LATIENDO AL UNÍSONO

Latiendo al unísono con las últimas frases de Persuasión, lanzo un suspiro liberando el aire que sobra cuando la emoción contenida te mantiene atrapada desde muy dentro.

Es una historia bañada de melancolía, tejida con sentimientos que todo lector con sensibilidad puede percibir como propios; una melodía lenta y cadenciosa que transmite ternura, pasión resguardada y que va in crescendo de la mano de Anne Elliot, acompasada por su propia evolución interior y ese destino justo que repara una decisión tan desacertada como poco natural, logrando un final merecido y deseado: ”la evolución natural de un comienzo antinatural.”

La vida de Anne está marcada por el desafecto desnaturalizado de una familia que tiene poco de honrosa, donde los títulos, la fortuna, la vanidad, la superficialidad emocional y la escasez de inteligencia a todos los niveles la llenan de dolor. Siempre necesitada de un abrazo verdadero y confiado, lo encuentra sólo en la sustitución de la figura maternal, lady Russell, el único vínculo  que la sostiene y le permite costosamente remendar sus profundas  heridas. Para el resto del mundo solo era Anne.

Ella atesora dulzura y fortaleza interior frente a la adversidad, está obligada a caminar en la invisibilidad, a manejarse entre sombras, decepciones, desprecio y dolor como únicos compañeros. Acostumbrada a ceder por estrategia para sobrevivir, cae en la trampa de un persuasivo consejo formulado desde un sentimiento maternal, pero que tan sólo consigue confundirla y hacerle creer en un deber que se convierte en el acto más sensato: el deber de abandonar un amor tan apasionado como verdadero. Por ello y a pesar de ello, queda rota y necesitada de los más intensos consuelos que de ningún modo recibirá.

Se han perdido y para siempre.

Por su parte, Wentworth debe realizar un duro trayecto personal desde el rechazo y la pérdida de su único gran amor cuando se siente totalmente enganchado a su esencia. Encontró en Anne lo que siempre había buscado y recibe un golpe tan duro que tumba cualquier atisbo de esperanza y lo sume en un triste resentimiento; pero éste no es más que un mal disfraz de su agonía, que se desmorona con la angustiosa sensación de volver a perderse de nuevo, precísamente cuando el destino acaba de concederles el regalo maravilloso de una segunda oportunidad.

Ambos creían haber borrado el afecto mutuo, pero inconscientemente siguen rechazando las oportunidades que van apareciendo en su vida como si en algún lugar de su interior quedase una mínima luz, un rescoldo, un mínimo resquicio por donde pueda colarse lo imposible.

Eran merecedores el uno del otro.

“Habría sido imposible encontrar dos gustos más semejantes, dos sentimientos más armónicos, dos semblantes más amados. Y sin embargo, ahora eran dos extraños; no, incluso peor que extraños, porque los extraños pueden terminar conociéndose. Estaban distanciados para siempre.”

La pérdida de alguien que ha cautivado e invadido de forma tan intensa su interior logra transformar a una muchacha bonita, dulce, recatada, refinada y sensible en una mujer apagada y consumida, sin brillo en la mirada. Sin necesidad de culpar a nadie, aprende la lección. Los prejuicios ajenos y la necesidad natural de encontrar un refugio por las circunstancias que la rodeaban fueron los peores consejeros a la hora de tomar una decisión que tornaría la felicidad en tristeza y el recuerdo en olvido. Un poso de sentimientos que ahora viaja a la deriva. Anclada a un paisaje otoñal interior.

Y por fin, el reencuentro inesperado.

Es preciosa la descripción de las primeras veces en las que coinciden, la lenta evolución de los personajes hacia lo que resulta previsible, si no forzoso, cuando los sentimientos son constantes e imperecederos.

Anne atesora cada mínimo gesto que proviene de Wentworth, un cruce de miradas, el episodio con su pequeño sobrino, la ayuda a subir en el carruaje… tantos pequeños gestos que la hacen reflexionar y analizar constantemente sobre su comportamiento hacia ella. A veces siente que debería pasar desapercibida ante un rechazo que cree seguro, pero no puede evitar el arrebol de sus mejillas y las muestras del maremoto de emociones que le provoca su presencia. Su ser es receptivo e insubordinado, posee una rebeldía que es imposible de controlar, somatizando cada oleada de emociones y sentimientos que escapan para mostrarse al mundo. Una mujer apasionada.

Wentworth tiene que redescubrir a Anne, volver a verla tal y como es, y también analiza sus gestos, palabras y comportamiento. Y nota cómo se aviva la llama nunca del todo apagada cuando se encuentra con una mujer que sigue conservando la dulzura que lo cautivó y la firmeza de espíritu que le permiten tomar decisiones por ella misma. La figura de Anne se perfila con la más delicada paleta de colores que podría manejar el mejor de los artistas. Está cautivado, el autoengaño ya no le consuela. Es Anne, su Anne.

A partir de este punto, los caminos se cruzan de nuevo y son conscientes de esa segunda oportunidad con la que el destino, mágicamente y siendo justo, ha conseguido unirlos de nuevo.

No pueden perderse. No deben. Ahora es lo prudente y conveniente, lo obligado.

Wentworth no ha encontrado a nadie que pueda conquistarlo tan intensamente como lo ha hecho Anne. Y ella florece, renace hacia el exterior, cuando la ilusión y la esperanza invaden su interior.

Al llegar a esa apasionada carta del capitán, todos los que hemos leído Persuasión vivimos, como él, “entre la agonía y la esperanza”.

A mí también me traspasó el alma, hizo encender mis mejillas sintiendo esa pasión dulce y contenida que transforma un sentimiento otoñal finalmente en un “verano interior invencible” parafraseando a Camus.

Gracias, querida Anne, por llevarme de tu mano, por mostrarte y compartir contigo sentimientos tan intensos como verdaderos y que finalmente han conseguido que me embargue la emoción cuando la sabia, sensible e inteligente pluma de Austen hace que volvamos a creer en las segundas oportunidades, en la justicia del verbo deber carente de un único criterio, en la unión de dos personas que sobrepasan en valor a sus circunstancias.

Por Mª Ángeles Lorente

Socia de JASES

 

Anuncios

EL MATRIMONIO EN LAS NOVELAS DE JANE AUSTEN (PARTE 2)

En la primera entrada sobre el matrimonio en las novelas de Jane Austen, ofrecimos una introducción a este tema siempre central en las obras de esta autora. Hoy, nos fijaremos de modo especial en la relación entre el matrimonio, el dinero y la posición social. No es un enfoque muy romántico, la verdad, pero quizá sirva para romper los prejuicios de aquellos que catalogan los libros de Austen como “novelas rosas”.

Como podréis comprobar, es un texto muy extenso, pero espero que no os resulte aburrido. Y si el estilo no os parece muy propio de un blog, estaréis en lo cierto. Esto está sacada de mi tesis doctoral, que estáis invitados a leer cuando queráis J. Vamos allá.

Resultado de imagen de austen marriageEn un primer nivel, podríamos hablar de la necesidad de contar con un mínimo de recursos para poder fundar un nuevo hogar. Esto es algo que sigue vigente, pero que, como se dijo con anterioridad, tiene algunas variaciones. Por un lado el hecho de que estos ingresos provengan de una fuente segura y duradera, y por otro los distintos roles del hombre y la mujer. Es el hombre quien debe proveer a su esposa de los medios para el sostenimiento económico. Lo contrario ni siquiera se plantea como posibilidad.

En Mansfield Park, en su intento de convencer a Fanny para que acepte a Henry Crawford, Lord Bertram aboga por los matrimonios jóvenes, siempre que haya medios para sostener dicha unión.

His wishing to marry at all so early is recommendatory to me. I am an advocate for early marriages, where there are means in proportion, and would have every young man, with a sufficient income, settle as soon after four-and-twenty as he can. (MP: 280)

Esta sería una visión neutra, marcada por el sentido común, que podría trasladarse sin problemas a una obra actual.

En el siguiente ejemplo, el narrador, al explicar la situación en la que se encuentran Elinor y Edward tras comprometerse, aporta su toque irónico al decir que no estaban tan enamorados como para obviar las dificultades económicas.

Edward had two thousand pounds, and Elinor one, which, with Delaford living, was all that they could call their own; for it was impossible that Mrs. Dashwood should advance anything; and they were neither of them quite enough in love to think that three hundred and fifty pounds a-year would supply them with the comforts of life. (S&S: 320)

Vemos aquí un buen reflejo de la “visión romántica” de la autora, en la que el afecto sincero no está reñido con tener los pies en el suelo.

En la misma línea iría la reflexión de Lizzy Bennet mientras dialoga con su tía sobre el repentino compromiso de Wickham con una joven acaudalada. Al hablar sobre el desengaño que esto ha supuesto para sus hermanas –y para ella misma–, que suspiraban por el atractivo militar, Elizabeth muestra una visión realista de lo acontecido.

Kitty and Lydia take his defection much more to heart than I do. They are young in the ways of the world, and not yet open to the mortifying conviction that handsome young men must have something to live on as well as the plain. (P&P: 132)

Resultado de imagen de CHARLOTTE MR COLLINSDesde el punto de vista de la mujer, el matrimonio era una fuente de seguridad, un medio para independizarse y dejar de ser una carga para su familia. En ocasiones, este podía ser un factor que desequilibrara la balanza a favor de un pretendiente que no tuviera casi nada más que le recomendara, como es el caso de Mr. Collins.

Charlotte herself was tolerably composed (…). Mr. Collins, to be sure, was neither sensible nor agreeable; his society was irksome, and his attachment to her must be imaginary. But still he would be her husband. Without thinking highly either of men or matrimony, marriage had always been her object; it was the only provision for well-educated young women of small fortune, and however uncertain of giving happiness, must be their pleasantest preservative from want. This preservative she had now obtained; and at the age of twenty-seven, without having ever been handsome, she felt all the good luck of it. (P&P: 109)

Una visión realista, sin lugar para el romance, pero comprensible y justificada en el contexto en el que se ubica. Aun así, queda claro que el público en general se siente más gratificado cuando el bienestar no es el único elemento motivador de un enlace. Pero, incluso cuando existe afecto entre los contrayentes, no se duda en colocar las razones pecuniarias en un primer lugar.

She knows how much the marriage is to Miss Taylor’s advantage; she knows how very acceptable it must be, at Miss Taylor’s time of life, to be settled in a home of her own, and how important to her to be secure of a comfortable provision, and therefore cannot allow herself to feel so much pain as pleasure. Every friend of Miss Taylor must be glad to have her so happily married. (E: 7)

Dentro de este mismo subapartado, en el que estamos hablando del matrimonio en su relación con el dinero y la posición social, vamos a ver ahora la otra cara de esta misma moneda. Si hasta el momento nos habíamos fijado en la necesidad de unos recursos económicos para poder llevar a cabo esos planes de boda, en los siguientes párrafos nos fijaremos en el papel condicionante que tanto el dinero como la posición social juega a la hora de plantearse una opción matrimonial.

La famosa frase inicial de Pride and Prejudice puede servirnos de marco e introducción a este aspecto de los compromisos entre hombre y mujer.

It is a truth universally acknowledged, that a single man in possession of a good fortune, must be in want of a wife. (P&P: 1)

Imagen relacionadaSi durante la Edad Media los matrimonios entre miembros de la realeza eran un medio para establecer alianzas y unir reinos, en la época de la Regencia –y en un periodo más amplio– estos enlaces son un modo de unir familias de rango más o menos similar, y satisfacer intereses por ambas partes. En las obras que estamos analizando, este papel conciliador del matrimonio se muestra como algo aceptado y extendido, situándolo por encima del posible afecto entre las partes.

Being now in her twenty-first year, Maria Bertram was beginning to think matrimony a duty; and as a marriage with Mr. Rushworth would give her the enjoyment of a larger income than her father’s, as well as ensure her the house in town, which was now a prime object, it became, by the same rule of moral obligation, her evident duty to marry Mr. Rushworth if she could. (MP: 33)

En este fragmento se nos muestra, con ese tinte satírico tan propio de esta autora, la visión de una joven que, al llegar a cierta edad se plantea “el deber” de contraer matrimonio y, a la hora de escoger marido, tiene claras cuáles son sus preferencias. Sabemos que este enlace es bien recibido por ambas familias desde el primer momento. Mr Rushworth, rico pero no muy inteligente, está dispuesto a creerse enamorado de ella al captar su interés. Y la opinión general de los parientes es que se trata de un buen enlace, pese a que nadie se le escape la escasa afinidad entre los interesados. Aunque poco antes de la boda, Lord Bertram ofrece a su hija la posibilidad de cancelarla –consciente de que el interés económico es el único móvil de este compromiso–, se nos hace ver su alivio cuando ella insiste en seguir adelante, y también conocemos cuáles son las consecuencias de esa unión que termina mal y pronto.

Resultado de imagen de HENRY CRAWFORD JULIA BERTRAMEn esta misma novela, se nos ofrece un diálogo bastante esclarecedor de la visión del matrimonio en aquel contexto. Mrs. Norris, charlando con Mrs. Rushworth, sugiere un posible compromiso entre su sobrina Julia y el distinguido Henry Crawford. ¿Cuál es la primera pregunta de la interlocutora ante este hecho?

“Oh dear! Miss Julia and Mr. Crawford. Yes, indeed, a very pretty match. What is his property?”

“Four thousand a year.” (MP: 105)

Una vez sabido esto, ya se pueden valorar otras virtudes del caballero en cuestión o de si hacen o no buena pareja.

Esta visión materialista del matrimonio, en la que lo único importante son las ventajas económicas y sociales que reportará dicha unión, alcanza su punto álgido en el caso de las alianzas planeadas por la familia en la que no se tiene en cuenta la opinión de los protagonistas. Ciertamente, no es habitual que se llegue a ese extremo en estas obras, de hecho, los pocos intentos que se muestran fracasan, pero es un dato más a valorar dentro de este análisis. Veamos un par de ejemplos de estas tentativas de matrimonios acordados.

El primer texto pertenece a Pride and Prejudice, y forma parte de la intensa conversación que mantienen Lady Catherine de Bourgh y Elizabeth Bennet en el tramo final de la historia. Lady Catherine esgrime todos los argumentos a su alcance para lograr que Lizzy rehuse a casarse con Mr. Darcy en el caso de que este se lo pida. Una de esas razones es que Mr. Darcy ya está comprometido con su hija. Al oír esto, Elizabeth contesta que entonces no tiene nada que temer, ante lo que Lady Catherine se siente en la obligación de aclarar a qué tipo de compromiso ha aludido.

“The engagement between them is of a peculiar kind. From their infancy, they have been intended for each other. It was the favourite wish of his mother, as well as of her’s. While in their cradles, we planned the union: and now, at the moment when the wishes of both sisters would be accomplished in their marriage, to be prevented by a young woman of inferior birth, of no importance in the world, and wholly unallied to the family! (P&P: 310)

El segundo ejemplo es aún más significativo. Lo hallamos en una conversación entre Elinor con su hermano, tras la caída en desgracia de Edward Ferrars, que se ha negado a contraer matrimonio con Miss Morton, a la que su familia había escogido, al estar comprometido previamente con Lucy Steele.

Resultado de imagen de elinor dashwood MR DASHWOOD“We think now,”–said Mr. Dashwood, after a short pause, “of Robert’s marrying Miss Morton.”

Elinor, smiling at the grave and decisive importance of her brother’s tone, calmly replied,

“The lady, I suppose, has no choice in the affair.”

“Choice!–how do you mean?”

“I only mean that I suppose, from your manner of speaking, it must be the same to Miss Morton whether she marry Edward or Robert.”

“Certainly, there can be no difference; for Robert will now to all intents and purposes be considered as the eldest son;–and as to any thing else, they are both very agreeable young men: I do not know that one is superior to the other.” (S&S: 256)

Puesto que lo único importante era la posición social y las circunstancias económicas, el cambio de un hermano por otro carece de importancia para Mr. John Dashwood, aunque tiene el detalle de añadir que ambos hermanos Ferrars son unos jóvenes muy agradables, por lo que Miss Morton estará igual de encantada tanto con uno como con el otro.

Continuando en la línea de las razones para contraer matrimonio, veremos ahora cómo en estas obras se nos ofrecen ejemplos en los que tanto hombres como mujeres se embarcan en un compromiso, o lo buscan, con la conciencia de hacerlo movidos por razones distintas al afecto. Ya no se trata solo de que sea un enlace favorable por la situación de ambas familias, sino de una búsqueda de algo que no se podrá conseguir más que con una alianza ventajosa.

“I am not at all surprized that he should have fallen in love.”

“Oh! no–there is nothing to surprize one at all.–A pretty fortune; and she came in his way.”

“I dare say,” returned Harriet, sighing again, “I dare say she was very much attached to him.”

“Perhaps she might; but it is not every man’s fate to marry the woman who loves him best. Miss Hawkins perhaps wanted a home, and thought this the best offer she was likely to have.” (E: 240)

Resultado de imagen de mr wickhamBelleza, posición social, apellidos, posesiones, riqueza… Argumentos con los que cada uno deber hacerse valer frente a la otra parte, que estudiará, dependiendo de su situación, si le interesa la oferta o no. Como hemos dicho anteriormente, el amor queda relegado a un segundo o tercer plano, cuando las circunstancias exigen que se tengan en cuenta otros factores más determinantes.

“Younger sons cannot marry where they like.”

“Unless where they like women of fortune, which I think they very often do.”

“Our habits of expense make us too dependent, and there are too many in my rank of life who can afford to marry without some attention to money.” (P&P: 161)

Con esa claridad se lo confiesa Mr. Wickham a Elizabeth Bennet. Y, aunque con su actitud inicial había dado la impresión de no ser uno de esa “especie”, del mismo modo actúa Willoughby llegado el momento, abandonando a Marianne –por la que reconoce sentir un gran afecto– para casarse con una joven adinerada a la que tan solo le une el interés.

“Did you ever see her? a smart, stylish girl they say, but not handsome. (…) Fifty thousand pounds! and by all accounts, it won”t come before it’s wanted; for they say he is all to pieces. No wonder! dashing about with his curricle and hunters! Well, it don”t signify talking; but when a young man, be who he will, comes and makes love to a pretty girl, and promises marriage, he has no business to fly off from his word only because he grows poor, and a richer girl is ready to have him.” (S&S: 165)

Tanto unos como otros saben lo que pueden dar y lo que pueden esperar de su futuro consorte, por lo que, en estos casos, la institución matrimonial se vería como una simple transacción en la que cada cual contribuye con su parte y espera recibir un beneficio. Así lo entiende Marianne Dashwood en uno de sus alegatos románticos, en los que al hablar del matrimonio de una mujer “mayor” (veintisiete años le parece el inicio de la decrepitud), afirma que es imposible que se trate de una relación amorosa, sino de un simple pacto de conveniencia. Nada indecoroso, por supuesto, pero, simplemente exento de cualquier asomo de afecto.

Resultado de imagen de marianne dashwood“It would be a compact of convenience, and the world would be satisfied. In my eyes it would be no marriage at all, but that would be nothing. To me it would seem only a commercial exchange, in which each wished to be benefited at the expense of the other.” (S&S: 32)

Visto así, la esperpéntica declaración de Mr. Collins a Elizabeth Bennet y sus argumentos al verse rechazado, no parecen tan grotescos. El reverendo conoce muy bien sus méritos y el peso que estos tienen a la hora de ofrecerse en matrimonio. Y también valora en su justa medida –hablando en un nivel financiero– lo que su prima puede aportar a cambio, es decir, su atractivo y su encanto, no acompañados de grandes recursos económicos. Mr. Collins juzga que con esa dote Lizzy no va a tener muchas opciones y por esa razón considera que su propuesta será la mejor, si no la única, que ella recibirá, por lo que no toma en serio su negativa y la achaca a estrategias amorosas y usos románticos de jovencitas.

“You must give me leave to flatter myself, my dear cousin, that your refusal of my addresses is merely words of course. My reasons for believing it are briefly these: It does not appear to me that my hand is unworthy your acceptance, or that the establishment I can offer would be any other than highly desirable. My situation in life, my connections with the family of de Bourgh, and my relationship to your own, are circumstances highly in my favour; and you should take it into further consideration, that in spite of your manifold attractions, it is by no means certain that another offer of marriage may ever be made you. Your portion is unhappily so small that it will in all likelihood undo the effects of your loveliness and amiable qualifications. As I must therefore conclude that you are not serious in your rejection of me, I shall choose to attribute it to your wish of increasing my love by suspense, according to the usual practice of elegant females.” (P&P: 97)

El dinero y la posición social son factores que condicionan la elección de hombres y mujeres de cualquier rango. No solo de aquellos sin recursos, que necesitan un matrimonio ventajoso para salir adelante, sino también de los que cuentan con medios más que de sobra para vivir al nivel que quieran sin contar con lo que pueda aportarles su consorte. En el caso de estos últimos, aunque no necesiten el dinero del otro, es probable que sus “malas relaciones”, si las hubiera, obstaculizaran o incluso vetaran definitivamente las posibilidades de un compromiso.

Resultado de imagen de MISS BINGLEY“I think I have heard you say that their uncle is an attorney on Meryton.”

“Yes; and they have another, who lives somewhere near Cheapside.”

“That is capital,” added her sister, and they both laughed heartily.

“If they had uncles enough to fill all Cheapside,” cried Bingley, “it would not make them one jot less agreeable.”

“But it must very materially lessen their chance of marrying men of any consideration in the world,” replied Darcy. (P&P: 31)

No basta con que el candidato o la candidata sea una persona honorable y de cierto nivel social. Las conexiones familiares también son importantes, al menos para algunos.

“In marrying your nephew, I should not consider myself as quitting that sphere. He is a gentleman; I am a gentleman’s daughter; so far we are equal.”

“True. You are a gentleman’s daughter. But who was your mother? Who are your uncles and aunts? Do not imagine me ignorant of their condition.”

“Whatever my connections may be,” said Elizabeth, “if your nephew does not object to them, they can be nothing to you.” (P&P: 311)

En este ejemplo, vemos las dificultades que le surgen a Elizabeth Bennet a causa de sus relaciones familiares con gente del comercio. Su condición de hija de un caballero no basta para mantener su rango. Si eso es así en este caso, ¿cómo sería si el posible enlace uniera a personas aún más distantes en la escala social? Tenemos la respuesta en Emma. Tras fracasar en su intento de unir a Harriet con Mr. Elton, y errar al pensar que la joven pudiera estar enamorada de Frank Churchill, recibe la confidencia de esta última que se siente objeto de las atenciones de Mr. Knightley. Ante esta noticia, Emma, que no veía obstáculos para su matrimonio con el reverendo, ni con el joven Churchill, analiza la situación en la que quedaría su admirado y querido amigo Mr. Knightley en caso de desposarse con Miss Smith.

Such a debasement on his! It was horrible to Emma to think how it must sink him in the general opinion, to foresee the smiles, the sneers, the merriment it would prompt at his expense; the mortification and disdain of his brother, the thousand inconveniences to himself.–Could it be?–No; it was impossible. And yet it was far, very far, from impossible.–Was it a new circumstance for a man of first-rate abilities to be captivated by very inferior powers? Was it new for one, perhaps too busy to seek, to be the prize of a girl who would seek him?–Was it new for any thing in this world to be unequal, inconsistent, incongruous–or for chance and circumstance (as second causes) to direct the human fate? (E: 371)

La rigidez social de la época, la necesidad de rentas y posesiones para mantener un alto ritmo de vida y otros factores socioculturales marcan el terreno de juego para poder contraer un matrimonio satisfactorio. ¿Y el afecto entre los contrayentes? Es un valor añadido, no la causa primera. Al menos esa es la visión que se nos aporta en estas obras, aunque más adelante veremos cuál parece ser el punto de vista de su autora.

Resultado de imagen de MR KNIGHTLEYPero, siguiendo con las normas de la época, ¿cuál sería la situación idónea para un matrimonio feliz? La respuesta la hallamos también en Emma, de boca de Mr. Knightley que, al conocer el compromiso entre Frank Churchill y Jane Fairfax, reflexiona en voz alta sobre lo afortunado que es este joven al lograr el afecto de ella y poder brindarle un futuro mejor del que le esperaba.

A man would always wish to give a woman a better home than the one he takes her from; and he who can do it, where there is no doubt of her regard, must, I think, be the happiest of mortals. (E: 383)

Si es el hombre el que logra el ascenso social o económico gracias al matrimonio, fácilmente se le juzgará de interesado. Mientras que si es al revés, y la diferencia no es sustancial, o al menos no hay nada que enturbie la dignidad de esa unión, el hombre sentirá que esta desempeñando el papel que le corresponde y contará con la aprobación social.

Estos condicionantes a los que acabamos de referirnos introducen un dilema que, de hecho, se plantea dentro de una de las obras de Austen.

“Pray, my dear aunt, what is the difference in matrimonial affairs, between the mercenary and the prudent motive? Where does discretion end, and avarice begin? Last Christmas you were afraid of his marrying me, because it would be imprudent; and now, because he is trying to get a girl with only ten thousand pounds, you want to find out that he is mercenary.” (P&P: 134)

Teniendo en cuenta que un alto porcentaje de los factores que conducen a un matrimonio están relacionados con el bienestar ya sea material o social, ¿cómo diferenciar la prudencia del interés? Si se consideraría una locura que unos jóvenes se casaran sin recursos, y se ve lógico que una persona busque un compromiso con alguien que pueda contribuir a su felicidad material, ¿dónde está el límite entre el discreto y el mercenario?

La respuesta no la encontramos de un modo directo, pero sí en la actitud de los protagonistas y en la resolución de los conflictos que se van planteando. Los matrimonios por amor son los únicos en los que no se puede acusar a los contrayentes de interesados. Y, para que eso quede claro, cuando una de las protagonistas contrae un matrimonio que le resulta muy ventajoso, este llega al final de un largo proceso en el que se ha puesto a prueba la sinceridad de su afecto. Tal es el caso de Jane y Elizabeth Bennet, o de Anne Elliot, cuyas historias son bien conocidas por los lectores de Austen.

Pero, volviendo al dilema del que hablábamos, veamos algunos ejemplos que pueden servir para establecer una gradación desde el afecto sincero hasta el interés más evidente.

Resultado de imagen de LIZZY BENNETEn el extremo del amor desinteresado podríamos situar a Jane Bennet, que se enamora de Mr. Bingley de un modo espontáneo y no cambia su modo de ser para asegurar su afecto. Sobre esta actitud discuten Charlotte y Lizzy, cuando la primera trata de hacerle comprender a su amiga que las maneras sencillas y el carácter tímido de Jane dificultan que Mr. Bingley se interese por ella, al hacerle pensar que ella no se siente atraída por él. Por esta razón, Charlotte opina que Jane debería dedicarle más atenciones al joven para animarle a que le confiese su afecto. Y la respuesta de Lizzy, que conoce bien a su hermana es la siguiente:

“Your plan is a good one,” replied Elizabeth, “where nothing is in question but the desire of being well married, and if I were determined to get a rich husband, or any husband, I dare say I should adopt it. But these are not Jane’s feelings; she is not acting by design.” (P&P: 18)

No hay nada estudiado en Jane. Ella no tiene ningún interés oculto. Tan solo se siente atraída por un joven y, por lo tanto, no se plantea cómo debe actuar.

Veamos ahora distintos niveles de interés.

Imagen relacionadaUn primer peldaño lo ocuparía Charlotte Lucas, que es capaz de conformarse con una oferta de matrimonio que no le aportará grandes riquezas, pero sí cierta seguridad. Para lograrlo no tiene que mentir, ni causar daño a nadie, tan solo alentar a un hombre que está buscando esposa por conveniencia social, y al que le da igual una u otra. Por lo que podríamos hablar de un acuerdo entre partes. Esta actitud tan juiciosa y exenta de romanticismo sorprende a Lizzy, que acababa de rechazar la misma oferta que poco después acepta su amiga.

She had always felt that Charlotte’s opinion of matrimony was not exactly like her own, but she had not supposed it to be possible that, when called into action, she would have sacrificed every better feeling to worldly advantage. (P&P: 112)

En el siguiente escalón podríamos situar a Mary Crawford, que al detectar el interés que ha despertado en Tom Bertram, analiza las ventajas que esta relación podría aportarle y, al considerarlas más que suficientes, decide emplearse a fondo para consolidarla.

Resultado de imagen de mary crawfordMiss Crawford soon felt that he and his situation might do. She looked about her with due consideration, and found almost everything in his favour: a park, a real park, five miles round, a spacious modern-built house, so well placed and well screened as to deserve to be in any collection of engravings of gentlemen’s seats in the kingdom (…). It might do very well; she believed she should accept him; and she began accordingly to interest herself a little about the horse which he had to run at the B—–– races. (MP: 42)

Más arriba en esta escala hacia el interés, encontramos a Maria Bertram. Ya hemos visto anteriormente cómo no siente ningún afecto por su futuro esposo y tan solo le mueve el afán de lograr una posición aún mejor de la que ya ostenta. Pero la situación empeora con el avance de la trama, y vemos cómo, cuando llega el momento de certificar el compromiso, su situación es aún peor, ya que, pensando que Henry Crawford la amaba, había confiado en que una declaración de este cancelaría el compromiso anterior. Pero al comprobar que estaba equivocada respecto a él, entra en el matrimonio despechada, enfadada con su familia y despreciando a su marido.

In all the important preparations of the mind she was complete: being prepared for matrimony by an hatred of home, restraint, and tranquillity; by the misery of disappointed affection, and contempt of the man she was to marry. (MP: 179)

Por lo que lo único que le queda es la esperanza de suplir todas esas carencias con el bienestar material y las relaciones sociales que le facilitará su nueva situación.

En el lugar más alto de la escala, podríamos colocar a las hermanas Bingley, que están dispuestas a arruinar la felicidad de su hermano, con tal de lograr una mejor situación para ellas. Así como en los otros casos era la misma interesada la que elegía sufrir los inconvenientes de su elección, con tal de lograr su fin. En este, Caroline y Mrs. Hurst ejercen su influencia sobre su hermano para gozar de los beneficios sin sufrir las consecuencias negativas, como bien comprende Elizabeth Bennet e intenta explicar a Jane.

“Your first position is false. They may wish many things besides his happiness; they may wish his increase of wealth and consequence; they may wish him to marry a girl who has all the importance of money, great connections, and pride.” (P&P: 120)

En descargo de las hermanas Bingley hay que decir que, aunque esa fuera su intención, no la hubieran logrado sin la ayuda de Mr. Darcy, que obraba por otros motivos y luego rectifica. De hecho, en el momento en el que Mr. Darcy cambia de actitud, la relación entre Jane y Mr. Bingley se reanuda sin que sus hermanas puedan hacer nada para impedirlo.

Por Miguel Ángel Jordán

LA PERSUASIVA JANE AUSTEN

¡Hola!

A continuación os ofrecemos un artículo publicado en el Correo sobre Jane Austen con la colaboración de varios miembros de JASES.

Aquí tenéis el PDF y en la siguiente foto el enlace al texto original:

200 años después de la edición de sus obras póstumas, su estilo cautiva y sigue sumando fans. En España se ha creado una sociedad que promueve estudios sobre su vida y sus novelas, historias inolvidables «para pensar y sentir»

Hace doscientos años, en enero de 1818, la imaginación de los lectores anglosajones pudo perderse entre las líneas de las dos obras póstumas firmadas por Jane Austen, ‘Persuasión’ y ‘La abadía de Northanger’. Su autora había fallecido en julio del año anterior y, aunque en realidad ambos trabajos se publicaron de manera conjunta el 20 de diciembre de 1817 junto a una nota biográfica, la editorial fechó la primera edición en 1818.

Hace menos tiempo, en febrero de 2016, un congreso sobre la creadora inglesa cruzó los caminos de Elena Truan y Miguel Ángel Jordán. Ella llevaba algún tiempo engordando un blog y una página en Facebook sobre la narradora. Había conocido al presidente de la Jane Austen Society UK, quien le sugirió que fundase una organización similar. Jordán decidió ayudar a escribir las primeras líneas de la JASES, Jane Austen Society España (janeaustensociety.es), que difunde obras de la autora y promueve estudios sobre su vida y novelas. El listado de socios y fans no para de crecer.

Elena Truan.

Elena Truan Filóloga inglesa. 25 años. Madrid.

«Cuando leí mi primer libro de Austen, ‘Orgullo y prejuicio’, debía de tener 14 años. Era una romántica y estaba obsesionada con la película, hasta me aprendí el guion», cuenta. En Cambridge no pudo asistir a la prueba para un corto que imitaría una escena del filme, así que mandó un vídeo en el que interpretaba el rechazo de Elizabeth a Darcy y… «¡me cogieron como la Sra. Bennet! Afortunadamente, no salió a la luz».

Permaneció soltera porque creía en el matrimonio por amor. Defendía el valor de cada persona sin contar su sexo ni una educación.

Experta en Filología, lo que le fascina de la autora es «cómo analiza las relaciones humanas. Sabemos poco de ella, pero me produce simpatía por su sarcasmo, su confianza. No creo que tuviera nada de cándida, sus obras de juventud y cartas son mordaces». Aunque era conservadora denunciaba las carencias de su sociedad, nunca de forma agresiva. La ‘Abadía de Northanger’ es uno de sus libros favoritos. «Me recuerda a mí cuando era pequeña y leía novelas con una imaginación desbordada, como Catherine Morland».

Miguel ángel Jordán.

Miguel Ángel Jordán Profesor universitario. 42 años. Valencia.

Su primera aproximación a Austen fue a través de ‘Emma’ en 2003. «No me esperaba su estilo irónico, me reí mucho. Me cautiva su capacidad de mostrar personajes profundos sin aburrir». De todas las frases que escribió, se queda ante todo con una. «Debo permanecer fiel a mi estilo y seguir mi propio camino. Y aunque es posible que nunca alcance la gloria de ese modo, sé que fracasaré rotundamente de cualquier otro». Jordán hizo su trabajo fin de máster sobre la adaptación de ‘Northanger Abbey’, y en su tesis doctoral analizó el estilo literario de Jane. Además, ha escrito una novela basada en la biografía que espera publicar pronto.

«Resulta admirable su inteligencia, humor, integridad… Fue mujer escritora cuando ninguna de estas dos condiciones estaba bien vista. Defendió el valor de la novela, que se consideraba pasatiempo inútil. Permaneció soltera porque creía en el matrimonio por amor… Defiende el valor de cada cual, independientemente del sexo, nivel social o educación. Y pone a prueba a sus lectores, ya que no es apta para todos los públicos». Cree que ‘Persuasión’ es una obra muy relacionada con su momento vital, el de una mujer madura que por fin ha logrado cierta estabilidad económica y emocional.

Fernando García y Carmen Plano, admiradores de la escritora.

Carmen Plano Profesora de Literatura y Escritora. 53 años. Getxo.

Fue su tía abuela, «una gran lectora», quien le permitió leer ‘Orgullo y prejuicio’ con 12 años. Y lo hizo cinco o seis veces. «Me transformó más en bibliófaga que en bibliófila», se define. Más tarde indagó sobre su vida y obra «como placer personal», porque le apasionada la literatura inglesa. Guarda con deleite la edición que ante su insistencia le regaló esa tía-abuela. «Adquirí una biografía en la ‘National Portrait Gallery’ de Londres en 1996, ¡qué felicidad! Y he comprado ediciones muy cuidadas, me encanta verlas en la estantería».

Jane describió su entorno «en una época en la que la supervivencia material de una mujer dependía de que se casara, así de trágico, por eso a veces se tilda su obra como rosa». Un error en su opinión, porque capta asuntos como la Inglaterra en guerra con la Francia napoleónica, «de ahí el trasiego de militares. El inicio de la revolución industrial y la expansión del colonialismo con su revisión de hábitos, emigración, nuevas clases sociales…». La autora no tuvo demasiado éxito en vida y tampoco se promocionó ni asistió a eventos, aunque tenía fans como el Príncipe Regente. Ella prefería una existencia tranquila.

Fernando García Directivo y escritor. 53 años. Getxo.

La «locura particular» de Fernando García ha sido escribir y publicar ‘Agonía y esperanza’, una adaptación de ‘Persuasión’ ambientada en nuestros días. «Me fascina la fortaleza de espíritu de esta autora, sus valores inquebrantables, la estima por su libertad e independencia como persona, mujer y escritora por encima de intereses materiales». En su narrativa encuentra también «un abanico enorme de técnicas: dominio del estilo indirecto libre, temas metaliterarios, monólogos interiores un siglo antes de su utilización generalizada. Sus personajes, situaciones y dilemas son reconocibles en nuestra vida diaria». Muchos autores del siglo XIX, en el que se desarrollaron los cánones de la novelística, recibieron su influencia.

Defendió el valor de la novela, que se consideraba un pasatiempo, e influyó en muchos autores del siglo XIX

‘Persuasión’, la novela que tan bien conoce, es para él «un libro otoñal por las sensaciones que lo acompañan: melancolía, necesidad de abrigo físico y emocional, cambio… Una novela de emociones para pensar y sentir. Profunda, delicada, elegante e irónica», como su autora.

EL MATRIMONIO EN LAS NOVELAS DE JANE AUSTEN (PARTE 1)

 

Hola a todo el mundo. En primer lugar, quiero desearos un muy feliz 2018.

Durante las próximas semanas voy a escribir sobre un tema de gran importancia en las novelas de Jane Austen: el matrimonio. Lo abordaremos desde distintas perspectivas y ofreciendo una gran cantidad de ejemplos. Espero que resulte de vuestro interés.

Allá vamos.

Imagen relacionadaEl matrimonio es un tema central de las novelas de Jane Austen. Es el objetivo, el desencadenante y el colofón de todas las historias. Los conflictos se crean alrededor de posibles enlaces, o como consecuencia de una mala alianza. Se nos ofrecen ejemplos muy diversos de parejas con resultados también distintos.

Muchos de los que leemos  las novelas de Austen defendemos que no deberían catalogarse como románticas, pero la presencia tan constante del matrimonio podría ser un argumento en contra de esta afirmación. ¿Cómo justificarlo?

Esta autora analiza al ser humano como individuo y también en su interacción con los demás. Las relaciones interpersonales se pueden encontrar en distintos ámbitos: familia, amistad, relaciones sociales. Pero es en el matrimonio y en las etapas anteriores donde podemos encontrar una mayor riqueza de experiencias, sentimientos, factores socioculturales, contrastes y otros elementos que convierten este análisis en algo más profundo, atractivo e interesante.

Además, sus historias tienen un alto componente sociológico, y, como ya se ha visto y volveremos a comentar, en aquella época el matrimonio tenía una repercusión social mayor que en la actualidad. Por lo que es lógico que se convierta en el núcleo de tramas como las que se desarrollan en estas novelas.

Resultado de imagen de jane austen matrimonioSin embargo, a diferencia de lo que suele ocurrir en el género romántico, en estas obras no abundan los detalles sentimentales, las escenas emotivas, los diálogos apasionados, ni las muestras de afecto. El matrimonio es el objetivo y el hilo conductor, y una vez que se ha alcanzado la meta queda poco que decir. De hecho, la autora no suele reproducir las palabras de los enamorados durante la declaración; salvo cuando acaban en fracaso como la de Mr. Collins o la primera de Mr. Darcy. En los otros casos, se muestra que se han solucionado los conflictos y casi de inmediato se da por cerrada la historia.

En sus novelas, Jane Austen muestra las costumbres y la visión dominante de la sociedad de su tiempo. Pero, también al hablar del matrimonio, podemos entrever su punto de vista. En las siguientes páginas ofreceremos un amplio elenco de ejemplos para comprender la concepción de aquella época sobre la institución matrimonial, su relación con la situación económica y también una visión más general, y por último, lo que nosotros entendemos como visión de la autora manifestada de diversos modos.

En las futuras entradas de esta serie hablaremos de:

-Matrimonio, dinero y posición social

-Matrimonio, dinero y felicidad

-Rupturas familiares como consecuencia del un “mal matrimonio”

-Matrimonio entre hombre bien posicionado e inteligente y mujer guapa, pero…

-El matrimonio como una obligación social para la mujer

-Felicidad matrimonial

-Consecuencias de un mal matrimonio

-Del enamoramiento al matrimonio

Y, finalmente: el matrimonio visto por Jane Austen

Por Miguel Ángel Jordán

Pero… ¿hay machismo en Jane Austen?

En mi anterior entrada hablaba del feminismo en Jane Austen, o más bien, la comprensión contemporánea que poseemos del feminismo y su manifestación como tal en las novelas de Jane Austen. El objetivo no era descubrir si la autora era o no feminista; no era identificar las escenas que podrían ser etiquetadas como feministas, término que resulta anacrónico para la novelas de la era de Regencia. Igualmente, no es el objetivo de esta reflexión el etiquetar a Austen de machista. De nuevo, el machismo es un término anacrónico, pues si bien hoy en día podríamos ver ciertas conductas como machistas, en la época eran entendidas como genuinamente buenas y de sinceras intenciones. Como nuestro vicepresidente añade muy acertadamente en su anterior entrada, sobre la elegancia, Jane Austen es más allá de machista o feminista: es personalista. Busca la defensa del individuo en sus personajes, más allá de su género. Tildarla de feminista o machista es, como dirían los ingleses, neither here not there.

Lydia_Bennet_2992983cLas más acérrimas (y acérrimos) defensoras/es del movimiento feminista que se ha alzado de forma tan poderosa durante estos últimos años pueden argumentar que los ambientes en los que se desarrolla la acción de las novelas son esencialmente heteropatriarcales; que la literatura austeniana no tiene cabida en la literatura de género por funcionar, incluso contando con la ironía del narrador, sustentada por una sociedad igualmente heteropatriarcal, que confía en el matrimonio para el final feliz de la heroína. No podría quitárseles al menos parte de la razón en estos argumentos, si bien es verdad que podemos contar el matrimonio convencional como final feliz no sólo porque es la estructura socialmente impuesta (y que en la época privaba a la mujer de libertad), sino porque además la historia es, al fin y al cabo, sobre el amor de la heroína por un hombre, y un final feliz debe complacer a sus personajes. Se pueden escribir ríos de tinta discutiendo acerca de estos aspecto, y les invito a discutirlo abierta y civilizadamente en la sección de comentarios de la red social de su elección. Les puedo prometer que participaremos encantados.

jane-austen-was-a-strong-independent-woman-who-didnt-need-no-manLas personas que, por el contrario, estén dispuestas a defender que Jane Austen era una feminista, grande o pequeña; consciente o inconsciente de ello; rebelde o tradicional; protofeminista o una auténtica revolucionaria; pero crítica del heteropatriarcado, al fin y al cabo, podrán por su parte blandir sus argumentos con igual fuerza. Podemos posiblemente contar entre estas personas a Sandra Gilbert y Susan Gubar con su Madwoman in the Attic  (si usted se considera feminista, léalo; encontrará un amigo y profesor. Si no se considera feminista, ¡léalo! Encontrará un interesante debate que tal vez, como mínimo, le haga pensar). Gilbert y Gubar encontraron en Northanger Abbey una fantástica crítica feminista que no sólo se basaba en la ironía con la que la voz narradora trataba a los personajes y su comportamiento, sino también en las acciones de la heroína y la dinámica de sus relaciones. También podríamos escribir páginas y páginas sobre esto; Gilbert y Gubar lo han hecho, y el tema está igualmente abierto a debate en los comentarios que ustedes quieran. Se lo ruego: ¡nos encantan los debates!

Elijo excluir de mis posibles lectores a un tercer grupo de personas, que opine que Jane Austen no es feminista ni machista, pero que escribe sobre una época en la que la sociedad es plenamente funcional y aún debería funcionar así. A esas personas les pido que suelten ese DVD de la BBC ahora mismo y por favor, lean las novelas otra vez…

elizabeth_bennet_m_2992955b

Aclarado esto, podemos escrutar numerosos personajes masculinos (¡y femeninos!), y su comportamiento “machista”. Se me ocurren cuatro ejemplos concretos:

En primer lugar, tenemos la relación de Emma y el Sr. Knightley. Este último es uno de los favoritos cuando se trata de los hombres Austen, y es comprensible: Knightley es un hombre íntegro, inteligente, maduro, responsable y consecuente, y, si bien las relaciones sociales no son su fuerte, ni lo es la naturalidad o la jovialidad, es siempre correcto y elegante, tal como define Miguel Ángel en su entrada, en su comportamiento.

bd7cf62c14c986cc553fe2cb5698d894--emma-jane-austen-mr-knightley-quotes

No obstante, su relación con Emma, que a mí, personalmente, siempre se me ha antojado ligeramente insana e incluso Freudiana, es el paradigma de la estructura heteropatriarcal. Emma se casa con una figura paterna que no ha tenido en su vida (su padre apenas sale y es un hombre anciano). La relación con Knightley aniña a Emma, que es reprendida y corregida constantemente por Knightley. Él la sigue en casi todas sus actividades, tratando de enseñarle lecciones, y finalmente se casa con ella no sin antes señalar que la tuvo en sus rodillas cuando era pequeña, en calidad más de tío que de cuñado y/o candidato a su mano. El hecho de que Emma se sienta atraída por una figura paternal que la protege, la saca de su casa (la mayor preocupación del Sr. Woodhouse) y corrige su conducta, la posiciona como una criatura más débil, insegura, e intelectualmente inferior que el hombre, cuyo deber es “meterla en vereda”, culminando este proceso al casarse con ella.

En segundo lugar, encontramos a Lady Catherine, fustigadora de mujeres más jóvenes y más libres que ella. Víctima de su educación y del hecho de pertenecer a una generación mucho anterior a la de Elizabeth Bennet, Lady Catherine, si bien es una figura poderosa, rica y que (ya) no necesita a un hombre en su vida, está en contra de las mujeres libres. “Para ser usted tan joven da sus opiniones de una forma muy resuelta.”, le dice a Elizabeth Bennet, muy ofendida. Lady Catherine es lo contrario a la mujer que defiende la hermandad entre mujeres, como hemos hablado en mi anterior entrada.

 

 

Un tercer caso se ve en Marianne Dashwood, una raro ejemplar dentro de las heroínas de Austen. Mientras que éstas normalmente siguen un proceso para enamorarse de sus héroes, y su cambio de opinión significa una mejora en su carácter y su actitud, además de aprendizaje, Marianne sólo sufre este proceso con el irresponsable Willoughby. Y digo sufre porque resulta un proceso doloroso, en el que lo aprendido causa dolor y desengaño. No obstante, el desengaño o reconocimiento de las heroínas Austen sólo implica mejoría, y no cambia su carácter: su personalidad no es suprimida. En el triste caso de Marianne, en cambio, tras pasar por el mismo proceso que todas, y perder a Willougby, su personalidad cambia. Jane Austen no defendía la exaltación ni los extremos, pero Marianne es silenciada en un final que dice poco de sus auténticos sentimientos, y en un incómodo, y de nuevo algo Freudiano, giro de los acontecimientos, se casa con el coronel Brandon. El coronel es sin lugar a dudas un hombre bueno y un gran partido; pero Marianne no está profundamente enamorada de él, y su tendencia a ilusionarse, sus desbordantes ganas de vivir, y sus sentimientos exaltados que la hacían la más cariñosa y alegre de las heroínas Austen, desaparecen rápidamente para ser sustituidos por prudencia y apacibilidad, y termina sus días junto a un hombre a quien la GRATITUD y el AFECTO ata a su persona. El “problema” de Marianne se “soluciona” casándola con el hombre mayor que vela por su protección.

manfeels-park-14-Gods-Plan

Por último, encontramos el caso que tal vez sea el más obvio de todos: Mr. Collins y su actitud para con la elección de una esposa. Mr. Collins resulta doblemente ridículo por ser un hombre poco apuesto y pomposo, pero que actúa como si no lo fuera, sino más bien como si fuera muy de agradecer su presencia en la casa de los Bennet para escoger a una de las hijas como esposa. Lo punzante de este caso es que no le falta razón: la situación de las Bennet resulta urgente, y la casa donde viven es de su propiedad. No obstante, su actitud no hace sino convertir todo ello en algo mucho más desagradable, y peor aún: no tiene en cuenta en ningún momento los sentimientos de sus primas, a las que considera algo así como candidatas a un puesto en el que él es el consejero delegado y ellas, las desesperadas becarias. “…a pesar de sus muchos atractivos, es sin duda seguro que una oferta así no se le volverá a hacer.”, le dice a Lizzy.

Todas estas conductas, de buscar “machismo” en Jane Austen, podrían ser señaladas como tales. No obstante, la aclaración del principio de este artículo pretendía dejar claro, al leer de estos ejemplos, que el machismo como tal no existía en la época de Jane Austen. Mientras que hay hombres y mujeres en su obra que son egoístas, y atentan contra la individualidad de la heroína, también hay personajes cuyo comportamiento es igualmente machista para los estándares del lector contemporáneo, pero que no obstante son generosos, de buenas intenciones y carácter, y cuyo objetivo es hacer feliz a la heroína. De esta forma, no podemos acusar de machistas a personajes que pertenecen a una época en que el feminismo no existía, y su educación, condicionada por la época en la que vivía y el razonamiento de la misma, no les daba la opción a considerar nada más allá que una sociedad patriarcal en la que la mujer era débil e intelectualmente inferior. Pero piensen en el héroe de su elección: piensen en Brandon, Ferrars, Knightley, Darcy, Bingley, Edmund, Tilney o Wentworth. ¿quieren a su esposa algo menos por ello?

pp-spice-girls

Por Elena Truan

LECCIONES DE ELEGANCIA POR JANE AUSTEN

Elegante:

-Dotado de gracia, nobleza y sencillez

-Dicho de una persona: que tiene buen gusto y distinción para vestir.

-Dicho de una cosa o de un lugar: que revela distinción, refinamiento y buen gusto.

Elegancia: 

-Forma bella de expresar los pensamientos.

Resultado de imagen de inglaterra regenciaLos tiempos cambian, las costumbres cambian, las normas sociales cambian… Muchas cosas cambian, pero las personas siguen siendo personas y en el fondo somos muy similares a aquellos que nos han precedido durante los últimos siglos. Varían las circunstancias, el decorado, las reglas, pero los actores siguen siendo los mismos. Y por eso somos capaces de disfrutar de las novelas de Jane Austen a pesar de que se haya cumplido el bicentenario de su muerte.

Al leer estas novelas, nos introducimos en una sociedad regulada por unas normas muy claras y definidas. La mayoría de los personajes de Austen pertenecen a las clases elevadas, ya sean de la gentry (ámbito rural) o de la nobleza. Y como tales, actúan según lo dictan las reglas del momento.

Algunas de esas normas y costumbres constreñían o limitaban en mayor o menor medida ciertos aspectos de la vida, y podían resultar especialmente gravosas para las mujeres. Las obras de Austen son un fiel reflejo de la sociedad de su tiempo y es fácil que a un lector actual le sorprendan algunos usos de la época y la actitud ceremoniosa de tantos personajes. No es raro que haya muchos que encuentren todo este protocolo exagerado y carente de naturalidad.

¿Qué opinaba Jane Austen al respecto? Pienso que encontramos un fiel reflejo de su modo de pensar en un pasaje de Mansfield Park, en el que el narrador describe la situación en la que se encuentra Julia Bertram al visitar los amplios terrenos de los Rushworth. La joven Julia se ve obligada a caminar junto a la señora Rushworth, cuando ella preferiría estar junto a Henry Crawford.

Resultado de imagen de justine waddell mansfield park julia bertramThe politeness which she had been brought up to practise as a duty made it impossible for her to escape; while the want of that higher species of self-command, that just consideration of others, that knowledge of her own heart, that principle of right, which had not formed any essential part of her education, made her miserable under it

La educación recibida le impide “escapar”, ya que sabe que resultaría muy grosero. El problema es que esa educación solo ha modelado el exterior y no el interior. Sus modales no se corresponden con unos principios que la lleven a preocuparse por los demás, a buscar lo mejor para ellos, a respetarlos… Sabe qué es lo correcto y actúa en consecuencia, pero por mero formalismo.

Las reglas sociales tienen como finalidad principal facilitar la convivencia, establecer unos límites y ofrecer unas orientaciones que sirvan de guía para que todos sean tratados con respeto. Pero, dentro de esos amplios parámetros, cada persona actúa según su carácter, sus principios y sus circunstancias. Las normas de educación pueden quedarse en algo puramente formal o ser el resultado de una actitud interior. Lo ideal, por lo que nos dice Austen, es que sean un reflejo de algo más profundo. Pero, si en algún caso no es así, esas normas de conducta servirán, al menos, para marcar los límites que no se deben sobrepasar si no se quiere molestar u ofender a otras personas.

Resultado de imagen de audrey hepburn elegance quotes¿Basta con ser educado para ser elegante? No. La educación es un primer paso, pero la elegancia va mucho más allá. La educación se basa en normas, la elegancia está fundamentada en el buen gusto, la nobleza, la distinción (elevarse sobre lo vulgar) y en el refinamiento, que no implica ser un tiquismiquis, sino hacer las cosas con esmero y cuidado. Y todo esto adquiere un realce aún mayor cuando cuenta con el ingrediente secreto: la sencillez.

Existe una elegancia aparente y otra real. La elegancia aparente se puede adquirir con cierta práctica y asesoramiento. Está un peldaño por encima de la buena educación, pero queda muy lejos de la auténtica elegancia. ¿Cuál es la diferencia? La primera es una técnica, la segunda es un modo de pensar y de vivir.

Resultado de imagen de postureoLa elegancia aparente busca el reconocimiento de los demás, quiere causar un buen efecto o incluso deslumbrar. Tiene mucho que ver con el “postureo” que tan de moda está hoy en día. Solo se ejercita de cara al público. Sin embargo, la elegancia real impregna todas las facetas de la persona, está vinculada al modo de pensar y a los principios y, por lo tanto, no se ejercita solo cuando hay alguien observando, sino en todo momento.

Imagen relacionada¿Se puede diferenciar una de otra? Por supuesto, con el trato y con el tiempo. Las primeras impresiones son importantes pero no deben ser definitivas, como bien nos muestra Jane Austen en la obra que recibió ese título (First Impressions), aunque después hubo de ser rebautizada como Pride and Prejudice. En esta novela, vemos cómo la percepción de Elizabeth Bennet sobre Mr. Darcy varía con el tiempo. En un principio lo sitúa en el bando de los aparentemente elegantes y al final se da cuenta de que su elegancia es real. Al principio de la novela vemos sus formas correctas, su mente cultivada y su respeto por la etiqueta. Con el transcurso de las páginas llegamos a conocer su interior y descubrimos su valía, que alcanza el grado máximo en la mente de Lizzy cuando descubre que intervino de un modo decisivo en el affaire Lydia-Wickham, queriendo permanecer en el anonimato.

En las novelas de Jane Austen podemos hallar una gran cantidad de ejemplos de ambos tipos de elegancia, y los que conozcan estas historias sabrán la opinión de la autora sobre unos personajes y otros, y la visión que de ellos nos transmite esta genial escritora.

Resultado de imagen de mr wickhamEn el bando de los aparentemente elegantes podríamos incluir, entre muchos otros, a los siguientes personajes:

Mr. John Dashwood (hermano de Elinor y Marianne) y su esposa, Willoughby, Robert Ferrars, Mrs. Ferrars, Mr. Collins, Wickham, Caroline Bingley, Lady Catherine de Bourgh, el general Tilney, los hermanos Henry y Mary Crawford, las hermanas Bertram, sir Walter Elliot y su primogénita, Mr. Elliot, Mr. Elton y su esposa, Frank Churchill…

Imagen relacionadaY en el de los realmente elegantes:

Elinor, el coronel Brandon, Elizabeth y Jane Bennet, Mr. Darcy, el matrimonio Gardiner, los hermanos Henry y Eleanor Tilney, Catherine Morland, Fanny Price, Anne Elliot, el capitán Wentworth, Mr. Knightley, Emma (a ratos), Mrs. Weston…

Soy consciente de que he dejado a muchos personajes fuera de esta lista, pero, desde mi punto de vista, estos son los más representativos.

Como se puede apreciar, las heroínas de estas novelas y la mayoría de sus caballeros aparecen en el grupo de los realmente elegantes. Emma es un caso aparte, Edward Ferrars tiene sus momentos y Edmund Bertram… tiene más de pelele que de caballero (en mi humilde opinión). Y es que, aunque cada personaje de Austen es único, se nota que esta autora tenía una escala de valores bien definida y seleccionaba con cuidado a la pareja que iba a protagonizar cada una de sus historias.

Termino ya…

Como decía al principio, hay muchas cosas que cambian con el tiempo, y en muchos campos hemos progresado, pero creo que hay otros en los que podríamos aprender de nuestros antecesores. Puede que el problema sea que me estoy haciendo mayor xD, pero lo cierto es que a veces echo de menos esa elegancia que destilan algunos personajes de Austen.

Resultado de imagen de prohibido entrar sin camisetaEn esta época de exhibicionismo vital, en la que podemos saber intimidades de muchos con solo asomarnos a las redes sociales; cuando algunos se visten igual para ir a la playa que para asistir a la universidad; en la que hacen falta carteles que indiquen “prohibido entrar a la tienda sin camiseta”; y algunos jóvenes piensan que saben más que sus mayores porque han leído un par de panfletos y retuitean “pensamientos profundos”. En estos tiempos en los que hay gente que no valora los pequeños detalles como ceder el asiento, dejar pasar, dar las gracias con una sonrisa, pedir las cosas por favor, dejar el móvil aparcado cuando hay otras personas delante, hablar en un tono que no resulte molesto a los demás, etc… En estos tiempos, en los que también hay mucha gente elegante, la lectura de Austen puede ser un soplo de aire fresco, una fuente de inspiración y un termómetro para medir nuestra sensibilidad al respecto.

Por supuesto que cada época tiene sus reglas y no hay que quedarse anclados en el pasado. Pero tampoco pensemos que todo cambio es positivo. Progresar es ir a mejor, no tirar pa’alante y ya veremos qué pasa.

En la entrada anterior, Elena Truan hablaba del feminismo y Jane Austen. Sin querer llevar la contraria a nuestra presidenta, a la que me une el afecto, el agradecimiento y muchas horas de trabajo compartido, me atrevo a ir un paso más allá al decir que Jane Austen no es feminista -ni machista-, sino personalista. No como pertenecedora a esa corriente filosófica, sino como defensora de la persona, de cada persona, independientemente de su edad, sexo, creencias o condición social. Cada uno es cada uno y todos merecemos un respeto. Y el que entiende eso podrá alcanzar la elegancia de dos de sus grandes personajes:

Imagen relacionadaImagen relacionadaLa elegancia de Mr. Knightley, que es capaz de moverse en distintos ambientes, velar por sus vecinos más desfavorecidos y cantarle las cuarenta a Emma cuando se pasa de la raya. Y la elegancia innata de Lizzy, que resplandece aún más al compararla con otros miembros de su familia. Una elegancia que le permite enfrentarse a Lady Catherine de igual a igual, a pesar de los pesares; y la elegancia que le permite reconocer su error y cambiar de actitud.

Gracias, Jane por tantas cosas… Y por tus lecciones de elegancia.

Por Miguel Ángel Jordán

 

 

LOS TRIÁNGULOS AMOROSOS (Parte 2)

Decíamos ayer… 😉

En la primera parte de esta serie de entradas se abordó el tema de los triángulos amorosos en general y se analizó el formado por Edmund-Mary Crawford-Fanny en Mansfield Park.

Hoy vamos a hablar de Emma, donde podemos encontrar varios ejemplos  de tipos muy distintos.

Imagen relacionadaSi tenemos en cuenta que el hilo conductor de esta novela es el afán de casamentera de su protagonista, no es de extrañar que a lo largo de la historia aparezcan varios triángulos amorosos. Aunque, en realidad, todos son imaginarios o, al menos, aparentes.

El primero que encontramos es el compuesto por Robert Martin-Harriet-Mr. Elton. Como bien saben los lectores, mientras que el interés de Robert Martin por Miss Smith es real y firme, el de Mr. Elton solo existe en la imaginación de Emma. Esta circunstancia es evidente desde el principio para todo el mundo, excepto para las interesadas. Para Emma porque se cree sus fantasías, y para Harriet porque en su simplonería está dispuesta a creer todo lo que Miss Woodhouse le diga. Los lectores se van dando cuenta de cómo las jóvenes se engañan a sí mismas y no son capaces de interpretar de manera correcta la actitud de Mr. Elton. Y, por si hubiera alguna duda, Mr. Knightley, adivinando las intenciones de Emma, adelanta lo que ocurrirá… Y  de hecho ocurre. Y lo que ocurre es que ese primer triángulo da lugar a otro.

Resultado de imagen de emma película austenHarriet-Mr. Elton-Emma, este es segundo triángulo que encontramos en la historia… Aunque sea aún más inconsistente que el anterior. Ya que si en el primero existía una relación recíproca entre dos de los tres componentes -que Emma se encarga de erradicar-, en este segundo solo existe interés en una dirección. Harriet admira a Mr. Elton y este siente mucho interés por Emma. Pero en ninguno de los dos casos hay correspondencia. Esta situación va ganando en intensidad durante los primeros capítulos hasta que se pone de manifiesto y “muere” durante el viaje regreso tras la cena en casa de los Weston.

Una vez solventado este asunto, aparece un nuevo personaje en la novela, del que se ha hablado largamente: Frank Churchill.

Imagen relacionada

El lector, que, como ya se ha dicho antes, va algunos pasos por delante de Emma, no tarda en detectar cierta animadversión de Mr. Knightely hacia el hijo de Mr. Weston y, mientras que Miss Woodhouse se sorprende por este hecho, el público comprende que el origen de estos sentimientos se encuentra en los celos. Por lo que nos encontramos ante el triángulo amoroso central de esta novela: Mr. Knightley-Emma-Frank Churchill.

Imagen relacionadaMás adelante nos detendremos a analizar el papel de Frank Churchill en esta obra, ahora solo comentaremos que este triángulo, que incluso los lectores pueden percibir como real durante una gran parte de la obra, termina siendo igual de aparente que los anteriores, ya que dos de sus componentes no sienten un interés real el uno por el otro, aunque Emma piense que Frank está enamorado de ella, y escudriña su corazón hasta comprender que ella no le corresponde.

La historia sigue avanzando y Harriet vuelve a entrar en acción. En un primer momento, Emma hace creer a los lectores que Miss Smith se ha enamorado de Frank Churchill. Ni ella ni el público conocen la existencia de una tercera persona en esa relación, puesto que Emma se ha mostrado indiferente hacia el joven. Por lo que no habría ningún triángulo, pero… Pronto descubrimos el error de Emma (uno más que añadir a la lista) y escuchamos a Harriet decir no solo que siente afecto por Mr. Knightley, sino que se cree correspondida. Y es entonces cuando Emma descubre lo que los lectores ya sabían, que está enamorada del elegante caballero y que ha sido tan tonta como para no comprenderlo hasta que ya es demasiado tarde. Resultado de imagen de emma película austenPor lo que se cierra un nuevo triángulo (Harriet-Mr. Knightley-Emma), que tan solo dura unas páginas, ya que Austen no quiere mantener a sus lectores en vilo más tiempo del imprescindible e inclina la balanza hacia Emma, provocando que Harriet sufra un nuevo desengaño, que terminará por llevarla de nuevo a la casilla de salida, y, cuando se presente la segunda oportunidad, aceptará la proposición de Robert Martin, que debería haber aceptado tiempo atrás.

Resultado de imagen de emma jane fairfax frank churchillDe este modo terminan las peripecias románticas provocadas por la inconsciencia de Emma, pero no la historia, ya que el narrador nos muestra algunas conversaciones en las que se evidencia un triángulo romántico que ha pasado oculto para casi todo el mundo. El compuesto por Emma-Frank Churchill-Jane Fairfax. Este triángulo “virtual” causa algunos momentos de desasosiego en los Weston, que al conocer el compromiso de Frank con Jane F. temen el dolor que esto pueda causar a Emma. Pero pronto escuchan de labios de la interesada las palabras que logran tranquilizarlos, y que demuestran que, una vez más, nos enfrentamos a un triángulo amoroso aparente.

Resumiendo: en esta novela encontramos cinco triángulos románticos y ninguno de ellos es real. Emma tiene un aire de “comedia romántica de enredo” y se sirve del recurso a los triángulos amorosos para crear tensión y comicidad. Pero, como se comprueba al analizar las novelas de Austen, sus trabajos tienen una profundidad muy superior a la de cualquier obra de ese género.

Y, antes de terminar, volvamos a una cuestión que ha quedado abierta y de la que hablamos en el encuentro que tuvimos en la Casa del Libro de Barcelona el pasado 20 de mayo. ¿Cuál es el papel de Frank Churchill en esta novela? Es un personaje distinto a los otros “pretendientes temporales” de las protagonistas de Austen. No tiene nada que ver con Willoughby, ni con Wickham, ni con Henry Crawford, ni siquiera con Mr. Elliot. No es un seductor inmoral, ni un interesado, ni un inconstante. Se comprometió con Jane Fairfax y es fiel a su compromiso, sabiendo que ella no tiene medios económicos, ni títulos que aportar al matrimonio. ¿Entonces? ¿Es un caballero? Tampoco. No es comparable con los caballeros de Austen.

Imagen relacionadaFrank Churchill es un joven apuesto, simpático y alegre, bastante superficial y egoísta, que actúa con inconsciencia y frivolidad, pero que es bendecido por la fortuna. Al menos eso opina Mr. Knightley. Y, en esta novela, además de otras muchas cosas, aporta un contraste que logra que destaque aún más la caballerosidad de Mr. Knightley y sus muchas virtudes, que le sitúan a un nivel infinitamente superior de ese joven galán, y que por eso logra que Emma cambie de opinión y abandone su idea de permanecer soltera.

La mejor manera de mostrar las virtudes de algo es compararlo con un elemento similar. Jane Austen recurre con frecuencia a los contrastes y sin necesidad de ensalzar la figura de Mr. Knightley logra que captemos su elegancia, su generosidad, la firmeza de sus principios y muchos otros valores cuando estos entran en contraste con la actitud de Frank Churchill o, más aún, al compararlos con el comportamiento de Mr. Elton.

Como todos los lectores de Jane Austen sabemos, aunque las novelas de esta autora puedan parecer sencillas y haya quien las asemeje con algunas obras costumbristas o románticas, lo cierto es que hay mucho trabajo detrás de cada una de estas historias para lograr esa aparente sencillez. Los genios logran que lo más complicado nos parezca sencillo.

Continuará…

Por Miguel Ángel Jordán

 

A PROPÓSITO DE EMMA

“I am going to take a heroine whom no one but myself will much like”

Resultado de imagen de EMMA BOOKAsí definió Jane Austen a Emma Woodhouse, o al menos eso es lo que reflejó su sobrino James Austen-Leigh en su Memoir.
Una heroína que no le va a gustar a nadie, excepto a mí. Nadie conoce mejor a los personajes de Austen que ella misma. Esta genial escritora dedicaba mucho tiempo a componer sus obras y, en especial, a imaginar a cada uno de sus protagonistas. Nada ocurre porque sí, nadie es como es por casualidad. Para todos encontramos una justificación de su comportamiento. Y si eso ocurre hasta con algunos secundarios irrelevantes, no es difícil imaginar el cuidado que pondría al crear a sus heroínas.

“Emma Woodhouse, guapa, inteligente y rica”. Así se nos muestra al comenzar el libro. Quién nos iba a decir que doscientos años más tarde encontraríamos ecos austenianos en las declaraciones de un futbolista se autodescribió como “rico, guapo y un gran jugador” 😉 .

Resultado de imagen de cristiano ronaldo guapo rico y buen jugador

Resultado de imagen de EMMA WOODHOUSEGuapa, inteligente y rica, con todas las comodidades a su alcance y las continuas alabanzas de todos los que la rodean… Bueno, de casi todos. ¿Cómo definiríamos a una chica que se ha criado en ese entorno? Mimada, consentida… Así es Emma, una joven mimada y consentida a la que nunca le ha faltado no ya lo necesario, sino hasta el más mínimo capricho. Cuenta con muchos dones naturales, todos los materiales y el continuo reconocimiento de un padre egoísta y adulador. ¿Acaso es extraño que se sienta superior a los demás?

Imagen relacionadaUna niña mimada, sabelotodo, envidiosa y manipuladora. No soporta que alaben a Jane Fairfax en su presencia y juega con su “amiga” Harriet como si fuera una de sus muñecas, cambiándole el pretendiente como si le mudara el vestido. Una snob que no quiere juntarse con los que están por debajo de su nivel social. Una joven cruel que critica sin piedad a los que le resultan molestos.

¿Acaso es extraño que Jane Austen pensara que esta heroína no le iba a gustar a nadie? ¿Y por qué le gustaba a ella? Y, más extraño aún, ¿cómo es posible que nos guste a tantos? Personalmente, reconozco que Emma es junto con Elizabeth Bennet mi protagonista favorita de las novelas de Austen. Y, en algunos aspectos, está por encima de las mismísima Lizzy. ¿Por qué? Muy sencillo, porque es encantadora.

Resultado de imagen de EMMA WOODHOUSEEmma es esa persona con la que uno no puede estar enfadado por mucho tiempo a pesar de su tozudez y sus equivocaciones. La niña que todo padre consentiría y que conseguiría su perdón tras la mayor trastada con solo una sonrisa. Una joven capaz de doblegar el corazón del mismísimo Mr. Knightley, encarnación del hombre recto, juicioso y honrado. Un rayo de luz, un soplo de aire fresco, una sonrisa irresistible.

Emma tiene defectos, de eso no hay duda, pero también tiene virtudes. Su bondad natural consigue abrirse camino a través de los obstáculos que le ponen su situación y su entorno.

Imagen relacionadaEmma es una hija devota, que no escatima atenciones hacia su padre, por muy cargante y posesivo que este pueda ser. Incluso está dispuesta a retrasar su boda para evitarle un disgusto a Mr. Woodhouse. Los errores de Emma son infinitos y en ocasiones graves. Pero es capaz de rectificar cuando alguien se los muestra. Sus equivocaciones suelen producirse mientras ella busca el bien, el problema es que lo hace a su manera, confundida por la visión del mundo que le han transmitido sus educadores. No hay maldad en Emma, ni intenciones ocultas, ni fines egoístas. Tan solo inconsciencia e inmadurez.

Sabemos que Jane Austen no soportaba los “retratos de perfección”. Las personas reales tenemos defectos. Y esas limitaciones, bien llevadas, no solo no nos alejan de los demás, sino que nos hacen asequibles y pueden aumentar nuestro atractivo.
Imagen relacionadaA lo largo de toda la novela, el narrador nos muestra los errores de Emma. El lector va siempre un paso por delante de la joven y ve venir sus equivocaciones. La vemos vulnerable y, por lo tanto, cercana, asequible, real. No es alguien distante a quien solo podemos admirar. Es una joven tan indefensa ante sí misma que nos sentimos inclinados a protegerla y a comprenderla. Así se siente Mr. Knightley, que comienza guiándola y termina perdiendo el norte por ella. Los encantos de Emma están muy por encima de sus defectos. Su bondad de corazón, su alegría innata, su mente despierta y sus muchas otras virtudes la convierten en la heroína perfecta para una historia que transmite luz en cada una de sus páginas.

Por Miguel Ángel Jordán

Confesiones de una pequeña Catherine Morland

Todas las heroínas de Jane Austen tienen algo en ellas con lo que el lector empatiza enseguida. En mi caso, fueron la pasión por la lectura y las opiniones de Elizabeth; la prudencia de Elinor, pero también la ilusión de Marianne. Cuando me preguntan cuál es mi novela favorita de Jane Austen, a veces quiero decir que es Persuasión por la fortaleza de Anne, pero otras recuerdo que Emma me entretuvo como nadie. Sin embargo, guarda un especial lugar en mi corazón la más joven y naÏve de las heroínas de Austen: Catherine Morland, de Northanger Abbey. Muy criticada por su alocada imaginación y su inocencia, Catherine siempre me recordó a mí cuando era más pequeña. No alcanzo a comprender cómo algunos lectores no se ven conmovidos por la frescura de una joven que sólo desea buscar aventuras. ¿No hemos sido todos alguna vez como Catherine?

Cuando era pequeña, pasaba muchas temporadas en casa de mis abuelos. Era una enorme casa de indianos, con una torre de escalera estrecha y un jardín lleno de altísimos arbustos; mucho menos siniestra que una antigua abadía, pero suficientemente misteriosa para una niña pequeña que había leído muchas novelas de aventuras. El jardín tenía varios caminos de piedra para bajar hasta los balancines sin resbalar en el césped húmedo. Silenciosos gatos se escabullían entre las cañas de bambú. Tras los arbustos había rincones frescos, aromatizados de rosas y agapantos, las casas de las hadas de distintos colores, donde podía una esconderse a escuchar el viento susurrar entre las hojas. El garaje escondía bajo el polvo todo tipo de trastos que, me gustaba y asustaba pensar, servían de guarida a fantasmas. El hall era amplio y luminoso y en sus salones sólo hay ecos de alegría y de las sonrisas de mis abuelos, que me daban de desayunar tostadas con miel. Pero en un rincón del hall, junto a un banco flanqueado por pequeñas águilas de hierro, una estrecha puerta conducía a unas escaleras curvadas que para mí eran el pasadizo secreto al lugar que ese día se me antojase. Sólo llevaban al sótano, con una cocina y una lavandería que no tenían nada de amenazador, pero el poder de mi propia sugestión era capaz de aterrorizarme hasta el punto de no poder pasar por aquel “pasadizo”. La torre donde trabajaba mi tío pintando sus cuadros era para mi yo de niña todo un desafío de subir, y aunque parte de mí sabía que sólo había cuadros y tubos de pintura, el poder de mi imaginación era capaz de paralizarme, y hasta la adolescencia no subí a aquella torre a visitar la cueva de los tesoros de mi tío el artista.

Por eso, cuando leí Northanger Abbey , a pesar de no encontrar a una heroína particularmente inteligente, independiente, o llena de opiniones, me enternecieron las ganas de Catherine de encontrar una carta misteriosa en el arcón o una trágica historia tras los retratos. El afán de aventura de Catherine es en mi opinión ambiguamente retratado por Jane Austen; es difícil ver si lo ridiculiza para censurarlo o si su narración está impregnada de ternura. Tal vez esté influida por la dulce interpretación de la magnífica Felicity Jones en la adaptación de 2007, pero Catherine Morland me resulta la más dulce de las heroínas. Su personaje está en contacto con el niño que todos llevamos dentro, y más aún, el niño lector; es esa vena quijotesca que se encuentra en una persona joven que ha leído toda su vida. Muchos se ríen de Catherine cuando se emociona por una absurda lista escondida en un baúl, pero es uno de los momentos con los que, como lectora, más me identifico de las novelas de Jane Austen.

Reflexionando sobre la acogida guasona que tiene Catherine en los lectores, y desde el recuerdo de los correteos por el pasadizo secreto y la silenciosa contemplación de la torre desde aquel balancín, quiero exhortar a los fans de Northanger Abbey a recordar ellos también. ¿Nunca miraron bajo su cama convencidos de que había un monstruo? ¿Nunca subieron de un salto a la cama por miedo a siquiera mirar? ¿Nunca subieron a un árbol para otear al horizonte? ¿O miraron tras los abrigos del armario “por si acaso” aparecían las ramas de pinos nevados de Narnia? ¿Esperaron, tal vez, junto a la ventana a una lechuza con una carta en el pico? Entonces tal vez no sean tan distintos de Catherine Morland.

Por Elena Truan

Una tarde con Mila Cahué

Para un austenita, pasar una tarde hablando de Jane Austen es un raro placer. Poder discutir durante horas sobre si Charlotte Lucas fue una mala amiga al casarse con Collins o fue una mera superviviente, sobre cuando Elizabeth Bennet se enamoró del señor Darcy o si Emma fue una verdadera amiga para Harriet Smith o si solo la uso egoístamente, no ocurre cada día.

Si encima es durante una charla con Mila Cahué, se nos abren las puertas a otra dimensión, la dimensión psicológica de sus personajes. Esto es lo que ocurrió el sábado 18 por la tarde en la Casa del Libro de Barcelona.

Mila nos habló de las parejas en las novelas de Jane Austen, de las bien avenidas, de las no tan bien avenidas, de cómo los protagonistas se equivocan, aprenden y rectifican a lo largo de la novela para ganarse un final feliz, un matrimonio feliz, en realidad, una vida feliz. Porque, como dijo Mila, se aprender a ser feliz y Jane Austen nos enseña a serlo dándonos un manual en cada una de sus novelas.

También nos habló de los personajes oscuros desvelándonos el carácter del perverso narcisista y cuanto más detalles nos daba, más reconocíamos a Wickham, a Henry Crawford o a Isabella Thorpe.

¿De que más hablamos? De la maestría y grandeza que demuestra Jane Austen construyendo personajes principales que son héroes y heroínas no por ser protagonistas sino porque aprenden y crecen con las dificultades del día a día, de la vida misma. Ellos aprenden a tomar sus propias decisiones, a ser ellos mismos, y eso les hace ser libres. Elizabeth Bennet fue realmente libre al rechazar dos interesantes ofertas de matrimonio y fue libre al aceptar la tercera. Darcy aprendió a dejarla ser libre al dejarle la opción de rechazar su segunda propuesta. Todo esto lo relata Jane Austen con un gran dominio de la lengua y con una gran elegancia, en la forma y en el fondo.

En palabras de la propia Mila: “la gran lección de Jane Austen es enseñarnos como superar el dolor de la vida y mostrarnos cómo el verdadero valor es corregir nuestros propios defectos elegantemente”.

De todo esto, y mucho más, se habló durante la charla de Mila Cahué. Si queréis conocer de qué mucho más, tendréis que venir a una de sus charlas. Hay una cada mes hasta diciembre.

Por Neus Baras