¿Como se vestía Jane Austen, y por qué? Un rápido repaso a la moda de Regencia

Todos conocemos los cortes imperio y las faldas etéreas de la época de Jane Austen. No obstante, ¿por qué se llevaban en la época?

La época de Regencia estuvo fuertemente influenciada por la Revolución Francesa; para la nación inglesa, la mera idea del pueblo levantándose en contra de la familia real era, naturalmente, un trauma. No obs

tante, era de Francia de donde venían las modas, y a pesar de no querer imitar a sus vecinos galos en comportamiento, los ingleses no pudieron evitar que la moda cruzase el canal.

La principal razón de los franceses para cambiar el modo de vestir era sencillo, derivado del cambio social: nadie quería ya imitar a la nobleza. La afinidad por las clases altas se había convertido en algo mal visto y, como consecuencia, quedaron muy pronto atrás los intrincados diseños con los que identificamos hoy en día a la reina María Antonieta. Las mujeres se deshicieron de los aros de sujeción de las faldas; miriñaques, volantes, encajes y puntillas desaparecieron en favor de faldas más cómodas, algo más cortas (incluso tobilleras) como las de las mujeres de la clase trabajadora. La Revolución defendía al individuo frente a la masa de la sociedad: el romanticismo se basaba en el “yo”. Así, la naturalidad de la figura y la exaltación del individuo se vio reflejado en provocadoras vestiduras, más ligeras, que permitían ver la figura bajo la tela cuando el sol y el viento así lo querían. Las chaquetas, imitando la moda masculina, eran prácticas y permitían más libertad de movimientos.

La época se caracteriza por un renovado gusto por lo clásico; estamos ante un periodo neoclásico en el que la gente se decantaba por la simpleza y naturalidad de las estatuas y arquitectura griegas. Los peinados se convierten en los recogidos rizados de la matrona griega, y los tejidos imitan las túnicas que las estatuas sugieren.

 

En el Espejo de las gracias; o el traje de la dama inglesa , publicado en Londres en 1811, la autora (“una dama de distinción”) aconseja:

“Por la mañana, los brazos y el pecho deben estar completamente cubiertos hasta la garganta y las muñecas. Desde la hora de la cena hasta la terminación del día, los brazos, a una altura elegante sobre el codo, pueden estar desnudos; y el cuello y los hombros se revelarán en la medida que la delicadeza lo permita.”

  • Los vestidos de la mañana se llevaban dentro de la casa. Tenían cuello alto y manga larga, cubriendo la garganta y las muñecas, y generalmente eran lisos y sin decoración.
  • Los vestidos de noche a menudo se adornaban extravagantemente con encajes, cintas y redes. Fueron cortados y lucieron mangas cortas, mostrando senos. Los brazos desnudos estaban cubiertos por largos guantes blancos. Nuestra Dama de la Distinción, sin embargo, advierte a las jóvenes de mostrar sus senos más allá de los límites de la decencia, diciendo: “El pecho y los hombros de una señorita muy joven y bella pueden exhibirse sin excitar mucho disgusto o rechazo”.

Una Dama de Distinción también aconsejó a las jóvenes usar tonos de colores más suaves, como el rosa, azul o el lila. La matrona madura podría usar colores más vivos, como el morado, el negro, el carmesí, el azul profundo o el amarillo.

 

Muchas mujeres de esta época comentaron la curiosidad de la paradoja: que estar bien vestida significaba que el pecho y los hombros estaban desnudos y, sin embargo, estar poco vestida significaba que el escote de una se elevaba hasta el mentón.

La Distinguida Dama autora del libro mencionado indica sobre los peinados:

Resultado de imagen de greek hairstyle statueImagen relacionada“Ahora, las trenzas fáciles, la trenza reluciente, el rizo confinado por el peine antiguo o bodkin, dan graciosos ejemplos del gusto sencillo de la belleza moderna. Nada puede corresponder más elegantemente con los libres tejidos de nuestra vestimenta clásica recién adoptada que este peinado, sin decoraciones, de la naturaleza.”

Pero, antes de peinarse o de ponerse estos naturales vestidos… ¿Qué había que ponerse? ¿Era la figura tan natural como se sugiere? Presten atención, porque no es muy romántico:

 

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Blusa o camisón

En primer lugar, la blusa: una especie de camisón, más corto que el vestido, blanco y sin adornos. Esta prenda tenía la función de proteger la ropa del sudor y la suciedad de la piel (recordemos que nadie se duchaba o bañaba a menudo) . Los camisones estaban hechos de telas más resistentes, eran blancos al no estar teñidos y no tenían adornos porque tenían un destino absolutamente funcional. Eran la prenda que se lavaba más a menudo (quisiera decir a diario, pero por supuesto, dependía de la distinción de la dueña y la cantidad de criados disponibles), y se frotaba con brío con pastillas de jabón para luego ser lavado en agua hirviendo (al menos…).

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Short stay
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Escote del siglo XVIII

Sobre el camisón se llevaba el corsé. Al alejarse de las figuras rígidas de la nobleza francesa y apostar por una figura natural, los corsés pasaron a ser cortos, sólo centrándose en la sujeción del pecho para asegurar los escotes (muy bajos e imaginamos que susceptibles a embarazosos fallos de vestuario, si no se llevaba sujeción adecuada).

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Long stay

Se distinguía, entonces, entre short stay, o corsés cortos, y long stay, o corsés más largos, llevados por mujeres que desearan parecer más delgadas y estilizadas, pero menos frecuentes.

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Short stay

El corsé ajustaba todo el cuerpo y era a menudo el culpable de los desmayos, aunque nunca pretendía ajustar la cintura tanto como lo haría más adelante, en la época victoriana. Imaginad cuando lo ajustabas mal y el camisón quedaba con una arruga presionándote todo el día…

 

 

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Enagua y corsé

Por último, la enagua: la función de la enagua era proteger la tela del vestido, no sólo del cuerpo, sino de la suciedad del suelo: era más larga que el vestido, y por tanto estaba pensada para ser vista, y que la mujer pudiera

tranquilamente levantar el vestido cuando quería evitar que tocase el suelo. La enagua también cumplía la crucial función de ejercer de forro: sin ella, los vestidos de muselina o seda se transparentarían demasiado.

 

 

Por último, los vestidos: generalmente de seda, raso o muselina, cubrían en su totalidad la ropa interior y completaban el look. ¡Perfectas!

Por Elena Truan

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San Valentín en la época de Jane Austen

¡Feliz San Valentín, austenitas! Como sabéis, es el día de los enamorados, y esta tradición se remonta a siglos atrás. En las obras de Jane no hay referencias a la celebración de este festejo. ¿Demasiado romántico, tal vez, para nuestra mordaz escritora? No obstante, San Valentín se celebra en Reino Unido desde el siglo XVII, siendo la tarjeta más antigua conservada la que escribió Charles, duque de Orleans, a su esposa mientras él estaba en prisión.

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Por desgracia para nuestros héroes de regencia, las tarjetas de San Valentín tal y como hoy las conocemos no existían… Así que cualquiera que quisiera declarar su amor en esta señalada fecha tenía que sacar todas sus dotes de artista y ¡pintarla a mano! Sí, sí, pintarla. Porque como demuestra la posterior evolución de las tarjetas de San Valentín, nunca bastaba con escribir unos versos de amor, sino que además había que adornar la tarjeta con dibujos de corazones, flores… toda la iconografía temática que hoy de sobra conocemos; en ocasiones incluso se añadía auténtico encaje o pintura dorada a los bordes.

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photos%2F2011%2F02%2F14%2Fvalentien-writer2¿Qué sucede con los versos escritos? Ya nos advirtió Jane Austen a través de Lizzy Bennet de la “eficacia de la poesía para matar al amor (…) un mal soneto es suficiente para hacer que desaparezca”. De modo que lo que un caballero escribiese en su tarjeta era, por supuesto, de suma importancia. Aquellos que carecieran de la labia de pillastres como Wickham o Willoughby podía recurrir a los “Valentine writers”: pequeños libritos baratos de papel impreso con diferentes poemas, incluso adaptados a distintas profesiones. Si la dama en cuestión también era más de bailar y coquetear que de emular a Keats, también podía acudir a estas publicaciones, que incluían una sección de respuestas femeninas apropiadas. ¡Qué romántico!

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4ec58d3a6569c20c70d937f51c8a13c35829240af6c30b911b054f4559d7fa02Anteriormente, las tarjetas que en ocasiones acompañaban pequeños regalos estaban hechas de pequeñas placas de metal y grabados en madera, y más adelante, litografías. No fue hasta mediados del siglo XIX, con la estandarización del sistema de correos, que el progreso industrial victoriano permitió comercializar tarjetas producidas en masa, que incluían dibujos ya impresos, encaje de papel y letras doradas; aún pueden encontrarse algunas en librerías de libros antiguos.

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No quedaría mucho para los animalillos purpurinados  y viñetas verdes de las sentimentales Hallmark que encontramos hoy en el supermercado. ¡Viva el amor!

¿Prefieres recurrir a la tarjeta de Regencia, más personal?

Te enseñamos cómo hacer una en el siguiente vídeo.

-Por Elena Truan