra, pero casi seguro que no en el alma.

Resumiendo. Desde aquí quiero dar mi enhorabuena a Fernando por este gran trabajo. Ha conseguido introducirme en ese entramado humano veneciano en el que me he sentido como en casa.

Por Miguel Ángel Jordán

 

LOS TRIÁNGULOS AMOROSOS (Parte 2)

Decíamos ayer… 😉

En la primera parte de esta serie de entradas se abordó el tema de los triángulos amorosos en general y se analizó el formado por Edmund-Mary Crawford-Fanny en Mansfield Park.

Hoy vamos a hablar de Emma, donde podemos encontrar varios ejemplos  de tipos muy distintos.

Imagen relacionadaSi tenemos en cuenta que el hilo conductor de esta novela es el afán de casamentera de su protagonista, no es de extrañar que a lo largo de la historia aparezcan varios triángulos amorosos. Aunque, en realidad, todos son imaginarios o, al menos, aparentes.

El primero que encontramos es el compuesto por Robert Martin-Harriet-Mr. Elton. Como bien saben los lectores, mientras que el interés de Robert Martin por Miss Smith es real y firme, el de Mr. Elton solo existe en la imaginación de Emma. Esta circunstancia es evidente desde el principio para todo el mundo, excepto para las interesadas. Para Emma porque se cree sus fantasías, y para Harriet porque en su simplonería está dispuesta a creer todo lo que Miss Woodhouse le diga. Los lectores se van dando cuenta de cómo las jóvenes se engañan a sí mismas y no son capaces de interpretar de manera correcta la actitud de Mr. Elton. Y, por si hubiera alguna duda, Mr. Knightley, adivinando las intenciones de Emma, adelanta lo que ocurrirá… Y  de hecho ocurre. Y lo que ocurre es que ese primer triángulo da lugar a otro.

Resultado de imagen de emma película austenHarriet-Mr. Elton-Emma, este es segundo triángulo que encontramos en la historia… Aunque sea aún más inconsistente que el anterior. Ya que si en el primero existía una relación recíproca entre dos de los tres componentes -que Emma se encarga de erradicar-, en este segundo solo existe interés en una dirección. Harriet admira a Mr. Elton y este siente mucho interés por Emma. Pero en ninguno de los dos casos hay correspondencia. Esta situación va ganando en intensidad durante los primeros capítulos hasta que se pone de manifiesto y “muere” durante el viaje regreso tras la cena en casa de los Weston.

Una vez solventado este asunto, aparece un nuevo personaje en la novela, del que se ha hablado largamente: Frank Churchill.

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El lector, que, como ya se ha dicho antes, va algunos pasos por delante de Emma, no tarda en detectar cierta animadversión de Mr. Knightely hacia el hijo de Mr. Weston y, mientras que Miss Woodhouse se sorprende por este hecho, el público comprende que el origen de estos sentimientos se encuentra en los celos. Por lo que nos encontramos ante el triángulo amoroso central de esta novela: Mr. Knightley-Emma-Frank Churchill.

Imagen relacionadaMás adelante nos detendremos a analizar el papel de Frank Churchill en esta obra, ahora solo comentaremos que este triángulo, que incluso los lectores pueden percibir como real durante una gran parte de la obra, termina siendo igual de aparente que los anteriores, ya que dos de sus componentes no sienten un interés real el uno por el otro, aunque Emma piense que Frank está enamorado de ella, y escudriña su corazón hasta comprender que ella no le corresponde.

La historia sigue avanzando y Harriet vuelve a entrar en acción. En un primer momento, Emma hace creer a los lectores que Miss Smith se ha enamorado de Frank Churchill. Ni ella ni el público conocen la existencia de una tercera persona en esa relación, puesto que Emma se ha mostrado indiferente hacia el joven. Por lo que no habría ningún triángulo, pero… Pronto descubrimos el error de Emma (uno más que añadir a la lista) y escuchamos a Harriet decir no solo que siente afecto por Mr. Knightley, sino que se cree correspondida. Y es entonces cuando Emma descubre lo que los lectores ya sabían, que está enamorada del elegante caballero y que ha sido tan tonta como para no comprenderlo hasta que ya es demasiado tarde. Resultado de imagen de emma película austenPor lo que se cierra un nuevo triángulo (Harriet-Mr. Knightley-Emma), que tan solo dura unas páginas, ya que Austen no quiere mantener a sus lectores en vilo más tiempo del imprescindible e inclina la balanza hacia Emma, provocando que Harriet sufra un nuevo desengaño, que terminará por llevarla de nuevo a la casilla de salida, y, cuando se presente la segunda oportunidad, aceptará la proposición de Robert Martin, que debería haber aceptado tiempo atrás.

Resultado de imagen de emma jane fairfax frank churchillDe este modo terminan las peripecias románticas provocadas por la inconsciencia de Emma, pero no la historia, ya que el narrador nos muestra algunas conversaciones en las que se evidencia un triángulo romántico que ha pasado oculto para casi todo el mundo. El compuesto por Emma-Frank Churchill-Jane Fairfax. Este triángulo “virtual” causa algunos momentos de desasosiego en los Weston, que al conocer el compromiso de Frank con Jane F. temen el dolor que esto pueda causar a Emma. Pero pronto escuchan de labios de la interesada las palabras que logran tranquilizarlos, y que demuestran que, una vez más, nos enfrentamos a un triángulo amoroso aparente.

Resumiendo: en esta novela encontramos cinco triángulos románticos y ninguno de ellos es real. Emma tiene un aire de “comedia romántica de enredo” y se sirve del recurso a los triángulos amorosos para crear tensión y comicidad. Pero, como se comprueba al analizar las novelas de Austen, sus trabajos tienen una profundidad muy superior a la de cualquier obra de ese género.

Y, antes de terminar, volvamos a una cuestión que ha quedado abierta y de la que hablamos en el encuentro que tuvimos en la Casa del Libro de Barcelona el pasado 20 de mayo. ¿Cuál es el papel de Frank Churchill en esta novela? Es un personaje distinto a los otros “pretendientes temporales” de las protagonistas de Austen. No tiene nada que ver con Willoughby, ni con Wickham, ni con Henry Crawford, ni siquiera con Mr. Elliot. No es un seductor inmoral, ni un interesado, ni un inconstante. Se comprometió con Jane Fairfax y es fiel a su compromiso, sabiendo que ella no tiene medios económicos, ni títulos que aportar al matrimonio. ¿Entonces? ¿Es un caballero? Tampoco. No es comparable con los caballeros de Austen.

Imagen relacionadaFrank Churchill es un joven apuesto, simpático y alegre, bastante superficial y egoísta, que actúa con inconsciencia y frivolidad, pero que es bendecido por la fortuna. Al menos eso opina Mr. Knightley. Y, en esta novela, además de otras muchas cosas, aporta un contraste que logra que destaque aún más la caballerosidad de Mr. Knightley y sus muchas virtudes, que le sitúan a un nivel infinitamente superior de ese joven galán, y que por eso logra que Emma cambie de opinión y abandone su idea de permanecer soltera.

La mejor manera de mostrar las virtudes de algo es compararlo con un elemento similar. Jane Austen recurre con frecuencia a los contrastes y sin necesidad de ensalzar la figura de Mr. Knightley logra que captemos su elegancia, su generosidad, la firmeza de sus principios y muchos otros valores cuando estos entran en contraste con la actitud de Frank Churchill o, más aún, al compararlos con el comportamiento de Mr. Elton.

Como todos los lectores de Jane Austen sabemos, aunque las novelas de esta autora puedan parecer sencillas y haya quien las asemeje con algunas obras costumbristas o románticas, lo cierto es que hay mucho trabajo detrás de cada una de estas historias para lograr esa aparente sencillez. Los genios logran que lo más complicado nos parezca sencillo.

Continuará…

Por Miguel Ángel Jordán

 

A PROPÓSITO DE EMMA

“I am going to take a heroine whom no one but myself will much like”

Resultado de imagen de EMMA BOOKAsí definió Jane Austen a Emma Woodhouse, o al menos eso es lo que reflejó su sobrino James Austen-Leigh en su Memoir.
Una heroína que no le va a gustar a nadie, excepto a mí. Nadie conoce mejor a los personajes de Austen que ella misma. Esta genial escritora dedicaba mucho tiempo a componer sus obras y, en especial, a imaginar a cada uno de sus protagonistas. Nada ocurre porque sí, nadie es como es por casualidad. Para todos encontramos una justificación de su comportamiento. Y si eso ocurre hasta con algunos secundarios irrelevantes, no es difícil imaginar el cuidado que pondría al crear a sus heroínas.

“Emma Woodhouse, guapa, inteligente y rica”. Así se nos muestra al comenzar el libro. Quién nos iba a decir que doscientos años más tarde encontraríamos ecos austenianos en las declaraciones de un futbolista se autodescribió como “rico, guapo y un gran jugador” 😉 .

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Resultado de imagen de EMMA WOODHOUSEGuapa, inteligente y rica, con todas las comodidades a su alcance y las continuas alabanzas de todos los que la rodean… Bueno, de casi todos. ¿Cómo definiríamos a una chica que se ha criado en ese entorno? Mimada, consentida… Así es Emma, una joven mimada y consentida a la que nunca le ha faltado no ya lo necesario, sino hasta el más mínimo capricho. Cuenta con muchos dones naturales, todos los materiales y el continuo reconocimiento de un padre egoísta y adulador. ¿Acaso es extraño que se sienta superior a los demás?

Imagen relacionadaUna niña mimada, sabelotodo, envidiosa y manipuladora. No soporta que alaben a Jane Fairfax en su presencia y juega con su “amiga” Harriet como si fuera una de sus muñecas, cambiándole el pretendiente como si le mudara el vestido. Una snob que no quiere juntarse con los que están por debajo de su nivel social. Una joven cruel que critica sin piedad a los que le resultan molestos.

¿Acaso es extraño que Jane Austen pensara que esta heroína no le iba a gustar a nadie? ¿Y por qué le gustaba a ella? Y, más extraño aún, ¿cómo es posible que nos guste a tantos? Personalmente, reconozco que Emma es junto con Elizabeth Bennet mi protagonista favorita de las novelas de Austen. Y, en algunos aspectos, está por encima de las mismísima Lizzy. ¿Por qué? Muy sencillo, porque es encantadora.

Resultado de imagen de EMMA WOODHOUSEEmma es esa persona con la que uno no puede estar enfadado por mucho tiempo a pesar de su tozudez y sus equivocaciones. La niña que todo padre consentiría y que conseguiría su perdón tras la mayor trastada con solo una sonrisa. Una joven capaz de doblegar el corazón del mismísimo Mr. Knightley, encarnación del hombre recto, juicioso y honrado. Un rayo de luz, un soplo de aire fresco, una sonrisa irresistible.

Emma tiene defectos, de eso no hay duda, pero también tiene virtudes. Su bondad natural consigue abrirse camino a través de los obstáculos que le ponen su situación y su entorno.

Imagen relacionadaEmma es una hija devota, que no escatima atenciones hacia su padre, por muy cargante y posesivo que este pueda ser. Incluso está dispuesta a retrasar su boda para evitarle un disgusto a Mr. Woodhouse. Los errores de Emma son infinitos y en ocasiones graves. Pero es capaz de rectificar cuando alguien se los muestra. Sus equivocaciones suelen producirse mientras ella busca el bien, el problema es que lo hace a su manera, confundida por la visión del mundo que le han transmitido sus educadores. No hay maldad en Emma, ni intenciones ocultas, ni fines egoístas. Tan solo inconsciencia e inmadurez.

Sabemos que Jane Austen no soportaba los “retratos de perfección”. Las personas reales tenemos defectos. Y esas limitaciones, bien llevadas, no solo no nos alejan de los demás, sino que nos hacen asequibles y pueden aumentar nuestro atractivo.
Imagen relacionadaA lo largo de toda la novela, el narrador nos muestra los errores de Emma. El lector va siempre un paso por delante de la joven y ve venir sus equivocaciones. La vemos vulnerable y, por lo tanto, cercana, asequible, real. No es alguien distante a quien solo podemos admirar. Es una joven tan indefensa ante sí misma que nos sentimos inclinados a protegerla y a comprenderla. Así se siente Mr. Knightley, que comienza guiándola y termina perdiendo el norte por ella. Los encantos de Emma están muy por encima de sus defectos. Su bondad de corazón, su alegría innata, su mente despierta y sus muchas otras virtudes la convierten en la heroína perfecta para una historia que transmite luz en cada una de sus páginas.

Por Miguel Ángel Jordán

GENIALIDADES: EL PRIMER CAPÍTULO DE NORTHANGER ABBEY

Resultado de imagen de el libro de la señorita buncleTratándose de personas adultas, la ingenuidad en estado puro es algo que sólo puede encontrarse en obras de ficción. Uno de esos, puede encontrarse de forma canónica en el personaje de Barbara Buncle, una «cuarentona flacucha y sin estilo» (según la propia autora, ya ven por dónde van los tiros) quien, para solucionar sus problemas económicos, decide dedicarse a la literatura, eso sí, después de descartar la cría de gallinas. El libro de la Señorita Buncle, una brillantez de la escritora británica D. E. Stevenson (1892–1973), es una novela que sobresale por su sencillez, amenidad e ingenio, y en su segundo capítulo nos encontramos con las siguientes palabras, puestas en la mente de un experimentado editor londinense, que valora el manuscrito enviado por la señorita Buncle:

«(…) el libro era una sátira exquisita, solo comparable al primer capítulo de La abadía de Northanger, o una sencilla crónica de acontecimientos vistos con la mirada inocente de un simple

Resultado de imagen de northanger abbey bookSin duda es una ponderación muy intensa la que realiza el personaje respecto del manuscrito que ha leído, porque la maestría satírica concentrada en el primer capítulo de esa primera novela que Jane Austen dio por terminada y lista para su publicación, aunque se publicara en último lugar. Y es que La abadía de Northanger fue escrita por la autora inglesa con una clara doble intención paródica, teniendo en el punto de mira de su pluma tanto las novelas góticas que empezaron a proliferar desde entonces como de los métodos y los clichés comúnmente aceptados en su época para la educación femenina.

Pero no es analizar la intención y cualidades de tan infravalorada novela (a mi modesto entender) el objeto de estas líneas, sino recomendar el placer de incidir en las escasas páginas de su primer capítulo, que por sí mismas constituirían ya una obrita literaria sobresaliente.

Resultado de imagen de northanger abbey bookYa el arranque, la primera anunciación de ese primer capítulo es digna de figurar entre las más memorables de la literatura. En ella se rebaja a improbable la posibilidad de que su protagonista pudiera llegar a ser una heroína de novela, especialmente de una novela romántica o gótica, claro está, porque su posición social, el carácter de sus progenitores, su propio físico y su manera de ser confabulaban en igual medida contra ella»[1]. Y, en las páginas subsiguientes, se va desgranando con método y sin pausa la ristra de tales cualidades confabuladas.

Resultado de imagen de catherine morlandDurante los primeros quince años de la vida de Catherine Morland, que tal es el nombre de la llamada a ser una perfecta antiheroína, se produce una acumulación de circunstancias que llevan a mostrar unos síntomas de disipación preocupantes para su futuro novelesco. No cuidar al ratoncito, no dar de comer a los canarios ni regar los rosales (o coger flores sólo como travesura), su predilección por el barro, los juegos de muchachos, triscar por el campo y revolcarse por pendientes de hierba, mostrar absoluta indiferencia ante la jardinería, la música, el dibujo y los vestidos femeninos y poseer unas facciones toscas y un cabello oscuro y lacio hacían presagiar su caída en el lado más prosaico y letárgico de la vida. Era ruidosa y alocada, pero sobre todo detestaba la pulcritud. Uno de los días más felices de la vida de Catherine fue aquel en que sus padres despidieron al profesor de música; nunca aprendió ni comprendió nada que no le hubieran enseñando de antemano; y en cuanto al dibujo su techo artístico consistió en dibujar casas, árboles, gallinas y pollitos, todos ellos muy parecidos.

La sentencia parecía inevitable: no habría castillos abandonados y misteriosos, ni visiones o sucesos sobrenaturales, ni experimentaría las emociones intensas y los amores turbulentos de una heroína como mandan los cánones de las novelas reputadas.

Imagen relacionadaSin embargo, a los quince años se operó una transmutación (casi una transustanciación) en su vida absolutamente inopinada. Mejoró su cutis, el cabello empezó a rizarse, fue adquiriendo buen color, sus ojos cobraron viveza y su figura mejor porte. Empezó a sentirse atraída por sedas y muselinas, se reforzó su natural afectuoso y su genio apacible e incluso empezó a leer cuantas obras deben leerse para abastecer la memoria de esas citas que tan prácticas y tranquilizadoras resultan en las vicisitudes de una vida agitada. En definitiva, entre los quince y los diecisiete años, edad ésta en la que salió al mundo, se estuvo preparando a conciencia para convertirse en una heroína como Dios manda.

Resultado de imagen de catherine morlandA pesar de tan ardua preparación, Catherine no terminaba de salir de la indigencia heroica. No sólo por no saber escribir sonetos, aunque se obligaba a sí misma a leerlos (no entremos en materia de comprensión lectora…); ni tampoco por no ser capaz de interpretar preludios al pianoforte, aunque sí sabía escuchar las interpretaciones de los demás casi sin esfuerzo; sino especialmente porque no existía ningún apuesto pretendiente que fuera objeto de ensoñaciones amorosas y de quien acometer un boceto de perfil (que resultase reconocible). No obstante, existía una explicación cabal para la excepcional indigencia de vida amorosa que padecía la protagonista: no vivía ningún lord en los alrededores, ni siquiera un baronet; ninguna de las familias conocidas había encontrado un niño ante su puerta, ni tampoco un joven de origen desconocido; su padre no había sido nombrado tutor de un huérfano; y el señor más acaudalado de los alrededores carecía de descendencia.

Resultado de imagen de catherine morlandEn definitiva, la protagonista interpreta al arquetipo de lectora simplona de la época (¿o de todas las épocas?). Desde el primer capítulo, desde el primer párrafo, caracteriza a la lectora “romántica” como a una mera aprendiz y la ridiculiza, se plantea una caricatura hostil de tal lectora… aunque crea a su alrededor la esperanza de que se vuelva más ambiciosa.

Resultado de imagen de northanger abbey bookEsta peculiar forma de expresión en cuanto a la presentación de la protagonista demuestra el carácter innovador, prácticamente experimental de la novela, desafiante hacia el propio género al que pertenece e incluso inquisitiva respecto del significado de la propia ficción. Y es que es una obra mucho más ambiciosa de lo que se suele expresar por sus comentaristas. La abadía de Northanger puede resultar desconcertante, ya que Austen plantea a la lectora cómplice una especie de juego en la novela, pero para seguir ese juego hay que ser lectoras sofisticadas de novelas [2]; si no, no se entiende nada y se toma la obra como un mero divertimento sin demasiado sentido. Pero eso ya es materia de un análisis más profundo, no de esta reflexión sobre el primer capítulo esbozada por un lector salvaje, y dejaremos que otras plumas expertas se ocupen de más largos y sesudos análisis.

Por Fernando García Pañeda

[1]  Los resaltados son transcripción del original. Traducción de Guillermo Lorenzo (Alba Editorial, 4ª edición, 2000)

[2]  Permítaseme emplear únicamente el femenino por ser abrumadora la mayoría de lectoras, de novelas en general, y de las de Jane Austen en particular.

Love and Friendship: Esto es Jane Austen

Esta adaptación no llegará a los cines españoles hasta el 11 de Noviembre, pero puedo asegurar que merece la pena esperar. Tuve la oportunidad de ir a verla este fin de semana, habiendo esperado apenas un día tras su estreno. No voy a mentir; he ido dos veces. Iría una tercera.

No me repetiré explicando que Whit Stillman es la pareja perfecta de Jane Austen, como han hecho numerosos críticos de cine antes de mí. Sobre todo porque desconozco la obra de este director y esta semana ha sido la primera vez que oigo de su fama para retratar las vidas de jóvenes privilegiados. En cambio, sí conozco la obra de Jane Austen, y me atrevo a decir que esta película es lo que ella había querido escribir. Tal y como sugería el tráiler, ésta no es una historia de amor azucarada con vestidos en colores pastel y risitas ante el tocador. Aquí tenemos un retrato satírico, ridículo, y desternillante de la nobleza rural inglesa.

Dispuesta a lo que sea por salvarse de la pobreza, Lady Susan Vernon, recientemente enviudada y viviendo a costa de visitar amigos, se ve obligada a abandonar Langford, la residencia del divinamente atractivo Lord Manwaring, su rica y joven esposa, y la hermana menor soltera de éste. Con ella va su hija, Frederica Vernon, quien se lleva consigo el corazón de Sir James Martin, antiguo pretendiente de Maria y ahora prendado de Frederica, algo sospechosamente favorable para Lady Susan. Su próxima residencia será Churchill, el hogar de su cuñado Charles Vernon, su esposa Catherine, y el joven y atractivo Reginald de Courcy, hermano de ésta. Desde allí llevará a cabo, asistida por su fiel amiga la insensible Alicia Johnson, todos sus planes para conseguir sus propósitos, haciendo malabares entre el empuje de Frederica a un matrimonio ventajoso, su propia posición en la sociedad, y los diversos hombres que maneja como marionetas con su encanto, su decisión y su don para las palabras.

Whit Stillman se ha basado para Love and Friendship en Lady Susan, una novela corta e inacabada (o acabada, más bien, con un abrupto cambio del estilo epistolar a la voz narradora en una rápida conclusión). La película empieza con una exquisita banda sonora tan solemne como cómica, y la mencionada salida de nuestra  astuta Lady Susan de Langford. No revelaré los agudos e inteligentes recursos del director, pero se asegura de que nadie se pierda, como suele pasar en las novelas de Jane Austen, en el mar de familiares, amigos y conocidos que rodean a la protagonista. La tardanza en hacer llegar esta joya a España, que ya ha sido estrenada sin embargo en Francia, la atribuyo a que uno de los recursos del director para adaptar las cartas a la pantalla incluye palabras  y subtítulos en perfecta caligrafía sobre la imagen, y es posible que además del doblaje (del cual aconsejo huir), la traducción y edición de dichos recursos implique un proceso más largo del acostumbrado. Poco a poco, Lady Susan va enredando a todos ellos (y al público) en su tela de araña, en un constante duelo de ingenio en el cualquiera que intente derrotarla tiene todas las de perder. La obra no deja de recordar que lo que se caricaturiza aquí es el drama de la situación de las mujeres que en esa época no conseguían casarse y carecían de recursos: parafraseando a Lady Susan cuando alecciona a su hija, “pasar hambre en el colegio es una cosa, pero el hambre del indigente es algo muy distinto. ¿Es eso lo que quieres?”.  Se trata de una persecución del matrimonio, como otros trabajos de Jane Austen, pero de una forma completamente distinta a cualquiera de sus obras. Lady Susan es inteligente como Elizabeth Bennet, influyente como Emma Woodhouse, y perseverante como Anne Elliot, pero todas estas heroínas juntas no son capaces de reunir la suficiente malicia para igualar a la astuta, manipuladora e implacable Susan Vernon.

Kate Beckinsale ofrece una impecable interpretación de este personaje, dotándola del encanto que la hace tan peligrosa. En el papel de su perspicaz cuñada, Catherine Vernon, “née de Courcy”, Emma Greenwell, a quien ya hemos visto como Caroline Bingley en Orgullo+Prejuicio+Zombies, la sigue de cerca; Chloë Sevigny como la mejor amiga de Lady Susan, Mrs. Johnson, si bien a la sombra de Lady Susan, es correcta; y especial mención merece Jemma Redgrave y su Lady de Courcy, con su naturalidad refrescante que acerca al público a la historia un poco más. Morfydd Clark, (otra “pescada” de lo último del cine austenita, una breve Georgiana Darcy en Orgullo+Prejuicio+Zombies) es la dulce hija de Lady Susan, Frederica Vernon. Este coro de mujeres domina la mayor parte de la acción de la historia, y cada una en su papel ofrece un frente fuerte, capaz de lidiar con elegancia y naturalidad con las dificultades que el huracán Susan les plantea, y también con los hombres con los que viven. Stephen Fry apenas hace un cameo, dejando brillar a James Fleet (otro veterano austenita; fue John Dashwood en Sentido y Sensibilidad en 1995), fantástico estereotipo de propietario rural y padre de familia inglés. Pero es sin duda Tom Bennett en el papel del estúpido, si, estúpido Sir James Martin, el que causa sensación. No hay otra palabra; es un auténtico bobo que provoca carcajadas incontrolables en el público de cualquier edad y deja con ganas de más cada vez que sale del plano. Tras su primera aparición, arrancó un amago de aplauso en la sala de cine que por un momento nos hizo creer que estábamos en el teatro.

Con vestidos que más anticipan la moda victoriana que decantarse por el corte imperio y una iluminación agradable y natural, Stillman se centra en el lado divertido de Austen dando importancia a lo que realmente la tiene: los diálogos. Ciertos recursos, como la adición de un personaje con quien hablar aquí o allá, se entienden como necesarios para dar voz a lo que se escribe en esta novela epistolar. La banda sonora se detiene con los diálogos en los que, con ese agudo sarcasmo de nuestra autora preferida, nos enteramos de todo lo que necesitamos saber para las situaciones que les siguen. Con Stillman no es necesario buscar grandes parques, plazas o jardines; el encuadre de un bonito salón o la esquina del jardín, o incluso la subida de unas escaleras, es suficiente para enmarcar a la perfección lo escrito por Austen y hacer que el público se centre en las palabras y no en el paisaje. Los más puristas arrugarán la nariz con algunas libertades que el director se ha tomado para completar la historia, y son ciertamente algo molestas. En vista a que es una novela epistolar, lo cual dificulta el proceso de adaptación al cine, y que termina abruptamente, dichas libertades podrían perdonarse, sobre todo si se piensa en la poca fidelidad al tono de la novela de otras adaptaciones más románticas. En cambio, Love and Friendship acierta tanto con el tono de la novela, que no sólo ayuda a la comprensión de su humor a los austenitas principiantes, sino que satisfactoriamente acerca la obra a todo fan de la autora, y el guión es tan delicioso que los no iniciados correrán a por el libro según salgan del cine.

 

Como anotación final, quiero mencionar que la primera vez que vi la película fue particularmente interesante porque fui acompañada de dos amigas muy opuestas: Una de ellas había leído la mayoría de las obras de Jane Austen. La segunda no había oído hablar de ella hasta hace apenas una semana.

La primera salió del cine intensamente satisfecha, declarando que la vería de nuevo sin pensárselo dos veces. “Esto es de lo que se trata Jane Austen realmente” dijo con una sonrisa de oreja a oreja. De nacionalidad inglesa, mi amiga pasó gran parte de la película entre lágrimas de risa diciendo: “es igual que mi padre” cada vez que Lord de Courcy o Charles Vernon abrían la boca. De lo que deduzco, sin conocer al progenitor de esta joven, que mis opiniones en cuanto a la perfección de la caricatura son correctas.

La segunda de mis amigas, que acababa de tener su primer contacto con Jane Austen, seguía riéndose media hora después de salir de la sala de cine; quería ver la película de nuevo, comprarse el DVD, y lo más importante: leerse el libro. Ahora quiere leerse todo lo que haya escrito, y saltando de alegría, nos dio las gracias a mi otra amiga y a mí repetidas veces por “presentarle a Jane Austen”. Hemos creado una austenita. O más bien, Whit Stillman está creando a cientos en todos los cines del mundo, o al menos eso espero: que más gente tenga la reacción de mi amiga y comience a leer Jane Austen manteniendo el humor y la ironía en mente cuando lo haga.

Esto, damas y caballeros, es Jane Austen. El sarcasmo, los modales, la manipulación, y la sátira. Esto y no otra cosa, es lo que se encuentra en sus novelas. Ang Lee consiguió aproximarse con su Sentido y Sensibilidad, gracias a aquella ridícula Mrs. Jennings y el inigualable Mr. Palmer de Hugh Laurie.No obstante, Love and Friendship, de Whit Stillman, hace que la adaptación de Orgullo y Prejuicio de Joe Wright o el Northanger Abbey de Jon Jones se parezcan más (con todos mis respetos a la belleza de estos títulos y sus fantásticos directores) a la Cenicienta  de Kenneth Branagh que a la mordaz sátira de Jane Austen. Gracias, Stillman. Nos has traído a la auténtica Jane.

 

Por Elena Truan, presidenta de JASES

Por fin: el tráiler de “Love and Friendship” es todo lo que esperábamos

El 11 de Noviembre llega a España la adaptación de Lady Susan, dirigida por Whit Stillman, y el tráiler no podría tener mejor aspecto.

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Versado en mostrar la vida de jóvenes privilegiados en sus películas, Whit Stillman es un aficionado a las novelas de Jane Austen, aunque confiesa que la primera novela que leyó, “Northanger Abbey”, no le gustó en absoluto, pero continuó leyendo a Austen y cambió de opinión con respecto a la autora inglesa. Lo cuenta en una entrevista para The Kamla Show, en la que opina que “el lado gracioso de Austen está demasiado descuidado”. Y tiene toda la razón.

Stillman y Austen son, en palabras de Owen Gleiberman para BBC Culture, “una unión tan obvia que te hace preguntarte por qué han tardado tanto en juntarse”. El guionista y director ha sacado a pasear, parece, el auténtico espíritu Austen, la mordacidad, el sarcasmo y la parodia que, si bien puede pasarse por alto a favor del romanticismo (y así se ha hecho en Hollywood hasta ahora) en el resto de sus novelas, es imposible esconder en Lady Susan. Admitiendo que Stillman se ha tomado ciertas libertades, pero excusándolo en una referencia a las dulces y alegres adaptaciones anteriores que tampoco son 100% fieles, Gleiberman asegura que la película “aprovecha el lado de Austen que veía el amor como algo que muchas mujeres, si no la mayoría, no podían permitirse.”

“’Love and Friendship’ tiene un gran sentido de la sensibilidad de Austen”, es el satisfactorio título que Richard Roeper da a su crítica para el Chicago Sun-Times, en el que se alaba la interpretación de Chloë Sevigny, que da vida a Alice Johnson, la mejor amiga de Lady Susan. A Kate Beckinsale, que tiene experiencia en el mundo austenita tras haber interpretado a Emma en 1996 junto a Mark Strong, tampoco le faltan alabanzas. “Beckinsale lleva a cabo una de las mejores interpretaciones de su carrera como Lady Susan Vernon”, asegura Roeper.

Incluso Beckinsale está sorprendida con esta nueva adaptación. “Estoy bastante familiarizada con Jane Austen y creo que es increíblemente perspicaz y divertida pero no me había dado cuenta de que tuviera una vena tan pícara”, asegura en una entrevista a The Telegraph.

Esto es lo que más llama la atención en el tráiler de Love and Friendship. La iluminación es perfecta, el vestuario impecable. La interpretación es fantástica y hay críticas muy favorables, no sólo para Beckinsale y Sevigny, sino también para Tom Bennett y su tonto personaje, Sir James Martin, y el siempre genial Stephen Fry (quien, según cuenta Whitman, fue el primero del reparto en unirse a la producción). Pero tiene algo más; música cómica, miradas picarescas, e ironía, ironía y mordacidad que desbordan cada una de las escenas. No estamos ante un azucarado baile de vestidos y casacas, no estamos ante un paisaje cruzado por dorados carruajes: estamos, parece, ante el auténtico espíritu austeniano de crítica social y escandalosa crueldad disfrazada de perfecta elocuencia y elegantes diálogos.

A Gleiberman le parece “un giro moderno”, y Beckinsale cuenta cómo un público muy curtido estaba “en shock y horrorizado ante el comportamiento de esta mujer en 1794”. Habrá que esperar a ver la película para saber si realmente es moderno, o si simplemente Stillman ha sabido enseñar la cara de Austen que ella realmente quería mostrar en lugar de simples historias de amor romántico. Lady Susan es sin duda un personaje especialmente implacable, pero no es la única de sus novelas, y no podemos sino alegrarnos de que el auténtico ingenio y descaro de los personajes austenianos por fin salga a la luz para maravillar al público, y no quede escondido detrás de las parejas enamoradas o los bailes a la luz de las velas. Y Lady Susan sin duda es la novela perfecta para ello.

Tráiler de Love and Friendship:

https://www.youtube.com/watch?v=8MaSK3POHI0