Los 8 hombres complicados que te encontrarás según Jane Austen

Cuando decimos que Jane Austen es universal, hay muchos ejemplos para ilustrarlo: y uno de ellos es el hecho de que sus personajes son tan reales ahora como lo eran hace 200 años. Y esto incluye a los hombres. En su retrato de la sociedad, Jane fue capaz de describir patrones que aún encontramos en personalidades de conocidos de hoy en día. ¿Conocerás hombres que se parezcan a los personajes de novela de Jane? Imposible, pensarás, que haya un Darcy o un Knightley por aquí cerca y yo no me haya enterado… Bueno, lee cómo estos personajes pueden encajar en el siglo XXI, ¡y mira de nuevo!

El Knightley

Seamos sinceros, es bastante pesado. No te deja pasar una. Es el típico plasta que siempre va a tener algo que decir cada vez que te las des de lista. ¿Que te tiras el pisto hablando de una peli? “Pero si no la has visto”, interrumpe él. ¿Qué pasas de leer? Te regala un libro porque sabe que te gustará y quiere que empieces. ¿Fumas? Adivina quién está siempre al lado diciéndote que tendrías que dejarlo… Te pone bastante nerviosa y siempre hace que pongas los ojos en blanco y te rías de él diciéndole que habla como tu padre. Aun así, siempre buscas su aprobación. Te encanta discutir con él porque sabes que lo hace porque te quiere, y sabes que en realidad, le gustas con tus defectos y sabe ver la mejor versión de ti.

El Collins

Es el que se cree que te hace un favor con su presencia. No sólo se cree más listo que tú, sino que además te da la brasa con sus lecturas académicas. Es el clásico que se cree que “con tus notas, a lo mejor no consigues plaza en el máster que quieres, busca un trabajito” es un sólido consejo, y “yo que tú me conformaría con este puesto, que está muy bien para ti” es una demostración de apoyo. Su afición al postureo hablando de su amistad con el jefe/profesor/amigo con finca o barco no es que ayude mucho, precisamente. Y su convicción de que le gustas porque según él es un partidazo, tampoco.

El Churchill

Tiene novia, pero no te lo ha dicho (ni piensa decírtelo). Es encantador y fascinante, liga contigo sin ninguna vergüenza, lo que te da seguridad porque además te ha presentado a tus amigos y a los suyos. Pero nunca se compromete, porque siempre estará a tiempo, cuando te enteres de que tiene novia, de echarse atrás. Ojo con enamorarte de un Churchill: cuando menos te lo esperes estarás en lo más profundo de la friendzone preguntándote cómo ha pasado. Puedes enfrentarte a él con todas las capturas de pantalla que quieras: podrá refugiarse en el “si eso era en broma”. Te hará esperar siempre para darse importancia, y aún así, te emocionarás cada vez que aparezca.

El Wickham

Te hace pensar que realmente liga contigo. Es guapo y dice todo tipo de cosas maravillosas, y por supuesto, quieres creerle. Pero ha dejado de contestarte al whatsapp y ayer por la noche te lo encontraste de copas con tu hermana y sus amigos. Pero en cuanto te des la vuelta, estará ligando con otra más fácil. ¿Por qué me contó todas esa cosas tan personales si no me quería?, pensarás. Tú y yo sabemos que se lo inventó todo para ligar un rato, pero vales demasiado para él. Y tu impresionable hermana/amiga/prima más joven, también.

El Willoughby

Parecido al Wickham, es encantador y atento, y hará que te enamores de él enseguida. Pero luego desaparece, y no te contesta los Whatsapp, ni los emails, ni el teléfono, nada. Como mucho cuando ve que estás a otra cosa, te escribe, ya pasadas las 12 de la noche, y cruza los dedos para que estés vulnerable. Todo mientras no deja de ligar con la que tiene al lado, por supuesto. Te va a dar pena cuando se de cuenta de lo que hace mal, pero no puedes detener tu vida por él, así que pasa página.

El Thorpe

Es la temida lapa. Se ha empeñado en acapararte durante toda la fiesta, y da por sentado de que como le contestas en su insaciable conversación, correspondes sus atenciones. Su conversación, para empeorar las cosas, es aburrida; no ha leído un libro en su vida. Te hace quedar mal con la gente a la que deberías saludar o con la que quieres pasar el rato, y no contento con darte una vergüenza ajena tremenda, conseguirá que cualquiera que te interese no se te acerque ni a veinte metros. Huye al jardín, al balcón, a la pista de baile, o al baño: te seguirá, bailará contigo, te esperará en la puerta. Lo mejor será que te unas a algún amigo que a él le aburra con la esperanza de que éste le espante, al menos unas horas. P.D: Bloquéale en Whatsapp y Facebook.

El Bingley

Éste parece que no tiene pegas. El chico Bingley es guapo, atento, simpático… Es siempre agradable y nunca se olvida de saludar y sonreírte. Siempre te va a sacar a hacer algún plan si le escribes, o te invitará a su casa, o incluso montará una fiesta sólo porque te apetece ir a una. ¿El problema? Nunca se separa de su mejor amigo, más difícil de complacer y a quien te tienes que ganar. Además, un chico tipo Bingley sólo quiere que todos estén contentos, así que hará lo que tú le pidas, pero también lo que los demás le digan. Eso sí, si te ganas la aprobación del amigo nada ni nadie le separará de ti… Si aguantas a alguien tan buenazo ya es cosa tuya.

El Wentworth

La paciencia es tu mayor aliado si te enamoras de un Wentworth, que te hará esperar, y esperar, y esperar… Se acercarán otras a él, coincidiréis en fiestas donde ni te salude, os tocará sufrir silencios incómodos, y ya puedes estar segura de que le gustas, porque aun así probablemente no se decida a decirte lo que siente. Pero cuando te lo ganas, te lo ganas para siempre. Un consejo: díselo tú, probablemente te mire desde el otro lado de la sala cuando tú no miras, y se muera de ganas de hablar contigo.

El Ferrars

Le gustas pero no se decide a dejar sus compromisos anteriores (aka su novia). Si merece la pena, lo hará y se ira contigo pero hasta que lo haga… Con un Ferrars nunca se sabe, pero si te quiere, lo hace de verdad.

El Darcy

Es ese estirado que conociste en la fiesta, que te preguntó qué música te gustaba con la EVIDENTE intención de juzgarte por tu afición a escuchar One Direction y no avergonzarte de ello. O tal vez es ese compañero de trabajo orgulloso que no te mira dos veces al pasar por tu mesa. No es que no puedas contestarle todas sus pullas, pero da igual porque su actitud callada te mandará el mensaje de que no tiene tiempo ni ganas para hablar contigo. Y, sin embargo, te encanta porque cuando hubo que ayudar a tu amigo a mudarse él echó el resto subiendo aquel sofá, o cuando necesitabas un par de días para ir a ver tu abuela te pasó todos los apuntes que te perdiste. Y es que, a pesar de ser un borde cuando está en plan tímido, es un auténtico trozo de pan.

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