TE ESPERAMOS EN MADRID EL 26 DE MAYO

¡Hola!

¿Tienes tu calendario a mano? Pues busca el sábado 26 de mayo de 2018 y márcalo en rojo. Ese será el día en el que tendrá lugar la jornada “Del papel a la pantalla” en Madrid y contamos contigo.

Ya están confirmados todos los ponentes. Dentro de unos días publicaremos el programa con los títulos de las sesiones y los nombres de los que van a impartirlas y estamos seguros de que os va a encantar. Habrá charlas con enfoques muy distintos y conferenciantes venidos de diversos puntos de España. Va a ser un día muy intenso y, sin duda, inolvidable para los seguidores de Jane Austen que podáis participar.

Comenzaremos a las 10 de la mañana y terminaremos a las 18.30. Así que reserva el tren, autobús, vuelo o lo que necesites para llegar hasta Madrid (si es que tienes que desplazarte) y prepárate para sumergirte en el mundo de las adaptaciones cinematográficas de Jane Austen.

¡Te esperamos!

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MEMORIA JASES 2017

Hola a todo el mundo.

Hace unos días terminamos de elaborar nuestra memoria de actividades del año pasado. Aunque tanto el formato como el contenido son bastante modestos, en JASES estamos muy satisfechos e ilusionados con este primer resumen de nuestras iniciativas, con los eventos que organizamos durante 2017 y con los que tenemos previstos para los próximos meses.

Desde aquí queremos daros las gracias a todos los que habéis participado de un modo u otro en alguna de nuestras actividades, y en especial a los socios de JASES, que con vuestro apoyo y ayuda habéis hecho posible todo lo que se cuenta en esta memoria que podréis ver y descargar pinchando en la imagen que encontraréis un poco más abajo.

¡Muchas gracias a todos!

Esto es solo el principio 🙂

EL MATRIMONIO EN LAS NOVELAS DE JANE AUSTEN (PARTE 2)

En la primera entrada sobre el matrimonio en las novelas de Jane Austen, ofrecimos una introducción a este tema siempre central en las obras de esta autora. Hoy, nos fijaremos de modo especial en la relación entre el matrimonio, el dinero y la posición social. No es un enfoque muy romántico, la verdad, pero quizá sirva para romper los prejuicios de aquellos que catalogan los libros de Austen como “novelas rosas”.

Como podréis comprobar, es un texto muy extenso, pero espero que no os resulte aburrido. Y si el estilo no os parece muy propio de un blog, estaréis en lo cierto. Esto está sacada de mi tesis doctoral, que estáis invitados a leer cuando queráis J. Vamos allá.

Resultado de imagen de austen marriageEn un primer nivel, podríamos hablar de la necesidad de contar con un mínimo de recursos para poder fundar un nuevo hogar. Esto es algo que sigue vigente, pero que, como se dijo con anterioridad, tiene algunas variaciones. Por un lado el hecho de que estos ingresos provengan de una fuente segura y duradera, y por otro los distintos roles del hombre y la mujer. Es el hombre quien debe proveer a su esposa de los medios para el sostenimiento económico. Lo contrario ni siquiera se plantea como posibilidad.

En Mansfield Park, en su intento de convencer a Fanny para que acepte a Henry Crawford, Lord Bertram aboga por los matrimonios jóvenes, siempre que haya medios para sostener dicha unión.

His wishing to marry at all so early is recommendatory to me. I am an advocate for early marriages, where there are means in proportion, and would have every young man, with a sufficient income, settle as soon after four-and-twenty as he can. (MP: 280)

Esta sería una visión neutra, marcada por el sentido común, que podría trasladarse sin problemas a una obra actual.

En el siguiente ejemplo, el narrador, al explicar la situación en la que se encuentran Elinor y Edward tras comprometerse, aporta su toque irónico al decir que no estaban tan enamorados como para obviar las dificultades económicas.

Edward had two thousand pounds, and Elinor one, which, with Delaford living, was all that they could call their own; for it was impossible that Mrs. Dashwood should advance anything; and they were neither of them quite enough in love to think that three hundred and fifty pounds a-year would supply them with the comforts of life. (S&S: 320)

Vemos aquí un buen reflejo de la “visión romántica” de la autora, en la que el afecto sincero no está reñido con tener los pies en el suelo.

En la misma línea iría la reflexión de Lizzy Bennet mientras dialoga con su tía sobre el repentino compromiso de Wickham con una joven acaudalada. Al hablar sobre el desengaño que esto ha supuesto para sus hermanas –y para ella misma–, que suspiraban por el atractivo militar, Elizabeth muestra una visión realista de lo acontecido.

Kitty and Lydia take his defection much more to heart than I do. They are young in the ways of the world, and not yet open to the mortifying conviction that handsome young men must have something to live on as well as the plain. (P&P: 132)

Resultado de imagen de CHARLOTTE MR COLLINSDesde el punto de vista de la mujer, el matrimonio era una fuente de seguridad, un medio para independizarse y dejar de ser una carga para su familia. En ocasiones, este podía ser un factor que desequilibrara la balanza a favor de un pretendiente que no tuviera casi nada más que le recomendara, como es el caso de Mr. Collins.

Charlotte herself was tolerably composed (…). Mr. Collins, to be sure, was neither sensible nor agreeable; his society was irksome, and his attachment to her must be imaginary. But still he would be her husband. Without thinking highly either of men or matrimony, marriage had always been her object; it was the only provision for well-educated young women of small fortune, and however uncertain of giving happiness, must be their pleasantest preservative from want. This preservative she had now obtained; and at the age of twenty-seven, without having ever been handsome, she felt all the good luck of it. (P&P: 109)

Una visión realista, sin lugar para el romance, pero comprensible y justificada en el contexto en el que se ubica. Aun así, queda claro que el público en general se siente más gratificado cuando el bienestar no es el único elemento motivador de un enlace. Pero, incluso cuando existe afecto entre los contrayentes, no se duda en colocar las razones pecuniarias en un primer lugar.

She knows how much the marriage is to Miss Taylor’s advantage; she knows how very acceptable it must be, at Miss Taylor’s time of life, to be settled in a home of her own, and how important to her to be secure of a comfortable provision, and therefore cannot allow herself to feel so much pain as pleasure. Every friend of Miss Taylor must be glad to have her so happily married. (E: 7)

Dentro de este mismo subapartado, en el que estamos hablando del matrimonio en su relación con el dinero y la posición social, vamos a ver ahora la otra cara de esta misma moneda. Si hasta el momento nos habíamos fijado en la necesidad de unos recursos económicos para poder llevar a cabo esos planes de boda, en los siguientes párrafos nos fijaremos en el papel condicionante que tanto el dinero como la posición social juega a la hora de plantearse una opción matrimonial.

La famosa frase inicial de Pride and Prejudice puede servirnos de marco e introducción a este aspecto de los compromisos entre hombre y mujer.

It is a truth universally acknowledged, that a single man in possession of a good fortune, must be in want of a wife. (P&P: 1)

Imagen relacionadaSi durante la Edad Media los matrimonios entre miembros de la realeza eran un medio para establecer alianzas y unir reinos, en la época de la Regencia –y en un periodo más amplio– estos enlaces son un modo de unir familias de rango más o menos similar, y satisfacer intereses por ambas partes. En las obras que estamos analizando, este papel conciliador del matrimonio se muestra como algo aceptado y extendido, situándolo por encima del posible afecto entre las partes.

Being now in her twenty-first year, Maria Bertram was beginning to think matrimony a duty; and as a marriage with Mr. Rushworth would give her the enjoyment of a larger income than her father’s, as well as ensure her the house in town, which was now a prime object, it became, by the same rule of moral obligation, her evident duty to marry Mr. Rushworth if she could. (MP: 33)

En este fragmento se nos muestra, con ese tinte satírico tan propio de esta autora, la visión de una joven que, al llegar a cierta edad se plantea “el deber” de contraer matrimonio y, a la hora de escoger marido, tiene claras cuáles son sus preferencias. Sabemos que este enlace es bien recibido por ambas familias desde el primer momento. Mr Rushworth, rico pero no muy inteligente, está dispuesto a creerse enamorado de ella al captar su interés. Y la opinión general de los parientes es que se trata de un buen enlace, pese a que nadie se le escape la escasa afinidad entre los interesados. Aunque poco antes de la boda, Lord Bertram ofrece a su hija la posibilidad de cancelarla –consciente de que el interés económico es el único móvil de este compromiso–, se nos hace ver su alivio cuando ella insiste en seguir adelante, y también conocemos cuáles son las consecuencias de esa unión que termina mal y pronto.

Resultado de imagen de HENRY CRAWFORD JULIA BERTRAMEn esta misma novela, se nos ofrece un diálogo bastante esclarecedor de la visión del matrimonio en aquel contexto. Mrs. Norris, charlando con Mrs. Rushworth, sugiere un posible compromiso entre su sobrina Julia y el distinguido Henry Crawford. ¿Cuál es la primera pregunta de la interlocutora ante este hecho?

“Oh dear! Miss Julia and Mr. Crawford. Yes, indeed, a very pretty match. What is his property?”

“Four thousand a year.” (MP: 105)

Una vez sabido esto, ya se pueden valorar otras virtudes del caballero en cuestión o de si hacen o no buena pareja.

Esta visión materialista del matrimonio, en la que lo único importante son las ventajas económicas y sociales que reportará dicha unión, alcanza su punto álgido en el caso de las alianzas planeadas por la familia en la que no se tiene en cuenta la opinión de los protagonistas. Ciertamente, no es habitual que se llegue a ese extremo en estas obras, de hecho, los pocos intentos que se muestran fracasan, pero es un dato más a valorar dentro de este análisis. Veamos un par de ejemplos de estas tentativas de matrimonios acordados.

El primer texto pertenece a Pride and Prejudice, y forma parte de la intensa conversación que mantienen Lady Catherine de Bourgh y Elizabeth Bennet en el tramo final de la historia. Lady Catherine esgrime todos los argumentos a su alcance para lograr que Lizzy rehuse a casarse con Mr. Darcy en el caso de que este se lo pida. Una de esas razones es que Mr. Darcy ya está comprometido con su hija. Al oír esto, Elizabeth contesta que entonces no tiene nada que temer, ante lo que Lady Catherine se siente en la obligación de aclarar a qué tipo de compromiso ha aludido.

“The engagement between them is of a peculiar kind. From their infancy, they have been intended for each other. It was the favourite wish of his mother, as well as of her’s. While in their cradles, we planned the union: and now, at the moment when the wishes of both sisters would be accomplished in their marriage, to be prevented by a young woman of inferior birth, of no importance in the world, and wholly unallied to the family! (P&P: 310)

El segundo ejemplo es aún más significativo. Lo hallamos en una conversación entre Elinor con su hermano, tras la caída en desgracia de Edward Ferrars, que se ha negado a contraer matrimonio con Miss Morton, a la que su familia había escogido, al estar comprometido previamente con Lucy Steele.

Resultado de imagen de elinor dashwood MR DASHWOOD“We think now,”–said Mr. Dashwood, after a short pause, “of Robert’s marrying Miss Morton.”

Elinor, smiling at the grave and decisive importance of her brother’s tone, calmly replied,

“The lady, I suppose, has no choice in the affair.”

“Choice!–how do you mean?”

“I only mean that I suppose, from your manner of speaking, it must be the same to Miss Morton whether she marry Edward or Robert.”

“Certainly, there can be no difference; for Robert will now to all intents and purposes be considered as the eldest son;–and as to any thing else, they are both very agreeable young men: I do not know that one is superior to the other.” (S&S: 256)

Puesto que lo único importante era la posición social y las circunstancias económicas, el cambio de un hermano por otro carece de importancia para Mr. John Dashwood, aunque tiene el detalle de añadir que ambos hermanos Ferrars son unos jóvenes muy agradables, por lo que Miss Morton estará igual de encantada tanto con uno como con el otro.

Continuando en la línea de las razones para contraer matrimonio, veremos ahora cómo en estas obras se nos ofrecen ejemplos en los que tanto hombres como mujeres se embarcan en un compromiso, o lo buscan, con la conciencia de hacerlo movidos por razones distintas al afecto. Ya no se trata solo de que sea un enlace favorable por la situación de ambas familias, sino de una búsqueda de algo que no se podrá conseguir más que con una alianza ventajosa.

“I am not at all surprized that he should have fallen in love.”

“Oh! no–there is nothing to surprize one at all.–A pretty fortune; and she came in his way.”

“I dare say,” returned Harriet, sighing again, “I dare say she was very much attached to him.”

“Perhaps she might; but it is not every man’s fate to marry the woman who loves him best. Miss Hawkins perhaps wanted a home, and thought this the best offer she was likely to have.” (E: 240)

Resultado de imagen de mr wickhamBelleza, posición social, apellidos, posesiones, riqueza… Argumentos con los que cada uno deber hacerse valer frente a la otra parte, que estudiará, dependiendo de su situación, si le interesa la oferta o no. Como hemos dicho anteriormente, el amor queda relegado a un segundo o tercer plano, cuando las circunstancias exigen que se tengan en cuenta otros factores más determinantes.

“Younger sons cannot marry where they like.”

“Unless where they like women of fortune, which I think they very often do.”

“Our habits of expense make us too dependent, and there are too many in my rank of life who can afford to marry without some attention to money.” (P&P: 161)

Con esa claridad se lo confiesa Mr. Wickham a Elizabeth Bennet. Y, aunque con su actitud inicial había dado la impresión de no ser uno de esa “especie”, del mismo modo actúa Willoughby llegado el momento, abandonando a Marianne –por la que reconoce sentir un gran afecto– para casarse con una joven adinerada a la que tan solo le une el interés.

“Did you ever see her? a smart, stylish girl they say, but not handsome. (…) Fifty thousand pounds! and by all accounts, it won”t come before it’s wanted; for they say he is all to pieces. No wonder! dashing about with his curricle and hunters! Well, it don”t signify talking; but when a young man, be who he will, comes and makes love to a pretty girl, and promises marriage, he has no business to fly off from his word only because he grows poor, and a richer girl is ready to have him.” (S&S: 165)

Tanto unos como otros saben lo que pueden dar y lo que pueden esperar de su futuro consorte, por lo que, en estos casos, la institución matrimonial se vería como una simple transacción en la que cada cual contribuye con su parte y espera recibir un beneficio. Así lo entiende Marianne Dashwood en uno de sus alegatos románticos, en los que al hablar del matrimonio de una mujer “mayor” (veintisiete años le parece el inicio de la decrepitud), afirma que es imposible que se trate de una relación amorosa, sino de un simple pacto de conveniencia. Nada indecoroso, por supuesto, pero, simplemente exento de cualquier asomo de afecto.

Resultado de imagen de marianne dashwood“It would be a compact of convenience, and the world would be satisfied. In my eyes it would be no marriage at all, but that would be nothing. To me it would seem only a commercial exchange, in which each wished to be benefited at the expense of the other.” (S&S: 32)

Visto así, la esperpéntica declaración de Mr. Collins a Elizabeth Bennet y sus argumentos al verse rechazado, no parecen tan grotescos. El reverendo conoce muy bien sus méritos y el peso que estos tienen a la hora de ofrecerse en matrimonio. Y también valora en su justa medida –hablando en un nivel financiero– lo que su prima puede aportar a cambio, es decir, su atractivo y su encanto, no acompañados de grandes recursos económicos. Mr. Collins juzga que con esa dote Lizzy no va a tener muchas opciones y por esa razón considera que su propuesta será la mejor, si no la única, que ella recibirá, por lo que no toma en serio su negativa y la achaca a estrategias amorosas y usos románticos de jovencitas.

“You must give me leave to flatter myself, my dear cousin, that your refusal of my addresses is merely words of course. My reasons for believing it are briefly these: It does not appear to me that my hand is unworthy your acceptance, or that the establishment I can offer would be any other than highly desirable. My situation in life, my connections with the family of de Bourgh, and my relationship to your own, are circumstances highly in my favour; and you should take it into further consideration, that in spite of your manifold attractions, it is by no means certain that another offer of marriage may ever be made you. Your portion is unhappily so small that it will in all likelihood undo the effects of your loveliness and amiable qualifications. As I must therefore conclude that you are not serious in your rejection of me, I shall choose to attribute it to your wish of increasing my love by suspense, according to the usual practice of elegant females.” (P&P: 97)

El dinero y la posición social son factores que condicionan la elección de hombres y mujeres de cualquier rango. No solo de aquellos sin recursos, que necesitan un matrimonio ventajoso para salir adelante, sino también de los que cuentan con medios más que de sobra para vivir al nivel que quieran sin contar con lo que pueda aportarles su consorte. En el caso de estos últimos, aunque no necesiten el dinero del otro, es probable que sus “malas relaciones”, si las hubiera, obstaculizaran o incluso vetaran definitivamente las posibilidades de un compromiso.

Resultado de imagen de MISS BINGLEY“I think I have heard you say that their uncle is an attorney on Meryton.”

“Yes; and they have another, who lives somewhere near Cheapside.”

“That is capital,” added her sister, and they both laughed heartily.

“If they had uncles enough to fill all Cheapside,” cried Bingley, “it would not make them one jot less agreeable.”

“But it must very materially lessen their chance of marrying men of any consideration in the world,” replied Darcy. (P&P: 31)

No basta con que el candidato o la candidata sea una persona honorable y de cierto nivel social. Las conexiones familiares también son importantes, al menos para algunos.

“In marrying your nephew, I should not consider myself as quitting that sphere. He is a gentleman; I am a gentleman’s daughter; so far we are equal.”

“True. You are a gentleman’s daughter. But who was your mother? Who are your uncles and aunts? Do not imagine me ignorant of their condition.”

“Whatever my connections may be,” said Elizabeth, “if your nephew does not object to them, they can be nothing to you.” (P&P: 311)

En este ejemplo, vemos las dificultades que le surgen a Elizabeth Bennet a causa de sus relaciones familiares con gente del comercio. Su condición de hija de un caballero no basta para mantener su rango. Si eso es así en este caso, ¿cómo sería si el posible enlace uniera a personas aún más distantes en la escala social? Tenemos la respuesta en Emma. Tras fracasar en su intento de unir a Harriet con Mr. Elton, y errar al pensar que la joven pudiera estar enamorada de Frank Churchill, recibe la confidencia de esta última que se siente objeto de las atenciones de Mr. Knightley. Ante esta noticia, Emma, que no veía obstáculos para su matrimonio con el reverendo, ni con el joven Churchill, analiza la situación en la que quedaría su admirado y querido amigo Mr. Knightley en caso de desposarse con Miss Smith.

Such a debasement on his! It was horrible to Emma to think how it must sink him in the general opinion, to foresee the smiles, the sneers, the merriment it would prompt at his expense; the mortification and disdain of his brother, the thousand inconveniences to himself.–Could it be?–No; it was impossible. And yet it was far, very far, from impossible.–Was it a new circumstance for a man of first-rate abilities to be captivated by very inferior powers? Was it new for one, perhaps too busy to seek, to be the prize of a girl who would seek him?–Was it new for any thing in this world to be unequal, inconsistent, incongruous–or for chance and circumstance (as second causes) to direct the human fate? (E: 371)

La rigidez social de la época, la necesidad de rentas y posesiones para mantener un alto ritmo de vida y otros factores socioculturales marcan el terreno de juego para poder contraer un matrimonio satisfactorio. ¿Y el afecto entre los contrayentes? Es un valor añadido, no la causa primera. Al menos esa es la visión que se nos aporta en estas obras, aunque más adelante veremos cuál parece ser el punto de vista de su autora.

Resultado de imagen de MR KNIGHTLEYPero, siguiendo con las normas de la época, ¿cuál sería la situación idónea para un matrimonio feliz? La respuesta la hallamos también en Emma, de boca de Mr. Knightley que, al conocer el compromiso entre Frank Churchill y Jane Fairfax, reflexiona en voz alta sobre lo afortunado que es este joven al lograr el afecto de ella y poder brindarle un futuro mejor del que le esperaba.

A man would always wish to give a woman a better home than the one he takes her from; and he who can do it, where there is no doubt of her regard, must, I think, be the happiest of mortals. (E: 383)

Si es el hombre el que logra el ascenso social o económico gracias al matrimonio, fácilmente se le juzgará de interesado. Mientras que si es al revés, y la diferencia no es sustancial, o al menos no hay nada que enturbie la dignidad de esa unión, el hombre sentirá que esta desempeñando el papel que le corresponde y contará con la aprobación social.

Estos condicionantes a los que acabamos de referirnos introducen un dilema que, de hecho, se plantea dentro de una de las obras de Austen.

“Pray, my dear aunt, what is the difference in matrimonial affairs, between the mercenary and the prudent motive? Where does discretion end, and avarice begin? Last Christmas you were afraid of his marrying me, because it would be imprudent; and now, because he is trying to get a girl with only ten thousand pounds, you want to find out that he is mercenary.” (P&P: 134)

Teniendo en cuenta que un alto porcentaje de los factores que conducen a un matrimonio están relacionados con el bienestar ya sea material o social, ¿cómo diferenciar la prudencia del interés? Si se consideraría una locura que unos jóvenes se casaran sin recursos, y se ve lógico que una persona busque un compromiso con alguien que pueda contribuir a su felicidad material, ¿dónde está el límite entre el discreto y el mercenario?

La respuesta no la encontramos de un modo directo, pero sí en la actitud de los protagonistas y en la resolución de los conflictos que se van planteando. Los matrimonios por amor son los únicos en los que no se puede acusar a los contrayentes de interesados. Y, para que eso quede claro, cuando una de las protagonistas contrae un matrimonio que le resulta muy ventajoso, este llega al final de un largo proceso en el que se ha puesto a prueba la sinceridad de su afecto. Tal es el caso de Jane y Elizabeth Bennet, o de Anne Elliot, cuyas historias son bien conocidas por los lectores de Austen.

Pero, volviendo al dilema del que hablábamos, veamos algunos ejemplos que pueden servir para establecer una gradación desde el afecto sincero hasta el interés más evidente.

Resultado de imagen de LIZZY BENNETEn el extremo del amor desinteresado podríamos situar a Jane Bennet, que se enamora de Mr. Bingley de un modo espontáneo y no cambia su modo de ser para asegurar su afecto. Sobre esta actitud discuten Charlotte y Lizzy, cuando la primera trata de hacerle comprender a su amiga que las maneras sencillas y el carácter tímido de Jane dificultan que Mr. Bingley se interese por ella, al hacerle pensar que ella no se siente atraída por él. Por esta razón, Charlotte opina que Jane debería dedicarle más atenciones al joven para animarle a que le confiese su afecto. Y la respuesta de Lizzy, que conoce bien a su hermana es la siguiente:

“Your plan is a good one,” replied Elizabeth, “where nothing is in question but the desire of being well married, and if I were determined to get a rich husband, or any husband, I dare say I should adopt it. But these are not Jane’s feelings; she is not acting by design.” (P&P: 18)

No hay nada estudiado en Jane. Ella no tiene ningún interés oculto. Tan solo se siente atraída por un joven y, por lo tanto, no se plantea cómo debe actuar.

Veamos ahora distintos niveles de interés.

Imagen relacionadaUn primer peldaño lo ocuparía Charlotte Lucas, que es capaz de conformarse con una oferta de matrimonio que no le aportará grandes riquezas, pero sí cierta seguridad. Para lograrlo no tiene que mentir, ni causar daño a nadie, tan solo alentar a un hombre que está buscando esposa por conveniencia social, y al que le da igual una u otra. Por lo que podríamos hablar de un acuerdo entre partes. Esta actitud tan juiciosa y exenta de romanticismo sorprende a Lizzy, que acababa de rechazar la misma oferta que poco después acepta su amiga.

She had always felt that Charlotte’s opinion of matrimony was not exactly like her own, but she had not supposed it to be possible that, when called into action, she would have sacrificed every better feeling to worldly advantage. (P&P: 112)

En el siguiente escalón podríamos situar a Mary Crawford, que al detectar el interés que ha despertado en Tom Bertram, analiza las ventajas que esta relación podría aportarle y, al considerarlas más que suficientes, decide emplearse a fondo para consolidarla.

Resultado de imagen de mary crawfordMiss Crawford soon felt that he and his situation might do. She looked about her with due consideration, and found almost everything in his favour: a park, a real park, five miles round, a spacious modern-built house, so well placed and well screened as to deserve to be in any collection of engravings of gentlemen’s seats in the kingdom (…). It might do very well; she believed she should accept him; and she began accordingly to interest herself a little about the horse which he had to run at the B—–– races. (MP: 42)

Más arriba en esta escala hacia el interés, encontramos a Maria Bertram. Ya hemos visto anteriormente cómo no siente ningún afecto por su futuro esposo y tan solo le mueve el afán de lograr una posición aún mejor de la que ya ostenta. Pero la situación empeora con el avance de la trama, y vemos cómo, cuando llega el momento de certificar el compromiso, su situación es aún peor, ya que, pensando que Henry Crawford la amaba, había confiado en que una declaración de este cancelaría el compromiso anterior. Pero al comprobar que estaba equivocada respecto a él, entra en el matrimonio despechada, enfadada con su familia y despreciando a su marido.

In all the important preparations of the mind she was complete: being prepared for matrimony by an hatred of home, restraint, and tranquillity; by the misery of disappointed affection, and contempt of the man she was to marry. (MP: 179)

Por lo que lo único que le queda es la esperanza de suplir todas esas carencias con el bienestar material y las relaciones sociales que le facilitará su nueva situación.

En el lugar más alto de la escala, podríamos colocar a las hermanas Bingley, que están dispuestas a arruinar la felicidad de su hermano, con tal de lograr una mejor situación para ellas. Así como en los otros casos era la misma interesada la que elegía sufrir los inconvenientes de su elección, con tal de lograr su fin. En este, Caroline y Mrs. Hurst ejercen su influencia sobre su hermano para gozar de los beneficios sin sufrir las consecuencias negativas, como bien comprende Elizabeth Bennet e intenta explicar a Jane.

“Your first position is false. They may wish many things besides his happiness; they may wish his increase of wealth and consequence; they may wish him to marry a girl who has all the importance of money, great connections, and pride.” (P&P: 120)

En descargo de las hermanas Bingley hay que decir que, aunque esa fuera su intención, no la hubieran logrado sin la ayuda de Mr. Darcy, que obraba por otros motivos y luego rectifica. De hecho, en el momento en el que Mr. Darcy cambia de actitud, la relación entre Jane y Mr. Bingley se reanuda sin que sus hermanas puedan hacer nada para impedirlo.

Por Miguel Ángel Jordán

EL MUNDO A TRAVÉS DE LA MIRILLA DE MRS. BENNET

Resultado de imagen de MRS. BENNETSiempre me he preguntado cómo se ve el mundo a través de los ojos de una mujer como Mrs. Bennet, con una vida pequeñita, sin amplitud de miras, sin conocer el verdadero amor y con un objetivo vital enfocado a la supervivencia. Ver el mundo a través de una mirilla.

Con un entendimiento mezquino, poca información y temperamento incierto, se asoma a su mirilla y percibe la vida a través de esos ojos que delatan su particular inteligencia (dicen que más bien escasa), poseedora de un humor voluble e incapaz de comprender el carácter de Mr. Bennet que mantiene una actitud indolente hacia sus propias hijas. No me gustaría verme en su lugar. ¡Es para desesperarse!

Primeramente, es de justicia reconocer que a una madre abnegada de cinco hijas se le acumula el trabajo cuando estas van alcanzando la edad casadera. Y tiene toda la razón al pensar que hay una competencia brutal, demasiadas muchachas alrededor y pocos solteros con posibles a los que considerar, por derecho, propiedad de una de sus descendientes. Es un problema tal que descompone gravemente sus nervios, que no encuentran el menor alivio en un pasivo Mr. Bennet, ni en algunas de sus hijas, que no la comprenden. No se ponen en su lugar… ¡Ya serán madres!

Resultado de imagen de MRS. BENNETEs más que lógico abrir un tiempo de veda en cuanto aterriza una chequera andante, con propiedades y respaldada por varios miles de libras al año. Se pone en marcha una reacción en cadena que activa codazos y zancadillas, perfila estrategias casi militares y expone a sus tesoros en escaparates, siendo su único objetivo conseguir el matrimonio tan codiciado como única salida honrosa para mujeres con cierta tendencia a huir de la pobreza. Bussiness is bussiness, y el amor no forma parte de ellos. Lo contamina, lo nubla y no hay que perder de vista el objetivo: la supervivencia.

Esta madre estresada y, por cierto, con grandes dotes para la “observación de la conducta humana con puesta en común posterior” (no sé por qué se empeñan en llamarlo cotilleo), debe lidiar no solo con lo que opinen sobre sus niñas los demás, sino también con el tipo de comentarios que provienen de su propio esposo: “Son tan tontas e ignorantes como otras chicas, pero Lizzy tiene un poco más de agudeza que sus hermanas”. Pobre mujer, sólo deja una con cabeza. ¿Será Lizzy poseedora de ese ingenio y valentía tan poco valorado por su madre? Mrs. Bennet desde luego tiene un grave problema con esa chica: no se deja influenciar por el discurso de una progenitora comprometida y preocupada por su felicidad. ¡Estas jóvenes de hoy en día, uf!

Pero, como quiera que es una verdad universalmente aceptada que un hombre soltero en posesión de una notable fortuna necesita una esposa, nuestra dedicada madre va a poner todo su empeño en convertirla en sentencia irrevocable. Vamos a recrear el recorrido de sus actos para realizar dicho empeño, porque una progenitora tal no pasa desapercibida ni en su mundo ni en el nuestro. No se haría justicia a tanto ímpetu maternal si así no fuera.

Imagen relacionadaPor fin aparecen dos objetivos a babor: el acaudalado Mr. Bingley y su aún más opulento amigo Mr. Darcy. El primero ha alquilado la cercana mansión Netherfield con el fin de pasar una agradable temporada en el campo, y ha traído a su amigo de invitado. El destino lanza sus hilos a esas manos maternas con ansias de conseguir el mejor pasaporte social. Como toda una mariscal de campo, Mrs. Bennet diseña la Operación gripe, con la que alcanza un gran éxito: Jane enferma mientras visita Netherfield. Hecho vital para que esta historia quede dirigida a un futuro más que prometedor.

Al mismo tiempo, Darcy comienza a desplegar sus encantos en ese pintoresco medio y al ser un dechado de virtudes sociales y consigue conquistar a la madre de Lizzy casi de forma inmediata. Sería un candidato perfecto si no hubiese atentado de forma sistemática contra su orgullo rural y hubiese caído rendido sin contemplaciones por la menos apreciada de sus hijas. «El señor Darcy es una persona tan desagradable que sería una desgracia gustarle», dice frunciendo el ceño (podríamos atrevernos a decir, sin errar, que la simpatía es mutua).

Resultado de imagen de BINGLEY SISTERSPor otro lado, la Mrs. Bennet se ha convertido en plato del gusto para las señoras de Netherfield, quienes toman distancia de ella cada vez que pueden y las circunstancias se lo permiten. No sé la razón. ¡Es del todo incomprensible!

Observamos cómo se va perfilando la trama e intuimos los obstáculos que deberán ser sorteados para llegar a un posible final común a pesar de atravesarse los caminos de nuestros personajes. Tenemos a una Jane coladita por Bingley, pero en silencio, y a una Lizzy que sería capaz de perdonar el orgullo de Darcy si éste no hubiese herido antes el suyo. ¡No sabe Darcy con quién se las gasta! Eso ya la convierte en heroína austenita y universal. Pero es otra historia.

Volvamos a la mirilla.

A nuestra señora Bennet no le parece necesario que su hija mayor se restablezca enseguida de su enfermedad, puesto que recobrar su salud la obligaría a abandonar el que puede ser el cumplimiento de uno de sus objetivos, la desatada caza de Charles Bingley.

Planea incluso no enviar su coche hasta asegurar ese posible enlace dándole tregua al tiempo para que se convierta en un perfecto aliado. La mamá pone todo su empeño, esto no tiene más vuelta de hoja. Mantiene su estrategia de ataque para ver si el pez gordo muerde el anzuelo. Y su táctica parece haber surtido efecto: Jane vuelve al hogar con una inminente proposición de matrimonio que ya se va dibujando en esta historia y que no tardará mucho en hacerse realidad. ¿O no? Más bien, no. Esos alivios lanzados al aire se volverán en contra de su impaciencia; una injusticia más para esta mujer rodeada de convencionalismos sociales a los que dar salida de la única forma que conoce, quizá de la única forma posible.

Resultado de imagen de MR. COLLINSEs una señora muy entretenida y ocupada, como se puede intuir, sabe que le quedan cuatro hijas aún por situar y hay que seguir buscando posibles candidatos. En este sentido, también ha aparecido en escena el arrogante primo Collins. Y Mr. Bennet, divertido por la curiosidad que despierta este familiar, espeta a madre e hijas que las visita su futuro heredero de Longbourn; el que, tras su fallecimiento, podrá echarlas de esa casa sin contemplaciones.

La mirilla está que echa humo: mirar le ocasiona punzadas, malestar y rabia acumulada con la llegada de ese odioso hombre que cruel e injustamente privará a sus hijas de la herencia que debería corresponderles. ¡Todo en contra! Es digna de lástima.

Mantiene encañonado al que considera un tasador de sus propiedades y no sucumbe a sus halagos hasta que se manifiesta el interés del clérigo por Lizzy, ya que la hermana mayor no está “libre”. ¡Uf, menos mal! Al final, a ver si todo queda en casa. ¿Carácter voluble? Carácter adaptativo, más bien. Darwin estaría encantado con esta representante del género humano.

Ella es una progenitora contenida, como se puede observar al final de la cena organizada en Netherfield, donde se le escapan sus pensamientos en voz alta, apenas sin querer, celebrando ya el enlace de su hija mayor antes de que ocurra y por supuesto compartiéndolo con la Lady Lucas, a la cual ya no le pillan de espanto sus desboques emocionales casamenteros y no le causan más que ciertos bostezos. Enumera las ventajas de ese enlace y ya se sabe… una boda trae otra boda. Mrs. Bennet es muy cuidadosa con sus amigas, nada engreída y digna de la mayor confianza. No tiene mala intención, es sincera y eso la cualifica como vecina adorable y deseada. Les desea una fortuna similar (aunque, ella y yo, sabemos que no existe la menor esperanza para la señorita Lucas).

Resultado de imagen de MR. COLLINS LIZZYNuestra esforzada señora está en racha y pronto recibe la mejor noticia que por otro lado viene esperando y que afecta a su hija menos querida. ¡Por fin! Parece ser que el universo se ha apiadado de su volcada preocupación. Mr. Collins se ha decidido. Y aunque Lizzy no quiere quedarse a solas con su pretendiente, lo hará. «Vaya que si lo hará», decide la Mrs. Bennet sin dar un paso atrás. Nada ni nadie va a impedir esa declaración. Sin embargo, pincha en hueso una vez más: Lizzy tiene clara su decisión, sin dejar que le afecten el reproche y las diatribas de esa madre tan entregada a su verdadera felicidad y despegada de todo afecto material. ¡Qué desagradecida!

La decepción y el malhumor desatan la furia de nuestra protagonista, que ve cómo se esfuman ante sus propias narices dos posibles capturas de talla importante, pasando por encima, faltaría más, de los sentimientos anidados en el interior de sus hijas, quienes, en comparación a su desdicha, son del todo invisibles. ¡Pobre Mrs. Bennet!, qué injusta es la vida. Cinco hijas a las que dar de comer un mínimo de tres veces al día, un marido impasible con su propiedad vinculada y sin idea alguna de ahorrar para darles una dote. ¿Y todavía piensan en el amor? ¡Qué necedad!

Imagen relacionadaPara entender los sentimientos de esta mujer, solo hay que ponerse en sus gafas. Una mujer casada sin amor, que fue valorada únicamente por su belleza exterior, buscando infatigablemente un heredero varón que deje las cosas como deben estar, pero a quien la vida se le revuelve dándole cinco niñas y un esposo nada interesado en ahorrar para su futuro y que, si pudiese, habitaría en la biblioteca de casa, donde la realidad solo pasa de puntillas y sin hacer ruido.

Sus hijas agotan sus nervios y escasa felicidad. ¡Cómo no va a ser infeliz!

El adorable primo Collins se ha esfumado con Charlotte Lucas, la mejor amiga de su Lizzy y… ¡dueña futura de Longbourn! Decidme, Cielos, ¿qué os ha hecho esta mujer?

Resultado de imagen de WICKHAMJane carece de orgullo y se deja mecer en el caminar de las circunstancias, intentando cicatrizar las heridas dejadas por el alejamiento de Bingley. Lizzy es ingobernable y tiene la estúpida pretensión de casarse por amor. Mary está en terreno de nadie y las dos pequeñas no consiguen caer en brazos de unos pantalones con graduación militar. Aunque no todo está perdido: pone toda su esperanza en la menor de sus hijas y ve en ella su reflejo; menos mal que aún queda la sensatez de Lydia, una Mrs. Bennet en pequeño y desbocada que hará las delicias de esta familia tan singular y que con su inteligencia logrará estar en boca de todos, siendo la primera en conseguir dejar de tener tanto tiempo para escribir cartas y lucir su mano con la mejor de sus sonrisas ya que logrará conseguir a la joya de la corona: George Wickham .¡Salvará el orgullo familiar!

Cuando todo estaba perdido, el adorable Bingley rescata a su Jane, aunque haya que soportar al desagradable Darcy que se presenta continuamente en casa molestándolos con su presencia sin razón alguna. «Habrá que buscarle algún entretenimiento», piensa Mrs. Bennet, «aunque tenga que pasear con Lizzy».

Pero me apasionan las historias que nos muestran malos comienzos con grandes finales elaborados a medida, como el mejor orfebre elabora sus piezas preciosas. El Hado es el encargado final de limpiar el cristal de esa mirilla y dar luz donde solo había penumbra.

Nuestra buena señora, a pesar de seguir tintineando con sus nervios por esa vida singular, será la más afortunada de las madres, viendo como sus dos hijas mayores gozan de la vida por la que suspiró incansablemente su instinto maternal.

Resultado de imagen de MRS. BENNETAl final, me gustaría poder decir, en bien de su familia, que »la consecución del ardiente deseo de casar a tantas hijas tuvo un efecto tan positivo sobre ella que se convirtió, para el resto de sus días, en una mujer sensata, agradable e instruida; aunque, quizá, para su marido, que podría no haber disfrutado de la felicidad doméstica de una manera tan poco habitual, fue una suerte que siguiera padeciendo de los nervios de cuando en cuando y que se comportara invariablemente de la manera más absurda posible».

Los Bingley y los dueños de Pemberley cierran esta bella historia de orgullos y prejuicios, de convencionalismos sociales, de hipocresías y aunque sea innecesario, según el código de Mrs. Bennet, el amor verdadero triunfa y va adornado con las mejores propiedades deseadas. Ella y su mirilla han conseguido ver cómo emparentan con Wickham, Darcy y Bingley haciendo posible la cuadratura del círculo.

Un final hecho solo para heroínas y héroes destinados irremediablemente a estar unidos, a pesar de los infortunios del mundo.

PD: Lady Catherine debe seguir aspirando sales a estas alturas.

 

                                                                   Por Mª Ángeles Lorente

EL MATRIMONIO EN LAS NOVELAS DE JANE AUSTEN (PARTE 1)

 

Hola a todo el mundo. En primer lugar, quiero desearos un muy feliz 2018.

Durante las próximas semanas voy a escribir sobre un tema de gran importancia en las novelas de Jane Austen: el matrimonio. Lo abordaremos desde distintas perspectivas y ofreciendo una gran cantidad de ejemplos. Espero que resulte de vuestro interés.

Allá vamos.

Imagen relacionadaEl matrimonio es un tema central de las novelas de Jane Austen. Es el objetivo, el desencadenante y el colofón de todas las historias. Los conflictos se crean alrededor de posibles enlaces, o como consecuencia de una mala alianza. Se nos ofrecen ejemplos muy diversos de parejas con resultados también distintos.

Muchos de los que leemos  las novelas de Austen defendemos que no deberían catalogarse como románticas, pero la presencia tan constante del matrimonio podría ser un argumento en contra de esta afirmación. ¿Cómo justificarlo?

Esta autora analiza al ser humano como individuo y también en su interacción con los demás. Las relaciones interpersonales se pueden encontrar en distintos ámbitos: familia, amistad, relaciones sociales. Pero es en el matrimonio y en las etapas anteriores donde podemos encontrar una mayor riqueza de experiencias, sentimientos, factores socioculturales, contrastes y otros elementos que convierten este análisis en algo más profundo, atractivo e interesante.

Además, sus historias tienen un alto componente sociológico, y, como ya se ha visto y volveremos a comentar, en aquella época el matrimonio tenía una repercusión social mayor que en la actualidad. Por lo que es lógico que se convierta en el núcleo de tramas como las que se desarrollan en estas novelas.

Resultado de imagen de jane austen matrimonioSin embargo, a diferencia de lo que suele ocurrir en el género romántico, en estas obras no abundan los detalles sentimentales, las escenas emotivas, los diálogos apasionados, ni las muestras de afecto. El matrimonio es el objetivo y el hilo conductor, y una vez que se ha alcanzado la meta queda poco que decir. De hecho, la autora no suele reproducir las palabras de los enamorados durante la declaración; salvo cuando acaban en fracaso como la de Mr. Collins o la primera de Mr. Darcy. En los otros casos, se muestra que se han solucionado los conflictos y casi de inmediato se da por cerrada la historia.

En sus novelas, Jane Austen muestra las costumbres y la visión dominante de la sociedad de su tiempo. Pero, también al hablar del matrimonio, podemos entrever su punto de vista. En las siguientes páginas ofreceremos un amplio elenco de ejemplos para comprender la concepción de aquella época sobre la institución matrimonial, su relación con la situación económica y también una visión más general, y por último, lo que nosotros entendemos como visión de la autora manifestada de diversos modos.

En las futuras entradas de esta serie hablaremos de:

-Matrimonio, dinero y posición social

-Matrimonio, dinero y felicidad

-Rupturas familiares como consecuencia del un “mal matrimonio”

-Matrimonio entre hombre bien posicionado e inteligente y mujer guapa, pero…

-El matrimonio como una obligación social para la mujer

-Felicidad matrimonial

-Consecuencias de un mal matrimonio

-Del enamoramiento al matrimonio

Y, finalmente: el matrimonio visto por Jane Austen

Por Miguel Ángel Jordán

JANE AUSTEN EN 5 MINUTOS

El pasado fin de semana inauguramos un nuevo espacio en nuestro canal de Youtube titulado “Jane Austen en 5 minutos”. La finalidad de esta serie de vídeos es comentar algunos aspectos de la biografía de JA y de sus novelas. Aunque en los vídeos solo hablo yo (al menos de momento), lo ideal sería que hubiese gente que se animase a participar con sus comentarios, ideas, puntos de vista, sugerencias, etc.

 

Por lo pronto hemos comenzado con una serie de vídeos en los que analizaremos “Orgullo y Prejuicio” en profundidad. No solo hablaremos del argumento y su desarrollo, sino también de otros aspectos del estilo literario de Jane Austen: la presentación de los personajes, el uso de la ironía, los diálogos, etc.

Si queréis proponer algún tema que os parezca interesante para esta serie, por mí encantado. Os repito que la idea es que esto sea participativo, y si alguien se anima a colgar sus vídeos, nosotros los difundiremos desde nuestras redes.

Ah, sí, otra cosa. lo de Jane Austen en 5 minutos es un título no vinculante 🙂 , la duración variará en función del contenido. Pero intentaré que sean breves.

Muchas gracias por vuestro tiempo y por vuestras ideas.

Un saludo

Miguel Ángel Jordán

Taller sobre Lady Susan en Cartagena (2ª Parte)

Finalizamos nuestro taller literario sobre Lady Susan recogiendo y analizando los resultados de los debates, así como los del cuestionario que se entregó en la primera sesión a los asistentes.

La segunda y tercera sesiones se realizan los días 2 y 9 de noviembre en la Biblioteca Rafael Rubio, de Los Dolores (Cartagena).

Me encuentro ante un grupo de lectores que mayoritariamente superan los 50 años de edad, salvo dos excepciones que se sitúan en la franja de entre 20 y 30 años.

Un pequeño porcentaje de los asistentes no han leído a Jane Austen, mientras que la mayoría quedaron cautivados sobre todo por Orgullo y Prejuicio, y en menor medida por Sensatez y sentimientos, Emma, Persuasión y Lady Susan por este orden.

Además, una gran mayoría no ha asistido a ningún taller literario pero cinco personas forman parte de clubs de lectura e incluso alguna de ellas dirige alguno.

Consideran que el valor de las obras de Austen reside sobre todo en su estilo narrativo y en el análisis de sus personajes por encima del argumento y la ambientación.

Tras la realización del taller, Lady Susan gana puestos y la valoran como una de las obras más fascinantes de la autora. Perciben de forma contundente la inteligencia con la que está estructurada, la ironía, el doble lenguaje de la protagonista, la forma casi mágica con la que se van dibujando los personajes y el enlace de unas cartas con otras que cierran puertas para ir abriendo otras que permiten avanzar en la trama formando parte de la subjetividad de los personajes que presentan la realidad tal y como ellos la perciben.

En la segunda sesión analizamos hasta la carta 21.

Los asistentes se sienten atrapados por el perfil psicológico de Susan Vernon, les crea un estado casi hipnótico del que solo salen por el rechazo que les ocasionan los sentimientos y las actitudes que mantiene hacia su hija Frederica.

Comentan que es maravilloso cómo Austen parece jugar con el lector enlazándole con el reto que Lady Susan se propone frente al mundo que le rodea: fascinar. Le fascina fascinar. La admiración que tantos sienten por ella alimenta su narcisismo; utiliza a los demás, es incapaz de empatizar y es muy difícil eclipsarla. Ella gira el mundo 1800 a su antojo, dejando en evidencia a los que la critican hasta que no es descubierta. A descubrirla nos ayudan, en primer lugar, Catherine Vernon y su claro entendimiento ante la evidencia, aunque no inmune a la fascinación que produce su cuñada. Y en segundo lugar, tras padecer el paso del huracán Susan, el traumatizado Reginald De Courcy, quien, uniendo las piezas del puzle y una vez escuchada la voz de Frederica, va saliendo del hechizo y descubre la terrible realidad.

Todos los participantes coinciden en que no hay nada que incite más a Lady Susan que tener frente a ella a un joven prejuicioso para comenzar a modelarlo fría y poderosamente. A ella la enferman la sensibilidad y la naturalidad en el amor: son dos obstáculos para un manipulador emocional.

Se señalan las cartas 5 y 21 como las favoritas.

En la carta 5, Susan Vernon aparece en primera persona y escribe a su amiga Alicia Johnson, mostrándose tal y como es; resulta especialmente sangrante la manera de referirse hacia su hija.

Por otro lado, la voz de la hija adolescente se escucha por primera y única vez en la carta 21. Hasta ese momento la imagen de la niña va de boca en boca, pero entonces aparece dibujada en primera persona en la carta que le escribe a Reginald: un grito de auxilio desesperado que intenta paralizar las intenciones maternas de casarla con sir James; no solo no podría sentir amor, sino tampoco el más mínimo afecto por alguien a quien desprecia absolutamente (prefiriendo incluso ganarse el sustento por sí misma antes que acabar con él).

También resaltan que Reginald cae en las redes de la protagonista por resultarle a priori divertido analizarla desde cerca; pero, para manejarse en territorio Vernon hace falta no perder la perspectiva. Sin embargo, a Catherine no la engaña ni aun de cerca, a pesar de sus intentos por persuadirla, porque ha sufrido en sus propias carnes los efectos devastadores del huracán Susan.

En definitiva, llaman su atención los siguientes aspectos:

  • La capacidad de embaucar al lector.
  • La relación Vernon-Johnson.
  • La evolución de Reginald con respecto a Lady Susan.
  • La relación desnaturalizada y con maldad hacia su hija.
  • La voz de Frederica. ¿En qué centra su carta?
  • La confusa relación de Lady Susan con Manwaring.

Acaba nuestro taller con el debate sobre las cartas restantes y una lluvia de conclusiones finales.

En este sentido se reseñan párrafos que les parecen muy interesantes tales como:

  • “ Me pregunto dónde está el odio que el verdadero amor debía haberle hecho sentir contra una niña, sin talento ni educación, que me estaba calumniando y que yo le había enseñado a despreciar”.(Carta 22 Lady Susan a la señora Johnson).
  • -“La próxima vez que escriba, espero poder deciros que sir James se ha marchado, que lady Susan ha sido vencida y que Frederica ha dejado de sufrir”. (Carta 23. La señora Vernon a lady De Courcy).
  • “¿Me consideráis una madre desnaturalizada?” (Carta 24. La señora Vernon a lady De Courcy).
  • “A pesar de lo dócil que se muestra ahora, no puedo perdonar semejante ejemplo de soberbia; y dudo si castigarle rechazando su amistad algún tiempo después de nuestra reconciliación o casándome con él para atormentarle el resto de su vida”.( Carta 25. Lady Susan a la señora Johnson).

Comentamos el desenlace de la historia y cómo se desatan los nudos con unos dedos inteligentes que seducen al lector llegando a la conclusión de que nuestra Jane cierra todas las incógnitas y nos muestra el destino de cada uno de sus personajes.

Es una forma epistolar que va más allá de un difícil estilo literario, Austen deja de nuevo sus huellas y  acaba la historia con un capítulo de “conclusiones” donde regresa a su voz personal y única para tejer historias.

¿Castiga o premia a su antiheroína? Preguntan los asistentes. La respuesta solo la tiene ella:

“ Es imposible saber con seguridad si lady Susan fue feliz o no en su segundo matrimonio, pues ¿quién podría creer lo que ella afirmara? El mundo debe juzgarlo en función de sus probabilidades. No tenía nada en contra de ella, excepto a su marido y a su conciencia”.

Finalizo esta maravillosa experiencia con la lectura de frases decisivas del resto de sus novelas que atrapan la curiosidad de los lectores preparándose para dejarse cautivar por ellas y con el firme compromiso de realizar otro taller sobre Orgullo y prejuicio próximamente.

Muchísimas gracias a los asistentes y a todos los que han colaborado en su difusión.

 

                                         Por M. Ángeles Lorente 

Socia de JASES

 

 

 

 

¿AL BORDE DE UN ATAQUE DE NERVIOS? LA SITUACIÓN DE LA MUJER EN LAS NOVELAS DE JANE AUSTEN

Hace unas semanas, al hablar de trabajos y oficios en las obras de Jane Austen, se explicó que, en ocasiones, al carecer de recursos económicos, los hijos nacidos después del heredero podían verse obligados a seguir caminos que hubieran preferido no recorrer. En esta entrada, vamos a hablar de la situación en la que quedaban las hijas de las familias de la baja nobleza, o de la gentry, y veremos que su posición solía ser aún más complicada.

La mayoría de lectores actuales desconocen las normas legales que regían la sociedad en la que vivió Jane Austen. Pero, una vez más, esta autora, sin necesidad de grandes explicaciones, logra que comprendamos la indefensión en la que se veían inmersas algunas mujeres tras el fallecimiento de un esposo o padre.

Al depender exclusivamente de las rentas y propiedades, y no del salario de un trabajo, los testamentos se convertían en auténticas sentencias para algunos o en golpes de fortuna para otros.

Resultado de imagen de bennet pride and prejudiceUna familia podía verse despojada de su hogar en favor de un tercero si no contaban con un hijo varón. Tal es el caso que se nos muestra en Pride and Prejudice, y la razón por la que Mrs. Bennet esté tan empeñada en que Lizzy acepte la oferta de matrimonio de Mr. Collins, futuro poseedor de Longbourn, hogar de los Bennet mientras viva el cabeza de familia.

––¡Oh, querido! ––se lamentó su esposa––. No puedo soportar oír hablar del tema. No menciones a ese hombre tan odioso. Es lo peor que te puede pasar en el mundo, que tus bienes no los puedan heredar tus hijas. De haber sido tú, hace mucho tiempo que yo habría hecho algo al respecto.

Jane y Elizabeth intentaron explicarle por qué no les pertenecía la herencia. Lo habían intentado muchas veces, pero era un tema con el que su madre perdía totalmente la razón; y siguió quejándose amargamente de la crueldad que significaba desposeer de la herencia a una familia de cinco hijas, en favor de un hombre que a ninguno le importaba nada.

Ciertamente, en este caso, el lector se siente inclinado a dar la razón a Mrs. Bennet, y nos resulta muy difícil imaginar que algo así pudiera ocurrir en la actualidad. Sin embargo, conocer esta circunstancia nos llevará a ser más comprensivos con la obsesión de esta madre por casar cuanto antes a sus cinco hijas, y procurarles un futuro estable a ellas y a sí misma.

Resultado de imagen de john dashwood sense and sensibilityComo acabamos de ver, la legislación de la época limitaba en ocasiones la capacidad de maniobra de los cabezas de familia, que podían llegar a sus últimos momentos con la angustia de saber que los suyos quedaban en una situación precaria, aunque hasta entonces hubieran vivido con desahogo. No estamos hablando de los que siempre habían sido pobres, sino de familias adineradas, pero atadas por lazos legales a la hora de redactar el testamento. En esos casos, las mujeres dependían de la benevolencia de los herederos, que no tenían más obligaciones que las que les dictara su conciencia. Así sucede con el padre de Elinor y Marianne, que en su lecho de muerte arranca la promesa de su hijo de que este velará por su familia.

Tan pronto se supo que la vida del señor Dashwood peligraba, enviaron por su hijo y a él le encargó el padre, con la intensidad y urgencia que la enfermedad hacía necesarias, el bienestar de su madrastra y hermanas. El señor John Dashwood no tenía la profundidad de sentimientos del resto de la familia, pero sí le afectó una recomendación de tal índole en un momento como ése, y prometió hacer todo lo que le fuera posible por el bienestar de sus parientes. El padre se sintió tranquilo ante tal promesa, y el señor John Dashwood se entregó entonces sin prisa a considerar cuánto podría prudentemente hacer por ellas.

Como sabemos, esta buena voluntad se queda tan solo en eso, bajo la influencia de Mrs. John Dashwood, que consigue silenciar la conciencia de su marido con razonamientos mezquinos y egoístas.

En vistas de esta situación, no es de extrañar que el matrimonio se viera como la única vía de subsistencia para aquellas mujeres que no tuvieran la suerte de contar con una gran fortuna personal. En una entrada futura, hablaremos del matrimonio desde distintos puntos de vista, por lo que tan solo destacaremos ahora la importancia de este hecho en las tramas de las novelas de Austen. Jane y Elizabeth Bennet, Anne Elliot, Fanny Price, Jane Fairfax y otras jóvenes a las que se nombra pasan de una situación incierta a un futuro prometedor, económicamente hablando, gracias a un matrimonio ventajoso.

Resultado de imagen de jane fairfax¿Qué ocurría con aquellas chicas de buena familia que no contaran con rentas propias ni recibieran proposiciones de matrimonio de caballeros solventes? Lo cierto es que las opciones para las jóvenes eran escasas. Mientras hubiera alguna renta, podrían tratar de ajustarse a esa cantidad, viviendo lo más dignamente que pudieran dentro de su estrechez. Pero, en el caso de que no contaran con recursos económicos, se verían abocadas a un matrimonio no tan ventajoso –el afecto en este caso sería aún más secundario–, pero al menos suficiente para subsistir, o tendrían que buscar algún empleo que les proporcionara un mínimo de ingresos y que, dentro de lo posible, no las hundiera socialmente. La enseñanza parece ser la salida más airosa para estas mujeres. Ya sea como institutriz privada, como hubiera sido el caso de Jane Fairfax, de no haberse casado con Frank:

Se decidió que Jane se preparara para la enseñanza, ya que los escasos centenares de libras que había heredado de su padre hacían imposible toda posición independiente. Y el coronel Campbell carecía de medios para asegurar su porvenir de otro modo; pues a pesar de que sus ingresos, procedentes de su paga y sus asignaciones, no eran nada despreciables, su fortuna no era muy grande, y debía ser íntegra para su hija; pero dándole una buena educación, confiaba proporcionarle para más adelante los medios para vivir decorosamente.

Imagen relacionadaO como maestra de escuela, como Mrs. Goddard:

Era una mujer sencilla y maternal, que había trabajado mucho en su juventud, y que ahora se consideraba con derecho a permitirse el ocasional esparcimiento de una visita para tomar el té.

En cualquier caso, se trataba de una situación complicada, que la misma Jane Austen conoció en primera persona, ya que, aunque nunca llegaron a pasar necesidad, tanto ella como su madre y su hermana Cassandra, dependieron de la ayuda de sus hermanos –que no les faltó en ningún momento– debido a los escasos recursos con los que contaron tras la muerte del Reverendo George Austen.

Próximamente publicaremos una entrada que tratará sobre diversos aspectos relacionados con el matrimonio, y en ella aparecerán trataremos otros aspectos relacionados con la situación social de la mujer en la sociedad, que podemos encontrar reflejados en las novelas de Jane Austen.

Por Miguel Ángel Jordán

 

MANSFIELD PARK, ÚLTIMO CAPÍTULO: MUTIS MAGISTRAL

Resultado de imagen de mansfield parkEs una verdad universalmente aceptada que Mansfield Park (en lo sucesivo MP) es la obra más polémica, compleja y oscura —e incomprendida, añadiría yo— de cuantas vieron la luz de forma completa[1] a través de la pluma de Jane Austen. Dentro de la faceta polémica, una de las diversas cuestiones objeto de debate se refiere al capítulo final de la novela; capítulo que cierra de forma acelerada y contundente varios cientos de páginas de escritura minuciosa en torno a las idas y vueltas de los Bertam y los Crawford y a las tribulaciones de Fanny Price. En concreto, el objeto de controversia lo constituye el porqué de tan apresurado cierre de tramas y subtramas que contrasta sobremanera con el tono pausado del resto de la novela.

Resultado de imagen de nabokovLa opinión mayoritaria atribuye al cansancio de la autora este final expeditivo, que sería previsible tras el esfuerzo invertido en el resto de la obra. Parece ser que a muchos escritores les supone un esfuerzo titánico cerrar sus novelas (según declaran sin el menor recato en entrevistas y reportajes), y Austen, habiendo caído en este trance, decidió cortar por lo sano. Desde que V. Nabokov dictaminara dicha tesis en su estudio sobre MP, ésta es la conclusión generalizada en el mundo austenita y fuera de él. Como consecuencia de dicha tesis, este capítulo de cierre se considera como un defecto de la novela, uno de los inconvenientes que conlleva su lectura: encontrarse con una historia cerrada con urgencia e incluso en falso. Y no es ésta una tesis infundada, no sólo porque la sustentara Nabokov, escritor eminente, sino porque posee una clara apariencia de verosimilitud: no es fácil encontrar casos similares entre los clásicos, novelas de amplia extensión que fluyen mansamente durante un largo recorrido para concluir como en forma de catarata. Pero también es cierto que esta opinión se corresponde con una óptica de lectura propia de nuestro tiempo —como el criterio de Nabokov corresponde a un escritor del siglo XX—, sin tener en cuenta las peculiaridades de Austen no sólo como escritora del siglo XVIII, sino como una verdadera singularidad dentro de la literatura universal.

No obstante, en mi opinión, y desde un punto de vista de lector-escritor libre de prejuicios, la hipótesis del “cansancio” de la autora no es convincente. Y esta opinión la sustento en diferentes motivos que expongo a continuación:

Imagen relacionada1º. Esa forma chapucera de terminar una obra deprisa y corriendo de forma consciente, si bien puede encajar en publicaciones actuales destinadas al consumo pronto y fácil, no concuerda en modo alguno con la actitud vital, el perfeccionismo y el estilo de Austen. Sólo en algunas de sus obras de juventud, escritas por puro entretenimiento para lectura en familia y sin vistas a ser dada a la imprenta para lectura general, podría llegar a admitirse sin reparo dicha explicación.

2º. Por otra parte, MP fue escrita en plena época de fecundidad y madurez creativa de Austen, después de Orgullo y prejuicio y antes de Emma. Atribuir cansancio o indolencia por el desarrollo final de la novela tampoco encaja con la pulsión creativa de una orfebre entregada a la labor de su pincel sobre el trocito de marfil en esas tres grandes obras. A mayor abundamiento, en su obra subsiguiente Austen se deleitó y nos deleitó, después de resuelta la trama principal, prolongando la novela durante toda una quinta parte de su amplia extensión a fin de no dejar suelto el menor cabo del entramado Highbury-Hartfield-Donwell.

3º. Y, por último, y por eso mismo más importante, a mi entender Austen ya había escrito cuanto quería escribir en torno a Mansfield y las relaciones de sus habitantes. Si la autora no fuera deudora de su devoción por Fanny Price y de las reglas de la novela de su tiempo, es probable que MP carecería de este último capítulo, o éste habría sido distinto; recordemos que MP es la representación, incluso stricto sensu, del lado oscuro de la sociedad (no sólo de la de su época y país, sino de la de todas las épocas y países): los vicios, las torpezas, las carencias de compromiso, responsabilidad, sacrificio o firmeza de valores, los prejuicios, las dobleces, el egoísmo, la tibieza moral, etcétera. Cuarenta y siete capítulos de virtuosismo, metaliteratura, simbolismo e inteligencia emocional, entre otras admirables cualidades, fueron más que suficientes para completar su theatrum mundi, y de ahí su magistral mutis: «Yo dejo al punto esos temas odiosos, impaciente por devolver alguna paz a los que no tuvieron demasiada responsabilidad, y terminar con lo demás»[2]. Por decirlo de otro modo, a mi parecer el único fundamento de este capítulo es conceder a la heroína su recompensa más ansiada.

Resultado de imagen de mansfield parkAhora bien, sea cual sea la explicación, e incluso admitiendo el humano razonamiento de la desgana de Austen como causa de la rápida finalización de su historia, incluso ese mismo aspecto resaltaría su genialidad. Dejando a mi imaginación a su indomable albedrío, evoco a la autora afrontando esas últimas páginas de manuscrito con no poca resolución: «Bien, vamos a acabar de una vez con la tontería», pensaría remangándose y mojando su pluma en la tinta dispuesta a realizar un ajuste de cuentas con todos y cada uno de los personajes, con la lógica excepción de la protagonista. No se libra nadie; ni siquiera el insulso Edmund, cuyo único motivo de redención es su afecto incondicional por Fanny.

Es muy infrecuente en la historia de la literatura, y no digamos en la obra de aquel tiempo, asistir a fustigaciones semejantes de manera tan directa. Sí que abundan los personajes abyectos, expuestos al escarnio o puestos en ridículo por sí mismos; pero que sean los propios autores quienes hagan de banderilleros y picadores directamente es algo insólito (que sólo puede conseguir adhesiones incondicionales entre frikis literarios).

Resultado de imagen de mansfield parkSobran ulteriores palabras y explicaciones al respecto, porque basta espigar algunas de las perlas que puntualmente regala nuestra Jane a cada personaje a lo largo de dicho capítulo para comprobarlo:

  • Sobre Tom Bertram. «Había sufrido y había aprendido a pensar: dos ventajas que no había conocido hasta ahora». [Teniendo en cuenta que tenía veintiséis años, una edad considerable en aquella época y aun hoy]
  • Sobre Maria y Julia Bertram. «Nunca se las había enseñado propiamente a dominar sus inclinaciones y temperamento mediante el sentido del deber, único que puede ser suficiente. (…); y sobre la necesidad de la abnegación y la humildad, sospechaba que jamás habían oído de labios de nadie nada que les fuera de provecho».
  • Sobre el señor Rushworth. «No le fue difícil obtener el divorcio, y de este modo concluyó un matrimonio contraído en circunstancias tales que cualquier final mejor, producto de la suerte, habría estado fuera de todo cálculo». «Las indignidades de la estupidez y los desengaños de la pasión egoísta despiertan poca compasión».
  • Sobre la señora Norris y su sobrina Maria. «La señora Norris abandonó Mansfield Park para consagrarse a su infortunada Maria, creándose un establecimiento para ellas en una región remota y retirada, donde, recluidas con poca compañía, sin afecto la una y sin juicio la otra, es lógico suponer que sus respectivos temperamentos las convirtieron en su mutuo castigo».
  • Sobre la señora Norris, un bonus extra. «[Sir Thomas] La veía como un mal perpetuo, tanto más cuanto que no parecía posibilidad de que acabara sino con la muerte; (…) Así que verse libre de ella fue una dicha tan grande que, de no haber dejado recuerdos amargos tras de sí, sir Thomas casi habría corrido peligro de aprobar el mal que había acarreado este bien».
  • Sobre Henry Crawford, la narradora es tajante y no tiene la menor duda de su indignidad y desmerecimiento de cualquier destino mejor. O, dicho en términos coloquiales, según la propia autora su fin se lo había ganado a pulso. «Si hubiera merecido más, no cabe duda de que lo habría obtenido». «De haberse limitado a conquistar el afecto de una mujer amable, de haber encontrado gozo suficiente en vencer la aversión, y en ganarse poco a poco la estima y el cariño de Fanny Price, habría tenido todas las posibilidades de éxito y de felicidad para él». «[al encontrarse de nuevo con la señora Rushworth] Se le despertaron la curiosidad y la vanidad, y la tentación del placer inmediato fue demasiado fuerte para un espíritu no acostumbrado a sacrificar nada a lo correcto».
  • Sobre el señor Grant. «El doctor Grant se provocó un ataque de apoplejía con los tres banquetes semanales que había instituido, y murió».
  • Resultado de imagen de mansfield parkSobre lady Bertram. Un remate suave en comparación con la crudeza con que ha sido descrita en diversos pasajes de la novela: «Dado lo egoístamente cara que había sido para lady Bertram durante mucho tiempo, no vio ésta de buen grado la marcha de su sobrina. Ninguna felicidad de hijo o sobrina podían hacerla desear ese matrimonio».
  • Sobre lord Bertram. «Estas fueron las circunstancias y esperanzas que poco a poco trajeron alivio a sir Thomas (…), aunque nunca le desapareció el dolor que provenía de la convicción de sus propios errores en la educación de sus hijas. (…) Veía cuán erróneamente había calculado al esperar contrarrestar lo que la señora Norris hacía mal haciendo él lo contrario; claramente veía que no había hecho sino aumentar ese mal (…)».
  • Sobre Edmund. No se detuvo la autora en atribuirle el mayor castigo para cualquier persona: «Sufría de desencanto y de pena, lamentando lo que era y deseando lo que nunca podría ser». Y muy sutilmente se habla de su cambio de inclinaciones: «No le hizo falta esperar y desear con afectos vacantes a una criatura digna que la sucediera en ellos. Apenas había terminado de lamentar la pérdida de Mary Crawford, y de confesar a Fanny cuán imposible le sería encontrar a una mujer igual, cuando empezó a pensar si no le convendría una clase de mujer totalmente diferente…» [Los puntos suspensivos son de la autora].

Imagen relacionadaEn definitiva, se podrá estar de acuerdo o en desacuerdo con la procedencia y la motivación de este final, abrupto en comparación con la extensión del resto de la novela, pero resulta indiscutible que es el producto de una mente ingeniosa en grado sumo y de una pluma con habilidad extraordinaria. Mansfield Park es una obra que precisa un tipo de lectura exigente, curtida en muchos miles de páginas y capaz de admirar los detalles sutiles dispersos por la novela; no sirve como puerta de entrada al mundo de Austen, pero sí forma parte del corazón de su obra, al que sólo se puede llegar con las capacidades señaladas.

 

Por Fernando García Pañeda

Nota final: Los párrafos transcritos de la novela corresponden a la traducción de Francisco Torres Oliver, publicada por Alba Editorial, año 2000.

[1] El arranque de Sanditon, entre especulación inmobiliaria, ansia de dinero, sensualidad desordenada, actitudes ambiguas de personajes y una protagonista de notoria inteligencia, también prometía emociones un tanto “interesantes” y umbrías que no podemos comparar con el resto de las novelas.

[2] En efecto, la posteridad tomó nota, puesto que otras plumas se han extendido a base de bien en culpas, desdichas y calamidades psicosociales durante estos últimos doscientos años.

Catherine Morland, ¿una heroína en construcción?

En un lugar de la vieja Inglaterra, de cuyo nombre no es que no quiera acordarme (nuestra historia se inicia en Fullerton), no ha mucho que vivía una niña de espíritu libre, ávida de aventuras y una mente llena de peculiares historias.

Aunque todo estaba en su contra, nada la desanimaba a perseguir el bien y la conducta virtuosa en un mundo que reverenciaba la hipocresía en las relaciones y diseñaba caminos tortuosos para alcanzar el final anhelado, la felicidad siempre tan deseada y tan costosa.

Nuestra ¿heroína? sostiene valientemente lanza en astillero intentando culminar con éxito su propio viaje interior hacia la madurez, conservando, mientras tanto, un corazón bondadoso y puro comparable al que late en el pecho del más noble caballero.

Nuestra Catherine es especial desde su niñez. No había nada que le gustase más que tirarse rodando por la verde cuesta que había detrás de su casa, una niña ruidosa y un tanto alocada, vital, inclinada hacia lo no permitido e invadiendo territorios confinados al género masculino. ¿Heroína…?

Una niña casi invisible al mundo, como el resto de sus nueve hermanos, pero que está a punto de iniciar la aventura más hermosa: comenzar a vivir su propia vida. A ello la ayudan los Allen, que sirven de puente para salir de su pequeño pueblo y afrontar las vicisitudes que ofrece el presente a una peculiar soñadora, perfilando ese carácter indeciso y dando cordura a tantos pequeños episodios de locura gótica satirizada magistralmente por Austen.

Resultado de imagen de northanger abbey filmCatherine Morland. ¿Será esa flor que nace para desarrollarse invisible y desperdiciar su fragancia en el aire del desierto? Alejándola Austen de los cánones reservados a heroínas típicas, ¿la engrandece, la ilumina con una luz favorecedora? ¿La acompaña en ese autoconocimiento necesario para el desarrollo y crecimiento personal y por tanto la convierte en heroína de su propia vida? Son cuestiones que me surgen con la lectura de esta maravillosa historia, sencilla, cercana, atemporal que me logra seducir doscientos años después.

Pero hablar de La Abadía de Northanger es mucho más que acompañar a Morland en sus dieciocho años de vida, es la feroz defensa de los libros y sus enseñanzas. Por eso la autora intercala en la trama un extenso recorrido por títulos y escritores concretos, incluyendo algunos de sus favoritos como lectora. Autores como Gray, Thomson, Shakespeare, Samuel Richardson, Fanny Burney (de gran influencia para Austen), María Egdeworth, Addison, Steele, Ann Radcliffe, Henry Fielding, Matthew Lewis y un largo etcétera están presente en esta obra al mismo tiempo que da amparo y protección a la novela como género, despreciando ese «hablar con desdén de unos libros a los que avalan la genialidad, el ingenio y el buen gusto

En definitiva, defiende unas obras «en las que se exhiben los más grandes poderes de la mente y en las que se transmiten al mundo, en el lenguaje más selecto, el conocimiento más exhaustivo de la naturaleza humana, las delineaciones más acertadas de sus variedades y las manifestaciones más vividas de ingenio y de humor».

Imagen relacionadaPero, volviendo a nuestra historia, Austen también diseña hombres a la altura de sus heroínas. Es el caso del señor Tilney, vértice fundamental del triángulo amoroso: alto, rostro agradable, mirada inteligente y viva, buen bailarín, caballeroso, con temple, entendido en muselinas, lector voraz y con gustos literarios afines a ella, culto y con una actitud jocosa que lo hace a los ojos de nuestra Catherine más que interesante, honesto y valiente, desafiante ante la injusticia aunque sea paterna. Especial, como ella.

Resultado de imagen de northanger abbey thorpeTambién tenemos a John Thorpe y su hermana Isabella. ¿Caballero andante y dulce damisela? Nada más lejos de la verdad. Descubriremos junto a la Morland que son piedras puestas en su camino para consolidar su carácter, afirmar su honestidad, su integridad y reconocer a su verdadero compañero de andanzas y aventuras.

No recomiendo, por tanto, únicamente la lectura de esta preciosa novela, eso es bastante obvio, sino que la lean como se merece. Austen utiliza su sátira inteligente y despliega su ternura recordándonos con su ¿heroína? que ni mucho menos la vida es siempre de color rosa, que la inocencia bien entendida debería ser un arma poderosa en este mundo, la honestidad en los sentimientos un objetivo por cumplir, el conocerse y crecer como persona una aventura digna de cualquier heroína que se tercie y el amor por los libros una pasión sin contención.

Y como en cualquier precioso cuento, tanto los inicios como los finales deben estar a la altura y dejarnos preparados para abordar el siguiente vuelo acompañados by a lady.

Mi heroína Catherine, de quijotesca figura, satirizada con ternura fue siempre de apacible condición y de agradable trato, y por esto no solo era bien querido de los de su casa, sino de todos cuantos le conocían [1].

Y, como Austen concluye, «dejo a quien pueda corresponder o interesar que determine si esta obra tiende más a recomendar la tiranía paterna o a recompensar la desobediencia filial». No puede existir mejor final para estos 31 capítulos.

(Dedicado a todas las heroínas de su propia vida)

Por Mª Ángeles Lorente

(Socia de Jane Austen Society España)

[1] https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte2/cap74/default.htm