Problemas del primer mundo: ¿tan triviales eran las preocupaciones de las heroínas Austen?

 

En muchas ocasiones, se ha hablado muy ligeramente de las novelas de Jane Austen como obras plagadas de personajes superficiales, con problemas mundanos y de poca importancia. En las novelas de Jane Austen no se habla de las guerras napoleónicas que asolaban Europa en el momento; se atisba apenas la cuestión de la esclavitud colonial en Mansfield Park; y no se encuentra ninguna alusión a la reciente publicación de Vindication of the Rights of Women por Mary Wollstonecraft, revindicando los derechos de las mujeres de manera firme y contundente.

Charlotte Brontë describió la prosa de Austen como “un jardín vallado y cultivado, con bordes limpios y flores delicadas”, en alusión a la falta, según ella, de pasión y poesía. Es cierto que Austen no era ni agresiva ni contundente, pero no por ello menos profunda. No obstante, sin conflicto no hay historia, y Austen se centró en numerosos conflictos. La diferencia entre Austen y Brontë es clara. Mientras que ésta se volcaba en la pasión de los sentimientos humanos y no tenía miedo a hacer que sus personajes los desatasen, Austen se centraba, en una doble ironía, en la represión de los mismos, y en los modales que los ordenaban como flores en un jardín vallado. Se ignora si a Charlotte Brontë realmente le disgustaba el estilo de Austen a pesar de entender este nivel de profundidad a la perfección, o si al leerla se le escapó este significado.

Era precisamente esta represión lo que Jane Austen veía como un problema. Detengámonos a analizar por un momento la clase de problemas a los que se enfrentan los personajes de sus novelas. Todas ellas se enfrentan a la necesidad de un matrimonio. ¡Casarse! La sociedad tradicionalmente asume que es el deseo de toda mujer casarse respondiendo la frívola idea del amor romántico y la posición superior que otorga tener a alguien que la ama ante las otras mujeres Pero de ese tipo de competición hablaremos otro día. Centrémonos en las consecuencias que acarrearía el no casarse:

  • Elizabeth Bennet: Pérdida de su casa, imposibilidad de conservar bienes, y como consecuencia posible separación forzosa de sus hermanas, además de pobreza inmediata.
  • Fanny Price: Ser una carga por la compasión de sus primos, sentir la obligación de dar un servicio a cambio de dicha compasión, dependencia total a una familia que la desprecia.
  • Elinor y Marianne Dashwood: Ya en el libro encuentran la consecuencia de no estar casadas al morir su padre. Desahucio, disminución considerable de dinero y recursos, pérdida de bienes, y en el caso de Marianne al ser burlada por Willoughby, riesgo de la pérdida de la reputación y por tanto de exclusión social absoluta.
  • Anne Elliot: Ya se enfrenta al desprecio y infravaloración de miembros de su familia, y la razón de su infelicidad se debe a no haberse atrevido a casarse con alguien por no ser el adecuado.
  • Catherine Morland: Northanger Abbey es el más ligero al no tener Catherine falta de pretendientes y solo arriesgarse a perder el amor de quien ella quiere, pero nada más, al ser muy joven y no perder su reputación. No obstante, al tener muchos hermanos, Catherine es enviada a Bath por la acuciante necesidad que tendría de encontrar marido, dado que sería imposible mantener a todos los hermanos y hermanas si no se casan.
  • Emma: En su caso, Emma no necesita el matrimonio, pero el personaje de la señora Bates, cuyo carácter la espanta más que su pobreza, persigue a Emma como un recuerdo de lo infeliz y poco afortunada que podría haber sido si no hubiera sido una rica y única heredera. Vemos, no obstante, la necesidad de Jane Fairfax de encontrar una posición cuanto antes por necesitar ganarse la vida al no estar casada, en un mundo con apenas opciones de profesión para mujeres.

Es importante tener en cuenta el contexto de estas novelas, en el que el matrimonio no es un asunto tan frívolo y ligero como nos pudiera parecer ahora, y en el que no se trata sólo de encontrar el amor. Encontrar un pretendiente era el equivalente a encontrar ahora un trabajo: a veces se presenta una lucrativa oportunidad que no nos gusta en exceso, y hay que decidir si escogerla o arriesgarse y esperar a otra oportunidad. En ocasiones, el trabajo que más feliz nos hace no es el más lucrativo, y cualquier elección puede salir bien o mal y acarrear consecuencias (lo que genera la competición de la que hablaremos en el futuro, como prometí).

Lo que más agrava las circunstancias, que es lo que la ironía de Austen nos resalta en los modales pulidos hasta un nivel incómodo, exagerado, y en ocasiones muy divertido, es la imposibilidad de expresar en palabras ninguna de estas angustias, sino de mantener la cabeza alta, la sonrisa intacta, y los modales en perfecto estado: y jugar tus cartas con dichas reglas, esperando encontrar tu lugar en la vida.

¿Problemas del primer mundo? Tal vez. Pero ni mucho menos tan ligeros e irrelevantes como creemos.

Por Elena Truan.

Presidente de JASES.

P.D: Además durante todo este proceso no había antibióticos así que podías morirte si te pillaba un chaparrón en el campo. Lo que, por otro lado, podía haber sido una vía de escape a un mal matrimonio.

 

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