Catherine Morland, ¿una heroína en construcción?

En un lugar de la vieja Inglaterra, de cuyo nombre no es que no quiera acordarme (nuestra historia se inicia en Fullerton), no ha mucho que vivía una niña de espíritu libre, ávida de aventuras y una mente llena de peculiares historias.

Aunque todo estaba en su contra, nada la desanimaba a perseguir el bien y la conducta virtuosa en un mundo que reverenciaba la hipocresía en las relaciones y diseñaba caminos tortuosos para alcanzar el final anhelado, la felicidad siempre tan deseada y tan costosa.

Nuestra ¿heroína? sostiene valientemente lanza en astillero intentando culminar con éxito su propio viaje interior hacia la madurez, conservando, mientras tanto, un corazón bondadoso y puro comparable al que late en el pecho del más noble caballero.

Nuestra Catherine es especial desde su niñez. No había nada que le gustase más que tirarse rodando por la verde cuesta que había detrás de su casa, una niña ruidosa y un tanto alocada, vital, inclinada hacia lo no permitido e invadiendo territorios confinados al género masculino. ¿Heroína…?

Una niña casi invisible al mundo, como el resto de sus nueve hermanos, pero que está a punto de iniciar la aventura más hermosa: comenzar a vivir su propia vida. A ello la ayudan los Allen, que sirven de puente para salir de su pequeño pueblo y afrontar las vicisitudes que ofrece el presente a una peculiar soñadora, perfilando ese carácter indeciso y dando cordura a tantos pequeños episodios de locura gótica satirizada magistralmente por Austen.

Resultado de imagen de northanger abbey filmCatherine Morland. ¿Será esa flor que nace para desarrollarse invisible y desperdiciar su fragancia en el aire del desierto? Alejándola Austen de los cánones reservados a heroínas típicas, ¿la engrandece, la ilumina con una luz favorecedora? ¿La acompaña en ese autoconocimiento necesario para el desarrollo y crecimiento personal y por tanto la convierte en heroína de su propia vida? Son cuestiones que me surgen con la lectura de esta maravillosa historia, sencilla, cercana, atemporal que me logra seducir doscientos años después.

Pero hablar de La Abadía de Northanger es mucho más que acompañar a Morland en sus dieciocho años de vida, es la feroz defensa de los libros y sus enseñanzas. Por eso la autora intercala en la trama un extenso recorrido por títulos y escritores concretos, incluyendo algunos de sus favoritos como lectora. Autores como Gray, Thomson, Shakespeare, Samuel Richardson, Fanny Burney (de gran influencia para Austen), María Egdeworth, Addison, Steele, Ann Radcliffe, Henry Fielding, Matthew Lewis y un largo etcétera están presente en esta obra al mismo tiempo que da amparo y protección a la novela como género, despreciando ese «hablar con desdén de unos libros a los que avalan la genialidad, el ingenio y el buen gusto

En definitiva, defiende unas obras «en las que se exhiben los más grandes poderes de la mente y en las que se transmiten al mundo, en el lenguaje más selecto, el conocimiento más exhaustivo de la naturaleza humana, las delineaciones más acertadas de sus variedades y las manifestaciones más vividas de ingenio y de humor».

Imagen relacionadaPero, volviendo a nuestra historia, Austen también diseña hombres a la altura de sus heroínas. Es el caso del señor Tilney, vértice fundamental del triángulo amoroso: alto, rostro agradable, mirada inteligente y viva, buen bailarín, caballeroso, con temple, entendido en muselinas, lector voraz y con gustos literarios afines a ella, culto y con una actitud jocosa que lo hace a los ojos de nuestra Catherine más que interesante, honesto y valiente, desafiante ante la injusticia aunque sea paterna. Especial, como ella.

Resultado de imagen de northanger abbey thorpeTambién tenemos a John Thorpe y su hermana Isabella. ¿Caballero andante y dulce damisela? Nada más lejos de la verdad. Descubriremos junto a la Morland que son piedras puestas en su camino para consolidar su carácter, afirmar su honestidad, su integridad y reconocer a su verdadero compañero de andanzas y aventuras.

No recomiendo, por tanto, únicamente la lectura de esta preciosa novela, eso es bastante obvio, sino que la lean como se merece. Austen utiliza su sátira inteligente y despliega su ternura recordándonos con su ¿heroína? que ni mucho menos la vida es siempre de color rosa, que la inocencia bien entendida debería ser un arma poderosa en este mundo, la honestidad en los sentimientos un objetivo por cumplir, el conocerse y crecer como persona una aventura digna de cualquier heroína que se tercie y el amor por los libros una pasión sin contención.

Y como en cualquier precioso cuento, tanto los inicios como los finales deben estar a la altura y dejarnos preparados para abordar el siguiente vuelo acompañados by a lady.

Mi heroína Catherine, de quijotesca figura, satirizada con ternura fue siempre de apacible condición y de agradable trato, y por esto no solo era bien querido de los de su casa, sino de todos cuantos le conocían [1].

Y, como Austen concluye, «dejo a quien pueda corresponder o interesar que determine si esta obra tiende más a recomendar la tiranía paterna o a recompensar la desobediencia filial». No puede existir mejor final para estos 31 capítulos.

(Dedicado a todas las heroínas de su propia vida)

Por Mª Ángeles Lorente

(Socia de Jane Austen Society España)

[1] https://cvc.cervantes.es/literatura/clasicos/quijote/edicion/parte2/cap74/default.htm

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LECCIONES DE ELEGANCIA POR JANE AUSTEN

Elegante:

-Dotado de gracia, nobleza y sencillez

-Dicho de una persona: que tiene buen gusto y distinción para vestir.

-Dicho de una cosa o de un lugar: que revela distinción, refinamiento y buen gusto.

Elegancia: 

-Forma bella de expresar los pensamientos.

Resultado de imagen de inglaterra regenciaLos tiempos cambian, las costumbres cambian, las normas sociales cambian… Muchas cosas cambian, pero las personas siguen siendo personas y en el fondo somos muy similares a aquellos que nos han precedido durante los últimos siglos. Varían las circunstancias, el decorado, las reglas, pero los actores siguen siendo los mismos. Y por eso somos capaces de disfrutar de las novelas de Jane Austen a pesar de que se haya cumplido el bicentenario de su muerte.

Al leer estas novelas, nos introducimos en una sociedad regulada por unas normas muy claras y definidas. La mayoría de los personajes de Austen pertenecen a las clases elevadas, ya sean de la gentry (ámbito rural) o de la nobleza. Y como tales, actúan según lo dictan las reglas del momento.

Algunas de esas normas y costumbres constreñían o limitaban en mayor o menor medida ciertos aspectos de la vida, y podían resultar especialmente gravosas para las mujeres. Las obras de Austen son un fiel reflejo de la sociedad de su tiempo y es fácil que a un lector actual le sorprendan algunos usos de la época y la actitud ceremoniosa de tantos personajes. No es raro que haya muchos que encuentren todo este protocolo exagerado y carente de naturalidad.

¿Qué opinaba Jane Austen al respecto? Pienso que encontramos un fiel reflejo de su modo de pensar en un pasaje de Mansfield Park, en el que el narrador describe la situación en la que se encuentra Julia Bertram al visitar los amplios terrenos de los Rushworth. La joven Julia se ve obligada a caminar junto a la señora Rushworth, cuando ella preferiría estar junto a Henry Crawford.

Resultado de imagen de justine waddell mansfield park julia bertramThe politeness which she had been brought up to practise as a duty made it impossible for her to escape; while the want of that higher species of self-command, that just consideration of others, that knowledge of her own heart, that principle of right, which had not formed any essential part of her education, made her miserable under it

La educación recibida le impide “escapar”, ya que sabe que resultaría muy grosero. El problema es que esa educación solo ha modelado el exterior y no el interior. Sus modales no se corresponden con unos principios que la lleven a preocuparse por los demás, a buscar lo mejor para ellos, a respetarlos… Sabe qué es lo correcto y actúa en consecuencia, pero por mero formalismo.

Las reglas sociales tienen como finalidad principal facilitar la convivencia, establecer unos límites y ofrecer unas orientaciones que sirvan de guía para que todos sean tratados con respeto. Pero, dentro de esos amplios parámetros, cada persona actúa según su carácter, sus principios y sus circunstancias. Las normas de educación pueden quedarse en algo puramente formal o ser el resultado de una actitud interior. Lo ideal, por lo que nos dice Austen, es que sean un reflejo de algo más profundo. Pero, si en algún caso no es así, esas normas de conducta servirán, al menos, para marcar los límites que no se deben sobrepasar si no se quiere molestar u ofender a otras personas.

Resultado de imagen de audrey hepburn elegance quotes¿Basta con ser educado para ser elegante? No. La educación es un primer paso, pero la elegancia va mucho más allá. La educación se basa en normas, la elegancia está fundamentada en el buen gusto, la nobleza, la distinción (elevarse sobre lo vulgar) y en el refinamiento, que no implica ser un tiquismiquis, sino hacer las cosas con esmero y cuidado. Y todo esto adquiere un realce aún mayor cuando cuenta con el ingrediente secreto: la sencillez.

Existe una elegancia aparente y otra real. La elegancia aparente se puede adquirir con cierta práctica y asesoramiento. Está un peldaño por encima de la buena educación, pero queda muy lejos de la auténtica elegancia. ¿Cuál es la diferencia? La primera es una técnica, la segunda es un modo de pensar y de vivir.

Resultado de imagen de postureoLa elegancia aparente busca el reconocimiento de los demás, quiere causar un buen efecto o incluso deslumbrar. Tiene mucho que ver con el “postureo” que tan de moda está hoy en día. Solo se ejercita de cara al público. Sin embargo, la elegancia real impregna todas las facetas de la persona, está vinculada al modo de pensar y a los principios y, por lo tanto, no se ejercita solo cuando hay alguien observando, sino en todo momento.

Imagen relacionada¿Se puede diferenciar una de otra? Por supuesto, con el trato y con el tiempo. Las primeras impresiones son importantes pero no deben ser definitivas, como bien nos muestra Jane Austen en la obra que recibió ese título (First Impressions), aunque después hubo de ser rebautizada como Pride and Prejudice. En esta novela, vemos cómo la percepción de Elizabeth Bennet sobre Mr. Darcy varía con el tiempo. En un principio lo sitúa en el bando de los aparentemente elegantes y al final se da cuenta de que su elegancia es real. Al principio de la novela vemos sus formas correctas, su mente cultivada y su respeto por la etiqueta. Con el transcurso de las páginas llegamos a conocer su interior y descubrimos su valía, que alcanza el grado máximo en la mente de Lizzy cuando descubre que intervino de un modo decisivo en el affaire Lydia-Wickham, queriendo permanecer en el anonimato.

En las novelas de Jane Austen podemos hallar una gran cantidad de ejemplos de ambos tipos de elegancia, y los que conozcan estas historias sabrán la opinión de la autora sobre unos personajes y otros, y la visión que de ellos nos transmite esta genial escritora.

Resultado de imagen de mr wickhamEn el bando de los aparentemente elegantes podríamos incluir, entre muchos otros, a los siguientes personajes:

Mr. John Dashwood (hermano de Elinor y Marianne) y su esposa, Willoughby, Robert Ferrars, Mrs. Ferrars, Mr. Collins, Wickham, Caroline Bingley, Lady Catherine de Bourgh, el general Tilney, los hermanos Henry y Mary Crawford, las hermanas Bertram, sir Walter Elliot y su primogénita, Mr. Elliot, Mr. Elton y su esposa, Frank Churchill…

Imagen relacionadaY en el de los realmente elegantes:

Elinor, el coronel Brandon, Elizabeth y Jane Bennet, Mr. Darcy, el matrimonio Gardiner, los hermanos Henry y Eleanor Tilney, Catherine Morland, Fanny Price, Anne Elliot, el capitán Wentworth, Mr. Knightley, Emma (a ratos), Mrs. Weston…

Soy consciente de que he dejado a muchos personajes fuera de esta lista, pero, desde mi punto de vista, estos son los más representativos.

Como se puede apreciar, las heroínas de estas novelas y la mayoría de sus caballeros aparecen en el grupo de los realmente elegantes. Emma es un caso aparte, Edward Ferrars tiene sus momentos y Edmund Bertram… tiene más de pelele que de caballero (en mi humilde opinión). Y es que, aunque cada personaje de Austen es único, se nota que esta autora tenía una escala de valores bien definida y seleccionaba con cuidado a la pareja que iba a protagonizar cada una de sus historias.

Termino ya…

Como decía al principio, hay muchas cosas que cambian con el tiempo, y en muchos campos hemos progresado, pero creo que hay otros en los que podríamos aprender de nuestros antecesores. Puede que el problema sea que me estoy haciendo mayor xD, pero lo cierto es que a veces echo de menos esa elegancia que destilan algunos personajes de Austen.

Resultado de imagen de prohibido entrar sin camisetaEn esta época de exhibicionismo vital, en la que podemos saber intimidades de muchos con solo asomarnos a las redes sociales; cuando algunos se visten igual para ir a la playa que para asistir a la universidad; en la que hacen falta carteles que indiquen “prohibido entrar a la tienda sin camiseta”; y algunos jóvenes piensan que saben más que sus mayores porque han leído un par de panfletos y retuitean “pensamientos profundos”. En estos tiempos en los que hay gente que no valora los pequeños detalles como ceder el asiento, dejar pasar, dar las gracias con una sonrisa, pedir las cosas por favor, dejar el móvil aparcado cuando hay otras personas delante, hablar en un tono que no resulte molesto a los demás, etc… En estos tiempos, en los que también hay mucha gente elegante, la lectura de Austen puede ser un soplo de aire fresco, una fuente de inspiración y un termómetro para medir nuestra sensibilidad al respecto.

Por supuesto que cada época tiene sus reglas y no hay que quedarse anclados en el pasado. Pero tampoco pensemos que todo cambio es positivo. Progresar es ir a mejor, no tirar pa’alante y ya veremos qué pasa.

En la entrada anterior, Elena Truan hablaba del feminismo y Jane Austen. Sin querer llevar la contraria a nuestra presidenta, a la que me une el afecto, el agradecimiento y muchas horas de trabajo compartido, me atrevo a ir un paso más allá al decir que Jane Austen no es feminista -ni machista-, sino personalista. No como pertenecedora a esa corriente filosófica, sino como defensora de la persona, de cada persona, independientemente de su edad, sexo, creencias o condición social. Cada uno es cada uno y todos merecemos un respeto. Y el que entiende eso podrá alcanzar la elegancia de dos de sus grandes personajes:

Imagen relacionadaImagen relacionadaLa elegancia de Mr. Knightley, que es capaz de moverse en distintos ambientes, velar por sus vecinos más desfavorecidos y cantarle las cuarenta a Emma cuando se pasa de la raya. Y la elegancia innata de Lizzy, que resplandece aún más al compararla con otros miembros de su familia. Una elegancia que le permite enfrentarse a Lady Catherine de igual a igual, a pesar de los pesares; y la elegancia que le permite reconocer su error y cambiar de actitud.

Gracias, Jane por tantas cosas… Y por tus lecciones de elegancia.

Por Miguel Ángel Jordán

 

 

De Taylor, Emma y Jane: feminismo y hermandad.

No voy a empezar la entrada de esta semana con una frase introductoria de Jane Austen y su transcendencia universal, tema que es de sobra conocido por mis queridos seguidores. Hoy abordamos un tema mucho más cercano a nuestras hijas, nietas, hermanas, madres y amigas: el feminismo de Jane Austen. No obstante, antes de preparar en sus cabezas los distintos argumentos que defienden su posición, déjenme decirles que no voy a lanzar al aire la famosa pregunta: “¿Fue Jane Austen feminista? La verdad, según cómo se mire, la respuesta puede ser sí o no. La inexistencia del feminismo como tal en la época de Regencia deja a nuestra autora en dudosa posición. Porque no importa cuánto de revolucionaria fuera una mujer si su época la ataba a ciertos prejuicios que al lector del siglo XXI, fácilmente ofendido y que camina de puntillas entre los términos potencialmente desafortunados, siempre verán como demasiado tradicionales. Permítanme, pues, que reconduzca mi tesis y replantee el tema a abordar: No será el feminismo de Jane Austen, sino en el feminismo en Jane Austen, y no como ella decidiera plantearlo (sin saberlo), sino cómo está plasmado (siendo ella menos consciente aún).

Aún es pronto para saber si el mundo está recibiendo las gotas liberadoras de una cuarta ola de feminismo (sí, señores, ha habido olas de feminismo en la historia de la Humanidad) o si nos impulsamos bajo los coletazos de la tercera ola feminista, evolucionada y aún más fuerte. No obstante, lo que sí es cierto es que ha ganado impulso en los últimos años, y la lucha continúa por mejorar los derechos de la población femenina. Y eso se refleja en las figuras influyentes de la sociedad, como el Girl Power que defienden algunas dignas sucesoras de Madonna, icono de liberación sexual. Son sucesoras de todos los colores, pero del mismo tamaño: muy grandes. Desde Beyoncé, al grito de “Girls, we run this Mother Earth” en Run the World (Girls), que incluso concede becas a mujeres que desean estudiar, hasta Taylor Swift, la odiada y amada niña bonita del pop que ha pasado de escribir historias de amor de instituto a escribir riéndose de sus haters  y hasta de sí misma, predicando el amor a una misma. Pasando por Lady Gaga, que interpretó en los premios Oscar una emotiva canción dedicada nada menos que a las víctimas de abusos sexuales, y Emma Watson, que ha desafiado al encasillamiento quitándose la túnica de Hogwarts para convertirse en embajadora ante las Naciones Unidas de un movimiento feminista, HeForShe.

 

Es interesante observar los ejemplos que establecen iconos como éstos en cuanto a las relaciones entre mujeres, ejemplos que las jóvenes y no tan jóvenes que las siguen van a imitar. Hace tiempo leí un artículo sobre cómo se las había arreglado Taylor Swift para conseguir aumentar su popularidad y sus seguidores con una base de fans tan limitada y otra de acérrimos enemigos tan extensa. La respuesta era simple: Taylor comenzó su carrera con canciones de autocompasión como White Horse o Teardrops on my Guitar, y villanizando a toda rival femenina que le pusiera por delante, como en You Belong With Me. Poco a poco, Taylor evolucionó a canciones sobre sí misma, sus fines de relación y las razones detrás como en The Story of Us, y comenzó a reírse de aquellos que la odiaban en Shake It Off  y We Are Never Ever Getting Back Together, en las que ya de paso, hacía un poco el ridículo en el vídeo para demostrar que no le importaba que se rieran de ella. No sólo eso: Taylor Swift se rodeó de las modelos, cantantes, y actrices más exitosas, jóvenes y guapas del panorama mundial. Creó un #squad. Y todas las mujeres que la seguían soñaban con formar parte de ese #squad de mujeres que se ayudaban, se querían, se apreciaban. Hacían tartas, celebraban el 4 de Julio, y salían de fiesta juntas: todo juntas. Era la Taylor Swift feminista, la que apostaba por crear una hermandad de mujeres, reírse de sí misma, quererse a sí misma, e ignorar, o contestar con estilo y chulería (Bad Blood) a aquellos que querían despojarla de su éxito.

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Es un caso distinto, pero igual de (y para mi gusto, más) inspirador que el de Swift, el que encontramos en Emma Watson,  heroína bruja de nombre Austeniano (Emma Watson es el nombre de la heroína de la inacabada The Watsons) y firmes convicciones. Si había mucho de ella en la Hermione Granger valiente e inteligente, determinada y trabajadora que J.K. Rowling escribió, o si bien Hermione, formando parte de su vida desde tan tierna edad, imprimió muchos valores en el carácter de la joven actriz, no podemos saberlo: tal vez ambas cosas. Lo que sí es cierto es que Emma Watson ha permanecido fiel a su imagen de heroína feminista de cabeza pensante para establecer buen ejemplo en las mujeres del futuro, más que el que ya estableció su personaje de Harry Potter. En su discurso para las Naciones Unidas, hablando de HeForShe, defendió los valores feministas no sólo enfocados a las mujeres, sino tratando de incluir a toda la población: hacía el mismo daño a los hombres condenar a las mujeres por salirse de su estereotipo de género. Los hombres también tenían derecho a llorar y ser sensibles, tanto como las mujeres a trabajar en “trabajo de hombres”, etc.

ac_emmawatson_vanityfair_compA veces se les tira piedras a los pájaros porque pueden volar; por defender valores como éstos se la criticó con dureza, especialmente cuando en medio de la promoción de su nueva película, La Bella y la Bestia, (otra heroína feminista que apuesta por la lectura y la sensibilidad sobre la apariencia física) apareció fotografiada para una revista semidesnuda. “No entiendo lo que tienen que ver mis pechos con ser feminista o no”, se desesperaba ella, “el feminismo no es un palo con el que golpear a otras mujeres”

 

¿Qué tiene que ver Jane Austen con estas famosas? se preguntarán ustedes. Jane Austen nos enseña mucho sobre las relaciones; pero no solo sobre las relaciones románticas entre un hombre y una mujer; es importante observar la atención a las relaciones entre mujeres en las novelas de Jane Austen. Northanger Abbey reserva a Isabella Thorpe, quien ha empujado y utilizado a Catherine, un destino poco favorable; mujeres como Lucy Steele, las hermanas Bertram, Mary Crawford, Mrs. Elton, Miss Bingley… Son consideradas antagonistas de las heroínas, y su conducta es castigada por las circunstancias. ¿Lo que tienen en común? Actuar en contra de otras mujeres, en lugar de buscar la forma de ayudarse entre ellas. Incluso Emma es censurada por manipular a su amiga Harriet o burlarse de Miss Bates; la rivalidad entre ella y Jane Fairfax es, igualmente señalada como inexplicable, e injusta al final de la novela. En cambio, las influencias positivas en las heroínas van siempre marcadas por relaciones sanas entre mujeres, mujeres que necesitan y más aún en la sociedad criticada, que no las favorece, ayuda unas de otras. Así, es premiada la buena relación entre las hermanas mayores Bennet, la tranquila amistad de Catherine y Eleanor; la comunicación, más que el destacar las diferencias, de Elinor y Marianne; la relación fraternal entre Emma y su antigua institutriz, que la provee de buenos consejos; y las buenas intenciones de la amiga pobre, pero buena, de Anne. Si bien puede ser arriesgado hablar de feminismo como tal en Jane Austen, bien es fácil ver en sus novelas la defensa de la hermandad entre mujeres; un ejemplo más de la actualidad de Jane Austen, su prominencia como icono para las mujeres, y su universal sabiduría. “El feminismo es sobre darle a las mujeres elección”, dice Watson en el anterior vídeo. Y la defensa de esto es precisamente lo que muchas veces cause lso conflictos en las novelas de Austen. Para buscar valores que queremos en nuestro presente, de la mano de modelos femeninos, a veces podemos ir al pasado, a visitar figuras como la querida Jane.

Por Elena Truan

LA TÍA JANE

Durante la vida de Jane Austen, las esposas de sus hermanos alumbraron a veinticuatro bebés, catorce chicas y diez chicos. Este número se incrementó en nueve ocasiones tras el fallecimiento de la escritora. Aunque han pasado casi doscientos años y las costumbres han cambiado significativamente, los niños siempre serán niños, por lo que no es difícil imaginar el bullicio y ajetreo que reinaría durante los diversos encuentros familiares organizados por los Austen.

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Resultado de imagen de regency childrePor los testimonios que nos han llegado, sabemos que Jane era una favorita de sus sobrinos, que buscaban su compañía siempre que iba de visita a sus casas o coincidían en algún lugar. La ingeniosa escritora solía contarles historias largas y elaboradas, que cautivaban a los más pequeños y estimulaban su imaginación. Esas historias podían durar días, y Jane disfrutaba añadiéndoles todo tipo de detalles y personajes. ¡Quién pudiera escucharlas! ¿Verdad?

Aunque Jane quería a todos los hijos de sus hermanos, las circunstancias propiciaron que tuviera una relación especial con dos de sus sobrinas, Anna y Fanny.

Resultado de imagen de anna lefroyAnna, que más tarde tomaría el apellido Lefroy (no se casó con el famoso Tom, sino con Ben, uno de sus primos), fue la primera hija de James -el mayor de los Austen- y Anne Mathew, que falleció tres años después de la boda, cuando la pequeña contaba con tan solo dos años de edad. Tras la muerte de la joven madre, Anna se fue a vivir a la rectoría de Steventon, donde recibió las atenciones de sus abuelos y de sus tías. Y allí permaneció hasta que James se casó con Mary Lloyd, dos años después de enviudar.

Resultado de imagen de fanny knightFanny fue la primera de los once hijos del matrimonio formado por Edward Austen, que más adelante tomaría el apellido Knight, y Elizabeth Bridges. Fanny también perdió a su madre, pero en su caso fue a los quince años.

Ambas primas nacieron en 1793, por lo que la diferencia de edad entre ellas y su tía Jane no llegaba a los dieciocho años. La situación de las jóvenes era muy diferente. Anna vivió en la rectoría de Deane, hasta que los Austen se mudaron a Bath y James tomó posesión de la parroquia de Steventon. Edward Austen, el padre de Fanny, fue adoptado legalmente por los Knight y, por lo tanto, su situación económica fue mucho más desahogada. Fanny vivió gran parte de su vida en Godmersham, una gran casa con amplios terrenos y abundante servidumbre.

Entre las cartas que conservamos de Jane Austen, hay varias dirigidas  a Anna y a Fanny, aunque tanto el estilo como el contenido de unas y otras es bastante diferente. Enseguida volveremos a este punto.

Resultado de imagen de godmersham austenLa familia Austen estaba muy unida y Edward no dudaba en aprovechar su buena situación para ayudar a los suyos, o invitarles a pasar largas temporadas en Godmersham. En algunas ocasiones, la tía Jane coincidió con Anna y con Fanny en la gran casa de los Knight, y seguro que pasó muy buenos momentos charlando con ellas mientras paseaban por sus jardines. Ambas jóvenes conocían las dotes de escritora de su tía y habían leído algunas de sus novelas. No hay duda de que este sería uno de sus temas de conversación, y no sería de extrañar que ambas le pidieran a su tía que les diera algunas lecciones sobre cómo escribir una historia. ¿Quién no lo haría en su lugar? ¿Y qué les dijo su tía? Seguramente les daría algunos consejos sencillos y accedería a revisar sus trabajos una vez que se pusieran a escribir.

Sabemos que Anna se tomó muy en serio su labor de escritora y pronto comenzó con su propia novela. Gracias a ella, tenemos un amplio elenco de consejos de escritura de puño y letra de Jane Austen, ya que la afamada escritora contestaba a las cartas de su sobrina comentando las páginas del manuscrito que esta le enviaba, señalando puntos fuertes y elementos a mejorar, y sugiriéndole algunos aspectos a tener en cuenta para lograr un efecto satisfactorio.

Resultado de imagen de anna lefroyAnna no llegó a terminar su novela. Su boda y el nacimiento de su primera hija la llevaron a abandonar la escritura temporalmente. Y más tarde, la muerte de su querida tía, que había sido un estímulo para su escritura y la destinataria principal de esas páginas, propició que la joven perdiera todo el interés por esa historia y decidiera arrojar al fuego las páginas escritas con tanta ilusión y comentadas por la tía Jane con todo su cariño y acierto.

Resultado de imagen de fanny knatchbullFanny, por su parte, tenía otras cosas en la cabeza que la impedían sentarse a escribir. El corazón de la joven dama estaba despertando y su imaginación revoloteaba llena de fantasías románticas y sentimientos incontrolados. Mientras que la correspondencia entre Jane y Anna halla en los escritos de esta su eje principal, las cartas que intercambió Fanny con su tía se centran en asuntos amorosos. La apasionada muchacha abre su corazón en sus misivas y pide consejo a su tía sobre el modo de comportarse con un joven caballero que se ha mostrado atraído por ella. También en estas cartas encontramos pasajes de gran interés en los que Jane Austen muestra su afecto, ingenio y sentido común. Es llamativo encontrar en estos escritos algunas frases que parecen extraídas de sus novelas. Jane, fiel a sus principios, insta a su sobrina a examinar sus sentimientos, y le pide que no tenga prisa ya que luego podría arrepentirse. Hay que casarse por amor y no por interés económico o social. Esa es una de las ideas principales de este intercambio epistolar.

Anna y Fanny, dos jóvenes Austen, nacidas el mismo año, unidas por el afecto mutuo y el cariño hacia su tía, pero con dos vidas muy distintas. Seguro que Jane, tan perspicaz y conocedora de la naturaleza humana, advirtió la diferencia entre sus sobrinas. Anna, menos brillante que su prima, con menos dotes naturales y medios económicos, vive más pegada a la realidad y se muestra más madura y decidida. Contrae matrimonio joven, a pesar de algunos reparos familiares, y se muestra feliz y satisfecha con su papel de esposa y madre. Fanny, atractiva y rica, es un mar de dudas en los asuntos del corazón. Tan pronto se muestra enamoradísima de su galán como hastiada de sus atenciones. Decide rechazarlo, pero no quiere que él se enamore de otra…

Resultado de imagen de anne elliotImagen relacionada¿Qué opinaba Jane? Quería mucho a ambas chicas, aunque le notamos cierta parcialidad hacia Fanny. Anna es como una hormiguita, constante y trabajadora. Fanny es como una mariposa, bella y alegre. Hay algo de las protagonistas de Austen en sus sobrinas. Cierta semejanza entre Anne Elliot y Anna Lefroy, y también algo de Emma Woodhouse en Fanny. Quizá por eso Jane quería tanto a Fanny, tanto sus defectos como sus virtudes eran evidentes, y había un encanto natural en la alegre inconsciencia de la joven que cautivaba a su tía. Pero si hubiera tenido que apostar por cuál de las dos sería más féliz, pienso que habría optado por Anna.

De lo que no hay duda es de que Jane tuvo la fortuna de gozar de una familia amplia y unida, en la que unos contaban con el afecto y el apoyo de los otros, y en la que nuestra querida escritora encontró el entorno adecuado para dar vida a sus inolvidables personajes y sus maravillosas historias.

Por Miguel Ángel Jordán

 

AUSTEN, OGROS Y CEBOLLAS

No, no es el título de un nuevo mash-up de una novela de Austen 😛

¿Hay alguna relación entre SHREK y las obras de JANE AUSTEN?

No sé si habrás visto la primera película de esta saga de DREAMWORKS. Si es así, casi con seguridad recordarás el diálogo en el que Shrek trata de explicarle a Asno la verdad sobre los ogros. Te pongo aquí la transcripción:

Imagen relacionadaSHREK – Para tu información, los ogros somos muy diferentes a lo que creen.
ASNO – Ponme un ejemplo
SHREK – ¿Un ejemplo? De acuerdo…ah… los ogros son como cebollas.
ASNO – Apestan.
SHREK – Sí… ¡No!
ASNO – Te hacen llorar.
SHREK – ¡No!
ASNO – Ya sé, si los dejas al sol, se ponen marrones y les salen pelitos blancos…
SHREK – ¡No! ¡Capas! ¡Las cebollas tienen capas! ¡Los ogros tienen capas! ¡Las cebollas las tienen! ¿Entiendes? ¡Ambos tenemos capas!

Y sigue.

Capas, ahí radica la similitud de los ogros y las cebollas… y las obras de Austen.

Lo que Shrek intenta explicarle a Asno es que los ogros son seres más complejos de lo que parecen, y por lo tanto, no se les puede juzgar solo por las apariencias.

Algo parecido ocurre con las novelas de Austen (y con las de muchos autores). Su complejidad, que no complicación, permite diferentes lecturas con distintas percepciones.

Imagen relacionadaUna primera capa, la más superficial y por eso casi inservible, es la que perciben algunos de los que se acercan a estas obras con un desconocimiento total de la autora, poco hábito de lectura o, al menos, poco bagaje literario de calidad… Lectores acostumbrados a novelas del estilo fast-food, sabrosas, vistosas, pero poco recomendables como base nutritiva. En estos casos, es posible que se queden con la impresión de haber leído una novela “rosa”, en la que “no pasa nada”, y que se limita a hablar de “señoritas que quedan para tomar el té”. Todos estos comentarios los he leído o escuchado en alguna ocasión. ¿Y vosotros?

Resultado de imagen de capa cebollaPasemos a la siguiente capa. Hablamos ahora de lectores algo más atentos, con mayor experiencia y una mente más abierta… pero igual de ajenos a la destreza e intencionalidad de Jane Austen. Estos lectores, aunque valorarán algo más la historia que se les cuenta, y se sentirán atraídos por algunos de sus personajes, se quedarán tan solo en “el colorido”. Verán las figuras que representa el tapiz, pero serán incapaces de captar el entramado que ha dado lugar a esa maravilla, y mucho menos percibir el soporte que le da consistencia. Es decir, serán los lectores a los que les atraigan los romances, la elegancia, la galantería y educación de los caballeros, los paisajes, las grandes casas, etc.

Imagen relacionadaY quitamos otra capa… Es posible que hablemos ahora de “lectores reincidentes”. Aquellos que leyeron una obra de Austen y la disfrutaron, y vuelven a ella porque de algún modo presienten que hubo cosas que se les escaparon. Esos lectores ya no solo se fijan en lo externo, sino también en el modo de narrar tan característico de esta autora. Disfrutan con la ironía, se sumergen en los diálogos, se dan cuenta de que los personajes casi cobran vida a través de sus palabras, se sienten cómodos en el paisaje humano confeccionado por la escritora y comprenden que los romances, las tensiones y todo lo demás son tan solo recursos para mostrarnos diversas facetas de los protagonistas. Reconocemos a estos lectores porque al hablar de las obras de Jane Austen no se limitan a recordar a sus damas o caballeros, sino que recuerdan pasajes, citas, momentos chispeantes, enseñanzas…

Resultado de imagen de capa cebollaPero aún quedan más capas y podemos seguir profundizando para llegar al corazón de estas novelas y en cierta parte de su autora. No hace falta ser un experto en literatura para pasar a los siguientes niveles, aunque como es lógico, todos los conocimientos literarios que tengamos nos ayudarán en esta senda. Tras una primera lectura de cualquiera de las novelas de Austen, es posible que nos planteemos cómo logra esta autora que nos sintamos cómodos en un ambiente tan distinto al nuestro, cómo nos atrapa en sus historias en las que en realidad “no pasan demasiadas cosas”, cómo consigue tanta variedad de personajes sin apenas describirlos, y muchos otros “cómos” que nos animarán a leer con espíritu crítico y renovada atención para descubrir algunos de sus recursos.

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Las siguientes capas serán aquellas más especializadas, pero que en realidad son una concreción de la anterior. Nos fijaremos en la estructura, los saltos temporales, los trucos para mantener el suspense o sorprender, las relaciones entre personajes, el papel del narrador -que parece un personaje más y a veces hablar en primera persona-, los distintos escenarios y por qué son elegidos, las maneras de lograr el efecto irónico, los recursos literarios y otros trucos que emplea Austen para lograr sus fines, el uso del estilo indirecto libre, es decir, cómo el narrador nos cuenta los pensamientos de los personaje poniéndose en su lugar, y un largo etcétera que lejos de cansarnos nos llevará a admirar cada vez más a esta genial escritora y a sus maravillosas novelas.

Resultado de imagen de jane austen worksTodas estas capas no son fruto de la casualidad. Son el resultado de un gran trabajo y de una capacidad creativa excepcional. A través de estos escritos llegamos a conocer algunos rasgos de su autora. Jane no es Elizabeth Bennet, ni Anne Elliot, ni ninguna otra de sus heroínas, pero hay algo de ella en cada una de esas jóvenes. Jane Austen, igual que sus obras, tuvo sus capas. Nosotros no tuvimos la oportunidad de verla, de escuchar sus comentarios, ni de conversar con ella. Pero tenemos sus novelas y en ellas podemos captar algunos retales de su alma. Cuanto más profundicemos en estos trabajos más sabremos sobre la señorita Austen.

 

Por Miguel Ángel Jordán

 

GRACIAS, JANE

I have lost a treasure, such a sister, such a friend as never can have been surpassed. She was the sun of my life, the gilder of every pleasure, the soother of every sorrow.

He perdido un tesoro, una hermana tan especial, una amiga que jamás podrá ser igualada. Ella era el sol de mi vida, la que iluminaba cualquier alegría, la que aliviaba cualquier pena.

Carta de Cassandra Austen a su sobrina Fanny Knight

Winchester, domingo 20 de julio de 1817

No por anunciado un triste suceso deja de ser doloroso. Hacía semanas, meses, que la familia Austen presentía la pérdida que iban a sufrir. Jane, su querida Jane, la alegre, ocurrente, cariñosa e indomable Jane se estaba apagando. Y aunque todos se esforzaban por mantener la esperanza, o al menos una apariencia de algo que se le asemejara, la realidad se iba imponiendo de un modo evidente e implacable.

Toda la familia se volcó en atenciones hacia Jane, pero fue Cassandra, su hermana, amiga y confidente, la que asumió un papel principal en sus cuidados. No es difícil imaginar a Cass prodigando mil atenciones a la enferma, mientras esta se esforzaba por aparentar una mejoría que disminuyera la pena de su cuidadora.

Resultado de imagen de jane austen last will and testamentJane sabía que su final se acercaba. Nos lo demuestra el hecho de que decidiera redactar un sencillo testamento en el que le bastan unas pocas líneas para dejar constancia de sus últimas voluntades. Y también nos lo demuestra el hecho de que abandonara definitivamente la escritura. Al guardar Sanditon en un cajón, la autora se estaba rindiendo a la evidencia de que su salud no iba a mejorar.

Aunque, en sus últimas cartas, Jane da por supuesta una futura mejoría y trata de restar importancia a su situación, sus mismas palabras le traicionan y el lector capta el tono propio de una despedida. Al escribir a Anne Sharp, una institutriz que había trabajado en Godmersham, con la que Jane había coincidido durante sus estancias con la familia Knight, la enferma deja que su corazón se desahogue, mostrando su afecto y agradecimiento hacia los suyos.

Resultado de imagen de jane austen retrato¡Cómo hacer justicia a la amabilidad de toda mi familia durante esta enfermedad! ¡Está totalmente fuera de mi alcance! ¡Todos mis queridos hermanos tan afectuosos y afanosos! ¡Y en cuanto a mi hermana…! Me faltan las palabras cuando intento describir cómo me ha cuidado.

¡Tengo tantos motivos de alivio y consuelo por los que agradecer al Omnipotente! He permanecido siempre lúcida y apenas he sentido dolores; mi principal sufrimiento deriva de las fiebres nocturnas, de la debilidad y de la extenuación.

No te he mencionado a mi querida madre; sufrió mucho por mí cuando estuve tan mal, pero ahora está discretamente bien. También la señorita Martha Lloyd ha sido toda amabilidad.

En resumen, si llego a vieja, desearé haber muerto ahora, bendecida por la ternura de una familia como la mía, antes que sobrevivir a cada uno de ellos o a su afecto. 

Algo similar ocurre cuando unos días después escribe a su sobrino Edward desde Winchester, contándole algunos detalles del viaje que la llevó allí desde Chawton. El corazón afectuoso de Jane vuelve a desbordarse en una despedida que seguramente su joven sobrino nunca olvidó.

Que Dios te bendiga, mi querido Edward. Si alguna vez te pusieras enfermo, deseo que te asistan con tanta ternura como a mí, que tengas el mismo bendito consuelo de amigos solícitos y comprensivos, y puedas tener –como estoy segura de que tendrás- la bendición más grande de todas, en el conocimiento de no ser indigno de su amor. Yo no he podido sentirme así. 

La enfermedad siguió su curso y en la madrugada del 18 de julio Jane Austen falleció en brazos de su hermana Cassandra.

Resultado de imagen de fanny knightDos días después de esta señalada fecha, Cassandra escribió una larga carta a su sobrina Fanny, que nos traslada en el tiempo y en el espacio, hasta un apartamento de Winchester hace ahora doscientos años.

Sintió que se moría aproximadamente media hora antes de serenarse y de perder aparentemente la consciencia. En aquella media hora luchó su última batalla, ¡pobrecita! Decía que no podía expresar su sufrimiento, aunque no se lamentaba de un dolor específico. Cuando le pregunté si deseaba alguna cosa, su respuesta fue que no deseaba nada más que la muerte, y estas fueron algunas de sus palabras: “Dios, concédeme paciencia. ¡Reza por mí! ¡Oh, reza por mí!” Su voz estaba sofocada y poco a poco sus palabras se hicieron incomprensibles. (…)

Imagen relacionadaNo sabría decir cuánto tiempo pasó antes de ser golpeada de nuevo por la extenuación, seguida de aquel sufrimiento que no lograba describir, pero hice llamar al doctor Lyford, que le dio alguna medicina para aliviarla y, pasadas las siete, se hundió en un estado de quieta insensibilidad. Desde aquel instante hasta las cuatro y media, momento en que murió, apenas se movió, por lo que todos pensábamos, con gratitud al Omnipotente, que su sufrimiento había terminado. Un ligero movimiento de cabeza a cada respiración la acompañó hasta el fin. Yo permanecí sentada junto a ella con un almohadón sobre el regazo para sujetarle la cabeza durante seis horas. (….) Pude cerrarle los ojos yo misma, y para mí supuso un gran consuelo rendirle estos últimos servicios. En su expresión no había rastro de agitación ni de nada que pudiera dar idea de dolor. Al contrario, salvo por aquel continuo movimiento de cabeza, me parecía una bellísima estatua, e, incluso ahora en el ataúd, su semblante desprende tal halo de dulce serenidad en su rostro que es un placer contemplarla.

Hoy se cumplen doscientos años del fallecimiento de Jane Austen. Mucho se ha dicho de ella en este tiempo. Sus obras han sido leídas y disfrutadas por millones de lectores. Existen multitud de estudios sobre sus escritos. Su calidad literaria es incuestionable. Tampoco hay duda de su vigencia y repercusión mediática. El fenómeno austenita no conoce precedentes. ¿Qué escritor cuenta con un número tan amplio no solo de lectores, sino de seguidores aférrimos? ¿Qué autor ha logrado captar con tanta fuerza el interés de los medios? ¿De qué otra colección de obras existen tantas versiones cinematográficas o televisivas? ¿Quién ha logrado inspirar a tantos directores, escritores, guionistas…? Apenas pasa un año sin que aparezca una nueva versión, adaptación, mash-up, spin-off, secuela, precuela, etc…

Resultado de imagen de jane austen placesTambién hay multitud de elementos extraliterarios que iluminan el universo Austen: bailes, vestidos de regencia, viajes a los lugares relacionados con su vida y con sus obras, conciertos… Chawton, Bath, Lyme Regis, o Pemberley, Highbury, Mansfield, Northanger… Ciudades y casas, reales o ficticias, que evocan momentos de la vida de esta autora o de sus inolvidables personajes.

Pero, más allá de todo este entreverado de elementos más o menos literarios, más o menos fieles al original, resalta una figura que desafía el paso del tiempo con un arma inesperada: la sencillez.

Jane Austen fue una niña inteligente e inquieta, una adolescente fantasiosa y vital, una joven divertida y afectuosa, una mujer valiente y decidida. Lectora empedernida, observadora implacable, audaz en sus comentarios, que en ocasiones llegaban a ser crueles, devota de su familia, creyente y rezadora, firme en sus principios, con una frescura vital que teñía toda su existencia de un aire esperanzador.

Jane Austen conoció los sinsabores de la vida, pero no permitió que le amargaran la existencia. Supo ver más allá de las miserias de los hombres, de las injusticias de la sociedad y de las imperfecciones de este mundo. Fue una mujer sin demasiados medios, en un contexto que limitaba enormemente sus posibilidades. Pero no se resignó a una existencia condicionada.

Jane Austen fue mujer y escritora, y se mostró orgullosa de lo primero, de lo segundo y del conjunto. Llevó una existencia sencilla e imprimió este rasgo en todas sus novelas. Repasó sus escritos hasta la extenuación. Pulió sus obras con la dedicación de un artista minucioso, que elimina las rugosidades y perfila los contornos hasta lograr un resultado bello y armonioso.

No es fácil captar la grandeza de las obras de Austen. Por eso son tantos los que las ignoran o se quedan en un nivel muy superficial. Por eso aún no ocupan el lugar que les corresponde. Jane Austen no fue solo una escritora ingeniosa; sus libros no son tan solo historias bonitas con momentos románticos, bailes, preciosos vestidos, casas lujosas y personajes atractivos. Austen no fue una revolucionaria, no enarboló la bandera del feminismo, ni ninguna otra. Jane no fue una solterona, ni una mujer resignada o conformista…

Jane Austen fue una mujer que quiso ser escritora y se mantuvo fiel a su estilo hasta el final. Asumió las consecuencias de sus elecciones, disfrutó de la vida, quiso a su familia, saboreó los pequeños detalles y, por eso, fue capaz de afrontar la muerte con serenidad.

¿Qué nos habría aportado esta autora si hubiera vivido cuarenta años más? Nunca lo sabremos. No hay duda de que Jane se nos fue cuando aún le quedaban muchas historias que contar. Su ingenio no se había agotado, aún quedaba mucha magia en su pluma… ¿Pero para qué perder el tiempo en lamentos inútiles, cuando podemos disfrutar de lo que tenemos?

El legado de Jane es un tesoro para la literatura universal y el paso de los años hará que sus obras se valoren como se merecen. Aún queda mucho trabajo por delante, muchos estudios que profundicen en su arte, en sus dotes narrativas, en su originalidad, en su manejo del lenguaje y de sus recursos. Desde JASES seguiremos trabajando para que así sea y contribuiremos con nuestros humildes aportaciones.

Hoy se cumplen doscientos años de la muerte de Jane Austen. Ella fue para su hermana Cassandra un tesoro, el sol de su vida, una amiga especial e insustituible, fuente de consuelo y alegría. Nosotros no tuvimos la suerte de conocerla en persona, pero la encontramos en sus novelas, en sus personajes, en su humor irónico, en su visión del mundo.

Jane nos ha dejado un universo, su universo. Es el mejor regalo que nos podía hacer. Y por eso, desde estas líneas, queremos decirle una vez más: ¡Gracias, Jane!

Por Miguel Ángel Jordán

 

 

CUARTO (Y ÚLTIMO) RETO 200

Estamos en la recta final para la fecha clave de este año. El próximo martes, 18 de julio, se cumplirán 200 años del fallecimiento de Jane Austen, a la que tanto debemos sus lectores. Por esta razón, el último reto con el que queremos prepararnos para esa fecha es…

CUARTO RETO

Gracias, gracias, gracias y 200 veces gracias.

Resultado de imagen de gracias

Gracias, Jane por…

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TERCER RETO 200

Comienza una nueva semana, la primera del mes de julio y os proponemos un nuevo reto para conmemorar el bicentenario del fallecimiento de nuestra querida Jane Austen, que tendrá lugar el día 18 de este mes.

Hace dos semanas os invitamos a decirnos por qué os gustaban las obras de Austen. La semana pasada os pedimos que nos dijeseis qué lecciones habéis extraído de sus escritos. Y esta…

¡Correcto! Va de personajes. Así que el reto 200 de esta semana es…

Reto 3: 200 personajes. Dinos cuál es tu personaje o personajes favoritos de las novelas de Jane Austen y por qué.

No hace falta que sea una protagonista, aunque puede serlo. Cada uno tiene su punto de vista, por eso es tan interesante saber qué opinan los otros lectores, por qué unos adoran a alguien que otros no aguantan, quiénes os parecen más acertados y quiénes creéis que son prescindibles…

¿Cuál es tu equipo ideal? 😉

Déjanos tu comentario en el blog o en las redes sociales.

¡Mil gracias!

Un saludo

AGONÍA Y ESPERANZA

I can listen no longer in silence. I must speak to you by such means as are within my reach. You pierce my soul. I am half agony, half hope. Tell me not that I am too late, that such precious feelings are gone for ever. I offer myself to you again with a heart even more your own than when you almost broke it, eight years and a half ago…

La famosa carta del Capitán Wentworth contiene una frase en la que se detecta una marca del estilo de Jane Austen. Claridad y concisión. Palabras, las justas: half agony, half hope. Mitad agonía, mitad esperanza.

Agonía y Esperanza. Así se autorretrata el capitán Wentworth y así ha titulado Fernando García Pañeda, socio de JASES, su más reciente publicación. Un título que no esconde el origen de esas páginas y que es también un buen anticipo de lo que encontraremos en ellas.

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Como estamos en familia, os diré TODA la verdad. Me resisto a leer las secuelas, precuelas y versiones de las obras de Jane Austen. Me basta y me sobra con los relatos originales de mi autora favorita y no “me atrevo” a leer trabajos relacionados, en los que unas manos que no son las suyas dan vida a sus personajes. Y como me resisto, pues el hecho es que hasta hace poco no había leído ninguna de esas versiones.

Cuando supe de la publicación de esta obra, la compré por tratarse del trabajo de un socio de JASES, que además se muestra muy activo a la hora de colaborar con nosotros. Es decir, compré la obra por el autor, no porque me atrajera. Y, claro, si te compras un libro es para leerlo, ¿no? Así que, cuando terminé el libro que tenía entre manos, comencé con Agonía y Esperanza, con ciertos miedos y prejuicios.

No voy a extenderme para no aburriros y porque yo creo que con los libros lo primero que hay que hacer es leerlos y luego hablar de ellos. Tan solo os diré que me ha encantado la novela. Se nota que es la obra de un austenita que valora y respeta el trabajo de Austen. La historia de Agonía y Esperanza sigue el camino de Persuasión, pero cambia el enfoque. Esta vez se nos muestra lo ocurrido desde los ojos, el cerebro y el corazón de Frederick. Los hitos principales están ahí, igual que los distintos personajes y conflictos del argumento original. Cambia la ambientación, tanto por la época como por la ciudad elegida. Y cambia lo que tiene que cambiar cuando cuentas una historia doscientos años después.

Fernando se ha basado en la novela de Jane Austen, pero la ha escrito con su propia voz, a su manera, siguiendo su estilo, sin pretender emular el de Austen. Y eso para mí es un gran acierto, porque si algo he aprendido de mi querida Jane es que cada uno debe ser fiel a su estilo. Y, además, no creo que haya muchas personas capaces de imitar el estilo de Jane Austen durante toda una novela. Quizá si en la letra, pero casi seguro que no en el alma.

Resumiendo. Desde aquí quiero dar mi enhorabuena a Fernando por este gran trabajo. Ha conseguido introducirme en ese entramado humano veneciano en el que me he sentido como en casa.

Por Miguel Ángel Jordán

 

RETO 200

Que doscientos años no es nada… Y a la vez es tanto. El tiempo nos pone a cada uno en nuestro lugar, muestra la realidad de nuestro trabajo, de nuestra actitud, de nuestra valía como personas. El tiempo es también uno de los elementos de mayor importancia en un análisis. El paso de los años borra lo superfluo y afianza lo esencial. Cuántas cosas que parecían importantes se quedan en nada. Cuántos grandes éxitos se olvidan. Cuántas personas “populares” desaparecen sin el menor rastro.

El tiempo es la piedra de toque de del trabajo bien hecho. Una construcción que resiste el paso de los siglos es una prueba en sí misma de la solidez de sus fundamentos. Una idea que sigue vigente cientos años después de su primer brillo muestra la fuerza de su luz. Unas novelas que continúan cautivando a los lectores más de doscientos años después de su publicación no necesitan que nadie las alabe. Aunque no nos cansemos de hacerlo, porque necesitamos manifestar nuestra admiración.

Resultado de imagen de 200 jane austenDentro de un mes conmemoraremos el bicentenario del fallecimiento de Jane Austen y desde JASES queremos prepararnos para esa fecha destacando algunos aspectos de las obras de nuestra autora favorita y de su influencia en los lectores. Y para ello, queremos contar con la colaboración de todos los que seguís nuestras publicaciones en alguna de las distintas plataformas digitales. ¿Cómo? De una manera muy sencilla y que no os va a robar casi nada de tiempo.

Cada semana lanzaremos una cuestión para que aportéis vuestros comentarios. Podéis hacerlo aquí, en Facebook, en Twitter o en Instagram… O en todos los sitios 😉 El reto que nos planteamos es lograr al menos 200 aportaciones. De ese modo mostraremos a todos los que nos rodean la actualidad de las obras de Jane Austen y su fuerza. Que el mundo sepa que hay una autora que no tiene nada que envidiarle a famosos escritores como Cervantes, Shakespeare, Tolstoi, etc. Es más, sin miedo a exagerar, podemos decir que las obras de Jane Austen están al mismo nivel literario de esos grandes genios, y a uno muy superior en cuanto a su repercusión social. ¿Hace falta que lo demostremos? No, ¿verdad? 😉

Pero, volviendo a los retos 200. Vamos a por el primero. Lo hemos titulado “Por 200 razones”. O si preferís en inglés… 200 reasons why. Y es tan simple como que cada uno escriba una de las razones por las que le gustan las novelas de Jane Austen. No pasa nada si se repiten. Aunque la razón sea la misma, cada persona es única.

Así que… ¿Por qué te gusta Jane Austen?

Queremos 200 razones. ¿Nos ayudas? 🙂