De Taylor, Emma y Jane: feminismo y hermandad.

No voy a empezar la entrada de esta semana con una frase introductoria de Jane Austen y su transcendencia universal, tema que es de sobra conocido por mis queridos seguidores. Hoy abordamos un tema mucho más cercano a nuestras hijas, nietas, hermanas, madres y amigas: el feminismo de Jane Austen. No obstante, antes de preparar en sus cabezas los distintos argumentos que defienden su posición, déjenme decirles que no voy a lanzar al aire la famosa pregunta: “¿Fue Jane Austen feminista? La verdad, según cómo se mire, la respuesta puede ser sí o no. La inexistencia del feminismo como tal en la época de Regencia deja a nuestra autora en dudosa posición. Porque no importa cuánto de revolucionaria fuera una mujer si su época la ataba a ciertos prejuicios que al lector del siglo XXI, fácilmente ofendido y que camina de puntillas entre los términos potencialmente desafortunados, siempre verán como demasiado tradicionales. Permítanme, pues, que reconduzca mi tesis y replantee el tema a abordar: No será el feminismo de Jane Austen, sino en el feminismo en Jane Austen, y no como ella decidiera plantearlo (sin saberlo), sino cómo está plasmado (siendo ella menos consciente aún).

Aún es pronto para saber si el mundo está recibiendo las gotas liberadoras de una cuarta ola de feminismo (sí, señores, ha habido olas de feminismo en la historia de la Humanidad) o si nos impulsamos bajo los coletazos de la tercera ola feminista, evolucionada y aún más fuerte. No obstante, lo que sí es cierto es que ha ganado impulso en los últimos años, y la lucha continúa por mejorar los derechos de la población femenina. Y eso se refleja en las figuras influyentes de la sociedad, como el Girl Power que defienden algunas dignas sucesoras de Madonna, icono de liberación sexual. Son sucesoras de todos los colores, pero del mismo tamaño: muy grandes. Desde Beyoncé, al grito de “Girls, we run this Mother Earth” en Run the World (Girls), que incluso concede becas a mujeres que desean estudiar, hasta Taylor Swift, la odiada y amada niña bonita del pop que ha pasado de escribir historias de amor de instituto a escribir riéndose de sus haters  y hasta de sí misma, predicando el amor a una misma. Pasando por Lady Gaga, que interpretó en los premios Oscar una emotiva canción dedicada nada menos que a las víctimas de abusos sexuales, y Emma Watson, que ha desafiado al encasillamiento quitándose la túnica de Hogwarts para convertirse en embajadora ante las Naciones Unidas de un movimiento feminista, HeForShe.

 

Es interesante observar los ejemplos que establecen iconos como éstos en cuanto a las relaciones entre mujeres, ejemplos que las jóvenes y no tan jóvenes que las siguen van a imitar. Hace tiempo leí un artículo sobre cómo se las había arreglado Taylor Swift para conseguir aumentar su popularidad y sus seguidores con una base de fans tan limitada y otra de acérrimos enemigos tan extensa. La respuesta era simple: Taylor comenzó su carrera con canciones de autocompasión como White Horse o Teardrops on my Guitar, y villanizando a toda rival femenina que le pusiera por delante, como en You Belong With Me. Poco a poco, Taylor evolucionó a canciones sobre sí misma, sus fines de relación y las razones detrás como en The Story of Us, y comenzó a reírse de aquellos que la odiaban en Shake It Off  y We Are Never Ever Getting Back Together, en las que ya de paso, hacía un poco el ridículo en el vídeo para demostrar que no le importaba que se rieran de ella. No sólo eso: Taylor Swift se rodeó de las modelos, cantantes, y actrices más exitosas, jóvenes y guapas del panorama mundial. Creó un #squad. Y todas las mujeres que la seguían soñaban con formar parte de ese #squad de mujeres que se ayudaban, se querían, se apreciaban. Hacían tartas, celebraban el 4 de Julio, y salían de fiesta juntas: todo juntas. Era la Taylor Swift feminista, la que apostaba por crear una hermandad de mujeres, reírse de sí misma, quererse a sí misma, e ignorar, o contestar con estilo y chulería (Bad Blood) a aquellos que querían despojarla de su éxito.

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Es un caso distinto, pero igual de (y para mi gusto, más) inspirador que el de Swift, el que encontramos en Emma Watson,  heroína bruja de nombre Austeniano (Emma Watson es el nombre de la heroína de la inacabada The Watsons) y firmes convicciones. Si había mucho de ella en la Hermione Granger valiente e inteligente, determinada y trabajadora que J.K. Rowling escribió, o si bien Hermione, formando parte de su vida desde tan tierna edad, imprimió muchos valores en el carácter de la joven actriz, no podemos saberlo: tal vez ambas cosas. Lo que sí es cierto es que Emma Watson ha permanecido fiel a su imagen de heroína feminista de cabeza pensante para establecer buen ejemplo en las mujeres del futuro, más que el que ya estableció su personaje de Harry Potter. En su discurso para las Naciones Unidas, hablando de HeForShe, defendió los valores feministas no sólo enfocados a las mujeres, sino tratando de incluir a toda la población: hacía el mismo daño a los hombres condenar a las mujeres por salirse de su estereotipo de género. Los hombres también tenían derecho a llorar y ser sensibles, tanto como las mujeres a trabajar en “trabajo de hombres”, etc.

ac_emmawatson_vanityfair_compA veces se les tira piedras a los pájaros porque pueden volar; por defender valores como éstos se la criticó con dureza, especialmente cuando en medio de la promoción de su nueva película, La Bella y la Bestia, (otra heroína feminista que apuesta por la lectura y la sensibilidad sobre la apariencia física) apareció fotografiada para una revista semidesnuda. “No entiendo lo que tienen que ver mis pechos con ser feminista o no”, se desesperaba ella, “el feminismo no es un palo con el que golpear a otras mujeres”

 

¿Qué tiene que ver Jane Austen con estas famosas? se preguntarán ustedes. Jane Austen nos enseña mucho sobre las relaciones; pero no solo sobre las relaciones románticas entre un hombre y una mujer; es importante observar la atención a las relaciones entre mujeres en las novelas de Jane Austen. Northanger Abbey reserva a Isabella Thorpe, quien ha empujado y utilizado a Catherine, un destino poco favorable; mujeres como Lucy Steele, las hermanas Bertram, Mary Crawford, Mrs. Elton, Miss Bingley… Son consideradas antagonistas de las heroínas, y su conducta es castigada por las circunstancias. ¿Lo que tienen en común? Actuar en contra de otras mujeres, en lugar de buscar la forma de ayudarse entre ellas. Incluso Emma es censurada por manipular a su amiga Harriet o burlarse de Miss Bates; la rivalidad entre ella y Jane Fairfax es, igualmente señalada como inexplicable, e injusta al final de la novela. En cambio, las influencias positivas en las heroínas van siempre marcadas por relaciones sanas entre mujeres, mujeres que necesitan y más aún en la sociedad criticada, que no las favorece, ayuda unas de otras. Así, es premiada la buena relación entre las hermanas mayores Bennet, la tranquila amistad de Catherine y Eleanor; la comunicación, más que el destacar las diferencias, de Elinor y Marianne; la relación fraternal entre Emma y su antigua institutriz, que la provee de buenos consejos; y las buenas intenciones de la amiga pobre, pero buena, de Anne. Si bien puede ser arriesgado hablar de feminismo como tal en Jane Austen, bien es fácil ver en sus novelas la defensa de la hermandad entre mujeres; un ejemplo más de la actualidad de Jane Austen, su prominencia como icono para las mujeres, y su universal sabiduría. “El feminismo es sobre darle a las mujeres elección”, dice Watson en el anterior vídeo. Y la defensa de esto es precisamente lo que muchas veces cause lso conflictos en las novelas de Austen. Para buscar valores que queremos en nuestro presente, de la mano de modelos femeninos, a veces podemos ir al pasado, a visitar figuras como la querida Jane.

Por Elena Truan

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AUSTEN, OGROS Y CEBOLLAS

No, no es el título de un nuevo mash-up de una novela de Austen 😛

¿Hay alguna relación entre SHREK y las obras de JANE AUSTEN?

No sé si habrás visto la primera película de esta saga de DREAMWORKS. Si es así, casi con seguridad recordarás el diálogo en el que Shrek trata de explicarle a Asno la verdad sobre los ogros. Te pongo aquí la transcripción:

Imagen relacionadaSHREK – Para tu información, los ogros somos muy diferentes a lo que creen.
ASNO – Ponme un ejemplo
SHREK – ¿Un ejemplo? De acuerdo…ah… los ogros son como cebollas.
ASNO – Apestan.
SHREK – Sí… ¡No!
ASNO – Te hacen llorar.
SHREK – ¡No!
ASNO – Ya sé, si los dejas al sol, se ponen marrones y les salen pelitos blancos…
SHREK – ¡No! ¡Capas! ¡Las cebollas tienen capas! ¡Los ogros tienen capas! ¡Las cebollas las tienen! ¿Entiendes? ¡Ambos tenemos capas!

Y sigue.

Capas, ahí radica la similitud de los ogros y las cebollas… y las obras de Austen.

Lo que Shrek intenta explicarle a Asno es que los ogros son seres más complejos de lo que parecen, y por lo tanto, no se les puede juzgar solo por las apariencias.

Algo parecido ocurre con las novelas de Austen (y con las de muchos autores). Su complejidad, que no complicación, permite diferentes lecturas con distintas percepciones.

Imagen relacionadaUna primera capa, la más superficial y por eso casi inservible, es la que perciben algunos de los que se acercan a estas obras con un desconocimiento total de la autora, poco hábito de lectura o, al menos, poco bagaje literario de calidad… Lectores acostumbrados a novelas del estilo fast-food, sabrosas, vistosas, pero poco recomendables como base nutritiva. En estos casos, es posible que se queden con la impresión de haber leído una novela “rosa”, en la que “no pasa nada”, y que se limita a hablar de “señoritas que quedan para tomar el té”. Todos estos comentarios los he leído o escuchado en alguna ocasión. ¿Y vosotros?

Resultado de imagen de capa cebollaPasemos a la siguiente capa. Hablamos ahora de lectores algo más atentos, con mayor experiencia y una mente más abierta… pero igual de ajenos a la destreza e intencionalidad de Jane Austen. Estos lectores, aunque valorarán algo más la historia que se les cuenta, y se sentirán atraídos por algunos de sus personajes, se quedarán tan solo en “el colorido”. Verán las figuras que representa el tapiz, pero serán incapaces de captar el entramado que ha dado lugar a esa maravilla, y mucho menos percibir el soporte que le da consistencia. Es decir, serán los lectores a los que les atraigan los romances, la elegancia, la galantería y educación de los caballeros, los paisajes, las grandes casas, etc.

Imagen relacionadaY quitamos otra capa… Es posible que hablemos ahora de “lectores reincidentes”. Aquellos que leyeron una obra de Austen y la disfrutaron, y vuelven a ella porque de algún modo presienten que hubo cosas que se les escaparon. Esos lectores ya no solo se fijan en lo externo, sino también en el modo de narrar tan característico de esta autora. Disfrutan con la ironía, se sumergen en los diálogos, se dan cuenta de que los personajes casi cobran vida a través de sus palabras, se sienten cómodos en el paisaje humano confeccionado por la escritora y comprenden que los romances, las tensiones y todo lo demás son tan solo recursos para mostrarnos diversas facetas de los protagonistas. Reconocemos a estos lectores porque al hablar de las obras de Jane Austen no se limitan a recordar a sus damas o caballeros, sino que recuerdan pasajes, citas, momentos chispeantes, enseñanzas…

Resultado de imagen de capa cebollaPero aún quedan más capas y podemos seguir profundizando para llegar al corazón de estas novelas y en cierta parte de su autora. No hace falta ser un experto en literatura para pasar a los siguientes niveles, aunque como es lógico, todos los conocimientos literarios que tengamos nos ayudarán en esta senda. Tras una primera lectura de cualquiera de las novelas de Austen, es posible que nos planteemos cómo logra esta autora que nos sintamos cómodos en un ambiente tan distinto al nuestro, cómo nos atrapa en sus historias en las que en realidad “no pasan demasiadas cosas”, cómo consigue tanta variedad de personajes sin apenas describirlos, y muchos otros “cómos” que nos animarán a leer con espíritu crítico y renovada atención para descubrir algunos de sus recursos.

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Las siguientes capas serán aquellas más especializadas, pero que en realidad son una concreción de la anterior. Nos fijaremos en la estructura, los saltos temporales, los trucos para mantener el suspense o sorprender, las relaciones entre personajes, el papel del narrador -que parece un personaje más y a veces hablar en primera persona-, los distintos escenarios y por qué son elegidos, las maneras de lograr el efecto irónico, los recursos literarios y otros trucos que emplea Austen para lograr sus fines, el uso del estilo indirecto libre, es decir, cómo el narrador nos cuenta los pensamientos de los personaje poniéndose en su lugar, y un largo etcétera que lejos de cansarnos nos llevará a admirar cada vez más a esta genial escritora y a sus maravillosas novelas.

Resultado de imagen de jane austen worksTodas estas capas no son fruto de la casualidad. Son el resultado de un gran trabajo y de una capacidad creativa excepcional. A través de estos escritos llegamos a conocer algunos rasgos de su autora. Jane no es Elizabeth Bennet, ni Anne Elliot, ni ninguna otra de sus heroínas, pero hay algo de ella en cada una de esas jóvenes. Jane Austen, igual que sus obras, tuvo sus capas. Nosotros no tuvimos la oportunidad de verla, de escuchar sus comentarios, ni de conversar con ella. Pero tenemos sus novelas y en ellas podemos captar algunos retales de su alma. Cuanto más profundicemos en estos trabajos más sabremos sobre la señorita Austen.

 

Por Miguel Ángel Jordán