FANNY WARS: LA HEROÍNA

héroe, ína

  1. Persona ilustre por sus hazañas o virtudes.
  2. Protagonista de una obra de ficción.

Diccionario de la lengua española,

Real Academia Española

Resultado de imagen de mansfield park libroSobre Mansfield Park se pueden decir muchas y muy variadas cosas, y en torno a su mayor parte se llega a un consenso más o menos generalizado. Pero el punto en que estudiosos y lectores de esta obra chocan frontalmente es en la valoración de su personaje. Sí, su personaje, porque esta novela se podría haber titulado perfectamente Fanny Price. Sin ella, sólo quedaría la cáscara endeble de palabras sin un argumento de interés. Aunque en la novela hay un amplio espectro de personajes de diversa complejidad, todos ellos adquieren dimensión real al reflejarse en el espejo de la protagonista Pero si el carácter de Fanny es equiparable o no en cuanto a fuerza y atractivo (no físico, se entiende) al de otros personajes femeninos de Austen es una cuestión discutible y muy discutida entre sus incondicionales.

Imagen relacionadaLa acusación, en la que se alinea una amplia mayoría de austenitas, la tacha de lánguida, pacata, inerte y carente de toda autoestima, características que aparecen a simple vista; y, lo que es más grave, condenan a Fanny por estar perdidamente enamorada de un sujeto como Edmund, aséptico y soso con avaricia. Insisten en que se trata de un personaje sin vida, sin gracia, sin iniciativa ni capacidad de acción o reacción. El rechazo a este personaje es tal que incluso circula por el inframundo literario una novela perpetrada por alguna supuesta seguidora de Austen en la que se desfigura el carácter de Fanny y ésta es asesinada. No obstante, hay un sector, probablemente muy minoritario, que se revuelve contra tales acusaciones y no sólo la defiende paladinamente, sino que incluso la elevan sobre las demás heroínas salidas de la pluma de Jane. Los cruces de munición dialéctica son tan intensos en ocasiones que se asemejan a una especie de guerra civil en el mundo austenita. Son las conocidas en el mundo anglosajón como Fanny Wars.

Como militante del bando que admira a Fanny Price, estas líneas no pueden dejar de ser un alegato a favor de la inteligencia, la bondad e integridad y la sencillez de este personaje, o, en todo caso, la sutileza y el encanto con que manifiesta la gran sensibilidad la heroína de Mansfield (más tarde se hará referencia a ese vocablo en sus estrictos términos). Pero, a fuer de ser objetivo, que no imparcial, también mencionaré los puntos débiles a los que sus detractoras dirigen sus dardos; puntos débiles que, en algunos están justificados y en otros no responden a una verdadera debilidad de carácter.

Resultado de imagen de fanny price  Hay que empezar señalando que Austen creó a Fanny como alguien de quien es difícil enamorarse de manera natural, eso parece indiscutible. Posiblemente la autora planeó que a los lectores les atrajeran más los Crawford durante la mayor parte de la novela, ya que frente a estos hermanos los defectos de Fanny resaltan sobre sus virtudes. Defectos basados en su timidez, un punto clave de su carácter, y que consisten en faltas de omisión: un no decir y no hacer que a veces llegan a ser inquietantes. Y la propia Austen subraya, casi hasta la burla, las incertidumbres de Fanny con sus habituales armas irónicas. Un ejemplo claro es su obstinación en asistir a los ensayos de la obra de teatro a la que se oponía, aun sabiendo que acabaría irritada y angustiada, algo por lo que «fue debidamente castigada».

But Fanny still hung back. She could not endure the idea of it. Why was not Miss Crawford to be applied to as well? Or why had not she rather gone to her own room, as she had felt to be safest, instead of attending the rehearsal at all? She had known it would irritate and distress her; she had known it her duty to keep away. She was properly punished. (cap. XVIII)

Resultado de imagen de fanny price Sí, Fanny es tímida, es dócil, es introvertida, atributos difíciles de superar para convertirse en una heroína atractiva. Ahora bien, estos rasgos obedecen, más que a su carácter, a la educación recibida y al enrarecido ambiente de Mansfield; se debe en gran parte a que los Bertram, y especialmente la tía Norris, le inculcaron desde el primer día que es muy inferior a sus primos y que sus deseos y su bienestar no merecen la menor consideración. Fue educada y tratada más como una criada que como un familiar. Es necesario considerar su situación para tratar de comprenderla, ponerse en su lugar para entender la sensación de opresión que siente entre los Bertram y los Crawford. Pero, y ahí está su grandeza, a pesar de ser tratada con tanta insensibilidad, Fanny intenta con sinceridad y constancia hacer lo correcto, comportarse con rectitud y respeto; trata incluso de ayudar, de ser honesta con sus parientes y no perjudicar ni ofender a nadie, ni siquiera a la gente que no le gusta y que la desprecia.

Ciertamente, no estamos acostumbrados a las heroínas introvertidas; para la mayor parte de los lectores, una heroína tímida, tranquila y de voz suave es inesperada e insatisfactoria. Recordemos: «A la sazón Fanny Price contaba diez años; (…) Era pequeña para su edad, sin color en la cara, ni ningún otro atractivo visible, y extremadamente tímida, vergonzosa y encogida; pero su aire, aunque torpe, (…)». En efecto, una heroína improbable. ¿O no? ¿Acaso tiene otras cualidades?

Aunque Fanny no sea extrovertida y divertida, es una amiga dedicada, amable, reflexiva e inteligente. También es una buena oyente: sabe escuchar activamente; y la inteligencia unida a esa escucha activa le lleva a evaluar y reconocer a las personas y las situaciones correctamente y en cada momento. Todo ello no lo podrán negar ni siquiera sus acérrimas detractoras. Ahora bien, en lo que muchas de éstas no han caído es en otras dos cualidades también muy unidas entre sí: es apasionada y fuerte.

Resultado de imagen de fanny priceAunque su aspecto sea frágil físicamente, tiene una fortaleza interna fuera de lo común para defender aquello en lo que cree tener razón y le parece lo correcto (que casi siempre lo es realmente); y lo defiende incluso contracorriente, cuando todos, incluyendo a Edmund, están participando en el espectáculo lamentable de los ensayos teatrales; cuando ella misma se ridiculiza por ello (como se ha visto antes); o cuando todos la presionan y acosan para rendirse y ceder al desatino de un matrimonio con el impostor Crawford. Por mantenerse fiel a su conciencia es desterrada a Portsmouth, donde su ánimo y su salud se resienten, pero nada de ello es capaz de doblegarla. Y es que siente pasión por aquello que ama y aquellos a quienes ama. Pasión que, por lo tanto, se opone a la razón: aunque su comportamiento y su forma de pensar sean absolutamente razonables, sus sentimientos y emociones están dominadas por la pasión, a veces doliente.

He is blinded, and nothing will open his eyes; nothing can, after having had truths before him so long in vain. He will marry her, and be poor and miserable. (…) Oh! write, write. Finish it at once. Let there be an end of this suspense. Fix, commit, condemn yourself! (cap. XLIV)

Resultado de imagen de fanny priceLas personas fascinadoras sólo se preocupan por cómo son percibidas por los demás, por las impresiones inmediatas que causan, no por lo que realmente llevan dentro; por lo que reciben de los demás, no por lo que ellas pueden dar. Por eso desarrollar una amistad con Fanny es lento para el lector, porque a una persona sólo se la conoce por dentro y de verdad con el trato a lo largo del tiempo, pero vale la pena. Un personaje tal es casi imposible de entender en una cultura dominada por el hedonismo, la gratificación inmediata y el retroceso continuo de las virtudes cardinales; dicho más claramente: es muy difícil de asimilar para la mentalidad dominante de nuestros días. Por eso, una vez que se comprende su actitud, Fanny resulta ser una de las heroínas más interesantes, complicadas y empáticas de Austen y la necesitamos más que nunca.

La protagonista de Mansfield Park es una niña que crece ignorada y despreciada, pero que madura prematuramente con una conciencia inquebrantable. Es una heroína, pero no en su acepción novelística (la 4 del Diccionario), sino en la acepción más estricta (la 1). Es la única heroína de verdad en el mundo de Austen y, de manera excepcional, puede ser considerada como una heroína sumamente romántica. Sí, romántica, pero no en el sentido adulterado con que se utiliza en la actualidad este adjetivo, sino en sentido puramente artístico: posee una intensa subjetividad de pensamiento y sentimiento, hace un uso disciplinado de la soledad, se nutre de poesía, es capaz de ensimismarse en la contemplación de la naturaleza y además utiliza el poder de la memoria como alimento espiritual. Sólo Marianne Dashwood y Anne Elliot comparten con ella algunas de esas características, pero sin llegar a ese carácter heroico.

En definitiva, la propia Austen consideraba a Fanny Price como uno de sus personajes predilectos, hasta el punto de otorgarle el nombre de su sobrina favorita (detalle que, a quienes tenemos pretensión de escribir, nos suele resultar revelador). Y no sé si habrá quedado claro que quien esto suscribe, como la autora, se pone de parte de Fanny de principio a fin, y como aquélla expresa en el último capítulo, «hoy tengo la satisfacción de saber que mi Fanny ha debido de ser muy feliz a pesar de todo».

Por Fernando García Pañeda

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JANE AUSTEN Y LOS CLÉRIGOS

En esta entrada vamos a comentar brevemente la visión que se transmite en las novelas de Jane Austen sobre los clérigos y, también, la que pensamos que fue su opinión al respecto.

En el contexto sociocultural en el que vivió Austen, las “salidas profesionales” para un joven de buena posición, pero sin demasiados medios económicos, eran bastante escasas: el derecho, el ejército, la marina o la Iglesia. Es decir, la clerecía era vista como un oficio más, no necesariamente como una vocación.

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En las novelas de JA, encontramos dos perspectivas de la labor propia de un clérigo claramente diferenciadas. Una visión profesional y de relaciones sociales, como la de Mr. Collins, al que vemos siempre muy preocupado por mantener sus buenas relaciones con Lady Catherine y con aquellos que puedan contribuir a su propio bienestar. Y otra visión mucho más pastoral, en la que el párroco deberá cuidar de sus feligreses, y por lo tanto, tendrá que convivir con ellos a fin de conocer sus necesidades y resultar asequible, aunque esto vaya en detrimento de su comodidad; como explica Lord Bertram al hablar del futuro deResultado de imagen de edmund bertram su hijo Edmund.

Entonces… ¿Cuál fue la visión de Jane Austen respecto a los clérigos? Antes de contestar a esta pregunta veamos algunas actitudes de sus personajes.

A pesar de que los clérigos tuvieran acceso a las clases sociales más altas, dependiendo del lugar en el que desempeñaran su ministerio, su situación no siempre era valorada de un modo positivo. En ocasiones podía deberse al escaso atractivo de las tareas religiosas para unas jóvenes más pendientes de los uniformes que de las vestes sacerdotales, como serían Kitty y Lydia:

Kitty and Lydia were far from envying Miss Lucas, for Mr. Collins was only a clergyman (P&P)

En otras, a la escasa influencia social o a las limitaciones económicas de dichos cargos:

Resultado de imagen de robert ferrarsHe (Robert Ferrars) laughed most immoderately. The idea of Edward’s being a clergyman, and living in a small parsonage-house, diverted him beyond measure;–and when to that was added the fanciful imagery of Edward reading prayers in a white surplice, and publishing the banns of marriage between John Smith and Mary Brown, he could conceive nothing more ridiculous. (S&S)

También hallamos críticas respecto a su estilo de vida. Se les acusa de ser perezosos, glotones, egoístas, etc.

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“Oh! no doubt he is very sincere in preferring an income ready made, to the trouble of working for one; and has the best intentions of doing nothing all the rest of his days but eat, drink, and grow fat.” (MP)

Pero, frente a crítica de Mary Crawford, encontramos enseguida la defensa de Edmund, que aunque admite que se den casos así, sostiene que son una triste excepción a la regla general:

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“There are such clergymen, no doubt, but I think they are not so common as to justify Miss Crawford in esteeming it their general character. I suspect that in this comprehensive and (may I say) commonplace censure, you are not judging from yourself, but from prejudiced persons, whose opinions you have been in the habit of hearing.” (MP)

Más adelante, cuando Mary Crawford afirma que “un clérigo no es nada”, Edmund le responde destacando la grandeza y responsabilidad de su misión. Si el clérigo en cuestión no está a la altura de las circunstancias habrá que achacar las consecuencias al hombre, no al ministerio:

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“But I cannot call that situation nothing which has the charge of all that is of the first importance to mankind, individually or collectively considered, temporally and eternally, which has the guardianship of religion and morals, and consequently of the manners which result from their influence. No one here can call the office nothing. If the man who holds it is so, it is by the neglect of his duty, by foregoing its just importance, and stepping out of his place to appear what he ought not to appear.” (MP)

Resultado de imagen de george austenJane Austen fue hija y hermana de clérigos. Sabemos por sus escritos que mantuvo la práctica religiosa durante toda su vida, y, a pesar de la mordacidad de algunas de sus afirmaciones, no hay duda de su respeto por el estado sacerdotal y la firmeza de sus creencias. ¿Cómo justificar entonces sus retratos de clérigos malvados o tontos? ¿Qué pueden aportar Mr. Collins, Mr. Elton, o el Dr. Grant a la imagen del ministro sagrado? ¿No propiciarán estos personajes paródicos o incluso repulsivos en ocasiones una percepción negativa de los pastores de la Iglesia?

Precisamente son sus convicciones religiosas y su respeto por las órdenes sagradas lo que le lleva a denunciar y criticar con fuerza los excesos y malas costumbres de aquellos que no están a la altura de su cargo. Jane Austen no critica a la Iglesia, sino las malas prácticas y negligencia de algunos de sus miembros, que en vez de seguir sus enseñanzas, se benefician de una posición que desacreditan con sus malas costumbres.

Resultado de imagen de mr. tilneyFrente a los ejemplos recientemente señalados, cabría posicionar a otros personajes pertenecientes al estado clerical, que transmiten una imagen más amable, como podrían ser Henry Tilney, Edward Ferrars, Mr. Morland y su hijo James, o, el varias veces citado, Edmund Bertram.

 

Por Miguel Ángel Jordán

EL SENTIMIENTO TRÁGICO DE LA VIDA EN LAS OBRAS DE JANE AUSTEN

Es habitual, si no obligado, e incluso un lugar común hacer referencia a la ironía aguda, cuando no un punto de vista netamente humorístico, que imprimía Jane Austen en sus novelas, especialmente en el tratamiento de personajes secundarios y en situaciones relacionadas con éstos. Pero lo que en absoluto resulta habitual es encontrar comentarios relacionados con lo que, en términos unamunianos, se viene en llamar el sentimiento trágico de la vida. Un sentimiento trágico ligado directamente a ese más conocido sentido cómico. Precisamente, como el mismo don Miguel afirmó:

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«Austen tuvo un cierto sentimiento de la tragedia, un sentimiento tan suave, tan resignado, tan tristemente apacible, que se convirtió en sentimiento de la comedia. Porque lo cómico no es sino otra cara más, y a las veces no la menos triste, de lo trágico».([1])

Quizá en una primera lectura de ciertas novelas de Austen, con excepción de Sense and sensibility, Persuasion y Mansfield Park, no se perciba con nitidez ese lado tragicómico de esos pequeños mundos que recreaba, velados sin duda por el sentido irónico, los detalles preciosistas o la propia trama de las novelas. Pero basta una cuidada relectura para levantar ese velo y dejar al descubierto ese lado menos luminoso, rabiosamente humano, en el que se mueven muchos de sus personajes, principales y secundarios. Un carácter tragicómico que se mueve entre el sentido shakespeariano (tan cultivado por la propia Jane y algunos de sus personajes más representativos) y el quijotesco. Entre la tragedia de una vida de monótona insistencia en las carencias económicas y emocionales, y entre la comedia provocada por la pequeñez mental y la insensibilidad.

No escasean las situaciones en que los personajes austenianos han de afrontar esos sentidos trágicos de la existencia en medio de encrucijadas vitales, bien mezclados con una dosis de humorismo, o bien sin anestesia previa. Encrucijadas no de corte épico, por supuesto, ni siquiera de dramatismo clásico, sino las pequeñas y anónimas angustias existenciales domésticas que se producen en la intrahistoria de los pueblos y la marea del tiempo se traga por millones.

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Por Fernando García Pañeda