San Valentín en la época de Jane Austen

¡Feliz San Valentín, austenitas! Como sabéis, es el día de los enamorados, y esta tradición se remonta a siglos atrás. En las obras de Jane no hay referencias a la celebración de este festejo. ¿Demasiado romántico, tal vez, para nuestra mordaz escritora? No obstante, San Valentín se celebra en Reino Unido desde el siglo XVII, siendo la tarjeta más antigua conservada la que escribió Charles, duque de Orleans, a su esposa mientras él estaba en prisión.

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Por desgracia para nuestros héroes de regencia, las tarjetas de San Valentín tal y como hoy las conocemos no existían… Así que cualquiera que quisiera declarar su amor en esta señalada fecha tenía que sacar todas sus dotes de artista y ¡pintarla a mano! Sí, sí, pintarla. Porque como demuestra la posterior evolución de las tarjetas de San Valentín, nunca bastaba con escribir unos versos de amor, sino que además había que adornar la tarjeta con dibujos de corazones, flores… toda la iconografía temática que hoy de sobra conocemos; en ocasiones incluso se añadía auténtico encaje o pintura dorada a los bordes.

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photos%2F2011%2F02%2F14%2Fvalentien-writer2¿Qué sucede con los versos escritos? Ya nos advirtió Jane Austen a través de Lizzy Bennet de la “eficacia de la poesía para matar al amor (…) un mal soneto es suficiente para hacer que desaparezca”. De modo que lo que un caballero escribiese en su tarjeta era, por supuesto, de suma importancia. Aquellos que carecieran de la labia de pillastres como Wickham o Willoughby podía recurrir a los “Valentine writers”: pequeños libritos baratos de papel impreso con diferentes poemas, incluso adaptados a distintas profesiones. Si la dama en cuestión también era más de bailar y coquetear que de emular a Keats, también podía acudir a estas publicaciones, que incluían una sección de respuestas femeninas apropiadas. ¡Qué romántico!

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4ec58d3a6569c20c70d937f51c8a13c35829240af6c30b911b054f4559d7fa02Anteriormente, las tarjetas que en ocasiones acompañaban pequeños regalos estaban hechas de pequeñas placas de metal y grabados en madera, y más adelante, litografías. No fue hasta mediados del siglo XIX, con la estandarización del sistema de correos, que el progreso industrial victoriano permitió comercializar tarjetas producidas en masa, que incluían dibujos ya impresos, encaje de papel y letras doradas; aún pueden encontrarse algunas en librerías de libros antiguos.

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No quedaría mucho para los animalillos purpurinados  y viñetas verdes de las sentimentales Hallmark que encontramos hoy en el supermercado. ¡Viva el amor!

¿Prefieres recurrir a la tarjeta de Regencia, más personal?

Te enseñamos cómo hacer una en el siguiente vídeo.

-Por Elena Truan

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