Un Austenita en New York

Hi, everyone!

Desde hace unos días me encuentro en NYC, realizando una estancia de investigación… Y como no quiero que esta entrada sea excesivamente larga, voy a ir directo al grano.

En cuanto supe que iba a viajar a Nueva York, me puse en contacto con nuestros socios de JASNA (Jane Austen Society of North America) para ver si sería posible que me reuniera con alguno de sus miembros. Y, muy poco tiempo después, recibí varias respuestas, cada cual más amable. JASNA cuenta con más de 5000 socios y está dividida en diferentes grupos (branches), ya que por el tamaño del país, es mucho más práctico así. Una de las personas que me escribió fue Nancy Duell, coordinadora de la región de NY, y junto con unas cariñosas letras, me envió una invitación a participar en un “JASNA retreat“, un fin de semana dedicado a Austen en un hermoso y pacífico paraje del estado de NY. ¿Cuánto tiempo tardé en aceptar la invitación? Menos que en escribir esta pregunta 😉

Algunos días después, Nancy volvió a escribirme para desbordarme con su amabilidad. Por una parte, me informó de que habían pedido y recibido contributions con las que sufragar los gastos de mi desplazamiento y estancia en Wiawaka. Y por otra, me dijo que una socia de JASNA se había ofrecido a acompañarme durante el viaje para evitar que yo terminara en Alaska (esto último no lo dijo, pero hubiera sido así).

Dando un salto en el tiempo, nos situamos en la madrugada del sábado 23 de junio. Tras varios intercambios de mails y mensajes, había quedado con Rose Kearns (mi guía) y su amiga Maggie Wetzel a las 6.15 a.m. en Grand Central Station. Así que me levanté mientras las gallinas soñaban con los angelitos y me puse en camino hacia la estación. Entre mis preocupaciones no se encontraba la de cómo reconocer a Rose, ya que ella misma me había asegurado que sería fácil, puesto que llevaría puesto un vestido de época (1790s). Y así fue 😉 . Por desgracia, mi móvil me ha hecho varias trastadas durante este fin de semana y he perdido algunos vídeos y algunas fotos… Pero os puedo garantizar que se trataba de un vestido muy bonito y que Rose estaba muy guapa con él 🙂

Los primeros minutos del viaje en tren fueron una cura de humildad en toda regla. Yo pensaba que era un experto en Jane Austen… A ver, he hecho la tesis doctoral sobre su estilo literario y he publicado una novela biográfica sobre ella, así que algo sé, ¿no? Pues… comparado con Rose, me sentí como un principiante, y cuando un rato después bajamos en Albany y montamos en el coche de David Shapard, esa sensación se afianzó y llegué a Wiawaka pensando que no era más que un school boy. ¡Madre mía! ¡Lo sabían todo de todo!

Nada más llegar, dejamos las maletas y tuvimos una sesión introductoria sobre el lugar en el que nos encontrábamos, Saratoga Springs, que es como Bath pero en versión americana. Al terminar esta sesión, comimos (ya eran las doce 😛 ) y, tras una agradable sobremesa, comenzó la brillante conferencia impartida por Tonya Moutray, profesora de The Sage College, sobre la influencia del catolicismo en la arquitectura y moda durante los últimos años del siglo XIX. Como consecuencia de la revolución francesa, muchas personas pertenecientes a órdenes religiosas, huyeron de Francia y se refugiaron en Inglaterra. Y esto tuvo una influencia tanto en los vestidos de las damas (el tipo de tocado y velo), como en algunos complementos (nuns crosses), como en las construcciones de las casas y las abbeys. Tonya, además, nos mostró bastantes imágenes de su estancia de investigación en Chawton House, la antigua residencia de Edward Knight, hermano de Jane Austen. Así que el nivel de envidia por mi parte fue en aumento continuo 😉

 

A continuación, tuvo lugar la primera parte de la lectura dramatizada de la adaptación para teatro de Persuasión escrita por Rose Kearns. Sí, mi compañera de tren que lo sabía todo 😉 . Rose no solo es una gran entendida en Austen, también es escritora y actriz de teatro. Entre el material que se nos había entregado al principio de la jornada, se encontraba una copia de la obra, por lo que se asignaron los papeles y comenzó la lectura. David y yo éramos los únicos caballeros presentes, así que a él le tocó ser sir Walter Elliot y a mí el capitán Wentworth (¡qué se le va a hacer! 😛 ) .

Para calentar motores, Rose propuso que cantáramos una de las canciones que aparecen en la obra. Son canciones reales de aquella época, y tanto la letra como la melodía encajan a la perfección con la historia. Y fue en ese momento cuando descubrí que mi otra compañera de viaje era una artista consumada.

 

Cantante, compositora, bailarina, actriz e instructora de yoga todo en una sola persona. Y, además, una gran persona y muy divertida. Tal y como os he dicho antes, algunos vídeos y fotos se han estropeado pero, afortunadamente, sí que se ha salvado el sonido, por lo que podéis escuchar a Maggie guiando al resto de asistentes en una de las canciones, e interpretando ella sola otra melodía. Ya me decís qué tal lo hace 😉

Me gustó mucho la adaptación de Rose. Desde mi punto de vista, logra mantener la esencia y, a la vez, agiliza mucho la trama, de modo que en algo menos de dos horas y media se puede recorrer toda la historia. A nosotros no nos dio tiempo a acabarla, ya que entre acto y acto se abría el turno de comentarios y preguntas, pero fue una experiencia muy interesante y divertida. Con un capitán Wentworth con Spanish accent 🙂

Después de la cena, vimos la versión de Persuasión de 1995, que yo había visto hacía ya mucho tiempo y que disfruté por completo. Las ondas austenianas vibraban en el aire y era mucho más fácil apreciar cada detalle. Con esto concluyó esa primera jornada y nos retiramos a nuestros aposentos para un merecido descanso.

Después de una semana en NYC, mi reloj biológico está completamente desajustado, así que me desperté bastante antes de la hora prevista, pero eso me permitió el lujo de dar una vuelta por los alrededores y disfrutar del inigualable entorno. Hasta que encontré una silla escondida en un recoveco frente al lago y me senté allí a disfrutar de la calma, con las ardillas correteando por todas partes.

Y, a las 8.00, fui al comedor para tomar un desayuno americano como Dios manda. Así cualquiera afronta el día con energía: huevos, tostadas, gachas de avena, cereales, galletas, bizcochos, magdalenas y mantequilla de cacahuete, claro, que no falte.

A continuación retomamos la lectura dramatizada de Persuasión y, después, llegaron mis 15 minutos de gloria 😉 . Nancy me había preguntado la tarde anterior si tendría algún inconveniente en presentarme, hablar de por qué estaba allí, contar los inicios de JASES, etc. Y, obviamente, yo acepté encantado. Así que les conté la historia de mi vida y, en concreto, como Jane Austen ha cambiado mi vida. Les hablé de cómo hace algo más de dos años, Elena Truan tuvo la amabilidad de invitarme a colaborar en su proyecto de fundar JASES y, por supuesto, les hablé de mi libro 🙂 🙂 🙂 . Tras presentar Jane en Valencia, Madrid y Cartagena, también pude presentarlo en New York. Y es una lástima que aún no se haya traducido al inglés, porque hubiera agotado los ejemplares en ese momento 😉

Después de comer, tuvimos la última conferencia, en la que David Shapard, autor de una serie de ediciones críticas de todas las obras de Jane Austen, nos llevó de viaje a Bath. Fue impresionante. David ha estado varias veces allí, ya que cada año lidera una expedición de austenitas americanos a los lugares de Jane Austen. Por medio de mapas y fotografías, recorrimos todos los lugares relacionados con Austen y sus novelas: the Pumproom, the Octogon, the Royal Crescent

Por último, tuvimos un breve coloquio en el que se comentaron algunas de las cosas que habían salido en algunas de las sesiones, se habló de planes de futuro (+envidia por mi parte), se recordaron los inicios de JASNA en NY…

No tengo palabras para agradecer la amabilidad, el cariño y la atención que he recibido por parte de las organizadoras y de todos los asistentes a estas jornadas. Como os decía antes, he aprendido muchísimo ya que había auténticos expertos en Austen, pero también he aprendido mucho de la calidad humana de todas estas personas. Me sentí como en casa. Y gran parte de la culpa la tiene Jane Austen.

Durante el viaje de vuelta tuve la oportunidad de seguir charlando un rato con Rose y Maggie, a las que les deseo lo mejor en sus carreras artísticas y profesionales, y a las que espero volver a ver durante el tiempo que seguiré por aquí, leyendo, investigando, conociendo gente increíble, y haciendo algo de turismo. ¡Que no todo en la vida es trabajar!

¡MIL GRACIAS JASNA! ESPERAMOS QUE NOS DEVOLVÁIS LA VISITA

Por Miguel Ángel Jordán

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