Hemos ido a ver Orgullo + Prejuicio + Zombies para que no tengas que ir tú (o te convenzas de ir)

Lo sabemos. Lo llevas pensando desde hace un tiempo. ¿Deberías ir a ver Orgullo + Prejuicio + Zombies? Te gusta Jane Austen, te gusta Elizabeth Bennet, te gustan las películas de época, puede que incluso te gusten los zombies. Pero, ¿Cómo mirarás luego a tus profesores de literatura a la cara? ¿Con qué cara dirás luego a tus compañeros de trabajo, cuando te pregunten qué hiciste el fin de semana, que te fuiste a ver una película de zombies mezclada con Jane Austen? Bueno, como presidenta de JASES me he sentido en la obligación de ir en avanzadilla y ver la dichosa película, para que los que queréis verla, no os sintáis tan mal por ir, y los que no queréis, tal vez os convenzáis de ir, u os reafirméis en vuestra decisión.

La trama, por supuesto, no es mala. Ya lo sabéis, me diréis, es Orgullo y Prejuicio. Sí que lo es, pero hay algo más. La película no cumplió dos grandes temores que me acechaban: Uno, no es una película que aprovecha el clásico gótico inglés que, aunque más victoriano que de Regencia, suele dar tanto resultado en las películas de Hollywood combinado con flotantes vestidos y neblinosos bosques. No se regodean demasiado en el misterio de la luz de las velas, ni los zombies son de esa estética burtoniana que combina putrefacción con belleza. Dos, tampoco es una película punk de las que añaden música rock a la estética del siglo XVIII, en la que los personajes saltan a ser otro totalmente distinto que deja de bailar para luchar como un protagonista tarantinesco, sin ninguna explicación lógica del origen de sus habilidades en el cuerpo a cuerpo.

Tratando de mantener el carácter inglés con caricaturas propias de un periódico de la época, nos explican al principio que los zombies son una plaga que proviene de más allá del mar, que se culpa a los franceses (y éstos a los ingleses por supuesto) y que las clases altas aprenden a defenderse a través de técnicas asiáticas. Que el exotismo se ponga de moda en Inglaterra no es ninguna sorpresa, y así se introducen las razones de que Elizabeth Bennet sea tan fantástica matando zombies. Y así, tenemos un Darcy con katana, una Lizzie de artes marciales, y los angelicales Jane y Bingley que son más de pistola.

Mientras que las dos tramas –los no-muertos y la búsqueda de marido– se las arreglan más o menos para encajar respetando la época histórica y el carácter de los personajes, éstos últimos no sobreviven todo lo bien que deberían al apocalipsis zombie. La altanería de Darcy pasa bastante desapercibida por culpa de que no parece una época para frivolidades, y él es un coronel consagrado a la seguridad de la población. El actor, Sam Riley, queda bastante lejos del Darcy alto, apuesto e imponente, misterioso incluso, que se espera de él. Bingley y Jane, tratados en pareja pues son igual el uno al otro, sirven de bonito complemento a la pareja principal, agradables a la vista pero de poco diálogo. Douglas Booth es sin duda tremendamente apuesto, pero gracias a su escaso personaje sus dotes de interpretación, que no destacan de todas formas, pasan desapercibidas; mientras que su compañera Bella Heathcote ofrece una buena interpretación pero poco papel con el que lucirse si no es mostrando sus grandes ojos azules. La Elizabeth Bennet de Lily James es correcta, lo cual no es ninguna sorpresa: es un personaje que soporta cualquier universo en el que la mujer tenga que salirse del papel que la tradición le asignó. No llama la atención, pues el guión no plantea ningún reto, pero la actriz se desenvuelve muy bien.

Sin mucho ingenio, para los personajes recurren a la estética habitual: Darcy siempre se viste de negro; Bingley de colores más claros; Elizabeth, de cabello castaño, escogerá colores terrosos y más oscuros; Jane, rubia, opta por el blanco y los crema; Lydia y Kitty los colores pastel y Mary, de negro o gris.

En cuanto a personajes secundarios, encontramos a una poco lucida Lena Headey en su característico papel de mujer poderosa e intimidante. Lady Catherine de Bourgh recibe una equivocada interpretación; es un personaje que en caso de zombies probablemente se escondería en su mansión sin importarle nada más. Pero toda su ridiculez desaparece para convertirla en una especie de héroe de novela gráfica con poco protagonismo en proporción a sus minutos en pantalla. Por su parte, Matt Smith en el papel de Mr. Collins está divertido; una nueva interpretación del sacerdote que no es ni el seguro y pomposo Collins de 1995 ni el tímido e incómodo de 2005, sino un torpe y desgarbado primo que resulta bastante cómico, aunque de nuevo, brilla poco. Wickham y Lydia no tienen nada que merezca la pena mencionar; el personaje de ella está descuidado, dado por sentado, y Jack Huston parece que hace lo que puede pero carece de la labia y el atractivo (no físico) del personaje.

La poca atención a los personajes se debe a que el protagonismo de los zombies y su trama obligan a recortar numerosas escenas originales que es una auténtica lástima perder. Elizabeth no pasa por Pemberley; Jane jamás va a Londres; la fantástica escena de la proposición de Collins a Lizzie queda en nada, mientras que se decide alargar la primera proposición de Darcy a Lizzie a una poco elegante, aunque divertida pelea en la que Elizabeth está bastante fuera de personaje. Hollywood es Hollywood, pero le da a la película ritmo y velocidad, que es al fin y al cabo lo que pide el género de acción.

Dicho todo esto, es una película entretenida, divertida incluso. El público austenita se deleitará viendo cómo son Netherfield o Pemberley; encontrándose con el fantástico (y con muchos menos minutos de los que merece) Señor Bennet, interpretado por Charles Dance, que es incapaz de hacer un mal papel; o apreciando que se haya mantenido la englishness de la novela, y no se hayan dejado por el camino las frases originales más icónicas. Aunque con la sensación de ser una cierta impureza, una cita de Northanger Abbey y otra de Emma se cuelan como homenaje y no se puede evitar cierta sonrisa al escucharlos… Se aprecia cierto cariño por la autora y por esta obra que es, al fin y al cabo, una de las más importantes y leídas de la literatura universal. La película no se ríe de Jane, se ríe con ella, y no pasa absolutamente nada si nosotros hacemos lo mismo.

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