EL MATRIMONIO EN LAS NOVELAS DE JANE AUSTEN (PARTE 3ª)

Continuamos con la serie de entradas sobre el matrimonio en las novelas de Austen. Si queréis leer las anteriores podéis hacerlo pinchando en los siguientes enlaces:

PARTE 1ª

PARTE 2ª

En esta tercera parte vamos a hablar de:

Matrimonio entre hombre bien posicionado e inteligente y mujer guapa, pero tonta

Aunque el título de este apartado puede resultar chocante u ofensivo, confiamos en que no sea así, puesto que no se está juzgando a nadie real, ni pretendemos extrapolar ningún juicio de valor. En cualquier caso, esta idea casi textual corresponde a Jane Austen, por lo que sería a ella a quien habría que pedir explicaciones.

Del mismo modo que, como se vio en una entrada anterior, esta autora siente un gran respeto por el ministerio sacerdotal, pero no duda en arremeter contra los clérigos que no viven según lo esperado; Austen es una gran defensora de su sexo, pero no tiene ningún reparo a la hora de burlarse y parodiar con crueldad a aquellas mujeres que destacan por su falta de inteligencia, sentido común o educación.

En varias de sus novelas encontramos parejas con una gran disparidad, no solo en cuanto al carácter o a los gustos, sino a la inteligencia. Esto tiene consecuencias distintas en cada caso, pero en general se muestra como algo no deseable, que tiene sus repercusiones en la familia.

Resultado de imagen de mr john dashwoodA modo de introducción para este breve subapartado, citaremos las palabras de Mr. John Dashwood, que no es precisamente un ejemplo de delicadeza cuando trata con sus hermanas, en las que no duda en cuantificar los frutos de la belleza femenina, estableciendo una relación económica entre el atractivo de una mujer y la fortuna de sus posibles pretendientes.

At her time of life, any thing of an illness destroys the bloom for ever! Her’s has been a very short one! She was as handsome a girl last September, as I ever saw; and as likely to attract the man (…). I question whether Marianne now, will marry a man worth more than five or six hundred a-year. (S&S: 195)

Si esto era así, no es de extrañar que hubiera hombres solventes que se sintieran decepcionados al comprobar que, tras ese rostro agraciado, no se hallaba la persona que ellos pensaban.

Reproducimos aquí un extracto en el que se nos ofrece la visión de Mr. Palmer desde la perspectiva de Elinor. Sorprendida por sus modales bruscos, la juiciosa joven busca una explicación para esta actitud, y estas son sus conclusiones:

Resultado de imagen de mr john dashwoodHis temper might perhaps be a little soured by finding, like many others of his sex, that through some unaccountable bias in favour of beauty, he was the husband of a very silly woman,–but she knew that this kind of blunder was too common for any sensible man to be lastingly hurt by it. (S&S: 96)

Llama la atención la naturalidad con la que el narrador afirma que este tipo de matrimonios ocurren con tanta frecuencia que ya no pueden causar sorpresa ni “daños permanentes”.

La actitud de un hombre de buen sentido al comprender su error al casarse con una mujer de la que esperaba más capacidad intelectual y mejor carácter puede ser muy distinta. Ya hemos visto el modo de comportarse de Mr. Palmer –aunque tenga otros motivos–, veamos ahora la actitud de Mr. Bennet:

Resultado de imagen de mr and mrs bennetHer father, captivated by youth and beauty, and that appearance of good humour which youth and beauty generally give, had married a woman whose weak understanding and illiberal mind had very early in their marriage put an end to all real affection for her. Respect, esteem, and confidence had vanished for ever; and all his views of domestic happiness were overthrown. But Mr. Bennet was not of a disposition to seek comfort for the disappointment which his own imprudence had brought on, in any of those pleasures which too often console the unfortunate for their folly of their vice. He was fond of the country and of books; and from these tastes had arisen his principal enjoyments. To his wife he was very little otherwise indebted, than as her ignorance and folly had contributed to his amusement. This is not the sort of happiness which a man would in general wish to owe to his wife; but where other powers of entertainment are wanting, the true philosopher will derive benefit from such as are given. (P&P: 207)

Estoicismo, sarcasmo y una reducción del trato al mínimo imprescindible parecen ser las consecuencias de esta unión que, como se verá más adelante, tiene su repercusión en la educación de sus hijas, y así es visto por la más observadora e inteligente de ellas.

Por último, citaremos el caso de Lord Bertram que fue, en palabras de la autora, cautivado por la joven Miss Maria Ward, de la que se nos contará que poseyó una gran belleza que el tiempo no ha llegado a extinguir.

Resultado de imagen de lady bertram mansfieldAbout thirty years ago Miss Maria Ward, of Huntingdon, with only seven thousand pounds, had the good luck to captivate Sir Thomas Bertram, of Mansfield Park, in the county of Northampton, and to be thereby raised to the rank of a baronet’s lady, with all the comforts and consequences of an handsome house and large income. (MP: 1)

En este caso no se trata tanto de una mujer sin inteligencia, sino más bien indolente y egoísta, preocupada tan solo por su comodidad y reacia a tomar cualquier decisión o realizar el más mínimo esfuerzo. Pero, fueran cuales fueran sus capacidades intelectuales, el resultado final es prácticamente el mismo.

Por Miguel Ángel Jordán

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EL MATRIMONIO EN LAS NOVELAS DE JANE AUSTEN (PARTE 1)

 

Hola a todo el mundo. En primer lugar, quiero desearos un muy feliz 2018.

Durante las próximas semanas voy a escribir sobre un tema de gran importancia en las novelas de Jane Austen: el matrimonio. Lo abordaremos desde distintas perspectivas y ofreciendo una gran cantidad de ejemplos. Espero que resulte de vuestro interés.

Allá vamos.

Imagen relacionadaEl matrimonio es un tema central de las novelas de Jane Austen. Es el objetivo, el desencadenante y el colofón de todas las historias. Los conflictos se crean alrededor de posibles enlaces, o como consecuencia de una mala alianza. Se nos ofrecen ejemplos muy diversos de parejas con resultados también distintos.

Muchos de los que leemos  las novelas de Austen defendemos que no deberían catalogarse como románticas, pero la presencia tan constante del matrimonio podría ser un argumento en contra de esta afirmación. ¿Cómo justificarlo?

Esta autora analiza al ser humano como individuo y también en su interacción con los demás. Las relaciones interpersonales se pueden encontrar en distintos ámbitos: familia, amistad, relaciones sociales. Pero es en el matrimonio y en las etapas anteriores donde podemos encontrar una mayor riqueza de experiencias, sentimientos, factores socioculturales, contrastes y otros elementos que convierten este análisis en algo más profundo, atractivo e interesante.

Además, sus historias tienen un alto componente sociológico, y, como ya se ha visto y volveremos a comentar, en aquella época el matrimonio tenía una repercusión social mayor que en la actualidad. Por lo que es lógico que se convierta en el núcleo de tramas como las que se desarrollan en estas novelas.

Resultado de imagen de jane austen matrimonioSin embargo, a diferencia de lo que suele ocurrir en el género romántico, en estas obras no abundan los detalles sentimentales, las escenas emotivas, los diálogos apasionados, ni las muestras de afecto. El matrimonio es el objetivo y el hilo conductor, y una vez que se ha alcanzado la meta queda poco que decir. De hecho, la autora no suele reproducir las palabras de los enamorados durante la declaración; salvo cuando acaban en fracaso como la de Mr. Collins o la primera de Mr. Darcy. En los otros casos, se muestra que se han solucionado los conflictos y casi de inmediato se da por cerrada la historia.

En sus novelas, Jane Austen muestra las costumbres y la visión dominante de la sociedad de su tiempo. Pero, también al hablar del matrimonio, podemos entrever su punto de vista. En las siguientes páginas ofreceremos un amplio elenco de ejemplos para comprender la concepción de aquella época sobre la institución matrimonial, su relación con la situación económica y también una visión más general, y por último, lo que nosotros entendemos como visión de la autora manifestada de diversos modos.

En las futuras entradas de esta serie hablaremos de:

-Matrimonio, dinero y posición social

-Matrimonio, dinero y felicidad

-Rupturas familiares como consecuencia del un “mal matrimonio”

-Matrimonio entre hombre bien posicionado e inteligente y mujer guapa, pero…

-El matrimonio como una obligación social para la mujer

-Felicidad matrimonial

-Consecuencias de un mal matrimonio

-Del enamoramiento al matrimonio

Y, finalmente: el matrimonio visto por Jane Austen

Por Miguel Ángel Jordán

¿AL BORDE DE UN ATAQUE DE NERVIOS? LA SITUACIÓN DE LA MUJER EN LAS NOVELAS DE JANE AUSTEN

Hace unas semanas, al hablar de trabajos y oficios en las obras de Jane Austen, se explicó que, en ocasiones, al carecer de recursos económicos, los hijos nacidos después del heredero podían verse obligados a seguir caminos que hubieran preferido no recorrer. En esta entrada, vamos a hablar de la situación en la que quedaban las hijas de las familias de la baja nobleza, o de la gentry, y veremos que su posición solía ser aún más complicada.

La mayoría de lectores actuales desconocen las normas legales que regían la sociedad en la que vivió Jane Austen. Pero, una vez más, esta autora, sin necesidad de grandes explicaciones, logra que comprendamos la indefensión en la que se veían inmersas algunas mujeres tras el fallecimiento de un esposo o padre.

Al depender exclusivamente de las rentas y propiedades, y no del salario de un trabajo, los testamentos se convertían en auténticas sentencias para algunos o en golpes de fortuna para otros.

Resultado de imagen de bennet pride and prejudiceUna familia podía verse despojada de su hogar en favor de un tercero si no contaban con un hijo varón. Tal es el caso que se nos muestra en Pride and Prejudice, y la razón por la que Mrs. Bennet esté tan empeñada en que Lizzy acepte la oferta de matrimonio de Mr. Collins, futuro poseedor de Longbourn, hogar de los Bennet mientras viva el cabeza de familia.

––¡Oh, querido! ––se lamentó su esposa––. No puedo soportar oír hablar del tema. No menciones a ese hombre tan odioso. Es lo peor que te puede pasar en el mundo, que tus bienes no los puedan heredar tus hijas. De haber sido tú, hace mucho tiempo que yo habría hecho algo al respecto.

Jane y Elizabeth intentaron explicarle por qué no les pertenecía la herencia. Lo habían intentado muchas veces, pero era un tema con el que su madre perdía totalmente la razón; y siguió quejándose amargamente de la crueldad que significaba desposeer de la herencia a una familia de cinco hijas, en favor de un hombre que a ninguno le importaba nada.

Ciertamente, en este caso, el lector se siente inclinado a dar la razón a Mrs. Bennet, y nos resulta muy difícil imaginar que algo así pudiera ocurrir en la actualidad. Sin embargo, conocer esta circunstancia nos llevará a ser más comprensivos con la obsesión de esta madre por casar cuanto antes a sus cinco hijas, y procurarles un futuro estable a ellas y a sí misma.

Resultado de imagen de john dashwood sense and sensibilityComo acabamos de ver, la legislación de la época limitaba en ocasiones la capacidad de maniobra de los cabezas de familia, que podían llegar a sus últimos momentos con la angustia de saber que los suyos quedaban en una situación precaria, aunque hasta entonces hubieran vivido con desahogo. No estamos hablando de los que siempre habían sido pobres, sino de familias adineradas, pero atadas por lazos legales a la hora de redactar el testamento. En esos casos, las mujeres dependían de la benevolencia de los herederos, que no tenían más obligaciones que las que les dictara su conciencia. Así sucede con el padre de Elinor y Marianne, que en su lecho de muerte arranca la promesa de su hijo de que este velará por su familia.

Tan pronto se supo que la vida del señor Dashwood peligraba, enviaron por su hijo y a él le encargó el padre, con la intensidad y urgencia que la enfermedad hacía necesarias, el bienestar de su madrastra y hermanas. El señor John Dashwood no tenía la profundidad de sentimientos del resto de la familia, pero sí le afectó una recomendación de tal índole en un momento como ése, y prometió hacer todo lo que le fuera posible por el bienestar de sus parientes. El padre se sintió tranquilo ante tal promesa, y el señor John Dashwood se entregó entonces sin prisa a considerar cuánto podría prudentemente hacer por ellas.

Como sabemos, esta buena voluntad se queda tan solo en eso, bajo la influencia de Mrs. John Dashwood, que consigue silenciar la conciencia de su marido con razonamientos mezquinos y egoístas.

En vistas de esta situación, no es de extrañar que el matrimonio se viera como la única vía de subsistencia para aquellas mujeres que no tuvieran la suerte de contar con una gran fortuna personal. En una entrada futura, hablaremos del matrimonio desde distintos puntos de vista, por lo que tan solo destacaremos ahora la importancia de este hecho en las tramas de las novelas de Austen. Jane y Elizabeth Bennet, Anne Elliot, Fanny Price, Jane Fairfax y otras jóvenes a las que se nombra pasan de una situación incierta a un futuro prometedor, económicamente hablando, gracias a un matrimonio ventajoso.

Resultado de imagen de jane fairfax¿Qué ocurría con aquellas chicas de buena familia que no contaran con rentas propias ni recibieran proposiciones de matrimonio de caballeros solventes? Lo cierto es que las opciones para las jóvenes eran escasas. Mientras hubiera alguna renta, podrían tratar de ajustarse a esa cantidad, viviendo lo más dignamente que pudieran dentro de su estrechez. Pero, en el caso de que no contaran con recursos económicos, se verían abocadas a un matrimonio no tan ventajoso –el afecto en este caso sería aún más secundario–, pero al menos suficiente para subsistir, o tendrían que buscar algún empleo que les proporcionara un mínimo de ingresos y que, dentro de lo posible, no las hundiera socialmente. La enseñanza parece ser la salida más airosa para estas mujeres. Ya sea como institutriz privada, como hubiera sido el caso de Jane Fairfax, de no haberse casado con Frank:

Se decidió que Jane se preparara para la enseñanza, ya que los escasos centenares de libras que había heredado de su padre hacían imposible toda posición independiente. Y el coronel Campbell carecía de medios para asegurar su porvenir de otro modo; pues a pesar de que sus ingresos, procedentes de su paga y sus asignaciones, no eran nada despreciables, su fortuna no era muy grande, y debía ser íntegra para su hija; pero dándole una buena educación, confiaba proporcionarle para más adelante los medios para vivir decorosamente.

Imagen relacionadaO como maestra de escuela, como Mrs. Goddard:

Era una mujer sencilla y maternal, que había trabajado mucho en su juventud, y que ahora se consideraba con derecho a permitirse el ocasional esparcimiento de una visita para tomar el té.

En cualquier caso, se trataba de una situación complicada, que la misma Jane Austen conoció en primera persona, ya que, aunque nunca llegaron a pasar necesidad, tanto ella como su madre y su hermana Cassandra, dependieron de la ayuda de sus hermanos –que no les faltó en ningún momento– debido a los escasos recursos con los que contaron tras la muerte del Reverendo George Austen.

Próximamente publicaremos una entrada que tratará sobre diversos aspectos relacionados con el matrimonio, y en ella aparecerán trataremos otros aspectos relacionados con la situación social de la mujer en la sociedad, que podemos encontrar reflejados en las novelas de Jane Austen.

Por Miguel Ángel Jordán

 

DO YOU HATE MONDAYS? TRABAJOS Y OFICIOS EN LAS OBRAS DE JANE AUSTEN

Resultado de imagen de i dont hate mondayA los lectores actuales sueles llamarles la atención la gran cantidad de tiempo de ocio del que disponen los protagonistas de las novelas de Jane Austen. Parece que estos personajes se dediquen tan solo a pasear, visitarse unos a otros, organizar excursiones al campo, asistir a bailes, alojarse en casas de amigos y familiares durante semanas o incluso meses, tomar las aguas en Bath, ir de compras, etc. En ocasiones se habla de viajes de negocios, pero tampoco da la impresión de que los que los protagonizan se vean encorsetados por una apretada agenda. La pregunta habitual que se hacen muchos lectores es: “¿pero es que esta gente no trabajaba?”. Y la respuesta podría ser: no, si podían evitarlo.

Al leer estas obras comprendemos que trabajar para lograr un sustento es la última opción, el último recurso cuando todos los demás han fracasado. Un joven de buena familia puede dedicarse a ciertas profesiones, pero será más para ocupar su tiempo que por necesidad. Cualquier persona, en general, puede desarrollar algunas actividades, pero siempre por gusto, para cultivar sus aficiones o mostrar sus destrezas. De ese modo, el trabajo será algo digno y no una esclavitud que acabe con la salud y estropee la apariencia del que lo realiza..

Resultado de imagen de edward ferrarsUn ejemplo claro de lo que esto significaba para los jóvenes lo tenemos en Edward Ferrars. En una visita a la familia Dashwood, el bondadoso caballero se muestra con un estado de ánimo bastante decaído. Achacando esta situación a la falta de actividad, Mrs. Dashwood, que había inculcado en sus hijas el aprovechamiento del tiempo, adopta una actitud maternal hacia su invitado y le recomienda que busque un empleo, no para ganar dinero, sino para tener algo que hacer. En la respuesta de Edward se reflejan perfectamente las posibilidades que se les abrían a los jóvenes de alta cuna, las opiniones de distintos sectores de la sociedad, las consecuencias de elegir uno u otro camino, y la actitud de muchos de ellos a la hora de escoger una ruta profesional.

Nunca pudimos ponernos de acuerdo en la elección de una profesión. Yo siempre preferí la iglesia, como lo sigo haciendo. Pero eso no era bastante elegante para mi familia. Ellos recomendaban una carrera militar. Eso era demasiado elegante para mí. En cuanto al ejercicio de las leyes, le concedieron la gracia de considerarla una profesión bastante decorosa; muchos jóvenes con despachos en alguna asociación de abogados de Londres han logrado una muy buena llegada a los círculos más importantes, y se pasean por la ciudad conduciendo calesas muy a la moda. Pero yo no tenía ninguna inclinación por las leyes, ni siquiera en esta forma harto menos abstrusa de ellas que mi familia aprobaba. En cuanto a la marina, tenía la ventaja de ser de buen tono, pero yo ya era demasiado mayor para ingresar a ella cuando se empezó a hablar del tema; y, a la larga, como no había verdadera necesidad de que tuviera una profesión, dado que podía ser igual de garboso y dispendioso con una chaqueta roja sobre los hombros o sin ella, se terminó por decidir que el ocio era lo más ventajoso y honorable.

Resultado de imagen de edmund bertram mary crawfordCaso distinto sería el de los hijos de familias de buena posición, pero que –al no ser los principales herederos– se ven obligados a buscar un empleo que les permita mantener su ritmo de vida sin descender, más de lo imprescindible, en la escala social. En el ejemplo anterior hemos visto las posibilidades que se barajaban, y en el siguiente las entenderemos con más detalle, al escuchar la conversación entre Edmund Bertram y Mary Crawford.

–De modo que va a convertirse usted en un sacerdote, Mr. Bertram. Es una sorpresa para mí. ––¿Por qué había de sorprenderla? Tenía usted que suponerme destinado a alguna profesión, y pudo darse cuenta de que yo no era abogado, ni militar, ni marino.

–Muy cierto; pero, en definitiva, no se me había ocurrido. Y ya sabe usted que suele haber un tío o un abuelo que deja una fortuna al segundón de una familia.

–Una costumbre muy encomiable ––dijo Edmund––, pero no universal. Yo soy una de las excepciones y, por serlo, debo hacer algo por mi cuenta.

 –Pero, ¿por qué ha de ser clérigo? Yo creí que, en todo caso, eso era el destino del hermano más joven, cuando había muchos otros con derecho de prioridad en la elección de carrera.

Es decir, si no hay un familiar que deje una buena suma para el segundo hijo, este tendrá que buscar un trabajo. ¿Cuál? La Iglesia, la ley, el ejército o la marina (importante distinción que quizás se nos escapa hoy en día) son las propuestas que encontramos repetidas. Por lo que dice Mary, la Iglesia era el lote del más pequeño, los restos del pastel que habían dejado sus hermanos. Salvo en el caso de unos pocos que, como Edmund, entraban en ese camino por convicciones propias.

Esta distinción entre el hijo mayor (eldest son) y los otros, ausente en la mayoría de ámbitos en la cultura occidental actual, es un tema repetido en varias de las obras de Austen como un reflejo más de la sociedad de su tiempo. Podemos detectar la visión de la autora sobre esta realidad en sus novelas. En la mitad de ellas, la familia protagonista no cuenta con un second son, sino que el núcleo familiar está conformado por mujeres, como ocurre en Pride and Prejudice, Emma, Persuasion, o incluso Sense and Sensibility; aunque en esta última sí hay un hermano mayor entre las Dashwood. En las obras en las que aparece un second son, este acaba siendo el privilegiado que obtiene el amor de la protagonista, recibiremos una visión positiva de su personalidad y se nos despertará cierta compasión hacia sus circunstancias. Tal es el caso de Edward Ferrars, Henry Tilney y Edmund Bertram.

Por Miguel Ángel Jordán

LAS APARIENCIAS ENGAÑAN

Cada persona ve el mundo desde su propia realidad. Hay gente a la que todo le parece maravilloso, mientras que otros son expertos en encontrar pegas y defectos. Se suele decir que  la virtud está en el justo medio, pero, en este caso, yo creo que es mejor pasarse por carta de más que de menos. El optimista nato tiene más seguidores que el cenizo profesional.

Son tantos los factores que influyen en la formación de nuestro carácter que sería un error caer en argumentos simplones o reduccionistas. Sin embargo, no temo equivocarme si afirmo que el estado interior de cada persona es de gran influencia en su percepción de la realidad. Un líquido adquiere la forma de su recipiente, y una misma situación será percibida de distintas maneras por personas diferentes.

¿A qué viene todo esto? ¿Qué tiene que ver con Jane Austen? Mucho, muchísimo, todo.

Las obras de Jane Austen son realistas, no porque cuenten historias verídicas, sino porque las protagonizan personas de carne y hueso. Y esa es una de las claves de su grandeza.

Un lector superficial podría encontrar estas novelas superficiales. Hay gente que piensa que para profundizar en un personaje es necesario incluir largas descripciones psicológicas o introspecciones densas y enmarañadas del protagonista, que analiza su interior con precisión microscópica. Vueltas y revueltas, un oscuro laberinto de pasiones y amarguras, y un mundo en deconstrucción, al que apenas le alcanza algún tímido rayo de sol de cuando en cuando.

Así actúan algunos autores, y tienen todo el derecho del mundo. Pero ese no es el estilo de Jane Austen y no por eso es menos que ellos. Austen profundiza en sus personajes, bucea hasta lo más hondo de su ser. Y gracias a este conocimiento es capaz de mostrarlos con una sencillez que no es simplicidad. Las obras de Austen son tan reales como la vida, y las personas se dan a conocer del mismo modo que en nuestro día a día: hablando y actuando. Lo exterior nos muestra la realidad interior.

En las novelas de Jane Austen encontramos abundantes contrastes. Son su modo de destacar la personalidad de sus protagonistas. Y hoy, me gustaría fijarme brevemente en un contraste que muchas veces puede pasar inadvertido: Emma Woodhouse vs Miss Bates.

Imagen relacionadaEmma: guapa, inteligente y rica.

Miss Bates: ni guapa, ni inteligente, ni rica.

Resultado de imagen de mrs bates emmaEmma: tiene todo lo que necesita y mucho más, sin embargo vive en un constante estado de insatisfacción, creando problemas a su alrededor, jugando con los sentimientos de los que la rodean, criticando cruelmente a muchos de sus vecinos.

Miss Bates: apenas tiene lo necesario para subsistir, sin embargo se muestra siempre contenta y agradecida, valora cada pequeño detalle que tienen con ella o con su madre, disfruta cada pequeña alegría, habla bien de todo el mundo, es generosa con lo poco que tiene.

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Esto podría parecer exagerado o irreal sino fuera porque a día de hoy la situación se repite una y otra vez. Personas con grandes dotes naturales y condiciones favorables que viven encerradas en sí mismas y se muestran críticas o escépticas con el mundo que les rodea. Engreídos que tratan a los demás con desdén o condescendencia, y que siguen el camino que lleva a la soledad. Y por otro lado, hombres y mujeres a los que la vida los ha tratado con dureza, pero que saben llevar sus penas con elegancia y buen humor. Optimistas incansables que siempre tienen una sonrisa de agradecimiento o una palabra cordial.

¿Y qué opina Jane Austen al respecto? Basta con leer la novela para saberlo.

A pesar de su inteligencia despierta y de sus muchos otros dones naturales, no es Emma la que cambia a la señorita Bates, sino al revés. Emma despierta de su inconsciencia gracias al episodio de Box Hill. Es Mr. Knightley el que le llama la atención, pero será Miss Bates, con su actitud humilde y bondadosa, la que termina de resquebrajar la coraza de egoísmo, altanería y superficialidad que aislaba a la señorita Woodhouse de los que la rodeaban.

Imagen relacionadaResultado de imagen de mrs norris mansfield parkMiss Bates tiene muchos defectos, pero nunca actúa con malicia. Puede resultar cargante y aburrida, pero nunca provocará malestar ni rencor. Por eso, a pesar de su parlanchinería, sigue siendo una mujer entrañable a la que muchos buscan y quieren. ¡Qué diferente de Mrs. Norris! Un personaje que podría ser muy parecido, pero que está en el polo opuesto. Porque en las obras de Austen cada personaje es único e irrepetible, como ocurre en el mundo real.

Por Miguel Ángel Jordán

El patrón que todas las relaciones Austenianas siguen

En su aguda crítica de la sociedad que la rodeaba, Jane Austen tuvo el tino y la visión de analizar, a un profundo nivel humano, las relaciones humanas. Esto incluye, como bien sabemos, el análisis de las relaciones románticas en torno a las cuales giran los argumentos de sus novelas, y que inevitablemente acaban en matrimonio. No ha de pasarse por alto que Austen no sólo defiende en sus finales los matrimonios por amor, en oposición a aquellos por dinero o estatus social a los que se ven empujadas algunas heroínas o personajes secundarios, sin tanta suerte como las primeras. En una época en la que el matrimonio era un negocio, y la urgencia de encontrar marido era capital en la vida de las mujeres si no querían encontrarse en la indigencia o en serios apuros económicos, amén de falta de posición social, la autora defendió la construcción de relaciones románticas sin precipitación. Los noviazgos en la época de Regencia eran cortos; poco tiempo tardó el señor Elton en volver a Highbury con una esposa adecuada en Emma, y menos aún tardó el señor Collins en sucumbir a los encantos (o acertadas atenciones) de Charlotte Lucas, y decidir que había dado con la candidata adecuada para ser su esposa en Orgullo y Prejuicio.

No obstante, es de destacar que las principales heroínas de sus novelas canónicas siguen un largo, y a veces doloroso, proceso antes de alcanzar un entendimiento absoluto con sus pretendientes y culminar en el ansiado matrimonio. Se consideran en esta reflexión a las protagonistas de las novelas: Emma, Catherine Morland, Elinor y Marianne Dashwood, Anne Elliot, Elizabeth Bennet, y Fanny Price. Pero también a tener en cuenta son Jane Bennet y Harriet Smith, secundarias cuyo protagonismo en el desarrollo de sus íntimas, y su feliz final, las hacen tan merecedoras de atención en la defensa de Austen de la correcta construcción de una relación. Es así que Austen sigue un patrón que se cumple siempre en el proceso de familiarización de estos personajes con los hombres de los que se enamoran, y que resulta vital para al final, poder casarse con ellos, y no con otros menos adecuados.

1. Conocimiento mutuo con el tiempo

El primer paso para la sólida relación entre dos personas es en Austen el paso de un cierto tiempo para que ambos personajes se conozcan adecuadamente. No es un paso fácil de seguir: muchas heroínas se enfrentan a la posibilidad de que en el transcurso de los meses siguientes a conocer a su enamorado, éste encuentre a otra posible esposa. “Miles de cosas pueden acontecer en seis meses”, observa Jane Bennet sobre su separación de Bingley. En mucho menos tiempo, como se ha dicho, algunos hombres se decidían por una esposa, y la presión familiar podía tener mucho peso en dichas decisiones. No obstante, en Jane Austen, este tiempo debe pasar. Jane Bennet es una gran sufridora de este paso, en el que la incertidumbre la mantiene preocupada, pero también este tiempo permite repetidas visitas y ocasiones de conversación para juzgar el carácter de Bingley. Es evidente que Elizabeth necesita más tiempo aún; y es el periodo inicial de su relación el que permite que se forme una idea del carácter de Darcy, si bien es errónea y no muy favorable. Elinor disfruta de un tiempo para decidir, en su fría racionalidad, que le gusta el señor Ferrars; y Marianne, si bien se precipita y no la conduce a nada bueno sino desilusión (como comentaremos más adelante), goza de la compañía de Willoughby y comparte pasatiempos con él. Catherine Morland conoce al señor Tilney en el centro de la actividad de la sociedad inglesa, los bailes de Bath; y tampoco duda en compartir excursiones y visitas con él para conocerse mejor. Qué decir de las dos grandes pacientes, Fanny Price y Anne Elliot, la una habiendo pasado media vida con Edmund hasta conocerle en profundidad, la otra conociendo a su amado y, luego de tener años para reflexionar sobre su error, teniendo que pasar un silencioso sufrimiento mientras reconecta con el capitán Wentworth. Así mismo, Harriet Smith conoce a Robert Martin desde hace tiempo, un tiempo en el que él se gana su corazón, al contrario que el señor Elton.

En el tiempo que estas heroínas se toman para conocer a sus futuros esposos, otras mujeres se precipitan a matrimonios que, en su delicada elegancia y moderado juicio, Austen “castiga” con finales de indiferencia, desaparición del amor y del respeto. Tales casos son los señores Bennet, Lydia y Wickham, o Lucy Steele.

2. Visita a la casa

Otro importante paso, de profundo simbolismo, es la visita de la dama a la casa del caballero. Este paso en la relación entre la heroína y su amado proporciona una oportunidad para que ella pueda juzgar mejor el carácter de él, y pondere sus juicios hasta ese momento.

Obvio ejemplo sería la visita de Elizabeth Bennet a Pemberley, que genera discusiones entre críticos sobre si tuvo o no, según ella misma bromea, una influencia de peso en su decisión de aceptar a Darcy. En Pemberley, Elizabeth es capaz de ver, por un lado, el auténtico nivel del estatus social de Darcy; pero por otro, también su lado humilde, bondadoso y amable. Fanny Price crece en la casa de Edmund y eso la permite conocerle en profundidad; Catherine Morland encuentra el culmen de sus fantasías en ver a Henry Tilney en la Abadía, pero sobre todo, éste se preocupa de mostrarle a Catherine su futura rectoría, con lo que Catherine puede reflexionar sobre el carácter auténtico y humilde de Henry, además de, como Lizzy, ponderar la clase de vida que tendrá junto a ese hombre.

Se hace notar que Emma está muy familiarizada con la abadía de Donwell que posee Knightley, hasta el punto de ser prácticamente la anfitriona de sus reuniones. Tambien Harriet Smith es conocida por la familia de Robert Martin y frecuenta. Austen engaña a todos sus lectores cuando permite que Willoughby le muestre Combe Magna a Marianne, haciendo pensar al lector, y a Elinor, que la reprende por su indiscreción, que su relación ha de tomarse en serio.

3. Desilusión

Como nudo principal de la historia, ha de haber una desilusión o malentendido que enfrente a la pareja, la separe, y así ponga a prueba la fortaleza de su afecto. En el caso de Jane Bennet, su moderación, en parte por su propia timidez, en parte, quizás, por contrarrestar la indiscreción de su familia, genera una incomunicación que complementa la fácil manipulación de Bingley, separándoles. Elizabeth es incapaz de abrir los ojos más allá de sus desencuentros con Darcy, y el orgullo impide que se entiendan. Emma no sólo es incapaz de ver y reconocer su afectó por Knightley, sino que además una y otra vez le decepciona con sus “travesuras” y las consecuencias de éstas. El obstáculo de Elinor es una mezcla de malentendidos y falta de comunicación, mientras que el Marianne es una pura desilusión por haberse precipitado; Willoghby no pasa la prueba de fuego, mientras que Brandon, con su constancia, previa invitación a su casa, y superación del primer juicio desdeñoso de Marianne, sí consigue conquistarla. Los obstáculos de Fanny Price y Catherine Morland, e incluso de Anne Elliot, resultan más físicos al aparecer rivales o un padre autoritario. En el caso de Catherine incluye la decepción de Tilney al asustarse de las imaginaciones de Catherine, y en el caso de Anne una barrera aún más difícil de luchar: el paso del tiempo.

4. Reconocimiento

Es sólo la superación de este paso anterior el que permite que los personajes austenianos sufran una anagnórisis, o reconocimiento: en irónicas y dramáticas exclamaciones, muchos aseguran haber estado ciegos. Elizabeth lo ha estado; Darcy se sobrepone a su orgullo, mejorando sus modales; Emma descubre su afecto escondido en su interior, hasta que Knightley confiesa; Edmund por fin reconoce el amor de Fanny; Anne y Wentworth son capaces de sincerarse; y Catherine Morland recibe la visita de un Tilney liberado de la autoridad de su padre. Jane Bennet y Catherine, igual que Harriet, consiguen librarse de las influencias de otras personas que constreñían su libertad para reunirse con sus elegidos.

Conclusión

Es solo superando y cumpliendo estos cuatro pasos que Austen construye sus relaciones. La mayoría de éstas van, pues, a contracorriente, y es una subversiva rebeldía de la autora el defender relaciones en las que la joven pareja se toma su tiempo para escoger, haciendo uso de una libertad difícil de conseguir en la época de Regencia, pero necesaria en las novelas de Austen para conseguir una relación satisfactoria y sana. Es pues para nuestra autora algo recomendable no precipitarse en la búsqueda de un marido y no sólo tomarse el tiempo de elegir como se hace en la actualidad, sino asegurarse de que la que se construye es una relación sólida, fundada en afecto y respeto mutuo.

Por Elena Truan