QUERIDA ANNE

Mi querida Anne:

El tiempo para el autoengaño ha pasado para ti: terminó con el rechazo de aquella propuesta, ocho años atrás. Desde entonces te has vuelto consciente de ti misma, plenamente consciente de tus propias cualidades y faltas. A diferencia de todos quienes te rodean, sabes quién eres, cabal y puntualmente.

Demasiado madura y demasiado sabia para desempeñar un papel en lo que lo que podría ser una comedia, tu historia dista mucho de serlo. A diferencia de lo que ocurrió con tus amigas Catherine, Lizzy o Emma, no ha podido pasar sobre ti la famosa ironía de tu creadora, de tu alter ego Jane. Sí, así la llamo, porque ella era como tú, una persona que sólo puede ser tomada en serio y en cuyos razonamientos se puede confiar; una observadora pasiva, cuyo papel es escuchar y entender, que sufre de soledad intelectual.

Por eso hay muchos que no saben verte, que sólo te miran de reojo, como lo hace tu propia familia, y se quedan con la idea de ser una mujer apocada, que se deja persuadir y no es capaz de rebelarse y hacer valer sus sentimientos. Pero no ven que tu función como espectadora y oyente no es estrictamente pasiva; también te concede poder. Para ti la mirada es un medio de comunicación y de análisis más eficaz que las palabras; a través de tu mirada aprendemos a juzgar a otros personajes, porque previamente tú las has juzgado, y lo haces correctamente, nunca fallas en tu juicio. Fuiste la única que adivinó la posibilidad de que el capitán Benwick pudiera enamorarse de nuevo, y la menos sorprendida con su compromiso con Louise. Sólo tú te diste cuenta que algo no encajaba en la fría impecabilidad de Mr. Elliot. Incluso fuiste siempre certera en tus especulaciones acerca de los sentimientos de Wentworth en cada momento.

Silenciosa, reflexiva, constante… todas tus cualidades te llevan a ser un verdadero modelo de circunspección, pero no por ello dejan de brillar con intensidad tus emociones. Tu carácter emocional, del que no puedes escapar, es lo más atrayente de ti. Quizá esperabas haber superado la edad del rubor, pero la edad de la emoción no lo ha hecho. Sientes mucho más de lo tolerable y no siempre eres capaz de ocultarlo. Tus emociones son tan fuertes que afectan a tu cuerpo y también a tu comportamiento, hasta el punto de parecer que saltas de una crisis emocional a la siguiente.

Es encantador observar tus mejillas encendidas cada vez que tu interior se agita, cada vez que piensas en él, cuando te asaltan ciertos recuerdos, al saber que seguía libre e incluso cercano. Por ejemplo, cuando te liberó del acoso de tu insufrible sobrinito, te sentiste tan abrumada que no pudiste siquiera hablar por un tiempo y sentiste la necesidad de salir de la habitación para recuperar el equilibrio. O cuando leíste aquella carta en la que confesó sin reservas el amor que siente por ti; te atravesó una felicidad tan abrumadora que fuiste capaz de fingir que estabas indispuesta para ocultar tus emociones a los demás. Pero tu emoción era tan intensa y era tan fácil de creer esa excusa, que «todos pudieron comprobar que estaba muy enferma».

Y es que todos tus cambios en el interior tienen efectos en tu apariencia exterior. La mente, el corazón y el cuerpo están tan estrechamente entremezclados en ti que es casi imposible separarlos. Todo lo que atraviesa tu interior sale al exterior de manera evidente; para quien te sabe ver, tu cuerpo refleja tu estado y tu evolución de manera puntual. Si al principio de su relato Jane te describió con frescura marchita, demasiado delgada y consumida, con el paso de los días, y tu espíritu expandiéndose poco a poco; «tus bonitos y armoniosos rasgos habían recuperado el esplendor y la frescura de la juventud, merced a la brisa que había iluminado tu tez y otorgado vivacidad a tu mirada». Incluso tu voz refleja el desarrollo de tu ánimo, que se transforma pasando de ser una persona silenciosa y evanescente de veintisiete años a una mujer joven mucho más segura de sí misma.

Mi querida Anne, me gustas porque amas profunda, desesperadamente, sin mucha oportunidad para realizar plenamente tu amor verdadero, pero, a pesar de ello, manteniendo la suavidad de tu corazón y la bondad de tu mente.

Siempre, sinceramente tuyo,

 

F.

Por Fernando García Pañeda

Anuncios

EL SENTIMIENTO TRÁGICO DE LA VIDA EN LAS OBRAS DE JANE AUSTEN

Es habitual, si no obligado, e incluso un lugar común hacer referencia a la ironía aguda, cuando no un punto de vista netamente humorístico, que imprimía Jane Austen en sus novelas, especialmente en el tratamiento de personajes secundarios y en situaciones relacionadas con éstos. Pero lo que en absoluto resulta habitual es encontrar comentarios relacionados con lo que, en términos unamunianos, se viene en llamar el sentimiento trágico de la vida. Un sentimiento trágico ligado directamente a ese más conocido sentido cómico. Precisamente, como el mismo don Miguel afirmó:

Resultado de imagen de unamuno
«Austen tuvo un cierto sentimiento de la tragedia, un sentimiento tan suave, tan resignado, tan tristemente apacible, que se convirtió en sentimiento de la comedia. Porque lo cómico no es sino otra cara más, y a las veces no la menos triste, de lo trágico».([1])

Quizá en una primera lectura de ciertas novelas de Austen, con excepción de Sense and sensibility, Persuasion y Mansfield Park, no se perciba con nitidez ese lado tragicómico de esos pequeños mundos que recreaba, velados sin duda por el sentido irónico, los detalles preciosistas o la propia trama de las novelas. Pero basta una cuidada relectura para levantar ese velo y dejar al descubierto ese lado menos luminoso, rabiosamente humano, en el que se mueven muchos de sus personajes, principales y secundarios. Un carácter tragicómico que se mueve entre el sentido shakespeariano (tan cultivado por la propia Jane y algunos de sus personajes más representativos) y el quijotesco. Entre la tragedia de una vida de monótona insistencia en las carencias económicas y emocionales, y entre la comedia provocada por la pequeñez mental y la insensibilidad.

No escasean las situaciones en que los personajes austenianos han de afrontar esos sentidos trágicos de la existencia en medio de encrucijadas vitales, bien mezclados con una dosis de humorismo, o bien sin anestesia previa. Encrucijadas no de corte épico, por supuesto, ni siquiera de dramatismo clásico, sino las pequeñas y anónimas angustias existenciales domésticas que se producen en la intrahistoria de los pueblos y la marea del tiempo se traga por millones.

 Para leer el artículo entero, pincha aquí.

Por Fernando García Pañeda

Ya está aquí la nueva edición de Persuasión por la editorial DÉpoca

Con motivo del bicentenario de la fecha en que Jane Austen concluyó Persuasión (1816 – 2016) la fantástica editorial D’Época ha lanzado una edición de coleccionista de Persuasión, y Jane Austen Society España ya tiene un ejemplar para contaros todo. ¡Es un lujazo!

Este precioso ejemplar cuenta con un romántico diseño de portada con una ilustración central en color de Charles Edmund Brock para la edición de Persuasión (1909), rodeado de un diseño de flores muy vintage.

Tiene 399 páginas de texto, pues incluye una introducción de José Luis Camarés Lage, Profesor Titular de Literatura Inglesa, Profesor Honorífico de la Universidad de Oviedo y Editor de Orgullo y Prejuicio de Jane Austen (ed. Cátedra, 1987). En su introducción, el profesor Camarés sienta el contexto histórico, social, cultural y literario de la obra, así como una pequeña biografía de la autora. Además, explica extensivamente el estilo de Jane Austen y la simbología que encontraremos en la novela, con unas notas finales para antes de la lectura de Persuasión.

No contentos con tan fabulosa adición a la obra, al abrir el libro encontramos un DVD con un documental dramatizado de dos horas de duración: Tras los pasos de Jane Austen y  Persuasión. Y para acercarnos un poco más aún a la vida de la autora, al final de la novela se ha incluido un apéndice muy especial con los recuerdos inéditos en castellano de dos sobrinas de Jane Austen: Anna Lefroy (née Austen, casada con el hermano del famoso Thomas Lefroy, amigo de Jane) y Caroline Austen, así como una nota biográfica y recuerdos de su hermano favorito, Henry Austen.

Como guinda final, encontramos las ilustraciones a color de Charles Brock (1898), Arthur Wallis Mills (1908), y las ilustraciones en blanco y negro de Hugh Thomson (1897). Durante el texto de la novela encontraremos más ilustraciones de Charles Brock, para la edición de 1909.

Además con el libro encontramos un sobre sellado con lacre (DÉpoca tiene su propio sello, y es precioso) en el que encontramos diversas postales y marca páginas a todo color con imágenes de época, portadas de libros de la editorial y diferentes portadas para Persuasión.

Ha sido el primer regalo que la JASES ha recibido, y desde aquí queremos mandar todo nuestro apoyo y agradecimiento a la editorial DÉpoca, y recomendaros a tod@s los austenitas que os llevéis a casa esta preciosa edición para vuestra colección.

http://www.depoca.es/novedad_Persuasion-jane-austen.html