A PROPÓSITO DE EMMA

“I am going to take a heroine whom no one but myself will much like”

Resultado de imagen de EMMA BOOKAsí definió Jane Austen a Emma Woodhouse, o al menos eso es lo que reflejó su sobrino James Austen-Leigh en su Memoir.
Una heroína que no le va a gustar a nadie, excepto a mí. Nadie conoce mejor a los personajes de Austen que ella misma. Esta genial escritora dedicaba mucho tiempo a componer sus obras y, en especial, a imaginar a cada uno de sus protagonistas. Nada ocurre porque sí, nadie es como es por casualidad. Para todos encontramos una justificación de su comportamiento. Y si eso ocurre hasta con algunos secundarios irrelevantes, no es difícil imaginar el cuidado que pondría al crear a sus heroínas.

“Emma Woodhouse, guapa, inteligente y rica”. Así se nos muestra al comenzar el libro. Quién nos iba a decir que doscientos años más tarde encontraríamos ecos austenianos en las declaraciones de un futbolista se autodescribió como “rico, guapo y un gran jugador” 😉 .

Resultado de imagen de cristiano ronaldo guapo rico y buen jugador

Resultado de imagen de EMMA WOODHOUSEGuapa, inteligente y rica, con todas las comodidades a su alcance y las continuas alabanzas de todos los que la rodean… Bueno, de casi todos. ¿Cómo definiríamos a una chica que se ha criado en ese entorno? Mimada, consentida… Así es Emma, una joven mimada y consentida a la que nunca le ha faltado no ya lo necesario, sino hasta el más mínimo capricho. Cuenta con muchos dones naturales, todos los materiales y el continuo reconocimiento de un padre egoísta y adulador. ¿Acaso es extraño que se sienta superior a los demás?

Imagen relacionadaUna niña mimada, sabelotodo, envidiosa y manipuladora. No soporta que alaben a Jane Fairfax en su presencia y juega con su “amiga” Harriet como si fuera una de sus muñecas, cambiándole el pretendiente como si le mudara el vestido. Una snob que no quiere juntarse con los que están por debajo de su nivel social. Una joven cruel que critica sin piedad a los que le resultan molestos.

¿Acaso es extraño que Jane Austen pensara que esta heroína no le iba a gustar a nadie? ¿Y por qué le gustaba a ella? Y, más extraño aún, ¿cómo es posible que nos guste a tantos? Personalmente, reconozco que Emma es junto con Elizabeth Bennet mi protagonista favorita de las novelas de Austen. Y, en algunos aspectos, está por encima de las mismísima Lizzy. ¿Por qué? Muy sencillo, porque es encantadora.

Resultado de imagen de EMMA WOODHOUSEEmma es esa persona con la que uno no puede estar enfadado por mucho tiempo a pesar de su tozudez y sus equivocaciones. La niña que todo padre consentiría y que conseguiría su perdón tras la mayor trastada con solo una sonrisa. Una joven capaz de doblegar el corazón del mismísimo Mr. Knightley, encarnación del hombre recto, juicioso y honrado. Un rayo de luz, un soplo de aire fresco, una sonrisa irresistible.

Emma tiene defectos, de eso no hay duda, pero también tiene virtudes. Su bondad natural consigue abrirse camino a través de los obstáculos que le ponen su situación y su entorno.

Imagen relacionadaEmma es una hija devota, que no escatima atenciones hacia su padre, por muy cargante y posesivo que este pueda ser. Incluso está dispuesta a retrasar su boda para evitarle un disgusto a Mr. Woodhouse. Los errores de Emma son infinitos y en ocasiones graves. Pero es capaz de rectificar cuando alguien se los muestra. Sus equivocaciones suelen producirse mientras ella busca el bien, el problema es que lo hace a su manera, confundida por la visión del mundo que le han transmitido sus educadores. No hay maldad en Emma, ni intenciones ocultas, ni fines egoístas. Tan solo inconsciencia e inmadurez.

Sabemos que Jane Austen no soportaba los “retratos de perfección”. Las personas reales tenemos defectos. Y esas limitaciones, bien llevadas, no solo no nos alejan de los demás, sino que nos hacen asequibles y pueden aumentar nuestro atractivo.
Imagen relacionadaA lo largo de toda la novela, el narrador nos muestra los errores de Emma. El lector va siempre un paso por delante de la joven y ve venir sus equivocaciones. La vemos vulnerable y, por lo tanto, cercana, asequible, real. No es alguien distante a quien solo podemos admirar. Es una joven tan indefensa ante sí misma que nos sentimos inclinados a protegerla y a comprenderla. Así se siente Mr. Knightley, que comienza guiándola y termina perdiendo el norte por ella. Los encantos de Emma están muy por encima de sus defectos. Su bondad de corazón, su alegría innata, su mente despierta y sus muchas otras virtudes la convierten en la heroína perfecta para una historia que transmite luz en cada una de sus páginas.

Por Miguel Ángel Jordán

RASGOS AUTOBIOGRÁFICOS EN LAS NOVELAS DE JANE AUSTEN

Al leer con atención las novelas de Jane Austen encontramos algunos pasajes y situaciones que guardan una semejanza llamativa con algún momento de su vida. Es posible que en muchos casos no se trate de algo que responda a la voluntariedad de la autora, sino un recurso inconsciente de Austen, que vierte en sus trabajos su propia experiencia.

En los siguientes párrafos, ofreceremos un amplio elenco de ejemplos en los que hallamos este paralelismo, y explicaremos el contexto u ofreceremos citas que justifiquen nuestra opinión.

La vida de Jane Austen transcurrió casi siempre en el ámbito familiar, por lo que no es extraño que se inspirase en acontecimientos ocurridos en ese entorno para escribir sus novelas. Veamos algunos casos concretos.
Resultado de imagen de thomas knight austenEn el primero participó Thomas Knight, que, junto a su esposa, visitó a la familia de su primo, el Reverendo George Austen –padre de la escritora-. El matrimonio quedó tan gratamente sorprendido con Edward, que entonces tenía unos doce años, que el muchacho les acompañó en las siguientes etapas de su viaje. Al no tener descendencia, los Knight se ofrecieron a adoptar a Edward y procurarle todas las ventajas de su buena posición. Los Austen aceptaron y el joven abandonó el hogar familiar para vivir con sus nuevos protectores. Con el tiempo, Edward adquirió el apellido de los Knight y muchas de sus posesiones. Disfrutó de una buena situación, y pudo ayudar a su madre y hermanas a la muerte de su padre.

Aunque esta adopción supuso grandes ventajas para el muchacho y fue aceptada por su familia, no es descabellado imaginar que la separación debió de resultar dolorosa para todos los afectados. ¿Cuáles fueron los sentimientos de Jane Austen ante este hecho? No se conservan testimonios escritos de esa época, pero podemos escuchar la opinión de Mrs. John Knightley, la hermana de Emma, al hablar de Frank Churchill, que vivió una situación similar.

Resultado de imagen de isabella woodhouse“I have no doubt of his being a most amiable young man. But how sad it is that he should not live at home with his father! There is something so shocking in a child”s being taken away from his parents and natural home! I never could comprehend how Mr. Weston could part with him. To give up one”s child! I really never could think well of any body who proposed such a thing to any body else.” (E: 86)

¿Es esta la opinión de Jane Austen? Tendríamos que preguntárselo a ella para poder asegurarlo, pero no deja de ser un punto de vista muy definido sobre un hecho semejante. La adopción de Edward tuvo lugar en 1783, cuando Jane tenía ocho años. Así que, aunque todavía muy joven, fue plenamente consciente de lo ocurrido y no hay duda de que fue una experiencia que no olvidó.

Resultado de imagen de henry austenJane Austen mantuvo una relación muy afectuosa con sus hermanos a lo largo de su vida. Aunque se llevara muy bien con todos, adivinamos una especial predilección por Cassandra, que por ser la otra chica se convirtió en su confidente, cómplice y objeto de su extensa correspondencia. Y también se puede detectar una relación especialmente fluida con su hermano Henry, de carácter abierto y divertido, y que fue uno de sus grandes valedores a la hora de publicar sus novelas.

No sabemos si es casualidad o no el hecho de que el nombre de Henry aparezca en varias obras de Austen (Henry Tilney, Henry Crawford). Se trata de un nombre muy común en aquella época, pero que para ella adquirió un significado especial al vincularlo a la forma de ser de su hermano, como se puede ver en el siguiente extracto de una de sus cartas.

“Henry at White’s! Oh, what a Henry! I do not know what to wish as to Miss B., so I will hold my tongue and my wishes.” (Letters: 276)

“What a Henry!”. Una expresión cargada de sentido y afecto, de la que nos parece escuchar un eco en Northanger Abbey, cuando la afligida Catherine Morland le dice a Henry Tilney que, si John Thorpe le hubiera hecho caso y hubiera detenido el coche, ella habría saltado para ir a pasear con él.

Is there a Henry in the world who could be insensible to such a declaration? Henry Tilney at least was not. (NA: 58)

Aunque tanto Jane como Cassandra pasaron algunas épocas en internados, primero en Southampton y después en Reading, se trató de periodos muy breves que no les dejaron demasiada huella. La mayor parte de su educación la recibieron en el hogar y, especialmente, a través de la lectura. El Reverendo George Austen poseía una biblioteca muy amplia, para lo que era común entonces, y sus hijas tenían acceso total a sus volúmenes. Además, sabemos también que, como era habitual, recibieron clases de piano y practicaron durante toda su vida.

Resultado de imagen de lady catherineCuando Lady Catherine de Bourgh interroga a Elizabeth Bennet sobre su educación y los medios que se emplearon en ella, Lizzy responde del mismo modo que hubiera podido hacerlo la misma Austen.

“Then, who taught you? who attended to you? Without a governess, you must have been neglected.”

“Compared with some families, I believe we were; but such of us as wished to learn never wanted the means. We were always encouraged to read, and had all the masters that were necessary. Those who chose to be idle, certainly might.” (P&P: 145)

Imagen relacionadaYa hemos hablado de Edward, Henry y Cassandra, pero no del resto de los hermanos. James, el primogénito, fue clérigo –al igual que más tarde Henry, que antes había desempañado otros oficios-. George, el segundo, nació con una enfermedad psíquica y no vivió en el hogar familiar, sino con un matrimonio que se encargó de sus cuidados. Y quedan Frank y Charles, que fueron marinos. La profesión de estos dos hermanos tuvo una incidencia clara en las obras que estamos estudiando.

Resultado de imagen de captain benwickThe other important thing to say is that the sailor brothers were the members of the family who contributed most, directly and indirectly, to the novels. Their lives and experiences provided Jane Austen with the basis for her naval characters and the sailor brothers played an important part in the writing of Mansfield Park and Persuasion, the two naval novels. (…) James Edward Austen-Leigh (…) noted her “partiality for the Navy” and “the readiness and accuracy with which she wrote about it”. We have much to thank the sailor brothers for. (Southam: 34)

A continuación ofrecemos una cita de Persuasion en la que se transmite una visión muy positiva de la marina

Resultado de imagen de william price mansfield parkLouisa, by whom she found herself walking, burst forth into raptures of admiration and delight on the character of the navy; their friendliness, their brotherliness, their openness, their uprightness; protesting that she was convinced of sailors having more worth and warmth than any other set of men in England; that they only knew how to live, and they only deserved to be respected and loved. (P: 145)

Ciertamente, se puede apreciar esta “parcialidad por la marina” a la que se refería su sobrino más arriba y que parece fundada, al menos en parte, en su cariño fraternal.

Con el paso del tiempo, el círculo familiar se fue ampliando y, además de su madre y hermanos, incluyó a un buen grupo de sobrinos. En sus cartas, apreciamos un tono muy afectuoso al hablar de ellos, y se conservan testimonios que atestiguan que Jane era la favorita de los más pequeños. Y no solo con los niños de la familia, sino también con algunos ajenos a ese ámbito. En el siguiente extracto de una de sus cartas, escuchamos a la autora hablar sobre la visita de una pequeña, su comportamiento y las reflexiones que esto le inspira.

Resultado de imagen de jane austen kids gamesThe morning was so wet that I was afraid we should not be able to see our little visitor, but Frank, who alone could go to church, called for her after service, and she is now talking away at my side and examining the treasures of my writing-desk drawers – very happy, I believe. Not at all shy, of course. Her name is Catherine, and her sister”s Caroline. She is something like her brother, and as short for her age, but not so well-looking. (…)

Our little visitor has just left us, and left us highly pleased with her; she is a nice, natural, open-hearted, affectionate girl, with all the ready civility which one sees in the best children in the present day; so unlike anything that I was myself at her age, that I am often all astonishment and shame. (Letters: 125)

Resultado de imagen de jane austen kids gamesAunque la misma Austen afirmará que los personajes infantiles tienen poco interés, y por eso las apariciones en sus obras son tan escasas, las contadas veces en las que se les muestra son muy acertadas –a la vez que irónicas al hablar de la actitud de los mayores con ellos.

On the stairs were a troop of little boys and girls, whose eagerness for their cousin”s appearance would not allow them to wait in the drawing-room, and whose shyness, as they had not seen her for a twelvemonth, prevented their coming lower. (P&P: 134)

Seguimos dentro del entorno familiar y, concretamente, hablaremos ahora de una afición que unió a los hermanos en más de una ocasión, el teatro…

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Por Miguel Ángel Jordán

QUERIDA ANNE

Mi querida Anne:

El tiempo para el autoengaño ha pasado para ti: terminó con el rechazo de aquella propuesta, ocho años atrás. Desde entonces te has vuelto consciente de ti misma, plenamente consciente de tus propias cualidades y faltas. A diferencia de todos quienes te rodean, sabes quién eres, cabal y puntualmente.

Demasiado madura y demasiado sabia para desempeñar un papel en lo que lo que podría ser una comedia, tu historia dista mucho de serlo. A diferencia de lo que ocurrió con tus amigas Catherine, Lizzy o Emma, no ha podido pasar sobre ti la famosa ironía de tu creadora, de tu alter ego Jane. Sí, así la llamo, porque ella era como tú, una persona que sólo puede ser tomada en serio y en cuyos razonamientos se puede confiar; una observadora pasiva, cuyo papel es escuchar y entender, que sufre de soledad intelectual.

Por eso hay muchos que no saben verte, que sólo te miran de reojo, como lo hace tu propia familia, y se quedan con la idea de ser una mujer apocada, que se deja persuadir y no es capaz de rebelarse y hacer valer sus sentimientos. Pero no ven que tu función como espectadora y oyente no es estrictamente pasiva; también te concede poder. Para ti la mirada es un medio de comunicación y de análisis más eficaz que las palabras; a través de tu mirada aprendemos a juzgar a otros personajes, porque previamente tú las has juzgado, y lo haces correctamente, nunca fallas en tu juicio. Fuiste la única que adivinó la posibilidad de que el capitán Benwick pudiera enamorarse de nuevo, y la menos sorprendida con su compromiso con Louise. Sólo tú te diste cuenta que algo no encajaba en la fría impecabilidad de Mr. Elliot. Incluso fuiste siempre certera en tus especulaciones acerca de los sentimientos de Wentworth en cada momento.

Silenciosa, reflexiva, constante… todas tus cualidades te llevan a ser un verdadero modelo de circunspección, pero no por ello dejan de brillar con intensidad tus emociones. Tu carácter emocional, del que no puedes escapar, es lo más atrayente de ti. Quizá esperabas haber superado la edad del rubor, pero la edad de la emoción no lo ha hecho. Sientes mucho más de lo tolerable y no siempre eres capaz de ocultarlo. Tus emociones son tan fuertes que afectan a tu cuerpo y también a tu comportamiento, hasta el punto de parecer que saltas de una crisis emocional a la siguiente.

Es encantador observar tus mejillas encendidas cada vez que tu interior se agita, cada vez que piensas en él, cuando te asaltan ciertos recuerdos, al saber que seguía libre e incluso cercano. Por ejemplo, cuando te liberó del acoso de tu insufrible sobrinito, te sentiste tan abrumada que no pudiste siquiera hablar por un tiempo y sentiste la necesidad de salir de la habitación para recuperar el equilibrio. O cuando leíste aquella carta en la que confesó sin reservas el amor que siente por ti; te atravesó una felicidad tan abrumadora que fuiste capaz de fingir que estabas indispuesta para ocultar tus emociones a los demás. Pero tu emoción era tan intensa y era tan fácil de creer esa excusa, que «todos pudieron comprobar que estaba muy enferma».

Y es que todos tus cambios en el interior tienen efectos en tu apariencia exterior. La mente, el corazón y el cuerpo están tan estrechamente entremezclados en ti que es casi imposible separarlos. Todo lo que atraviesa tu interior sale al exterior de manera evidente; para quien te sabe ver, tu cuerpo refleja tu estado y tu evolución de manera puntual. Si al principio de su relato Jane te describió con frescura marchita, demasiado delgada y consumida, con el paso de los días, y tu espíritu expandiéndose poco a poco; «tus bonitos y armoniosos rasgos habían recuperado el esplendor y la frescura de la juventud, merced a la brisa que había iluminado tu tez y otorgado vivacidad a tu mirada». Incluso tu voz refleja el desarrollo de tu ánimo, que se transforma pasando de ser una persona silenciosa y evanescente de veintisiete años a una mujer joven mucho más segura de sí misma.

Mi querida Anne, me gustas porque amas profunda, desesperadamente, sin mucha oportunidad para realizar plenamente tu amor verdadero, pero, a pesar de ello, manteniendo la suavidad de tu corazón y la bondad de tu mente.

Siempre, sinceramente tuyo,

 

F.

Por Fernando García Pañeda

JANE AUSTEN Y LOS CLÉRIGOS

En esta entrada vamos a comentar brevemente la visión que se transmite en las novelas de Jane Austen sobre los clérigos y, también, la que pensamos que fue su opinión al respecto.

En el contexto sociocultural en el que vivió Austen, las “salidas profesionales” para un joven de buena posición, pero sin demasiados medios económicos, eran bastante escasas: el derecho, el ejército, la marina o la Iglesia. Es decir, la clerecía era vista como un oficio más, no necesariamente como una vocación.

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En las novelas de JA, encontramos dos perspectivas de la labor propia de un clérigo claramente diferenciadas. Una visión profesional y de relaciones sociales, como la de Mr. Collins, al que vemos siempre muy preocupado por mantener sus buenas relaciones con Lady Catherine y con aquellos que puedan contribuir a su propio bienestar. Y otra visión mucho más pastoral, en la que el párroco deberá cuidar de sus feligreses, y por lo tanto, tendrá que convivir con ellos a fin de conocer sus necesidades y resultar asequible, aunque esto vaya en detrimento de su comodidad; como explica Lord Bertram al hablar del futuro deResultado de imagen de edmund bertram su hijo Edmund.

Entonces… ¿Cuál fue la visión de Jane Austen respecto a los clérigos? Antes de contestar a esta pregunta veamos algunas actitudes de sus personajes.

A pesar de que los clérigos tuvieran acceso a las clases sociales más altas, dependiendo del lugar en el que desempeñaran su ministerio, su situación no siempre era valorada de un modo positivo. En ocasiones podía deberse al escaso atractivo de las tareas religiosas para unas jóvenes más pendientes de los uniformes que de las vestes sacerdotales, como serían Kitty y Lydia:

Kitty and Lydia were far from envying Miss Lucas, for Mr. Collins was only a clergyman (P&P)

En otras, a la escasa influencia social o a las limitaciones económicas de dichos cargos:

Resultado de imagen de robert ferrarsHe (Robert Ferrars) laughed most immoderately. The idea of Edward’s being a clergyman, and living in a small parsonage-house, diverted him beyond measure;–and when to that was added the fanciful imagery of Edward reading prayers in a white surplice, and publishing the banns of marriage between John Smith and Mary Brown, he could conceive nothing more ridiculous. (S&S)

También hallamos críticas respecto a su estilo de vida. Se les acusa de ser perezosos, glotones, egoístas, etc.

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“Oh! no doubt he is very sincere in preferring an income ready made, to the trouble of working for one; and has the best intentions of doing nothing all the rest of his days but eat, drink, and grow fat.” (MP)

Pero, frente a crítica de Mary Crawford, encontramos enseguida la defensa de Edmund, que aunque admite que se den casos así, sostiene que son una triste excepción a la regla general:

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“There are such clergymen, no doubt, but I think they are not so common as to justify Miss Crawford in esteeming it their general character. I suspect that in this comprehensive and (may I say) commonplace censure, you are not judging from yourself, but from prejudiced persons, whose opinions you have been in the habit of hearing.” (MP)

Más adelante, cuando Mary Crawford afirma que “un clérigo no es nada”, Edmund le responde destacando la grandeza y responsabilidad de su misión. Si el clérigo en cuestión no está a la altura de las circunstancias habrá que achacar las consecuencias al hombre, no al ministerio:

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“But I cannot call that situation nothing which has the charge of all that is of the first importance to mankind, individually or collectively considered, temporally and eternally, which has the guardianship of religion and morals, and consequently of the manners which result from their influence. No one here can call the office nothing. If the man who holds it is so, it is by the neglect of his duty, by foregoing its just importance, and stepping out of his place to appear what he ought not to appear.” (MP)

Resultado de imagen de george austenJane Austen fue hija y hermana de clérigos. Sabemos por sus escritos que mantuvo la práctica religiosa durante toda su vida, y, a pesar de la mordacidad de algunas de sus afirmaciones, no hay duda de su respeto por el estado sacerdotal y la firmeza de sus creencias. ¿Cómo justificar entonces sus retratos de clérigos malvados o tontos? ¿Qué pueden aportar Mr. Collins, Mr. Elton, o el Dr. Grant a la imagen del ministro sagrado? ¿No propiciarán estos personajes paródicos o incluso repulsivos en ocasiones una percepción negativa de los pastores de la Iglesia?

Precisamente son sus convicciones religiosas y su respeto por las órdenes sagradas lo que le lleva a denunciar y criticar con fuerza los excesos y malas costumbres de aquellos que no están a la altura de su cargo. Jane Austen no critica a la Iglesia, sino las malas prácticas y negligencia de algunos de sus miembros, que en vez de seguir sus enseñanzas, se benefician de una posición que desacreditan con sus malas costumbres.

Resultado de imagen de mr. tilneyFrente a los ejemplos recientemente señalados, cabría posicionar a otros personajes pertenecientes al estado clerical, que transmiten una imagen más amable, como podrían ser Henry Tilney, Edward Ferrars, Mr. Morland y su hijo James, o, el varias veces citado, Edmund Bertram.

 

Por Miguel Ángel Jordán

EL SENTIMIENTO TRÁGICO DE LA VIDA EN LAS OBRAS DE JANE AUSTEN

Es habitual, si no obligado, e incluso un lugar común hacer referencia a la ironía aguda, cuando no un punto de vista netamente humorístico, que imprimía Jane Austen en sus novelas, especialmente en el tratamiento de personajes secundarios y en situaciones relacionadas con éstos. Pero lo que en absoluto resulta habitual es encontrar comentarios relacionados con lo que, en términos unamunianos, se viene en llamar el sentimiento trágico de la vida. Un sentimiento trágico ligado directamente a ese más conocido sentido cómico. Precisamente, como el mismo don Miguel afirmó:

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«Austen tuvo un cierto sentimiento de la tragedia, un sentimiento tan suave, tan resignado, tan tristemente apacible, que se convirtió en sentimiento de la comedia. Porque lo cómico no es sino otra cara más, y a las veces no la menos triste, de lo trágico».([1])

Quizá en una primera lectura de ciertas novelas de Austen, con excepción de Sense and sensibility, Persuasion y Mansfield Park, no se perciba con nitidez ese lado tragicómico de esos pequeños mundos que recreaba, velados sin duda por el sentido irónico, los detalles preciosistas o la propia trama de las novelas. Pero basta una cuidada relectura para levantar ese velo y dejar al descubierto ese lado menos luminoso, rabiosamente humano, en el que se mueven muchos de sus personajes, principales y secundarios. Un carácter tragicómico que se mueve entre el sentido shakespeariano (tan cultivado por la propia Jane y algunos de sus personajes más representativos) y el quijotesco. Entre la tragedia de una vida de monótona insistencia en las carencias económicas y emocionales, y entre la comedia provocada por la pequeñez mental y la insensibilidad.

No escasean las situaciones en que los personajes austenianos han de afrontar esos sentidos trágicos de la existencia en medio de encrucijadas vitales, bien mezclados con una dosis de humorismo, o bien sin anestesia previa. Encrucijadas no de corte épico, por supuesto, ni siquiera de dramatismo clásico, sino las pequeñas y anónimas angustias existenciales domésticas que se producen en la intrahistoria de los pueblos y la marea del tiempo se traga por millones.

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Por Fernando García Pañeda